Disclamier: Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Este es un TWO SHOT que está participando del concurso New Year´s Elite Contest organizado por el grupo Élite Fanfiction ( facebook groups / elite . fanfiction / ) y su autor será revelado una vez terminadas las votaciones del mismo.
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Incertidumbre cuántica
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Summary
De Londres a NYC son solo siete horas de vuelo, por lo que Alice empacó sus cosas en un día de marzo, se colgó su cámara fotográfica, el amor por su ahora exnovio Jasper, y se subió al primer vuelo a la ciudad que no duerme. Representará el inicio de una lucha y el descubrimiento de alguien nuevo. Alguien especial.
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Capítulo 2
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—Deberías montar tu estudio aquí —le dijo Alice al oído, mientras pasaban delante de Madison Av.—. ¡Mira, rentan oficinas!
Emmett buscaba establecerse hacía mucho tiempo. Tenía trabajos esporádicos pero nada lo suficientemente a la altura de su formación. Era pintor, graduado de la Escuela de Artes de Nueva York.
—Alice… no tengo suficiente trabajo como para costear eso… apenas inicio, ¿sabes?
—Creo que deberíamos ver. Anda… Para, veamos que hay ahí.
Alice podía decirse poseedora de un sexto sentido de buena ventura. Emmett con un gesto cansado de intentar llegar a ver el desfile se paró en seco. La miró medio mal cuando ella inmediatamente saltó fuera de la bicicleta y entró casi corriendo al edificio frente a ellos. Era enorme, y estaban a escasas dos calles de Central Park, sería carísimo un lugar allí.
Emmett sonrió para sus adentros, apenas la mujer viera los exorbitantes precios, saldría con sus zapatos arrastrándose y al fin podrían ir a ver los globos.
Casi treinta minutos, dos pretzels en el estómago y una gaseosa más tarde, Alice salió del edificio, con la mueca de vanidosa felicidad.
—Ten.—Le extendió un sobre—. Para ti de mi parte. Por navidad adelantada.
—¿Qué es? —Emmett se había recargado sobre la pared mientras esperaba, empujó su cuerpo con más curiosidad de la que en verdad quería mostrarle.
—Gané un estudio para ti.—Alice le giñó un ojo cómplice—. Aposté con el dueño y perdió. Ahora es tuyo, por la módica cantidad mensual de… espera, allí lo anotó en el contrato. Ya lo firmé por cierto, sólo necesitas traer tus cosas acá.
Emmett abrió los ojos sorprendido.
Sí, allí estaba. Un pequeño precio de apenas quinientos dólares. Eso era una burla para el edificio.
—¿Cómo lo hiciste? —preguntó Emmett aún impresionado y sin dar crédito a lo que veía—. ¡Alice… creo que te amo!
—¡Ay no! —se quejó ella con no tan falso horror—. Las gracias son suficientes, ahora… hay que ir por los globos Emmett.
Sí, la vida en NYC era mágica. Una ruleta, a veces arriba como cuando ganó con una moneda un estudio para el hombre que le dio techo y, un suéter caliente a la mitad de la madrugada. A veces abajo, como cuando todo le parecía gris y monótono.
...
"Diciembre 27, 2011
Taly:
No puedo creer que pronto acabaré el primer block de notas que tengo. ¡Te he escrito desde Junio! Dios… hay tanto aquí de mí…
Me gustó hacer esto y tal vez lo continúe, mas no estoy segura de hacerlo. Me ha ayudado a conocerme a mí, a la verdadera Alice. Te he contado mi vida en NY, los amigos que he hecho, la gente que he fotografiado, mis peleas con Emmett y las posteriores reconciliaciones.
Los Swan sí que son difíciles. Y mira que conozco a Isabella desde antes del instituto. Pero, es asombroso. Un hombre extraño. Y le debo, le debo mucho.
