Donde puedas Amarme

Acto Trece

Tiempo en Contra

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Despertó con los besos y caricias de Kenshin sobre sus mejillas y abrió los ojos lentamente. Recordó lo sucedido la noche anterior y sonriendo, se acurrucó contra él.

-Eres adorable.- le dijo Kenshin en un suspiro. Estaba extasiado con ella y al mirarla a la cara, reparó por primera vez en su brillante mirada azul. ¿Qué Kaoru no tenía los ojos castaños? Kenshin hizo una mueca de confusión. ¿Cómo era posible que no hubiera notado esos maravillosos, brillantes y soñadores ojos azules?

Sentía que salía de un sueño. Incluso se sentía un poco embotado. Kaoru se hizo un ovillo contra él y abrazándola, Kenshin se obligó a reaccionar.

-Eres como una muñequita. Una preciosura.- le dijo.- ¿Tienes hambre? Esperaba a que despertaras.-

Kaoru pensó un poco. Su estómago gruñó y Kenshin, arropándola, salió del futón.

-Prepararé el desayuno. Aguarda un poco.-

La joven aprovechó para ir al baño a asearse y ordenar el cuarto. Se metió en el futón cuando Kenshin hizo su entrada con unos platos con tofu. Kaoru respingó la nariz sin darse cuenta, pero no dijo nada al respecto. En vez de eso, se obligó a poner buena cara y comer, pero al terminar, su estómago no toleró el esfuerzo y tuvo que correr al baño de vuelta.

Al salir, Kenshin estaba afuera, mirándola muy serio.

-¿Qué te ha pasado?-

Kaoru, muy pálida, pensó que él iba a regañarla y bajó la cabeza.

-Lo siento. Me cayó mal el desayuno. Pero no es que esté despreciándolo… - se apresuró a decir la joven cuando sintió un dedo sobre sus labios.

-¿Te sientes capaz de tomar una leche y unas tostadas? Creo que es lo único que te puedo ofrecer.-

La boca de Kaoru se hizo agua. Pero ella no podía flaquear.

-Quizá sólo sea cosa de que me acostumbre. Yo sé que puedo y… -

Por un momento, Kenshin se dio cuenta de que la joven tenía miedo a su reacción y reconoció que había sido excesiva e innecesariamente duro con ella. Sobre todo tomando en cuenta que Kaoru confiaba ciegamente de él porque… porque él mismo le había dado a entender que no tenía a nadie más en el mundo.

-No te preocupes por eso, pequeña. Vete a la cama y te llevaré algo para que comas. Pero tardaré porque tengo que ir a comprarlo.

A Kaoru no le hacía mucha gracia quedarse sola, pero por otra parte, le gustaba la idea de tomar leche. Regresó al futón a la par que sentía a Kenshin vestirse para salir.

-Muchas gracias.- murmuró antes de quedarse dormida nuevamente.

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Cuando Kenshin contestó el celular, iba de vuelta a la casa con una bolsa de cosas para comer.

-Hola, hijo.-

-¿Papá?-

-Claro. ¿Quién otro si no?-

Kenshin sonrió.

-¿Cómo estás tú?-

-Muy bien, padre. Gracias.-

-¿Y Kaoru?-

-Hem… un poco enferma del estómago.- comentó Kenshin cruzando una calle con precaución.

-Vaya. Algo que habrá comido y le ha caído mal, supongo.-

-Sí. Le di tofu al desayuno y no lo ha tolerado.-

-Bueno, eso es natural porque Kaoru se ha criado en una cultura occidental, por eso su estómago no tolera nuestra comida. Mi amigo Kojiro estaba tomando un curso de Cocina Mediterránea para prepararle sus platillos a Kaoru, porque ella siempre se enfermaba cuando venía para las vacaciones a quedarse con él. Pero bueno, supongo que ya te habrás dado cuenta que le caen mal la mayoría de nuestros platos. Especialmente el ramen y el miso.-

Kenshin se había dado cuenta. ¡Claro que lo había hecho! Pero había decidido ignorarlo porque estaba enamorado de una japonesa y no de una que lo era a medias, según su concepto.

Iba pasando frente al escaparate de una librería cuando algo llamó su atención. Entonces decidió entrar.

-Padre, estoy muy ocupado ahora. Te llamo dentro de un rato, adiós.- dijo distraído, guardándose el celular en el bolsillo del pantalón.

Ya en la librería preguntó el precio de cierto libro de cocina occidental. Como le alcanzaba, lo compró.

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Kenjiro se quedó mirando el celular sin comunicación un poco extrañado. Qué raro que estaba Kenshin últimamente. Le hablaba muy poco, y eso que siempre fue un buen hijo con el que era fácil conversar.

"Quizá está enamorado" pensó, acomodándose en el asiento del tren. De pronto, reparó en que no le había dicho que iba a su casa y que llegaría cerca de las dos y media de la tarde. Con visitas, por cierto.

"Lo llamaré más tarde" reflexionó cerrando los ojos y en eso, su celular sonó. "Ahí está mi hijo. No está raro, después de todo".- se dijo al sacar el teléfono del bolsillo.

-Hola, tío Kenjiro.-

-Sanosuke… -

-Desde luego. ¿Cómo has estado?-

-Muy bien, Sanosuke. ¿Y tu padre?-

-Mejorando. Padre es un hombre muy fuerte.-

-Dile que se cuide mucho.-

-Tenlo por seguro. Oye tío, tengo algo que comentarte. En verdad, necesito de tu ayuda y eres mi último recurso. ¿Cuándo vienes a Tokio?-

-Voy viajando en este momento. Llegaré a las doce treinta. ¿Pasa algo malo?-

-Escucha, no vale la pena que te haga esperar más rato asi que te adelantaré algo. Tío, estoy preocupado por Kenshin. Específicamente por Kaoru.-

-¿Oro? ¿Cómo es eso?-

Se escuchó un suspiro al otro lado de la línea.

-Verás, tío, resulta que durante el verano, Kenshin se enamoró.-

-Sí, algo me comentó de una joven que ahora está casada.-

Sanosuke no sintió necesario decirle a Kenjiro que se trataba de una historia sobrenatural y fue directo al grano.

