Donde puedas Amarme
Acto Seis
La partida.
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Kaoru cerró los ojos, decidida. Besaría a Kenshin, ¡lo haría! Y trataría de descifrar sus sentimientos siguiendo los consejos de Tae.
Le pasó los brazos tras al cuello y con sus labios, tocó los de él. Luego empezó a presionar lentamente y estaba en eso cuando un fuerte sonido que la asustó, la hizo saltar hacia atrás con el corazón a mil por hora.
Kenshin, desconcertado por todo eso y maldiciendo en voz baja por la interrupción, sacó su teléfono celular de un bolsillo de su pantalón.
Algo le había explicado a Kaoru sobre esos aparatos el día anterior, pero ella no estaba acostumbrada al timbre que tenía.
-¿Hola?.-
-¡Hermaaaaaaaaaaaaaaaaaaaanooooooooooooooooooo!-
Kenshin sonrió a pesar de su frustración mientras Kaoru, con las manos sobre el pecho lo miraba a prudente distancia.
-¿Cómo estás, Misao?-
-Muy bien, muy bien. Jajajajajaja, ya sabes que siempre lo estoy. ¿Y tú?… mmmh, estás muy callado. ¿Interrumpí algo?.- preguntó la joven curiosa con cierta malicia.
-Hem… no, nada.- contestó Kenshin, imaginando la batería de preguntas a las que lo sometería su hermana si respondía que estuvo a punto de ser besado por una belleza salida de un libro de historia japonesa. Misao siempre trataba de estar al tanto de su vida amorosa, con la esperanza de que encontrara a una mujer que lo hiciera feliz. Y que le de la posibilidad de ir a una boda ultra fastuosa que ella misma se encargaría de organizar.-Estaba… leyendo, muy concentrado. Me sorprendió tu llamada. Y … hum, ¿cómo estás?-
Misao se extrañó de la pregunta formulada por segunda vez.
-¿Y estás leyendo solo o acompañado?-
-Misao, ¿para qué me llamas?- contrapreguntó Kenshin para desviar su atención. Misao, imaginando que su hermano mayor no estaba de humor, a juzgar por el tono de su voz, decidió no mosquearlo por esa vez.
-Quería saber de ti. Ya estamos en vacaciones y me preguntaba cuando vendrías a vernos. Papá te extraña y estábamos planificando un viaje espectacular a la playa por un par de semanas…-
A Kenshin le gustó la idea de la playa y pensó en Kaoru. ¿Qué diría ella al ver los trajes de baño de está época? ¿Accedería a ponerse un bikini?. ¿Cómo se vería con uno puesto? Seguramente hermosa.
-… además, es una buena ocasión para animarlo después de la muerte de su amigo.-
Kenshin prestó atención. Era cierto. Hacía un par de semanas había muerto un buen amigo de su padre y él no había podido ir a acompañarlo porque estaban en época de exámenes y no podía descuidar sus labores de profesor.
Pero ahora podía ir con su padre, acompañarlo y animarlo. Por otra parte, tenía que llevarse a Kaoru con él, no podía dejarla sola. ¿Cómo le explicaría a su familia la procedencia de la joven? ¿Y si estando allá, de repente Kaoru desaparecía sin dejar rastro?
Necesitaba un par de días para pensar en esas cosas y de paso, para inventar una buena historia sobre Kaoru.
-Por ahora estoy tomando unos apuntes sobre un trabajo que estoy desarrollando sobre… la Era Meiji. Dame unos días para terminar de ordenarlos y te aviso para decirte cuando voy y por cuantos días.
Misao suspiró. Su hermano era exasperante. Siempre concentrado en su trabajo.
-¡Pero cómo es posible que ni siquiera en verano dejes de lado tus libros! Kenshin, los meses de trabajo están para eso, pero el verano… el verano es para salir, divertirse, conocer chicas o chicos guapos en mi caso, disfrutar de la vida y ver cosas nuevas. No para encerrarte en tu habitación a escribir sobre gente muerta!-
Kenshin alejó un poco el celular de su oreja. Miraba a Kaoru que se había ido a sentar a un columpio que algún Himura instaló en un enorme cerezo del patio. Ella era de la época Meiji y estaba muy viva, con él. Y era maravillosa. Y lo había tratado de besar cuando Misao los interrumpió.
-… y por eso no puedo creer que seas tan tonto como para encerrarte en vez de salir a buscarte una novia…-
"No tuve que salir a buscarla. Ella apareció solita en mi casa. Y por mi, pasaría encerrado con ella todas las vacaciones. Y el resto de mi vida también." pensó Kenshin con una sonrisa, ignorando los retos de Misao. Se acercó lento a Kaoru, sin soltar el teléfono.
-Misao, por favor, deja de regañarme y dime cómo está tu madre.-
-Mi mamá está bien, ya sabes como es ella. Una fuente inagotable de felicidad. Por eso me alegro mucho de haber heredado esos rasgos de ella. Ustedes los Himura son un poco parcos y depresivos.
Kaoru contemplaba a Kenshin mientras éste, sosteniendo un pequeño aparato contra su oreja, hablaba con monosílabos. Sin duda estaba un poco molesto con la interrupción pero no lo decía. En ese sentido, era como el Kenshin del pasado, que sonreía ante todo aunque no le gustara.
Mmmm, Kenshin, su primer amor. Un adulto que llegó inesperadamente a su vida y del que se enamoró. Un hombre gentil, bueno, tierno, con un corazón fragmentado. Un hombre misterioso, del que nunca se sabía en qué estaba pensando o con qué cosas realmente soñaba, que hablaba muy poco de si. Que dormía sentado y que en el dojo Kamiya, estando con ella, al parecer encontró cierta paz.
¿Cómo estaría Kenshin?, ¿Qué cosas estaría haciendo ahora?. ¿Habría llegado a otra casa donde una jovencita se enamoró de él o seguiría vagando por los muchos caminos de tierra de Japón, ayudando a la gente ? ¿Pensaría en ella? ¿Cómo la recordaría?
