Forever.

Capitulo: 2

La desaparición y el interrogatorio.

….

Jonathan caminaba a ver a Mina despues de arreglar con Lucy una cita para reunirse con la mujer que haría las invitaciones para la boda. Toco al timbre pero nadien respondió, eso le extraño ya que ella a estas horas estaba arreglando la casa antes de irse para el hospital. La busco por todas partes pero parecía que se la había comido la tierra.

—Qué extraño—murmuro mientras se agachaba para recoger del suelo un separa libros que era de Mina. Estaba junto a un pequeño tallo de flores algo maltratado.

—Grayson.

Pensó entrecerrando los ojos para después darse la vuelta y tomar un carruaje hacia la mancion Carfax.

….

Alexander por su lado estaba terminando de arreglarse para ir a trabajar cuando Renfield toco a la puerta.

—Señor, Harker pide hablar con usted.

El vampiro apretó los puños.

—Que se valla—dijo cortante mirando su reflejo calmando a la bestia.

—El pide saber del paradero de la señorita Mina.

Ampliando sus ojos Alexander se giró a ver a su siervo.

— ¿Como que su paradero?

Renfield dio un paso atrás intimidado por el fuego en los ojos de su empleador.

—Él al parecer no sabe dónde está. —susurro bajo apartándose del camino del vampiro que bajo furioso a hablar con Jonathan que tuvo la misma reacción que el moreno sirviente al ver la expresión en la cara de Alejandro.

— ¡Harker como que no sabe dónde esta Mina! —grito llegando a tomarlo por el cuello de su camisa.—¡Se supone que debe cuidarla!

Jonathan trago desesperado el aire.

—Solo…encontré esto en la calle cerca de su casa.

Alzo lo que encontró y Alexander amplio sus ojos cuando vio las flores rosáceas que juro que jamás vería a partir de la hoguera.

—Pensé que estaría aquí. —argullo el periodista sobándose el cuello mientras se incorporaba del suelo donde Alexander lo había arrogado.

—Pero cómo ve la señorita no está aquí.

Renfield fue a pararse frente a Jonathan.

— ¿Bueno entonces dónde está? —pregunto mirando entre el moreno siervo y el vampiro que no dejaba de pasar los dedos por los pétalos de aquella flor.

….

Mina se quedó mirando las torres que se extendían hasta el cielo. Nunca había visto un castillo antes, y este se veía tan intimidante que sus pies se quedaron clavados en el suelo por un rato mientras Fausto y los soldados desmontaban.

—Bienvenido señor.

Un grupo de mujeres se pararon frente a Fausto y tomaron la caja pesada.

— ¿El príncipe está presente? —pregunto quitándose el abrigo de piel que llevaba.

—Salió a entrenar con su hijo y las tropas.

Fausto asintio.

—Cuando regrese me gustaría hablar con él.

Sonriendo desengancho la cuerda de la silla de su caballo y miro a las tres mujeres.

—Tengo un pequeño obsequio para su majestad. —dijo con burla antes de entregarle a la mayor del grupo la cuerda.

—Que la preparen mientras tanto.

Mina miro a fausto con odio puro mientras él se iba por un oscuro pasillo. Definitivamente esto era similar a su propio tiempo.

— ¿Marion que hacemos? —pregunto la más joven del grupo apretando la tela su delantal mientras miraba de vez en cuando a la mujer atada.

—Como que hacemos Juliet, lo que nos ordenó el señor Fausto. —respondió Marion soltando la cuerda y desatando los nudos en las manos de Mina que suspiro aliviada.

—Hay que limpiarla.

Girándose hacia la otra sirvienta que había estado mirando hacia los pies llenos de lodo de Mina, Marion le pidió le preguntara su nombre ya que de todas era la única que entendía la lengua local. Pero Mina no entendió nada de lo que decía.

—Creo que no me entiende.

Marion torció el gesto.

— ¿Entonces qué hacemos Marie? —pregunto cruzándose de brazos.

—Y si es sorda…

Ambas observaron por un rato a Juliet para después girarse a ver cautelosas a Mina.

—Tienes razón Juliet.

Confundida Mina se dejó arrastrar hasta un cuarto donde esas tres mujeres le dejaron un cambio de ropa y un par de zapatos antes de salir dejándola a solas para que pudiera digerir lo que había pasado hace apenas unas horas.

