Donde puedas Amarme

Donde puedas Amarme

Acto Cinco

No soy él

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-¿Aquí practicas?-

Kenshin asintió con una sonrisa mientras Kaoru, boquiabierta, intentaba abarcar la inmensidad del maravilloso dojo en el que estaba con sus muy abiertos ojos rasgados.

-Es impresionante… -

El pelirrojo la había invitado esa tarde para que saliera y se distrajera un poco de la disyuntiva de: "cómo vuelvo a mi casa" que tenía ella y al parecer había resultado.

-Hay tanta gente… -

Kaoru se fijó en un atractivo hombre en especial, de edad madura y cabellos muy negros. Aunque en esta nueva era los llevaba cortos, ella de inmediato lo reconoció y se lo señaló a Kenshin.

-Ese tipo, en mi época, era tu maestro de espadas. Se llamaba Hiko Seijuro treceavo… aunque creo recordar que se llamaba en verdad… hem… Nitsu Kak… Kaki… Kako…-

La joven no recordaba las palabras exactas, pero Kenshin ya ni se molestó en asombrarse. Sólo completó la frase de la chica.

-Kakunoshin.-

-¡Ese!- afirmó ella dando un golpe de puño en su mano abierta.- ¿Es tu maestro aquí o tu compañero?-

-Es mi maestro.- dijo Kenshin avanzando hacia él. Era increíble todo lo que le decía Kaoru. Era como si el mundo de la Era Meiji y el que estaba viviendo él fuesen paralelos.

-Que increíble… yo no sabía que él hubiera tenido hijos. Tal vez, después de todo, se casó con alguna de las amigas de Misao… jajaja… era un pícaro.- comentó Kaoru contenta de reconocer a alguien más. Kenshin le hizo una seña para que lo esperara mientras él se cambiaba de atuendo.

Para Kaoru, rato después, fue todo un choque verlo con hakama y kendogui azules, entrando con paso seguro al salón. De pronto recordó fuertemente al Kenshin de su época y sintió mucha nostalgia. Estaba evocando sus recuerdos más felices cuando el maestro… o como sea que se dijera en ese mundo, se acercó a Kenshin.

-Vaya, pupilo, veo que es la primera vez que traes a una mujer que no es tu hermana a la práctica. ¿Es tu novia?-

Kenshin buscó con la mirada a Kaoru, que al hacer contacto visual con él se puso de pie y le hizo señas con la mano, sonriendo alegremente. El pelirrojo se ruborizó y miró a Kakunoshin.

-Si. Algo así.-

-En ese caso, pupilo… hoy le daremos motivos para sentirse orgullosa de ti. Haremos demostraciones de habilidades y todo eso para que te luzcas… -

-No, no, maestro… no. Es decir, no creo que ella se impresione con mi nivel. Ella es kendoka también, y de las buenas.- Y claro que debía de serlo, pensó Kenshin, si era una de las que manejaba una técnica cien por ciento original de combate, de una época en que realmente la vida dependía de conocerlas bien.

-Puede que sea una buena kendoka, pupilo. Pero tú tienes nivel nacional. De hecho, todavía me pregunto por qué no dejas esa farsa de jugar al profesor de historia y te dedicas al kendo y a abrir tu propio dojo. Con todos los trofeos que puedes ganar, tu reputación… -

-Me gusta más enseñar sobre la historia que practicar el arte de la espada.- dijo Kenshin levemente molesto al ver que su superior menoscababa su profesión.- El kendo sólo me gusta para mantenerme sano del cuerpo y el espíritu.-

-Por eso de todos mis pupilos, eres el más estúpido.- dijo Kakunoshin caminando con Kenshin hacia donde estaba Kaoru.- Porque no eres ambicioso. Tienes un don… una habilidad para manejar la espada que no cualquiera posee y en vez de sacarle algún provecho, te dedicas a… a… bueno, pensándolo bien, si yo tuviera la oportunidad de mirar bajo las falditas de las universitarias... pues, dicen que cada año llegan más atrevidas, jugándose las cartas para atrapar maestros… quizá yo deba ser el que cambie de profesión.-

Un suspiro salió de los labios del pelirrojo cuando llegaron hasta donde estaba Kaoru. Kakunoshin se dirigió a ella.

-Señorita… -

-Kamiya. Kaoru Kamiya.-

Algo en la cara del hombre le indicó a Kenshin que al parecer, se le hacía conocido ese nombre. Pero Kakunoshin no hizo comentario alguno al respecto.

-Señorita Kamiya… me preguntaba si quisiera usted participar de nuestra práctica del día. Mi pupilo me ha comentado que usted es kendoka y tal vez quiera enseñarnos algo de su técnica.-

Kaoru no esperó a que le preguntaran dos veces y rato después, cuando ella se hubo cambiado con el traje de repuesto de Kenshin que era muy parecido en sus colores al que ella usaba en su época, iniciaron los ejercicios de calentamiento. Luego algunos movimientos y después las demostraciones.

-Como han visto, hoy tenemos a una invitada, de la escuela… - Kakunoshin se dirigió a Kaoru para que le diera una respuesta.

-La escuela "Kamiya Kasshin Ryu".- dijo ella enérgicamente.

Orgullosamente.

Kenshin nuevamente notó un tic de reconocimiento en el rostro de su superior. Algo raro había en todo eso.

-¿Alguien desearía chocar su shinai con ella?- preguntó Kakunoshin.

-Yo.- dijo un joven alto saliendo de entre los alumnos.- Yo pelearé. Aunque sea una mujer, quizá me venga bien medir fuerzas con ella.-

-Muy bien. Será una lucha de tres golpes.- respondió Kaoru, apretando con fuerza el shinai que también Kenshin le había prestado. Aunque si hubiese sido una escoba, por ella hubiera estado bien.

-¡Hajime!- dijo un estudiante, iniciando el primer ataque entre los contendores.

Saigo salió volando hacia atrás cuando la espada de Kaoru hizo contacto con él. Se produjo un silencio general y luego se escucharon algunos murmullos.

-Creo que me pilló desprevenido.- comentó él tratando de restarle importancia al asunto, si bien ni siquiera alcanzó a tocar a Kaoru con su shinai. Se colocó en posición y esperó la seña para el segundo golpe.