Que triste debía ser sentir que uno no merecía estar en un lugar específico, recibiendo cariño, siendo incapaz de disfrutar de las cosas simples por un arraigado sentimiento de culpabilidad. Si Kenshin le hubiese dado la oportunidad, ella hubiera visto el modo de hacerlo feliz, de hacerlo olvidar. Lo hubiera acunado por las noches contra su pecho y restregado su mejilla contra los cabellos rojos de él. Y le hubiera dicho "todo está bien, mi amor. Ahora estoy aquí contigo." Le hubiera alegrado las mañanas con un "buenos días" y le hubiera sonreído tanto, aun cuando no tuviera ganas, que Kenshin al final olvidaría todas sus penas y pensaría "ahh, la vida es buena".
Pero él no le había dado esa oportunidad. Simplemente se fue un día y ahí se quedó ella, viendo sus sueños derrumbarse como un castillito de arena azotado por las olas.
-Hasta pronto, hermana.-
Kaoru volvió al presente para encontrarse a Kenshin frente a ella. Pero no era el hombre en el que pensaba, sino uno igual en apariencia, que vestía sentadores pantalones de mezclilla y una camisa que le quedaba muy bien. Que tenía el cabello un poco más corto pero muy bien peinado y hablaba por un aparatito misterioso llamado "celular".
Un Kenshin que no era su Kenshin. ¿En qué estaba pensando cuando se le ocurrió que algo entre ellos podía funcionar? Si el otro Kenshin le llevaba once años y ya eso era un problema, ¿cómo le hacía con este que le llevaba al menos como ciento diecisiete años?
Suspiró frustrada sin darse cuenta y decidió que se sentía muy cansada. Se levantó para irse a dormir.
-Espera.- dijo Kenshin al detenerla por el brazo, suavemente.-¿Ya te vas?
Kaoru sonrió.
-Tengo mucho sueño. Ya sabes… no tengo costumbre de trasnochar.-
-Pero… ¿pero y nosotros?- Kenshin sólo pensaba que ella iba a besarlo y que quería repetir la experiencia. Completa, por cierto.
-¿Me disculpas? Estoy agotada.
Kaoru pasó por su lado derecho a su cuarto, donde se encerró. Y aunque minutos después estaba acostada, era impensable dormir.
-Eres un estúpido, Kenshin Himura. Aun cuando estoy en otra época, en otro mundo, me haces sufrir. Y no es justo, no lo es. Soy una mujer joven, linda, que quiere una oportunidad para estar feliz con alguien, pero al parecer me gustan demasiado los pelirrojos. ¡Cómo te odio! Ojalá nunca te hubiera conocido.- pensaba.
Mientras, en el cuarto del lado, Kenshin estaba aún desconcertado por la actitud de la joven. En un momento parecía que estaba a punto de derretirse entre sus brazos y al siguiente parecía un gran bloque de hielo. Qué frustrado estaba.
Porque era evidente para él que un hombre con su misma apariencia y que estaba en otro mundo, de una u otra forma se interponía entre ellos. Y de repente, aumentó su curiosidad por él.
-¿Quién eres, Kenshin Himura?-
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-¿Cómo está Kaoru, Tsubame?
La jovencita dio un respingo al encontrarse a Kenshin que caminaba a su lado, rumbo al lugar donde se encontrarían todos con Aoshi. El espadachín se había rezagado a propósito para hablar con ella, mientras Yahiko y Sanosuke iban canturreando a la cabeza de la comitiva.
-¿Kaoru?- atinó a decir Tsubame.
-Sí. Quiero que me cuentes cómo ha estado en estos años. Todos me dicen que aún me espera pero tal vez… no sé, le hayan pasado cosas. Haya conocido gente… -
Tsubame detectó un leve tono de inseguridad en la voz del pelirrojo. Y en verdad que tenía razones para estar preocupado.
-Tal vez me estoy ilusionando de más con nuestro encuentro y existe la posibilidad de que ella no quiera nada conmigo.- le dijo él con sinceridad, muy preocupado. -Sé que tú puedes decirme la verdad de lo que pasa con ella. Y yo así podría prepararme.-
-Ella sufrió mucho, señor Himura.- comenzó la jovencita, mirando el maravilloso camino que tenían ante ellos, bañado en las luces doradas del amanecer. - Ella trabajaba desde el amanecer hasta entrada la noche, muy duramente, tanto así que los primeros meses bajó mucho de peso. Con Tae tratamos de ayudarla para que se alimentara mejor, Yahiko estaba muy preocupado por eso también y aunque ella no hablaba mucho de usted, las pocas veces que lo hacía era para decir que no lo entendía, que quizá usted nunca la quiso y que posiblemente sus sentimientos por ella eran fingidos. Decía "Kenshin es tan amable con todos que quizá, por ser amable conmigo, fue incapaz de decirme que no me quería".
-Pero eso no era cierto, Tsubame. Tú lo sabes.- dijo Kenshin sintiéndose mal.
-Claro que yo lo sabía, señor Himura. El problema es que quien no lo sabía era ella. Usted nunca se lo dijo.-
Kenshin se quedó pensando en las palabras de la joven.
-Después de esos primeros meses de su ausencia, Kaoru empezó a ganar peso, aunque quedó más delgada de lo que usted recuerde. Volvió a ser la que conocíamos, simpática, graciosa, buena amiga. Salíamos mucho de paseo, incluso Misao venía tres veces al año a verla y se quedaba varios días y en apariencia estaba todo bien. Pero Kaoru no disminuyó su ritmo de trabajo y cuando Tae le organizó citas con jóvenes atractivos de su edad, ella no asistió a ninguna de ellas. Por eso Tae los envió a casa de la joven y algunos de ellos incluso se anotaron en el dojo para las prácticas, pero todos fueron rechazados y el que más tiempo duró como estudiante, aburrido de las negativas de Kaoru, conoció a otra joven dentro del grupo de kendo y están a punto de casarse, por estos días. Asi que por lo que se ve, en cierta forma Kaoru no lo ha olvidado. Y a la vez, dice que le da miedo volver a enamorarse de nuevo.-
-¿Y qué piensas tú, Tsubame?-preguntó Kenshin sorprendido de la sinceridad de la joven.
