Donde puedas Amarme
Acto Ocho
Un paso al lado.
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Misao miraba a Kenshin y Kaoru abrazados, sonriendo como si en años no se hubiesen visto y tras el reencuentro, todo estuviera bien entre ellos. Y le gustó verlos así.
-Eres un exagerado y un pesimista, Himura. Desde luego que Kaoru está feliz de volver contigo. Ojala esto te enseñe a ser más feliz.-
A decir verdad, la pareja no la tomaba mucho en cuenta, porque él enmarcaba la cara de Kaoru entre sus manos y le repetía cuanto la había extrañado.
-Pensé que iba a volverme loco, pero todo esto es real, Kaoru.- le decía entre risas, para luego besarle la frente y las mejillas. Y como no, también como al descuido, sus labios.
-Ya, Himura, ya… - decía Misao, contagiándose con sus risas.- suéltala. Debes dejar que se vista. Hay mucho que hacer hoy, como ir a la estación por los Oniwabanshuu y visitar a Tae…-
La joven ninja tomó a Kenshin del gi y lo tiró un poco. En ese momento el pelirrojo se volvió hacia ella y Misao notó que faltaba algo.
-¡No puede ser!… Himura, tu cicatriz… está curada… -
Kenshin y Kaoru se miraron por unos momentos, imaginando el lío que se armaría en unos cuantos segundos.
-Oye, comadreja, qué te pasa.- dijo Sanosuke entrando al cuarto. Se había quedado a pernoctar allí, en el pasillo, aprovechando el buen clima y el mucho sake gratis que tenían para la celebración del matrimonio. Cuando Kenshin lo vio, quedó estático por unos momentos. ¡Ahora entendía tanto a Kaoru y sus reacciones!
Tenía ganas de saltar hacia donde Sano y decirle: ¡Ja, y tú que no me creías!
Pero sabía que no le entendería. Porque ese Sano no era su amigo Sano, así como Misao no era su hermana en esta época. ¡Era todo muy enredado para él! Qué perdida se tuvo que haber sentido Kaoru en su mundo. Él al menos venía a sabiendas de lo que iba a encontrar y cómo eran las cosas.
-Míralo, cabeza de gallo. Kenshin no tiene la cicatriz. O Megumi lo curó o realmente le hicieron bien los baños termales que lo obligamos a tomar.-
-Jeje… Kenshin…- dijo Sanosuke mirándolo. - Nunca te había visto vestido tan formal. Hasta pareces persona.-
-¡Claro que se ve bien, si yo lo ayudé a escoger el traje.!- reclamó Misao.
Kaoru por su parte no pensaba en nada más que en Kenshin frente a ella.
-Viniste… -
Kenshin sonrió.
-Creo que grité y mosqueé tanto que al final, lo que sea que te mandó a mi mundo, me ha traído al tuyo. Todavía no sé qué pasa, pero no importa si ahora estoy contigo. Pero todo esto es tan… impresionante. - añadió mirando en rededor.- Se ve muy diferente.
-Ya lo creo. Allá, donde hay un cerezo, acá hay un pozo. ¿Lo quieres ver?-
-Claro que si.- respondió Kenshin. Y tomando la mano de Kaoru, salieron a recorrer el patio, dejando a Sanosuke y Misao peleándose entre ellos. - La luz de la mañana… es muy intensa.-
Kaoru rió por toda respuesta y en eso, Yahiko, que se levantaba, vio desde la puerta a Kenshin caminando por el patio, en traje de fiesta. Luego salió del cuarto para ir a la cocina y en eso, algo no le cuadró con la escenita. Por eso se devolvió al dormitorio que momentos antes compartía con… Kenshin.
-¡¡Aaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhh!!- exclamó.- ¡¡Keeeeeeeeeeeenshiiiiiiiiiiiiiiin!!-
Todos corrieron a ver qué le pasaba, con excepción de Kaoru que le mostraba a Kenshin su patio y otras cosas en él.
-¡Pero qué te pasa!- dijo Sanosuke con Misao siguiéndole. Aoshi por otra parte venía saliendo del baño.
Cuando Yahiko abrió la boca para decir algo, apareció Kenshin en yukata a su espalda.
-¿Me llamaban?-
Esta vez fue el turno de Misao y Sanosuke que, mirando alternamente al patio y luego al Kenshin ante ellos, no podían hablar de la impresión.
Y eso sí que era algo raro en ellos.
-Pero si tú estás aquí… entonces ese Himura… y tú tienes la cicatriz.- dijo Misao a punto de perder la conciencia. Kenshin, que no comprendía nada, miró hacia el frente y se quedó helado con lo que vio.
Porque en el patio, Kaoru paseaba del brazo de… ¿de otro Kenshin? Hablaban muy animadamente y reían, como si existieran ellos en un mundo aparte. Y al ver eso Kenshin sintió en el cuerpo una punzada de dolor. Y algo muy intenso, algo como los celos.
-Señorita Kaoru.- la llamó, usando de forma inconsciente su modo de antes. Kaoru se volvió hacia él y el pelirrojo, abriéndose paso entre sus amigos, avanzó hacia ella.
Mientras Kenshin, que aún sostenía la mano de Kaoru, simplemente no daba crédito a sus ojos.
Él siempre pensó, en cierta forma, que Kaoru exageraba cuando hablaba del parecido que existía entre ellos. Quizá se trataría de que claro, ambos tenían algunos rasgos en común, color de pelo, ojos y estatura. Pero no estaba preparado para sentir de pronto que le ponían delante de un espejo.
Soltó la mano de Kaoru y se paró bien derecho. Con un poco de suerte, le ganaba algunos centímetros de estatura a ese otro Kenshin Himura. Pero no lo consiguió.
Kenshin se paró delante de… de Kenshin y lo saludó con cordialidad, como a todo el mundo. Ni siquiera se veía sorprendido.
-Veo que la señorita Kaoru tenía razón. Usted y yo somos muy parecidos.-
¿Parecidos? ¡Eran iguales!
Desde luego, Kenshin pensó que ese otro Kenshin no tenia un espejo de cuerpo entero para contemplarse todos los días. Por eso no estaba tan conciente como él de que eran como hermanos gemelos, como dos gotas de agua. Como una fotocopia a colores del otro.
-Jejeje… - sonrió nerviosamente Kaoru, mirando al Kenshin del traje de fiesta.- Yo le hablé de ti y de… de nosotros.-
Kenshin miró nuevamente al recién llegado en yukata, que lo observaba con cierta curiosidad, pero no con sorpresa, mientras él todavía se sentía un poco petrificado con su imagen. Reflexionó un poco sobre su actitud y llegó a la conclusión de que cuando Kaoru le contó a Kenshin sobre sus aventuras, este simplemente hizo algo que él mismo no había hecho: Le creyó cuanto le había dicho.
