Donde puedas Amarme

Acto Tres

Kenshin

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Kenshin se levantó para ir al baño y al pasar frente a la puerta del cuarto donde dormía Kaoru, recordó con una sonrisa lo mucho que a ella le costó quedarse dormida, además de todas las preguntas que le hizo con respecto a algunas de las cosas que vio en su paseo, tratando de asimilar los grandes cambios.

-Esa cosa que según tú hace brotar viento se llama ventilador. Y lo que hace es moverlo más rápido hacia ti para que te refresque, como lo que hacías tú con tus abanicos. Pero mejor duerme para que descanses y yo mañana te enseñaré más. ¿Está bien?-

Kaoru había asentido y de inmediato se metió al dormitorio. Él se había quedado afuera pensando un poco más aunque no en las maravillas de este siglo, sino en ella. Y después se había ido a acostar.

-No sé de dónde ha salido… o más bien, no tengo idea de cómo ha llegado hasta aquí. Ni siquiera tiene una identidad en este mundo y eso puede acarrearle problemas. Si la encuentra la policía, pueden pensar que es una extranjera ilegal… tal vez lo mejor para ella sea que regrese a su época.- pensaba Kenshin mientras venía de regreso por el suave pasillo de madera pulida.

Estaba acostándose de nuevo cuando cambió de idea. Corrió la puerta de la habitación de la chica y con un suspiro de alivio notó que seguía allí. La observó unos momentos pensando que si bien sería bueno para Kaoru regresar a su época, si se quedara unos días de más con él, no nada de estaría mal.

Le gustó verla dormir tranquila pero sobre todo, le gustó verla y descubrir que aún no había desaparecido. Ella era todo un enigma para él. Algo que motivaba su curiosidad y que no quería compartir con nadie. Recordó la historia norteamericana de "Dreamming Jennie" (Mi Bella Genio), donde el protagonista se encontraba a una genio en una botella y hacía lo posible para que nadie lo descubriera a pesar de los problemas que ella le ocasionaba. Claramente Kaoru representaba un problema ahora que él estaba de vacaciones y quería visitar algunos lugares, teniendo quizá, que cargar con ella. No estaba seguro de lo que tenía que hacer de ahora en adelante. Estaba la posibilidad de que ella nunca se fuera…

Tan ensimismado estaba que no notó que Kaoru abría los ojos y se sentaba en la cama, restregándoselos.

-¿Kenshin… eres tú?-

Su voz lo sacó de sus pensamientos.

-Si, Kaoru. Acá estoy.-

Al escuchar su nombre sin el honorífico, aún cuando era la misma voz, Kaoru supo que seguía atrapada en el nuevo mundo.

Ella siempre odió que Kenshin la llamara "señorita Kaoru", poniéndola a ella como un ser inalcanzable para él. Pero ahora, la verdad, extrañaba esa forma de llamarla porque quien lo hacía no era el Kenshin del que se enamoró aunque fuera como la misma persona.

-¿Pasa algo?- preguntó ella protegiéndose los ojos de antemano por si él encendía el pequeño sol. Pero Kenshin, al verse sorprendido se ruborizó un poco y decidió seguir a oscuras. Tenía que inventar algo ya.

-Esteee… no pasa nada. Lo que pasa es que sentí un ruido y vine a ver si no necesitabas algo…-

Kenshin siguió hablando de cosas sin mucho sentido y cuando terminó y se fue, Kaoru se acostó con una sonrisa. El Kenshin del 2008 era tan tonto como el otro, que también la espiaba cuando dormía. ¿Sería esa una costumbre de todos los hombres?... ¿O tal vez sólo de los Kenshin? El Kenshin del pasado lo hacía para asegurarse en verdad de que ella estuviera bien, siempre temiendo algún ataque de sus enemigos. Pero en esta época nueva esas cosas no pasaban, sobre todo porque este Kenshin era maestro y no tenía por qué tener enemigos.

La joven se hizo un ovillo cerrando los ojos. No sabía muy bien qué pasaba con este Kenshin pero de momento se sentía bien. Muy bien…

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Kenshin despertó con el sonido de su celular. Lo contestó en cuanto pudo con el fin de no despertar a Kaoru que dormía al lado.

-Kenshin, querido… hola… muy bien, gracias… sobre la cita… ajá, que bueno que me recuerdas aún. Si, esta tarde en el Café Moon. Si, no faltaré, ya lo verás. Hasta pronto.-

El pelirrojo cortó la comunicación con la respiración acelerada. ¡Se le había olvidado por completo que tenía una cita con Megumi! Ella era una de las tantas citas a ciegas que le había concertado Sanosuke y aunque se parecía mucho a su primera esposa, a él le había gustado lo suficiente como para salir con ella y ver que pasaba. Era hermosa, hermosa, hermosa…

-Kenshin… -

Al escuchar la voz de Kaoru, el pelirrojo se levantó prontamente. Al asomarse al exterior vio a Kaoru con su kimono de verano.

-Mi cocina está tan cambiada que no sé como preparar desayuno en ella.-

-Yo creí que sabías.- repuso él.- Ayer cuando salí estabas lavando ropa y supuse que habrías comido.-

Por la cara que puso Kaoru, Kenshin imaginó que el desayuno de ella fue la sandía que él le convidó.

