Donde puedas Amarme

Acto Diez

El viaje de Kenshin

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Si los padres de Kaoru hubiesen estado vivos, muy posiblemente se hubieran quedado en las afueras del cuarto de los recién casados para cerciorarse de que el matrimonio se consumaba. Pero no estaban y nadie era tan cercano a Kaoru o Kenshin para hacer eso, asi que, aprovechando esa libertad, la pareja regresó a casa en la más completa de las soledades. Allí, en un ambiente tranquilo y relajado, se quitaron sus ropas y se pusieron las yukatas.

Aún cuando al comienzo del compromiso no estuvo muy convencida, Kaoru se dio el tiempo de coser los edredones matrimoniales y ahora lucían unos muy bonitos sobre el futón. No estaba segura de quien habría organizado tan bien su cuarto para ese momento, pero ella estaba agradecida de las flores que perfumaban el ambiente y las velas que le daban un toque acogedor. Miró a su esposo con una sonrisa nerviosa y éste le tomó la mano.

-Todo irá bien. No se preocupe.-

Ya había oído eso antes y por eso se calmó. Si Kenshin era quien lo decía, entonces, realmente, todo iría bien para ella.

-Por favor, guíame y cuida de mí.- le dijo Kaoru en una reverencia a Kenshin, sentada de rodillas frente a él. Aceptando el compromiso, el pelirrojo también hizo una reverencia muy breve. Lo que siguió, ni Kaoru lo tuvo muy claro, porque sintió que de pronto entraba en un torbellino. La boca de Kenshin sobre la suya, sus brazos en torno a sus cintura y luego toda la humanidad de él recostada sobre ella, intentando de algún modo entrar a su cuerpo. Las palabras dulces, las caricias tiernas y esa sensación de vértigo tan poco conocida por ella hicieron de su noche de bodas algo digno de recordar.

Yacía en los brazos de su esposo mientras éste llenaba su rostro de besos.

-Creo que nunca me cansaré de usted.- le dijo Kenshin extasiado. Kaoru abrió los ojos y admiró su sonrisa. Luego cerró los ojos, feliz.

Kenshin tenía razón. Todo estaba bien. Y lo seguiría estando porque ella había tomado la decisión correcta, a juzgar por el fuerte latir de su corazón.

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Si Kenshin se hubiera atrevido a dar su opinión, hubiera dicho que no estaba interesado en irse nunca más del dojo Kamiya. Pero Kaoru quería conocer algo de mundo y un viaje de bodas era la ocasión perfecta. Kenshin estaba cansado de tanto viaje, sin embargo se animó al recordar cosas hermosas que conocía y que podría compartir con su joven esposa.

Llevaban dos semanas de viaje cuando por primera vez desde que se casaran, Kaoru sacó a relucir el tema de "Kenshin".

-No me lo tomes a mal, por favor.- le dijo Kaoru cuando le quiso manifestar una pregunta a su esposo.- Pero es que yo he sido tan feliz contigo estos días, que no puedo evitar preguntarme si él estará bien. Aún me siento un poco culpable por todo lo que pasó y… bueno… -

-Kaoru, mi amor.- le dijo Kenshin abrazándola mientras miraban una puesta de sol en el mar.- Si yo fuera usted no me preocuparía demasiado por él.-

-¿Por qué lo dices? Kenshin, él estaba muy mal y… - Kaoru se calló al ver la expresión de Kenshin. Él estaba calmado e incluso sonreía.

-Pues… -

-Dime… -

-Oro… pues… está bien. Es justo que yo le cuente mi secreto ya que usted me ha contado el suyo. Además, asi quedará más tranquila.-

-¿Qué estás diciendo?-

Kenshin reacomodó mejor a Kaoru a su lado y le dejó un beso sobre la frente.

-La amo, Kaoru.-

-Pero déjate de evasivas y dime de una vez.-

Travieso, Kenshin se rió un poco.

-¿Sabe usted por qué para mi fue tan fácil creerle lo del viaje al futuro?-

-Claro que sí. Porque eres un hombre de mente abierta y… -

-No, mi amor. No fue por eso.-

-¿Ehh? ¿Qué estás diciendo?- preguntó la joven, notando la seriedad que adquiría la expresión de su esposo.

-Fue justo después del atentado con explosivos del que le hablé. Fue una noche muy extraña en verdad. Luego de que me cercioré que todos estuvieran bien, fui al bosque a buscar algo. Pero no pude mantenerme en pie y caí al suelo. A pesar de que lo intenté, noté mi estómago casi destruido y supe que iba a morir a juzgar por la gran cantidad de sangre que estaba perdiendo. Durante años me preparé para ese momento pero cuando llegó, no pude aceptarlo porque con todas mis fuerzas, quería volver a verla. Supliqué a los dioses que aunque fuera en sueños, me permitieran ver a mi señorita Kaoru. Estaba además, muy triste, porque estaba tan cerca de terminar con todo y regresar a casa… por eso no me podía resignar.