Había sido vendida a un hombre que tenía pensado usarla como obsequio para un príncipe, estaba atrapada en una especie de sueño, oh alucinación.

—Dios mío…

Se tocó la frente y suspiro hondo. Sueño, oh alucinación iba a encontrar la forma de regresar a su vida, y a su tiempo.

Todo estará bien Mina.

Levanto la cara para ver a la misma mujer que había visto en el bosque de pie frente a ella tendiéndole el mismo cambio de ropa que le dejaron el grupo de sirvientas.

—¿Quién es usted? —pregunto levantándose rápidamente. — ¿Cómo sabe mi nombre?

—Bueno eso deberías de saberlo ya que tú me llamaste.

Mina amplio sus ojos.

— ¿yo?

La mujer asintio.

—Al poner en la caja los pétalos de rosa tenías una pregunta en mente… ¿oh me equivoco?

Mina cerro los ojos tratando de recordar.

—Quería saber del secreto de Alexander—murmuro abriendo poco a poco los ojos. — ¿Pero eso que tiene que ver con que este aquí?

La mujer le entrego la ropa.

Para entender tienes que vivir la vida de esta mujer fuertemente vinculada a Alexander Grayson.

Camino hacia la ventana.

Pero cuidado el menor cambio en si puede modificar el pasado, pero no cambiar el destino que ya está escrito.

Mina quería preguntar más pero los golpes persistentes en la puerta la distrajeron y dieron tiempo a la mujer de desaparecer entre la neblina.

—Oh, gracia a dios que esta aun aquí. —dijo Juliet exhalando un suspiro profundo.

—Pero no se ha cambiado.

Juliet miro a Mina aun perdida en lo que acabada de pasarle y se golpeó la frente.

—Olvide que no escucha.

Mina parpadeo un par de veces.

—Yo no soy sorda y si te entiendo. —dijo sonriendo levemente.

—Oh…soy Juliet Vassoll…una de las doncellas del castillo…

Riendo Mina le devolvió el saludo.

—Y tú… ¿cuál es tu nombre?

—Min…Ilona…—respondió riendo nerviosa por el hecho de que casi comete una imprudencia. No podía decirles su nombre, quien sabe qué consecuencias podría traer en el futuro cuando quisiera regresar.

—Mucho gusto entonces Ilona.

Juliet sonrió amablemente.

—Bienvenida al castillo tepes.

Mina asintio.

—Ahora sería bueno que te cambiaras. —Julie dijo empujándola de nuevo hacia la habitación donde cambio el vestido colorido que traía por este más sobrio que era obviamente solo para las doncellas.

Mina suspiro hondo mientras terminaba de acomodarse los zapatos. Podía hacer esto, ella tenía que cumplir para poder regresar a su vida normal, aunque no supiera bien a que se enfrentaría después.

—Juliet, ya es hora de la comida del amo.

Juliet miro insegura la puerta, Marion le había pedido que esperara a la nueva. Pero no podía ir y obligarla a salir cuando obviamente necesitaba tiempo para digerir todo lo sucedido.

— ¡Ya voy! —grito dándole una última mirada a la puerta antes de irse corriendo hacia la cocina del castillo.

Mina salió después ya más acorde con la gente de este castillo tan lúgubre. Ahora solo le quedaba acomodarse la diadema gruesa de tela color blanco.

—Escuche que papa ya está de vuelta, hermano sabes que querrá saber dónde está el príncipe.

Escondiéndose entre la maleza Mina observaba a la pareja que venía hacia donde había estado cambiándose.

—Bueno solo le diré la verdad.

La mujer rubia miro con fastidio al castaño.

—Darius que hiciste, dime la verdad.

Darius sonrió anchamente.

—Bueno, solo te diré que la práctica de hoy no fue placentera para Vlad.

Mina noto como la mujer rubia ampliaba sus ojos.

— ¿Qué hiciste Darius?

Regocijándose de la angustia que vio en los ojos de su hermana. Darius rio complacido.

—Practicar, que más Victoria.

