Donde puedas Amarme
Acto Once
Una chica distinta
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-Guau… es enorme. Y hermoso… ¿Acá practica?-
El piso del dojo Himura brillaba intensamente, a pesar de tener una ligera capa de polvo encima. Kaoru estaba anonadada admirando cada rincón y atrás de ella, Kenshin, orgulloso, se lo enseñaba con una gran sonrisa.
-Yo… a veces practico aquí, a solas.- mintió.- Pero también entreno en otro dojo, donde van muchas más personas. El kendo es un deporte que requiere mucha disciplina y estoy seguro de que tienes dotes para ello. -
-¿Dotes para el kendo? - Kaoru trató de forzar su memoria pero ninguna imagen o sensación relacionada con el kendo acudió a su mente.- En realidad no lo sé. No recuerdo eso.-
-Yo te puedo ayudar a recordar. Te mostraré algunos movimientos y te prestaré un shinai para que recuerdes como se siente.-dijo él con ilusión de que ella, como otra Kaoru que conoció, tuviera habilidades con la espada.
-Oh… es usted muy amable conmigo, señor Himura.-
Kenshin sonrió de un modo tan seductor que Kaoru sintió que sus piernas se volvían de gelatina.
-No me llames señor Himura. Llámame Kenshin, solamente.-
Kaoru miró hacia el suelo, un poco ruborizada.
Kenshin la encontró adorable y se preparó para mostrarle algunos movimientos, logrando que ella lo mirara extasiada. ¡Kenshin había nacido para la espada! En realidad, era muy fácil para ella imaginárselo en otra época, como samurai.
-Ahora te toca a ti.- le dijo Kenshin, alargándole el shinai. Kaoru, que estaba sentada en el dojo, se puso de pie con dificultad y se apoyó en su bastón. Luego trató de tomar la espada de bambú pero le costaba sostenerla si además debía mantener el equilibrio ayudada de un brazo. Tenía una seria disyuntiva.
-No puedo hacer esto todavía… no la puedo tomar con las dos manos.-
-Yo te ayudaré.- dijo Kenshin, poniéndose detrás de ella y tomándola por la cintura. Kaoru, con las mejillas asemejando un par de rojas manzanas, soltó su bastón y comenzó a mover el shinai hacia arriba y hacia bajo, pero su nuevo maestro la tuvo que corregir. -Espera, debes separar más las manos.-
-Creo que el kendo no es lo mío.- reflexionó Kaoru media hora después, cuando salió del dojo seguida de Kenshin que cerraba el lugar.- No tengo cualidades para esto y además, siento que mi cuerpo tampoco lo recuerda.-
-No te desanimes, pequeña. Después de todo, sufriste un accidente grave y estuviste fuera de circulación mucho tiempo. Es posible que con un poco más de entrenamiento, puedas recordar que eras una gran practicante de kendo.-
-¿Yo? No creo… no sé si lo era.-
-Claro que lo eras. Yo sé que tú eres muy buena para eso.-
-¿Si?… ¿Acaso mi papá se lo contó? -
Kenshin pensó que apenas había visto a Kojiro Kamiya un par de veces porque sólo era el mejor amigo de su padre, y él siempre estuvo muy ocupado en Tokio. Pero tal vez, decir una pequeña mentirita piadosa no esté mal.
-Claro que sí. Él me lo contó. Tú… eras una entusiasta de las espadas de madera y él tenía la ilusión de que fueras a un campeonato. Pero te faltaba confianza.-
A Kaoru le brillaron los ojos.
-¿Mi papá me quería mucho?-
-Eras lo que más amaba en este mundo.- le respondió Kenshin.- Decía que el sol de la mañana salía sólo para besarte la frente con sus rayos.-
-¿Realmente mi papá decía eso de mí?-preguntó con ilusión.
Kenshin la miró de frente a los ojos y Kaoru sintió lava ardiente correr por el interior de su pecho hacia el estómago.
-No sé si lo diría realmente. Pero es lo que pienso yo.-
-Oh… -
Kenshin se acercó un poco y Kaoru, que lo miraba embobada, retrocedió, por instinto. Pero su bastón se resbaló sobre una piedra del patio y ella perdió el equilibrio. Por eso Kenshin la tomó por la cintura y la pegó a su cuerpo.
-Espere… yo no…-
La joven puso sus manos entre el pecho de Kenshin y el de ella, porque al parecer éste iba a besarla. Pero Kenshin no se dio por aludido y llegó hasta sus labios. La besó suavemente, dándose cuenta de que los besos de Kaoru no eran como los de aquella joven venida de otra época aunque eran igual de buenos.