Luché con todo para no quedarme dormido pero no pude lograrlo y me sumí en la oscuridad. No supe cuánto tiempo dormí, pero al despertar estaba en el lugar más extraño del mundo. Todo estaba blanco allí pero yo estaba sobre una cama muy cómoda. Me asusté porque además noté cosas raras insertas en mis brazos. Incluso habían puesto un tubo en mi nariz que comprendí, me ayudaba a respirar. Rato después entró un doctor muy joven que se me hizo conocido. Kaoru, se trataba de un monje al que conocí durante mi batalla con Shishio, Angie.-

Kaoru, asombrada, no daba crédito a lo que escuchaba.

-¿Estás diciendo que tú también viajaste a otro mundo?-

Kenshin sólo asintió.

-Me nombraron "el paciente NN" y esas personas se desvivieron mucho por cuidarme. Comprendí que esos cables que estaban en mis brazos eran para alimentarme o proporcionarle… hum… una cosa que se llamaba "suero" a mi sangre y que me haría bien. Me hicieron diversas curaciones en el estómago y cuando me preguntaron que quién era y de dónde venía, les respondí con la verdad, pero ellos sólo sonrieron y pusieron en mi expediente que había sufrido una fuerte conmoción cerebral y que posiblemente sufría de amnesia. Entonces me contaron que estaba en el 2008.-

-Ya veo… te llevaron a un hospital.-

-Si, así lo llamaron. Por eso pude recuperarme relativamente rápido de ese atentado. Pero lo más importante viene ahora. Yo estaba en un cuarto para dos personas… creo que se llamaba "cuidado intensivo" y un día, me trajeron a una compañera que estaba muy mal. Grande fue mi sorpresa cuando noté que era usted, Kaoru.-

-¡¡Queeeeee!!-

-Por lo que comprendí después, ella había sufrido un accidente, hem… ¿cómo les decían? De coche, creo. Ella salió muy mal y al parecer, además perdió a un ser querido. Ella había estado a punto de morir, como yo, pero los médicos lograron salvarla. Decían que además había estado inconciente unos días, pero que como ahora su cuerpo había mejorado un poco y ella había despertado, la trasladaron a la habitación donde estaba yo por algo de que faltaban cuartos o si no la hubieran acomodado con otra mujer.

Yo estaba asombrado y no comprendía nada. Cuando Kaoru despertó, llamó al médico para preguntarle por alguien y el doctor le dijo que lo sentía, pero que había fallecido. Kaoru lloró y lloró sin poder consolarse pero al cabo de un rato se calmó. Al día siguiente regresó el médico y ella le hizo la misma pregunta. Extrañado, él le respondió lo que el día anterior y ella tuvo la misma reacción. Al tercer día Kaoru volvió a preguntar y el médico le dijo que esa persona estaba de viaje. Luego llegaron muchos especialistas y dijeron que ella tenía un problema con su memoria y que eso era una secuela del accidente. Comentaron que con un poco de suerte podría ser temporal, pero que eso nunca se podía saber con certeza.-

-Oh, Kenshin… ¡pero eso es terrible y muy triste!-

-Claro que lo es. Ella miraba todos los días por la ventana, preguntándose cosas. Recordaba poco y estaba muy perdida. Entonces reparó en mi y poco a poco nos hicimos amigos. Conversábamos mucho y me pareció una joven encantadora. Bueno, era como es usted ahora, aunque se veía quizá un poco más joven a pesar de tener la misma edad. Al parecer, en ese mundo 2008, la gente no hace tantos trabajos como aquí.-

-Pero… y esa Kaoru. ¿qué pasó con ella? Estaba sola… qué horrible debió ser. Kenshin, yo la comprendo. Fue como cuando murió mi padre y yo supe que no volvería a verlo. Sentía tanto dolor.-

-Estuve en ese mundo como un mes, hasta que el médico me dijo que me darían de alta. Kaoru también sería dada de alta pronto y la última noche que estuvimos juntos, ella me agradeció la compañía porque nos hicimos amigos. Hubo una ocasión en que estuvieron a punto de cambiarla de cuarto pero ella insistió en quedarse conmigo. Esa última noche nos levantamos de la cama y ella me abrazó. Fue como estar con usted, pero a la vez no era. Kaoru me besó… no me lo tome a mal. Fue algo muy tierno. Y pensé que yo siempre la llevaría en mi corazón mientras ella, posiblemente me olvidara al día siguiente.-

Kaoru pensó en el beso de Kenshin con la otra Kaoru y pensó que ella no tenía nada que reprocharle. Después de todo, ella le dio muchísimos más al Kenshin del 2008.