-Yo pienso, señor Himura, que más allá del miedo que pueda sentir, simplemente aún no ha encontrado a la persona adecuada. ¿No fue eso lo que le pasó a usted? Quiso mucho a su primera esposa y se pasó quince años pensando que no merecía amor, hasta que conoció a Kaoru y eso se le olvidó por completo, ¿no? Tanto como para hacer un sacrificio por ella y poner todas sus cosas en orden, para quedar libre y comprometerse. Tal vez Kaoru esté enfadada con usted, pero nadie ha podido hacerla olvidarlo. Yo creo que usted tiene una oportunidad con ella, pero no va a ser fácil.-
Kenshin suspiró de pronto, frustrado. ¡Cómo se arrepentía ahora de no haber sido más directo con Kaoru! A pesar de las palabras de ánimo de todos, él sentía que algo andaba mal y no podía precisarlo. Todos coincidían en el amor de Kaoru pero tal vez ella, aun queriéndolo, ya no quisiera ningún tipo de relación con él.
Y lo peor es que se lo merecía. No por haber sido el asesino Battousai o por haber matado a su esposa en un accidente. Se lo merecía por no haber sabido ser el amante enamorado de Kaoru Kamiya.
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Kenshin se encaminó al cuarto de Kaoru, sonriendo. Había meditado mucho durante la noche anterior y se había hecho el firme propósito de conquistarla. Le haría olvidar a ese otro Kenshin y ese día comenzaría con la primera parte de su plan dividida en… en cuantas partes necesitara para ganársela.
No podía creer todavía todo lo que estaba pasando. Hacía tan sólo una semana se sentía feliz de su vida solitaria e independiente y ahora la sola idea de no volver a ver a Kaoru Kamiya lo llenaba de angustia.
Ella se estaba desperezando cuando él abrió la puerta. Kaoru tenía su larga trenza cayendo por sobre uno de sus hombros y encima de su seno. Era adorable.
-Buen día, preciosa.-
-Buen día, Kenshin.- La joven le sonrió. Se veía muy atractivo recién bañado. A veces le parecía que este Kenshin era más guapo que el otro, ya que se preocupaba de su apariencia. Un día, ella le preguntó por una cosa que estaba en su baño que se llamaba "acondicionador" y él le respondió:
"-Como uso el cabello largo, debo procurar que esté suave y que me sea fácil de peinarlo y esto ayuda mucho. Prueba un poco en ti. Debes echártelo después del champú.-" Kaoru le hizo caso y rato después, cuando salió con el cabello suave como una seda china, recordó al otro Kenshin que al bañarse también lo hacía seguido y completo, pero rara vez desenredaba sus cabellos antes de volver a atarlos en la coleta, cuando se la deshacía.
-He decidido que hoy me ayudarás un poco con mi libro contándome cosas de tu época.- dijo Kenshin acercándose y sacándola de sus pensamientos.- Pero además te tengo algunas sorpresas. La primera es que hoy he preparado "miso" para el desayuno, para que no extrañes tanto tu mundo.-
Kaoru se alegró. Le gustaba el desayuno occidental de tecito con tostadas, pero el miso… hum, era otra cosa.
-Tenemos una agenda copada de actividades, porque son mis vacaciones y empezaré a disfrutarlas contigo, así que después del desayuno haremos una lista de lo que llevar porque nos iremos a Kyoto en un par de días. Te presentaré a mi hermana Misao, a mi padre… -
Kaoru se quedó sin respirar de la emoción. ¡Vería a Misao! No supo cuanto tiempo contuvo el aire antes de soltarlo.
-… Asi que viajaremos en tren y verás lo rápido que va. Pero antes daremos un paseo en helicóptero.-
La emoción de Kaoru se disipó. ¿Qué era un helicóptero? Pero primero… ¿Qué era una agenda?
-Creo que ya arruiné las sorpresas.- dijo Kenshin pensativo.- Aunque… ¿oro? Tú no sabes lo que es un helicóptero, aún no te lo he explicado. ¡Esa será tu sorpresa!. – concluyó satisfecho.
A Kaoru le corrió una gotita de sudor por la frente. Este Kenshin era un tonto.
-Pero… ¿No serán muchas cosas en poco tiempo?- preguntó ella levantándose de la cama y ordenando el cuarto.
-Claro que no. Yo… aún no decido si volveré este año a trabajar o si me lo tomaré para dedicarme a otros proyectos. Por eso, de momento, debemos aprovechar el tiempo juntos. Y así, podrás aprender más de este mundo para, en el futuro, no sentirte tan perdida. Esta noche y mañana te instruiré más sobre el mundo moderno para realizar el viaje en que conocerás a mi familia.-
Kaoru lo miró y encogiéndose de hombros musitó un "está bien". Kenshin se encaminó a la cocina para esperarla y ella buscó su ropa. Lo bueno de la ropa moderna es que era muy simple ponérsela y dos minutos después, traía un lindo vestido de algodón.
Si en su época Kenshin se hubiera quedado, quizá hubieran ido de paseo al teatro a veces, y al Akabeko. A pasear bajo la luz de la luna, a jugar a la orilla del río en verano…
Frunciendo el ceño, movió la cabeza para quitarse esas ideas de la mente. Ella ahora tenía unas vacaciones con un pelirrojo alegre, simpático y muy guapo. Y no lo iba a estropear por ponerse a pensar en otro que la abandonó.
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-¡Hola, Nishi!-
Un joven, vestido con un gracioso traje entero de color gris se volvió al reconocer la voz de su ex cuñado. Nishi le sonrió a Kenshin y amplió la sonrisa al ver que venía acompañado de una linda joven.
Pero la linda joven sintió cómo se le erizaban los pelitos de los brazos cuando vio a la imagen viva del psicópata que la raptó en su época. ¡Enishi Yukishiro! Se puso pálida y se ocultó tras de Kenshin. Desde luego sus movimientos no pasaron desapercibidos para el joven piloto de helicópteros que se lo tomó con calma.
-¿Qué te pasa, Kaoru?- le preguntó Kenshin cuando ella no quiso seguir avanzando. Pero la joven no le respondió. Tenía su vista clavada en Nishi. -¿Acaso él te hizo algo malo en tu mundo?-
Pasando saliva con dificultad, Kaoru asintió. Le estaban sudando las manos.