Cuando la dejó, ella mantenía los ojos cerrados. Le pareció una joven dulce y muy tierna. Se alegró al pensar que él era el primero que la besaba y si no lo era, sería al menos el primero al que ella recordaría y con esa idea, la abrazó.
-Me gustas mucho.- le dijo.
Kaoru no sabía que responder ante eso. Abrió la boca y la volvió a cerrar cuando no se le ocurrió nada. Luego de un rato algo vino a su mente.
-¿Usted y yo… nos habíamos visto antes?-
-Si. Nos habíamos visto una vez… y desde entonces me gustaste.- respondió Kenshin.- Y esta oportunidad de vivir contigo y cuidarte… ¡tenía que estar loco para no aprovecharla!-
Para ser sinceros, la cara de Kenshin se le hacía familiar a Kaoru, pero no recordaba de donde, aunque tal vez podía ser que se parecía mucho a su padre, el señor Kenjiro a quien había visto mucho últimamente. Y para seguir con la sinceridad, debía reconocer que a ella también le gustaba mucho Kenshin. Luego de la impresión de la primera vez que se vieron hacía algunos días (cuando él la besó sin preguntarle nada mientras ella seguía medio dormida) Kaoru había comenzado a prendarse de ese pelirrojo que hacía que su pulso se acelerara. Después de haber estado durante unos meses con una espesa bruma dentro de su cabeza, viendo tantas caras que le aseguraban ser de su familia, Kenshin le parecía un hombre encantador y muy confiable, en quien podría apoyarse en esta nueva vida. Se sintió muy afortunada.
-Me siento bien estando así con usted.-reconoció Kaoru.- Muy segura.-
Kenshin la besó entre los cabellos, loco de felicidad. Tenía una Kaoru para él. Una Kaoru suya… esta vez las cosas saldrían bien. De eso estaba seguro.
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-¿Amnesia?-
-Así es, Sano. Kaoru tiene amnesia.-
-Pero eso debe ser horrible.-
-Claro que lo es.
-¿Pero es total o parcial?-
-Yo no entiendo mucho de estas cosas pero al parecer es parcial. Es decir, ella recuerda las cosas que aprendió en la escuela, recuerda los kanjis y como escribir, pero no tiene recuerdos de ella, o de su vida anterior al accidente. Tampoco recuerda sus gustos. Dice que el médico le dice que esta amnesia puede deberse a una conmoción del accidente y que al parecer, tendría una trauma anterior al choque y por eso está bloqueando todo. -
Estaban en la hora de almuerzo y Kenshin y Sanosuke se habían reunido en el comedor de la universidad. A través de la ventana, miraron hacia el jardín, notando a la joven de la que hablaban avanzar con su bastón a través del campus.
-Vaya que es preciosa.- dijo Sano, mirándola con atención. - No puedo creer la suerte que tienes, Kenshin. Dos mujeres que se aparecen en tu casa, para ti. ¿Recuerdas que te dije que quizá ese amigo de tu padre podría tener alguna relación con una Kaoru de esta época? Deberías reconocer que en el fondo, soy un tipo muy sabio.-
Kenshin sonreía mirando a Kaoru hasta que ella desapareció.
-Ahh… realmente había una Kaoru para mí aquí. Ahora sólo tengo que ver el modo de hacerle ver que ella y yo tenemos que estar juntos.-
A Sanosuke le dio mala espina esa idea.
-Hey, amigo, no puedes forzar las cosas. Esta niña ha vivido cosas terribles y por otra parte, en un acto de valentía, ha comenzado a estudiar. Tiene muchas cosas en la cabeza y no creo que sea buena idea que trates de enamorarla sólo porque tú piensas que es la mujer para ti. Tal vez ni siquiera exista química entre ustedes.-
-Sano, claro que hay química. Yo lo sé, le gusto. Ella me lo ha reconocido. No puede ser de otro modo.-
-Pero… ella no recuerda cosas. Quizá esté enamorada de otro hombre y no lo tenga en su memoria en este momento, pero tarde o temprano lo pueda recordar. Entonces te dejaría para ir a buscarlo.-
Tomando una bolita de arroz, Kenshin miró hacia los jardines nuevamente, disgustado. Tenía tanto apuro en tener una relación con Kaoru que sentía que si tenía que dejar de enamorarla para esperar a que ella recuerde cosas sola, se iba a volver loco.
