Donde puedas Amarme

Acto Catorce

Donde puedas Amarme.

(Larga duración)

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-Ya pasé por esto. No será tan terrible esta vez.- se dijo Kenshin en voz alta cuando despertó esa mañana y se encontró desnudo y solo en su habitación. Pero de algún modo, las palabras dichas con mucha convicción no lograron su objetivo porque al rato se sintió muy triste y sobre todo, muy enojado consigo mismo. Supo entonces que ese sería el peor día de su vida. Y lo fue. Al menos, el peor de lo que había vivido hasta el momento, porque los que siguieron no fueron mejores.

Levantarse cada día y no ver a Kaoru en la cocina poniendo una disimulada cara de placer ante el desayuno ya era un choque. Pero lo peor era llegar por la tarde y no tenerla para besarla al cruzar el umbral de la puerta. Ni para sentirla acurrucarse contra él en el sofá. ¡Como la extrañaba en ese sofá! Y su voz… esa linda voz canturreando alegre alguna de sus canciones favoritas, hasta que, claro, entraba él y la reprendía por su música, como si fuera una niña pequeña que hace algo mal.

¡Cómo se arrepentía ahora de eso y de muchas cosas más!

Kenshin se atormentaba cada noche pensando que nada de lo que él pudiera hacer iba a retroceder el tiempo para enamorarla de nuevo y hacerlo bien esta vez. Si él tan solo se hubiera limitado a cuidarla, a mirarla, a ser más cariñoso con ella y menos criticón, a ser más dulce, más tolerante, las cosas serían diferentes. Le dolía saber que a esa hora ella estaba en Londres, odiándolo seguramente, y amándolo a la vez y preguntándose qué había hecho para merecerse que le hicieran daño, si como ella le había dicho, le había dado todo cuanto él pidió y más aún.

Una tarde se aburrió de sufrir y se hizo el firme propósito de seguir adelante. Siguió dando sus clases eficientemente y pensó, al cabo de unas semanas, que no estaba tan mal porque su pena no interfería con su trabajo. Y el trabajo, para todo japonés, es la base de su existencia. Desde luego que cuando estaba en casa, comenzaba a dudar de esa idea, porque no se explicaba de otra manera el que se sintiera tan vacío y tan mal a pesar de sus intenciones. Y que incluso ya se notara una cierta baja de peso en su cuerpo.

-Entre el extrañarla y este cargo de conciencia que traigo, me voy a volver loco.- reflexionó una noche, antes de llamar a Sanosuke y tomar una chaqueta para reunirse con él en algún bar.

Comenzaron nuevamente las salidas y borracheras, acompañado de su amigo. Y si antes bebía hasta embriagarse, ahora lo hacía hasta caer medio inconciente. Un día le ofrecieron una droga y pensó seriamente en la posibilidad de tomarla si así lo hacía olvidar que por estúpido había dejado escapar a una mujer excepcional. Otras veces pensaba que sólo estaba obsesionado con Kaoru por su imagen porque realmente no la conocía y nunca se había preocupado en hacerlo.

"Eres demasiado japonés y yo un fracaso para esta cultura. De todos modos no iba a resultar" le había dicho Kaoru al despedirse. ¡Ella tenía razón y no valía la pena sufrir por eso! Kenshin se levantó tambaleando de una mesa y ordenó una ronda para todos los asistentes al local, para celebrar que se acababa de reponer, en tiempo récord, del segundo abandono que experimentaba en medio año.

El problema es que cuando despertó al día siguiente, arrojado sobre su futón, y vomitando, se sintió nuevamente insignificante, miserable y muy triste por ser abandonado.

Fue por la tarde, cuando su estómago mejoró un poco gracias a las tizanas de Sanosuke y su cabeza dejó de martillearle inmisericordemente, que recordó algo. Antes de que se fuera Kaoru de Meiji, él escribía un libro sobre su vida. Incluso recordó, que al despedirse de ella en esa época, la joven le prometió que le escribiría.

-Entonces… esas cartas deben estar en alguna parte.- reflexionó.

-Amigo… no te entiendo. Sufres por una mujer y encima quieres enterarte de lo que fue de otra mujer por la que también sufriste. Debes ser una especie de masoquista.- observó Sanosuke mientras movía una tabla dentro del ropero que alguna vez fue de Kaoru para buscar en su interior.

-Claro que no lo entiendes. Lo que yo necesito es distracción para esto que me pasa y creo que tener noticias de Kaoru quizá me motive a retomar el proyecto del libro.-

Los dedos de Sanosuke dieron con un grueso libro en el fondo del ropero, escrito a mano con tinta, y que tenía hermosos dibujos. Todo eso proveniente de la pluma de una Kaoru que había vivido hacía 126 años, más o menos. El joven profesor, asombrado y maravillado con el descubrimiento, comenzó a leer en voz alta la primera hoja, donde Kaoru narraba la historia de cómo había llegado el cuaderno a sus manos. "Mi amado esposo me lo obsequió" explicaba. Unas páginas más adelante contaba algunas anécdotas de su vida cotidiana. Pero había una en especial que llamó la atención de los dos hombres en el cuarto.

"Siempre me apasionó el arte" o "Llegué a practicar kendo más por decisión de mi padre y por años, contra mi voluntad y sin embargo, fue lo único que me quedó cuando se fue." "Si hubiera tenido los medios hubiese sido una chica más coqueta, más elegante, alegre y despreocupada, pero tuve que madurar cuando él ya no regresó"

Kenshin sentía que estaba conociendo a una Kaoru nueva para él.

"A veces Kenshin me dice que cada día que pasa aprende algo nuevo de mí, y sin embargo, lejos de decepcionarse, se adapta y me ama más cada día. Mi querido esposo… ha traído a mi vida las risas y el apasionamiento que me fueron prohibidos en mi juventud."

-Imposible… - dijo Kenshin que escuchaba la narración de boca de Sanosuke, quien seguía absorto la lectura.

-Parece ser que Kaoru no era como tú creías. Te quedaste con lo que se veía a simple vista y no te ocupaste en indagar más en sus sentimientos. Y por eso casi le destrozas el corazón a otra niña que no tuvo culpa de nada en todo esto.- dijo Sanosuke con el diario de vida aún abierto.

-Oh… no me lo recuerdes, Sano…-empezó Kenshin sentado en el tatami y masajeándose las sienes.

-Creo, amigo Kenshin, que siempre tuviste, en esa niña, a la verdadera Kaoru ante ti. Y si no te diste cuenta de ello a tiempo… en fin, ya no vale la pena hablar de eso, porque ella debe estar

haciendo su vida en Londres, hablando inglés, tomando té con limón y soñando con conocer a la Reina mientras tú te conviertes día a día en un obsesivo, alcohólico y amargado. Si no fuera porque sé que dentro de toda esa mierda que eres ahora existe un hombre bueno, te habría abandonado también.-

-¿Podrías cerrar el pico?- replicó Kenshin molesto pero procesando lo que le decía su amigo.

-No. Soy el único capaz de decirte tus verdades. ¿Sabes? Si tanto estás sufriendo, deberías hacer algo por ti. ¿Por qué no te vas a Londres a buscar a Kaoru para pedirle perdón? O por último, vete a Meiji. Sabes cómo hacerlo. Rapta a la Kaoru original de la que te enamoraste y… -

-No.- dijo Kenshin con firmeza, poniéndose en pie.- No es de ella de quién me enamoré, porque ella fue siempre una ilusión. La ilusión de algo que estaba por llegar. Si hay un lugar al que tengo que irme, es a Reino Unido.-

-Piensa bien en lo que harás, amigo. Porque esa Kaoru es una chica que no tolera la vida en Japón. Además, debe estar recordando su vida pasada… debe gustarle el pop británico y tú te morirías con eso.-

Kenshin le quitó el libro a Sanosuke.

-Pero ahora lo comprendo, Sanosuke. Siempre amé a una Kaoru que tenía las cosas que me gustaban a mí como la tradición y el kendo en vez de ver más allá. Ya no quiero esa apariencia… quiero a una chica tierna y amorosa. A una chica tan generosa que aún odiándome, me dio lo más preciado para ella. Esa es a la que quiero. Y no me importa si por fuera es toda una occidental. Yo me enamoré de los sentimientos de esa chica porque ahora comprendo… que es lo que más extraño de ella.-

-Vaya, estamos progresando. Pero la pregunta es si serás capaz, en ese caso, de dejar el Japón.-

Poniéndose de pie, Kenshin dijo:

-Ella perdió todo antes de nuestro encuentro. Creo que es lo justo que entonces… yo deje atrás lo mío.-

Hablaba con tal seriedad, que Sanosuke se puso de pie.

-Hey, amigo, no puedes estar hablando en serio… -

-Creo que eso es algo que hasta ahora, no había hecho.-

Kenshin corrió a su pequeño despacho a buscar una agenda. Se iba de Japón, lo acababa de decidir, y necesitaba poner sus cosas en orden antes de marcharse. Abrió su notebook y en cuanto cargó, se dirigió al procesador de texto.

-¡No puedes irte así como así!- espetó Sanosuke al darle alcance.

-Claro que puedo. Es la única forma de recuperar mi corazón… y volver a ser el hombre bueno que conociste alguna vez.- dijo el pelirrojo tecleando apresurado, una carta de renuncia. Su cabeza iba a mil por hora.