-Espérame unos minutos. De inmediato voy a ayudarte.-

El maestro de Historia se vistió con un pantalón de tela ligera y fresca, sandalias y camisa blanca después de su ducha matutina. Luego fue a auxiliar a Kaoru. La joven se instaló a su lado.

-Mira, esta es la cocina. Cada uno de estos círculos se llama quemador y por éstos sale un… un gas invisible. Entonces, tú enciendes un fósforo… giras esta perilla y… - Kenshin de reojo vio la cara de sorpresa de Kaoru cuando salió una llamita siguiendo la forma del quemador.- Luego pones la tetera encima y esperas a que se caliente.-

-¿Y por este gas invisible ya no usan leños?-

-Claro.- respondió Kenshin.- Pero tienes que saber algo con respecto a este gas: es nocivo para nosotros. En este momento, este gas sale y el fuego lo quema y no pasa nada, pero si no estuviera el fuego encendido y lo respiraras, podría matarte en algunos minutos. Por eso, después que uses la cocina, debes asegurarte de que todas las perillas están en esta posición.- le indicó a Kaoru una perilla "cerrada". -¿Entendiste?-

-Si.- dijo ella. – Parece fácil.-

Después del desayuno, Kaoru se dedicó a inspeccionar la casa, seguida de Kenshin que le iba explicando algunas cosas, por ejemplo, el cómo los enchufes transmitían la energía eléctrica para que funcionaran las cosas y después de eso le enseñó la radio y la televisión.

-Son personas atrapadas en una caja.- observó Kaoru.

-No es así, pequeña… - le decía Kenshin.- estoy seguro de que en tu época viste fotografías.-

-Oh, si… una vez me tomé una con Kenshin y los demás.- recordó ella.- ¿Y eso qué?-

Kenshin le explicó que lo que ella veía en la televisión era básicamente una secuencia de fotografías que al pasar rápidamente de una en una, hacían esa ilusión del movimiento. Luego le hizo un par de dibujos para que ella comprendiera mejor las bases de la animación y Kaoru pronto entendió de qué iba la cosa.

-Por eso, Kaoru, como se trata de fotografías, miles, millones de ellas, también pueden ir con algunos trucos. Dicho de otro modo: todo lo que veas en televisión es ficticio, no existe. No es real. No creas en nada de lo que veas aquí. Es sólo un objeto que sirve para entretenerte, como… como las novelas o el teatro. En la televisión se recrean muchos efectos… como los sueños que uno tiene.-

-No te preocupes.- dijo ella.- No creeré nada de lo que vea allí.-

Kenshin la dejó por un rato mientras organizaba su ropa sucia cuando, al volver al cuarto donde estaba, Kaoru lloraba sin poder controlarse. Corrió hacia ella.

-Kaoru, qué te pasa, dime… -

La joven no se podía contener.

-Es que… es que… es que esa niña iba cabalgando junto a su amado y el caballo de él pisó una trampa y lo arrojó. Y resulta que Anthony cayó mal y se ha muerto… oh, Kenshin, murió, murió, y Candy está sufriendo mucho.-

Kenshin hizo el esfuerzo más grande de su vida por no largarse a reír mientras Kaoru escondía la cabeza en su pecho y él la abrazaba tratando de consolarla. Al parecer, iba a ser más difícil de lo que pensó en un primer momento, hacerle entender eso de la irrealidad de la tv.

-Kaoru, querida… - le dijo acariciándole el cabello.- Te dije que… -

-Si ya sé que son actores, pero igual me dio pena.- repuso ella. Kenshin comprendió que lo que pasaba era que Kaoru era muy sensible aún a los estímulos que causaba la televisión y que era conciente de ello. Al menos eso lo aliviaba un poco. Cuando terminó el capítulo de "Candy Candy", Kenshin apagó el televisor y la guió hacia el patio.

-¿Qué te parece si abrimos el viejo dojo para que lo veas? ¿Te animas?-

-Si, Kenshin, por favor…- dijo ella vehemente.

El pelirrojo buscó entre sus muchas cosas las llaves del lugar y le costó dar con ellas.

-Disculpa. Lo que pasa es que hace muchos años que no se abre este dojo. A lo menos, diez años.-

-No entiendo. Tú dijiste que practicabas el kendo… -

-Lo hago, pero no aquí. Voy a otro dojo.-

Kaoru pensó con tristeza que al parecer ese era el destino de su dojo: quedar solo. De pronto se le ocurrió una idea.

-Oye, Kenshin… este dojo debe tener los registros de los alumnos y maestros. Todos los dojos guardan esas cosas. Seguramente allí encontrarás mi nombre y el de mi padre.-

Kenshin al escucharla se animó. Eso era cierto… él recordaba haberse entretenido mucho cuando niño mientras hurgueteaba esos viejos cuadernos. Eso quizá podría comprobar si Kaoru era o no una ilusión. Corrió hacia una caja especial del dojo donde estaban esos documentos y empezó a repasar sus hojas.

-Recuerda, me llamo Kaoru Kamiya.- dijo la joven.- Y mi padre fue Kojiro Kamiya… yo primero fui maestro suplente y después maestro.-

Kenshin buscó esos nombres entre los maestros y al encontrar el nombre de Kaoru, a Kenshin se le cayó el cuaderno de las manos.

La miró ya convencido de que ella era quien decía ser.