-Como sabrás, ella se fue para siempre. El punto es que esa mujer era, físicamente, muy parecida a Kaoru, la chica que enviaste para que viviera con él y que ha perdido su memoria.-

¿Acaso Sanosuke le estaba diciendo a Kenjiro que Kenshin se estaría enamorando de Kaoru? ¡Genial!

-El punto, tío, es que Kenshin está obsesionado con la chica del verano. Por eso, él, aprovechando que Kaoru no tiene memorias, la está manipulando de un modo terrible y por eso me temo que ella acabará muy mal.-

Kenjiro arrugó la nariz. ¿Cómo era posible que su hijo perjudique a una joven? ¿Y que se obsesionara por otra?

-Debe haber un error. Kenshin es incapaz… -

-Tío, yo también pensé que se trataba de un error pero es la verdad. Esa chica era mi alumna en el equipo de voleibol. Tenía aptitudes naturales para ese deporte, pero lo dejó porque Kenshin la convenció que debía practicar el kendo, que era el deporte que practicaba la chica de la que él se enamoró. Además, la obliga a comer comida japonesa, siendo que hasta yo me doy cuenta que a esa chica le cae mal. Ha adelgazado mucho.-

-No puedo creerlo… -

-Me siento un poco mal por contarte estas cosas, pero Kenshin no me escucha y está como loco. Ha enamorado a esa pobre niña y la está llevando al límite, incluso sé, por una amiga que tiene Kaoru, que ella ya no duerme por las noches porque tiene un problema con el futón. Parece que ella tenía un colchón que él le hizo guardar. Yo sé que algunos occidentales toleran bien el futón, pero otros no porque no están acostumbrados a dormir en el suelo. He intentado razonar con Kenshin, tío, pero no me hace caso y yo por eso recurro a ti en este momento. Quiero que me acompañes para quitarle a Kaoru. He hablado con una amiga que le puede dar alojamiento y vive muy cerca de la universidad. Debemos alejarla de él y protegerla. Quizá, lejos de Kenshin, ella logre recordar… -

-Es tan inverosímil.-

-Tío, te juro que cuanto te he dicho es verdad. Te hablo como un profesor preocupado y un amigo un tanto defraudado. Lamento molestarte con estas cosas, pero… -

-No, Sanosuke… yo… Kaoru era mi responsabilidad y veo que he hecho mal al confiar tanto en mi hijo. Escucha, los padres de Kaoru vienen volando a Japón e iré a por ellos al aeropuerto. Vienen de Reino Unido.-

-Vaya… Kenshin me comentó que sus familiares la odiaban… -

-Es una larga historia pero te aseguro que no la odian. En una de esas se la llevan de vuelta a su patria. Sanosuke, yo hablaré con ellos y veremos el modo de sacarla de la casa. Pero no sé… no se me ocurre de qué modo enfrentar este tema. Hagamos algo… dame dos días para resolverlo con mi hijo. Yo… no te delataré, voy a observar la situación y a ver el modo de ayudar a la chica.-

-Tío, yo confío en ti. Lo dejo en tus manos.-

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Kaoru se tomó su vaso de leche y unas galletas sonriendo. Le quedó un bigote blanco sobre el labio y Kenshin le sonrió.

-¿Está rico?-

-Si. Muy rico. Gracias.- respondió la joven, metiéndose una galletita a la boca. El teléfono sonó y Kenshin la dejó sola para contestar.

-Muy bien. Voy de inmediato.- dijo al cabo de un rato. Kaoru lo escuchó un poco decepcionada porque pensaba que pasarían ese día juntos pero él la tranquilizó. -Kaoru, no tardaré. Pero al parecer ha habido un problema con unos informes que he enviado, asi que debo ir a buscarlos a la oficina donde tengo copias. Lo haré rápido, lo prometo.-

Kenshin la besó largamente y le acarició los cabellos antes de salir.

-Pórtate bien y cuídate, pequeña.

Para desgracia del pelirrojo, tardó más en su diligencia de lo que esperaba. Alrededor de las dos de la tarde, a la residencia Himura llegó Kenjiro con Ayako, Adam y Yahiko. Kenjiro llamó por teléfono a la casa para informar a Kaoru que estaba afuera esperándola y ella, pensando en darle una agradable sorpresa a Kenshin, salió a abrirle a su tío postizo, feliz. Hizo un gesto de extrañeza cuando vio a unas personas con él.

-Hola, tío.-

-Hola, Kaoru. Hem… pasemos a la casa, tenemos mucho de que hablar. ¿Está mi hijo?-

-No, tío. Ha salido.- contestó la chica pensando que esa mujer y los hombres eran parientes de Kenshin. El hombre adulto en especial se parecía a Dr House y ella le sonrió.

Ayako, que había viajado doce horas en avión y estaba agotada, miraba a Kaoru y sentía sobre su hombro la mano de Adam, confortándola. Su esposo había tenido razón. Kaoru no la reconocía y al parecer, ni sospechaba que era su madre. Que bueno que venía advertida de que eso podía pasar.

-¿Desean tomar algo?- les preguntó Kaoru. Recibió algunos pedidos y corrió a la cocina donde reparó en una bolsa con un libro en su interior. ¿Cocina Occidental? Pensó un poco. ¿Ese libro era de Kenshin?

Esa mañana la había dejado tomar leche y galletas. En la bolsa había otras cosas, todas como las que ella tiró a la basura tiempo atrás. Papas fritas congeladas, carne de res, puré de papas instantáneo.

Kenshin… entonces Kenshin la quería. ¡La quería! Y había quedado tan contento con la noche anterior que había decidido a ella darle una nueva oportunidad con sus extraños gustos que él tanto criticaba. Kaoru sirvió algunas bebidas flotando en una nube de algodón y regresó a la sala a servir a los demás. Luego se sentó frente a Ayako y la miró de reojo. Y su cara le pareció conocida. Entonces la miró abiertamente, con curiosidad. ¿Sería que estaba a punto de recordar?

-Disculpe… ¿nos conocemos?.- le preguntó a su madre sin saber que lo era. Ayako la miró con un brillo de esperanza en sus ojos hasta que Kaoru agregó.- Me parece que he visto su cara en otro sitio.-

Kenjiro miraba a ambas mujeres en tanto Adam y Yahiko bebían con cautela, observando la situación. Adam había sido muy enfático en no forzar las cosas con Kaoru.