-¿Te habló de mí?- Qué raro era hablarle a alguien que tenía hasta su mismo tono de voz.
-Ayer por la tarde hablamos de ello.-
-¿Y le creíste que… que viajó… -
-Al año 2008.- completó Kenshin.- Claro que le creí. A lo largo de mi vida he viajado mucho y he visto cosas increíbles. ¿Por qué no habría de creerle a mi… -Kenshin pasó saliva.- … a la señorita Kaoru?.-
Para Kaoru no pasó desapercibido el que él volviera a su modo antiguo de referirse a ella, y que además, evitara llamarla como su "prometida" como en días anteriores.
Y debía reconocer que le dolió.
-Dentro de media hora desayunaremos todos.- dijo Kenshin.- eso nos dará tiempo para vestir apropiadamente y entonces, podremos conversar. ¿Les parece?-
Kenshin asintió y Kaoru se soltó de su mano para ir a asearse y vestirse, no sin antes dejarle algunas recomendaciones.
-Ni se te ocurra salir de aquí, mira que todo es diferente, pasan esteros donde en tu mundo ya no están y además, no hay GPS ni celulares para ubicarte por si te pierdes.- le comentó divertida.- Luego nos vemos.-
Kaoru desapareció y Kenshin mientras se quedó junto a él.
-Si no le molesta, estaré a su lado hasta que Kaoru regrese.-
-No te molestes.- le dijo Kenshin.- No saldré ni me perderé. No te preocupes.-
Kenshin sonrió un poco al mirarlo nuevamente.
-No es por eso. ¿Ve usted a las personas que están allí? Ellos se mueren de ganas por preguntarle cosas, todos a la vez. -
-No necesito que me cuides de ellos. - replicó Kenshin un poco arrogantemente. No quería que ese pelirrojo, al que pensaba quitarle a Kaoru, fuera amable con él.- Créeme, sé apañármelas solo.-
Kenshin intuyó lo que estaba pasando por la mente del otro Kenshin e hizo ademán de retirarse.
-Muy bien. Si cree que podrá responder a sus preguntas que de dónde ha salido… con permiso.
Kenshin avanzó hasta la casa donde Yahiko, Sanosuke, Misao y Aoshi lo miraban con preocupación mientras el otro se quedaba de pie al lado del pozo. Cuando se metió a su cuarto para vestirse, sintió los pasos del resto correr hacia el patio.
Y por primera vez en años, sonrió maliciosamente.
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Kenshin vio como una avalancha de gente correr hacia él y de pronto tuvo la idea de esconderse en alguna parte. Incluso se arrepintió de desdeñar la gentil ayuda de su otro yo. Pero como a lo hecho, pecho, tomó aire y vio el modo de salir de esa situación mientras aparecía Kaoru.
-¡Pero de dónde has salido tú!- Le dijo Sanosuke.- Eres igual a mi Kenshin amigo.
-¡Lo que yo exijo saber es qué hacías tú en la habitación de Kaoru!.- gritó Misao.
-¡¿Qué estaba en el dormitorio de Kaoru?! ¡¿Oye, quién rayos te crees que entraste ahí?!-replicó Yahiko molesto.
Kenshin los miraba uno a uno, bastante confundido.
-Pues yo… -
-Escucha.- le dijo Misao.- Aunque seas igual a Himura, no eres él, y debes saber que Kaoru es su prometida. Ellos se casarán mañana, asi que tú no puedes mostrar interés en Kaoru porque ella ya está reservada para él!-
A Kenshin de pronto ya no le estaba haciendo gracia la situación. ¿Qué Kaoru se casaba al día siguiente?
-Claro que si.- dijo Yahiko.- Tú debes saber que él y ella han esperado mucho por este matrimonio, Kenshin ha hecho enormes esfuerzos para estar con ella y tú no puedes pretender aparecer y quedártela.-
-¿Esfuerzos?.- dijo burlón Kenshin.- ¿Acaso bromean? Él la abandonó por ir a recorrer el mundo. Perdónenme, pero hasta donde yo sé, él no ha hecho nada más que hacerla sufrir y pasar malos ratos. -
-¡Pero cómo sabes eso?- le preguntó Sanosuke.
-Kaoru me lo contó.- respondió el pelirrojo.- y no sé cómo es eso de que se casa. Sea como sea, yo estoy enamorado de ella y si he venido hasta acá, es para ver el modo de llevármela.-
-¡¡QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEÉ??- dijeron todos al unísono, con Aoshi incluido.
-¡¡De dónde demonios has salido?!- explotó Misao.- ¿Acaso no escuchaste que Kaoru se casa mañana con Himura? Pero antes acláranos de dónde la conoces.-
-¿¿Oro?? Pues yo… -
En realidad, Kenshin no alcanzó a decir gran cosa porque el puño de Sanosuke se estrelló contra su mandíbula, haciéndole tocar con una rodilla el suelo.
-¡No digas estupideces! Kenshin y Kaoru se casarán y si de nosotros depende, nadie se interpondrá en su camino.- le gritó Sano.- Menos un imitador como tú.-
Aún sobándose la quijada, Kenshin le plantó cara.
-Pues tendrán que matarme si quieren que deje de hacer algo con respecto a Kaoru. He viajado mucho sólo para verla y no me iré con las manos vacías.-
Yahiko se dispuso a darle con un boken por la cabeza mientras que Misao sacaba algunos kunais que tenía ocultos en el lazo de su kimono. Aoshi por su parte solo se limitó a observar la escena.
-No me importa lo que piensen ustedes. Yo… yo sólo quiero estar con Kaoru y sé que ustedes son muy amigos de Kenshin y sobretodo, leales a él. Pero deben reconocer que no es el esposo apropiado para ella. Porque siempre antepondrá a los demás antes que su relación. Porque nunca le dirá lo que siente. Porque es incapaz de decirle cuanto la ama, o lo importante que es ella, o lo bonita que es. Si ustedes son leales a Kenshin, muy bien, atáquenme. Pero si son además, amigos de Kaoru como me imagino que son, piensen en mis palabras.-
El grupo de amigos se detuvo en sus ademanes y se quedaron reflexionando en las palabras del pelirrojo. Porque ese extraño aparecido tenía razón.
-Misao.- continuó Kenshin.- Tú viste a Kaoru cuando me reconoció, viste su reacción. ¿Crees que si yo fuera alguien inapropiado para ella, hubiera reaccionado así?-
Misao recordó el cálido abrazo que ella le brindó, además de sus muestras de cariño. Entonces guardó sus kunais discretamente.