-El médico ha dicho que existe la posibilidad de que no recuerde nunca. Además, si ella después recuerda que tiene un novio, ya estará tan enamorada de mí que no va a importar.-
-Amigo, estás obsesionado con la Kaoru de la era Meiji. Debes tener eso en cuenta y tratar de no hacerle daño a esta niña que está en una posición de indefensión. No puedes forzarla, ni presionarla.-
Kenshin se tragó de un sorbo toda el agua de un vaso y acabó su almuerzo. Le urgía reunirse con Kaoru.
-Muy bien, Sano, amo tus consejos, pero ahora yo me voy.-
-Hey, ten en cuenta lo que te he dicho. Kaoru… -
-Si, sí, no te preocupes, capté la idea.- respondió el pelirrojo levantándose de la mesa.- Hasta mañana, amigo.-
Kenshin salió corriendo y cerca de las salas de clases encontró a Kaoru que anotaba una información aparecida en un diario mural.
-¡Hola!-
La joven se volvió hacia Kenshin tan repentinamente que perdió el equilibrio. Por eso él la sostuvo, contento de tener una excusa para tenerla tan cerca. Ella pensó que él siempre la ponía nerviosa pero eso le gustaba. Al menos, en ningún ramo era su profesor o la convertiría en un desastre.
-Hola, señor Himura.-
-Ya te he dicho que me tutees. Recuerda que somos amigos y compartimos la casa.-
Kaoru se separó suavemente del señor Himura y recuperó su bastón.
-Me sonaría un poco raro. Usted es tan mayor… -
-No soy tan mayor. Sólo tengo treinta y uno. Te llevo once años.-
-¿Y cómo sabe usted mi edad exacta?-
-Hem… Misao me lo dijo.-
-Ahh…- Kaoru pensó un poco y luego preguntó.- Usted y yo, me sigo preguntando… ¿no nos habremos visto antes?-
-¿Antes? ¿Pero de qué?-
-Es que… su cara se me hace familiar. Siento que ya lo había conocido antes pero… no estoy segura.-
-Ya sabes que antes nos vimos en casa de mi padre. O tal vez es que soy parecido a él. Ya sabes, el cabello rojo, los ojos…-
-Oh, si, sus ojos, son muy bonitos. A veces me pregunto si no será que usted usa lentes de contacto.-
Kenshin rió y a Kaoru le pareció un sonido hermoso, pero decidió no comentarlo.
-¿Y hasta qué hora tienes clases hoy?-
Kaoru hizo una mueca y de inmediato consultó su agendita.
-Hasta las… dos de la tarde.-
-Vaya, qué bien… yo también termino a esa hora. Podemos irnos juntos a casa.-
Kaoru asintió y luego entró a clases. Kenshin, sonriendo, se fue pensando en que cuando matriculó a Kaoru en la casa de estudios, él se ofreció a ayudarla a armar su horario. Y desde luego que hizo todo lo posible para que coincidiera con el de él, asi que dos días salían a la misma hora y el resto él la esperaba una media hora. Como los primeros días había poco que hacer en la universidad, la invitaba a salir por ahí para conocer la ciudad.
-Hoy visitaremos las tiendas de manga. Quizá eso te guste.-
Kaoru como siempre le había sonreído y se había dejado guiar por él.
-Gracias, Kenshin. Es usted genial.-
Kenshin se dejó abrazar por ella y a su vez le rodeó la cintura con las manos. Cuando Kaoru intentó separarse, él no la soltó.
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-Voy bien, Sano. Muy bien. Como no te haces una idea. Vivimos juntos hace mes y medio y ya la tengo lista. Kaoru es mía.-
Sanosuke miró de reojo a su amigo. Últimamente, su tema de conversación eran los avances que tenía con Kaoru.
-¿Recuerdas que a Kaoru le sacaron el yeso del pie hace unos días? Ayer llegó hasta el gimnasio cuando yo estaba con el equipo de Voleibol. Iba acompañando a una amiga que se iba a inscribir.-
-¿Y eso qué?- dijo Kenshin.
-Pues… que la pelota llegó a los pies de tu protegida-novia y ella la recogió. Luego, como si fuera lo más natural del mundo, la lanzó pegándole con la muñeca. Cuando vi su cara de sorpresa ante eso, supe que al parecer, ella recordó algo. Quizá tenga habilidad para ese deporte. En realidad tiene la habilidad porque el golpe que le dio fue perfecto. Eso no lo hace cualquiera.-
Por alguna razón, a Kenshin no le gustó mucho esa idea. Kaoru, que los divisó, avanzó hacia ellos.
Todavía cojeaba un poco porque inconcientemente le daba miedo apoyar el pie completamente en el suelo sin su bastón. Al llegar junto a Kenshin le sonrió como si estuviera viendo la cosa más bella del mundo. Y luego a Sanosuke. Entonces, sacó un papel de su bolso.