-Kaoru, querida, claro que conoces a esta mujer. Pero antes de iniciar, debes estar tranquila y yo te contaré una historia.-

Habían acordado, en el taxi, que Kenjiro hablaría con Kaoru porque ella confiaba en él. Si venía Ayako y Kaoru no le reconocía y encima le decía que era su mamá, ella quizá no le creería. Pero a Kenjiro si.

-Verás… -empezó el pelirrojo, iniciando el relato que le contara Ayako con detalle una vez se encontraron. Un hombre extremadamente bondadoso que contrae nupcias con una mujer mitad japonesa y mitad británica. Una mujer independiente, valiente, a la que su nueva familia no tolera y le hace la vida miserable. Una mujer que un día tomó a su hija, la sacó del país y se divorció mediante abogados al no contar con el apoyo de su esposo. Kojiro era un gran hombre, pero excesivamente leal a su familia. Tanto así que perdió a la propia, Kaoru.-

-Me gustaría tanto recordarlo, pero no puedo.- confesó la joven.

-Kaoru… tu familia paterna te mintió con respecto a tu madre. Ella no te odia. Nunca te odió. Te quiso tanto que dejó que tomaras por ti misma la decisión de venir a estudiar a un país lejano y que vivieras con tu padre. Tu madre, desesperada trató de ubicarte al no tener noticias tuyas y por eso ha viajado para encontrarse contigo.-

-¿Mi mamá… ¿está aquí?.-

Kaoru miró nuevamente a Ayako, que tenía los ojos arrasados en lágrimas.

-¿Acaso usted… ?

Ayako asintió, limpiándose los ojos con un pañuelo.

-Soy tu mamá, hijita. Tu mamá… y te he extrañado tanto… -

La mujer se puso en pie para abrazar a Kaoru que estática, trataba de sentir alguna emoción por ella que la estrechaba fuertemente entre sus brazos. Pero no lograba sentir nada. Y eso la confundió.

-Lo siento. Yo… no sé… no… -

Adam tomó la palabra, en inglés, porque el japonés no se le daba muy bien.

-Tenemos como demostrar que es tu madre y es tan sencillo como que te pongas con ella frente a un espejo. Ustedes dos son increíblemente parecidas. Además, traemos fotografías y cartas. Te podemos contar cosas.-

Kaoru, sorprendida, notó que era capaz de comprender perfectamente a ese inglés. Su voz… esa voz tan profunda…

-Pero… siento que no tengo sentimientos por ella. Y si fuera mi mamá… yo debería percibir algo especial.- dijo la joven triste. -¡Cómo quisiera recordarla, señora!-

-Kaoru, por lo que he sabido, has perdido gran parte de tus recuerdos.- siguió Adam.- Y es natural que en ese caso, seas incapaz de recordar los sentimientos que tenías por tu madre y por nosotros. Tú… y yo hemos vivido como padre e hija. Yahiko es tu primo y vive con nosotros.-

Ayako, conteniendo su emoción, se dirigió a su cartera. Sacó entonces una medalla con un listón celeste y un par de fotografías de un álbum. Regresó al lado de Kaoru y se las enseñó.

-Esta medalla te la ganaste por ser la capitana del equipo de voleibol de la escuela a la que ibas. Esto fue el año pasado. Y en esta foto sales conmigo y los demás. Y tu ramo de flores. ¡Fuiste una gran capitana y tu equipo te hizo un regalo!-

Kaoru, ávida miró la foto y tomó la medalla. Sus ojos se empañaron. ¡Era ella! ¡Ella! Pero su mente seguía en blanco.

-Yo… lo lamento.- dijo la joven llorando. Salió corriendo en dirección a la puerta y encontró freno entre los brazos de Kenshin que venía llegando.

-¿Qué pasa, Kaoru? ¿Oro?- el pelirrojo reparó en las personas que había en su casa y aunque estaba su padre, se enfadó.-¿Qué le han dicho a Kaoru? ¿Porqué se ha puesto así? Padre.-

Para Ayako no pasó desapercibido el modo en que Kaoru se aferraba a Kenshin, ni tampoco el aire protector que él tomó en cuanto la acogió entre sus brazos. Kenjiro se dirigió a su hijo.

-Estos son los padres de Kaoru. Traté de explicarte en la mañana que veníamos, pero me cortaste antes.-

Kenshin digirió la información. ¿Los padres de Kaoru?… ¿Acaso se la venían a llevar? Desde luego que no iba a permitir tal cosa.

-Kenshin, mis tíos me traicionaron, me dijeron mentiras… me dijeron que mi mamá me odiaba y ahora… ahora… ella es mi mamá pero no logro recordarla. Es horrible, Kenshin. Además, me han dicho que yo jugaba voleibol y que gané una medalla pero no comprendo del todo esto.-

Ayako se acercó a Kenshin y él le hizo un leve gesto para que no se acercara más. Kaoru lloraba desgarradoramente y él trataba de consolarla.

-Cálmate, pequeña. Ella tiene que ser tu mamá porque es igual a ti. O bien tú eres igual a ella, tienen hasta los mismos ojos azules. Mi niña, esos ojos no son comunes en este país. Te lo dice alguien que sabe de tener una apariencia rara. ¿Por qué no miras a los ojos de tu madre con detención?. Quizá descubras algo.-

El tono de Kenshin era tan cálido y confortante que por un momento Kenjiro pensó que todo cuanto le había dicho Sanosuke era mentira. Pero recordó lo del voleibol. Por alguna razón Kaoru se cuestionaba el haber practicado ese deporte en el pasado.

La joven se soltó del abrazo de Kenshin y fue nuevamente hacia Ayako. La miró a los ojos y la mujer le sostuvo la mirada. Kenshin tenía razón. Eran idénticos a los suyos.

-¿Mami?- dijo en inglés, de un modo que a ella le pareció muy natural. No recordaba nada de ella, ni siquiera una imagen, pero esa palabra le había salido de alguna parte del corazón. Y Ayako sonrió.

-Claro, hijita. Soy tu "mami". Siempre me has llamado así, mi amor.-

-No te puedo recordar… -

-No importa mi amor, porque yo si te recuerdo, y te ayudaré. Todos lo haremos. He observado tu vida desde el inicio, mi cielo, y puedo llenar gran parte de los espacios en tus recuerdos.-

Kaoru se decidió y se acercó más a Ayako, retribuyendo su abrazo y apoyando la cabeza en su hombro. ¡Todo era tan extraño! Porque aunque no podía sentir amor hacia esa mujer, al menos sentía confianza y Kaoru pensó que por algo se empezaba.

