Donde puedas Amarme
Epílogo.
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Julio, 1883
-Kaoru… -dijo Kenshin esa mañana, después que Yahiko se fue a trabajar, dejándolos solos.- Me gustaría hablar algo con usted. Se trata de algo… muy importante para mí.-
Kaoru, que acababa de acomodar a su bebé de un mes para que durmiera luego de darle de comer, sintió un escalofrío en la espalda. Hacía cuatro años, una vez, escuchó esas mismas palabras, esperando la concreción de un sueño. Y en vez de eso, al día siguiente, se había quedado sola.
-Oh… no… - murmuró por lo bajo, sin querer mirar a su esposo. Éste se tomaba un tecito apaciblemente en el mismo cuarto.
-¿Kaoru?…- la llamó al notar su tensión. La joven cerró los ojos y tomó aire.
-Dime, Kenshin.- respondió en un tono suave, concentrándose en limpiar sus doloridos pezones. Al mirarla, el pelirrojo pensó que era maravilloso compartir un momento tan íntimo con ella. Además de otros que por la cuarentena, le estaban vedados unos días más.
-Lo he pensado mucho. Y créame, creo que es lo mejor para los tres.-
Kaoru sintió que un vacío se abría bajo ella y que comenzaría a caer en cualquier momento. Eran las palabras de aquella vez. ¡Por kami! ¿Acaso le diría que iniciaría un nuevo viaje? Respiró hondo nuevamente. Debía mantener la calma. Quizá era sólo su imaginación.
-¿De qué hablas, Kenshin?- no pudo evitar que su voz temblara un poco. Detectando su emoción, él buscó su mirada, para sostenerle el mentón y sonreírle con dulzura. No estaba muy seguro de cómo decirle lo que tenía que decirle.
-Últimamente me he sentido muy inquieto y… existe la posibilidad de un viaje y… -
No pudo terminar la frase, porque Kaoru se largó a llorar.
-Pero… Kaoru… -
La joven se agarró de las mangas de su ropa y enterró la cabeza en su pecho.
-Por lo que más quieras… no te vayas de nuevo, no me dejes sola ahora… Kenshin, ahora tengo a tu hijo y no sé si seré una buena madre o si lo podré educar… tengo mucho miedo y te necesito a mi lado… oh, por Kami… - estaba verdaderamente aterrada.
Reaccionando a esas palabras y comprendiendo lo que pasaba por la mente de su esposa, Kenshin la abrazó con cuidado de no aplastarla demasiado contra él por lo delicada que estaba, y le besó la cabeza.
-Mi amor… -comentó con una dulzura que apaciguó la tormenta de emociones de Kaoru.- … mi preciosa instructora de kendo… ¿podría al menos dejarme terminar lo que te quiero decir? No es nada malo. No me voy a alejar de mi familia, no es eso lo que quiero. No es eso lo que me tiene inquieto. -
-Pero quieres viajar… - comentó la joven aún llorando, muy asustada.
-Claro que quiero viajar, pero con usted, y con nuestro bebé. Misao me ha escrito, insistiendo en que nos traslademos a Kyoto. Será por un tiempo… ella también ha tenido a su hijo hace poco tiempo atrás… y pensándolo bien, será más fácil para ustedes dos si se apoyan mutuamente en esto de ser madre. Por otra parte, dice que en esta época la ciudad está especialmente bella y que la podríamos disfrutar todos juntos. La invitación ha sido extendida a Yahiko. No sabía si aceptar o no porque la he notado muy sensible y cansada. Kenji casi no nos ha dejado dormir y creo que después de este año de mucho trabajo, nos vendría bien un descanso. Pero en especial a usted.-
Kaoru parpadeó varias veces, sin poder creer lo que oía. ¿Acaso se trataba de eso? ¿De tomarse unas vacaciones en Kyoto con sus amigos? Kenshin siguió hablando.