-Regresé mientras dormía, no sé como. Aparecí en el bosque, en el mismo lugar donde me dormí. Comprendí entonces que en ese lugar, en el 2008 habrá un hospital y luego hice una plegaria para que Kaoru, esté donde esté, se encuentre bien. Después de eso, sintiéndome bien de salud, inicié el viaje de regreso al dojo para encontrarme con usted porque me urgía verla. Creo que el ver a esa Kaoru tan sola y tan perdida me hizo reflexionar mucho, y sobre todo pensar que no quería separarme de usted nunca más.-

-Pero… pero Kenshin, si hay una Kaoru como yo en el futuro, … ¿ por qué no se lo dijiste a Kenshin?-

-Si se lo hubiera dicho, él la hubiera buscado y quizá eso fuerce las cosas. Y no estoy seguro que eso sea bueno. Pero creo firmemente en el destino y tal vez ellos se encuentren y sean felices, como nosotros lo seremos. O tal vez no lo hagan nunca. Por algo las cosas son como son. Espero que Kenshin tenga paciencia y que se deje sorprender por la vida.-

Kaoru, asimilando la información, comprendió por qué Kenshin no le exigió mayores detalles de las cosas que ella le describió había en el 2008. ¿Habría albergado sentimientos él también por aquella Kaoru que conoció?… cuando ella le habló de Kenshin, él no le recriminó lo que sentía por él y hasta le había dado la opción de irse.

-Pero tú volviste… volviste para buscarme y casarte conmigo… - dijo la joven en voz alta.- Oh, Kenshin… tú nunca dudaste.-

-Kaoru, las dudas no son malas. Muchas veces nos hacen replantearnos y reafirmar nuestra convicción.- dijo Kenshin acariciándole el rostro.- Y yo estoy muy seguro de que la quiero. Y de que siempre será así.-

La joven se acurrucó contra su esposo mientras comenzaban a sentir la brisa fresca del atardecer. Volverían a la cabañita en un rato, a besarse, amarse y aprovechar la dicha de ese amor una noche más, pidiéndole a los dioses prolongar esa vida por mucho tiempo. Y siendo escuchados en el proceso.

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2008

-Kenshin, vamos a tomar helados.-

Misao miró a su hermano levantarse pesadamente de su asiento y seguirla con pereza. Ya hacía una semana que se había aparecido por allí, cerca de la medianoche, con un aspecto bastante desaliñado. Al verlo, ella y sus padres se asustaron mucho, ya que al parecer los había visitado en un impulso; normalmente Kenshin era ordenado en ese aspecto y siempre llamaba para avisar cuando llegaba y por cuantos días se quedaría.

La joven pensó que después de todo, su hermano estaba cambiado. Estaba más callado y buscaba mucho estar a solas. Aunque reía, como lo hacía a menudo estando con ellos, esa risa no llegaba a sus ojos y se podría decir que el violeta de su mirada estaba más apagado.

-Incluso los de nuestro padre brillan más, y eso que sus ojos son de un violeta más pálido.- reflexionó al salir a la cale, con Kenshin siguiéndola.

Misao le contó a Kenshin sobre muchas cosas, como sus amigas de la universidad, los chicos que le gustaron a lo largo del año y en especial de un compañero mayor que después de mucho esforzarse había logrado reunir el dinero suficiente para estudiar otra cosa distinta a lo que sus padres querían. Kenshin no le prestó mucha atención hasta que, volviendo a la casa, se encontraron con Kenjiro, su padre, que venía con la mamá de Misao.

-Hijos, mañana iremos a la playa. Asi que prepárense esta noche.-

Kenshin vio a su hermana saltar de alegría mientras él esbozó una sonrisa sencilla. Al día siguiente, frente al mar, mientras Misao y su mamá jugaban en la arena y miraban a los chicos guapos, Kenjiro se llevó a Kenshin para hablar con él.

-Estás tan extraño, hijo. Escucha, si es por culpa de una mujer, puedes confiar en mí y contarme. Ya sé que eres mayor y que seguramente te las puedes apañar solo, pero yo tenía tu edad cuando tu mamá nos dejó y pensé que nunca me recuperaría. Pero lo logré, porque te tenía a ti y tenía que cuidarte. Y luego conocí a mi querida Sakura y la vida me dio otra oportunidad. Por eso pienso que tal vez, aunque no lo parezca, yo puedo comprenderte.-

Kenshin miró a su padre, que era como una réplica de él. Tenía el cabello cobrizo desteñido por el tiempo y las canas y era un poco más alto que él, a pesar de que su estatura había disminuido un poco. Kenjiro siempre había sido una gran persona, con una bondad poco usual y Kenshin recordó a ese tatarabuelo suyo.

-Seguro lo heredó de él.- murmuró.

-¿Oro? ¿Decías algo?-

-Hem… no, nada, padre.-

-Bueno. Y entonces, ¿me contarás?-

-¿De qué?-

Kenjiro miró a su hijo y sonrió.

-¿Quién es ella?-

Kenshin se rascó un poco la cabeza y pensó. Recordó a Sanosuke la tarde de su llegada. Estaba en la habitación de Kaoru y hasta había hecho un altar para alejar los malos espíritus, porque era un hombre muy supersticioso.

-Amigo, regresaste. ¡No lo puedo creer! Pero… ¿y la chiquilla?-

-No quiso volver conmigo.- le había confesado Kenshin a punto de echarse a llorar. - Prefirió casarse con ese hombre de su época.-

Sanosuke había tenido miles de preguntas que hacerle pero de momento no las formuló, porque tenía un amigo que necesitaba ser consolado. En los días que siguieron, lo había acompañado y escuchado su historia cuantas veces Kenshin necesitó contársela. Sanosuke era el único que sabía su secreto y era además, y con mucha ventaja, su mejor amigo.