-Pero… Kenshin, amigo… acuéstate, duerme un poco. Después de eso verás las cosas con más claridad y desistirás de esta locura.-

-No es ninguna locura, amigo mío. Y créeme que estoy muy lúcido. Lo primero es anunciar que renuncio, que no renovaré contrato para que busquen un reemplazo con tiempo para el segundo periodo. Luego, debo ir a ver a mi familia y discutir con mi padre lo que haremos con esta casa. Después, seleccionar lo que llevaré a Londres o dejarlo aparte para que me lo envíen cuando me establezca. Y claro, averiguar cómo conseguir ser residente allá.-

Sanosuke suspiró resignado. Conocía a su amigo y sabía que era de ideas fijas.

-Recuerda cambiar algunos yens a euros e investigar sobre hoteles o lugares donde puedas quedarte mientras encuentras a Kaoru. Porque supongo que sabrás dónde encontrarla, ¿no?-

-Eso es lo de menos, Sano. Créeme. Porque lo único seguro que tengo de este viaje, es que voy a encontrarla como sea.-

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Los días transcurrieron agitadamente para Kenshin luego de tomar su decisión e iniciar los preparativos para su radical cambio de vida. Sanosuke tenía razón en que era mucho más fácil planificar que tomar las medidas necesarias para el tipo de viaje que pensaba hacer. Por ejemplo, Kenshin se puso realmente triste con la despedida que le dieron sus compañeros de trabajo y se preguntó como iba a sobrevivir sin su querida universidad, sin dar clases…

Todo se le hizo pesado esos días. Como ir por la calle y darse cuenta de detalles que antes no había notado. Como un árbol nuevo que crecía en algún lugar, o que la chica que fue su primera novia de adolescente ahora tenía una hija de 12 años igual a ella.

Su vida estaba ahí. Todo lo que él era, lo que había sido. Se preguntó si tendría la fuerza necesaria para irse y al entrar a su casa se dio cuenta de que al día siguiente se iniciaba su viaje. Todos sus objetos personales se encontraban en cajas con etiquetas, y la casa relucía como esos hogares de catálogo, con cosas lindas pero con nada que les diera identidad. Su ropa ya estaba casi en su totalidad en las maletas y por la mañana partía a Kyoto.

Prometió a su familia, a modo de despedida, pasar Navidad y Año Nuevo con ellos y luego, el 2 de Enero del 2009, partiría sin mirar atrás. Suspirando, y recordando aún las palabras de buena fortuna de sus compañeros de trabajo, Kenshin descubrió una tarjeta de estudiante que Kaoru había dejado allí, donde salía una foto de su linda carita sonriendo a pesar que su vida era un caos. "Nos veremos pronto, mi amor. Ya lo verás" y se obligó a dejar de pensar en que irse era algo triste. En cambio, recordó lo mucho que le había dolido hacer los trámites para la cancelación de estudios de Kaoru.

-Yo sé que me dolerá marcharme, pero no creo que eso duela más que estar sin ella.

Por la mañana salió cargando sus bolsas y maletas y echó llave a la puerta con un nudo en la garganta. Echó una última mirada al que había sido su hogar durante toda la vida, y aguantándose las ganas de cancelar sus planes, tomó el taxi que lo llevaría hasta la estación de trenes a cumplir su promesa. Y así los días de fiesta pasaron entre reuniones familiares, obsequios y abrazos.

Caminaba con su padre el 1 de Enero por la tarde, por la orilla de una playa a la que se escaparon, refrescándose con la helada brisa marina y despejándose de los días de fiesta, recordando las risas de la familia. Kenjiro lo acompañaba.

-Entonces, hijo, este es nuestro último día. -

-Así es, papá.- repuso el pelirrojo metiéndose las manos a los bolsillos del pantalón.- Dos meses sin ella han sido muy dolorosos. No puedo imaginarme pasar el resto de mi vida con este sentimiento y creo que debo hacer algo.-

-Me parece bien al menos, que me hayas prometido regresar si las cosas no te iban bien. Porque si Kaoru finalmente no quiere regresar contigo, siempre tendrás a tu familia que te acogerá. Misao alucina con la idea de que te vengas con nosotros.-

Kenshin sonrió. El mismo día que se le ocurrió viajar dejó de tomar. Y ahora se sentía tan limpio, tan desintoxicado.

-Acompáñame mañana, papá. Sé que es mucho pedir y que te va a dar pena. A mi también pero… aunque estoy decidido, me siento asustado… y te necesito.-

Kenjiro abrazó a su hijo.

-Claro que voy a ir mañana, Kenshin. Y me despediré de ti con una gran sonrisa, porque no hay mayor satisfacción para un padre ver lo mucho que su hijo ha crecido. Aún cuando te casaste con Tomoe me parecías tan joven e inmaduro y ahora, finalmente, me pareces todo un hombre.

Eres un Himura, y nosotros siempre nos hemos destacado por sobre el resto por tener sentimientos elevados. Y ya me estaba preguntando, con lo que pasó con la niña Kaoru, qué había pasado con los tuyos. Kenshin, no es el trabajo ni la cultura ni los modales los que te darán mayor satisfacción, aunque te engañes a ti mismo con eso. Es el amor… el amor que puedas sentir por una mujer lo que te convertirá en un constructor, dejando de lado el ser estéril que es un hombre solo. Finalmente veo que aprendiste la lección en la historia de mi bisabuelo Himura… que estás siguiendo los pasos que dio él y que alguna vez di yo, y mi padre, y mi abuelo. No podía ser de otro modo.-

-¿El bisabuelo?-

-Bueno, es tu tatarabuelo.- dijo Kenjiro soltándolo para seguir caminando.- Él en un momento dado estuvo a punto de perder a Kaoru, su novia. Nunca le demostró lo mucho que la amaba hasta el día en que la dejó tomar sola una importante decisión.-

-Ah, ya recuerdo esa historia. Me la contaste hace tiempo.-

-Claro que sí. Entonces pensarías que Kaoru se quedó con él por lástima, pero lo cierto es que ella supo leer entre líneas, que él le decía con sus actos, que sin importar la decisión que ella tomara, él seguiría amándola, porque la quería. Y la respetaba. La amaba a tal punto que la aceptó tal y como era ella. Por eso no podía presionarla, a pesar de sus deseos, porque eso sería como tratar de cambiarla. Su amor por Kaoru era absoluto y se arriesgó por completo… y el de ella por él también lo fue. Por eso le enseñaron a mi abuelo a buscar su felicidad en el respeto hacia sí mismo y en el amor por otra persona. Y eso el abuelo Kenji se lo enseñó a mi padre y él a mí. Y yo ahora te lo digo a ti.-

Kenshin recordó el día en que Kaoru optó por Kenshin en Meiji. Recordó el modo conmovedor en que su tatarabuelo se hacía a un lado y el día de la boda cuando él la estaba presionando para que se viniera al 2008 y dejara todo tirado. El brillo en los ojos de la joven cuando decidió quedarse para casarse con ese hombre al que estuvo esperando y la felicidad que había entrevisto en cada línea que ella escribió en su diario.

Al día siguiente viajaron a Tokio y de ahí al aeropuerto Tokio Naritai. Sanosuke no quiso estar ausente y poco antes de que Kenshin se despidiera de ellos, Kenjiro le preguntó.

-¿Cómo era la mujer de la que te enamoraste en Julio? Nunca me lo has dicho.

-Hem… -Kenshin estaba descolocado con la pregunta.- Ella era muy bonita y alegre.-

-Ya veo. ¿Y Tomoe? ¿La recuerdas?-

-Claro, papá. Ella era hermosa, como la nieve sobre la tierra en un amanecer. Resplandecía.-

-¿Algo más que tengas que agregar?-

-Hem…- Kenshin pensó un poco.- No. La verdad no.-

-Y Kaoru… ¿Cómo era contigo?-

Los ojos de Kenshin se iluminaron al empezar a describirla.

-Era alegre, simpática, muy ocurrente. Y tan tierna, papá, tan dulce. Y tenía una risa que era como canto de ángel. Además, su voz tenía algo y sus ojos, papá, eran sorprendentes. No sé, como que tenían unos brillitos que yo nunca antes… -

Kenshin se calló cuando sintió unas palmadas en el hombro.

-Realmente estás listo para ir a buscarla, hijo.-

-¿Oro?-

-Viviste con una mujer a la que solo la encontrabas guapa y de otra te enamoraste por su belleza y alegría. Pero de Kaoru, de una niña que no conocías nada, te prendaste de sus sentimientos. Ahora me siento más seguro para dejarte partir. Realmente espero… que puedas encontrar a tu Kaoru.-

Kenshin miró a Sanosuke que asintió y abrazó a su padre.

-Te quiero, papá. Siempre has sido el mejor conmigo.-

Luego abrazó a Sanosuke.

-Y tú, mi amigo… has sido esa lucecita constante que he vislumbrado en mis días más oscuros.- Luego lo soltó cuando hicieron el último llamado a bordo.- Gracias a los dos, por todo.- agregó, cuando ya se iba por el pasillo que lo conduciría al avión.

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El vuelo salió puntual, y Kenshin trató de relajar sus agarrotados músculos. Es que eso de viajar en avión por primera vez y a un lugar tan lejano era para ponerle a cualquiera los nervios de punta. Cuando finalmente se calmó, pudo entretenerse un poco mirando por la ventana, leyendo revistas o coqueteando inocentemente con la azafata.