No tuvo mejor suerte que en el primero y rojo de vergüenza, insistió en pelear el punto que quedaba, pero Kakunoshin lo detuvo con un ademán.

-Ella ganó, Saigo. ¿Alguien más que quiera ser su oponente?-

Cinco jóvenes más pasaron y los cinco terminaron acabados sobre la brillante y pulida madera del piso. Kenshin miraba a la joven con admiración.

-Por lo visto hoy ha venido a masacrar a mi escuela.- dijo Kakunoshin de buen humor.- ¿Desde cuándo practica, señorita Kamiya?-

-Desde los siete años, señor Nitsu.-

-Vaya, con ese nivel que tiene, debería tener primer lugar a nivel nacional. Quizá usted quiera abrir un dojo.-

-Yo ya tengo uno. Es el dojo Kamiya, del que soy maestra.- dijo Kaoru sin pensar, dándose cuenta de que había metido la pata en cuanto veinte jóvenes se abalanzaron sobre ella para pedirles que les enseñe su arte. Pero Kaoru no podía aceptarlos porque el dojo actualmente era de Kenshin y porque ella podía un día despertar y aparecer en su propia época, dejándolos solos y sin guía. –Por favor… me siento muy honrada de que quieran aprender mi técnica pero… ustedes deben esforzarse más y si alguno logra vencerme en combate, yo lo instruiré.- acabó diciendo, muy segura de sí misma, con la intención de desanimarlos.

Lo que no previó es que los veinte sacaron sus espadas de bambú para atizarle a la pobre joven, de modo espontáneo, con la determinación ardiendo en sus ojos.

Kenshin, asombrado, miró a su maestro.

-Esos imbéciles se han cegado ante la expectativa de tener a una bella instructora, y la atacan entre todos perdiendo el sentido del honor.- comentó Kakunishin evidentemente molesto. Con sus ojos puestos sobre la joven, notaba como ella girando y golpeando en los lugares precisos, derribaba a varios. No gastaba energía de más y por alguna razón, algunos movimientos que ella hacía se le hacían muy familiares. Kenshin se adelantó para ayudarla pero el maestro lo detuvo.

-Déjala. Ella estará bien.-

El pelirrojo siguió atento la desigual batalla hasta que los últimos tres acabaron en el suelo y Kaoru se sacudió las manos, dándose hasta la maña de bostezar. Kenshin no sabía si reír o llorar por todo eso. ¡Tamaña mujer a la que tenía en casa!

Kakunoshin se acercó a ella nuevamente.

-Por favor, disculpe el comportamiento impropio de estos pupilos estúpidos. Serán debidamente sancionados.- giró luego para decirles que durante dos meses limpiarían los baños y las duchas.- Y si no está demasiado cansada, me gustaría preguntarle si conoce usted el estilo Hiten Mitsurugi Ryu.-

-Claro.- respondió Kaoru secándose el sudor con un pañuelo.- Lo he visto en acción hace años.-

-Usted usó movimientos de esa escuela, ¿no?-

-Si.- respondió Kaoru, sintiendo a Kenshin a su espalda escuchando la conversación.- Yo… la persona que manejaba esa técnica nunca quiso enseñármela, pero yo recordé los movimientos y traté de fusionarlos con mi técnica para que sea más efectiva.-

-Entonces tal vez no sea bueno que pelee usted con Kenshin.-

-¿Ehh?- Kaoru no entendía.

-Heredé de mis ancestros una técnica, hem… "resumida", por así decirlo, del Hiten Mitsurugi Ryu, la escuela de la velocidad divina. Sospecho que por alguna razón el tatarabuelo no quiso entregar la técnica completa pero con el tiempo, según la habilidad de los hombres de mi familia, cada uno ha aportado en completar el rompecabezas de los movimientos que faltaban. Dicho de otro modo, el Hiten Mitsurugi que yo manejo es más completo que el que entregó mi ancestro… y es el que sólo le he enseñado a un alumno muy destacado: Kenshin, que con una habilidad vista en pocas personas, ha logrado sacar un movimiento que sólo mi padre y yo conocíamos, de modo espontáneo. Mi hijo mayor ya está siendo instruido en el Hiten Mitsurugi porque aunque Kenshin lo maneja, no tiene interés en preservarlo. Es un pupilo estúpido que no aprecia mi regalo.-

La joven miró a Kenshin que se notaba un poco molesto con las palabras que oía y regresó la vista a Kakunoshin.

-Yo no soy historiador como mi pupilo aquí presente, pero sé muchas cosas del pasado, relacionadas con mi escuela. Sé por ejemplo que yo manejo el arcano secreto, por ende, podría ser algo así como Hiko Seijuro quinceavo, ya que mi padre con su habilidad pudo descubrir ese movimiento, siendo el Hiko Seijuro catorceavo. Sé también que mi tatarabuelo fue el treceavo y que trató de pasar su técnica a una persona que si bien la aprendió correctamente, al final rechazó el nombre y título que ahora pertenecen a mi padre. De hecho, por alguna razón, tampoco mató a mi antepasado como era la costumbre, al ejecutar el arcano secreto… -

Kaoru y Kenshin miraban a Kakunoshin mientras el hijo mayor de éste les indicaba los movimientos a practicar al resto.

-Usted me ha interesado, señorita Kamiya, porque siempre me pregunté los motivos que tuvo ese desertor del Hiten Mitsurugi para rechazar el poder y todo lo que conlleva el manejo correcto de esta técnica. Según mi abuelo, se dice que esa persona destruyó su vida a causa de la espada y por eso juró nunca más matar a nadie y por ende, rechazó llevar nuestro nombre y nuestro orgullo. Y lo último que se supo de él es que acabó viviendo pacíficamente en Tokio, en el dojo Kamiya. Posiblemente usted, que lleva el apellido y la técnica de ese dojo pueda saber algo más… -

Kaoru no sabía qué decir y Kenshin estaba más que asombrado. Todo lo que le había dicho Kaoru…

-Usted conoce movimientos de mi escuela. Es posible que usted sea descendiente de ese desertor en especial ya que todo coincide.- Luego Kakunoshin se llevó una mano a la frente.- Oh… disculpe usted, me he enredado con todo esto. Es que me encanta hablar de la historia de mi familia. Sólo quería decir que usted sería un oponente de temer ante Kenshin porque podría anticipar sus movimientos.-

Una sonrisa iluminó la cara de Kaoru.