-¿Cómo sabes mi nombre?- preguntó la joven embarazada.- ¿Por qué sabes tanto de Kaoru y de nosotros y sobre todo, de Himura?-
Kenshin no supo por donde empezar. Lo mejor sería contar parte de la verdad.
-Nos conocimos en esta casa, hace cosa de un mes. Ella… ella me dejó quedar aquí porque yo le recordaba mucho a Kenshin, un hombre que según me contó, la abandonó. Yo me quedé con ella dos semanas, tiempo en el que la conocí y me enamoré de ella, porque es una persona bellísima. Ella me habló mucho de todos ustedes y por eso siento que… que los conozco desde siempre.-
-Vaya.- dijo Yahiko.- Realmente es impresionante el parecido entre ustedes.-
-Me fui y regresé porque me di cuenta, a poco andar de mi viaje, que la extrañaba demasiado. Y por eso estoy aquí y he pensado pedirle Kaoru que sea mi novia. Pero me he sorprendido con eso de que se casa y sobretodo, con ese hombre que sólo le ha causado malos ratos. Ella… estaba muy mal por eso cuando la conocí.-
Kenshin notó como el semblante de todos cambiaba y ahora le miraban diferente. En efecto todos ellos se encontraban divididos entre la lealtad a Kenshin, el rurouni, y Kaoru, su amiga.
-¡Ya estoy lista!- dijo Kaoru apareciendo alegremente, caminando apresurada hacia Kenshin, para tomarle de una mano y arrastrarlo al interior de la casa. -Vamos a desayunar. Tenemos sandía y muchas otras frutas. Y hay miso, muy rico… no extrañarás los sándwich de jamón, te lo aseguro.-
Misao reparó en el lazo del kimono de Kaoru que estaba un poco desarmado, notando que realmente ella se había apresurado en vestirse para encontrarse con ese otro Kenshin. Entonces, pensó, él no podía ser una mala persona.
-Será mejor que vayamos todos a desayunar. Así podremos hablar todos.- dijo Aoshi, intuyendo que había algo raro en toda esa historia.
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-¡Qué suerte la de Kaoru!- exclamó Megumi cuando, rato después, los amigos la pusieron al tanto de lo que estaba pasando.- Tiene a dos Kenshin enamorados de ella. Espero que sea generosa y deje uno para mí.- comentó con cierta travesura.
-Ahora ha ido al pueblo con Kenshin, con el que no tiene la cicatriz, porque dijo que quería mostrarle algunas cosas.- le contó Sanosuke.- Y yo no comprendo como ese tonto de ahí se queda tan tranquilo.- añadió al ver a Kenshin ocupado en reparar una puerta.
-Himura.- dijo Misao apareciendo de pronto.- Recuerda que debes ir a ver al sacerdote con Kaoru para explicarle lo del matrimonio y terminar con eso de una vez. Okina ha recibido mi mensaje y dice que ya no vendrá. Tu maestro también está al tanto.-
-¡¿O sea que no se van a casar?!- preguntó Tsubame que había llegado con Megumi.
-Claro que no lo harán.- dijo Misao molesta con Kenshin.- Ese tonto parece que hace a propósito eso de correr a Kaoru de su lado. ¡Deberías reaccionar de una buena vez, Himura! ¿Qué no lo comprendes? No vas a encontrar a otra Kaoru para ti en todo el mundo. Y quizá esta sea tu última oportunidad de formar una familia.-
-Déjalo…- dijo Sanosuke mordiendo el tallo de una espiga de cebada.- ese tipo es un caso perdido.-agregó al ver que Kenshin seguía trabajando como si no los oyera, aunque lo hacía.- En realidad, comprendo a Kaoru. Es decir, ¿vieron la decisión del otro Kenshin de luchar por ella? Ese tipo estaba viendo que lo íbamos a matar entre todos y no le importó, y nos dijo que la amaba. Realmente tiene las pelotas bien puestas.-
-No tienes que ser tan vulgar, Sanosuke.- le espetó Megumi.- Kenshin tenía sus motivos para hacer lo que hizo.-
-Pues por más que lo pienso, no me puedo imaginar la motivación que tiene ahora para dejar ir a Kaoru con ese otro.- dijo Yahiko.- Tal vez a Kaoru se le acabó el amor… después de todo Kenshin tenía claro que podía pasar eso.-
-Yo no creo que a Kaoru se le haya acabado el amor por el señor Himura.- dijo Tsubame.- Por lo que ustedes nos cuentan, Kaoru estaría contenta con el otro señor Kenshin. Quizá a ella le gusta que él sea como el señor Himura no es con ella.-
-Ya lo creo.- dijo Misao.- Porque el otro fue muy enfático en mostrar su simpatía por ella, en dedicarle piropos… tal vez él sea mejor…-
Kenshin terminó con la puerta y enseguida guardó sus herramientas de trabajo. Entonces se fue a arreglar un poco para ir a hablar con el sacerdote y presentarle sus excusas.
-¿No esperarás a Kaoru?.- preguntó Yahiko al verlo salir. Como todos, se sentía un poco incómodo al verlo con todo lo que estaba pasando.
-Seguro la encontraré en el camino.- respondió el pelirrojo.- ella me informó donde estaría .-
-Pero… ¿acaso no estás molesto con ella?- preguntó Megumi.
Kenshin se volvió hacia ella, porque ya iba saliendo, y sonrió como si nada.
-La conozco bien. No se preocupen por mí, por favor. Todo estará bien.-
Kenshin siguió su camino y al salir de la casa, lejos de la vista de todos, se apoyó en un árbol al sentir que se derrumbaría por un intenso dolor en el alma. Hizo acopio de toda su entereza para erguirse y seguir con sus planes para esa tarde.
Trataba de seguir confiando en Kaoru cuando la vio aparecer un poco más allá del brazo del Kenshin del futuro. Tomó aire y puso su sonrisa de "todo está bien".
-Te dije que el Akabeko ya existía en mi mundo. Es muy lindo, aunque pequeño en comparación al que existe en el tuyo.- le dijo Kaoru a Kenshin que venía riendo por sus descubrimientos del día.
-Créeme, debo ser el historiador con más suerte en el mundo. Viajé al pasado, estoy viendo Tokio antiguo, viviendo en la Era Meiji y es todo increíble acá… ¿Sabes? Tengo una teoría con respecto a tu habitación. Quizá, si uno tiene un deseo muy intenso estando allí, ese deseo se cumple al verbalizarlo.-
Kaoru pensó que por años ella deseó que Kenshin apareciera y nada de eso sucedió. Y cuando lo hacía… bueno, no quería pensar en ello.
-Buen día, señorita Kaoru… ehh… Kenshin.- dijo Kenshin al encontrarlos.
La pareja lo saludó cordialmente. Y Kenshin se dirigió hacia ella.