Lo obligué a ir al JFK la semana pasada, siento haberte tenido abandonada desde entonces pero la navidad es una completa fiesta aquí, son miles las cosas que uno puede hacer. En fin, lo obligué a ir porque quería una foto de como llegué a este país. Busqué nuestros viejos atuendos y nos hice una foto con la gorra y, los guantes incluidos. Emmett casi muere de frio esa tarde (sí, no estoy tan loca como para ir a la madrugada… lo hemos hecho por la tarde) y es una foto muy linda. La pegaré al final de este bloque. Sé que no puedes verla, pero me gustaría dejarla aquí. Tal vez en un futuro, cuando mis hijos y nietos lean esto, puedan encontrar de dónde vienen tantas historias de Emmett Swan.
Será un nuevo año, el último según las predicciones del periódico.
Miro hacia atrás y no puedo creer cuanto ha cambiado mi vida desde entonces. Nueva ciudad. Nuevo trabajo. Ya no hay novio, sólo hombres, hombres guapos, agradables, honestos, hombres con tiempo. Y yo soy una soltera muy divertida.
Navidad, festividades que nunca había celebrado… no te miento cuando digo AMO NUEVA YORK. AMO EL MUNDO. AMO LA VIDA. ME AMO A MÍ.
Seis meses, la vida entera será poco para olvidarlo. Jasper, sin embargo, ahora es un bello recuerdo. No espero mantener ese peso en mi estómago. No quiero esconderlo, tampoco gritarlo. Sólo… no quiero guardarle rencor. Lo amo y no importa que no me corresponda, porque al menos, ese momento, ese espacio de mi vida, ese Londres a la mitad de mi vida, ese Londres con el cielo nublado y lloviendo por doquier, ese chico de rizos leoninos me amó, sé que lo hizo. Al menos, yo… yo ardo en llamas por él. Mi amor será suyo pero, la vida es mía y como tal planeo seguir con ella.
No sé si me iré pronto. Zafrina, la mujer del bar que conocí hace un mes y medio, la chica exuberante de las fotos atrevidas ¿La recuerdas? Le encantó la sesión. Sus fotos sensuales, las telas sugerentes y la magia del blanco y negro la cautivaron. Me ha dicho que a su jefe podría interesarle. No hay nada aquí que me retenga. Debería ir ¿Tú qué crees que deba hacer?
Pronto será un año nuevo…
Sí, definitivamente te seguiré escribiendo. Tendré que comprar un cuaderno mucho más grande… pero lo haré,Taly. Lo prometo.
Te quiere Alice…"
Cerró con una sonrisa enorme la última hoja de su block que fingía como diario de viaje. No habría más hojas por escribir, así como dentro de poco se acabarían los días del año. Ali se levantó rápidamente del mini escritorio improvisado en su habitación. Emmett lo había construido con la idea de una página DIY en internet, era lindo. Todo él era lindo.
Era caballeroso. Era galante. Era el Emmett que traía comida a casa cuando salía del trabajo. Era el hombre que preparaba emparedados para el almuerzo y de esa manera Alice no tenía que caminar por Nueva York en su búsqueda. Emmett era en muchos sentidos un hombre hecho a medida; su abuela, su padre, e incluso su madre muerta habían actuado de modo que al final se encontraba él. Simplemente él.
Corrió los escasos cinco metros que la separaban de la habitación del fortachón, la puerta estaba abierta por lo que inmediatamente saltó sobre la cama. Removió las cobijas y arrancó varios bufidos de él.
—¡Levántate, Levántate! Quiero ir a comprar unas cosas… ¡Vamos Emmett, deja de ser tan flojo!
Alice, que entró cual torbellino a la habitación, pasó por alto los manotazos de un Emmett que intentaba acallar sus grititos de duende irritante. Al final desistió de la tarea, se acurrucó en la esquina de la cama, a un lado del montículo de cobijas que era el adorable Emmett.
—¿Qué quieres hacer para Año Nuevo, Emmett?