Al mirar a su padre nuevamente, Kenshin se preguntó si le creería la historia de Kaoru pero lo dudó. Sin embargo, podía contarle una versión maquillada para que no pareciera algo tan descabellado.

-¿Y… ?-

Kenjiro era un hombre encantador y muy dulce. Era imposible negarle algo. Fastidiado, Kenshin se dio cuenta de que su padre era más parecido al Kenshin del pasado de lo que a él le gustaba. Suspirando, decidió contarle.

-Tienes razón, padre. Es una mujer la que me tiene así.-

-Mmmm… ¿y ella valdrá la pena?-

-Creo que sí. Pero ella no… ella… -Kenshin no encontraba las palabras.- Hum… es una mujer casada.-

-Eso es algo complicado, hijo. -

-Es que ella no lo estaba cuando nos conocimos. Lo que pasa es que ella necesitaba unas vacaciones y entonces yo… pues… la acogí en nuestra casa. Entonces me enamoré de ella. Papá, era una mujer bonita, alegre, simpática y también yo le empecé a gustar.

Ella tenía un novio al que no veía en años, porque él la abandonó ya que tenía cosas que hacer. Pero ella seguía enamorada de él. Entonces, cuando yo más me estaba prendando de ella y ella al parecer de mí, su ex novio apareció de la nada y le propuso matrimonio. Ella aceptó y aunque yo luché hasta el final por su corazón… no pude contra el otro sujeto y se casó con él. -

Una ola llegó hasta sus pies, mojándolos. Kenjiro pensó en la historia de su hijo y reflexionó en ella.

-Tú dijiste que ella seguía enamorada del novio que la abandonó. Es decir, tú sabías eso desde el principio, ¿no?-

-Sí.-

-Y él al regresar, le pidió matrimonio, ¿no?-

-Sí. Ya te lo he dicho.-

Otra ola mojó sus pies.

-Entonces ella no era para ti.-

Kenshin quedó atónito con la sencillez con la que su padre llegó a esa conclusión. Y le dio rabia.

-¡No puedes decir eso! Ella tenía que quedarse conmigo. El otro la dejó, la abandonó. ¡No se la merecía!-

-¿Y quién eres tú para decidir eso?-

-Yo luché por ella. Yo… -

-¿Sabías por qué ese hombre la abandonó?-

-Claro. Ella dijo que ese tipo tenía una misión y que… hem… no estoy muy seguro.-

-No estás seguro… -

-Es que ella me dijo que… -

-Hijo, creo que ni esa joven tenía muy claro por qué fue abandonada y creo que tú tampoco me estás contando todo como pasó realmente. Los seres humanos, cuando contamos algo que nos pasó, omitimos algunos detalles, ya sean los que no comprendemos o los más dolorosos. Tú no sabes que motivos tuvo él para dejarla. Tal vez ni siquiera lo supiera ella. Tal vez hubo un motivo noble en todo eso. Y tal vez ella simplemente nunca dejó de quererlo porque alguna parte de su mente le decía que ese hombre volvería tarde o temprano por ella. Nuestras compañeras mujeres tienen un sexto sentido muy desarrollado.-

-Pero tal vez él fuera malo con ella y no se la mereciera. Quizá no la quería tanto y al final, le pidió matrimonio para que no lo dejara el tren.-

Un suspiro escapó de los labios de Kenjiro.

-Tal vez nunca sepamos que pasó ahí realmente, Kenshin. Pero creo que no puedes vivir con ese rencor porque ella no te escogió. El rencor hace mal y además… creo que es más positivo pensar bien de ese hombre y de esa mujer y soñar que les va bien.-

-Pero papá… -

-¿Sabes, hijo? Hay una historia familiar que es maravillosa y es parecida a lo que tú me relatas. Es sobre un antepasado nuestro. Sobre mi bisabuelo Shinta.-

Kenshin se sorprendió con la revelación, pero de todos modos no le hizo caso.

-No necesito que me cuentes sobre eso.-

-Tal vez lo necesites. Creo que nunca en mi vida he escuchado una historia de amor más linda que esa y cuando era niño, soñaba con ser como el bisabuelo para tener una mujer como la bisabuela Kaoru.-

Kenshin apretó los puños. Y otra ola golpeó sus pies.

-No quiero escuchar… -

-Pues lo harás porque algo me dice que lo necesitas.-

-¡Pues no!- respondió el otro, terco. Kenjiro entonces le dio un tirón en su oreja y Kenshin hizo una mueca de disgusto.

-Siempre has sido terco y ahora me escucharás. Soy tu padre y me debes respeto aún.-

-¡Tú eres más terco que yo!-

Kenjiro se aburrió de discutir con su hijo y comenzó su historia.