-Maestro… la doctora me ha dicho que aún tendré que usar una venda en el pie y hacer ejercicios compensatorios. Pero que puedo practicar deporte si lo hago con cuidado y no fuerzo mucho mi tobillo. No sé si esté bien, pero me gustaría estar con su equipo.-
Sanosuke tomó el papel con las instrucciones de la doctora de la universidad y miró luego a Kaoru.
-Señorita Kamiya, usted puede venir a ver las prácticas cuando quiera y eventualmente la iremos integrando al entrenamiento. Iremos al ritmo de recuperación de su pie, ¿le parece?-
-¡Claro que sí!, ¡Oh, maestro, gracias! ¡Kenshin, Kenshin, jugaré voleibol!.- le dijo luego al pelirrojo con una inmensa alegría, al tiempo que éste se despedía de su amigo y caminaba con ella por el campus.- Ayer lo supe, cuando tomé esa pelota… ¡yo practicaba ese deporte!. Y lo he estado pensando mucho… quizá practicaba kendo para complacer a mi padre, porque no me siento muy cómoda con una espada en la mano. Pero la cosa cambia con una pelota. Ahh… tengo tanto por descubrir de mí misma.- suspiró alegremente.
Durante la tarde, en casa, Kenshin insistió en que Kaoru lo acompañara a las prácticas en el dojo de su maestro Hiko. Kaoru finalmente accedió.
-Pero debo regresar temprano, porque tengo un dibujo que entregar mañana y me queda terminarlo.-
Caminaron tomados de la mano hasta el dojo Nitsu y cuando salió el maestro de Kenshin, saludó contento a Kaoru.
-Hola, señorita… asi que ha decidido honrarnos con su visita.-
A Kaoru le pareció de lo más simpático y atractivo ese hombre mayor. Al entrar al dojo, notó que los estudiantes le sonreían y eran todos muy amistosos. Era como si la conocieran y no que la estaban viendo por primera vez.
-Hey, Kaoru, hemos practicado mucho. Esta vez si podremos ganarle.-
-Jajajaja, tú practicaste limpiando baños.- dijo un joven, anudándose bien el hakama, muerto de la risa. La mayoría de los estudiantes todavía estaban limpiando baños como el castigo que les impuso el maestro Kakunoshin, pero como Kaoru no tenía modo de saber eso, no entendió mucho lo que le decían y se puso la ropa que le prestó Kenshin sin cuestionarse demasiado ello. Luego lo siguió al medio del salón para hacer algunas catas con los demás. Nerviosa, notó lo mucho que la miraban.
-Lo haces muy bien.- le dijo Kenshin palmeándole el hombro. Kaoru sonrió, pasando saliva nerviosa. ¿Realmente ella practicaba antes el kendo?
Kakunoshin decidió iniciar una ronda de demostraciones. Kenshin y Kaoru salieron al frente y cuando el pelirrojo atacó a la joven, ella, que ya conocía sus movimientos, lo pudo esquivar sin mayor problema. El problema fue cuando treinta jóvenes rodearon a la joven, con sus shinai en alto.
-¡¡Ahora sí, señorita Kamiya, nos tendrá que entrenar!!- gritaron varios a coro, lanzándosele encima. Kaoru, que vio una montaña humana caer sobre ella, hizo lo que una mujer común y corriente haría en ese caso: Soltar el shinai, doblar las rodillas y cubrirse la cabeza.
Tarde comprendió Kenshin que su intento por hacer que Kaoru "despertara" sus habilidades para el kendo no iban a funcionar. Pero mientras, Kaoru la estaba pasando mal, porque sintió en sus brazos y en su tronco miles de golpes.
-¡¡DÉJENLA YA!!- Tronó una voz. Kakunoshin, enfurecido a decir basta, se abrió paso entre sus estudiantes. -¡¿Qué acaso no notaron que ella dejó caer su shinai?! ¡¡Estaban golpeando a una mujer que no se defendió!! ¡¡Qué vergüenza para esta escuela!!-
Kenshin llegó hasta Kaoru que en el suelo, seguía agachada, con la cabeza hundida y temblando considerablemente. La tomó en brazos.
-Pero Kaoru, dime, ¿por qué no te defendiste? Te enseñé ese movimiento… -
Kaoru, que ocultaba el rostro en el cuello de Kenshin y se aferraba fuertemente a él, empezó a llorar.