-Pierda cuidado.-

-Si tiene deseos de hablar de su familia y su técnica, me sentiría muy honrado de escucharla. Kenshin le indicará cómo encontrarme.-

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Kenshin y Kaoru, rato después, optaron por retirarse y por el camino, Kenshin llevó a Kaoru a un centro comercial para comprar algunas cosas.

La joven trataba de no poner cara de sorpresa ante las cosas que veía. Los enormes edificios, el tráfico, la gran cantidad de gente… nada comparado al barrio tranquilo donde vivían. Pronto entraron a una tienda donde vendían cosas de última tecnología y Kenshin pidió ver un grabador de voz o un dispositivo con mucha memoria.

-Quiero grabar horas… semanas de conversación.- le dijo al vendedor. Kaoru, a su lado, se acomodó para ver las maravillas del siglo XXI, pensando que debían ser cajitas mágicas a juzgar por su exterior sencillo, plateado y muy, muy pequeño. Parecía que todos los allí presentes querían tener una de esas y escuchó que a uno le llamaban "ipod"

-Con esta además puede escuchar lo grabado, almacenar música y todo tipo de información adicional… - le decía el vendedor mientras Kenshin buscaba con la vista otro producto de su interés. Eso, hasta que su vista se topó con un espejo de seguridad colocado en una esquina de la tienda y vio algo que lo dejó helado.

Un sujeto, de espaldas a Kaoru, estiraba disimuladamente la mano bajo la falda del vestido de ella para tomar fotos con la cámara de su celular.

Al parecer, ni los guardias se habían percatado, lo que ya no importaba porque Kenshin estaba enceguecido de furia.

-¡Maldito pervertido!- murmuró en un tono glacial antes de tomar la muñeca del sujeto ese y retorcérsela hasta que del dolor éste botó el teléfono. Kenshin lo recogió con una velocidad supernatural y de inmediato buscó los archivos de las fotos para borrarlos.

-¡Hey, que te crees, maldito "yankee"!- dijo el sujeto a Kenshin cuando se vio liberado de él, pero la mirada de demonio que le echó este lo dejó incapaz de articular más palabras. Kaoru no entendía nada pero estaba asustada porque no sabía cómo manejarse en este nuevo mundo y sentía que todos la miraban.

-No soy un yankee. Este color es natural, gran imbécil.- dijo Kenshin apenas conteniendo sus ganas de darle un puñetazo al pervertido. En eso un guardia los alcanzó y Kenshin le explicó en voz baja, para que Kaoru no escuchara, lo que había pasado, dándole el teléfono para que lo examinara. El guardia vio un par de fotos y reconoció, por los colores, las faldas de dos clientas que estaban allí en ese momento. Llamó a su colega y custodiaron al pervertido a las afueras del centro comercial, donde estaban unos policías que se hicieron cargo de él.

-Eres una vergüenza para los hombres… un incapaz de conseguirte mujer a la que mirar.- le dijo un policía enfurecido al recordar que el día anterior le había pasado algo similar a su hija.

Fuera del centro comercial, Kaoru le preguntó a Kenshin que qué había pasado para que reaccionara así y Kenshin, escueto, le dijo que ese hombre sacaba fotos bajo las faldas de las mujeres y que por eso lo había acusado. Kaoru quedó satisfecha con esa respuesta, murmurando que ojala y lo molieran a patadas en la cárcel.

-No creo que le den cárcel, Kaoru. Pero sí una multa con amonestación.-

-Por eso lo vuelven a hacer. Deberían golpearlos brutalmente y… y… ¿Oye, Kenshin, por qué te dijo yankee? ¿Es una palabrota?-

Kenshin sintió que su mal humor desaparecía.

-Claro que no, pequeña. Pero… verás, si te fijas, algunos jóvenes son extravagantes, se tiñen el pelo, amarillo, rojo, verde, azul… -

Kaoru se abrazó a Kenshin cuando en efecto, hicieron su aparición unos jóvenes sacados de las imágenes de sus pesadillas.

-Son horribles… - dijo ella, mirando de reojo a uno que tenía un ojo amarillo y otro rojo furioso, vestido de negro. Pero Kenshin sólo era conciente del cuerpo de ella contra el suyo. Pasó saliva y trató de seguir explicando.

-Lucen mal, pero en su mayoría no son malos. Sólo quieren verse diferentes y tener un estilo como esas chicas de allí, llenas de lazos de colores… bien… en fin… como te decía, cuando uno se pinta el pelo de un color, los demás te insultan diciéndote "yankee", haciendo alusión a los estadounidenses que por naturaleza tienen ese color de pelo. En el fondo, es como decirte "antipatriota" o… -

-¿Los estadounidenses son como esos chicos?- Kaoru se imaginó un país lleno de gente extraña.

Kenshin por su parte suspiró. Tendría que explicarle mejor a Kaoru. Aunque mirándola a los ojos, esa tarea se convertía en todo un placer…

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-¿El desertor del que habló mi maestro… era Kenshin, verdad?-

Tomaban un te para antes de dormir y Kaoru asintió.

-Dijo que esa persona había destruido su vida. Y a juzgar por lo que me contabas, que Kenshin nunca estaba en paz, debía de ser cierto.-

Kaoru se sentía cansada. O más bien agobiada con todas las cosas que había visto en el centro de la ciudad y por eso ni siquiera tenía ganas de hablar. Sólo de estar en silencio. Kenshin, luego de mirarla, dijo:

-Este mundo, Kaoru, es muy confuso. Aún la gente que ha nacido en esta época se siente apabullada ante los inmensos cambios que se dan en corto tiempo. Todo va muy rápido, las ciudades no duermen y las personas cada vez están más desesperadas por hacerse notar con sus acciones o su aspecto en vez de sentarse a dialogar. Todos tienen miedo… y se sienten solos.-

-No sé si me guste tu mundo. Tiene cosas prácticas, pero hoy, viendo a esos seres extraños en el centro, no supe qué pensar. ¿Cómo pueden hacer amigos si se ven tan aterradores?-

-Debe ser que en el fondo son muy amables.- dijo Kenshin.- Tú me contaste que aún cuando creíste que Kenshin era un asesino, le brindaste un lugar en tu casa.-

-Pero Kenshin me ayudó y por otra parte, parecía persona.- repuso Kaoru muy seria. Luego se puso de pie.- Tengo mucho sueño, hoy me divertí mucho en el kendo, y mañana me toca ver a Tae. Pero estoy nerviosa, porque ella es muy elegante y no sé si estaré acorde al nivel del nuevo Akabeko.-

-Si te sientes más segura, Kaoru, mañana te puedo llevar de compras para que escojas algo. Yo te aconsejaré qué vestir.-

Kaoru sonrió.