-Shinta Himura fue un antepasado que luchó en el Bakumatsu. Pero mató a tantas personas que muchos de sus familiares o amigos le guardaron rencor. Él sabía de esto y por eso, después de conocer a tu bisabuela Kaoru y enamorarse de ella, decidió hacer algo para vivir tranquilo. Durante tres años viajó por todo el Japón, buscando a esas personas que le odiaban o a las que le guardaban el rencor suficiente como para intentar hacerle algo a la familia que pensaba formar. Sin embargo, cuando se alejó de su novia, no le quiso decir nada de lo que pensaba hacer para que ella no se asustara. Incluso, él pensó que si él fallecía, ella nunca se enteraría de esto y podría seguir con su vida. -

Kenshin, atónito, escuchaba la historia que antes no quiso oír.

-Shinta Himura amó tanto a su mujer, que viajó y viajó. Dicen que estuvieron a punto de matarlo en algunas ocasiones, hasta que un día regresó a buscar a Kaoru. Ella lo recibió en casa a pesar de pensar que él no la quería y que tuvo otros motivos para irse. Incluso, contaba mi abuelo Kenji que ella estuvo a punto de no casarse con él pero al final primó el amor que se tenían. Decía también mi abuelo que Shinta la quiso tanto que estuvo a punto de perderla a pesar de todo su sacrificio, por dejarla decidir entre casarse y no con él. Y que eso fue precisamente la mayor muestra de su amor y la que ella tomó en cuenta para seguir a su lado. Dicen que al final la bisabuela fue muy feliz con el bisabuelo porque él la comprendía como nadie.

-Vaya.-dijo Kenshin.- Qué tierna historia de amor.- reflexionó con cierta ironía.- Qué suerte para Shinta.-

-No espero que lo comprendas ahora, hijo, pero tal vez, cuando se disipe tu rabia, puedas ver esta historia con otros ojos. Y sacar algún provecho de ella.-

Una ola grande los mojó hasta el muslo. Kenjiro y Kenshin decidieron largarse de ahí para reunirse con Sakura y Misao.

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Después de dos semanas con su familia, Kenshin regresó a Tokio porque tenía importantes decisiones que tomar. Por ejemplo, ver lo de su año sabático. Antes le pareció una gran idea porque se suponía, Kaoru lo iba a acompañar y él podría escribir su libro, pero lo cierto es que ahora se sentía deprimido y no tenía ganas de hacer nada de eso. Ni siquiera volver a la universidad a enseñar le hacía ilusión, aunque pensándolo mejor, tal vez fuera bueno que él hiciera algo de provecho con su tiempo libre en vez de quedarse en casa lamentándose de su suerte.

Los días comenzaron a acortarse y las vacaciones de verano anunciaban su fin. Kenshin invitó unas copas a Sanosuke y salieron por ahí, a divertirse. Repitieron la operación algunas veces más hasta que Sanosuke declinó ir a beber.

-No estoy interesado en convertirme en un alcohólico, Kenshin. Y espero que tú tampoco. Esto por una vez es divertido, pero me estás preocupando. La chiquilla era muy linda, es cierto, pero era de otro mundo. Debes aceptarlo y mirar hacia delante.-

Con una mueca de disgusto, Kenshin cortó la llamada y optó por salir solo, apagando luego su celular. Aún con todo su bullicio, la ciudad no era divertida porque ya no tenía los ojos de Kaoru para mirar a través de ellos. Pasó por el barrio rojo y se le ocurrió pasar a desahogarse con alguna señorita. Luego lo volvió a pensar y pasó de largo. Qué patético le pareció el sexo pagado.

Retrasó el momento de llegar a casa y cerca de las ocho hizo su aparición. Se sentía de pésimo humor todavía. Cierto era que la bebida y la larga caminata no le había ayudado gran cosa.

Fue a la cocina a servirse un vaso de agua cuando tuvo una sensación extraña. Era raro de describir, pero era como si no estuviera solo. Miró hacia atrás, pero no había nadie más en la cocina. Apuró el agua y salió de allí irritado, porque la sensación que tenía era la misma que tuvo tiempo atrás cuando encontró a Kaoru durmiendo en aquella habitación.

-Me estoy volviendo loco. ¡Maldición!-

Sin embargo, al salir al pasillo, notó que sus luces estaban encendidas. En apariencia estaba todo tal como lo había dejado, pero sin duda alguna había alguien en su casa. Llevado por algún tipo de presentimiento se detuvo frente al cuarto de Kaoru y de sopetón corrió la puerta y encendió la luz, notando al instante el bultito que dormía en medio del cuarto.

Un bultito de sexo femenino, según pudo notar cuando ella se dio vuelta para acomodarse. Dormía en un futón y no tuvo dudas de quien era cuanto le vio la cara.

Kenshin avanzó hacia ella, totalmente asombrado y a la vez feliz.

-Te dije que yo era mejor que él… Kaoru, regresaste.- dijo emocionado, arrodillándose al lado de ella.