-… y Sanosuke se apareció por allí. Al parecer Megumi lo echó de su casa nuevamente y ha ido a buscar asilo con ellos. ¿Kaoru? ¿Está bien?-
La joven asintió, sin separarse de él. Aún lo aferraba fuertemente y Kenshin comprendió que realmente le había hecho mucho daño al marcharse en aquella ocasión. Tomándola por los brazos, la apartó lentamente de su pecho. Ella no se dejaba hasta que finalmente lo soltó.
-No me voy a separar nunca más de usted.- Le dijo Kenshin mirándola fijo a los ojos.- Nunca lo haré. Kaoru… yo tendría que arrancarme el corazón si quisiera marcharme, porque no podría de otro modo. Menos ahora que tenemos un hijo. Los días de vagabundo terminaron el día que llegué a esta casa y usted me ofreció quedar. ¿Lo recuerda?
La joven asintió.
-Yo pensé… -
-Lo sé.- dijo Kenshin.- Pero no se trataba de eso. Mi pequeña… - la llamó, sorprendiéndola al usar por primera vez aquél apelativo que en otro mundo, otro pelirrojo usó muchas veces con ella.- Mi Kaoru… yo la amo. Más que antes, mucho más. Mucho más.-
Kaoru se dejó abrazar y disimuladamente se secó las lágrimas con el dorso de una mano. En verdad, era la primera vez en mucho tiempo que se acordaba de su viaje al 2008. Kenshin se acomodó de tal modo que acabó arrullándola y ella, adormecida entre sus brazos, pensó que en verdad el Kenshin del futuro tenía todo lo que ella siempre quiso en un hombre. Incluso tenía cosas que ella en su momento, hubiera querido que tuviera su Kenshin. Pero al sacar cuentas… al reflexionar… cuando tuvo al Kenshin ideal… ella no se pudo enamorar de él. Porque quizá, el que era ideal, perfecto para ella, era ese vagabundo que llegó a su casa un día, con su sonrisa tierna y su interior culposo.
Tal vez un Kenshin que no era lo que ella quería, pero si el que necesitaba para complementarse.
Restregó su mejilla contra el pecho desnudo de Kenshin y éste comprendió que ella había despertado de su breve siesta.
-Entonces… ¿iremos a Kyoto?-
Un poco descolocada, Kaoru recordó la conversación que habían tenido.
-¿Cuándo quieres partir?-
-Mañana.-
-¿No te parece un poco pronto?- dijo la joven sorprendida.
-No. Me parece perfecto.-
Kaoru asintió.
-Está bien. Como tú digas.-
Kenshin sonrió y la joven de pronto, quiso hacerle una pregunta.
-Oye Kenshin… -
-Dígame.-
-¿Cómo era tu mujer ideal antes de conocerme?-
Esta vez fue el turno de Kenshin para sentirse perdido con la pregunta. Pero luego de un minuto, respondió:
-Quería, si la vida me lo permitía, una mujer como Tomoe, mi primera esposa.-
-Oh… ya veo.- Tuvo que haberlo imaginado.
Kenshin se animó.
-Claro. Quería una mujer callada, educada, hermosa, de un cabello negro como la noche. En vez de eso me encontré con una joven parlanchina y temperamental, que constantemente me hacía reír aunque no fuera la ocasión y yo tuviera que disimularlo. No era una chica refinada, pero cuando yo la abrazaba, cabía perfecto entre mis brazos y era sumamente cariñosa conmigo… tanto que muchas veces creí no merecerla. Yo quería una mujer hermosa… pero me topé con una joven que despierta cada mañana a mi lado, y me quita el aliento cuando abre sus ojos y me sonríe. Quería una mujer de cabello negro como la noche y piel como el marfil. Pero mi esposa tiene el cabello castaño, que refleja en cada hebra la luz del sol y espanta incluso las sombras que habitan en mi corazón y su piel tiene el tono de un melocotón maduro. Yo quería una mujer ideal… pero me topé con la mejor.-
-Oh… Kenshin… -
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Llegaron por la tarde a la que fue alguna vez la ciudad capital del archipiélago que es Japón. Y mientras Kaoru cargaba a Kenji, Kenshin transportaba todo lo demás, bastante fatigado bajo el sol.