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Adam recomendó tomarse las cosas con calma y por eso la familia Smith se retiró temprano a la hostería donde alojaban. Ayako regresaría al día siguiente para estar con Kaoru mientras Adam preparaba una cita con el médico que había atendido a Kaoru en Kyoto para saber más de lo que le había pasado. Yahiko lo acompañaría como traductor y guía.

Kenjiro, por su parte, alojaría en casa de su hijo, por lo que a Kenshin le tocaría dormir solo y la idea no le gustaba.

Pero lo que más le preocupaba al pelirrojo era la aparición de la familia de Kaoru. Pensó en ello mientras preparaba bistec con huevo y papas fritas para la joven que lo miraba ávida desde la mesita en la cocina, como una gata que espera a que le den su pescado. Kenshin le sonrió, a pesar de sus nervios, y le sirvió un plato contundente que ella no tardó en saborear. Kenjiro también comió un poco.

-Vaya, hijo, la carne te ha quedado en su punto.-

-Las papitas están muy ricas. ¡Oh, Kenshin, gracias!-

El pelirrojo sonrió con un dejo de tristeza que su padre detectó. Luego de comer, y tras las emociones del reencuentro con su madre, Kaoru se sintió cansada y se fue a dormir al sofá, que era tan cómodo, usando como almohada las piernas de Kenshin, como tantas otras veces había hecho. Pero él no estaba ni mínimamente conciente de ello, porque su mente estaba en otro lado.

Kaoru sabría, era cuestión de días, que él le había mentido todo ese tiempo. Nunca antes se habían visto. Ella nunca antes había entrenado en el kendo ni había sido una japonesa de tomo y lomo haciendo patria en el extranjero. Quizá nunca antes durmió en futón ni le puso buena cara al ramen. El modo en que llamaba a su madre, "mami" en la intimidad, le indicaba que ni siquiera usaba el japonés como lengua principal a la hora de comunicarse.

¿Y era eso tan malo, tan insoportable para él que la mantuvo engañada sólo para satisfacer su fantasía de que era aquella otra Kaoru que lo quería y lo seguía a pesar de sus regaños y mal humor?

Suspiró, llamando, sin notarlo, la atención de Kenjiro sobre él, y luego acarició la espesa cabellera negra de la chica. Luego sus mejillas con el dorso de la mano. Y cerró los ojos. Se dio cuenta de lo malo que había sido con ella, de lo injusto, de lo intransigente. ¿Por qué simplemente no se limitó a observarla, y saber bien cómo era, antes de enamorarla? No podía ser tan terrible tener bajo el mismo techo a una Kaoru con costumbres y gustos occidentales. Hacía tiempo que no oía el disco de Robbie Williams en la casa, ni el de Elvis Presley que Kaoru escuchaba antes con regularidad. Por culpa de él Kaoru no había avanzado nada en aquello que era tan importante para ella, como lo era la recuperación de sus memorias, lo que le venía bien porque no quería, en el fondo, que recordara que quizá tenía una vida mucho más fascinante en otro lugar, lejos, muy lejos.

-Hijo, vamos afuera.-

Kenshin regresó al presente para toparse con la mirada de su padre. Trató de moverse pero Kaoru se aferró a sus piernas.

-No te vayas.- murmuró en sueños. Kenshin miró a Kenjiro y este entendió.

-Muy bien. Entonces… - Kenjiro tomó aire.- Ella lo va a saber, Kenshin. Lo descubrirá muy pronto y te va a odiar. Lo sabes. Y pondrá medio mundo de distancia entre tú y ella. Es inevitable que así sea.

Sorprendido, Kenshin se dio cuenta de que no valía la pena el hacerse el desentendido con su padre. Por alguna razón él ya lo sabía y ahora lo mejor sería escucharlo. Pero bajó la cabeza, avergonzado de su modo de actuar.

-¿Cómo crees que se sintió hoy al saber que su familia paterna le mintió de un modo tan cruel y descarado sólo por sus afanes de venganza? ¿Y cómo crees que se sentirá cuando sepa que tú…? - Guardó silencio cuando Kaoru se movió un poco. Kenshin, que siempre tenía una manta sobre el sofá, tapó con ella a la joven y ella se quedó quieta. Al parecer, sólo tenía frío. -¿La quieres?- preguntó Kenjiro, mientras con cuidado, Kenshin elevaba la gruesa manta hasta los hombros de la chica.

-Claro que la quiero.- respondió el pelirrojo con sinceridad.- Es tierna, amorosa. Y tan frágil. Tan dulce. Y me he dado cuenta tarde de todo eso. Papá… ¿la voy a perder?-

Kaoru sonreía en sueños y Kenjiro la observó unos momentos. Luego respondió.

-Eso depende de lo elevado de tus sentimientos y de todo lo que estés dispuesto a hacer por ella. Pero por lo pronto, hay algo que es seguro. Kaoru sabrá que le has mentido y te odiará. Y puede odiarte mucho. Tanto como no te haces una idea. U odiarte un poco menos. Depende de quien ella lo sepa.-

-¿Me estás diciendo que… ?-

La sola idea para Kenshin era horrible.

-¿Se te ocurre acaso algo mejor que eso?- Contrapreguntó Kenjiro, mirándolo fijamente.- Quizá, si realmente quieres recuperarla más adelante, esta sea tu única opción. Y se te está acabando el tiempo para hacerlo, porque mañana viene su madre y Kaoru quizá quiera preguntarle cosas como si le gustaba el voleibol. Incluso puede que Kaoru no pregunte nada, pero su madre se dará cuenta de que la hija no actúa normalmente. Hoy te salvaste porque con la emoción del reencuentro, Ayako no reparó en que Kaoru está cambiada. Encima, el señor Smith, es médico. Él sabrá tratar a Kaoru. En mi opinión, no tienes muchas opciones, ni tiempo para meditarlo.-

De pronto, por un momento, Kenshin sintió una fuerte punzada en el pecho. Sintió que su corazón se encogía pero su padre tenía razón.