Comenzó a caminar hacia el castillo atraves del sendero de piedra con su hermana detrás de él. Hoy definitivamente todo le había salido a la perfección, solo bastaba esperar a que el príncipe empalador se terminara de pudrir en su propia sangre para que pudiera dar aviso a su padre.

Justo cuando fuera lo bastante tarde como para que alguien pudiera salvarlo.

…..

Por su parte Jonathan y Alexander salieron a buscar a Mina. Cada uno por lado recorrió todo Londres parando en una que otra parada usual que Mina normalmente tomaría.

Al final de la tarde nadien tuvo éxito y eso no aliviaba en nada la preocupación de los dos hombres.

—Es imposible que no aparezca Renfield—se quejó Alexander golpeando su escritorio con el puño cerrado asustando al pobre de su siervo que dio un salto.

—Señor sería bueno preguntarle al doctor Murray sobre anoche. Tal vez él sepa algo que ayude.

Él vampiro negó.

—No veo para que preocuparlo, además ya tengo suficiente con Jonathan y la señoríta Westenrra.

Después de rodar los ojos Alexander se levantó y antes de bajar hacia la sala donde lo esperaban sus indeseables invitados armando todo un escándalo en lugar de encontrar a Mina.

—Bien Jonathan dime que paso.

El periodista asintio.

—Pensé en recoger a Mina para reunirnos contigo en tu casa, pero su padre me dijo que desde muy temprano no la había visto.

Lucy asintio.

—Pero después de buscarla me percate de había desaparecido. —acabo en un susurro angustiado dejando caer su rostro entre sus manos.

—Ella ayer estaba muy normal…bueno…

Ella le dio una mirada a Alexander.

—Usted desapareció por un buen rato ayer en la sastrería señor Grayson.

Jonathan dejo de lamentarse para mirar a su ex empleador. Él y Mina, juntos y solos, no podía significar nada bueno para el seguramente.

— ¿Dónde estaba, podría preguntar?

Lucy le dio una mirada aguda a Alexander que simplemente negó con una media sonrisa. Lo estaban involucrando en la desaparición de Mina, cuando él era quien estaba más angustiado teniendo en cuenta su larga lista de enemigos ganados.

—Bueno señorita Westenrra estaba atendiendo varios asuntos personales. —contesto sosteniéndole la mirada incriminadora.

—Qué extraño porque su asunto personal.

Hizo las comillas con sus dedos en un ademan ironico.

—Estaba buscándolo señor Grayson.

El vampiro frunció el ceño.

—Usted, restando al doctor Murray fue el último en ver a Mina.

Lucy se quedó mirando al americano en busca de alguna ruptura en su gesto indiferente. El ante sus ojos era culpable de la desaparición de su querida amiga.

—Se olvida de la anciana que conversaba con ella. —dijo Alexander recordando a la mujer mayor con la que mina conversaba.

— ¿Una mujer mayor?, ¿En dónde? —cuestiono Lucy extrañada.

—La sastrería por supuesto señorita Westenrra.

Ella levanto una ceja. No recordaba haber visto a ninguna mujer en la sastrería.

— ¿Qué pasa? —pregunto Jonathan preocupado.

—Tengo que hablar con Phillip.

Levantándose con rapidez salió de la mancion carfax con Jonathan, Alexander y Renfield detrás de ella.

…LC...

Fausto había terminado de comer cuando sus dos hijos aparecieron en el gran salón. El mayor le llamo la atención, Darius últimamente había estado de un humor de perros después de que Vlad lo hubiera quedar mal frente a las tropas en plena invasión.

—Buenos días padre. —ambos susurraron saludándolo respetuosamente.

—Buenos días…

Darius noto que noto que la mirada de su padre se demoró más de lo usual en él. Por un momento se preguntó si había visto su treta atraves de su mirada.

—Padre, ¿dónde está Rupert? —pregunto Victoria tomando la silla junto a la de su padre.

— ¿Para qué quieres saberlo?

Victoria suspiro molesta.

—Quiero saber sobre algo que mande a investigar.

Darius rio.

—Está persiguiendo a las amantes de nuestro querido príncipe de nuevo. —entre risas dijo causando que Fausto frunciera el ceño. A él no le parecía nada que su hija siguiera rogándole por amor al frívolo de Vlad, que en veinte años solo le dio un abrazo forzado cuando murió su madre.

—Victoria.