-Son unos desconsiderados, dejarnos tirados.- dijo Yahiko, que los acompañaba, cargando también un montón de cosas.
-Quizá tenían cosas que hacer y por eso no nos han venido a buscar a la estación.- reflexionó Kaoru. Kenji hizo unos ruiditos que anunciaban que tenía hambre, pero que pronto se apagaron. Para alivio de sus padres, decidió seguir durmiendo.
-Tal vez…- dijo Kenshin con una sonrisa.
Caminaron por espacio de media hora más hasta que llegaron al restaurante de los Oniwabanshu. Estaba abierto, pero por alguna razón no había ningún cliente dentro. Extrañada, Kaoru entró llamando a todos, seguida de su esposo.
-¡¡Feliz cumpleaños, Kaoru!!- dijeron sus amigos saliendo de debajo de las mesas. A Kuro no le fue muy bien porque no calculó y se golpeó la cabeza con la suya. Por su parte, con el barullo, Kenji se asustó y se largó a llorar.
-¡Oh!- exclamó Kaoru con total asombro. ¿Su cumpleaños?… ¿Acaso ese día era su cumpleaños?.
-Lo había olvidado por completo.- dijo atónita aún, mirando a sus amigos emerger de los más diversos lugares. Incluso Sanosuke, de alguna manera misteriosa, se había metido dentro de un enorme jarrón del que con trabajo intentaba salir. Kaoru arrulló a Kenji, calmándolo de a poco.
-Kaoru, felicidades.- dijo Misao, cargando a una enérgica pequeña de tres meses y algo con los ojos azules de Aoshi.- No sabes cuánto nos alegra tenerte aquí. Himura, qué bueno que pudiste traerla. -
Kenshin sonrió.
-Kenji es igual a ti… - comentó Misao mirando atentamente al bebé que tenía una suave pelusilla rojiza sobre la cabeza.-
-Hey, que yo también quiero ver.- vociferó Sanosuke aún metido en el jarrón, saltando para llegar hasta donde Kaoru.- Mou… realmente es igual al padre. Kenshin… veo que no perdiste el tiempo. En cuanto te casaste tú… -
-Misao… muchas gracias por la fiesta.- interrumpió Kaoru.- Eres un ángel.
-Hem…- dijo la joven algo nerviosa.- Yo no me puedo llevar todo el crédito. A Himura se le ocurrió la idea de hacerte una fiesta aquí. Aunque, claro, yo puse el local y Sanosuke vino a ayudarnos a pesar de que hizo entre poco y nada.-
-¿Kenshin?… ¿a ti se te ocurrió todo esto?-
El pelirrojo asintió.
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2009, Londres
Después de terminar la limpieza de su nuevo comedor, Kaoru se entretenía leyendo un viejo libro que encontró entre las cosas de Kenshin. Le llamaba mucho la atención que la autora tuviera su mismo nombre, y que el pelirrojo al que amaba y con quien se casó tuviera el nombre de su esposo. Y le llamaba aún más la atención de que el nombre original de ese hombre fuera Shinta. Al parecer, se trataba de un hombre muy bueno y Kaoru pensó que sería genial que en honor a ese antepasado de su esposo, su hijito, que nacería en tres meses más, llevara su nombre.
-Te llamarás Shinta Himura. ¿No te parece un buen nombre?-
El nonato respondió con una vigorosa patada. Kaoru se llevó una mano al vientre.
-Eso me pareció un sí. Haber… te seguiré leyendo. "Julio nueve de 1883. Hace unos días viajamos a Kyoto y a llegar a casa de Misao… -
El episodio del cumpleaños número veintiuno era muy entretenido. Un amigo al parecer acabó metido dentro de un jarrón que tuvieron que romper para liberarlo a la mañana siguiente. Lo más divertido fue que al salir del jarrón, por efectos de la borrachera que aún se traía, el mismo amigo acabó dentro de un pozo, del que lo sacaron con muchos esfuerzos.