Al llegar al aeropuerto de Londres, Kenshin recogió su equipaje y nervioso y expectante, reparó en el mar de gente que hablaba distintos idiomas. Sin embargo, se sintió muy solo, porque nadie lo esperaba, nadie le conocía ni hablaba con él. Toda esa sensación era nueva y atemorizante a la vez, pero se repuso como puso y fue a un sitio donde podía hacer llamadas al extranjero. Agradeció las clases intensivas de inglés que había tomado cuando habló con la señorita que le ayudó a hacer la llamada al Japón.

-Hola, padre. Acabo de llegar a Londres.-

-Hijo… vaya… hem… hum… - bostezó Kenjiro.- Es medianoche, según el reloj… disculpa que no esté muy despejado pero… ¿todo va bien?-

-Al menos la parte fácil si. Pero mi reloj biológico me está molestando. Tengo mucho sueño y acá son recién las tres de la tarde.-

-Trata de aguantarte hasta que sea hora de dormir allá o después te costará adaptarte. Por cierto, Sakura encontró el papelito con el número de teléfono de Adam Smith, para que contactes con él. Anota.-

Kenshin hizo caso, feliz.

-Hijo, llámame, cualquier cosa. Y… sólo por si acaso y no es muy urgente… recuerda que estamos nueve horas delante de ti. Para que calcules.-

-Desde luego, papá. Saludos a Misao y Sakura. Dale las gracias de mi parte.-

La llamada fue breve pero Kenshin se sintió con energía y valentía renovada para seguir su viaje. Tomó sus maletas y salió del aeropuerto a buscar un taxi. El choque al verse en la calle fue aún más fuerte que estar adentro.

"Qué extraño se siente ser extranjero. La gente pasa y me mira de reojo por mis ojos redondos y mi nariz chata. ¿Y ahora?… Misao me dijo que antes de cualquier cosa comprara un paraguas, porque aquí el clima es muy cambiante."

El pelirrojo encontró una tienda de paraguas a la salida del aeropuerto, y eligió uno café con rayas rojas y negras que se cruzaban formando cuadrados. "Esto realmente es muy británico" meditó, y tomó un taxi que paró cerca de él.

- "Al hotel Palace"- le dijo al taxista, y se reclinó en el asiento. Pensó en Kaoru. "Pobrecita. Debió sentirse mil veces más perdida que yo en este país, cuando recuperó la conciencia y no reconoció nada de lo que había alrededor. Al menos yo sé quién soy y de donde vengo y he hecho investigaciones y reservaciones por internet. Sé que puedo moverme bien en este sitio."-

Después de registrarse en el hotel, Kenshin se acomodó en su nuevo cuarto y se dio un baño. Sintió que debería dormir pero no debía. Lo mejor sería esperar un rato más hasta que den las nueve. Además, tenía una cosa en mente: Encontrar a Kaoru en esa enorme ciudad y eran recién las cuatro de la tarde. ¿Cómo lo haría? Tenía que contactar con Adam. Kenshin se asomó a la ventana y miró a lo lejos el Big Ben. Y luego reparó en el color del cielo. ¿No era azul y brillante cuando él llegó al hotel? ¡Ahora estaba totalmente nublado! Al parecer empezaría a llover… y estaba oscuro. Lo mejor sería posponer la búsqueda en terreno hasta el día siguiente, pero por el momento, llamaría a recepción para anunciar que haría una llamada telefónica.

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Luego de bañarse, Kaoru se aplicó crema para peinar en el cabello y se entretuvo haciéndose algunos rulos, fijando parte de su cabellera en un lugar estratégico con una hermosa traba y contenta con su imagen, bajó al primer piso a comer panqueques americanos con manjar que le encantaban y que le estaba haciendo su mami para mimarla. La joven, sin darse cuenta, comenzó a retorcerse uno de los rulos. Al parecer, era una de sus costumbres cuando estaba pensativa.

Al llegar de Japón y descansar adecuadamente, Kaoru le había comentado a Ayako que quería cortarse el cabello. Su madre la miró con sorpresa y de inmediato sacó un álbum de fotos.

-Si me permites opinar, siempre te gustó el pelo largo. Lo que más querías de ti era precisamente tu cabello porque lo cuidabas mucho y te gustaba probar peinados diferentes y bonitos cada día. De hecho, estas fotos las agrupaste tú y muestran tus diferentes estilos. A veces las usabas cuando no te decidías por un peinado.-

Kaoru había observado las fotos, sorprendida por lo bonita que se veía.

-Nunca necesitaste teñírtelo o ir a cada rato a la peluquería como otras chicas. Tú tenías un estilo sencillo y femenino. Quizá quieras probar un poco lo que se siente hacer eso nuevamente antes de decidir cortarlo por completo.-

La joven le había hecho caso a su madre y había descubierto en su cuarto una cajita llena de pinches, trabas, listones y chapitas entre otras cosas. Realmente ella era una chica alegre y con estilo, y optó por dejarse el cabello largo como siempre lo había llevado.

Su cuarto era todo un sueño. Tenía un póster de Robie Williams, de las Spice Girls, de la película "Amelie" y en algún rincón, una interesante colección de películas románticas. Tenía peluches, muchos colores por doquier… de hecho, había un mural con fotografías con su madre, su padre japonés, su padrastro y su primo Yahiko. Había fotos con algunas chicas y chicos, supuso que amigos suyos y familiares. Al parecer no sólo había sido una chica alegre y despreocupada, sino una muy querida y apreciada por los que la rodeaban.

Los días pasaron y había mucho que aprender, como muchas historias familiares que memorizar para no sentirse perdida en las comidas de fin de año a las que había venido su abuela materna que estaba radicada también en Londres, o la mamá de Yahiko. Además, a veces venía a verla Sidonie, su mejor amiga quien no se desanimaba con ella a pesar de su falta de recuerdos. Kaoru estuvo muy ocupada aprendiendo toda su historia de nuevo, conociendo a conocidos y paseando por Londres, redescubriendo su ciudad. Al menos, por alguna extraña razón, las calles y edificios, incluso la contaminación le daban una sensación de pertenencia, de que ella era de aquí. Los parques, las personas, la etiqueta…

-Londres es mi hogar.- reflexionó la joven mirando el Támesis desde el Puente de Londres, mientras Ayako compraba rosados algodones de azúcar para compartir.

Kaoru regresó al presente y descubrió que su plato de panqueques estaba lleno. ¡Qué cosa más deliciosa que eran! Ayako se quitó el delantal y notó con una sonrisa que su hija estaba engordando.

-Ahora si iré a ponerme mi vestido. Adam llegará dentro de un par de horas. Cuento contigo para que me hagas un lindo peinado.- le dijo al salir del lugar.

-Claro, mamita.-

La joven se sentó a la mesita redonda y atacó sin piedad sus panqueques.

"Llegué tan flaca… a veces me parece que todo lo de Japón se trató de un sueño. No sé si malo o bueno, porque llegué a querer tanto a Kenshin… tanto. Mami me decía que aunque a veces me gustaban chicos, nunca fue del modo en que yo le he descrito mis sentimientos por él."

Hacía tiempo que no estaba a solas y ahora no paraba de pensar en Kenshin. Lo extrañaba, mucho. Y no lo entendía, porque no debería ser así. Pero lejos de disminuir esa pena con la distancia, cada día que pasaba la sentía más grande y a él, por alguna razón, más cerca.

Recordó la primera vez que estuvo con el pelirrojo en la intimidad, y la segunda y última vez. Recordó su expresión tranquila mientras dormía esa mañana en que ella se fue. Y aunque había ingleses más altos, fuertes y con una apariencia más varonil, ella no podía olvidarse de su pelirrojo, ni de sus maravillosos ojos violeta, que aunque en Japón podían ser una cosa rara, en Inglaterra no.

-A veces me pregunto qué me hizo ese hombre. Tuvo que haberme hechizado de alguna manera porque lo cierto es que no puedo sacármelo de la cabeza.-

El teléfono sonó y ella contestó. Una voz varonil la saludó.

-Hola, Kaoru.

-Albert… -

-Me preguntaba si querrías salir conmigo a dar una vuelta.-

-Lo siento, pero no puedo. Es el cumpleaños de mami y tenemos planes.-

-Y… ¿mañana? Tengo tantas ganas de verte.- la voz del joven delataba cierta emoción. Pero Kaoru, francamente, no estaba para esas cosas.

-Lo siento… hem… Albert… las cosas ya no volverán a ser como antes. Yo lo lamento mucho pero la verdad es que no siento ninguna emoción por ti. Y por ende preferiría que… no nos veamos más.-

- Pero Kaoru… nunca me recordarás si no pasas más tiempo conmigo. Nosotros teníamos algo, tú eras mi novia y yo no puedo olvidarte.

-Albert… aunque mi familia ha hecho lo posible, no he podido recordar absolutamente nada en este tiempo y de verdad, ¿tú crees que podrás ayudarme a recordar lo nuestro? Ni siquiera Sidonie, o Fergie han podido y yo por otra parte sólo quiero seguir adelante y generar recuerdos nuevos con personas agradables. Por favor, ya no insistas más, porque lo que hayamos tenido ya no existe.-

-Conociste a alguien, ¿verdad? ¡Yo tenía tanta razón en no querer que te fueras a Japón!-

Albert era uno de esos chicos guapos que a una le cortan la respiración no más verlo. Y Kaoru descubrió muchas fotos con él en un álbum. Sus amigas mismas corroboraron que se querían mucho y planeaban ir a la universidad para casarse algún día al salir. Sidonie le dijo a Kaoru que ella una vez le confidenció que a pesar del tiempo juntos, ellos no habían intimado aún.