-Te lo agradecería mucho. Pero… Kenshin, tú me dijiste que estabas de vacaciones y creo que te estoy dando muchos trabajos.-

-Tú también estabas de vacaciones en tu mundo y no puedo imaginar todo lo que debes estar pasando. Tal vez debamos planificar algo para divertirnos los dos, aunque, estando estos días contigo, he descubierto que la puedo pasar muy bien en mi casa.-

Kenshin se puso de pie y llegó hasta Kaoru, que apoyaba su cuerpo contra un pilar que había sido restituido recientemente. Aromas de distintas flores llenaban el lugar y la noche estaba deliciosamente fresca. Pero para Kenshin, la flor más hermosa que había en su jardín era la que despedía el más dulce perfume. Y la tenía frente a él, vestida con un alegre kimono, mirándolo hipnotizada, con los labios ligeramente entreabiertos en una inconciente invitación.

Kaoru percibió el movimiento de Kenshin hacia ella y movió la cara, sintiendo los labios de él sobre su mejilla.

-Lo siento… no debes hacer eso… - dijo ella débilmente. Kenshin apenas separó la boca de su suave piel.

-Si no quieres que te bese, retírate.- murmuró. Pero Kaoru, a pesar de la lógica recomendación, fue incapaz de moverse. Kenshin sintió su leve temblor y rodeándola con sus brazos, se apegó a su cuerpo.-No te comprendo. No eres coherente.-

-Lo que pasa es que eres un tonto.- respondió ella cuando pudo sacar el habla.- Eres un gran tonto. Por eso no me puedes entender… -

-Claro que no puedo entender… tú me gustas, Kaoru. Me gustas tanto que no puedo dejar de decírtelo. Me gusta estar contigo y escuchar tu voz, acercarme a ti, olerte, besarte… y sé que a ti te pasa lo mismo conmigo.-

-No.- dijo ella con firmeza, descolocando al pelirrojo.

-¿Cómo?-

-Yo amo a otro Kenshin.- Kaoru, con el rostro ladeado, miraba hacia el jardín.- Es el de mi mundo… al que yo conocí. Con el que viví aventuras. Él… mi primer amor.-

-Pero te abandonó, Kaoru. Se fue. Y no te dio mayores explicaciones.-

-Ya te he dicho que él tuvo sus motivos. Vivía con muchas culpas… -

-No es excusa, Kaoru. Una persona debe ser capaz de mirar hacia delante. ¿De qué le sirve a él sentir tanta culpa si nada de eso le va a devolver la vida a las personas a las que mató? Lo único que ha causado con ese autocastigarse fue ser infeliz, y hacerte infeliz a ti. Y seguramente amargar al resto de sus amigos que lo ven lamentarse sin poder hacer nada por él.-

-¡Tú no lo puedes entender porque eres un egoísta!- dijo Kaoru, soltándose de su abrazo de un modo violento.- ¡Tú nunca sabrás lo que sufrió Kenshin porque tú naciste en otro mundo, donde no tuviste que matar para vivir!. Quizá nunca has visto una revuelta… quizá nunca te has sentido solo ni has seguido viviendo cuando para ti la vida ya no tenía sentido. Tú nunca has sufrido el tener un demonio dentro de ti, ni has tenido miedo de hacer amigos que pueden ser el blanco de enemigos que buscan vengarse de ti. ¿Te conté que me raptaron dos veces sólo para atraerlo a él y hacerle pelear? Kenshin era conocido en ese momento como el más grande asesino y no faltó el imbécil que quiso pelear con él solo para medir fuerzas. Hoy le dijiste a tu maestro que el kendo sólo te interesaba para fortalecer tu mente y cuerpo; ¡Kenshin hubiera respondido que quería seguir aprendiendo para proteger a las personas que amaba!-

Estupefacto, Kenshin no sabía qué decir. Kaoru, con lágrimas en los ojos, lo miraba con furia.

-Tú nunca podrás entenderlo. Sois iguales por fuera, pero distintos, completamente distintos por dentro.- terminó diciendo la joven.

Kenshin pasó saliva con dificultad, mirándola atentamente. Ella estaba ruborizada debido a la pasión de su discurso y se veía adorable.

-Tienes razón. No somos iguales. No soy él y no me interesa parecerme a alguien que fue tan tonto como para dejar a una mujer como tú. Si yo hubiese sido él, me hubiera quedado a tu lado por siempre. ¿Y sabes? Yo creo que aquí hay algo, un motivo por el cual viniste a este mundo. Dices que Kenshin fue tu primer amor y yo sé, por experiencia, que el primer amor no es necesariamente el definitivo. Por eso creo que viniste para que nos conociéramos… no sé cómo pero estoy seguro de que no es casualidad que hayas viajado en el tiempo.-

Kaoru tardó unos segundos en asimilar las palabras de Kenshin. De pronto recordó los pensamientos que tuvo la tarde anterior a su viaje.

"Si tan sólo existiera un lugar… un lugar donde tú pudieras amarme, yo iría sin dudar a ese lugar. Y allí me quedaría contigo".

"Algún día alguien aparecerá y entonces formaré una familia. Y olvidaré lo que me ha pasado"

"Si en algún lugar él pudiera quererme… yo iría…"

Kaoru se puso pálida al recordar con exactitud esas palabras. No podía ser. ¿Realmente ella había provocado eso?

Kenshin la vio tan descompuesta de pronto que se acercó y a tiempo, la sostuvo entre sus brazos cuando las piernas de la joven empezaron a fallarle.

-¿Qué pasa?... dime, ¿qué te pasa?.- le preguntó Kenshin asustado.