-Voy al templo a hablar con el sacerdote. Pero debemos ir los dos. ¿Me acompaña?.-
Kaoru lo miró.
-Entonces… ¿realmente lo haremos?-
Kenshin sólo asintió.
-Usted quedará en libertad de acción para decidir qué quiere hacer y con quién. Si quiere ir con Kenshin, no tendrá problemas porque no se deberá a un esposo.-
-Pero… Kenshin, tú y yo nos debemos casar. Es decir, Kenshin es nuestro tataranieto. Él… él tiene que nacer y si nosotros no… -
-Hasta donde yo sé, yo no tengo ningún tatarabuelo que se llame Kenshin Himura. Después de que desapareciste, Kaoru, yo revisé con cuidado los registros de mi familia y no salía ese nombre.- dijo el pelirrojo sin ganas de ser pariente del sujeto al que tenía en frente.
-Y claro que no saldrá nunca.- dijo Kenshin.- porque mi nombre, "Kenshin", no es el real. Es uno que uso desde que me nombró así mi maestro. Mi nombre verdadero es Shinta. Quizá ese nombre si le suene, Kenshin.-
En efecto, Kenshin recordó ese nombre… incluso su abuelo se llamaba Shinta también, en honor a ese antepasado.
-No puede ser… - dijo Kenshin admirado.- Entonces tú realmente eres mi tatarabuelo… esto es algo complicado porque Kaoru… ustedes… -
-¿Lo ves, Kenshin? Nosotros nos tenemos que casar. Es la única forma de asegurar a Kenshin que nacerá.-
-No es la única forma, señorita Kaoru.- dijo Kenshin mirando a ambos.- si de verdad usted quiere irse con él, yo veré el modo de conseguir una esposa y asegurar la descendencia. De ese modo ustedes podrían estar juntos donde quisieran.-
-Pero, Kenshin… - empezó Kaoru.
-¿De verdad harías eso por nosotros?.- preguntó Kenshin a su igual, que asintió.- Pero… ¿por qué lo haces?-
-Porque si ella es feliz, si está segura de que sería feliz con usted, entonces yo procuraré ayudarla en lo que pueda.-
-¿Pero acaso no la amas?- replicó el otro un poco molesto, a pesar de la nobleza de su tatarauelo.
-¿Acaso amarla significa que necesariamente debo atarla a mi lado, aunque ella no quiera? Yo creo que cuando uno ama, hace lo posible por hacer feliz al otro. Algunos lo logran estando con esa persona hasta que un día, el amor se va. Otros hacen lo que pueden por facilitarle las cosas, para que sigan su camino sin culpas.-
Kaoru quedó un poco shokeada con esas palabras y fue incapaz de reaccionar a ellas.
-No se preocupe, Kenshin. Cuidaré de Kaoru, pero por ahora, debemos ir al templo. En casa lo esperan nuestros amigos, a quien usted se ha ganado. Vaya con ellos, que nosotros lo alcanzaremos en un par de horas.-
-Está bien.- dijo Kenshin, pensando en las palabras de su antepasado sobre el amor.
Porque le había dicho, entre líneas, que uno por amor era capaz de hacerse a un lado para que el otro sea feliz.
Quizá, en el fondo, él si había amado a Tomoe. Porque él la dejó ir a sabiendas de que ella no era feliz con él. Firmó el divorcio sin rabietas, sin peticiones imposibles. Y le había dolido, sí que lo había hecho aunque no lloró ni quiso reconocerlo. Y se sintió muy bien al saber que ella estaba contenta con su esposo actual, Kiyosato.
Dejó atrás a la pareja… y cuando ellos doblaron en un recodo, empezó a seguirla.
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Kenshin y Kaoru caminaban en silencio. Al final del sendero que seguían junto al río, se veían las escaleras que parecían interminables y que marcaban la entrada al templo.
-La corriente viene muy fuerte- dijo Kaoru por decir algo.
-Así es.- la siguió Kenshin.- Posiblemente entre los deshielos del verano y la tormenta que ha habido en la montaña se ha acrecentado así. Es muy peligroso caer al agua.-
Siguieron caminando y Kaoru miraba la espalda del pelirrojo. ¿De verdad él iba a dejarla ir?
-Hem… uh… Kenshin.-
-Dígame.-
-Tú… realmente te casarías con otra mujer y tendrías un hijo?-
-Si usted se va, es lo que haré.-
-Ah…-
Kaoru se miró los pies, la tierra bajo ellos y las briznas de pasto seco alrededor del camino.
Llegaron al inicio de la escalera y cuando Kenshin iba a comenzar a subir, Kaoru lo sostuvo de la ropa.
-Espera.-
Kenshin no se volvió a mirarla.
-Vamos, señorita Kaoru. Es lo mejor para todos.-
Con esas palabras Kaoru recordó su despedida años atrás. Y no le gustó.
-Pero por qué… ¿por qué siempre tiene que ser lo mejor para todos y no lo mejor para ti?.- dijo ella. -Kenshin, sino quieres hacerlo, no tienes por qué.-
Kenshin puso un pie en la escalera y luego subió otro peldaño.
-¡Maldición, Kenshin, dime de una maldita vez lo que piensas!- dijo ella con desesperación.
El pelirrojo bajó lo poco que había avanzado y en vez de encararla, se fue hacia el río. Apoyó una mano en el tronco de un árbol, gesto que Kaoru ya le había visto en días anteriores, y miró el ir de la corriente.
-¿Para qué hablar?… ¿Para hacerle más pesada la carga? Decida con libertad.-
-No, no puedo decidir con libertad, Kenshin. Tú no me dejas hacerlo porque no me dices qué sientes por mí. Se supone que yo tengo que decidir por el hombre que más me quiere y me lo demuestra, ¡¡y tú nunca lo haces!!-
Kenshin iba a decir algo hasta que su vista se topó con unos niños que jugaban en la otra orilla. Y sonrió hasta que uno cayó al agua. De inmediato se lanzó al río al ver que el chico era incapaz de luchar contra la fuerza de la corriente que no lo dejaba salir a la superficie.
Kaoru corrió por la orilla, río abajo, con el fin de ayudar a Kenshin si es que salía del agua por ese lado. El pelirrojo, en efecto, una vez que tomó al niño bajo su cuidado, encontró más fácil mantenerse a flote y moverse hacia donde Kaoru corría, ya que había menos rocas que sortear o que lo golpeaban cuando chocaba contra ellas, protegiendo al chico.
-¡¡Kenshin!!- gritaba Kaoru, llamándolo.- ¡¡Aquí, Kenshin, aquí!!
La joven, corriendo, chocó entonces con Kenshin que alertado por los gritos de ella, apuró el paso para encontrarla.