-Lo querías, pero nunca te sentiste muy segura con él.- le había dicho la joven del cabello del color del trigo y ojos dulces color miel. Por otra parte, Ayako le contó que Albert había rogado mucho para que no se fuera a Japón.

-Perdóname, Albert. Y por favor… no llames más.- dijo ella débilmente.

La comunicación se cortó de repente y Kaoru imaginó que Albert estaba enfadado. Y era entendible pero, ¿qué sacaba ella si volvía con él, mientras pensaba en Kenshin? No le parecía honesto.

Ayako apareció con un vestido maravilloso y Kaoru comenzó a maniobrar en su cabello mientras le relataba la conversación de hacía unos momentos.

Era muy fácil hablar con Ayako. Siempre estaba dispuesta a escucharla aunque le contara veinte veces la misma anécdota. Y era tan cariñosa… Era grato estar con ella.

-Mami, te quedaron ricos los panqueques.-

-Ay, mi princesa, ¿cómo no iba mimar a mi única hija?… bueno… eso no será por mucho tiempo.

-¿Qué dices, mamá?

-Kaoru, mi niña… esta noche le daré la sorpresa a Adam. Ya lo confirmé… ¡estoy embarazada! No puedo creerlo. Después de tantos años… -

A Ayako se le quebró la voz y Kaoru la rodeó para abrazarla.

-Mamita, mamita… ¿tendré un hermanito?… oh, mami, mami… eres aún tan joven y tan linda… -

-Llevamos años intentándolo. Tú sabías que yo me sentía mal por no poder darle un hijo a Adam y ahora… tengo un poco más de dos meses. Y dentro de unas semanas será la primera ecografía… ¡oh, Kaoru! Seré mamá nuevamente y estoy tan feliz, y asustada… tengo cuarenta años y… -

A Kaoru se le llenaron los ojos de lágrimas.

-Lo harás bien. Todos te ayudaremos. Mami… -

Las mujeres estuvieron abrazadas un rato, llorando y riendo a la vez, y luego, retomando la compostura, Kaoru se esmeró en embellecer a su madre, preguntándose, por un momento, qué hubiera pasado si ella hubiera quedado embarazada de Kenshin. Parece que su madre pensó lo mismo.

-Tú no te cuidaste esa noche.-

La joven le había contado a su madre que había pasado la noche con el pelirrojo. Pero siguiendo la mentira que le había dicho en el hospital de Tokio, la joven la convenció de que esa noche ella sedujo como pudo a Kenshin, con el pretexto de que no se iban a ver más y que ella estaba muy enamorada de él aunque no fuera correspondida.

-No pasó nada, mamá.-

-Arriba dejé un test de embarazo. Háztelo. Las instrucciones son muy simples…

-Pero mami...-

-Mi intuición me dice que algo no anda del todo normal en ti. Vamos, hazte el test. No te demorarás nada.-

-Pero yo tuve una regla… -

-Tú misma me comentaste que apenas y manchaste tu toalla. Eso no cuenta como regla.-

La joven meditó en las palabras de su madre y subió al segundo piso, donde encontró el test. Entró al cuarto de baño y siguiendo las instrucciones, se sentó junto a su madre que había llegado, a esperar el resultado.

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-¡Qué hermosas se ven!-

Adam miraba completamente alelado a Ayako. Algo tenía la japonesa, porque se ponía más guapa con los años.

Kaoru se adelantó a saludar a Adam, que se veía muy atractivo en su traje, para luego dejarle espacio a su madre para que se demorara todo lo que quisiera en abrazar a su esposo. Avanzó a la mesa y empezó a saludar a sus parientes.

-Hola, tía Akiko, tío Akira… Yahiko, primo, qué bueno verte. ¡Abuelita!-

Estaba toda su familia japonesa reunida en el elegante restaurante. De inmediato se sentó.

-Te ves muy linda, Kaoru.- le dijo Akiko.- Realmente sacaste lo mejor de mi hermana.-

-Y ustedes sacaron lo mejor de mí, claro está.- dijo la abuela, tocando uno de los rulos de Kaoru.- ¡Qué feliz me siento de tener tan buena familia!-

La abuela fue tan efusiva en su gesto, que dejó caer la cartera que tenía sobre sus rodillas, que se abrió dejando salir algunas cosas. Kaoru se ofreció a recogerla y estando debajo de la mesa, vio un par de elegantes zapatos negros y brillantes detenerse al lado de los de Adam. Tuvo un presentimiento repentino.

-Buenas noches a todos. Espero haber llegado a tiempo.-

Kaoru reconoció la voz. Aunque hablaba un inglés perfecto, ella reconocería ese tono y ese acento en cualquier parte. Tomó la cartera de una vez y metió en ella todo lo que encontró, apresuradamente.

-¡Señor Himura hijo! ¡Qué sorpresa más grande! No puedo creer que usted haya venido!- dijo Ayako pensando de inmediato que si Kenshin había venido, era por Kaoru. ¡Qué alegría para su hija!

-He llegado ayer y contacté con el señor Smith. Él me ha invitado y me siento muy honrado de poder acompañarles en este momento especial.-

La abuela hablaba sin cesar del cabello rojo del señor Himura y bajo su zapato había un labial. Kaoru trató de tirar de él pero la abuela no aflojó el pie y el labial se trizó.

-Pero qué muchacho tan guapo.- dijo la mujer, moviéndose y dejando a Kaoru lista para emerger con todo reunido. Cuando la joven lo hizo, vio que Kenshin… ¿Por qué ese era Kenshin, no? Le pasaba un ramo de flores blancas a Ayako.

-Lamento no traer un presente más apropiado.-

-Son hermosas, señor Himura.- dijo la mujer aceptando el obsequio.- Muchas gracias.-

Entre las flores blancas había una roja y dos rosadas. Kenshin tomó las tres rosas y las separó con cuidado del resto de las flores.

-Señoras.- dijo de un modo galante, obsequiando una a Akiko y otra a la abuela. Cuando Kaoru finalmente se acomodó sobre su asiento, Kenshin quedó como congelado un momento mirándola, antes de pasarle la rosa roja.

- Kaoru.-

Su voz sonó tan suave que por un momento la joven pensó que ella lo había imaginado.

-Kenshin… qué bueno… verte por acá.-

Las mejillas de la joven se llenaron de rubor en tanto el mozo acomodaba a Kenshin junto a ella. Ayako los miraba con una enorme sonrisa.

Kaoru por su parte, miraba a Kenshin sin podérselo creer. ¿Era él? Estaba más delgado, pero su apariencia era muy cuidada. La piel de su mentón se veía suave y Kaoru se preguntó qué se sentiría acariciarla de nuevo. Apartó esa idea de su cabeza y se dedicó a estudiarlo a hurtadillas. El traje era impecable, de un corte que le sentaba muy bien al japonés, oscuro. La corbata no pudo haber sido mejor elegida. La camisa resplandecía de blanca. ¡Estaba de comérselo! El cabello…

-¡Te cortaste el cabello!- exclamó Kaoru. Kenshin, que hablaba algo con Adam sobre el Pabellón de Oro, se volvió hacia ella con una sonrisa.

-Es que quería cambiar.- explicó con sencillez. Pero la joven intuyó que él no se refería a un cambio de apariencia.

-¿Y cómo está Japón?- preguntó la abuela.

-Bien. Es decir, aguantando los embates de la crisis financiera. Aún con su economía estable no pudo dejar de sufrir ciertas consecuencias, pero en general aún se puede vivir más o menos tranquilo.-

-¿Y cuánto tiempo pretende quedarse en Inglaterra?- preguntó Akira, padre de Yahiko.

-Eso depende de una respuesta que he venido a buscar.- respondió el pelirrojo. En eso, fueron interrumpidos por el maître que traía una botella de vino, del cual le dio a probar una copa a Adam. Éste le preguntó a Kenshin si deseaba catar él mismo el vino.- Lo lamento… no tengo dotes de enólogo. - Akira si las tenía y también pudo probar el vino.

El maître llenó las copas de todos para el brindis en honor de la cumpleañera. La de Kaoru en cambio tenía jugo de frutas, así como una copa que apareció sorpresivamente para Ayako. Adam la miró con extrañeza y ella, con los ojos brillantes respondió:

-Querido esposo… me temo que ya no podré beber durante un tiempo. Y es que… hay una noticia que quisiera darles a todos esta noche. Espero que sepan apoyarme… -

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Ayako giraba entre los brazos de su marido y la abuela estaba enfrascada en una interesante discusión con Kenshin sobre la Era Meiji. Yahiko escuchaba entretenido mientras su padre sacaba a bailar a su madre a la enorme pista.

-Abuela, no podrás ganarle al señor Himura, porque él es historiador.- dijo el muchacho al cabo de un rato.