-Es normal que algunas personas se pongan así ante la idea de volar. Les dejaré a solas para que se calme.- dijo Nishi sin perder su buen humor, antes de marcharse al interior de un hangar, haciéndoles una reverencia. Kenshin volvió su vista a Kaoru que seguía estupefacta.
-¿Ahora me dirás qué te pasó?-
Kaoru miró a Nishi al alejarse. ¿Cómo le podía contar a Kenshin que en su época ese hombre la raptó e intentó matar al hombre que ella amaba? La había usado de sebo después de haber causado a Kenshin un inmenso dolor por hacerle creer que había muerto… Enishi era malo, era un psicópata. Era de lo peor.
-Sólo que me asusté cuando lo ví… -
-¿A Nishi?-
-¿De dónde lo conoces?- preguntó Kaoru sin detenerse a pensar.
-Es el hermano menor de Tomoe. Es mi ex cuñado y siempre nos hemos llevado bien. Es muy amable, aunque cuando era niño era un tanto celoso con ella. Pero ya está bien… - contestó él con una sonrisa.
"¿Y nunca ha intentado matarte?" quiso preguntarle Kaoru, pero se contuvo. No quería hablarle a Kenshin de lo maldito que había sido ese sujeto en su mundo, asi que trató de desviar la conversación.
-A si que ese es el hel…tero del que me hablabas? Se ve terrible. Parece un animal de metal… -
Kenshin miró suspicaz a Kaoru por unos momentos. No quiso presionarla, intuyendo certeramente de qué se trataba en realidad su temor.
-Helicóptero, Kaoru. Ese es su nombre. Y Nishi es capaz de pilotarlo… hem…- Kaoru hizo una mueca de no entender. ¿Qué era pilotar?- Hem… conducirlo, manejarlo.-
-Ahh… o sea, es el jinete de esa cosa.-
-Claro que si.- sonrió Kenshin.- Es muy bueno en esto. ¿Y sabes? Es una gran persona. En un joven muy amable. No sé de dónde lo conoces y tal vez no quiero saberlo, pero quiero que confíes en él y en mí, porque yo nunca te haría daño ni dejaría que alguien te lo hiciera.-
Un rápido beso en la mejilla de la joven selló el pacto de Kenshin. Nishi regresó con ellos.
-¿Se sienten preparados?- preguntó al cabo de un rato. Kaoru pasó saliva mientras miraba el aparato extraño al que se subiría. ¿Cómo se "pileteaba" si no tenia ruedas ni caballo? Quizá flotaba en el agua, pero… no había ningún río cerca. O lago.
-Estamos listos.- dijo Kenshin, abrazando a Kaoru como si fuera lo más natural del mundo. Rato después estaban sentados y con cinturones de seguridad dentro del helicóptero. Nishi se sentó frente a ellos y se puso a presionar botones coloridos y a accionar palancas. Kaoru comenzó a temblar.
-No pasa nada. Te gustará… - le dijo Kenshin en tono bajo, infundándole ánimo. Luego le tomó la mano.
-¿Asi que es la primera vez de la señorita?- preguntó Nishi en un tono cordial.
-S… si.- respondió Kaoru con un hilo de voz. Se sintió tentada a preguntar qué hacía esa cosa, pero le había prometido antes a Kenshin dejarse sorprender.
-Es raro que Himura venga con mujeres… de hecho, supongo que usted debe ser algo especial para él.- dijo Nishi riendo quedo. Se veía tan relajado que de pronto, Kaoru empezó a calmarse cuando en eso, una sombra arriba de su cabeza llamó su atención y al mirar por la ventana vio un par de aspas pasar sobre ellos a la vez que se escuchaba un fuerte ruido. –Ya estamos listos. Señorita Kaoru, usted ahora experimentará lo que es volar.-
¿Volar?
Kaoru abrió los ojos con incredulidad. ¡Si sólo las aves vuelan! Kenshin a su lado sonreía y Kaoru casi se desmayó al ver que el suelo se hallaba cada vez más lejos y el cielo más cerca.
-Por Dios… - musitó, mirando por la ventana. Era imposible… pero… no lo era… el mundo 2008 era impresionante.
Pasearon por los aires por espacio de media hora y Kaoru tuvo una vista espectacular de su ciudad y los muchos cambios que había tenido. Vio a las personas del porte de hormigas desde arriba, y eso cuando se veían. Vio a los lejos el monte Fuji, los parques llenos de gente y niños jugando, las interminables líneas del tren y a uno pasando muy rápido. Vio el río, el gran río pasando por la ciudad y una graciosa torre de metal. Y más allá… más allá su casa.
Por alguna razón sintió ganas de llorar. ¡Qué emocionada estaba! Ella, Kaoru Kamiya, una simple joven había volado. Por un momento había estado por encima de todos, flotando como un dios, con Kenshin… con Kenshin a su lado.
-Ahora regresaremos.- dijo Nishi, girando el helicóptero de modo que Kaoru pudo ver el sol bañando en tonos anaranjados al río. Tomó aire y se abrazó a Kenshin.
-Gracias, gracias por traerme.- le dijo rato después, cuando se despidieron del amable piloto y prometieron regresar otro día.- Gracias, Kenshin… esto… yo nunca creí que algún día pudiera… -
Una lágrima rodó por la mejilla de Kaoru y Kenshin la atrapó con un dedo.
-¿Qué pasa, pequeña?-
-Es que… yo… cuando… cuando mi madre murió, mi padre, para consolarme dijo que ella se había convertido en una estrella que me cuidaba desde el cielo. Años después él también murió, en una guerra y entonces… a veces yo soñaba que podía volar para estar cerca de ellos, que estaban brillando arriba, mirándome.-
Kenshin no dijo nada. Sólo la abrazó, mientras caminaban, sonriendo. No había de qué preocuparse. Kaoru no lloraba porque estuviera triste, sino todo lo contrario.
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Volvían a casa entre risas y comiendo helados colorinches, cuando distinguieron un auto estacionar frente a ellos. Era Megumi, pero no venía sola. Un atractivo y alto joven la acompañaba y bajó del auto sonriendo. Kaoru de inmediato, sin pensarlo y contenta, lo saludó.