Kenshin entró al cuarto y se encontró con Kaoru revolviéndose de la risa.
-¿Qué tanto lees, niña?-
-El diario de tu tatarabuela. ¡Ella era muy divertida!-
Sonriendo, Kenshin se acercó a ella y le quitó con suavidad el libro de las manos.
-Ella era una mujer muy alegre, aunque sufrió mucho. Pero ahora… no hablemos de ella. Mejor abrázame y hazme cariñito. Estoy muy cansado.-
Kaoru obedeció, tendiéndose en la cama y recibiendo en su regazo al pelirrojo. Le hizo cariños entre medio del cabello y lo arrulló unos momentos con una canción que escuchó esa mañana.
-Oye Kenshin… me pregunto… el diario de vida de tu tatarabuela es muy bueno y a Shinta le gusta mucho que se lo lea… -
-¿A quién?- Kenshin estaba sorprendido. ¿Acaso escuchó bien?
Kaoru lo miró con una enorme sonrisa.
-Shinta. Nuestro hijo. Dado que no nos podemos decidir por un nombre que nos guste a los dos, decidí que se llamara como el héroe del libro que le gusta tanto. Le habría puesto "Kenshin" pero… hum… será complicado cuando lo llame estando tú en casa. ¡Kenshin, ven acá! Se confundirán. En la casa de mi amiga Sidonie…-
Kenshin suspiró. ¿Otra vez la historia de la amiga Sidonie? Kaoru era parlanchina por naturaleza y él quería saber qué era lo que le iba a decir sobre el diario de Kaoru.
-¿Qué me decías sobre el diario… ?-
-Oh, si… hem… ¿por qué no lo entregas a alguna editorial para que lo publique? Quizá se haga famoso como otros diarios de vida, como el de Ana Frank.-
-Mi amor… el libro completo está en japonés. Incluso hay en él kanjis que hoy en día poca gente comprende… un traductor no podría… -
-Entonces tradúcelo tú.-
-No tengo tiempo. Entre acabar de arreglar el dojo para abrir y los permisos no tengo tiempo.-
-Yo… yo sé hablar japonés, pero no comprendo del todo los kanjis porque no completé mi educación allá. En la universidad, constantemente escribía cosas en inglés… yo lo traduciría pero no estoy segura de hacerlo bien. -
Kenshin suspiró y se le ocurrió algo.
-Kaoru, hagamos algo. No es necesario que lo traduzcas al inglés. Traspásalo simplemente al computador. Mi computador tiene todos los kanjis que te complican, asi que, aunque no comprendas un kanji, búscalo y ponlo ahí. Cuando mi familia venga a conocer al bebé, le encargaré las copias que haremos a mi padre para que lo entregue a alguna editorial en Japón. ¿Qué te parece?-
-¡Genial! ¿Oh… Shinta, oíste a tu papá? ¡¡Seremos escritores!!
Al día siguiente Kaoru abrió el notebook de Kenshin y buscó el procesador de texto. Encontró los kanjis y todo eso que a pesar de ser japonesa, le era desconocido, y de inmediato se puso a trabajar.
Claro que si a veces reía a mares, otras veces Kenshin la encontraba con una profunda depresión porque aún a esa Kaoru le pasaban cosas fuertes.
-Oye Kenshin… hice algunos dibujos. Como Kenshin era tu tatarabuelo, lo he dibujado como tú. Y como Kaoru se llama como yo… -
El pelirrojo sonrió, aunque por un secreto que jamás podría compartir con su esposa.
-Me parecen fantásticos. Aunque no pudiste retomar artes este año, tienes un talento innato para estas cosas. Yo creo que, si se publica el libro, pondrán tus dibujos.
Kaoru feliz se llevó una mano a la panza nuevamente.