-No sabía… me dio miedo… ¡no me gusta el kendo, no me gusta!- replicó con vehemencia. Mientras, Kakunoshin regañaba a sus alumnos, aumentándoles la sentencia a limpiar baños y duchas con sus cepillos de dientes por un año. Luego se acercó a Kenshin.
-No entiendo qué le pasó a la señorita Kamiya. ¿Acaso tiene un problema?.-
Kenshin, que había dejado a Kaoru a solas en el baño lavándose la cara, le habló en voz baja al maestro.
-Sufrió un accidente y se golpeó fuertemente la cabeza. Perdió la memoria y la traje con el fin de que recordara esta práctica, pero parece ser que además perdió su habilidad.-
-Ya veo.- en eso salió Kaoru del baño.- Señorita Kamiya, por favor, reciba mis excusas a nombre mío y de mis estudiantes. Kenshin me ha hablado de su accidente y espero que usted pueda recuperarse. Usted era un gran valor del kendo… -
-¿Yo? Pero si soy tan torpe… yo no recuerdo haber venido… -
-Pero mi dama, si usted era la princesa del kendo. Yo nunca había visto nada igual. De todos modos, no se ocupe de eso ahora. Lo más importante es que se recupere.-
Kaoru subió su alicaída autoestima. ¿Ella buena en el kendo? No podía creerlo.
-Gracias por el apoyo, señor Nitsu. Tendré en cuenta sus palabras.-
-Y usted, venga cuando quiera, aunque sea sólo para mirar. Mis estudiantes no le harán daño y podremos entretenernos todos.-
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-¿Te sientes mejor?-
Kaoru aún tenía los ojos un poco rojos, pero asintió.
-Es raro para mí pensar que soy tan buena en algo que ahora no recuerdo. Es tan confuso… -
-No te preocupes por eso. Tarde o temprano recuperarás tu habilidad.-
La joven caminaba con la cabeza un poco baja. Tenía tantas preguntas y lo peor es que no había una respuesta clara para ninguna.
-Lo siento. Aún me siento avergonzada por el papelón en el kendo.-
Kenshin se paró delante de ella y le acarició una mejilla.
-Shh, no te preocupes por eso. Hazle caso al maestro Nitsu y tómate esto con calma. Ya te recuperarás.
-¿Y si no recuerdo cosas nunca?- preguntó Kaoru. Kenshin le iba a responder algo cuando una suave música llegó a sus oídos y Kaoru prestó atención. Estaban en las afueras de una disquera. -Qué tema tan bonito… -comentó distraída.
Kenshin escuchó la música e hizo una mueca, porque no era muy de su gusto. Era un tema moderno y notó que Kaoru, con una tremenda sonrisa, empezaba a tararear. Y luego se metió a la disquera.
-Señorita, ¿qué canción es esa? ¿Quién la canta?-
La dependienta de la tienda miró a Kaoru con extrañeza y buscó el disco. Luego se lo mostró y le señaló el tema.
-El cantante es Hide y la canción se llama "Hurry go Round" . Si quiere, puede escuchar el disco completo en esos audífonos de allá.-
-Gracias.-
Kaoru se puso los audífonos y siguió las instrucciones para usarlos. Kenshin, a su lado, la veía mover sus labios y tararear con una voz mucho más que armoniosa. Luego de unos minutos, Kaoru se revisó los bolsillos del pantalón de mezclilla que llevaba y se dirigió al mesón.
-Me lo llevo.-
Al salir de la tienda, Kaoru tomó la mano de Kenshin mientras en la otra llevaba su bolsa con un disco adentro.
-¿Y eso? ¿Acaso recordaste algo?- le preguntó Kenshin ligeramente molesto.
-Claro que si. Creo que esta música me gusta mucho. No te lo tomes a mal, la tuya es muy hermosa pero pienso que antes, yo escuchaba más de esto.-
Ya en casa, Kaoru se encerró en su cuarto, poniendo su nuevo cd en un pequeño equipo que tenía. Ayudada por la inspiración que los temas le proporcionaron, ella pudo terminar su dibujo a tiempo para descansar.
Pero Kenshin, que estaba sentado en su sofá viendo distraído televisión, no estaba contento para nada. Kaoru al parecer odiaba el kendo, amaba el voleibol y la música moderna. Además, ya llevaba como un mes en su casa y nunca la había visto ponerse un kimono, y eso que él le obsequió las ropa que usara antes Kaoru que viajó en el tiempo. Pero esta Kaoru… ella prefería los jeans de mezclilla, las zapatillas y los desayunos a base de sándwiches de jamón. Era demasiado moderna y occidental ahora que lo pensaba, para su gusto.