Kaoru entreabrió los ojos pero tanta luz la molestó y los volvió a cerrar. Sintió entonces que la hacían sentarse en la cama y que la abrazaban. De inmediato sintió unos labios aplastarse contra los suyos y entonces despertó totalmente.

-¡Pero qué… !-

No pudo seguir hablando porque por entre sus labios, una lengua se abrió paso. Kaoru se asustó de tal modo que pensó en defenderse pero sus brazos estaban aprisionados por el sujeto que la estaba atacando. Al mover la cara, él se adaptó a su movimiento y no la dejó.

La joven empezó a desesperarse. ¡No podía defenderse! Siguió forcejeando y finalmente pudo poner las manos entre ella y el pecho de su agresor. Empujó tan fuertemente que él la soltó al caer hacia atrás y ella también quedó tendida de espaldas. Él se incorporó rápidamente mientras ella, acostada aún, ponía las manos sobre su pecho con las palmas hacia arriba y los dedos en garras, en posición de defensa.

-Pero Kaoru, qué te… -

Kenshin, descolocado, notó que Kaoru lo miraba horrorizada y temblaba visiblemente.

-No me haga daño, por favor… - le dijo la joven en un hilo de voz.

El pelirrojo no entendía nada.

-Pero Kaoru, ¿qué te pasa? Creí que estarías feliz de verme. Por algo regresaste. Seguramente la vida de casada no era lo que esperabas y apareciste aquí.-

Si Kenshin no entendía nada, Kaoru mucho menos. Y seguía sollozando.

-Yo no lo conozco, señor.-

Mientras la joven lo miraba aterrorizada, Kenshin notó algo nuevo en ella: una cicatriz en el costado izquierdo de la frente, cerca de la línea del pelo.

-¿Qué te pasó, Kaoru? ¿Alguien te lastimó?-

Kenshin hizo ademán de tocarle la frente y ella cerró los ojos, como si el contacto le fuera a causar dolor. Kenshin se detuvo. Kaoru estaba muy rara.

-Señor… yo no sé quién es usted. No lo recuerdo… - dijo ella. - Quiero ver a Misao.-

-¿Oro? ¿De qué hablas? ¿Misao? ¿De cuándo que la conoces?-

Como si hubiese sido invocada, Misao apareció en el cuarto vestida con una bata de baño.

-Kaoru… ¿Kenshin?… ¡Hola, hermano!-

La joven se lanzó a los brazos del pelirrojo que estático, no sabía cómo reaccionar.

-Pero… ¿Qué haces aquí?-

Misao no le respondió porque reparó en el estado de Kaoru. Soltó a su hermano y socorrió a la niña.

-Kaoru, Kaoru… ¿Qué te pasó? ¿Acaso Kenshin te hizo algo?-

Kaoru miró a Kenshin primero y luego a Misao. Tomó aire y se sentó en la cama.

-Yo… es que entró de pronto en el cuarto y me asustó.- mintió la joven. Ella pensó que si el pelirrojo era el hermano de Misao, lo mejor sería no causar problemas.

-Ah, ya veo. No te preocupes, Kenshin es muy gentil siempre. ¿Quieres seguir durmiendo?-

Kaoru miró a Kenshin con un toque de desconfianza que él supo detectar. De inmediato se acuclilló a su lado.

-Lamento haberte asustado, Kaoru. No era mi intención. Si quieres dormir, prometo no molestarte, ¿está bien?-

Kaoru lo observó con atención, notando el inusual color de sus ojos, mismos que tenía el señor Kojiro. Pero a diferencia del hombre mayor, el violeta en los ojos de Kenshin, el hermano de Misao, era muy intenso. Por un momento ella se preguntó si podría volver a conciliar el sueño.

-Creo… creo que si.-

Misao la ayudó a acomodarse en la cama y le hizo cariños en la cabeza. Luego se levantó con Kenshin y apagando la luz, salió de allí.

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-¿Y ahora me dirás qué le hiciste a Kaoru?- preguntó Misao repentinamente enfadada con Kenshin cuando llegaron al comedor.

-¿Hacerle yo? Tú deberías responderme antes qué rayos haces acá y porqué trajiste a esa chica contigo. Porque supongo que anda contigo, ¿no?-

-Yo pregunté primero. No me trago el cuento de que ella se asustó cuando prendiste la luz.-

Kenshin pensó confesarle a Misao que había confundido a esa Kaoru con otra de piel suave, labios tiernos y mirada dulce. Pero de hacerlo, tendría que responder muchas preguntas siendo que él mismo no entendía muy bien qué había pasado. No era su estilo decir mentiras, pero por el momento, Kenshin no tuvo otra opción.

-Ya te lo ha dicho ella. Entré de repente y encendí la luz. Luego ella se ha despertado y se ha puesto a llorar. Ahora responde tú mi pregunta.-

Misao miró a su hermano cruzada de brazos, sopesando lo que le había dicho.

-Muy bien. Te contaré qué hacemos aquí, pero mejor siéntate, que va para largo.-

-Bien, comienza.- dijo Kenshin tomando asiento.

-Verás. ¿Recuerdas que el amigo de papá murió hace algunos meses? ¿El señor Kojiro Kamiya?