-Shinta, a tu papá le han gustado mis dibujos. Y creo que más le gustará saber que ya he terminado de traspasar el diario de vida. -
-¿Hablas en serio?… pero… ¿tan rápido?-
-Tenía que hacerlo rápido. El bebé nacerá dentro de poco y ya no podré seguir trabajando en eso. Quizá sería bueno que ahora tú lo leyeras y vieras si hay algún error ortográfico.-
-Prometo que lo haré. Pero no hoy. Mis alumnos me dejaron destruído… -
Kenshin no revisó el diario ese día, ni el siguiente. Y así nació Shinta y pasaron los meses. Kaoru lo miraba y ya no le insistía porque el bebé los tenía un poco vueltos locos y Kenshin se esforzaba mucho cada día por rendir en sus trabajos para que el presupuesto familiar pudiera ser holgado.
Tiempo después, cuando Shinta ya tenía un año y las cosas estaban más estables, Kenshin se topó con el proyecto en un documento de su notebook.
-Es cierto… el trabajo de Kaoru. Bueno… de las dos. -
Kenshin se quedó pensando en esas dos mujeres. Dos mujeres idénticas en épocas diferentes. Y sólo tenía cabeza para pensar en una: Su esposa.
Él nunca había querido leer el diario de vida completo porque no estaba seguro de querer enterarse de lo feliz que era Kaoru de Meiji con ese otro Kenshin de Meiji. Después de todo sus sentimientos por ella habían sido muy intensos y no era algo que se olvidara fácilmente. A veces aún soñaba por las noches que se despertaba en Japón, y que Kaoru, vestida en kimono, le preguntaba por cada cosa nueva que veía. Y tenía una frescura y una sonrisa de inocencia que ni siquiera en su esposa actual había encontrado.
Pero ya habían pasado casi dos años desde esos días, y aunque su vida no era lo que él soñó, estaba muy contento. Incluso ya tenía algunos amigos a pesar de que ninguno era como Sanosuke. Ni lo sería.
-Muy bien, Kaoru. Estoy listo para leer lo que escribiste para mí.-
La revisión del diario de vida tardó un par de meses. Además, Kenshin escaneó los dibujos de su esposa y con mucho cuidado, los que había en el diario y que ayudaban a contar la historia. Luego escribió, a modo de prólogo, una reseña histórica sobre la época en que había vivido esa mujer y en eso recordó la maravillosa historia de su tatarabuelo Himura. Buscó lo poco que había de ese proyecto en su notebook.
-Sería bueno retomar esta idea. Después de todo, se trata de mis raíces… -
Miró su espada envainada en una hermosa funda que algún antepasado artesano le fabricó, en un sitial a buena altura del suelo para que Shinta no la tomara por error. Si esa espada hablara, ¿qué cosas le contaría?
-¿Qué? ¿Una foto?…-
Kenshin se acercó a la pantalla del notebook para leer mejor esa parte.
"La foto de todos nosotros se mantuvo por muchos años en el restaurante Akabeko de Tokio. Estoy segura de que nuestros sucesores la podrán encontrar"
-Akabeko… - Kenshin recordó que Kaoru había ido a ese local a buscar un consejo. ¿Sería posible que ella hubiera visto esa fotografía?
Esa idea le dio nuevos bríos a Kenshin para continuar aquellos proyectos dejados de lado. Una vez estuvo listo el diario de vida pensó un poco y luego contactó con su padre. Le explicó lo del diario de vida que descubrió en su armario, lo de la idea de Kaoru de traspasarlo y exhibirlo a la gente por lo bonita de la historia y de que ya lo tenía listo.
-Te enviaré el documento por internet. Quiero que lo lleves a algún editor.-
Kenjiro no podía creer que existiera un documento de la familia del que él no estaba enterado y de inmediato aceptó la propuesta de su hijo. A inicios del 2011 recibió la respuesta de la editorial y se la comunicó a Kenshin.
-Ha sido algo muy rápido porque les ha gustado el escrito, pero dicen que les gustaría ver el original. De todos modos… es posible que tengas que viajar para hacer algunos trámites legales y ver lo del lanzamiento del libro. Dejo eso a tu criterio. Sobre las fechas… -
Pero Kenshin no se podía llevar el crédito de un trabajo que él no había hecho. Después de todo, Kaoru de Meiji había escrito sus memorias, cumpliéndole una promesa, y su Kaoru actual se había dado el trabajo de leer el libro y creer en él. Con cierto esfuerzo la convenció de viajar al Japón y suspirando, la joven aceptó.