Como si la hubiera invocado con sus pensamientos, Kaoru llegó a acurrucarse contra él al sofá. La joven le hizo cariños en la mejilla restregándole la suya y luego lo besó en los labios. De inmediato le rodeó la cintura con los brazos.
-Te quiero, Kenshin.-
-¿Oro?-
Ella, cariñosa, se quedó junto a él para ver televisión. Él la acogió bajo su brazo y no quiso pensar de momento, en lo que le molestaba de ella. Total, todo eso se podría cambiar.
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1882
-Acá tiene.-
Kenshin puso un enorme paquete frente a los ojos de Kaoru. Ella no entendió nada hasta que él se lo pasó para que lo descubriera.
-Ahhhh, Kenshin… es, es… es hermoso… - dijo la joven con asombro.- Yo… ¿un diario de vida?-
-Si. Es para usted. Viene con un set de tintas y pinceles.-
-Pero Kenshin, esto debió costarte una fortuna… -
El pelirrojo sonrió.
-No se preocupe por eso. Es lo de menos.-
Kaoru abrió el diario de vida y repasó sus muchas páginas en blanco. Tenían un olor extraño, pero agradable.
-Pero… no entiendo. ¿Por qué… ?-
-¿Por qué el regalo?- completó Kenshin. Kaoru asintió.- Porque no siempre tendrá la confianza de desahogarse conmigo en algunos temas y podrá escribir aquí sus cosas. Además, porque pensé que esto le gustaría y yo quería hacerle un regalo. La quiero tanto…- añadió mirándola, entrecerrando los ojos.- No importa lo que haga, me parece poco en comparación a lo que usted se merece.-
-Vaya… - Kaoru sonriente examinó el obsequio y con cuidado lo guardó. Luego se volvió hacia Kenshin, que ya se estaba recostando al lado de ella. ¿Cómo podría agradecerle tanto cariño? Por que si había algo que él le había brindado en esos días era cariño a manos llenas. Y lejos de disminuir con los días, aumentaba. Y a ella le encantaba.
Guardó su diario con cuidado y de pronto, sonriendo, tuvo un recuerdo de su viaje a otro mundo.
Cuando Kaoru estuvo en el 2008, a veces, a escondidas, le echaba una ojeada al canal ese donde la gente tenía sexo. El tipo siempre ponía caras graciosas y ella también porque al parecer, la pasaban muy bien. Y mirándolos, había aprendido un par de cosas que pensó, podía aprovechar ahora con su pelirrojo esposo. Miró a Kenshin de reojo, con la boca repentinamente seca. Él estaba recién bañado, olía muy rico y ella… tenía muchas ideas, por lo que echó los edredones hacia atrás y luego, riendo, le abrió la yukata.
-¿Kaoru?- dijo Kenshin confundido al verla actuar. ¿Qué se traía entre manos? No tuvo que esperar mucho a que ella le respondiera, porque se inclinó sobre su miembro, rodeándolo con los labios. -¿Oro… ?… Ahhhh… oh… oro…-
La erección de Kenshin apareció con la velocidad del rayo y si antes la boca de Kaoru abarcaba todo su miembro, ahora sólo lo hacía con una puntita. Notó su textura sedosa y movió la lengua entonces, acariciándolo y escuchando un suave gemido masculino, haciendo que el pobre pelirrojo viera toda una constelación de estrellitas. Kaoru pensó que nunca había sentido a su esposo así y le gustó mucho enloquecerlo un poco de ese modo. Sin embargo, no se dio cuenta, porque no tenía la experiencia, que él estaba gozando de tal modo que ya estaba llegando a su límite y estaba bastante desesperado.
Por eso, cuando sintió que no podría soportarlo más, él se incorporó en un movimiento imprevisto, tomándola de las muñecas y volteándola sobre el futón.
-Creo que le gustó mi regalo… -dijo un poco descompuesto. Kaoru tenía ganas de reír con su expresión.
-¡Oh, Kenshin, que adorable te ves! Y creo que sin duda a ti te gustó el mío.-
Kenshin rió quedo y le abrió la yukata, para penetrarla en un movimiento rápido, logrando que ella se arqueara ante la embestida mientras se adaptaba a la invasión de su cuerpo. La joven sintió que él mordisqueaba apasionado su cuello, mientras ella arañaba su espalda caliente y su trasero. Ella pensó que esta versión de su calmo pelirrojo era todo un descubrimiento y le gustaba mucho y ahora que lo pensaba, podía emplear sus conocimientos para darle más sabor a su matrimonio. Estaba segura, y este fue su último pensamiento más o menos racional, de que tenía una docena de ideas más que gustosa compartiría con él y que Kenshin le agradecería haber aprendido.