-¿Qué te pasa, Kaoru?- le dijo, tomándola por los brazos.- ¿Por qué gritas?
-Kenshin se lanzó al río para ayudar al niño y… oh, ¡alli viene!.- dijo la joven, corriendo hacia un lugar donde las ramas de un árbol rozaban la superficie del agua y de las que Kenshin, con una mano, se agarró.
-¡Ayúdenme!.- gritó Kenshin para que tomaran al chico que traía en brazos.- ¡Ayúdeme, Kenshin, por favor!.-
Kenshin de algún modo se alzó sobre la rama que supuso él, sería capaz de sostener su peso y de inmediato recibió al niño que le pasaba su tatarabuelo.
-Resiste, Kenshin… dejaré al niño en un lugar seguro y te ayudaré a ti.-
Kaoru miró a los dos Kenshin cooperar en el rescate del infante y notó como sus amiguitos cruzaban corriendo un puente próximo para llegar hasta ellos. Cuando el chicuelo quedó acostado en el suelo, Kenshin empezó a hacerle unos masajes en el pecho para que botara el agua que había tragado hasta que reaccionó. Kaoru en tanto, corrió a las ramas para ayudar a Kenshin que luchaba por mantenerse a flote.
-Váyase, señorita Kaoru. Dígale a Kenshin que me ayude… la… la corriente está muy fuerte y no creo… - tosió un poco de agua.- ehmm… no creo que aguante más.-
Kaoru miró hacia atrás y Kenshin ya iba trepando la rama para ayudar al pelirrojo. Después de todo no podía dejarlo a su suerte porque si Kenshin moría, él desaparecería.
Las manos de ambos pelirrojos se estrecharon cuando un tronco chocó contra el cuerpo del Kenshin que estaba en el agua. Las manos se separaron y con un grito ahogado, Kaoru vio como el de la cicatriz en forma de cruz era arrastrado por la corriente mientras un manchón rojizo quedaba en su lugar.
-No… no… - atinó a decir.- Kenshin no… -
La joven miró la corriente. Realmente era demasiado fuerte pero por un momento se imaginó encontrándose con el cuerpo muerto de Kenshin río abajo. La imagen le pareció demasiado fuerte y por un momento no pudo reaccionar ante el intenso dolor que sintió. Era mejor imaginarse a Kenshin viajando por ahí que muerto, porque entonces nunca más podría verlo, o abrazarlo, o reclamarle cosas. Luego de ese par de segundos que a ella le parecieron horas, Kaoru se quitó las sandalias, se levantó las faldas del kimono y las fijó con el lazo del cabello a su cintura y de inmediato, ante la mirada atónita de Kenshin, se lanzó al agua.
-Ve a buscar a los demás. ¡¡Apresúrate!!- le gritó antes de dejarse arrastrar por la corriente.
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El sol caía, bañando las aguas del río en unos maravillosos colores anaranjados, y kilómetros más abajo Kaoru logró salir a una orilla donde el agua formaba un pequeño remanso al que ella nadó con todas sus fuerzas junto a Kenshin, a quien ahora ella servía de apoyo para ponerse de pie y llegar hasta tierra firme.
Se tendieron sobre la hierba, exhaustos, y en cuanto la joven se recuperó un poco, se incorporó un tanto y se volvió hacia él, que tenía los ojos cerrados y respiraba con dificultad.
Le acarició el rostro, a la par que sentía que el sol la empezaba a entibiar.
-Kenshin.- le dijo.- Eres un idiota. No vuelvas a hacer eso… yo… ¡Cómo te odio!-
Kenshin por toda respuesta, aún con los ojos cerrados, sonrió.
-No fue a propósito.- dijo cansado.- Realmente no lo fue.-
-Pero es que no lo comprendes… ¡te pudiste haber muerto, grandísimo tonto! Y si eso hubiera pasado, yo no… -
Kenshin iba a decir algo hasta que abrió los ojos y vio a Kaoru… ¿llorando?
-Tonto, tonto, tonto, tonto, ¡tonto!.- repitió ella sin dejar de llorar. Entonces, la mano de Kenshin llegó esta vez a la mejilla de la chica.
-Gracias por rescatarme.- le dijo él, aprestándose a caer en un profundo sueño. Pero Kaoru no lo iba a dejar. Se limpió como pudo las lágrimas porque ahora tenía que examinarlo.
-No se te ocurra dormirte, Kenshin. Oh, Dios… no se te ocurra morirte ahora porque no te lo perdonaría… - dijo Kaoru. De inmediato puso sus manos sobre la ropa que le quedaba a Kenshin, ya que con la fuerza del agua, su hakama seguramente viajaba río abajo, así como la liga de su coleta. Ella misma no había quedado mejor: le dolía el cuerpo por los golpes que recibió de diversos objetos que se estrellaron con ella, así como algunos magullones que tenía en el rostro. También había perdido el lazo de su kimono, aunque el que se ató antes a la cintura seguía en su sitio.
Descubrió el torso de Kenshin y encontró, en su costado derecho, un enorme golpe que fue seguramente donde le dio el tronco que lo derribó. Había además un rasgón donde se rompió la piel y de allí comenzaba a manar sangre. Kaoru se quitó el lazo de la cintura y lo usó como venda en él.
-Ahora estarás mejor hasta que llegue Megumi con los otros.- dijo Kaoru. Entonces, ella vio algo que no le cuadró en el cuerpo de Kenshin. ¿Por qué su torso se veía tan deteriorado? Tenía una quemadura inmensa entre el pecho y el ombligo. Extrañada, movió la yukata de Kenshin notando que la quemadura reaparecía en uno de sus brazos.-Kenshin… ¿qué diablos te pasó?-
La joven recordó entonces la conversación con Misao la noche anterior.
-"Aoshi, aunque yo no se lo diga, ¿qué crees que pensará Kaoru cuando vea el cuerpo de Himura? Obvio que le va a preguntar qué le sucedió y él tendrá que confesar que hubo un atentado y…"-
Claro, ella iba a hablar de ello con Kenshin esa mañana pero luego había aparecido el otro
Kenshin.
A lo lejos, sobre el cielo, vio la primera estrella de las miles que aparecerían esa noche. Pensó por un momento que no los encontrarían aún… lo mejor sería preparar una fogata para secarse porque en la noche ya no tendrían calor. Kenshin no se veía en buen estado para ponerse de pie. Por otra parte, no tenía ganas de que llegaran los demás porque antes, ella quería estar a solas con él y conversar sobre las cosas que escuchó anoche.
La joven, media hora después, ya estaba lista con sus ramas y su fogata. Pero se sentía agotada. Por eso se sentó al lado de Kenshin, en momentos en que éste abría los ojos.