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2011, Tokio.
Tae se sorprendió al ver al pelirrojo entrar a su local. Ella lo recordaba perfectamente aunque no recordaba de dónde.
-Buenos días, señora.
-Buenos días.
-Yo… he venido a pedirle un favor. Me llamo Kenshin Himura y estoy escribiendo un libro histórico sobre la era Meiji. Y sé que usted tiene una fotografía de esa época. Si es posible, quisiera obtener una copia de ella.
Tae lo miró de reojo. ¿De dónde lo conocía?
-Asi que historiador.-
Kenshin sonrió y le extendió un paquete cuadrado, envuelto en una hermosa tela.
-Este es el trabajo de mi esposa. En él se menciona muchas veces este restaurante y su interesante dueña. Tal vez a usted le interese conservarlo.
-¡Ya lo recordé! A usted lo vi en la televisión, acompañando a Kaoru… Oh, nunca me pude olvidar de esa niña. Veo que mis consejos le sirvieron.-
Kenshin ni se podía imaginar qué consejo le había dado Tae a Kaoru, pero daba lo mismo, a esas alturas.
-Estamos casados, pero radicados en el extranjero. Hemos venido para lo del libro y para ver a la familia. Tenemos un hijo y estamos muy felices.-
Tae ojeó el libro y descubrió un dibujo muy bueno del antiguo Akabeko. Sonriendo por las noticias que tenía de Kaoru y por el regalo que acababa de recibir, guió a Kenshin a su despacho. Buscó luego dentro de una carpeta.
-Hace poco mandé restaurar esa fotografía de la que usted me habla. Y desde luego me dieron unas copias. Una se la cedí a un museo y la otra… me alegrará mucho si usted puede darle un buen uso.-
Contento, Kenshin se despidió de Tae al cabo de un rato. Al salir, ella le preguntó:
-¿Cómo está su hermano gemelo? ¿Regresó alguna vez?-
¿Hermano gemelo? Kenshin no entendía ni jota. Él sólo tenía a Misao.
-Mi hermano… -
-Ese del cual su esposa se enamoró primero y que la abandonó para salvar el mundo. Luego apareció usted y ella estaba muy confundida porque… -
-Ahh… mi hermano… - dijo Kenshin comprendiendo.- Hem… si, mi hermano… pues él ahora vive en otro lugar y encontró a una mujer realmente buena para él. Todos estamos muy felices. Y sin rencores.
-Me alegro mucho.- dijo la mujer al despedirse de él.
Al irse, Kenshin sonrió al pensar que Kaoru había sido alguien muy real en su mundo, que a pesar del poco tiempo había dejado huellas a su paso. Se dirigió al hotel donde se hospedaba porque su viejo dojo ya no existía más. Hacía un año Kenjiro lo había vendido para un proyecto inmobiliario y en el terreno se levantaba un bonito edificio a punto de inaugurar.
-¿Cómo te fue?- le dijo Kaoru al recibirlo.
Kenshin al mirarla se sorprendió. No entendió por qué de pronto la joven le pareció tan bonita. Incluso por un momento, se quedó sin respirar.
-¿Kenshin?-
¿Hacía cuánto la conocía? ¿Tres años?…
-¿Y Shinta?-
Kaoru hizo una mueca.
-Tu papá vino a buscarlo con Sakura y lo llevaron al parque de diversiones… -
La joven no terminó de hablar porque Kenshin la tomó por la cintura y se la llevó a la cama, riendo.
-Genial.-
-Pero… ¡Kenshin!-
-Shhh… cállate. Verás que la pasaremos bien… -
-Pero… ahh… - Kaoru sintió que le sacaban la blusa por encima de la cabeza.- ¿Qué te pasa?-
Kenshin la aplastó un poco con su peso para que no se escapara y la besó antes de buscar el broche del sujetador para quitárselo.