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2008
Ese día Kaoru había terminado antes sus clases y decidió hacer algo nuevo. Se sentía preparada para enfrentar el mundo sola, aunque fuera por un ratito.
-Además, si llego antes de que Kenshin salga, él no se enterará.- pensó.
Había visto en su camino hacia la universidad una tienda de colchones. Decidió que los futones eran lindos y románticos, pero ella no lograba acostumbrarse aunque Kenshin le decía que eran buenos y que captaban el espíritu del japonés y otro montón de cosas. Es que él era un hombre muy tradicional.
Un adorable, sexi y atractivo hombre tradicional.
Entró a la tienda de colchones y el vendedor le sugirió, para su problema, un colchón inflable.
-Lo podrá guardar cuando quiera en un pequeño espacio, llevarlo a otros lugares, ya sabe usted, que es universitaria, pasará mucho tiempo en casa de sus compañeros. Y este es de una calidad insuperable. Además, le podrá poner su futon encima.-
-Genial.-
-Viene con un pedal para que lo infle con un motor a corriente. De todos modos, si pisa en este sector repetidas veces, estará inflado en apenas un par de minutos.-
Kaoru hizo su compra y viendo que ya el reloj estaba yendo en su contra, echó la cajita dentro de su bolso y echó a correr. Estaba más retrasada de lo que pensaba.
-Kenshin se va a enfadar si sabe que he salido sola.- Kaoru corrió más rápido y descubrió que su cuerpo era muy ágil en eso, a juzgar porque pudo cubrir una gran distancia en pocos minutos y se cansó mucho menos de lo que pensaba.
Recordó, como si una voz le llegara distorsionada desde un lugar lejano, una conversación entre hombres.
"-Posiblemente ella sea deportista. Gracias a eso se está recuperando rápido. Los niveles en su sangre son más que buenos, su musculatura es excelente.-
-Si. Es una lástima que jóvenes que desperdician su vida, estén a punto de matar a niñas sanas como ésta.-"
Kaoru se detuvo en seco de su carrera. Ya había llegado a la universidad y se metió en un baño para arreglarse un poco. Trató de ubicar la conversación que había recordado en algún momento de su vida pasada, pero al parecer, había sido después del accidente. Nuevamente eso no le decía nada sobre quien había sido antes. O tal vez si. Eso reafirmaba la idea de que antes, Kaoru Kamiya practicaba algún deporte.
-La señora que decía ser mi tía y el joven que decía ser mi primo no me ayudaron mucho en mis recuerdos, porque decían que yo había vivido en Inglaterra con mi madre y que apenas me conocían. Ni siquiera había cosas mías en casa de mi padre, aunque si gran parte de mi ropa. Parece ser que yo me mudé con él, pero… ¿por qué?. Está todo en esa horrible niebla espesa que todo lo envuelve… -pensaba la joven.
Acabó tomándose la cabeza mientras salía del baño, masajeándose las sienes. En eso la descubrió Kenshin, que la estaba buscando para irse a casa.
-Kaoru, Kaoru… ¿pasa algo?-
Kenshin abrió los brazos y ella de inmediato buscó refugio entre ellos.
-Kenshin, por lo que más quieras, no me dejes. No lo hagas nunca… estoy tan perdida. No recuerdo nada, nadie puede ayudarme y eres lo único que tengo seguro para mí, en esta nueva vida. Por favor, si un día te olvido y no te recuerdo, no me dejes sola. Aunque te mire sin conocerte, haz lo posible para que esté al lado tuyo.-
-Cuenta con ello, pequeña.- le prometió, abrazándola. -¿Quieres ir a casa?-
-Si, por favor.-
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Pasada la crisis, Kaoru volvió a ser la chica alegre que a él le gustaba ver. Al parecer, era además, una muchacha parlanchina. Ahora que tenía más y nuevos recuerdos sobre nuevos amigos en la universidad, tenía más temas de conversación.