-Tienes esta noche para hacerlo. Eres libre de escoger el lugar, el momento… yo no me meteré en eso y te dejaré solo. No me quedaré en esta casa. Alojaré donde un buen amigo mío, ya hice los arreglos.-

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Cuando Kaoru despertó, seguía acostada y estaba muy cómoda. Al abrir los ojos se dio cuenta de que estaba oscuro, pero al parecer, por la luz de la calle que entraba, se encontraba en el cuarto de Kenshin, con él acostado a su lado, abrazándola.

Él le había quitado sus ropas, dejándola en camiseta y bragas. La chica se movió y le dio un beso.

-Hola. ¿Y tío?-

-Ha ido donde un amigo. Volverá mañana, tarde.-

-Ahh.-

Kaoru se acurrucó contra Kenshin. Era tan rico estar así con él. Y abrigarse con su cuerpo. Kaoru suspiró, sonriendo, pensando que ahora era su mujer y eso le gustaba mucho. De pronto notó algo raro con el futón.

-Está muy blando. ¿Qué le pusiste?- preguntó.

-Me topé con un colchón inflable en la bodega y lo he traído. Con razón te gustaba tanto. Es muy cómodo.-repuso él con sencillez. Pero Kaoru, emocionada, lo besó.

-Gracias, Kenshin. Oh, Kenshin… qué maravilloso ha sido este día. Despertar en tus brazos dos veces ha sido algo mágico. Y luego aparece mi mamá, mi mamita que me quiere, Kenshin, y luego tú me preparas cosas ricas para comer. Estoy muy contenta.-

A Kenshin se le hizo un nudo en la garganta. No quería hacerlo pero no tenía otra opción que hablar con Kaoru. Ahora.

-Hem… pequeña.-

-Dime.-

-Yo… tienes que saber que yo estoy enamorado de ti. Muy enamorado.-

La emoción de Kaoru fue en aumento. Era la primera vez que Kenshin le hablaba de ese modo sobre sus sentimientos.

-Y yo de ti, mi amor.- le respondió la joven, feliz.- Siempre lo has sabido.-

-Si. Yo… siempre he sabido que me amas. Pero yo… no siempre… yo… - Kenshin pasó saliva.- No siempre he sido sincero contigo.-

-¿Hum? ¿Por qué dices eso?.-

Era el momento decisivo. Ya no podía echar pie atrás. Había comenzado, así como el dolor en el pecho.

-Kaoru, yo… he sido malo contigo. Espero que puedas perdonarme.-

La joven ya no entendía nada y su alegría empezó a esfumarse.

-Pero, ¿de qué hablas?-

-Yo…-

Kenshin encendió una lamparita de luz tenue, para mirar a los ojos de Kaoru.

-Kaoru, yo… no sabes… pero por favor… hagamos un trato. Yo te contaré mi historia con la condición de que no me interrumpas. O perderé el valor. Y en cuanto termine de hablar tú… podrás desahogarte.-

La joven, con mucha curiosidad, prometió cumplir ese sencillo pedido.

-Bien. Verás. Yo… durante el verano recibí a una mujer en esta casa. Ella era igual a ti, como si de una hermana gemela tuya se tratara. Y yo… ella me atrajo de inmediato. Ella estaba enamorada de otro hombre, sin embargo yo insistí en que tuviéramos una relación amorosa, pero esa joven se mantuvo firme y finalmente se fue para casarse con aquel a quien quería. Yo… me quedé solo en esta casona. Me iba de bar en bar cada noche con algún amigo para olvidarla y en general mi vida se estaba volviendo un caos. Entonces, una tarde, llegué a casa y me encontré contigo.-

Kaoru, callada, seguía la historia. ¿Kenshin enamorado antes de otra mujer? Eso no tenía nada de malo si ahora la quería solamente a ella.

-Cuando te vi dormida en el futón, pensé que eras esa mujer, que había vuelto por mí, y por eso te besé. Pero luego supe que se trataba de otra persona. De ti, mi Kaoru. Sin embargo, debido a mi despecho por el abandono, y mi egoísmo, vi una oportunidad para tener a la mujer que yo quería cuando supe que venías a quedarte conmigo. Y no sólo eso. Cuando supe que tenías amnesia, me vi en un escenario inmejorable para convertirme en el peor de los patanes contigo, con el fin de conseguirte.

Yo nunca antes había hecho algo así con nadie. Créeme. Pero contigo… -Kenshin cerró los ojos, sintiendo un nudo en la garganta.- … pero contigo se dio la oportunidad. Kaoru, tú nunca antes habías practicado kendo, y odias la cocina japonesa. Tú y yo, antes de tu accidente, nunca nos habíamos visto.-

-Pero… - Kaoru recordó su promesa y cerró la boca.

-Todo lo que yo te dije sobre ti era basado en la mujer que conocí en el verano. Todos tus gustos, tus modales, todo eso era lo que hacía ella, y lo que me atraía de ella porque eran los puntos en común que teníamos. Por eso, cuando fuimos al kendo por primera vez, esos jóvenes se abalanzaron para vencerte y tú no pudiste hacer nada. Porque esa mujer de la que te hablo era kendoka y les ganó a todos en un combate con anterioridad y ellos necesitaban vencerla. Nadie se dio cuenta de que ella y tú son personas diferentes, y nadie podría descubrirme ante ti, salvo Sanosuke, tu profesor en voleibol. Él siempre ha conocido esta historia y ha abogado una y otra vez para que yo cambie mi actitud contigo y yo no había querido escucharlo. Pero ahora, me arrepiento tanto.-

-Vi en ti la oportunidad de hacer realidad mis sueños, impidiéndote ser tu misma. Tú eres una chica de gustos europeos. Jamás habías dormido en un futón, odias el miso y tenías razón sobre el mobiliario de tu amiga Tsubame. Te acomodaba más porque es al que estás acostumbrada. Pero yo… estaba obsesionado con una mujer que comía en una mesa con las rodillas dobladas, a la que nunca le dieron calambres. Y que podía escribir con un pincel los kanjis, de una manera tan elegante que cualquier artista hoy quisiera tener. Y ahora me encuentro con que me salió el tiro por la culata porque yo quería además, enamorarte para satisfacer mi orgullo herido, para que una Kaoru me quisiera, y aunque traté de cambiarte, hubo cosas sinceras en ti que me han atraído y finalmente me han hecho darme cuenta de mi mal proceder. Kaoru… eres sencilla, eres muy dulce… y hoy sé que eres la mujer que quiero. Pero… por eso… he tenido que hablar de estas cosas contigo y decirte… que lo siento mucho. Y que aunque es mucho pedir, yo… quisiera que me perdonaras.-

Kenshin acabó su relato, sumamente nervioso y con la voz ligeramente ahogada. Miró a Kaoru a los ojos y reparó en que su mirada brillaba. Pero no por el perdón que pensaba concederle, sino más bien por las lágrimas.