-Si recuerdo. Yo no pude ir a su funeral porque estaba con el periodo de exámenes y no podía ausentarme de la universidad.-

-Pues recordarás también que él murió en un accidente de coche.-

-Si.-

-Bien. El tío Kojiro no iba solo. Iba con Kaoru, su hija, cuando un trío de imbéciles borrachos en el otro auto los embistieron. Lo hicieron por el lado del copiloto y el daño más grave a nivel físico se lo llevó Kaoru. El tío no salió tan lastimado pero sufrió un infarto y luego otro. Por eso no sobrevivió.-

Kenshin estaba consternado. Kaoru había pasado por una experiencia terrible.

-Pobre chica.-

-Si, claro que si. Su madre se separó de su padre hace cinco años y se fue a Inglaterra. Pero no se interesó por ella. Tampoco fue al funeral del tío. Y Kaoru… bueno, ella tampoco pudo ir.-

-¿No?-

-Claro que no. Kenshin, Kaoru estuvo en coma durante algunos días después del accidente.-

En coma.

-No éramos muy amigas en realidad, pero las circunstancias nos hicieron acercarnos a ella. Porque si bien Kaoru tiene más familiares que se interesan por ella, hace algunos días nos visitó el abogado del tío Kojiro. Traía una carta sellada para papá. Al parecer, el abogado tenía que entregarla después de su muerte y eso hizo. En la carta, se le pedía a nuestro padre como un favor especial que ayudara a Kaoru como una hija más y eso fue lo que hizo. Kaoru despertó del coma y no quedó con mayores secuelas físicas, pero sí con problemas en la cabeza. Ella tiene algunas lagunas mentales con respecto a lo que pasó poco después de despertar del coma. En estos últimos días su memoria ha comenzado a funcionar mejor y ya puede recordar con normalidad las cosas nuevas. Pero lo demás está perdido en alguna parte de su cerebro.-

Kenshin apenas podía digerir la información.

-Pobre chica.-

- La descubrimos en su casa con una tía y un primo, ya dada de alta y tratando de vivir con cierta normalidad. Tiene dificultades con una pierna enyesada todavía, asi que usa un bastón, y anota todo cuanto le pasa en una agenda o en post it que pegaba en el refrigerador para ayudarse a recordar. Entre las cosas que están ocupando su tiempo ahora es volver a la universidad y justo el año pasado había pedido un traslado a donde trabajas tú. Al parecer le interesa la Historia del Arte.-

Kenshin no podía creerlo.

-Con todo esto de su accidente, la universidad le dio un pase especial para hacer sus trámites más tarde y por eso mañana ella va a matricularse. Se supone que ella tenía una pensión de estudiante donde iban a recibirla, pero como Kaoru estuvo fuera de circulación una temporada, la casera, al no tener noticias de ella, le dio el cuarto a otra persona. Y entonces, con papá, pensamos en ti. Hermano, por favor, ¿podrías tener a Kaoru contigo en esta casa? Ella necesita tanto un poco de ayuda.-

Estupefacto, el pelirrojo pensaba en que el destino tenía caminos misteriosos.

-Yo debo viajar mañana mismo. Sólo vine a dejarte a Kaoru y cerciorarme de que quedaba contigo, ya sabes, yo también comienzo mis clases pronto y debo estar en Kyoto. Dijo padre que él se haría cargo de los gastos que pudiera causarte Kaoru. -

Sobándose la barbilla, Kenshin miró a su hermana.

-¿De cuándo que ustedes conocen a Kaoru?-

-Yo antes la había visto algunas veces, pero muy pocas. No la conocemos muy bien, porque ella vivía con su madre y esporádicamente veía a su padre. No sé por qué la madre no quiere ayudarla, pero por eso padre se ha hecho cargo, tal como se lo pedía Kojiro en su testamento.-

-Bueno, Misao, Kaoru puede quedarse en esta casa. Dile a papá que esté tranquilo, que yo ayudaré a esa chica cuanto pueda.

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Cuando Kaoru despertó al día siguiente, su desayuno estaba junto a ella, con Kenshin sentado muy derecho esperando a que ella abriera los ojos.

-Buenos días, señorita Kaoru. ¿Ha dormido bien?-

La joven parpadeó un par de veces, confundida. Estaba tratando de recordar a ese hombre. Y dónde estaba.

Buscó con la mirada un pequeño cuadernillo junto a la almohada y al leerlo, se enteró de que estaba en casa del hermano de Misao, viendo lo de su universidad.

-Buen día. ¿Cómo se llama?- preguntó.

Los ojos de la joven estaban llenos de incertidumbres. Kenshin se preguntó si ella recordaría el beso que le dio la tarde anterior, porque lo que era él, no había podido pensar en otra cosa durante toda la noche.

-Kenshin, el hermano mayor de Misao. Seré tu casero.-

Cuando un chispazo de desconfianza atravesó la mirada de la joven, el pelirrojo supo que ella si recordaba lo del beso.