-Y Tsubame tiene un papá que fue luchador de sumo. Es increíble verlos, porque él es muy grande y muy gordo, y Tsubame y su madre son pequeñas y delgadas. A veces me pregunto cómo le hace para no romperlas cuando las abraza.-
-Eso es saber medir la fuerza. Los expertos pueden hacerlo. Pero si fue luchador de sumo, ¿por qué lo dejó?-
-Hum… - Kaoru trató de recordar y luego suspiró.- Creo que no grabé esa parte de la historia.-
-Pero al menos ya puedes recordar más cosas que antes, ¿no?-
-Ajá, claro que sí. Ya sabes, soy una mujer fuerte.-
Kenshin sonrió con la frase. Fue lo mismo que le dijo Kaoru de 1882 tiempo atrás. Su Kaoru…
-… y entonces Yahiko dijo que estaba enfermo y todos se rieron mucho de él. Jajajaja, ¿no te parece gracioso?-
-Claro que lo es.- respondió Kenshin forzando una sonrisa.-¿Sabes Kaoru? Sanosuke me dijo que habrá una fiesta en Noviembre por aquí cerca. Me preguntaba si querrías acompañarme. Nos divertiremos.-
-¿De verdad? ¡Genial! ¡Una fiesta tradicional!-
-¿Acaso te gustan?.- preguntó Kenshin emocionado.
-No lo sé.- respondió Kaoru, dejando tan repentinamente su entusiasmo que resultó hasta cómico.- Pero la señora que decía ser mi tía me contó que a mi papá le gustaba mucho llevarme a las fiestas de los templos. Que me ponía un kimono, unos lazos hermosos y una coleta con un pañuelo de seda adornándola. No sé… tal vez, si voy a una de esas fiestas, pueda recordar alguna sensación relacionada con él.-
-Bien. Entonces iremos a la fiesta.-
-Hem… y Kenshin… yo… ¿puedo usar uno de esos kimonos que están en el ropero antiguo que hay en mi habitación? Son muy bonitos.-
-Claro que puedes usarlos, Kaoru.- respondió Kenshin feliz.- Son tuyos. Te los regalé cuando llegaste.-
Por la mirada que le echó Kaoru, Kenshin supo que ese momento se había borrado de la memoria de la chica. ¡Por eso no se los ponía!
-Y… si te interesa saberlo, los vestidos que están ahí son tuyos también. Si te gustan, claro.-
-¿Son míos? ¡Son míos! Kenshin, gracias… son tan bonitos. Me los había probado, pero no me los atrevía a usar fuera del cuarto. Pensé que te enfadarías por usar algo que no es mío. -
-Por si acaso, anótalo en tu agenda para que no lo olvides. La ropa que estaba en ese ropero es toda tuya y puedes usarla cuando desees.- dijo Kenshin con ligereza. - Por cierto… hem, disculpa la pregunta pero… ¿recuerdas cómo ponerte un kimono?-
La sonrisa en el rostro de Kaoru se desvaneció. Y volvió a reaparecer.
-Ya aprenderé, hay mucho tiempo. Le preguntaré a Tsubame.-
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Fin acto once.
Octubre 17, 2008.
Notas de Autora.
Mis muy estimadas y estimados...
Haro Kzoids
KagomeKaoru
A KaoruHimura
Nyachan
Pauli
Etterna Fanel
Gabyhyatt
MargoChanning
Kanke-chan
Dark-Cam
White Lady EF
Les queria comentar que por primera vez en mucho tiempo he tenido tiempo, entusiasmo e inspiración para seguir con un fic (creo que eso me pasó con actuación sin libreto hace años). De hecho, tengo dos episodios más escritos y me falta el último, asi que no hay que preocuparse porque antes que finalice noviembre veremos el final de esta historia. Veamos, como actualizo todos los jueves por la tarde, hem... tendremos final para el 14 de Noviembre, más o menos. Aún no decido por un epílogo, aunque estaría bien para que veamos que fue de Kenshin y Kaoru 1882.
Alguien me comentó que la idea de una Kaoru con amnesia no le hacía mucho sentido, pero como habrán notado, había un motivo para ello porque Kenshin se torna un manipulador. Dudé bastante con esta parte de la trama al hacer quedar al pelirrojo como villano, y puede que me odien por eso, pero un poco de drama de vez en cuando no está mal. Además, Kenshin aprenderá una lección importante que ya ha escuchado pero que no quiso asimilar.
Incluí algo de lemon en este episodio y en el próximo habrá más (se me suben los colores al rostro de recordarlo). Por ahora estoy corrigiendo algunos problemas de edición y decidiendo algo con respecto al final. Mi esposo me ha sugerido algo bastante sórdido, como una Kaoru embarazada, reencuentro tras muchos años... pero creo que a él le dejaré las decisiones domésticas porque en el fic mando yo. Aunque ahora que lo pienso, su sugerencia es más que buena. Hum… lo envidio.
Kenshin y Kaoru 1882 siguen con sus apariciones. Mmm… que grato es escribir cosas felices sobre ellos. En fin, les mando besitos y abrazos. Les quiero. Espero terminar pronto para dedicarme de lleno a Prisionera.
Blankaoru.