-No lo puedo creer…-

Kaoru sonriendo se acercó a Kenshin y recogiendo el cuaderno, lo leyeron juntos. En efecto, salían los nombres de los antepasados Kamiya. Pero había algo extraño.

-Kaoru, lo que no me puedo explicar es por qué, si este dojo pertenecía a tu familia, acabó siendo el dojo Himura.-

Kaoru, con emoción, repasó las páginas buscando alguna evidencia del cambio. Quizá, finalmente Kenshin regresó a casa y pudieron casarse.

-Acá dice que después de mí, Yahiko Myougin fue el maestro que me siguió. Y después de él, fue… Kenji Himura. Y que tras ese momento cambió el nombre del dojo… entonces, eso significa que yo… Kenshin, ¡¡el Kenshin al que yo esperaba regresó y nos casamos. No cabe duda de que Kenji Himura es el hijo que tuve… o que tendré con él…!!-

La joven estaba tan contenta que no notó que el pelirrojo a su lado se levantó silenciosamente de su sitio y avanzó hacia la puerta.

-Eso significa que volverás… - dijo más para si que para ella. Kaoru, feliz, guardó el cuaderno en su sitio con cuidado, reparando que él no estaba a su lado.

-¿Te pasa algo?-

-No… nada.- dijo Kenshin volviéndose hacia ella, fingiendo una sonrisa.- Es que… hay que limpiar este dojo si quieres usarlo. Porque supongo que te gustaría hacerlo, ¿verdad?-

-¡Claro que si! Tendré un hijo, un hijo de Kenshin y eso implica que ahora debo esforzarme más que nunca en ser una mujer fuerte. Yo sabía que él en el fondo me amaba… lo sabía…-

Kenshin la dejó sola mientras fue a buscar algunos implementos de limpieza. Al volver, Kaoru le preguntó si le podía prestar de nuevo la bermuda hawaiana.

-Es que es muy cómoda. Prometo que la lavaré y te la devolveré limpia.-

Kenshin asintió y Kaoru corrió a cambiarse. Al notar la joven que ya estaba transpirando a pesar de que se había lavado en la mañana, se acercó al pelirrojo.

-Oye… dime, Kenshin… en esta época… ¿tienen algo para el olor a sudor?-

El aludido asintió y le prestó de su desodorante prometiéndole comprar uno para ella al día siguiente. Luego la ayudó a limpiar el gran dojo barriendo primero, encerando y luego puliendo. Durante todo ese tiempo miró a Kaoru disimuladamente, notando por ejemplo que ella tenía algo especial que le atraía mucho.

"Pero se irá" concluyó. "A cumplir su destino asi que… realmente no importa lo que sienta."

-Oye, Kaoru.- dijo él de repente.- ¿En verdad me parezco tanto al Kenshin que tú conoces?-

Ella se detuvo en su quehacer y lo miró.

-Claro que si. Como si fuerais dos gotas de agua. Con la diferencia de que él tiene una cicatriz.- La joven no ahondó en el tema de la forma de ésta.

-¿Y el color de ojos?-

Kaoru se acercó y lo miró de frente. Le tomó la cara entre las manos para observarlo.

-Es idéntico aunque no sé por qué, los tuyos brillan más.-

-Debe ser que te estoy mirando.- dijo Kenshin muy bajito. Kaoru lo escuchó y lo soltó de inmediato. -¿Te enfadaste?-

Kaoru no estaba enfadada, sino confundida. Por un lado, sentía mucha confianza con este Kenshin para conversar horas y horas con él, acercarse y tocarlo. Cosas que eran impensables para ella con respecto al espadachín. Pero por otro lado, sentía que este Kenshin le aceleraba el corazón de un modo despiadado.

-No pasa nada.- repuso ella con ligereza.- es que te pareces mucho a mi Kenshin y continuamente debo recordarme que tú… eres tú y no él.-

-Yo…- dijo Kenshin tomándola por la cintura de pronto, sin poder controlarse.-Yo no he tenido la fortuna de conocer a alguien como tú en esta época. Y no sé si quiera…-

Kaoru pudo mirarse claramente en los ojos de Kenshin de tan cerca que estaban. Sentía su aliento en la cara y supo que la besaría. Y estaba bien si él no tenía a otra Kaoru. Pero ella… ella ya tenía a su Kenshin.

Volteó el rostro y los labios de Kenshin chocaron con su mejilla.

-No hagas esto.- dijo Kaoru muy seria.- Si yo te besara, no sería a ti, ¿lo entiendes?-

Kenshin entonces pareció recuperar la cordura y la soltó lentamente.

-Lo siento, Kaoru. No sé qué me ha pasado. Yo… no me estoy comportando como debiera… -

Kaoru sonrió.

-Me alegra mucho de que lo entiendas. Así podremos ser amigos y… - la joven se interrumpió cuando un beso sobre sus labios selló su boca.

El maestro de Historia había tomado a la joven por los hombros y besándola con premura, saboreando sus labios, la soltó dando un salto hacia atrás para crear un espacio que asegurara su pellejo.

-¡Oye!.- le dijo ella enfadada.- ¡Eres un aprovechado y…!-

-Te espero a la hora de almuerzo… - dijo Kenshin riendo y corriendo hacia la cocina como un pilluelo. Se sentía ligero y feliz como hacía tiempo no experimentaba.