-¿De verdad tú me quieres?- dijo ella en un tono apenas audible, con la cabeza refugiada en el hombro del pelirrojo. Éste la abrazó con más fuerza.

-Sé que suena apresurado pero siento… siento que si tú me lo permitieras, yo dedicaría mi vida a hacerte feliz. Y es muy raro porque con un matrimonio fracasado a cuestas no me hacía mucha ilusión enamorarme… y sin embargo yo por ti… esto no tiene lógica y quizá no la necesita.-

Habían pasado años desde que Kaoru llorara por última vez, a causa de algo que estaba viviendo. Pero en ese momento comprendió que si el destino la había enviado a ese mundo donde Kenshin ya la estaba amando, era porque en Meiji el Kenshin al que esperó nunca lo haría.

-Tal vez tengas razón y yo soy un egoísta… - comenzó Kenshin un poco inseguro, abrazándola tiernamente, intentando encontrar un modo de consolarla.- No he tenido demasiados problemas a lo largo de mi vida y por eso me cuesta comprender los sentimientos de tristeza y frustración de los demás. En este momento… me siento un poco tonto porque no entiendo el por qué de tu llanto pero sé que si de mi dependiera… yo te cuidaría para que nunca más llores por un desamor.-

Con cuidado, Kenshin guió a Kaoru hasta el pasillo donde estaban, para que se sentaran. La joven, apoyándose en él, sintió que el vacío que tenía en el alma empezaba a llenarse y las lágrimas se retiraron. El pelirrojo entonces le limpió la cara con un pañuelo y permanecieron allí hasta que Kaoru se quedó dormida.

Cuando una hora más tarde ella despertó, Kenshin dormía también profundamente, sin soltarla de la cintura.

-No desaparezcas.- murmuró en sueños.

Kaoru sintió un calorcito en el pecho al oírlo y aunque lo correcto hubiera sido despertarlo para retirarse cada quien a su habitación, la joven se acomodó con cuidado, un poco mejor, bajo su abrazo.

Se sentía muy bien estar allí y escuchar el fuerte corazón de Kenshin, con su ritmo tranquilo a esas horas. Kaoru aspiró su aroma y trató de recordar cuando había sido la última vez que Kenshin en el pasado la había tenido así, de esa forma. Pero a su memoria llegaron recuerdos vagos, que no estaba segura habían salido de la realidad o de las ilusiones que había mantenido día tras día para un amor que esperó fuera correspondido. Vivió casi un año con Kenshin Himura y a lo más había recibido un par de castos besos y algunas frases amables que le auguraban que él se quedaría con ella.

Se dio cuenta, de pronto, que nunca había escuchado el latir del corazón de un hombre porque ni de Kenshin había estado tan cerca como lo estaba ahora de este moderno pelirrojo. Lentamente llevó una mano hacia la piel que la camisa semiabierta de él dejaba al descubierto y con los dedos, insegura, la tocó. Paso saliva al sentir su calor y su textura suave, ligeramente húmeda por el sudor que le producía el calor nocturno y posó la palma en un acto de atrevimiento.

En ese momento, una mano atrapó la suya. ¡Kenshin había despertado!

Kaoru abrió la boca para decir alguna cosa, algo que disculpara su reprobable acción, pero fue incapaz de decir algo. La garganta se le había cerrado y estaba muy asustada hasta que notó que Kenshin presionaba su mano contra su pecho para que se quedara allí.

Ella lo miró confundida y nerviosa, musitando una disculpa. Pero Kenshin no le estaba pidiendo explicaciones.

-¿Notaste cómo se aceleró por ti?- dijo un poco ronco, por el sueño.

Kaoru puso atención a los latidos que su palma percibía. ¡Era cierto! Su calmo corazón se había desbocado.

Lo miró a los ojos y esta vez, cuando él buscó sus labios, ella no ladeó la cara.

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1882

Misao sufrió un leve mareo y Kenshin se dio cuenta.

-¿Te pasa algo?- le preguntó.- ¿Estás bien?-

Megumi, que desayunaba con ellos, respondió por la joven ninja.

-No le pasa nada que no se pueda resolver dentro de unos meses.-

Sanosuke, zampándose una taza de arroz, continuó.

-Amigo Kenshin, por irte a recorrer el mundo te has perdido de muchas cosas.-

-¿Oro?-

-Misao se casó con el señor Aoshi.- respondió Tsubame.- e hicieron una gran fiesta. Ahora Misao está embarazada.-

Yahiko le dio unos fuertes palmazos a Kenshin en la espalda cuando se atragantó. Al recuperarse, rato después, con lágrimas en los ojos miró a Misao buscando una afirmación a todo eso.

-Jajaja… Tú me dijiste, Himura, que hiciera sonreír al señor Aoshi. ¡Y resultó tan bien que me propuso matrimonio! Se enredó bastante el pobre; yo nunca había visto a un hombre sudar y atorarse tanto con las palabras pero qué va, ahora es mi esposo.-

-Pero… ¿Cómo te dejó venir sola a ver a Kaoru y luego este viaje?-

-Hem… es que soy una mujer muy moderna y… -

-Deja de mentir, comadreja.- dijo Sanosuke.- El cubo de hielo le puso una condición. Por eso, todas las noches Misao escribe en un papel lo que hizo durante el día y una paloma mensajera le lleva el mensaje a su esposo.-

-Vaya… - dijo Kenshin asombrado de la relación de esos dos.

-Pero lo de mi embarazo lo he sabido durante estos días de viaje y no he querido decírselo por mensaje. Le he dicho que cambiamos de planes y regresaremos a Tokio, asi que uno de estos días nos dará alcance. Le he pedido que venga.- dijo Misao después de atizarle a Sanosuke por bocón, con un pocillo vacío.- Cuando nos encontremos, no le comentéis nada. De eso me encargo yo. Le diré que será papá.-

Todos sonrieron y empezaron a planificar el nombre que llevaría el bebé. Yahiko proponía un nombre que sonaba bien, pero cuyos kanjis significaban "Hijo del Hielo", "Cubito junior" o cosas así. Sanosuke decía que podría llamarse "Cubicomadreja" o "Hijo de petiza y gigantón" y desde luego eso le agrió el carácter a Misao, que acabó pateando a ambos.