-Sanosuke, ¡qué alegría volver a verte!-
Desde luego el aludido quedó confundido. ¿Quién era esa belleza que decía reconocerlo? Él estaba seguro de que no olvidaría a una chica así.
-Hola… hem… es un placer verte también aunque, disculpa pero, no recuerdo tu nombre.-
-Esta chiquilla es la nueva mascota de Ken-san.- dijo Megumi con ganas de molestarla.- Se llama… ¿cómo te llamas, chicuela? Es que me cuesta retener nombres como el tuyo.-
Kaoru estaba pensando seriamente mancharla con lo que quedaba de su helado cuando pensó que no valía la pena perder su rico helado en ella. Kenshin llegó a su rescate, saludando efusivamente a Sano y desviando la tención de todos.
-Amigo, qué bueno que has regresado. Espero que tu padre esté mejor.-
-Claro que está mejorando, Kenshin amigo. Mamá le da muy buenos cuidados.-
-¿Tú también tienes unos papás?- preguntó Kaoru muy alegre por la suerte de Sanosuke en este mundo. Éste la miró extrañado.
-Sí… tengo un papá y una mamá, como toda la gente. Tú sabes.
-Qué bien. Me alegro mucho por ti. Eres afortunado.
-Sí, yo también lo creo.- respondió Sanosuke sonriendo. Qué chica tan extraña pero simpática. Se veía muy joven. -Pero aún no recuerdo tu nombre.-
-Me llamo Kaoru Kamiya.-
-Ya veo. Y estás con Kenshin, ¿no?-
-Claro que sí. Vivo aquí con él.-
La sonrisa satisfecha de Kenshin al mirarla le indicó a Sanosuke que ella decía la verdad. Y aunque
Megumi se acababa de atragantar con su propia saliva, nadie le prestó atención.
-Vaya, Kaoru, te felicito.- dijo Sanosuke imaginando que eran novios o algo así.- Kenshin es un gran hombre y espero que sepas cuidar de él. Y lo mismo va para ti, Kenshin amigo. Debes cuidar de esta preciosura.-
-No puede ser…- murmuro Megumi asombrada. ¿Kenshin, viviendo con esa salvaje? ¿No que estaba ahí solo de visita? Pero si Sanosuke le había dicho que llevaba años sin una relación formal.
-…qué bueno que he venido, entonces. Tienes mucho que contarme, Kenshin. Te dejo solo unos días y te encuentro con esta belleza… -
-Han pasado muchas cosas… - contestó Kenshin, hilvanando alguna historia en su mente que le permitiera contarle a Sanosuke cómo había aparecido Kaoru en su vida, sin que pareciera una historia de ciencia ficción.
Avanzaron hacia el interior de la casa mientras Megumi no salía de su estupor. No podía ser que esa mocosa campirana le hubiera ganado al pelirrojo. Pensar que esa mañana ella había convencido a Sanosuke para que viniera con el fin de salir los tres juntos. Obviamente Sanosuke se perdería en alguna parte del trayecto y ella y Kenshin quedarían solos. Pero ahora… ¿qué haría?
-Entonces vive aquí contigo.- observó Sano rato después, sentados a la mesa.
-Así es. Ella… quedó huérfana y por eso me ofrecí a cuidarla. Nos llevamos muy bien, es una agradable compañía.
-Pues… qué quieres que te diga. Ni yo imaginé que te encontraría con una chica. Es decir, era más probable colonizar Marte que esto. Y en tan poco tiempo. ¿Hace cuánto no nos vemos? ¿Siete días?-
Kaoru escuchaba atentamente la conversación, por si en el futuro otro amigo de Kenshin le preguntaba de dónde había salido, para que la versión coincidiera.
-¿Ella es hija del amigo de tu papá… del señor Kamiya?-
Kenshin sintió como un golpe en el pecho. Era cierto… el amigo de su padre que había fallecido tenía ese apellido. Pero realmente él no sabía si tenía hijos. O una hija.
No quiso seguir pensando en eso.
-Claro que sí. - respondió.
-Vaya… ¿Y qué haces tú, Kaoru? ¿Estudias?- preguntó Sanosuke interesado en ella.
Kenshin le había explicado a la joven, con anterioridad, que en esta época las mujeres también estudiaban hasta muy pasados los veinte años. Incluso los treinta o en la vejez. Por eso ya no se sorprendió con la pregunta. Pero de momento, no se quiso arriesgar con alguna mentira.
-Soy kendoka.-
-Guau, veo que eres una deportista. Qué bien.-
Kaoru miró a Kenshin con la pregunta pintada en el rostro. ¿Qué era exactamente "deportista"?
-Qué ocupación tan simple, Kaoru.- dijo Megumi, aburrida ya de la conversación.- Pero tal vez no te dio la cabeza para hacer otra cosa más intelectual. Debes de ser una cabeza de músculo.-
Kaoru no entendió parte de lo que le dijo Megumi, pero por la forma en que se expresó, intuyó que la estaba insultando. Sin embargo, cuando fue a abrir la boca para reclamarle, Kenshin salió en su defensa.
-Al contrario de lo que piensas, Megumi, Kaoru es una joven muy instruida. De hecho, su fuerte es la historia japonesa y a mí me ha sorprendido mucho con algunos razonamientos que ha tenido al respecto. No sólo tiene una memoria privilegiada, también es muy inteligente y espero poder animarla a sacar todo su potencial ingresando a la universidad.-
-Vaya, vaya… con razón atrapaste a este hombre, muchacha; su segundo gran amor es la Historia de nuestro país.- dijo Sanosuke simpatizando con ella.
Con una sonrisa tímida, Kaoru se ruborizó. La estaban halagando.
-Tal vez, si más adelante quieres hacer algo productivo, te pueda interesar entrar al equipo de kendo de la universidad en la que trabajamos Kenshin, Megumi y yo. He oído decir que Gohei no quiere seguir siendo profesor de esa especialidad y quedaría una vacante.
Kenshin rápidamente pensó en la idea y le gustó, aunque luego pensó en Kaoru, que no tenía ningún papel de antecedentes ni identificación. Las cosas podían complicarse así que lo mejor era no ir por ese camino.