Kaoru lo miró desaparecer con el ceño fruncido. ¡No era posible que le haya robado un beso! Su Kenshin nunca, nunca hubiese hecho algo como eso. Era un caballero, un hombre educado, ¡no un patán como ese! Mientras cerraba el dojo para irse a la casa a comer, Kaoru se detuvo un poco asegurando la puerta.

Cuando estuvo segura de que el pelirrojo no la miraba, se permitió tocarse los labios con los dedos mientras muy a su pesar, éstos se estiraban en una sonrisa.

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-¡Prometiste ser bueno y no volver a besarme!-

Kaoru, con las manos en la cintura, regañaba a Kenshin que pacífico, trataba de aliñar una ensalada. Sus ojos redondos y enormes echaban chispas mientras él sólo la miraba divertido.

-Yo prometí no besarte ni manosearte a la vez. Ahora sólo te he besado.-

-Pero… pero… -

-Toma.- le dijo a la joven pasándole una fuente llena de ensalada.- Lleva esto a la mesa. Yo llevaré lo demás.-

Mientras comían, en silencio, a Kenshin de pronto se le escapaba una risita leve que acallaba en cuanto Kaoru le hacía una seña con el cuchillo de que le rebanaría el pescuezo. La joven sólo pensaba en el modo de vengarse y una idea luminosa acudió a su mente; se vengaría en el mismo lugar en que él la besó: el dojo.

Después de almuerzo y una merecida siesta, Kaoru regresó al lugar a reconocer terreno. Kenshin la siguió y observó con asombro y fascinación cómo ella sabía donde estaba cada cosa. Asi fue como ella dio con las espadas de madera y bambú y con algunos uniformes y protectores, comprobando que el material con que éstos estaban hechos ella no los conocía, pero se sentían más ligeros que los de su época.

Tomó una espada de bambú y dio algunos golpes al aire con ella.

-Hace mucho calor como para usar el traje. Por hoy practicaré así no más.- dijo para sí misma.

-¿Buscas un oponente?- le dijo Kenshin con otra espada de bambú en mano. Sonriendo, Kaoru lo enfrentó.

-Sólo haré algunas catas y nada más.-

-Kaoru, vamos, lucha conmigo. Sólo un poco. En verdad que quiero ver tu desempeño. Si has sido maestra de este dojo… -

Se abalanzó sobre ella con la espada en alto para asustarla pero la joven reaccionó rápido y dejó al pelirrojo en el suelo con un par de golpes bien dados.

-Eres muy violenta… y mucho más fuerte que yo…- dijo él medio aturdido. Kaoru sonriendo puso un pie encima de él.

-Eso te pasa por besarme. No debes hacerlo nunca más o ya sabes lo que te espera.-

Kenshin la miró con ojos suplicantes y ella lo dejó ponerse de pie. Él se sacudió el polvo imaginario de la ropa.

-¿Y si yo te ganara en un combate… te podría besar?-

Kaoru pestañeó.

-Claro que no.-

Kenshin le pidió permiso para practicar junto a ella con el fin de fortalecerse y ganarle en combate, según él, de modo que la joven aceptó. Estuvieron en eso cerca de dos horas y al salir del lugar, lo hicieron como amigos. En ese momento tocaron el timbre y Kaoru dio un salto por el repentino sonido.

-No pasa nada.- dijo Kenshin calmándola.- Es sólo alguien que llama a la puerta.-

El joven fue a atender y Kaoru vio a una hermosa mujer hacer su entrada al jardín. Le echó los brazos al cuello al pelirrojo y de pronto, Kaoru, sintió que le hervía la sangre al ver la escena.

-Oh, Ken-san… decidí pasar a buscarte a tu casa porque temí que olvidaras nuestra cita y… y… ¿quién es ella?- dijo al advertir la presencia de Kaoru.- Parece una campesina.-

¿Una campesina? Kaoru se miró las ropas; era cierto que de bermudas y polera no se veía muy elegante. Menos con la coleta corrida luego de las horas de entrenamiento. Pero de ahí a parecer una campesina…

-¿Y qué haces tú aquí, Megumi? ¡Nadie te ha invitado!- le dijo sin pensar y sin reparar en la cara de asombro de Kenshin. Por su parte, la aludida ni se inmutó.

-Kenshin, por favor, no vuelvas a decirle mi nombre a cualquier chiquillita forastera como ésta. Es muy desagradable oír ese acento que tiene. Mírala, es tan desaliñada… y se ve que está celosa.-

Kaoru buscó con la mirada una escoba o algo con qué darle a Megumi por la cabeza. Ésta era mucho más desagradable que la amiga de otros tiempos.

-No molestes a Kaoru, por favor… - dijo Kenshin.- Es algo volátil y… -

-¿Y se llama Kaoru? Que nombre tan común…- dijo la bella profesora de Química sin reparar que la joven había desaparecido.- En fin, que bien que nos dejó solos, Ken-san. Tú y yo tenemos una salida y… -

Para ser sinceros, a Kenshin se le habían pasado las ganas de salir. Estaba muy a gusto con Kaoru en su casa, aunque no la veía por ninguna parte.

-Megumi, yo… no sé si pueda salir hoy… - empezó a decir cuando de pronto, una avalancha de agua cayó sobre la que pretendía ser su acompañante. Megumi boqueó y gimió desesperada mientras Kaoru sostenía aún un balde de agua.