Kenshin los veía hacer, pensando que tal vez a él le gustaría ser padre y qué mejor que con Kaoru. Tendrían un hijo pequeño… quizá de cabellos rojizos y ella le enseñaría un arte de espadas que protegiera la vida. Sería un buen hijo. Cada día él le mostraría las cosas del mundo y sus maravillas… y lo vería dormir tranquilo y feliz en su futoncito mientras Kenshin se ocupada de hacer feliz a mamá.

Una familia. Qué dulce sueño.

Y estaba tan cerca.

Generalmente Kenshin no era muy dado a soñar tanto como en los últimos días, pero sus amigos le daban tantos ánimos y pistas de que Kaoru aún lo esperaba, aunque no lo dijera, que él estaba confiado.

Una paloma llegó a la ventana del lugar y Misao sacó un mensaje adherido a su patita.

-Aoshi dice que se ha puesto en camino y nos encontraremos en un pueblo vecino dentro de dos días. Nos podremos en marcha este atardecer.-

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2008

Dos besos.

Dos besos. Pequeños, suaves, dulces.

Dos besos que no le hicieron sentir estar robándose algo. Se los había ganado. Ella se los dio por gusto la noche anterior, antes de dormir.

¿Pero se los dio a él, Kenshin del 2008 o veía a su protector Kenshin del pasado?

Esa idea lo fastidiaba.

-Te pasaré a recoger a las diez.- le dijo a Kaoru cuando la dejó en Akabeko, al cuidado de Tae.

-Te esperaré.- dijo ella, entrando al lujoso restaurante custodiada por el anfitrión.

El pelirrojo decidió ir a tomar algo por ahí mientras esperaba. ¡De veras le gustaba esa mujer y últimamente no se estaba comportando como era él frente a ella! Nunca antes había besado a una chica al pillarla desprevenida, ni había sido tan osado de abrazarla y expresarle sus sentimientos a la menor oportunidad. Kaoru lo trastornaba y ahora que se daba cuenta de que verdaderamente se estaba enamorando de ella, como si fuera lo más natural del mundo, como si no hubiera otras mujeres para Kenshin Himura, le empezaba a dar miedo de que ella se fijara más en su imagen que en él mismo.

-No soy ese Kenshin al que ella esperó y se lo demostraré.- Se dijo con convicción apurando una copa de sake, rato después.

Mientras, un anfitrión guiaba a Kaoru por el Akabeko. Llegaron a un pequeño salón privado y éste le dijo a Kaoru:

-La señorita Sekihara vendrá dentro de unos minutos. Espérela, por favor.-

Kaoru, nerviosa, repasó mentalmente la historia que le contaría a Tae para obtener su consejo. No era muy distinta a la realidad. En eso, algo, un cuadro que colgaba de la pared llamó su atención.

Poniéndose de pie, se acercó con pasos lentos. Era una foto… ¡una foto de Tae, su amiga!

-Durante la Era Meiji, el primer Akabeko fue destruido por un atentado. Tiempo después se inauguró un nuevo local, por mi tataratía. También estaban sus amigos.- dijo la nueva Tae del 2008, apareciendo por la puerta.

Kaoru, con sorpresa, recordó que en esa foto debían salir ella con Kenshin y los amigos. Estaban todos y la joven sintió ganas de gritar de la alegría. ¡Había rastros de ellos en el nuevo mundo!

Se giró hacia Tae muy emocionada después de haber visto a Yahiko, Sanosuke, Megumi, Misao, Kenshin... Kenshin…

-Es una foto muy hermosa. Debe ser un tesoro para usted y su familia.-

Kaoru se dirigía con respeto a Tae. Así sería hasta que su relación se volviese más informal.

-Desde luego. Esa foto representa el empuje y determinación de la familia Sekihara. El Akabeko y Shirabeko abrieron sucursales a lo largo de la historia hasta que la Segunda Guerra Mundial obligó a cerrar muchas de ellas. Otras tantas fueron destruidas. Pero el Akabeko que estaba emplazado en este lugar jamás cerró sus puertas. Los tiempos cambiaron, Japón se modernizó y nosotros con el país. Nuevamente somos una cadena de restaurantes, de comida tradicional y buena. Conservamos el orgullo de no rendirnos y esa foto permanecerá en ese sitio por siempre, recordándonos su lección.-

-Señorita Kamiya, es un agrado verla esta noche y descubrir que es una joven puntual. Quería conversar conmigo… y me muero de la curiosidad por saber de qué se trata.-

La guió a la mesa y apareció un joven con bebidas.

-Desde luego, beberemos y cenaremos para hacer más grata la velada.- dijo Tae. Kaoru pidió algo sin alcohol y Tae un vino para abrir el apetito. –Dígame. Soy toda oídos.

Por un momento, Kaoru no supo como empezar su historia. Estaba un poco cambiada, pero estaba segura de que en el fondo decía lo que ella quería decir.

-Lo primero es darle las gracias por haberme recibido. Imagino los inconvenientes que puedo causarle y… pues… verá. Yo tengo un problema… hem… del corazón.-

Tae alzó una ceja.

-¿Estás enferma?- ya sabía ella que al final de todo, le querían pedir dinero. Era así todos los meses: alguien llegaba a contarle una historia dramática, cual más trágica que la anterior.

-No, no… no estoy enferma de ese modo, no. Lo que pasa es que yo… creo que me he enamorado de dos hombres. Y estoy confundida.-

-Esto si que es nuevo.- dijo Tae en un suspiro. Kaoru no la escuchó.

-Verá. Yo… conocí a un hombre del que me enamoré perdidamente. Él vivió en mi casa por un tiempo, pues yo estaba sola y mi padre había muerto. Entonces cuidaba de mí.-

-Vaya, vaya… ¿era mayor que tú?... ¿cuántos años te llevaba?-

-Once.- respondió Kaoru.

-Son bastantes años pero dicen que el corazón no manda. ¿Y qué pasó después?-

-Bien. Él… él me quería. También se enamoró de mí, pero nuestro amor era imposible porque no podía estar conmigo.-

-Dices que vivían en la misma casa y que estabas sola y huérfana. Él… algunas vez ustedes… perdona que sea tan directa, pero ¿intimaron?-

Kaoru se puso roja por un momento. Incómoda, por el repentino recuerdo de cierto programa de televisión, murmuró.