-¿Historiador? Usted es un tramposo, señor Himura. Con razón sabía tanto de historia japonesa para ser tan joven. ¿Realmente es historiador?-

-Soy profesor de Historia Universal, con mención en Historia japonesa.-

-Entonces, sabrá cosas también de la historia de Londres.-

-Desde luego.-

-Yo llevo acá quince años viviendo con mi hija Ayako y Akiko, que se vino a vivir hace cinco con su familia. Sé mucho de esta ciudad y tiene lugares interesantes por conocer. Pero… ya no soy una jovencita. Y por eso creo que Kaoru podrá enseñarle nuestro atractivos históricos mejor que yo.-

Kaoru soltó el tenedor donde aún había un trozo de pastel y Kenshin reprimió una risita al verla.

-No dudo que ella será una compañía perfecta.- comentó el pelirrojo.

-Abuela…- comenzó Kaoru, pero la abuela la detuvo.

-Señor Himura, mi nieta Kaoru es preciosa y sin embargo está muy sola esta noche. Sáquela a bailar para que luzca su juventud. Supongo que usted sabe bailar, ¿no?-

-Desde luego.-

Kaoru iba a protestar, pero Kenshin rápidamente se puso de pie y extendió su mano. La joven no se pudo negar.

-¿Por qué viniste?- preguntó ella en japonés cuando llegaron a la pista de baile. Kenshin colocó una mano en su cintura, porque la música que tocaba la orquesta era lenta.

-Vine por ti.- respondió en el mismo idioma.

Kaoru de inmediato se puso a la defensiva

-Yo no voy a volver a Japón. Este es mi hogar.-

Kenshin no dijo nada. Sólo se limitó a bailar y Kaoru a seguirlo. Realmente él bailaba bien y ella se sentía de maravilla entre sus brazos. Luego de unos minutos, la música cambió a un tono más alegre y rápido y Kaoru lamentó tener que separarse.

-En verdad te ves preciosa.- le dijo Kenshin al oído cuando el estilo del baile los obligó a juntarse nuevamente, casi rozando sus mejillas.- Realmente te extrañé mucho.-

-¿Viniste por eso?-

Se volvieron a separar y al cabo de unos segundos volvieron a reunirse.

-¿Y por qué otra cosa si no? No me interesa la arquitectura londinense, aunque es atractiva.-

La música cesó y Kaoru le sostuvo la mirada a Kenshin por unos segundos. Entonces, sus ojos se llenaron de lágrimas.

-La rosa estaba muy bonita.- comentó, para decir algo y desahogar el nudo en su garganta.- En verdad lo era.-

-¿Y sabes lo que significa una rosa roja?-

-No.-

Kenshin le tomó una mano y se acercó a su oído.

-Te amo.-

Kaoru abrió mucho los ojos y luego los volvió a cerrar con fuerza. Contuvo a duras penas sus ganas de abrazarlo. La etiqueta británica exigía contención de los sentimientos en público.

-¿Por qué me haces esto? Sabes que odias todo lo relacionado a la cultura occidental. Seguramente estarás asqueado de nuestra comida, nuestra música y nuestra historia. Kenshin… no va a resultar. Además tú me… dañaste. Yo no sé si pueda olvidar…-

Otra pieza de baile empezó y Kenshin comenzó a moverse con Kaoru. Un tema lento era ideal para conversar sosteniendo el corazón de la otra persona.

-No te pido que olvides nada si no puedes o no quieres. Esta vez no te pediré nada, Kaoru, porque vengo a darte todo.-

-¿Ehh? No… no puedes. Extrañarás tu país, te devolverás… yo no quiero ilusionarme de nuevo.-

-Pequeña, no vengo a ilusionarte. Vengo a mostrarte realidades. Y créeme, tengo toda mi vida para demostrarte cuánto te amo y cuánto te puedo llegar a amar. Sólo vuelve a creer en mí.-

-Pero… -

-Kaoru, vengo dispuesto a todo para que vuelvas a creer que puedo ser el amor de tu vida.-

-No es así. Quizá viniste porque como yo soy una chica fácil… -

Kenshin se detuvo abruptamente en su baile, repentinamente enfadado.

-No vuelvas a decir eso de ti. Nunca más digas eso de ti. Tú no eres una chica fácil. Sólo fuiste una muchacha inocente a la que seduje. Por otra parte, si sólo hubiera querido sexo, no me habría tomado la molestia de viajar por medio planeta para ganarme a tu familia y conseguir su apoyo por si tú no querías volver a verme.-

Kaoru bajó la vista y nuevamente Kenshin comenzó a guiarla.

-No eres una chica fácil…- dijo él cerca de su oído, manteniéndola pegada a su cuerpo.- Eres… eres la niña más maravillosa que he tenido oportunidad de conocer. Y tengo tantos adjetivos para definirte… que no puedo creer que seas tanto en mi vida. Quiero… que me des la oportunidad de demostrarte que aunque no lo parezca, te conozco mejor que nadie, y que puedo hacerte feliz. Y borrar de alguna manera todo lo malo que haya podido hacerte.-

Kaoru cerró los ojos, bailando. No podía creer lo que escuchaba.

En un momento, Kenshin sintió un repentino pánico al pensar que ella, después de todo, podría rechazarlo. Algo profundo dentro de él lo hizo decir lo siguiente:

- Pero… no tienes que responderme ahora. ¿Te parece si mañana voy a tu casa y allá hablamos más tranquilos? -

Sin mirarlo, Kaoru asintió. Y siguieron danzando hasta que llegó la hora en que todos se retiraron a sus casas y Kenshin a su hotel.

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Indecisa, se aplicó un poco de rubor en las mejillas y luego algo de brillo labial. Kaoru acarició la rosa que tenía en un florero delgado al lado de su cama y corriendo, bajó las escaleras cuando escuchó el timbre.

-Albert… - dijo sorprendida al abrir la puerta. El joven traía un enorme ramo de rosas y unos chocolates de regalo.

-Kaoru… necesito… que por favor… tú vuelvas conmigo.-

Por inercia, Kaoru recibió los obsequios. Pero su respuesta fue tajante.

-No puedo.-

-Pero ¿por qué no?-

-No te recuerdo.-

La joven entonces devolvió las flores y chocolates.

-Lo lamento.-

-Pero yo no necesito que lo lamentes. Necesito que hagas algo al respecto. ¡Tienes que hacerte cargo de tu pasado, de tu relación conmigo!-

-¿Pasa algo?-

Ayako, que lavaba unos platos, se asomó.

-¿Está todo bien, hija?-

-Me temo que no, mami.- contestó Kaoru mirando fijamente a Albert.- Yo no me tengo que hacer cargo de nada, como dices. ¿Qué acaso no puedes respetar mi decisión?-

-Buenas tardes.-

Kenshin llegó puntual, en el momento exacto en que el reloj de la sala dio las dos con treinta minutos. Traía un ramo de flores, pequeño en comparación al de Albert, pero de muy buen gusto. Y tras el ramo, un leoncito de peluche con un moño rojo. De su brazo colgaba un paraguas.

Albert lo miró con odio.

-No sé quien es usted ni me interesa, pero mi novia y yo estamos hablando.-

Kenshin palideció por un momento. Miró a Kaoru.

-Albert, gracias por tu visita. Desgraciadamente has sido inoportuno… - dijo Ayako saliendo a recibir a Kenshin con mucha calma y guiándolo al sofá.-… porque yo tengo un invitado de mi país y desearía poder hablar tranquila con él, en este, el recibidor de mi casa.- Kenshin tuvo que reconocer que los británicos tenían mucho estilo para despedir a quienes les caían mal. Porque la mirada de la señora le indicaba que el tal Albert no era de su agrado.

-Kaoru, salgamos.- dijo el joven.

-No voy a salir contigo hoy. Ni mañana. Ni nunca. Ya te lo he dejado muy en claro y si no quieres entender, es tu problema. Adiós.- respondió enfadada Kaoru, cerrando la puerta en las narices del joven. Kenshin contuvo una risa, pero Ayako no pudo hacer eso.

-Jajaja, espero que no vuelva ese maleducado.-

-Mami, dime, por favor… ¿qué le vi yo a Albert? Es tan pedante… insistente… -

-Era guapo… y tú eras una chica popular. El joven no es malo, pero está dolido en este momento y por eso no razona… en fin… señor Himura hijo, que agrado verlo por aquí.-

-También es un placer verla, señora Smith.-

-Usted ayer me sorprendió. Baila realmente bien, tiene usted mucho ritmo. Con mi esposo no podíamos dejar de mirarlo.-

Kenshin rió.

-Cuando yo era joven, mi padre me obligó a tomar clases de bailes de salón. Decía que eso me ayudaría a moverme de modo elegante cuando quisiera conquistar chicas. No lo entendí en su momento, pero ahora me siento agradecido.-

Kaoru llegó hasta ellos y Ayako los miró de reojo.

-Como supongo que viene usted a ver a mi hija, los dejo solos. Iré a terminar mi quehacer. Espero que se quede para tomar el té con nosotras.-

-Por supuesto.- dijo Kenshin levantándose del sofá cuando Ayako salió. Luego miró a Kaoru.- Hola.-

La joven, ruborizada, lo saludó a su vez.

-Hola.-

Se quedaron en silencio, sólo mirándose.

-Hem… ¿quieres tomar algo caliente? ¿Leche tal vez, o té?-

-Dentro de un rato. Gracias. Y… te ves muy bonita hoy. Ten, por favor.-

Kaoru recibió las flores, acariciando sus bellos pétalos. En eso reparó en el peluche de león.