-No puedo.- repuso luego de unos segundos. Y como si la quemara su contacto, se separó de él, saliendo de la cama y poniéndose de inmediato algo encima, para abrigarse. Sorprendido, Kenshin se sentó en el futón.

-Pero… yo… -

-Yo prometí escuchar tu relato hasta el final. Y hasta el final esperé que me dijeras que se trataba de una broma o que me dijeras en algún momento que me estabas probando. Pero llegar al final y saber que todo eso fue cierto… -

-Ahora te quiero, Kaoru. Por eso… -

-¡Por eso nada!… yo te quise en cuanto te conocí. Y no pasó mucho tiempo antes de que me enamorara de ti, y tú contribuiste mucho en eso si recuerdo ahora como me mirabas, me buscabas… ¡Y no te bastó con enamorarme! ¡Me hiciste sufrir mucho por tu egoísmo!-

Kaoru, que estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por no llorar, se limpió una lágrima que se atrevió a rodar por su mejilla.

-Tú no sabes… y es que ahora, todo cobra sentido.- divagó, secándose otra gotita sobre su cara.- No te mereces ninguna de éstas… realmente no las mereces.-

-Lo sé.- repuso Kenshin, compungido. Kaoru hizo ademán de salir del cuarto, pero se volvió repentinamente.

-¡Pero qué mierda tienen ustedes los japoneses, que basan su vida en mentiras! Tienen el mejor país del mundo pero son unas personas bajas, sin moral alguna. Yo no tenía la culpa de los problemas que había entre mi mamá y mi familia paterna, pero ellos me apartaron de ella, no la dejaron verme antes y me quitaron estos meses con mi mamita. Y tú… tú… me podía esperar cualquier cosa del resto, pero de ti…

Yo lloré mucho, angustiada por tus regaños, por no poder recordar cómo era. Nada de lo que tú me decías me cuadraba en mi modo de ver la vida, pero te hice caso, porque te amaba. Una noche en especial lloré y lloré, esperando a que vinieras a consolarme, a decirme por último que me dabas otra oportunidad o que no te importaba si yo comía un puré de patatas. ¡Pero me dejaste sola, en mi cuarto, sintiéndome como el peor de los gusanos por no ser "la mujer de la que te enamoraste"! Y dime… ¿Qué te hice yo para merecerme esto? Cuanto me pediste te lo brindé, a costa de mi propia salud. Me he enfermado, pensando que todo eso valía la pena por una mirada y una sonrisa tuya y ahora me sales con que todo esto se trató de tu orgullo herido… por Kami… te di de mi amor a manos llenas y ni eso te conmovió. Hemos pasado ya un buen tiempo juntos y recién hoy me permitiste tomar leche y papas fritas, y sospecho que no por amor, como me dices, sino porque tu conciencia finalmente te empezó a molestar. Y si lo pienso un poco más, me doy cuenta de que me hablas de esto porque sabías que mi madre te descubriría en cualquier momento.-

Kaoru cerró los ojos, apretándolos, y quedó de rodillas en el piso, apoyándose con las manos y respirando con dificultad.

Kenshin llegó hasta ella, pero Kaoru lo apartó de un manotazo, violentamente.

-¡Déjame!.-chilló ella, y se llevó una mano a la garganta. Entonces, Kenshin reparó en el silbido de su pecho.

-¿Acaso tienes asma?- preguntó preocupado. Kaoru, a pesar de que ahora lo empezaba a mirar con furia, tenía miedo.

-¿Y cómo esperas que lo sepa si no lo recuerdo?.- Alcanzó a decir antes de jadear para tomar aire. Sintió que su garganta se cerraba y las lágrimas empezaron a salir de sus ojos. Kenshin no esperó a que ella tratara de recordarlo. Llamó un taxi, se vistió en tiempo récord y le puso algo a la joven antes de salir con ella al hospital.

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Ayako apretaba su bolso de mano cuando Kenshin apareció por el pasillo. Kenjiro la acompañaba porque Adam y Yahiko ya estaban en Kyoto.

-¿Cómo está mi hija?-

-El médico dice que está estable. Le ha puesto la medicación que necesitaba para despejar sus vías respiratorias y dice que la dejará en observación un par de horas. Que pronto nos avisará en cuánto, exactamente.-

-Mi pobre niña.- dijo Ayako.- ¡Qué malos han sido esos familiares por no permitir que nos reunamos antes. ¡Yo ni siquiera sabía si mi hija estaba viva! No me querían decir nada de ella. Y mi Kaoru, mi niñita…-

Ayako se quebró y se apoyó en Kenjiro, quien le hizo cariños en la espalda.

- Kaoru se pondrá bien. Lo hará, no se preocupe. El doctor dice que ya está mejor.-

-Sí, pero no dejo de pensar, señor Himura… mi niña siempre ha sufrido de asma. Y portaba a todas partes su inhalador. Y eso era algo que sólo su familia más cercana en Londres conocía. Y Kojiro, su padre. Ella incluso había aprendido técnicas de relajación para hacer frente a las crisis mientras llegaba la ayuda… y ahora, se tuvo que haber asustado tanto, sin saber lo que le pasaba. -

De pronto, Kenshin se dio cuenta del alcance que había tenido su proceder. El evitarle a Kaoru todo aquello que le recordara su vida pasada. ¿Y si Kaoru hubiese tenido un problema grave al corazón? O si tuviera algún tipo de enfermedad, de esas hereditarias, ¿Cómo podría ella cuidarse?