-Pasa que te amo. Y te traigo ganas.- contestó feliz de tener a esa Kaoru en especial con él. -Te amo desde que descubrí tus lindos ojos azules. A ti y solo a ti.-
Kaoru sonrió coqueta y se dejó desnudar si poner mayor objeción. Mucho rato después, exhausta, se acurrucó como hacía siempre junto a su esposo y éste la acarició el cabello, apartándole algunos mechones de pelo que le caían sobre la cara.
-Los de la editorial han mostrado interés en mi nuevo proyecto y ya hemos firmado contrato por eso. Se conocerá la historia de mi tatarabuelo y sus aventuras, y de cómo conoció a mi tatarabuela y se enamoraron.-
-Hum…- murmuró Kaoru besando el pecho del pelirrojo.
Kenshin la abrazó, suspirando y sintiéndose feliz.
-Te amo, Kaoru. Te amo… -
Rato después, cuando Kaoru vio la fotografía de Akabeko y distinguió a Kaoru Kamiya, se sorprendió del parecido físico que tenían. Miró a Kenshin de reojo.
-¿Tú y yo no seremos parientes?-
-No creo.- dijo él sonriendo.- O quizá si, pero parientes muy lejanos.-
Estaban en un sofá, acurrucados el uno contra el otro mirando la fotografía.
- Y pensar que yo tuve que viajar de Londres y tener un accidente para encontrarme contigo. El destino tiene modos misteriosos de unir a la gente.-
-Tú llegaste a mi dojo. Y Kenshin llegó al dojo de mi tatarabuela. Él tampoco imaginó que allí encontraría el amor.-
-Y tu tatarabuelo era igual a ti… y tenían nuestros nombres. Hum… - Kaoru se acomodó sobre Kenshin y comenzó a besarlo.- Es lindo saber que fueron muy felices hasta el final.-
Kenshin sonrió y besó la frente de Kaoru al tiempo que la sentía deslizarse sobre él.
-Y nosotros también lo seremos, mi vida. Lo prometo.-
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1900, Tokio
Kenji salió a dar una vuelta con su novia y Kaoru lo miró atravesar el umbral de la puerta con cierta nostalgia. Sus hombros estaban anchos, sus brazos presentaban una buena musculatura y se veía muy guapo.
-Regresa temprano, hijo.-
El joven hizo un gesto con la mano y desapareció. Suspirando, Kaoru regresó al interior de la casa donde se encontró con Kenshin que se tomaba un te caliente.
-Está tan grande. Oh, Kenshin, ya no queda nada de mi niño.-
-Los hijos son prestados, Kaoru. Siempre supimos que este día llegaría. Le pedirá matrimonio a su novia y nosotros debemos prepararnos para volver a quedar solos.-
Kaoru suspiró y se sentó al lado de él.
-¿Cómo te sientes?-
Kenshin sonrió de esa forma humilde que siempre tenía.
-Como un hombre de cuarenta y nueve años que está cansado. Y a la vez feliz. He completado mi vida al lado tuyo y me siento muy bien por eso. Muy tranquilo. Muy en paz… -
Kaoru lo besó en la mejilla y lo miró unos momentos.
Gracias a la dieta especial que les dio Megumi, Kenshin se encontraba muy bien de salud. Si bien su fuerza estaba disminuida, no así su resistencia física y todos los días daba largas caminatas, cuando el tiempo lo permitía, alrededor de Tokio que crecía y crecía.
Kaoru fue a buscar su abultado diario de vida, al que aún le quedaban páginas por llenar, pero muy pocas, y pensó un poco antes de escribir en él.
-¿Qué pones?- le preguntó Kenshin.
-Hum… que me acabo de dar cuenta de lo grande que está mi hijo, y que de hoy en adelante debo prepararme para dejarlo ir.-
Kenshin la miró con benevolencia. Él se encontraba delgado, como siempre, el cabello corto y con algunas arrugas pasando por su cara. Afortunadamente tenía varias cerca de las comisuras de los labios debido a lo mucho que rió a lado de su esposa en esos años.