-¡Oh, Kenshin, es precioso! ¡Y su melena se parece a la tuya! Bueno… a la que tenías.- exclamó, abrazando el leoncito.- ¡Qué cosa más dulce!-

Satisfecho, Kenshin hizo ademán de sentarse, y Kaoru lo siguió en cuanto puso sus flores en agua, con el peluche entre los brazos.

-Kaoru… yo… deseo continuar la conversación de anoche. Quiero que me perdones y que empecemos de nuevo.-

La joven movió la cabeza de arriba abajo. Pero no era un gesto de asentimiento, sino de que ella comprendía lo que él le decía.

-Hay un joven.- comenzó a decir Kaoru.- Albert, a quien viste recién. Él era mi novio.-

Kenshin no entendió a dónde quería llegar Kaoru con eso.

-Ya veo.-

-Yo no lo recuerdo, pero sé que fue bueno conmigo, que estábamos enamorados y que quizá hasta nos casaríamos algún día. Pero me fui a Japón a estar con mi padre a pesar de sus ruegos. Luego lo del accidente y esta maldita amnesia que tiene mi vida partida en dos. Albert me ha dicho que debo hacerme cargo de mi pasado y quizá tenga razón y tal vez… si yo no te hubiera conocido entre medio, podría hacer eso.-

-Comprendo.-

-Casi todos los aspectos de mi vida anterior los he podido retomar. Mis amigas, mi familia, incluso algunas costumbres y gustos. Pero mi corazón se quedó en Japón. Contigo. Por otra parte… las cosas han cambiado y por eso estoy más segura que nunca que no volveré con Albert. Y sobre ti… sobre nosotros… tengo un problema. Y no sé si quiera resolverlo.-

-Dime.- dijo Kenshin preparándose para lo peor.

Kaoru lo miró con cierta desconfianza, hasta que cerró los ojos.

-Mi memoria ha mejorado considerablemente en estos días. Estar en casa me ha hecho bien aunque antes del accidente esté todo borrado. Pero hay cosas que sucedieron en Japón de las que no me puedo acordar. Por ejemplo… realmente no recuerdo por qué discutimos antes de mi regreso a Londres.-

Kenshin se quedó de una pieza.

-Sé que tuvo que ser algo grave porque sentí mi rabia aún el día que nos despedimos, pero no pude encontrar la causa. Y a pesar de que yo sabía que algo estaba mal, te busqué esa noche dejando el orgullo de lado. Kenshin, ¿podrías decirme por qué discutimos?-

El pelirrojo se rascó la cabeza un momento. ¿Decirle a Kaoru que la había manipulado, nuevamente? No le pareció una buena idea si quería recuperarla, pero por otra parte… aunque le doliera, lo mejor sería ir con la verdad.

Tomó las manos de la joven y empezó el relato que le contó alguna vez. La joven idéntica a ella de la que se enamoró, el abandono y el día en que ellos se conocieron. La seducción, la manipulación… desencajado, Kenshin acabó de hablar sintiéndose un monstruo. Kaoru ni se inmutó.

-Vaya… asi que eso era. Y ahora… ¿vienes por mí o por esa otra chica?-

-Vengo por una chica que come panqueques y patatas fritas, y bistec, y escucha brit pop. Y que juega voleibol como los dioses. Y que… que antes, aunque yo no lo merecía, me quería y se acurrucaba contra mí en el sofá. Porque extraño mucho a esa chica. Porque yo me enamoré profundamente de esa chica y tuve que venir a decírselo.- respondió Kenshin emocionado. Ayako, que acababa de terminar sus labores, se asomó a la puerta y escuchó todo ese pequeño discurso.

-Yo me enamoré de un japonés terco y egoísta. Y ahora estoy vislumbrando a un hombre nuevo. Creo que este me gusta más.- respondió Kaoru acercándose a él y buscando refugio entre sus brazos.

-Pero entonces… ¿no me odias con lo que te he contado?-

-¿Debería?-

-Sufriste mucho.-

Kaoru pensó un poco.

-Yo no olvidé esa historia. Sólo quería saber si era cierto que venías a darme todo de ti como dijiste anoche. Y me diste esa verdad que a ti no te convenía. Cumpliste tu promesa. Además… todo lo malo quedó en Japón. Esto es Londres y aquí podemos comenzar de cero. Porque tú pareces un hombre nuevo y yo estoy en casa y podrás verme en mi hábitat.-

-Kaoru… mi Kaoru… -dijo Kenshin feliz, abrazándola fuerte y besándola entre los cabellos.-Mi cielo… ahora haré todo bien. ¿Con quién debo hablar para cortejarte? Porque quiero que seas mi novia, y quiero salir por ahí contigo, y que me enseñes tu mundo… y…-

-Señor Himura hijo.- dijo Ayako dejándose ver.- Yo no tengo inconveniente en que corteje a mi hija. Pero… me temo que las cosas van a tener que apresurarse.-

-¿Oro?-

Ayako intercambió una mirada con Kaoru, quien asintió. Luego la joven miró a Kenshin nuevamente.

-Tendremos que… apresurar esos pasos.- comentó nerviosa.

-¿Por qué? ¿No quieres que Albert te siga molestando?-

Kaoru tomó aire.

-¿Estás dispuesto a vivir aquí para siempre y casarte conmigo?-dijo apresuradamente.

-Desde luego.- respondió Kenshin seguro y con calma. Kaoru lo miró unos segundos y volvió a tomar aire.

-Yo… no era algo que hubiera planeado… en verdad no lo fue y si te quieres echar para atrás y regresar a tu país, lo entenderé pero… estoy embarazada. Lo supe anoche.-

Kenshin se quedó inmóvil por unos segundos. ¿Un hijo? ¿Kaoru iba a tener un hijo de él?

-¿Ya viste a un médico?- preguntó impaciente.

-Mami me llevó a su doctor. Confirmó que tengo casi dos meses y que el bebé nacerá a mediados de Julio si todo sale bien. Me harán una ecografía para ver si todo va bien dentro de unas semanas y el doctor recomendó algunos suplementos porque… -

Kenshin no siguió escuchando, porque levantó a Kaoru del sofá, tomándola en brazos y moviéndose así por el cuarto con ella.

-Un hijo… un hijo… o una niña, tal vez… Kaoru, Kaoru… mi vida, mi amor… dime… ¿qué tengo que hacer en tu país para casarme contigo? Ya que invertiremos los pasos, prometo cortejarte el resto de mi vida.-

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Adam insistió en que Kenshin y Kaoru vivieran con ellos hasta que pudieran adquirir un hogar propio, porque estar en un hotel era caro y necesitaban ahorrar para el futuro. Había un cuarto de invitados que el pelirrojo ocupó hasta que, dos meses después pudo casarse con Kaoru por el civil y al día siguiente por la iglesia.

La ceremonia religiosa fue por la iglesia anglicana y Kenshin tuvo que reconocer que Kaoru se veía preciosa con su vestido blanco y que la panza casi ni se le notaba. Recordó, mientras veía a la joven avanzar hacia él, por el pasillo, que siempre soñó con casarse a la usanza japonesa, cosa que no pudo hacer con Tomoe porque su trabajo de modelo no le dejó tiempo. Pero ahora eso no le importaba porque Kaoru se acomodó a su lado para dar inicio a la ceremonia.

Sanosuke y la familia de Kenshin no se quisieron perder de estar allí. Misao se encargó de "entregar" a Kenshin por ser su hermana y Adam hizo lo propio con Kaoru. Por la noche se hizo una gran fiesta y todos lo disfrutaron enormemente.

Fue una semana después, cuando la familia Himura y Sanosuke quisieron volver a Japón, que se evidenció un problema. Kenshin los había ido a dejar al aeropuerto y al abrazar a su padre para despedirse, el pelirrojo no lo quiso soltar.

-Papá… -

-Hijo, ¿qué sucede?-

Sakura, Misao y Sanosuke ya se habían ido para abordar el avión.

-Cómo quisiera que te quedaras.-

-¿Te pasa algo?-

Kenshin no podía mentirle a su padre. Asintió con la cabeza gacha.

-Extraño mi país, mi gente. Mis costumbres… -

-Sabías que iba a pasar.-

-Pero no sabía que el dolor iba a ser tan fuerte. El primer mes lo soporté bien, pero éste último se me ha hecho cuesta arriba.-

-Pero dime… Kaoru… -

-Ella no quiere saber nada con irse de Inglaterra. Es la mujer más maravillosa del mundo, papá, la más linda, la más buena… pero la pasó tan mal en Japón que no quiere regresar. Y yo en cambio… daría lo que fuera por ver mi viejo dojo.-

-Si te consuela un poco, puedes ir para las vacaciones.-

Kenshin suspiró.

-Hijo, no pierdas la fe. Recién estás conociendo este lugar y estoy seguro de que verás el modo de ver un verdadero hogar en él.

Se despidieron y Kenshin regresó a la casa. El edificio de dos pisos, de estilo clásico era bonito y acogedor en su interior, pero echó de menos la madera de la que fue su casa. ¡Cómo hubiera deseado irse con su padre, pero ya no podía! Ocultó la cara entre sus manos, cuando llegó a su cuarto matrimonial y se sentó en la cama.

Kaoru, que dormía, despertó y notó lo abatido que venía su esposo.