-Siempre quise hacer esto.- se dijo feliz. La otra mujer, con el maquillaje corrido y el pelo estropeado, miró con ganas asesinas a Kaoru. Kenshin, que estaba algo mojado también, tomó por la cintura a la pobre Megumi para que no se le tirara encima a la joven.

-¡Eres una mocosa estúpida! No puedo creer que Kenshin te tenga en su casa, ¡seguramente tú te viniste de arrimada!- le gritó enfurecida mientras Kaoru saboreaba el momento y Kenshin sentía que estaba en un serio aprieto.- Dile algo, Kenshin. Echa a este insecto, no quiero verla más.-

-Megumi.- dijo Kenshin pausadamente.- No puedo echar a Kaoru porque ésta es su casa y además, porque tú te buscaste su odio.-

-Pero no puede ser tan provinciana.-

-Claro que puedo serlo.- dijo Kaoru.- En mi épo… hem, tierra, arreglamos así los problemas. Además le hice un favor porque usted estaba muy caliente y ahora se le ve más fresca donde calló su lengua de víbora.-

Megumi se soltó de un manotazo del agarre de Kenshin y se retiró del lugar mascullando maldiciones. Kaoru entonces recogió el balde y fue a dejarlo en su sitio, en el patio trasero, seguida de un Kenshin muy serio.

-No me digas que en tu mundo conociste a una Megumi.-

-Así es.- dijo Kaoru acomodando la cubeta.- siempre me molestaba y era idéntica a la mujer que entró hace un momento. Y me quería quitar a mi Kenshin, claro está…-

-Espera.- le dijo Kenshin.- ¿Y cómo se llamaba?-

-Megumi Takani. Era doctora, muy buena. Con el tiempo aprendimos a llevar la fiesta en paz, pero cuando podía me ofendía.-

-Pero Kaoru… - dijo Kenshin que aún seguía serio.- Esta Megumi no tiene nada que ver con la que tú conociste. No debiste haberla mojado. Eso está muy mal. Tú no puedes atacar a las personas que se parecen a las de tu mundo sólo porque te hayan caído mal… -

-Pero tú la viste, Kenshin. Me estaba mosqueando. Y encima te abrazaba de ese modo y yo recordé… -

-¿Te enfadaste porque me abrazaba?- preguntó Kenshin con expectativas. Kaoru pestañeó varias veces, con cierta confusión.

-No… es decir, me recordó a mi Kenshin, no fue porque me molestara que estuviera contigo. Lo que pasa es que yo… y… bah!, ¿qué te importa?.-

La joven corrió a su cuarto con rabia, porque odiaba que le hicieran esas preguntas confusas. Kenshin llegó de inmediato junto a ella.

-Vete.- le dijo Kaoru.- Ándate con tu Megumi y pásala bien con ella.-

-Kaoru, no te enojes conmigo… además, vengo a hacerte una pregunta. Y quiero que seas sincera.-

-Dime.-

-En tu época… ¿Kenshin tenía algún mejor amigo?-

-Claro que sí. Se llamaba Sanosuke. Sanosuke Sagara. Vivieron muchas aventuras y… ¿por qué la pregunta?-

-Nada… por nada importante. Es decir, ya te enterarás… - repuso, pensando en que invitaría un día de éstos a su amigo Sano...

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-Ya que estropeaste mi cita, lo mínimo que puedes hacer es salir de ese cuarto y conversar conmigo.-

-¡Púdrete!-

Kenshin miró al cielo oscuro buscando paciencia y al parecer, algo encontró.

-Kaoru, no puedo creer que sigas enfadada por eso. Sal, por favor. Lamento mucho que no te guste que haya invitado a Megumi para mañana en la noche a comer pero ¡es que tenía que ofrecerle una disculpa!-

-¡También es mi casa y no quiero a esa tipa aquí!-

-Si no la hubieras mojado, yo hubiese salido con ella a otra parte y no estaríamos en este entuerto. Además, en esta época, ¡no es tu casa!-

-No me importa lo que digas. Si la veo mañana, le tiraré agua con barro. No quiero verla a ella, ni a ti.-

Kenshin no podía creer lo que escuchaba. En cuanto esas mujeres se conocieron, se odiaron. Debía ser algo genético…

-Pero Kaoru… eso será mañana. Ahora estoy solito y me gustaría hablar con alguien.-

-Ya estamos hablando.- dijo Kaoru desde el interior de su cuarto. Había trancado la puerta con un palito, de modo que Kenshin no pudo correrla cuando quiso.- O vete y déjame dormir.-

-Por favor, Kaoru… -

La joven que se había estado cepillando el cabello después de bañarse, decidió darle una oportunidad al pelirrojo. Corrió la puerta y se dejó ver.

-¿Y de qué quieres hablar?-

Kenshin se quedó boquiabierto al mirarla. Se había puesto uno de sus vestidos nuevos y se veía bellísima y sin querer, comparó su belleza natural con la artificial de las muchachas de hoy en día. Kaoru tenía un buen cuerpo, formado por la práctica de deportes, de músculos fuertes que no se notaban bajo sus formas suaves y redondas. El tamaño de su busto era perfecto, así como su estrecha cintura y sus caderas redondeadas. Y las piernas, que ya se las sabía de memoria, le encantaban, sin contar que tenía el peso apropiado y no parecía una flaca raquítica. Ella no necesitaba nada más para ser hermosa.