-Estaremos solos de nuevo.- dijo Kenshin.- Pero eso no es tan malo. Podrás mimarme sólo a mí.-
-Tonto… nunca he dejado de mimarte.- respondió ella coqueta, acercándose a él y acariciándole el cabello. Se encontraba algo gordita, con los senos más plenos para acoger a su hombre, y las caderas más redondas. Estaba hermosa y Kenshin la abrazó.
-Me pregunto hasta cuándo escribirás tus aventuras.-
Kaoru no respondió, porque de pronto recordó las muchas cosas que habían vivido juntos, como la muerte de algunos amigos, incluso de una hija que murió siendo pequeña y mientras Ayako, que nació dos años después de Kenji, ahora estaba viviendo en Aizu, aprendiendo de la medicina de Megumi que le enseñaba encantada.
En realidad eran muchas cosas. Muchas épocas. Contenidas, resumidas, en un diario de vida cuyas historias estaban espaciadas incluso por meses.
-Entonces, Kaoru… - insistió Kenshin con un hablar suave y pausado.
La mujer lo miró. A su compañero de vida e indiscutido (aunque él no lo supiera) protagonista de su diario. Lo besó largamente antes de contestar.
- Hasta que la muerte nos separe, naturalmente, mi amor.-
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Fin epílogo
Diciembre 23, 2008
Notas de autora.
Se acerca el día de Dar y Recibir Objetos (para los más nostálgicos, llamémosle Navidad) y el tiempo escasea. Por acá por Chile hace un calor que ni les cuento y discuto con mi padre que quiere que le ponga nieve artificial a mi pino decorado. Y desde luego le reclamo que no porque acá es pleno verano y esas cosas son imposibles. Y que las celebraciones y sus imágenes o decorados se adaptan según la localidad. En Norteamérica cae nieve y acá, los pajaritos asados. Por eso, a los más, mi pino tendrá bolitas de colores y luces mágicas.
En fin… este es el final final de la historia y ya no hay más que esto. En verdad, me quedé un poco… hum… impresionada cuando noté que mi Kaoru de "Por Siempre Mía" también era una excelente dibujante y Keishi un escritor. Bueno, acá Kenshin se podría decir que es historiador… no sé… pondré más atención en sus profesiones para la próxima vez que escriba una historia en la época actual.
Quiero agradecer a todas y todos su apoyo a este fanfic. Porque aún cuando no las convencía mucho la vuelta de tuerca (o sea, cuando apareció una Kaoru amnésica) igual creyeron en la historia y la siguieron. En verdad que ustedes son lo máximo.
Creo que lo comenté antes, no tengo ideas nuevas para un fanfic aún (en realidad hay una muy vaga, como un esbozo) pero estoy más entusiasmada con Prisionera de la que tendremos noticias esta semana que viene.
Pero, de todos modos, les deseo a todos que tengan una feliz Navidad junto a sus seres más queridos y, si es que no alcanzo a actualizar Prisionera, una feliz celebración de Año Nuevo.
Me voy. Me falta comprar unos regalos Navideños.
Besitos, abrazos y hasta prontos a…
A. KaoruHimura
Alisse
Dana Zuster
Dark Any
DarkCam
Etterna Fanel
Gabyhyatt
Haro Kzoids
Hina_19
Hit chan
Jegar Sahaduta
Justary
Kagome Kaoru
Kanke-chan
Kaoru chan 17
Kaoru layer
Kaoru _sanz
Kaoru Uchiba
Katha
Lagrima 12
Lápiz
Lauri
Lola 1655
Lorena
Mei Fanel
Misaki_kafrin
Nairelena
Nyachan
Okashira Janet
Onashiru Okanami
One
Patri Himura
Pauli
Rose
Sakura K. de Shinomori
Silvi chan
Syren 888
The Hawk Eye
Yessica
White Lady EF
Margo Chaning
¡¡¡¡¡Gracias por TODO!!!!