-¿Pasa algo?-

-¿Oro?… no, nada.- mintió Kenshin, secándose apresurado cierta humedad en torno a sus ojos. Luego se volvió a Kaoru. -¿Cómo te sientes?-

-Bien.- dijo ella.-Muy bien. ¿Tu familia ya se fue?-

-Si.-

Kenshin se quitó los zapatos y se acostó junto a la joven, posando una mano sobre su panza, y se sintió más tranquilo.

-Te preparé un kuchen.- comentó el pelirrojo.- Creo que me ha quedado bueno.-

-Mi amor… - dijo Kaoru dándole un beso en la mejilla.- No tienes que aprender cocina occidental si no quieres.-

-Pero yo quiero aprender para demostrarte… -

-Con que estés aquí me demuestras demasiado. Hey, Kenshin, te invito a comer para que se te pase la pena.-

-¿Pena, yo? Cómo crees que… -

-Vamos, a mí no me engañas.- dijo la joven levantándose.- Vamos a salir.-

Kenshin la obedeció, algo desanimado. Caminaron unas cuadras y llegaron hasta un restaurante japonés. Kaoru entró, se sentó en una mesa y pidió bolitas de arroz. Kenshin, agradecido del gesto de sus esposa, pidió ramen… y otro montón de cosas que le parecieron apetitosas, incluyendo algunas para llevar. El restaurante era pequeño, pero tan bien decorado, que cuando salieron a la calle, Kenshin se sorprendió al ver Londres. Y abrazó a Kaoru.

-Gracias, mi amor. Gracias, gracias… -

Los meses pasaron y con desazón Kenshin veía que, por lo avanzado del semestre universitario, lo rechazaban como profesor de historia. Con cada día que pasaba aumentaba su frustración porque aunque tenía dinero para vivir un año más sin hacer nada, estar de ocioso no era su estilo. Además, venía un bebé. En Japón en cambio, él seguiría dando sus clases, y sin poder evitarlo, cada día extrañaba más su patria. Pero aunque fingía una sonrisa frente a todos, a Kaoru no la convencía de que estaba tan feliz.

-No te sientes a gusto aquí.- le dijo ella al acostarse, una noche.

Kenshin suspiró.

-No pensé que sería tan difícil.- contestó. Kaoru lo miró unos momentos.

-¿Extrañas mucho tu vida de allá?-

-Demasiado.-

-Kenshin… aunque como tú digas, soy una joven occidental… nací en Japón. Me trajeron siendo una niña y mami me ha contado que me costó mucho adaptarme. Que lloraba mucho por que extrañaba a mi papito y nunca dejé de echarlo de menos porque siempre le escribía cartas. Aunque puedas pensar lo contrario, yo no te reprocharía el que sintieras añoranza, porque sé que yo también la tuve. Y el año pasado, cuando vivía contigo en tu casa, aunque no lo sabía, extrañaba Londres. ¡Me sentía tan bien cuando escuchaba el disco de Robie William, o comía un panqueque a escondidas!-

-Yo te quité eso… -

-No, mi amor… no te quiero hablar de eso. Te quiero decir que tú, por demostrarme que vienes a darme todo de ti… te estás olvidando de ti mismo. Y eso no es bueno. Con excepción del día que fuimos al restaurante japonés, no te he vuelto a ver comiendo algo típico de allá. Te vistes como un inglés e incluso has adoptado muy bien nuestro acento. Eso no cualquiera lo hace pero… Kenshin… mi vida… tú eres japonés, no británico, y no puedes negarte eso. Que te guste tu cultura no es malo. Lo malo es que reniegues de ella para darme en gusto a mí. Porque yo me enamoré de ese pelirrojo come sushi… -

-¿Y qué sugieres que haga?-

-Que si extrañas tanto Japón… o te devuelvas, o hagas un Japón pequeño aquí, para nosotros.-

-Yo no volveré… no puedo dejarte.-

-Entonces… hagamos un Japón para que te sientas mejor.-

-¿Cómo?-

-Escucha… - Kaoru sacó un block de apuntes de debajo de la almohada sorprendiendo a Kenshin.- Lo tengo todo planeado. Pero debemos arriesgarnos. ¿Te atreverías?-

-Desde luego.-

-Hace unos días, cuando veníamos de la última ecografía, me llamó la atención un salón de eventos. El dueño lo vende… anoté mentalmente el número de teléfono y llamé. El caballero tiene un apuro, debe mudarse a la costa por problemas de salud y el precio del salón es conveniente, tomando en cuenta que además, tiene una casa contigua que es muy bonita. Creo que deberíamos comprar ese lugar para vivir ahí. Tiene unos jardines… no es muy grande pero… -

-¿Y para qué queremos un salón de eventos? ¿Quieres ser banquetera?-

-No, tonto, no… pero el salón es de un piso, es bonito… y tal vez… es que, cuando lo vi por dentro me acordé de tu dojo. Y de el del maestro Hiko. Tú practicas kendo… eras el mejor y ya eras ayudante de maestro. Creo que puedes abrir un dojo y dar clases. Mi padre Kojiro me dejó una herencia y ya que aún no estudiaré este año, puedo prestarte ese dinero para la compra y los arreglos necesarios.-

-No estoy muy seguro.-

-Vamos a verlo mañana. Es cerca de aquí y el barrio es tranquilo. Además… como el manga de tu país ha pegado fuerte, muchos jóvenes quieren practicar kendo. Entonces… ¿me acompañarás?-

Kenshin sonrió, aún con poco ánimo.

Pero al día siguiente, cuando visitó la propiedad, se enamoró del sitio. Sin embargo, había un problema.

-Es muy caro. Ni con mis ahorros… -

-Yo te presto, Kenshin. También será mi casa.-

-Pero hay mucho que arreglar si queremos que funcione. Un dojo tiene piso de madera y… -

-No te desanimes… yo te apoyaré mientras mi embarazo me lo permita.-

Adam y Ayako se sorprendieron con la noticia, pero dieron su venia para la compra de la propiedad. Incluso Adam puso también sus ahorros a disposición de la pareja para lo que necesitaran. El trato se cerró una semana después y la entrega del inmueble fue de inmediato.

La casa era todo un sueño. No era muy grande, pero tenía tres habitaciones, un cuarto de baño, cocina, comedor y living, todo en un solo piso. Luego hubo que hacer los trámites legales necesarios para abrir la escuela de kendo. Y poner un anuncio de su apertura. Kenshin se ocupó de los arreglos de su nuevo dojo y Kaoru de decorar la casa y el jardín al estilo japonés, y quedaron tan bonitos que cada vez que Kenshin entraba pensaba "estoy en mi hogar".

Era, como ella le había prometido, un pequeño Japón.

Pero el dinero se acababa y con preocupación, Kenshin notaba que ya estaban en Junio y el bebé nacería luego.

-Esto debe funcionar. Por Kami, que debe funcionar. El tiempo se agota.- pensaba el pelirrojo en la entrada del dojo, esperando a que llegaran los primeros estudiantes a inscribirse. Más atrás, sentada y con una mesita, Kaoru estaba lista para anotar a los jóvenes.

Una chica rubia y pecosa entró tímidamente, saludando a Kenshin en japonés. Gratamente asombrado, el pelirrojo respondió a la reverencia y saludó en el mismo idioma.

-Quiero aprender kendo.- dijo la chica. Kenshin la guió hasta Kaoru, que le explicó lo de las tarifas, horarios y ropa. -Está bien. Tenga. Acá está el pago de mi inscripción. Yo estudiaba kendo, pero muy lejos de mi casa. Ustedes están a dos cuadras de donde vivo. Le diré a mis amigos.-

Al parecer la chica cumplió, porque más tarde aparecieron tres jóvenes vestidos de escolar, listos para inscribirse. Todos alucinaron al ver a dos japoneses originales. Y ni hablar del jardín que rodeaba al dojo. ¡Cómo sacado de un manga!

Las clases comenzaron al día siguiente y para motivarlos, Kenshin les enseñó lo que él podía hacer. Britany comentó:

-Eso es fácil para usted porque es hombre.-

Kaoru, que miraba la escena sentada en un sitial y vestida con un lindo kimono, se levantó y tomó un boken. Miró a Kenshin.

-Atácame!.-

Kenshin la miró espantado.

-No puedo. Tu embarazo… ocho meses.-

-Sólo hazlo. No pasa nada. No me moveré mucho, lo prometo.-

El pelirrojo la atacó y Kaoru, sin moverse de su sitio, bloqueó el ataque poniendo el boken en un sitio estratégico. Por más que Kenshin lo intentó, no pudo tocarla. Britany quedó encantada.

-Kenshin fue mi maestro.-dijo la joven.- Por eso no dudes de su capacidad para enseñar. Él es el mejor.- agregó, regresando a su sitial. Los jóvenes se entregaron desde ese día, con entusiasmo al aprendizaje.

Tras dos semanas los estudiantes aumentaron a diez y Kenshin, feliz, los instruía. Una noche, ya en Julio, Kaoru le comentó a Kenshin cuando se acostó:

-Te tengo una noticia.-

-Dime.-

-Hablé con la Embajada de Japón. Les hablé de ti y me han dicho que necesitan un profesor de historia como tú para que haga dos tipos de clases. Una, a la comunidad japonesa, a sus niños, sobre la historia de su país. Otra… a los jóvenes británicos interesados en tu cultura. Creo… y no es por sobrecargarte de trabajo… que como haces clases en el dojo dos veces por semana, tienes tiempo para enseñar lo que más te gusta. Te esperan mañana para una entrevista.-

Kenshin miró a su esposa emocionado, y la abrazó.