-Kaoru… - dijo.
-Ehh, ya despertaste, que bien.- dijo ella, recuperando de golpe su energía.- ¿Te sientes bien?
-Como si hubiera dado tumbos en un remolino.- respondió él.
Sonrieron ambos al ver que había pasado el peligro y de pronto Kenshin reparó en el lazo que estaba atado a su cintura.
-Gracias.- le dijo a Kaoru.
-Está bien.- respondió la joven. -Kenshin… hum… me gustaría que habláramos.
-¿De qué?.-
-Yo… verás… desde que llegaste a casa, he querido hacerte muchas preguntas, pero no he podido porque hay mucha gente siempre a nuestro alrededor.-
-Ya veo. ¿y de qué quiere hablar?- Kenshin aún se sentía un poco mareado y quizá por lo mismo, estaba un poco sin ese filtro al hablar que lo caracterizaba.
-Tú… cuando te fuiste, me dijiste que era lo que querías hacer, eso de ayudar a los demás y llevar a cabo una respuesta que habías encontrado a tu vida. Entonces… a pesar de todo lo que ha pasado desde que volviste, no me cabe en la cabeza el por qué de tu regreso. ¿No estarás enfermo de algo grave, verdad?- preguntó asustada, pensando por un momento que él moriría y se venía a despedir.
Kenshin rió con esa idea y a Kaoru le pareció que su risa era distinta. Como el canto del agua de un manantial.
-No estoy enfermo, señorita Kaoru. Me encuentro en perfecta salud. Bueno… dentro de lo que cabe con el baño que nos acabamos de dar.-
Era diferente. Kenshin estaba diferente, como antes que apareciera el Kenshin del 2008 . Su actitud era relajada. Kaoru no podía comprenderlo. Quizá se debía a que nuevamente estaban solos.
-¿Entonces?-
-Entonces nada, Kaoru. Yo sólo quería verla.-
Kaoru aprovechó de mover un poco las brasas de la fogata.
-Temo que no te entiendo. Hace tres años te fuiste de aquí a pesar de mis ruegos y yo pensé que era para siempre.-
-Hubiera sido para siempre si me hubiesen matado por ahí.-
-¿De qué hablas? ¿Acaso pensabas regresar?-
Kenshin estaba poniéndose nervioso y es que la conversación que tenía pendiente con Kaoru desde que se fuera de la casa finalmente se estaba dando. ¿Cómo se tomaría ella lo que tenía que decirle?
- Si no moría en el camino, claro que sí.- Empezó a decir con cautela.- Pensé que me demoraría más años en volver pero fui afortunado. Y ahora, en paz, puedo regresar para… - Kenshin tomó aire, dándose valor.-… para decirle… para pedirle, Kaoru, que me dejara quedar en casa, con usted.-
-Bien… al menos eso lo hiciste.- dijo Kaoru recordando esa mañana dos semanas atrás.
-No me marché porque quisiera hacerlo.- prosiguió Kenshin, tratando de que su voz no delatara la profunda emoción que estaba sintiendo.- Me fui porque tenía que saber si había gente aún que me guardara tanto rencor como para querer matarme o hacerle daño a la familia que yo… - pasó saliva.-… que yo pensaba formar con usted, Kaoru. Porque… porque después de lo de Enishi comprendí que esa era un posibilidad muy real y entonces yo…-
A Kaoru de pronto le pareció que viajar en el tiempo era lo más natural al lado de todo lo que le estaba diciendo Kenshin.
-Espera. Espera Kenshin. ¿Me estás diciendo que eso de querer vivir tu vida ayudando a los demás y todo eso que me dijiste era una mentira? Y además, ¿tú querías formar una familia conmigo?- ella se llevó una mano a la frente, dimensionando el peso de esa verdad.
Kenshin asintió.
-Por qué no me lo dijiste… -dijo ella cuando pudo sacar la voz.- Yo me convencí de que tú fingías quererme por ser amable conmigo, lo pensé tanto tiempo… yo… si acepté casarme contigo estos días, fue porque pensé que eras muy amable conmigo y que era mi destino y que… no creí que me amaras hasta hoy que te oí responderle a Kenshin su pregunta.-
-Señorita Kaoru, no fue mi intención que pensara eso y me disculpo. Sé que puede ser tarde para decírselo ahora, pero yo la amaba. La amaba para cuando terminó lo de Shishio y aquella noche en que celebrábamos en Akabeko pensaba confesárselo con nuestros amigos como testigos. Bebí un poco para darme valor porque nunca he sido muy dado a decir esas cosas y cuando estábamos en el río, descansando con los demás, empezó la venganza de Enishi contra mí. ¿Lo recuerda?-
Kaoru no necesitaba hacer memoria para recordar la bomba que cayó sobre Akabeko. Sintió entonces una mano de Kenshin posarse sobre la suya.
-Nunca imaginará la terrible impresión que me llevé cuando vi a aquella Kaoru muerta, con la mejilla desfigurada en medio del dojo, la desolación, el pensar que era incapaz de proteger lo más sagrado y amado que tenía. Aun cuando el jinchuu terminó y las cosas volvieron a la calma, no pude quitarme esa imagen de la cabeza. Me obsesioné con la idea de que alguien le hiciera daño y cuando no pude soportarlo más, decidí irme de aquí.-
-Pero tú me dijiste… -
-Eran mentiras. Señorita Kaoru, yo la amaba y partir aquella vez fue lo más difícil que he hecho en mi vida… -
-Pero podrías habérmelo dicho. Haber confiado en mí, Kenshin.- replicó Kaoru molesta, quitando su mano debajo de la de él.- Tú dices que me amabas pero me hiciste a un lado en esa ocasión. No me consideraste, no me preguntaste. Te fuiste simplemente, haciéndome creer que nunca sentiste algo por mí. No pensaste en mí ni en lo que sentiría… -
-¡Si lo hice!- estalló Kenshin.- ¡Sí pensé en usted !, yo lo hice durante cada segundo desde que se me ocurrió esa idea hasta este momento! Yo pensé en usted aún en sueños, cada noche, Kaoru. Y si no le dije nada fue porque era la única forma de asegurarme de que si a mí me pasaba algo, o no volvía, usted rehiciera su vida tranquila, sin culpas, sin sentirse mal.-
-Pero podías haberme dicho… - porfió Kaoru aunque menos convencida ante la explicación de él.