-Ya veremos, ya veremos…- dijo Kenshin, cambiando el tema hacia la salud del padre de Sanosuke. Hablaban de ello muy animados, con algunas intervenciones de Kaoru, cuando Megumi dijo:
-Tengo hambre. Oye, Kenshin, dile a tu inquilina que nos prepare algo. Porque sabrás cocinar, ¿no?.- añadió mirándola con suspicacia. Kaoru enrojeció al pensar que todavía era un desastre en la cocina. Y si ya lo era con la comida de su época, ¿cómo le iría con la de hoy en día?
Recordó que durante el día anterior, Kenshin le había enseñado a preparar un sándwich de jamón, queso y lechuga que le pareció sabroso y era muy fácil de hacer. Quizá podría hacer eso. Pensaba en las posibilidades cuando Sanosuke habló.
-Megumi, querida, no me parece apropiado que exijas cosas siendo que ni siquiera anunciamos nuestra visita. De hecho, recordarás que teníamos otros planes.-
-Pero si está ella viviendo acá, lo mínimo es que nos atienda en vez de quedarse aquí sentada diciendo puras boberías obvias.- reclamó la otra de mal humor. Kaoru buscó con la mirada qué arrojarle cuando Kenshin se puso de pie.
-Megumi, agradezco tu visita pero no he dejado de notar que durante la velada te has dedicado a atacar a Kaoru sin que ella te provoque en lo más mínimo. Lamento que no te agrade, no te obligaré a ser amable si no te nace y por eso te pido que te retires si te sientes incapaz de mantenerte callada con respecto a Kaoru.-
Megumi no esperó a que Kenshin le repitiera lo que acababa de decir. Mientras Kaoru y Sanosuke miraban boquiabiertos la escena, ella salió presurosa del lugar.
-Nunca en mi vida me habían humillado tanto.- masculló entre dientes.
Sanosuke y Kaoru se miraron en tanto Kenshin los invitaba a la cocina a seguir la charla mientras preparaba unos bocadillos, como si nada hubiera pasado. Mientras la joven lo seguía, sonriendo, pensaba que antes, cuando Megumi o incluso Yahiko la molestaban, Kenshin sólo sonreía y fingía que no pasaba nada aunque ella estuviera cabreadísima. Pero ahora, la había defendido. ¡Este Kenshin la había defendido! Tenía ganas de explotar de felicidad. Se sentía muy bien.
Posteriormente se acercó a Kenshin para buscar algo en la alacena cuando, sin dejar de hablar con Sanosuke, la tomó por la cintura y la atrajo hacia él como si fuera lo más natural del mundo. Ella lo miraba un poco confundida. ¿Kenshin mostrando su simpatía por ella en público? Antes, en su mundo, cuando Kenshin se acercaba a ella era en secreto, cuando nadie miraba o Yahiko dormía. Siempre mantenía oculta su relación a pesar de que no había nada de malo en ello. Este nuevo Kenshin era muy distinto al otro en su forma de comportarse con ella, ¡pero le encantaba! Amaba el 2008, amaba la personalidad de su nuevo Kenshin. Ella debía de haber nacido en esa época.
Con algo de rubor se permitió apoyarse en Kenshin que seguía hablando sobre un tema interesante, ignorante de que Sanosuke la miraba con curiosidad, notando lo contenta que ella estaba. El joven de espesa cabellera castaña pensaba que esa sonrisa y esa expresión eran un buen augurio con respecto a lo que ella podía sentir hacia su mejor amigo. Ahora él también se sentía en calma.
Dos horas más tarde Sanosuke se retiró, felicitando a Kenshin por las cosas que estaba viviendo y deseándole lo mejor. Prometió regresar pronto y tal vez, salir un día de esos los tres.
-Hasta pronto, amigo. Vuelve cuando gustes.- le dijo Kaoru, agitando la mano. Lo siguiente que siguió fue un delicioso beso de Kenshin en su frente cuando la puerta se cerró.
-Eres adorable.- le dijo él antes de seguir besándola en la penumbra, sin que ella fuera capaz de oponer resistencia alguna, contento de que haya simpatizado con su amigo.- Y estoy muy orgulloso de ti.- añadió al soltarla.-Te comportaste bien, muy bien. Casi como una esposa.-
Se quedaron mirando unos momentos, mientras Kaoru pensaba en todo lo que le estaba pasando. Ella no quería que las cosas fueran demasiado lejos con este Kenshin, ¡pero cada vez le era más difícil resistirse!
"No es justo, no es justo lo que está pasando. Por años soñé con un amor que fuera asi para mí. Esperé tres años por alguien que no llegó y le fui fiel, fui leal aún cuando mi esperanza flaqueaba. Creo que he sido una buena persona y así y todo acabé sola en un viejo dojo. Pero ahora... ahora que pareciera que estoy viviendo en un sueño, con todo el amor que siempre quise para mí... con esta oportunidad, no puedo seguir con inseguridades y debo tomar lo que me ofrece el destino."
Kaoru no se lo pensó más y alzó su rostro hacia Kenshin quien, comprendiendo la invitación y feliz de tenerla entre sus brazos, la besó, saboreando sus labios y mordisqueándolos ligeramente. Kaoru esta vez no tuvo que cerrar los ojos para descubrir que cuando él la besaba se sentía como en las nubes (y ahora lo sabía porque había volado). Sintió una cosquilla en el vientre y suspirando se apoyó contra el cuerpo masculino. Kenshin intensificó la caricia a su boca y luego la extendió a sus mejillas antes de terminar el beso. Él debía controlarse un poco para no asustarla con la fuerza de la pasión que comenzaba a sentir por ella y por eso lo mejor era dejar el beso hasta allí.
-Buenas noches, preciosa.- le dijo al despedirse. - Que duermas bien.-
¿Dormir bien? ¿Él esperaba que ella durmiera después de tamaño beso? Kaoru entró emocionada a su cuarto y cuando se metió a la cama su corazón aún latía como si hubiera corrido una loca carrera.