-No. No ha pasado nada de eso entre nosotros. Esperaríamos al matrimonio.-

-Vaya. Eres una chica especial. Y él de verdad debería haberte querido para respetarte.-

-Sí, me quería mucho. Siempre me protegía de todo. Pero un día dijo que quería ayudar a las personas, que era su misión, y se fue. Yo pensé que algún día volvería y pasaron tres años hasta que hace pocos días… me he topado con un hombre idéntico a él. Con su… su… su hermano gemelo.-

Tae miró a Kaoru, que parecía bastante confundida.

-¿Y qué ha pasado con el hermano? ¿Intimaron?-

-¡No, no, nada de eso!- se apresuró en aclarar Kaoru.- el hermano gemelo es muy amable conmigo, me cuida y me dice que me quiere. Me lo demuestra siempre que puede y es muy paciente. –

-¿Y acaso el que te dejó no te decía palabras lindas?-

Kaoru bajó la cabeza, analizando la situación.

-No. Era muy parco para eso.-

-¿Y qué sientes por el gemelo, con el que estás ahora?- preguntó Tae muy interesada y pidiendo la sopa.

-Pues yo… yo siento que también me gusta, pero temo que es porque me recuerda a mi primer amor.-

-Definitivamente ustedes las jóvenes tienen una obsesión con eso del primer amor.- replicó Tae muy seria.- Sufren años por alguien de quien se enamoraron antes, sin permitirse mirar hacia delante. Quizá, si cerraras los ojos cuando estás con el gemelo y dejaras de ver su apariencia, puedas notar lo que realmente sientes. Al parecer, tiene una forma de ser distinta al de quien te dejó.-

-Olvida a ese que te dejó por subirse al "Greenpeace"- siguió Tae, descolocando a Kaoru que no entendió a qué se refería.- y vive tu vida con ese que te ofrece algo mejor. El tiempo pasa muy rápido y uno nunca debiera desechar las oportunidades de amar. Quizá el paladín de la justicia te veía como a una hija o hermana menor y en cambio el hermano gemelo te ve como una mujer. Elige tú qué es lo que quieres ser.-

Kaoru recordó que en su época, Tae a veces le comentaba que Kenshin parecía más su protector o hermano mayor que un prospecto de marido.

-Pero él… el que se fue se merece que lo espere un poco más. Volverá. Yo sé que lo hará y entonces… - dijo Kaoru aferrándose a esa esperanza.

-Querida… has vivido muy poco aún.- dijo Tae abanicándose.- Si sabes que el otro va a volver, ¿por qué has puesto los ojos en su hermano? Si estás tan enamorada y decidida a esperarlo, ¿dónde está tu disyuntiva? A veces pienso que las personas, en realidad tienen miedo a amar y por eso se enredan tanto en estas cosas. Si tú fueras más valiente, te arrojarías a los brazos del gemelo sin dudarlo un segundo, porque con él serías feliz. En cambio, esperas al chico UNICEF con un sentimiento vago de lealtad que te mantiene segura, sin emociones que te causen mayor problema. Para ser feliz hay que atreverse a serlo aún sabiendo que el amor te puede hacer sufrir nuevamente. Es todo lo que puedo decir.-

Kaoru recordó la noche anterior y las promesas de Kenshin de que la cuidaría y la haría feliz de tener la oportunidad. Y por más que hizo memoria, no recordó ninguna promesa del Kenshin de su época. A todos les decía que los protegería pero a ella no. Una vez le dijo que él también quería estar con ella siempre… bueno, en verdad no se lo dijo, lo dejó entrever en el contexto de su conversación.

-Sabes, Kaoru, yo me he casado dos veces. Mi primer marido era muy amable, leal y respetuoso y pensé que eso era lo que yo quería. Mi vida sería estable y podría dedicarme a manejar el negocio de la familia sin mayores preocupaciones. Pero al final me aburrí de él cuando llegué un día a casa y descubrí que todos los días eran iguales. Con el tiempo conocí a otro hombre: Era un cliente que venía a comer todos los días y que inició un plan para conquistarme. Yo no estaba interesada en el amor, menos siendo una mujer casada aún y reñía siempre con él hasta que un día le prohibí el ingreso a este Akabeko, que es mi centro de operaciones. Mis guardias lo ponían en la calle en cuanto él atravesaba el umbral, pero ¿sabes? Nunca dejó de venir. Yo lo sabía porque lo veía desde mi ventana y él siempre era puntual.

Un día dejó de venir y pensé "se habrá cansado". Creí que era feliz. Mi vida era tranquila nuevamente. Pero he aquí la sorpresa: lo empecé a extrañar. Aunque yo no lo reconocía, verlo cada día afuera, parado media hora en la vereda esperando una oportunidad para entrar hacía que cada jornada para mí fuera diferente. Y era muy tonto… pero eso me obligó a tomar una decisión. E inicié los trámites de divorcio. Entre tanto, apareció de nuevo y esta vez pudo entrar a Akabeko para comer conmigo.

Mi familia dejó de hablarme por mucho tiempo, pero no me importó el escándalo ni nada de eso. Me atreví a ser feliz y ya han pasado cinco años desde entonces y no me arrepiento de nada de lo que he hecho. Estoy casada nuevamente… y mi amante misterioso resultó ser el dueño de una cadena de comida rápida. Es muy gracioso porque es de la competencia pero… bah! El amor no conoce esas cosas.-

Kaoru miraba a Tae fascinada. Esta Tae era mucho más feliz que la de su época que aún estaba soltera y lamentando esa suerte. Tal vez la gente del 2008 en general estaba más abierta a buscar la felicidad y luchar por ella porque vivían en un mundo muy caótico.

-Es muy fácil hablar contigo, Kaoru. Y es raro porque yo no le cuento mi vida privada a cualquiera. Tal vez quieras volver otro día a comer conmigo… pero yo debo retirarme porque mi esposo y mi bebé me esperan.-

-¡¿Tiene un bebé?!- preguntó Kaoru.

-¿Y por qué no? Y ya, chica, tutéame de una vez. No te preocupes de la formalidad conmigo. Tengo una beba hermosa de un año.-

Tae sonrió y se puso de pie.