-No tenía por qué decírselo si esas culpas eran sólo mías y usted no tenía por qué cargar con ellas. Y estaba tan claro para mí: Si yo fallecía, tal vez nunca se hubiera enterado. Pensaría que yo andaba por ahí ayudando a las personas. Pero si salía con vida, regresaría a buscarla, Señorita Kaoru.-
Kaoru no podía pensar con claridad. ¿Kenshin le estaba diciendo entre líneas que había hecho un sacrificio por ella? ¿Era eso de lo que hablaba anoche con Misao y Aoshi? Se sintió mareada. Por otra parte, recordó lo que ella había pensado de Kenshin antes de lanzarse al río. Lo de preferirlo viajando por ahí que muerto ante sus ojos. Realmente él la conocía.
-Pasaron tres años, Kenshin. Tres largos años. ¿Qué hubiera pasado si yo me hubiese casado? ¿Si tuviera hijos? ¿Si te hubiese olvidado? ¿Si me hubiese quedado con Kenshin en ese otro mundo?-
-Era un riesgo que tenía que correr.-dijo con franqueza, mirándola a los ojos.- Si estuviera casada no tendríamos esta conversación. Pero usted no lo está. Y si me hubiese olvidado, como dice, le aseguro que yo venía dispuesto a reconquistarla.-
La joven sintió un golpe en el pecho al escucharlo hablar con tanta determinación.
Kaoru se levantó intempestivamente de su lugar, con la cabeza a punto de estallarle.
-¡Pero qué estás diciendo! Kenshin, pasaron tres años. Largos, inmensamente largos como no te haces una idea. Yo cambié y tú cambiaste. ¡Mírate! !Has hablado conmigo esta tarde más de lo que lo hiciste antes en una semana y estoy segura de que ha sido por los golpes que te diste en el río! No puedes llegar aquí un día, pretender que nada pasó y decirme que vienes a reconquistarme simplemente porque me amas. Eso no es justo conmigo. Dices que te alejaste de mi para arreglar tus asuntos y asegurarte de que, eventualmente nadie me hiciera daño y te lo agradezco pero, ¿y todo el daño que me hiciste al marcharte? ¿Acaso no pensaste en eso? Y eso sin contar que has tenido suerte y no me he casado ni me he ido a otra parte y por ende, tu plan te está resultando hasta aquí pero no puedo dejar de sentirme manipulada y eso no me agrada.-
Kenshin no se levantó. Se quedó mirando sus pies desnudos como si allí se encontraran las respuestas que le pedía Kaoru.
Suspirando, abrió la boca.
-Cuando yo luchaba en la guerra, podía planificar hasta unas pocas horas más delante de lo que estaba viviendo. No podía pensar en el siguiente día porque no sabía si estaría vivo para verlo. Y verdaderamente no me importaba mucho. Eso cambió un poco cuando me casé, pero años después, cuando me encontré con usted me descubrí planificando cosas concretas para la semana siguiente, el mes siguiente, el año siguiente. Y también descubrí el pánico, el miedo a morirme y no alcanzar a disfrutar de la vida al lado suyo. Por eso pensé que debía asegurarme que al menos su vida al lado mío fuera algo seguro. Perdóneme si no pensé en esas cosas que dice. Tal vez si lo hice pero le aseguro que todas mis acciones fueron pensando a futuro, en usted.-
Kaoru no iba a rendirse tan fácilmente a pesar de que la historia de Kenshin era muchísimo más de lo que antes esperaba oír.
-Pero Kenshin, ¿verdaderamente creías que había gente que quería matarte?. Es decir, Enishi era un psicópata y Shishio, ese lo quería hacer porque te oponías a sus planes. Saito te dejó en paz hace años. Eran casos aislados y… -
Por toda respuesta, Kenshin se descubrió el torso por completo, cubriendo sólo su cintura y piernas. Y Kaoru enmudeció al ver un sinnúmero de magullones y las quemaduras que antes notó. Kenshin nuevamente se acomodó la ropa.
-No eran casos aislados. Di con hombres que me buscaban simplemente para tener un último combate e iban camino al dojo Kamiya. Otros que querían matarme si o si. A pesar de ellos pude mantener mi promesa de no matar y me despedí de todos en paz. Estas heridas que ha visto tienen cerca de tres meses cuando sobreviví a un atentado. Quienes querían matarme se llevaron la peor parte porque murieron en una explosión que ellos mismos causaron. Yo alcancé a sacar del lugar a la mujer de uno de ellos con sus hijos porque no les importaba sacrificar a sus familias por vengarse de mí. La casa estalló cuando regresé a buscarlos para convencerlos de que salieran y la fuerza de la detonación me lanzó lejos. Muchas cosas como trozos de vidrio y maderas me causaron estas llagas, además del fuego que me dejó estas quemaduras.-
Kaoru pudo comprender finalmente lo que había tenido que pasar Kenshin para estar con ella nuevamente.
-Señorita Kaoru… se puede decir que he regresado de la muerte con sólo una cosa en mente. Hacerla mi esposa. Pero al ver a Kenshin y su determinación de hacerla feliz mis planes cambiaron. Porque él verdaderamente es como siempre quise ser yo. Siempre quise ser más alegre, más decidido… un poco como Misao, o Sanosuke, incluso como usted. Quizá lo hubiera sido de no haber cometido tantos errores, porque sería libre para hacerlo. Por eso yo pensé que lo mejor era dar un paso al lado y dejarla ir. No es que no la quiera, señorita Kaoru. Es simplemente que la amo demasiado. Por eso sería lo mejor para todos. Mejor para Kenshin, mejor para usted… y mejor para mí, que sabría que usted estaría a salvo y contenta. Quizá es lo que merezco por dejarla tanto tiempo sola, como dice.-
Kaoru ya no podía hablar de la sorpresa que le causaban esas palabras. Además, tenía un apretado nudo en la garganta.
-No puede ser… - murmuró.
Kenshin se reacomodó con cuidado, para que no se volviera a abrir su herida. Y se acercó a la fogata buscando calor, evitando mirar a Kaoru a la cara.
-Kenshin.-
-¿Oro?-
Kaoru jugaba con un palito que metía en el fuego.
-Tú me hablas distinto… has vuelto tan diferente… hasta ayer al menos me llamabas sólo por mi nombre, sin el "señorita"-
-Usted siempre odió que le hablara con tanta ceremonia.-
-¿Lo sabías?-
-Bastaba ver su cara cada vez que le decía "señorita Kaoru"-
-¿Y entonces, por qué lo haces?-
-Porque siempre pensé llamarla como quisiera el día en que pudiera empezar a prometerle, con certeza, todas las cosas que deseara
-Tú… dejaste de llamarme sólo por mi nombre esta mañana… ¿por qué?-
-Ya hay un Kenshin que lo hace y que le puede prometer cuanto usted quiera. Y ahora… ahora ya tiene toda esa verdad que usted necesitaba para decidir lo que hacer.