-Tanto decir que querías hablar y ahora no dices nada. ¿Quién te entiende?- dijo Kaoru mirándolo con curiosidad.

-Tu… tu ropa.- dijo Kenshin apuntando al vestido.

-¿Está mal? Tú me dijiste que es lo que se usaba en este mundo, asi que si hay algún problema con ella… - dijo a la defensiva.

-No, no es eso. Lo que pasa es que… se te ve muy bien. Estás muy bonita.-

A Kaoru nunca le habían dicho un piropo y eso la desconcertó. Su Kenshin sólo le decía que se veía bien después que los demás apreciaban su esmero en acicalarse. Pero este Kenshin…

-Gracias. Yo… yo creí que en esta época uno debía maquillarse como Megumi para verse bien y…-

-No, no, nada de eso, Kaoru. Tú no tienes que maquillarte. Te ves muy linda.-

El piropeo continuaba y Kaoru se sonrojó. Kenshin le dijo algo sobre que la cena estaba lista y fueron al comedor.

Estaban pasando al postre (la parte favorita de Kaoru) cuando ella le preguntó si se había casado alguna vez.

-¿Acaso tu Kenshin lo estuvo?- preguntó Kenshin de vuelta.

-Claro que sí, pero quedó viudo. Ella se llamaba Tomoe Yukishiro y según Kenshin, era muy hermosa, con la piel blanca y unos ojos como gato.- explicó Kaoru haciendo la mímica de unos ojos alargados. A Kenshin por su parte se le cayó la cucharita del postre de la mano. –¿Dije algo malo?- preguntó Kaoru, preocupada.

-No, nada… - dijo Kenshin aturdido recogiendo la cucharita.- Lo que pasa es que… yo estuve casado con una Tomoe Yukishiro, cuando tenía veinticuatro años.-

-¡Oh!... pero ella no ha muerto, ¿verdad?-

-Afortunadamente no. Pero… verás: nos casamos al salir de la universidad y ella… pues ella me abandonó por otro antes de cumplir los dos años de casados.-

-Lo lamento mucho, Kenshin. Estoy segura de que tú la amabas.-

-Así fue.- dijo él, saboreando su postre de helado.-Yo la amaba mucho, o eso creía.-

-¿Creías?-

-Claro. Cuando me casé con ella, pensé que sería para toda la vida y tenía toda una ilusión en torno a eso. Pero supongo, yo no era el hombre que ella realmente necesitaba, porque a ella le gustaban otras cosas. La vida más alocada, las luces, la fama… yo en cambio soy más bajo perfil y ella se aburrió de eso. Un día llegué y sus cosas ya no estaban. Me dejó una carta en la que me explicaba que se iba con un fotógrafo, (porque ella es modelo y lo conoció preparando un catálogo), y que me deseaba suerte. Además, me adjuntaba los papeles para deshacer el matrimonio. Recuerdo que ese día yo tenía mucha rabia, mucha… rompí cosas, me volví loco, creo. Pero por alguna extraña razón, a pesar del despecho y todo eso, no lloré. Nada. Ni siquiera alguna lagrimita.-

-Vaya.- dijo Kaoru.- qué fuerte eres.-

-No creo que sea fuerte.- repuso Kenshin.- Pienso que simplemente, yo no la amaba lo suficiente. Quizá, de haberla amado, hubiese estado más atento a que ella no era feliz conmigo porque aún está con él, se han casado y se la ve contenta. Y mi falta de lágrimas sólo puso en evidencia el hecho de que yo no la amaba tanto como suponía. Yo tengo la teoría de que uno puede medir su amor en lágrimas. Mientras más lloras por una persona, más amor sientes por ella.-

-Yo una vez lloré mucho por Kenshin, cuando se fue. No tenía ganas ni de levantarme de la cama.- dijo ella sintiéndose en confianza.- Hasta que saqué fuerzas de alguna parte y lo llevé de vuelta a nuestro hogar.-

-Pero tú me has dicho que él se fue de tu lado y que aún lo esperas… -

-Lo que pasa es que Kenshin se volvió a ir. Y cuando se fue, me quedé muy sola. Entonces, para no pensar en él ni deprimirme como la vez anterior, me puse a trabajar como maniática. Impartía clases diarias en mi dojo y además, iba a trabajar en otro. De ese modo llenaba todos los espacios durante el día y me cansaba tanto que en cuanto me iba a dormir, lo hacía profundamente, sin soñar. Pero… decidí que ya estaba bueno de eso. Conseguí finalmente mi título de maestro porque hasta entonces sólo era maestro suplente, y pensé que era hora de parar. En estos días yo me había tomado unas vacaciones.-

-Realmente ese Kenshin debió ser muy importante para ti si te afectó tanto su partida.- reflexionó Kenshin.

-Es que… habíamos pasado tantas cosas juntos. Yo pensé que nunca se iría de la casa, que quería estar conmigo. –

-¿Y por qué se fue?- preguntó Kenshin muy interesado de pronto.

Kaoru torció un poco la boca, antes de seguir. Kenshin le sirvió un poco de vino y le recomendó tomar de a sorbos pequeños para no marearse.