Al cerrar los ojos, Kaoru meditó en lo que había sido su día. Kenshin le había enseñado lo que era volar, la había defendido de Megumi, le había mostrado su aprecio frente a Sanosuke, la había halagado… le había hecho muchas promesas que ya había empezado a cumplir. En su mundo, Kenshin nunca le había hecho promesas. Siempre dejaba entrever que si no le demostraba sus sentimientos, era para protegerla de los enemigos que podían intuir que ella era su punto débil pero en cambio no hacía nada cuando los demás la ofendían o molestaban, mermando su autoestima. Ella casi se había convencido de que era fea, tonta y torpe y sufría mucho tratando de ocultar esos defectos. Y este Kenshin no sólo la encontraba hermosa, sino que alababa sus virtudes.
Con algo de decepción, se preguntó si antes, Kenshin en verdad se había enamorado de ella o sólo se quedó en su casa porque era lo que los demás esperaban de él.
No quiso pensar en la respuesta porque de pronto se le ocurrió que quizá ella si era muy tonta como para darse cuenta de lo que realmente había sucedido. Y no quería estropear lo contenta que se sentía ahora.
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Los días pasaron y el verano siguió tan caluroso como siempre. Incluso a Kaoru le parecía que hacía mucha más calor que en su época. Algo le había comentado Kenshin antes sobre el "calentamiento global" que ella recién ahora estaba dimensionando. Por otra parte, Kenshin no la dejaba ver algo como "noticierio" porque ella quedó muy afectada después de ver que en partes del mundo estaba escaseando la comida o era muy cara para que la gente la comprara. Había asesinatos, saqueos. Por ora parte, por lo que ella logró entender, Japón era una superpotencia mundial y eso la llenaba de orgullo. Pero cuando salía a la calle y miraba a las demás personas, le parecía que los demás no estaban tan contentos por eso.
"-El orgullo de un japonés ya no está en su familia o en su clan. Ahora lo está en su empresa. Las personas sienten que tienen algo verdaderamente importante sólo cuando consiguen un empleo estable, en el que pueden pasar toda su vida. Y por eso dejan a sus familias, esposas e hijos en un nivel de menor importancia y por eso, sin darse cuenta, están tristes. Otros se preocupan más de tener las últimas tecnologías en sus casas para interactuar con máquinas, no personas… en verdad que estamos viviendo tiempos un tanto caóticos en lo que a relaciones personales se refiere.- le había dicho Kenshin una tarde, mientras miraban el río desde el puente.
-¿Eso significa que yo no seré importante para ti?-
-Hay algunas personas para las cuales aún los sentimientos por los demás son algo importante, Kaoru. Y yo estoy muy orgulloso de ser una de ellas. Cuando llegue del trabajo cada tarde, y te encuentre aquí, me sentiré el hombre más afortunado del mundo por tenerte cerca.-"
Kenshin era genial. Él la cuidaba mucho, era galante, era guapo, ¡era todo! No tenía miedo a planificar un futuro con ella. Cada noche, antes de dormir, Kenshin la acompañaba hasta la puerta de su cuarto y luego, entre besos, se despedían. Kaoru ya no pensaba en su pasado, sino en este maravilloso presente que vivía y cada noche al cerrar los ojos, sentía que el amor era en verdad algo lindo, para disfrutar. Y no algo que tuviera que ocultarse y que la llenara de angustia e incertidumbre.
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1882
Aoshi cargaba a Misao sobre uno de sus hombros como si no pesara nada. No permitiría que hiciera esfuerzo alguno desde ahora que tenía a su hijito en su vientre. Y la joven no oponía resistencia porque estaba bien contenta de tener tantos mimos para ella.
El resto del grupo los acompañaba camino a Tokio. Se sentían parte de algo importante, puesto que llevaban a Kenshin entre ellos, con el fin de encontrarse con Kaoru para que él se declarara. Querían todos estar ahí, en ese momento, ver como ella lo abrazaba, le daba el sí y se casaban al día siguiente, pero ignoraban que las cosas no serían tan fáciles como esperaban.
El pelirrojo contenía apenas sus ganas de correr para apurar el paso. No dudaba de que Sanosuke, Yahiko y aún Aoshi con Misao en brazos le seguirían el paso. No así Megumi y Tsubame. Estaba muy impaciente.
-Lo mejor será dormir por aquí.- dijo Aoshi al ver un par de albergues a la orilla del camino.- Kenshin, comprendo que quieras seguir avanzado pero traemos mujeres y debemos descansar. Mañana a mediodía llegaremos al dojo Kamiya.-
Kenshin hubiera preferido seguir solo pero, si había esperado tres años por ese momento, un par de horas más no le haría daño. Además, no podía abandonar a sus amigos que lo habían perdonado por todo lo anterior y ahora lo acompañaban y le daban ánimos.
-Me parece bien, Aoshi.- respondió, antes de ingresar con los demás a un albergue.
Al acostarse rato después, compartiendo cuarto con Sanosuke y Yahiko, se preguntó por un momento si realmente Kaoru lo estaría esperando o si sólo era suposiciones de sus amigos. Recordó la conversación días atrás con Tsubame e imaginó que quizá Kaoru no querría nada con él. Pero si ella estaba dispuesta a perdonarlo, esta vez él no perdería el tiempo y le pediría que fuera su esposa. Durante los años que duró su viaje, no dejó de pensar en ella ni un solo día y esperaba, después del día de mañana, no separarse de ella nunca más.
Pero, ¿para qué esperar al día de mañana? ¿Y si se levantaba de una vez y se ponía en marcha? Ya había hecho muchas concesiones que retrasaron su llegada al dojo Kamiya. Que las aguas termales para fortalecer su cuerpo, que la visita a la tienda donde finalmente cambió sus viejos gi y hakamas por unos iguales en color y modelo, pero nuevos. Que si los albergues porque venían con mujeres y ellas debían dormir cómodamente. Que si nos encontramos con Aoshi; si Kenshin hubiese viajado solo, habría llegado ya al dojo y tal vez hasta haya obtenido ya el perdón de Kaoru. Pero estaba desperdiciando su tiempo y cada vez que a alguien se le ocurría algo nuevo que dilatara más su llegada, él sentía ganas de gritar.
Se levantó con cuidado de no despertar a Sanosuke ni Yahiko y rápidamente se vistió. No esperaría más. Dejó una nota dando cuenta de sus actos y tomando su viejo morral, salió del albergue cerca de las cuatro de la mañana. A paso rápido llegaría como a las siete a la ciudad y a las ocho más o menos a la casa de Kaoru.