-¡Aquí estaban!- dijo Kenshin apareciendo entre unos arbustos, seguido de Yahiko. -Misao, Aoshi, sigan la luz de la fogata! ¡Sano, por aquí!-
Aoshi pronto apareció de la nada con unas mantas, que Kenshin sobretodo agradeció para cubrir su falta de ropa. Kaoru en tanto también se abrigó con una de ellas. Luego Sanosuke cargó a Kenshin sobre su espalda, a pesar de sus protestas y se fueron todos al dojo Kamiya.
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Fin Acto ocho.
Agosto 26, 2008.
Un paso al lado
Felicidades, besos y abrazos a…
Okashira Janet
Patrihimura
Alisse
The Hawk Eye
One
Nyachan
Kaoru-Uchiba
Yessica
Katha
Misakikafrin
Pauli
Harokzoids
Syren888
Kanke-chan
Mei Fanel
Justary
Darkcam
Athena Kaoru Himura
Lauri
Por leerme y darme ánimos y ser tan lindaaaaaaaaaaaas
Notas de Autora.
Hola!!
Mi esposo atendió la petición de una de ustedes y ayer me ha dejado escribir a destajo, lo que se agradece. Llevaba días planificando este episodio en mi cabecita y creo que al final, ha quedado muy lindo.
Ya estamos en tierra derecha para que Kaoru tome su decisión. Yo al menos lo tengo claro… en fin, el próximo capítulo puede ser el último. Además, viene con un bonus track… algo así como un resumen de la idea original del fanfic, con final alternativo incluido por si no les gusta el oficial.
Una pregunta ¿Han leído a Okashira Janet? Yo la descubrí anteayer. (Si, ya sé, soy muy lenta, pero es que de verdad tengo poco tiempo) Hum, es muy buena y divertida. Y yo doy fe que digo esto libremente y sin presiones de ningun tipo.
Otra cosa. Estoy super contenta porque por fin, después de cinco años escribiendo fanfics escondida y solita, me atrevi a mostrarle esta historia a mi mamá!! Y le gustó!!... yo siempre quise escribir con el fin de devolverle la mano de los cuentos que me leía cuando chica, y quería hacer historias que a ella le gustaran y ahora, ella me dice "¿en qué va a terminar tu cuento, con quién dejarás a Kaoru? Quiero saber".
Pucha que estoy feliz.
Pero hablemos del fic, en la nueva sección que se llama:
"Lo que no se vio"
La siguiente escena quedaba luego de que Kaoru y Kenshin iban a cambiarse para el desayuno. Ya saben, no tiene injerencia alguna en lo que sucede en el fic porque como escena se desechó.
El desayuno estaba exquisito, debía reconocerlo. A pesar de lo sencillo, Kenshin de Meiji cocinaba muy bien.
Tsubame y Megumi habían llegado para comer con ellos y boquiabiertas veían a Kaoru comer en medio de un par de Kenshins.
-Vaya… ¿entonces tú eres el hermano de Himura?- Dijo Misao al recién llegado.
-Claro que si. En verdad, yo vengo recién enterándome. Siempre creí que había muerto junto con el resto de mi familia. Ya sabes, cuando uno es niño, los recuerdos son difusos.-
-Pero hablas muy raro. Tu acento es muy distinto. No creo que sea de Kansai.-
Kaoru miraba de reojo a Kenshin. Verdaderamente el acento 2008 era distinto. Y sus expresiones también lo eran mucho.
-Recuerda que a mí me vendieron a una caravana de esclavos y no supe más de mi gente. Estoy seguro de que a mi hermano lo vendieron a otra y es toda una sorpresa verlo aquí.- dijo Kenshin de la cicatriz.
Hubiera agregado "agradable" a la frase, pero la verdad, no lo sentía.
-Pues Kenshin, que increíble tu historia. Pero ¿por qué nunca nos hablaste de un hermano gemelo?- preguntó Sanosuke.
-Tampoco nos habló de Tomoe hasta que las circunstancias lo obligaron.- dijo Kaoru para dar veracidad a la historia.- Kenshin es así. Una caja de sorpresas.
-Ya lo creo.- dijo Sanosuke.- Vaya, amigo… ¿cómo te llamas?-
-Kenshin.- respondió el otro automáticamente. Y todos quedaron estáticos, menos Kaoru y Kenshin.
-Pero… acaso sus padres les pusieron el mismo nombre?- preguntó Megumi.
Kenshin de inmediato salió al rescate del pelirrojo más moderno.
-No es eso. Él en efecto se llama Kenshin. Yo… cuando me reuní con mi maestro, tomé ese nombre que él propuso como un recuerdo de mi hermano. Pero al nacer, mis padres me llamaron Shinta. Eso se los conté también.-
Algo hizo "clik" en la cabeza del pelirrojo al escuchar el nombre real de Kenshin. Ya lo hablaría con Kaoru.
Todos parecieron satisfechos con la historia y siguieron comiendo, hasta que Misao abrió la boca.
-Llegaste en un buen momento, ehh… Kenshin. Mañana, Kaoru y Himura se casarán y tenemos planificada una gran fiesta.-
A Kenshin se le cayeron los palillos de las manos y a Kaoru se le quitó el hambre. Por otra parte, Kenshin miró a Misao.
-Te dije anoche que necesitaba más tiempo para eso.-
-Pero Himura… Kaoru te ama, no veo por qué quieres posponer esto por más tiempo. Hoy por la mañana, Kaoru te confundió con tu hermano pero se veía tan contenta de tenerte cerca. No dejes pasar más días, no lo necesitan. Ustedes se aman.-
Kenshin estaba incómodo y hasta molesto con Kaoru. ¿Por qué no le dijo que iba a casarse?
-Lo siento, pero no he cambiado de parecer.- dijo Kenshin.
-¿Acaso quieren posponer su matrimonio?- dijo Megumi alarmada.- ¡No puede ser! Ustedes tienen que casarse.-
-Hey, Kenshin, no me digas que dejaste de amar a la chicuela, porque no me lo creo. Durante todo el camino de vuelta no hiciste más que hablar de ella, de lo ansioso que estabas por llegar y recuperar el tiempo perdido.- dijo Sanosuke.
-Sólo necesito más tiempo.- sentenció Kenshin, comiéndose el arroz de un pocillo, dando por terminada la discusión. Pero para Misao, las cosas estaban lejos de terminar.
-Haz lo que quieras, Himura. Pero si quieres posponer tu matrimonio, tienes que ir a hablar en persona con el sacerdote, porque yo no lo haré.- dijo la pequeña molesta.- Y tú, Kaoru, debes acompañarle y darle sus razones. No puedo creer que Himura te diga que no quiere casarse y tú estés tan tranquila. Y tú, Kenshin, debes convencer al tonto de tu hermano de que se case. ¡Kaoru es la única mujer para él!