-Tu cara me parece familiar, Kaoru, aunque aún no sé de dónde. En fin, no importa ahora… ya tendremos tiempo de averiguarlo.-

Kaoru miró a Tae y a la foto que estaba colgada en la pared donde aparecía su tataratía y el resto de la pandilla de Kenshin. Se puso de pie también para irse.

-Tu kimono es hermoso… tienes muy buen gusto.- le dijo Tae, admirando la prenda que Kaoru compró esa mañana.

-Gracias. Usted… hem… tú también te ves muy elegante. Esto… Kenshin me ayudó a elegirlo.-

-Hum… es el gemelo del que me hablabas, ¿no? Vamos, Kaoru, debes atreverte a vivir. Mira, el verano acaba de empezar y es la época en que las personas viven de amores y sueños. Piensa en ello.-

Las dos horas se habían ido volando y cuando Kaoru salió de Akabeko, Kenshin la esperaba con una hermosa flor en las manos. La joven apretó nerviosa el cordelito de su bolso, ruborizada.

-¿Y qué tal estuvo la conversa?-

-Bien. Muy bien.- dijo Kaoru, tomando el brazo y la flor que Kenshin le ofrecía.-Gracias, es preciosa.-

-¿Te gustaría caminar o prefieres ir en taxi hasta la casa?-

-¿Qué es un taxi?-

-Pronto lo sabrás.-

Kenshin estiró la mano y un carro se detuvo junto a él. Le dijo a Kaoru que subiera y cuando lo hizo él, le dio la dirección de su casa al chofer. Luego se volvió hacia ella.

-Esto va un poco rápido, no te asustes.-

Cuando el auto se puso en movimiento todo estuvo bien, pero al tomar velocidad, Kaoru se agarró del brazo de Kenshin y cuando se bajaron, sentía como le temblaban las piernas. Pero luego no importó porque Kenshin la levantó en brazos y así entraron a la casa, riéndose ambos de la primera incursión de Kaoru en un taxi.

-Y el tren es más rápido.- dijo Kenshin sin soltarla, empezando a correr con ella a cuestas, por el jardín.

-No puede ser tan rápido, yo he andado en tren.- respondió Kaoru.

-¡Pero no en nuestro tren bala!- dijo él corriendo más rápido.- Y ya te quiero ver volando en avión.-

-¡Pero sólo las aves vuelan!-

-Las personas también. Arriba de las nubes y debajo del Sol. ¡Kaoru, Kaoru, tenemos que subir a un avión!.-

Kenshin sentía a Kaoru aferrada de su cuello, riendo, y se sintió bien. Muy feliz, como nunca se había sentido.

Dejó de correr y la dejó en el suelo, sin soltar su cintura.

-Kaoru, tienes que conocer el mundo. Mi mundo. Hay cosas maravillosas.-

-Pero… ¿y si me voy un día?-

-No te irás, no te irás porque viniste aquí para estar conmigo. Por eso te enseñaré cómo es todo aquí. Son nuestras vacaciones de verano. ¡Podemos hacer lo que queramos!-

Kaoru sonrió de buen humor. Tae tenía razón. Kenshin tenía razón… Aceptaría lo que el destino le estaba brindando.

-Enséñame tu mundo… quiero verlo. Vamos a aprovechar cada día.-

-Muy bien, preciosa.- respondió Kenshin. Cuando miró a Kaoru ella tenía un brillo extraño en la mirada.- ¿Pasa algo?-

Ella no contestó. Simplemente le pasó los brazos tras el cuello y Kenshin por primera vez en mucho tiempo, se puso nervioso.

-Espera, pequeña… no soy el hombre que ves tras esta cara… no soy él.-

-Lo sé… - respondió la joven, cerrando los ojos…

"Quizá, si cerraras los ojos cuando estás con el gemelo y dejaras de ver su apariencia, puedas notar lo que realmente sientes"

…y levantándose levemente, lo besó.

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Fin acto cinco

"No soy él"

Abril 12, 2008

Notas de autora.

Hola!!

Este capítulo no ha tenido partes chistosas en comparación a los anteriores, pero ha sido grato inventar una historia para cada personaje que ha aparecido. Esto es, el maestro de Kenshin y Tae, la amigui de Kaoru.

Por otra parte, creo que Kaoru está decidiendo tomar la relación que le ofreció la suerte y unos cuantos besitos no le hacen mal a nadie, ¿verdad? Pero no esperen un lemon entre Kenshin y Kaoru porque esas cosas para ella pasarán después del matrimonio, aunque ya haya tenido un adelanto en el canal del playboy.

Aún no decido bajo qué circunstancias traer a Misao y su cubo de Hielo. Pero lo haré en el próximo episodio. Pero para que no sufran, ya les he puesto algo de ellos, aunque sea en el siglo 19.

Yo sigo bien, la mano sanando… y con un resfrío y pues, mejorando las habilidades culinarias. El otro día estaba acomplejada porque haciendo unos fideos instantáneos a prueba de tontos (sólo eche agua y revuelva) no sé cómo me envolé tanto y quedaron horribles. Ni el perro se los quiso comer. Y pues… mi esposo se tuvo que conformar con un tecito y pan. Pero ahora me he superado y quedan bien.

Dentro de sus reviews, me he dado cuenta que los sentimientos con respecto a los Kenshins están divididos. Algunas quieren que le dé mucho sufrimiento al Kenshin del pasado y que igual se quede con Kaoru. Otras que se quede con el del futuro… pero como sea, quieren que Kenshin del pasado sufra… hum, ¡como si no hubiera sufrido bastante a lo largo de todo el manga y este fanfic y todos los que se han escrito! Ha... pero sufrirá un poco, ya lo verán, aunque no sé si en la forma que se imaginan.

Bueno, creo que eso sería como un Jinchuu para el personaje.

Sobre los malos muy malos, lo estoy meditando seriamente… es decir, aparecerán, pero será también una sorpresa.

Besitos y agradecimientos, como siempre a:

Satsuki Haru

Pauli/Himurita

bandida-ciega

Onashiru Okanami

Justary

kanke-chan

gabyhyatt

MargoChanning

Athena Kaoru Himura

kisa-Chan-sohma

kagomekaoru

okashira janet

silvi chan

kaoru-uchiha

Haro kzoids

Mei Fanel

Puka

Besitos!!