La joven se tensó al escuchar el tono de voz de su padre.

—Que te dije sobre tus acciones.

Victoria bajo la cabeza.

—Lo se papa, ¿pero qué más puedo hacer?

Su hermano levanto la mano.

—Qué te parece guardar un poco de dignidad.

Ambos se miraron con molestia y fausto simplemente bufo.

— ¡Alto los dos! —grito poniendo orden en la mesa.

—Como sean las cosas, Rupert está muerto.

Darius y Victoria con sorpresa miraron a su padre. Ya habían visto las acciones bárbaras de su padre como líder de la orden, pero esta frialdad. Eran palabras mayores.

—Pero papa, Rupert era un buen amigo de Vlad. —mascullo Victoria con preocupación.

—Estará furioso cuando se entere.

Evocando la imagen del terrorífico empalador hasta Darius se estremeció asustado.

—Bueno, eso ya lo veremos…le conseguí un sustituto…

Fausto chasqueo los dedos.

— ¿Dónde está la chica? —cuestiono a Juliet que entro corriendo al salón.

—Bueno….ella está aquí…

Mina que había entrado sin pensar al salón dio un salto cuando Juliet la cogió del brazo.

—Papa, es una mujer. — se quejó Victoria cruzándose de brazos mirando venenosamente hacia Mina.

—Precisamente hija, esta mujer será mi manera de pedir perdón a nuestro príncipe.

Darius se levantó.

—Él tiene razón, ella hará muy feliz a Vlad…

Victoria fulmino a su hermano.

—No te metas en esto Darius.

Golpeo la mesa con los puños haciendo una rabieta.

—Papa te exijo que te deshagas de esta…mujer

Mina se ofendió por su tono despectivo.

—Yo tengo nombre. —mascullo en voz alta sorprendiendo a todos los que veían y espiaban la escena.

— ¡Tu!... ¿acabas de referirte a mi como tu igual? —pregunto Victoria señalándola. —Tu una sucia esclava…

Mina apretó los puños y se jaloneo con Juliet que también estaba en shock. Ella estaba más que dispuesta a hacer que se tragara sus palabras.

— ¡Pequeña insolente!

Victoria levanto la mano lista para corregirla como lo hacía con sus doncellas personales, pero su padre le tomo el brazo.

—La quiero intacta hasta que Vlad la vea. —susurro amenazante Fausto.

—Pero…pero… ¡PAPA!

El anciano negó.

—Es mi última palabra Victoria.

Alisando sus ropas el líder de la poderosa orden se fue del salón con su hija gritándole indignada mientras Darius se quedó ahí donde estaba mirando de maneta indecente a Mina, que se encogió bajo sus ojos verde intenso.

—Oye… ¿cuál es tu nombre? —pregunto sonriendo poco a poco.

—Ilona—respondió haciendo una mueca de desagrado. Se sentía extraña mintiendo, pero no estaba diciéndole su verdadero nombre a este lascivo sujeto.

-Mina-

El hombre rubio seguía hay sonriendo de manera que me hacía sentir muy incómoda y yo solo quería darle una bofetada, pero obviamente no podía hacerlo cuando no tenía ni idea de cómo reaccionaría.

—Bueno Ilona espero que nos llevemos bien en el futuro.

Se giró y se marchó riendo burlonamente, yo entonces recordé lo que escuche que hablaba con su hermana. Él le habida echo daño al príncipe, posiblemente lo había matado, y ella ahora estaba a merced de él hasta que encontrara la manera de regresar a su tiempo.

—Oh, dios…—Juliet susurro con voz ahogada soltándola. —esto es malo…muy malo…

Mina la miro cuestionante.

—Estas en grave peligro Ilona.

Juliet junto en sus manos.

—Ojalá el príncipe te acepte como su doncella…

….LC…

En los jardines Marion buscaba algunas especias para usar en la comida pero un quejido le llamo la atención hacia la figura tirada y ensangrentada.

—Oh, dios…

Dando un brinco grito tan fuerte que los soldados salieron apurados a ver de qué se trataba.

—Es…es…el príncipe. —Alterada murmuro Marion señalando con un dedo tembloroso hacia la figura y los soldados se apresuraron a sacarlo y llevarlo hasta el castillo.