-Me equivoqué tanto, Kaoru. Venía a darte todo de mí y ha sido al revés. Una vez más, me has sorprendido.-

-Eres mi esposo, y te amo, y te apoyaré siempre. ¡Auch!-

Kenshin se puso alerta.

-¿Qué…?-

-La panza… siento algo raro y duele… -Kaoru gimió.- ¿Será esta una contracción?

Kenshin buscó la maleta en el fondo del ropero con las cosas que Kaoru debía llevar al hospital.

-No lo sé, pero no nos quedaremos a averiguarlo.-

Al llegar al hospital, Kaoru fue ingresada prontamente. La examinaron.

-Tiene dilatación siete. Debemos esperar un poco.- le dijo un enfermera. Kaoru trató de respirar y en eso miró a la camilla del lado.

-¡Mamá!-

Ayako, tranquila, respiraba para aguantar las contracciones.

-Hijita… -

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Shinta Himura ya tenía tres meses cuando el abuelo Kenjiro lo vino a conocer.

-Es igual a mi hijo. Si hasta tiene sus mismos ojos, su mismo pelo. Oh… cómo quisiera llevármelo conmigo.- comentó.

Kaoru, muy repuesta, recibió al bebé en brazos para cambiarle el pañal. Misao y Sakura la acompañaron, junto con Ayako y el pequeño Gregory Smith, que apenas heredó rasgos orientales. Kenjiro en cambio siguió a su hijo al dojo, con un paquete largo en las manos.

-¿Cómo te sientes ahora?-

Kenshin, feliz, suspiró.

-No sé si esto es lo que quería para mi vida, pero es mucho más de lo que pedí.-

Kenjiro sonrió satisfecho.

-¿Ya no extrañas Japón?-

-A veces, pero… Japón está en mi corazón… y mi corazón es de Kaoru. Y no importa si ella está en Londres o América o en los Himalayas… porque donde esté Kaoru será mi hogar. Donde pueda ella amarme será mi hogar, con mi pequeño Shinta.-

-Le pusiste a tu hijo el nombre de mi bisabuelo.-

Kenshin sonrió. Y Kenjiro le tocó un hombro.

-Hagamos algo divertido. Tengamos un duelo de espadas.

-¿Oro?-

-Vamos. Hace más de veinte años que no practico algo, pero el talento si bien se oxida, no se pierde.

Kenshin tomó un boken y Kenjiro descubrió una reluciente espada con el filo invertido. En eso llegó Kaoru con los demás a ver en qué andaban esos dos.

-No te asustes con la espada… no te hará daño. Será un duelo de un punto, ¿te parece?-

-Está bien, papá.-

Kaoru dio la partida y Kenshin y Kenjiro se abalanzaron el uno sobre el otro. Con absoluta sorpresa, todos notaron que Kenshin no pudo tocar a su padre y en cambio, recibió de lleno, en el hombro, un espadazo que no rasgó su piel. Asombrado, el hijo se puso de pie como pudo.

-Tú… yo no sabía que tú… -

Kenjiro sonrió y le alargó la espada.

-Yo sé que es un "sepukku" muy atrasado, pero, me honraría mucho, hijo, que ahora tú llevaras la espada de la familia. Porque esta espada simboliza los más nobles sentimientos que puede albergar un hombre. Y la fuerza para seguir adelante. Esta es la primera vez que la espada se mueve tanto de lugar pero… es que es la primera vez que un Himura también da un paso más allá. Por lo demás… fue todo un jaleo traerla de Japón, con esto de las Torres Gemelas el mundo cambió mucho.-

Kenshin reconoció la espada. ¡Era la misma que le había visto a Kenshin en Meiji!

-Gracias, papá.-

Kaoru llegó al lado de Kenshin, mientras los demás se iban al interior de la casa a celebrar con pasteles. El pelirrojo, cuyo cabello ya estaba a la altura de los hombros, seguía absorto mirando su espada. Su valiosa espada.

-He completado mi camino como hombre. Ya no soy un ser estéril… he aprendido a dar más de lo que pueda recibir, a dejar mi egoísmo de lado y pensar en el bien común. He aprendido a ignorar la forma y amar la esencia de cada persona… a tener la valentía de reconocer mis errores y aprender de ellos. Y de recibir ayuda aún cuando pensaba que no la necesitaba. Kaoru… mi Kaoru… me siento tan ligero estando contigo. Y tan feliz, aún con las dificultades. Siempre me has apoyado.-

La joven lo besó, guiándolo lentamente hacia la casa.

-Y lo seguiré haciendo, mi amor. Por lo demás, cuando estaba cambiando los pañales de Shinta, te llamaron de una de las universidades de las que esperabas respuesta. Te quieren ver el jueves, a las nueve de la mañana.-

Kenshin sonrió, pasando un brazo por sobre los hombros de Kaoru. Shinta estaba quieto, mirando a sus papás con curiosidad.

-Me vendría bien ese empleo, aunque el de la embajada cada día me gusta más. Los jóvenes de aquí están realmente muy interesados en la historia. Más incluso que los de allá. Y el entusiasmo me motiva.-

Pero a pesar de todo su entusiasmo, Kenshin no pudo reprimir un bostezo. Kaoru lo miró.

-Kenshin… estas semanas has trabajado sin parar y hoy has ido al aeropuerto en vez de dormir una siesta. No sé tú, pero creo que te tienes muy merecido un descanso.-

-¿Descanso?-

-Ya lo verás. En cuanto se vayan nuestras visitas, haré dormir a Shinta y entonces te abrazaré sobre nuestra cama hasta que cierres tus ojos.-

-Hum… no se me ocurre un panorama mejor. Pero hagamos otra cosa. En vez de abrazarme tú a mi, yo te abrazaré a ti. Y te veré dormir. Te mereces eso más que nadie. -

-Pero… ¿y no descansarás?.-

-Lo hará mi corazón cuando vea tu cara de ángel dormido. Y la de mi hijo con sus ojitos cerrados. Entonces me sentiré ligero y tranquilo y también podré dormir.-

Kaoru besó a Kenshin emocionada, en medio de su lindo jardín. Se acurrucó contra su cuello, como siempre hacía, y cerró los ojos por un momento, disfrutando ese contacto, antes de retomar su camino hacia la casa, para estar con sus seres queridos compartiendo un pastel.

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Fin Acto Catorce

Fin "Donde puedas Amarme"

Diciembre 6, 2008.

Notas de autora.

Dos cositas. Habrá un epílogo la próxima semana de este cuento, hablando de 1882.

Y… ¡¡¡Hoy es mi primer aniversario de matrimonio!!! Me pondré muy linda esta noche. Realmente me siento emocionada. Un año ya casada con mi Robi. Hum... parece un sueño y un final feliz. O mejor aún, un buen comienzo. Ojalá que con los años no se pierda la emoción de celebrar un aniversario. Yo pediré por eso.

Gracias, gracias a todas por su apoyo. De verdad… ahora estoy mejor, iniciando un camino un poco duro, pero del que espero salir bien. Mi doctora me ha dicho, luego de hablar con ella, que en verdad no estoy "más enferma" de mi trastorno bipolar y que no alucino, y que en efecto, lo que vi fue un recuerdo en el que trabajaremos para que me vuelva a sentir bien. Es horrible cuando miro mis fotos de niña y me pregunto como alguien le pudo hacer eso a la Carolita (mi segundo nombre) cuando era pequeña. Pero bueno, no hay nada que hacer, salvo plantarle cara a esos horribles recuerdos y seguir la guía de mi doctora. Me ha dado al menos unos consejos muy buenos.

Por cierto, estoy muy entretenida con una página que se llama Poupee Girl. Tengo una muñeca virtual y la paso bien comprándole vestidos. Estoy inscrita como Blankaoru por si quieren visitarme.

Espero les haya gustado este capítulo de larga duración. Alguien me comentó que Kenshin se merecía sufrir más pero yo no estaba tan segura de eso, porque lo que él hizo no lo hizo de malo ni a propósito, sino porque estaba desorientado y dolido. De todos modos, creo que no la pasó muy bien en Londres. Me di cuenta que cambiar de país no era llegar y largarse, porque un amigo mío viajó a Miami y me contó que a los dos meses de estar allá, encontró un paquete de fideos chilenos en una tienda... ¡y se largó a llorar!

Retomando el tema de Kenshin y Kaoru, espero, desde luego, que el final de su historia les haya gustado. Yo quedé satisfecha, pensando que él al menos cambió y con el tiempo hizo feliz a su Kaoru y a su hijo. E incluso se ganó una espada (lo siento, la tenía que incluír, no me pude aguantar). También quedé satisfecha con el desarrollo de Kenjiro, Sanosuke aunque salió poco, y lo del embarazo de Ayako.

El final... hum... yo creo que notaron de dónde lo saqué. En fin... les dejo besitos, abrazos y buenos deseos. ¡Nos vemos en el epílogo!

Por cierto, no tengo ningún proyecto nuevo de fanfic, asi que retomaremos Prisionera.

Ahora sí, adiosín.

Blankiss.