-Señor Himura hijo.- dijo Ayako.- Mi Kaoru luchó mucho para estar en el equipo de voleibol a pesar de que los profesores pensaban que ella podría tener una crisis. Pero mi hija fue valiente y se repuso a todo eso. Si hubiera visto su carita el día que ganaron un torneo escolar. Todas las compañeras de equipo de mi hija sabían de su esfuerzo y le obsequiaron flores. Así es ella. Apasionada en todo. A todo siempre le pone mucho corazón. Pero más allá de estos recuerdos de madre, quisiera preguntarle si Kaoru quedó muy mal luego de nuestra visita.-

A Kenshin le extrañó la pregunta.

-Mmm… no lo creo.

-Es que ella… generalmente cuando pasa mucho estrés tiene estas crisis. Tal vez no fue bueno haber ido a verla sin ponerla antes sobre aviso. Yo no quería que le pasara esto a mi hijita… - dijo Ayako, quebrándose nuevamente.

Kenshin no soportó que una vez más, una mujer se echara la culpa por cosas que tenían relación con él. Se acercó a la señora Ayako.

-No fue por eso que tuvo la crisis. Ella… Kaoru y yo discutimos. Y yo no sabía… no imaginaba que… -Kenshin la miró a los ojos, sintiéndose un canalla y bajando la cabeza luego.- No sabe cuánto lo siento.-

Kenshin sintió unas palmadas en el hombro que le dio su padre.

-Señor Himura hijo… no se culpe. Usted no lo sabía, y aunque no sé de qué ha podido ser su discusión, supongo y espero que no sea nada que una pareja no pueda resolver. Pero ahora ya sabe que Kaoru tiene asma y que debe cuidarse más.-

La señora caminó por el pasillo y al ver al médico, le preguntó si podía estar con Kaoru en el cuarto. Él no le vio problema y la condujo hasta allí.

-Entonces hablaste con ella.-

La voz de Kenjiro sonó baja, aunque firme y clara. Kenshin asintió y de pronto, ya no pudo contenerse más.

-¿Soy un desgraciado, papá?.- preguntó, antes de abrazarlo, llorando.

-No hijo. Sólo eres humano. Nada más… -

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-¿Kaoru?-

La joven estaba despierta. Ya le habían dado el alta y esperaba a que llegara el doctor con algunos medicamentos. Ayako y Kenjiro estaban fuera del cuarto, aguardándolos.

-Gracias por ayudarme, Kenshin.-

Kaoru sonaba calmada, aunque Kenshin sospechaba que bullía por dentro.

-Era lo menos que podía hacer.-

-Yo… le he pedido a mi madre que regresemos cuanto antes a Londres. Quizá lo hagamos dentro de la próxima semana, no lo sé. Tal vez mañana mismo si hay pasajes y Adam regresa a tiempo.-

El tiempo pareció detenerse para Kenshin, incluyendo su propio corazón y su capacidad de respiración. ¿Londres? ¿Su Kaoru le hablaba de irse a Londres? Eso estaba al otro lado del mundo. Y como si a ella le diera lo mismo, simplemente se miraba los pies, pensando en que debía abrocharse los cordones de los zapatos.

-Pero… Londres… ¿Y qué harás con la universidad?.-

-Viajé a Japón para encontrarme con mi padre y ahora él no está. Y acá hay personas dañinas. No tengo a nadie y no puedo protegerme de ellos sin mis memorias. Por eso creo que lo mejor es irme y retomar mis estudios el próximo año. Me hará bien descansar esta temporada y estar con "mami". Espero que puedas comprenderlo.-

-Lo entiendo, Kaoru. Claro que lo hago pero… no sabes cómo me arrepiento.-

La joven levantó la vista para mirarlo por primera vez desde que él entrara a ese cuarto.

-Yo también me equivoqué al entregarte mi amor y mi persona sin mayores cuestionamientos. ¡Pero es que necesitaba tanto confiar en alguien! Tú no tienes ni una remota idea de lo que es perder todo lo que uno necesita para reconocer el mundo. Mirar a alguna persona y preguntarse si la habré conocido antes. O sentir a alguien que te abraza y llora y no saber por qué. No espero que me comprendas, porque creo que eso no es algo que se te dé. Pero quiero decirte que no le he dicho nada a mi madre sobre nuestra discusión. Le dije que simplemente yo me había enamorado de ti, y que esta noche tú me aclaraste que era imposible algo entre nosotros, que por eso me he puesto mal. Por favor, no le comentes nada de lo de nosotros, porque siento vergüenza de haber sido engañada así.-

-Kaoru… -

El médico carraspeó para anunciarse antes de entrar y le dio a la joven una bolsita de papel con algunos medicamentos y un inhalador. Kaoru entonces se puso de pie y tan erguida como pudo, salió de allí.

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-No sabía cuánto tiempo estaría aquí, por eso saqué pasajes sólo de ida. Pero he tenido suerte y he conseguido pasajes para mañana a las once con veinte minutos. Adam llegará dentro de un rato de Kioto con Yahiko. Había pasajes para hoy, pero el viaje es agotador y creo que después de lo de anoche, era mejor que descansaras un poco.-

-Gracias, "mami". Así está bien. Tendré tiempo de despedirme de Tsubame, una amiga que me hice en la escuela. Y de mi maestro Sagara.-

Kaoru estaba en su cuarto, acostada sobre el futón que a su vez, tenía el colchón debajo. Eran las nueve de la mañana y ninguna de las dos podía dormir. Ni tenía ganas de separarse de la otra.

-¿Quieres que prepare tu maleta por mientras?-

-Si. Tengo mucho que llevar. Después de todo, traía ropa para quedarme a vivir aquí.-

-Muy bien. Empezaremos… por tu ropa interior. Me pregunto si aún tendrás los calzones rosita que te regalé para tu cumpleaños.-

Aunque Kaoru no recordaba nada de eso, si sabía que tenía unos lindos calzones de ese color. Era maravilloso estar con alguien que hablaba tan naturalmente de su pasado. Su mamá era una mujer muy agradable.

A lo largo de la mañana, apenas intercambiaron palabras con Kenshin. De hecho, Ayako hablaba más con él. Kenjiro, que les hacía compañía, ayudaba a distender el ambiente. Y cerca de la una de la tarde, se apareció Adam con Yahiko.

-He conseguido los informes y exámenes que le hicieron a Kaoru y hablado con su médico. ¿Asi que nos vamos mañana? Y yo que esperaba conocer el Pabellón de Oro.- le dijo a Ayako mientras comía sushi. - Esto está delicioso.-

-Prueba a comerlo durante un mes.- le dijo Kaoru en inglés. Todos rieron, menos Kenshin que comprendió que esa era un alusión a su proceder.