Cuando sintió el frescor de la noche en la cara, se animó tanto pensando en ella que mantuvo el ritmo de sus pasos hasta que despuntó el alba y al entrar en la ciudad no notó casi los cambios que había tenido ni se detuvo en lugar alguno para saludar a los amigos. Al doblar en una esquina y ver los muros del dojo Kamiya sintió algo muy parecido a la felicidad, a la sensación de volver a casa. Y su esperanza renacía con cada avance hacia Kaoru. No podía esperar a que ella se levantase. Saltó hacia el interior de la residencia y ya en el jardín se encaminó al dormitorio de la joven, llamándola…
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Kenshin se levantó muy animado ese día porque había decidido pedirle a Kaoru que fuera su novia. Y tenía todo un panorama planificado para ella. La llevaría de día de campo al monte Fuji que estaba muy bonito, y durante la tarde irían a una fiesta en el templo, que se seguía celebrando como en la época de Meiji. Y entonces, cuando los fuegos artificiales explotaran en el cielo oscuro, él se lo pediría. Estaba seguro de que ella le diría que sí.
Caminó hacia su cuarto y corrió despacio la puerta. Ahí estaba ella, durmiendo de lado, con una mano fuera de la ropa de cama. Era tan bonita y agradable…
-Estás todo enamorado, Himura. ¿Quién lo hubiera pensado?.- se dijo. Luego decidió llamarla para que despertase. -Kaoru… Kaoru…-
La joven se movió en sueños sin abrir los ojos y a Kenshin le pareció que se veía un poco rara. Blanca como un papel. Encendió la luz y se acercó a ella pero la joven estaba transparente y aunque esta vez la llamó a los gritos y la sostuvo en brazos para que despertara , Kaoru se desvaneció, dejándolo desconcertado, gritando como un loco aún cuando solo el aire le quedó para abrazar.
Mientras, Kaoru en sueños sintió el llamado de Kenshin. Y abrió los ojos a tiempo para ver la puerta de su cuarto correrse por completo. Se protegió los ojos ante la fuerte luz que entraba y distinguió la silueta de su pelirrojo. Pero algo la hizo sentir que no todo estaba bien.
-Kaoru… Kaoru… -
El leve acento en la pronunciación de su nombre hizo que Kaoru se sentara en la cama y entonces lo vio. Era Kenshin que estaba con ella. Pero se veía diferente. La respuesta la tuvo cuando miró hacia el cielo de su habitación y descubrió que ya no estaba su pequeño sol. Una nueva mirada a Kenshin, con el corazón acelerado, le indicó que este era el de la cicatriz en forma de cruz.
-Por Dios, Kaoru, te extrañé tanto…-
Kenshin no se detuvo a pensar en la respuesta de ella. Simplemente se acercó y arrodillándose a su lado la abrazó con la nula intención de soltarla. Y Kaoru, que ya había despertado del todo y comprendía lo que estaba pasando, fue incapaz de retribuir su abrazo.
Porque aunque se había pasado los últimos tres años soñando con ese momento, aún cuando Kenshin ya no anteponía el "señorita" a su nombre, la joven no sintió felicidad. Solo un vacío. Un vacío tan grande que no supo como podría volver a llenar. Y por eso, ante la mirada estupefacta de Kenshin Himura, Kaoru Kamiya, cubriéndose con ambas manos el rostro, por primera vez en años se largó a llorar.
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Fin acto seis.
La Partida.
Julio 31 , 2008
Notas de autora.
Hola!!
Lo prometido. Ya estamos nuevamente editando, reesribiendo y tratando de mejorar un poco las historias. Este capítulo estaba escrito desde hacía un tiempo pero la verdad, le hice tantos cambios que al final quedó bien diferente. A veces pienso que si hiciera un apartado donde mostrara "lo que no se vio" de mis historias, ustedes se sorprenderían de algunas ideas que he tenido.
Me entretuve mucho en esta ocasión pensando en Kaoru y su confusión con algunos conceptos que nos son naturales. Es decir… en el siglo diecinueve, por ejemplo, ¿se tenía una idea de lo que era el deporte, como lo conocemos hoy en día? O del piloto de avión… porque veamos, hasta el momento estaba el capitán de un barco, el maquinista de un tren, el cochero del carruaje, el jinete de un caballo. La parte en que aparece Enishi o Nishi fue graciosa, pero no creo que sea de relevancia para el fanfic, más que como una anécdota dentro de la historia.
Bah, mejor me dejo de filosofar. ¿Cómo están ustedes? Espero que se hayan entretenido con este episodio y que no hayan quedado demasiado desconcertadas con lo que ha pasado al final, porque aunque muchas querían que Kenshin sufriera buscando a Kaoru, al parecer, el que sufrirá eso será el Kenshin 2008. Y en verdad que ahora se viene un capítulo más triste, pero todavía no acaba.
Kaoru ha descubierto un hombre que la quiere y no teme demostrarlo y creo que aunque ella no estaba muy convencida al comienzo, acabó entregando su corazón a él. Y no sabemos si Kenshin de 1882 sea capaz de recuperarla a menos que pueda enseñarle a Kaoru algo de él que ella no haya visto. En general, creo que el rurouni deberá esforzarse mucho y no sabemos si ese esfuerzo valdrá la pena. Pero sufrirá y qué sádica me estoy poniendo. Deben ser los años.
Jejejeje, les dejo besitos, abrazos y buenos deseos. Me retiro a planificar métodos de tortura para todos. (debe ser que estoy viendo mucho "Señor de la Querencia")
Ánimos y besos. Por cierto, ¿les gustó las actitud de Kenshin hacia Megumi? Yo la disfruté.
Gracias a todas, pero por sobre todo, a…
Lagrima12
DarkAny
Sakura K de Shinomori
Yessica
Pauli-Himurita
Okashira Janet
Kaoru uchiba
Nyachan
Haro kzoids
Silvi-chan
Jegar sahaduta
Athena kaoru Himura
Kanke-chan
Mei Fanel
Margo Channing
Kisa-chan-sohma
Gabyhyatt
DarkCam
Kunnoichi Himura