-Porque él era un hombre que sufrió mucho, como tú no te puedes hacer una idea y sentía que no merecía la felicidad. Él participó de varias batallas, mató a mucha gente y perdió a su esposa. Por eso, se sentía siempre muy culpable. A pesar de ser el temido Hitokiri Battousai, su corazón era muy sensible.-

-¿Era un Hitokiri?... ¿Un asesino de las sombras?-

-Asi es.- respondió Kaoru.- A él nunca le interesó la fama, decía que no quería tener reconocimiento por matar gente, aunque entendía que eso era con el fin de derrotar a los Tokugawa. Nunca se metió en política ni usó sus conocimientos para obtener beneficios.-

Kenshin estaba asombrado. Él a menudo sentía, cuando leía la historia de la Era Meiji, que algo o alguien faltaba en ese universo porque era la única forma de explicar que con un ejército tan menguado, hubiesen podido ganar. Sabía de la existencia de los Hitokiris, pero al parecer, Kaoru le hablaba de algo desconocido hasta el momento, incluso para el más avezado historiador.

-Pero si era un asesino… ¿cómo le conociste? Me dijiste anoche que tenía mi edad… era muy joven para ser hitokiri.-

Kaoru negó con la cabeza.

-Él entró al ejército a los trece años. A esa edad mató a su primera persona. Se casó a los quince con Tomoe, enviudó poco después… cuando cumplió los dieciocho terminó la guerra y se inició la Era Meiji.-

-Vaya… - dijo Kenshin, interesado.- Qué intenso.-

-Después que terminó la guerra, él se puso a vagar. Iba de aquí para allá, ayudando a las personas que veía. Es que se sentía muy culpable por lo que había hecho y por eso, decidió redimirse de alguna forma. Vagó diez años hasta que una noche nos conocimos.-

-Apasionante… - murmuró Kenshin.

-Fue… una afortunada equivocación.- dijo ella entusiasmada al recordar ese día.- Un tipo andaba desprestigiando mi dojo, diciendo que "era el hitokiri battousai del dojo Kamiya Kasshim Ryu" y por culpa de él me quedé sin estudiantes. Entonces, yo salí una noche con el fin de cazarlo y darle una paliza. Pero a quien vi fue a Kenshin. Como portaba una espada y entonces había una prohibición de usarlas, lo ataqué… pero me di cuenta de que era una espada con el filo invertido. La sakabatto.-

-Era algo especial tu Kenshin. Y sobre todo la espada. He oído que algunas personas las usaban pero que eran poco prácticas.-

-Si. Esa espada era incapaz de cortar usándola comúnmente, pero Kenshin era un experto y podía usarla por los dos lados. De todos modos, rara vez la giraba. Él en el fondo no quería dañar a nadie pero era como tú en su contextura física. Toda la fuerza de su cuerpo la canalizaba a través de su espada y podía usarla para defenderse. Sin ella quedaba desprotegido.-

-Guau… - dijo Kenshin. Esperó que ella no tuviera sueño todavía y le hablara más del pasado.

-Después de ese incidente lo invité a vivir a mi casa… o tu casa… bueno, aquí, y nos hicimos amigos. Mi padre había muerto hacía medio año y yo estaba muy sola, por eso lo invité. Nunca pensé que me iba a enamorar tanto, ¿sabes? Pero así fue y fue una buena época. Al tiempo llegó un niño y otro amigo, Sanosuke, aunque no vivía con nosotros. Formamos un grupo y vivimos muchas aventuras. Pero… ah… un día comenzaron a pasar cosas malas.-

A Kaoru le encantaba hablar de Kenshin. Le brillaban los ojos recordando sus hazañas.

-Kenshin me había dicho que era un rurouni, un vagabundo que viaja sin rumbo y que se instalaría en mi casa pero que no me aseguraba que se fuera a quedar por mucho tiempo. Por eso, yo vivía con el temor de que algún día quisiera irse. Una tarde vino un tipo y lo atacó y después apareció el señor Okubo y… -

-¡¿Okubo?! ¡¿Okubo Toshimichi?!- preguntó Kenshin incorporándose, totalmente asombrado.- ¿El ministro del interior?-

-Claro.- respondió Kaoru con sencillez.- Nos sentamos a conversar en el dojo. Le pidió a Kenshin que evitara un golpe de estado que pretendía dar Makoto Shishio…-

-Estuvo en este dojo…- se dijo Kenshin con ilusión. Y luego miró a Kaoru. De pronto, el historiador que vivía en él despertó a pesar de sus esfuerzos.- Kaoru… ¿estuvo aquí?-

-Claro que si. Aunque murió a la semana siguiente.-

-¿Estuvo aquí antes que lo mataran esos samuráis?-

-No lo mataron los samuráis.- dijo ella muy seria.- Esa es la versión que llegó a la prensa local pero lo cierto es que lo mató uno de los hombres de Makoto Shishio, con el fin de facilitar el camino para el Golpe de Estado que pensaban dar.-

-Pero en la historia no se habla de un golpe de estado ni… -

-Claro que no se habla, si nosotros lo evitamos. Bueno, yo ayudé un poquito. Kenshin luchó contra Shishio y sus hombres y casi murió. Pero volvió… volvió a casa y por eso yo pensé que nunca más se iría.-

Kaoru le relató a Kenshin otros pasajes de su historia, como cuando los amigos se fueron y ellos se quedaron solos, hasta el día en que él se fue. Omitió a propósito la parte en que aparecen Enishi y la historia de la muerte de Tomoe.