-Podemos ir ahora al Pabellón de Oro, si lo desea. Yo se lo puedo enseñar.- dijo Kenjiro.- Usted sabe que el transporte japonés es muy eficiente y puntual. Si salimos luego, podemos estar de regreso temprano.-

Adam sonrió.

-Voy a quedar destruido. Ni siquiera he descansado y el cambio horario me tiene vuelto loco. ¡Me cuesta pensar que vamos quince horas adelantados de Londres y que además, mañana viajaré medio día, y que aunque salga a las once de aquí, ¡Llegaré a las dos de la tarde allá!.-

-Pero tío.- repuso Yahiko de buen humor.- El esfuerzo vale la pena.-

-Es verdad. No todos los días viaja uno a Japón. Señores Himura, ustedes han sido sumamente hospitalarios con nosotros. Nos sentiremos muy contentos de que quieran venir a conocer nuestro país. Cuenten con el alojamiento y guía turística gratis, cortesía de la familia Smith.-

-Tío les puede conseguir una foto con la Reina. - dijo Yahiko y todos rieron. En general, la comida fue muy agradable hasta que llegó la hora de salir. Adam, que ya se estaba acostumbrando a su inmerecida fama, se colocó unos anteojos oscuros y una gorra para salir.

-Es lo malo de parecerme a Dr. House. Mis pacientes me miran aterrados, esperando a que les diga alguna sandez, y otros me cuentan un par de cosas con la esperanza de que sin exámenes les diagnostique algo terrible. -

Kenjiro rió y salieron conversando en inglés, llevándose muy bien. Kaoru no quiso perderse el paseo al que invitó a Tsubame para hablarle de su partida. Y Kenshin, que sabía todo eso, decidió ir para estar cerca de ella unos momentos más. La tarde transcurrió rápido, sin mayores inconvenientes y a la noche Kaoru regresó a la residencia Himura para llevarse sus cosas a la hostería donde estaba su familia, y que quedaba más cerca del aeropuerto Tokio Naritai.

Salía con su bolso de mano cuando se volvió hacia Kenshin. Llevaba una colorida bufanda que él le había regalado en torno al cuello.

-Entonces… esto es el adiós.- dijo él mientras Yahiko y Adam acomodaban maletas en el taxi.

-No me alcancé a despedir de Sanosuke, pero déjale mis respetos.-

Kenshin quiso agregar algo más, pero se contuvo.

-Está bien. Cuenta con ello.-

Kaoru lo miró unos momentos. Al parecer ella también quería decir algo y de pronto, tenía los ojos brillantes.

-Igual… el tiempo que pasamos tuvo cosas buenas. Y mientras mi memoria no falle, espero recordar eso.-

La joven trató de esbozar una sonrisa que a medias logró. Entonces corrió al auto y antes de subir, miró hacia atrás. Kenshin estaba muy triste y Kaoru, que pudo percibirlo, no pudo soportarlo más. Sabía que estaba mal y que no debía, pero habló con su madre. El taxi partió y su familia regresó a la hostería mientras ella regresaba apresurada hacia el pelirrojo.

-Ya sé que todo está mal entre nosotros.- comenzó apresurada.- Y aunque mi corazón dice que debería, mi cabeza me impide perdonarte. Sin embargo… me voy a ir mañana. Y tal vez no vuelva a verte. Y aunque trato de buscar mi rabia, no la encuentro y sólo sé… que me siento muy triste.-

-Kaoru… - dijo Kenshin en un suspiro, abrazándola.- Mi pequeña, mi niña… ¿cómo esperas que te saque de mi cabeza después de mañana? ¿Cómo crees que vuelva a sentirme bien después de lo que te he hecho?-

La joven se acurrucó contra su pecho.

-Ya no quiero pensar en eso. Además… tú eres demasiado japonés… y yo en cambio un fracaso para esta cultura. De todos modos no iba a resultar pero… Kenshin… nos queda esta noche. No pienses que soy una mala mujer por esto pero… desearía pasarla contigo. ¿Es mucho pedir?-

Kenshin no se molestó en responderle. La besó como un loco, cerrando la puerta tras de él. Y luego, tomándola en brazos, sin dejar de besarla, la llevó al enorme sofá. Y horas después, al dormitorio.

Él no durmió, por besarla aún cuando ella cerraba los ojos, para soñar con el amor al que dejaría. Por eso al llegar la mañana, se encontró tan cansado, que no la sintió levantarse para vestirse. Ni siquiera sintió cuando ella, besándolo en la cara, se despedía.

Kaoru Kamiya salió esa mañana secándose las lágrimas, de la residencia Himura. Caminó apresurada hacia el taxi que la esperaba en la calle por temor a flaquear, y al subir, indicó la dirección a la que se dirigía. El auto se puso en marcha y sin mirar atrás, la joven cerró los ojos, para evocar por última vez la imagen de Kenshin durmiendo, sabiendo que nunca más estaría cerca de ella.

Porque pondría medio mundo de distancia para asegurarse de ello.

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Fin Acto trece

Tiempo en Contra

Noviembre 24, 2008

Notas de autora.

No sé por donde comenzar, sin embargo estas dos últimas semanas han sido de locos. Tuve una crisis con mi enfermedad (Trastorno Bipolar)Pasé una noche y medio día durmiendo sedada, al cuidado de mi esposo, pero era mejor que estar despierta porque sólo lloraba.

Quisiera esconderme en mi cama y no salir nunca más y no ver a nadie hasta que pase todo esto porque por momentos siento que enloquezco...

Retomando el tema del fic, este ha sido uno de esos capítulos con muchas versiones, de las cuales al final quedó esta, que es la que personalmente más me gustó. El próximo episodio es el último y aún no decido si hay epílogo, aunque sería justo si es que no alcanzo a desarrollar bien los finales de todos.

No les digo más porque francamente no tengo cabeza, aunque al menos Kenshin y Kaoru me han tenido bastante distraída estos últimos días. Les dejo un beso, cuiden mucho a sus hijitas, si las tienen, y traten en lo posible de ser felices, porque en cuanto me reponga, hacia allá me encaminaré yo también, como todos los días.

Gracias por todo.

Blankaoru.