-Y… hem… lamento lo de ayer. Lo del… hum, beso. No era mi intención molestarte ni asustarte. ¿Podrás aceptar mis disculpas con este desayuno?-

Kaoru no dijo nada y observó con atención la bandeja. Tenía cosas apetitosas.

-¿Misao?-

-Ella ha regresado temprano a Kyoto. Te ha dejado saludos y ha hablado conmigo. No te preocupes por nada. Yo te cuidaré.-

La joven, de largo cabello negro, según pudo constatar Kenshin cuando se sentó en la cama, no dijo nada. Kenshin entonces notó que el cabello de su cabeza estaba muy corto en una parte. Mirando con cuidado, descubrió que entre medio había una cicatriz enorme.

-Tec abierto.- dijo Kaoru apurando un vaso de jugo.- tuvieron que rasurar esa zona para limpiarla, drenarla y coserla. Al menos el cabello ya creció un poco y no se ve pelada.-

-Lo siento.- repuso Kenshin.- No quería ser entrometido.-

-No lo ha sido. Y gracias por el desayuno. Está muy rico.-

-Me alegro de que te haya gustado. ¿Entonces, me disculparás?-

Kaoru lo miró con atención.

-Me parece que usted es el tipo de persona con quien es difícil enojarse.-

Después del desayuno, Kaoru precisó la ayuda de Kenshin para levantarse. Tenía una bota de yeso en el pie.

-Gracias.-

-No te preocupes. Ya te he dicho que te ayudaré en todo.-

El hermano de Misao resultó para Kaoru muy gentil. La llevó a la universidad y le ayudó con la matrícula. Luego se la quiso mostrar toda, pero Kaoru tenía un problema.

-No puedo caminar mucho. Me canso con facilidad. El yeso… -

Kenshin comprendió que entre el yeso y el bastón, Kaoru sufría para movilizarse.

-¿Cuánto pesas?-

-¿Ehh? Eso no se le pregunta a una dama.- protestó Kaoru. Pero Kenshin no le hizo caso y la tomó en brazos. Luego le enseñó la universidad, sus pisos y áreas hasta que en un momento ella le suplicó que la bajara.

El día en general fue muy animado para ellos. Kenshin simplemente hizo despliegue de todo su encanto con su joven invitada hasta que volvieron a casa y él insistió en preparar algo de cenar. Azorada, Kaoru pensó que era muy fácil enamorarse de un hombre así.

-¿Por qué usted es tan bueno conmigo?- preguntó Kaoru cuando Kenshin le sirvió un rico postre.

Kenshin le sonrió de forma seductora antes de decir:

-Pues porque siento que te conozco desde siempre. Por ejemplo… tal vez sé que te gusta mucho el color violeta.-

Kaoru sonrió.

-Y tal vez, sé que adoras los pasteles.-

La misma sonrisa pintada en el rostro de Kaoru.

-Y quizá… hum… odias la betarraga.-

La sonrisa de Kaoru parecía la de un ángel, hasta que Kenshin notó que sus ojos estaban arrasados en lágrimas.

-¿Te pasa algo, Kaoru? Respóndeme.-

La joven bajó la cabeza, juntando ambas manos sobre su regazo.

-Es que yo… no sé lo que me gusta.-

-¿Ehh? ¿Qué dices?-

-Que yo… señor Himura, yo… me gustaría responderle si es cierto que me gustan los pasteles o que si odio las betarragas pero lo cierto es que yo… no lo recuerdo.-

-Pero cómo… -

-Señor Himura… me siento muy perdida porque… tengo amnesia.

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Fin acto diez

El viaje de Kenshin

Octubre 14, 2008

Notas de Autora:

Hola!!

Un nuevo capítulo y estoy feliz de poder seguir con la trama. Estaba un poco indecisa sobre por cuánto continuar el fic pero como ya tenemos nueva historia, aunque relacionada con la anterior (El Viaje de Kaoru), ya también tenemos nuevo conteo de episodios.

Como han visto, una nueva Kaoru, algo mal por un accidente (si, si, Sanosuke tenía razón, había una Kaoru en este mundo) y que al parecer será el nuevo centro del universo de Kenshin. Pero, como todo no será tan fácil, veremos que nuestro pelirrojo tendrá una lección que aprender si quiere concretar ese amor que tiene. El padre ya le dio una pista que él no tomó muy en cuenta, pero que será determinante para el desenlace, en unos cuatro episodios más.

Kenshin y Kaoru en 1882 se quedaron felices y comiendo perdices por siempre, hasta que se mueran. De todos modos seguiremos teniendo noticias de ellos, porque parece que Kaoru ha decidido llevar un diario de vida, debido a una promesa que hizo a Kenshin antes de partir a casarse.

Como ya les he adelantado de más, y esperando que sigan leyendo esta historia y que les guste, se despide esta humilde escritora.

Besitos y abrazos a:

Gabyhyatt

Sakura K de Shinomori

The Hawk Eye

Pauli

Margo Channing

Alisse

White Lady EF

Haro Kzoids

Mei Fanel

Patri Himmura.

Son geniales!!