-Tu historia, pequeña, es maravillosa. Y estoy seguro de que no me has contado demasiados detalles. Se merece un libro.-

La joven sonrió con tristeza, tomando un bocadito de pescado que quedó sobre la mesa.

-Quizá.-

Se quedó callada y de pronto, Kenshin sintió que no le gustaba verla triste.

-Hey, señorita Kaoru, no te desanimes.-

-Es que lo extrañé tanto. No tuvo que haberse ido.-

-Tal vez era necesario que él se fuera. Si se supone que después volverá a tu dojo a buscarte… quizá la lejanía le ayudó a darse cuenta de la tremenda persona a la que estaba dejando libre. Tal vez te aprecie más que antes.-

Kaoru sonrió.

-Pero para que eso pase, debo estar en mi mundo. Y no sé cómo regresar…-

-Kaoru- dijo él animado.- hay muchas cosas, aún en esta casa, que debes conocer. Aprenderás a usarlas y te distraerás… -

-No, no te molestes en enseñarme cosas. Cuando yo regrese a mi época, no me servirá saber nada de eso.-

Por algún motivo a Kenshin ya no le gustó la idea de que se fuera.

-Tómate esto como unas vacaciones, Kaoru.- dijo tomándole ambas manos.- Relájate, quiero mostrarte como es aquí. Eres… eres una persona muy refrescante, libre de dobles intenciones… me inspiras mucha confianza y… y no sé… es agradable ver las mismas cosas de un modo diferente, con tus ojos.-

Kaoru miró sus manos apresadas en las de Kenshin y luego a él, a los ojos. La tenue iluminación que habían dejado ocultaba el tinte de sus mejillas, pero no su tierna sonrisa.

-¿Sabes? Siempre me pregunté cómo sería ver a Kenshin sin preocupaciones ni sufrimientos reflejados en su cara. Y te veo a ti y es muy agradable saber que en algún lugar, Kenshin Himura vive en paz. Me alegro mucho, no sabes cómo, pero lo que más me alegra es haber llegado y conocer en ti a una persona bondadosa. Gracias por ayudarme y no creerme una loca.-

La joven se puso de pie pero Kenshin no quería que se fuera a acostar todavía. Existía el riesgo de que desapareciera esa noche. La siguió a su cuarto.

-La pasé muy bien, Kenshin. Cocinas muy bien, me gustó todo lo que preparaste, sobre todo esas… hem… "selchichias"-

-Salchichas… - la corrigió Kenshin muy cerca de ella. La joven tuvo de pronto una sensación de vacío en el pecho y la próxima vez que sintió los labios de Kenshin fue sobre su frente.- Duerme bien, preciosa.-

Ella se quedó quieta, esperando a que él en un impulso la besara o dijera algo más. Pero Kenshin no se movió ni dijo nada. Sólo la miró unos segundos, en silencio, antes de retirarse a dormir. Ella entonces se entró a su cuarto, pensando que era una tonta por esperar cosas como esa, ya que ella misma le había prohibido volverla a besar.

Se quitó el vestido y se puso la yukata. Lo mejor sería dormir y ver si quizá, con suerte, regresaba a su antigua vida que ya empezaba a extrañar. Escuchando el tic tac del reloj, cayó en un profundo sueño.

Tan profundo que esta vez no despertó cuando Kenshin abrió la puerta para comprobar que ella seguía allí.

Tan profundo que no sintió su suspiro de alivio al verla antes de salir.

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Fin Acto Tres

Kenshin

Marzo 29, 2008

Notas de Autora:

Hola!!

Hum, un nuevo episodio que comentar. Kenshin por ejemplo, siente una fuerte atracción por Kaoru y ella… mou, no sabemos si siente algo por él o sólo le recuerda a su antiguo Kenshin. Por otra parte han encontrado valiosa evidencia de la existencia de ella en el dojo y de quienes sucedieron a la maestra de kendo. Seguramente encontrarán más cosas que pertenecieron a Kaoru Kamiya en el pasado, pues aún no abren la bodega. Yo me acuerdo que hace dos meses, en casa de mi abuelita, encontré documentos sobre mis bisabuelos que habían nacido en el siglo diecinueve, asi que no es difícil imaginar que en una casa antigua como la de Kenshin y Kaoru puedan tener ese tipo de cosas.

Me divertí mucho escribiendo la parte en que aparece Megumi y más adelante aparecerán otros componentes de esta historia, tal como Sanosuke, por ejemplo. De todos modos, creo que este Kenshin no tiene un pasado oscuro como el otro ni nada de eso. Pero quizá sea un hombre especial con respecto al común de los japoneses.

Me gusta eso de que le robe besos y sea juguetón. Y me parece que hace tiempo no escribía sobre una Kaoru parecida a la original. Me gusta esta Kaoru porque parece muy fuerte y muy graciosa, con un genio endemoniado a veces, con su lado sensible (bueno, cualquiera llora viendo Candy-Candy) No sé, creo que en cualquier momento le pegará un escobazo a Kenshin si vuelve a sobrepasarse o tal vez… si la espía mientras ella se baña en la tina. Y veremos qué sucede en el próximo capítulo.

Les dejo mis besitos y muchos agradecimientos por escribirme. Gracias por seguir a esta humilde escritora.