Era la primera vez que ella pasaba año nuevo, navidad y todas las fiestas alejada de su familia. Por lo general, su madre hacía una cena asombrosa y luego se sentaría a ver la cuenta regresiva en el viejo televisor de los Brandon.
Pero, esto era Nueva York, había un sinfín de cosas en el futuro. Era la tierra del Harlem, de las posibilidades, la tierra de las estrellas. La ciudad del Emmett adorable que escuchaba el hip—hop de sus compañeros de clase a todo volumen, hasta hacer temblar las ventanas de las habitaciones, y provocar el enojo de la Sra. Jones que subía desde el apartamento del primer piso a "Acallar su escándalo". Alice soltó una sonrisita culpable con el último pensamiento. Había tratado de reformar su gusto musical… lo único que logró fue hacerse fan y comprar un par de discos de los artistas urbanos de Emm. Entendía tres cuartos de la canción, pero surtía el encantador efecto de no pensar en otras cosas.
Él soltó un murmullo como respuesta. Inaudible y nada comprensible. Se cubrió con la manta de la cama y fingió ignorar a Alice. La mujer en respuesta se paró delante de él, tomó una enorme bocanada de aire y se impulsó hasta quitarle las mantas.
—Yo tampoco sé… he escuchado un par de cosas en el trabajo. —Alice hizo una mueca indecisa.
Un par de cosas… muchísimas cosas era lo más correcto.
Un paseo por el puente Brooklyn. Cena en una azotea. Conciertos, restaurantes. Fiestas con amigos. Zafrina le había invitado a un bar que sus amigos habían reservado. Desde ese día, se planteó la firme intención de buscar qué hacer para esa fecha en especial.
—Alice… déjame dormir…—murmuró Emmett haciéndose pequeño en su cama.
—¿El TimesSquare? Sí, es un clásico… puede funcionar…—dijo ella entusiasmada.
Nunca había visto ninguna gran bola, llena de confeti y fiesta, reventar sobre su cabeza. No había hecho una cuenta frente a miles de personas. ¿Era joven, cierto? ¿Para qué se era joven, sino para probar cosas nuevas? ¿Para qué se perdía un año sino para iniciar uno nuevo? Nuevas experiencias. Nuevas oportunidades.
—Alice…—Su tono malhumorado se empeoraba con las mañanas. Eso era un dato que la chica notó desde el inicio.
—Creo que ya sé qué haremos… sí, ya lo sé. —Alice saltó de la cama con la enorme polera gris de Emmett—. No te preocupes por nada… déjalo en mis manos.
…
Alice pasó el resto del tiempo que quedaba para preparar su sorpresa. Llegaba a casa casi a la media noche, más cansada que cuando se dedicó a explorar hasta el último rincón que le ofrecía la ciudad.
Esperando su entrada Emmett se preguntaba sobre la "importante" celebración que Alice preparaba. Él nunca había festejado por todo lo alto el fin de año. Su padre, el Sr. McCarthy, y él solían asistir a los conciertos en Central Park, tomaban una soda (ya que el Sr. McCarthy rechazaba cualquier tipo de bebida alcohólica desde aquél terrible accidente que mató a la madre de Emmett, su esposa) y luego iban a dormir hasta las doce del mediodía del siguiente año. Era tradición.
Esa chica vino a trastornar todo. Era encantadora, algo hiperactiva, pero simpática.
La puerta se abrió dejando pasar a una Alice con los ojos entrecerrados de cansancio y una mueca satisfecha. Dos días atrás le había pedido sus llaves del estudio en el centro de Manhattan y, desde entonces, no le había visto ni un pelo.
—Duendecillo inquieto —le llamó desde su sofá—. La cena se ha enfriado, te alcé un par de salchichas que traje de la Quinta. Están en el frigo. —Alice se dejó caer a su lado sin respuesta—. ¿A ti qué te sucede, loca?
—¿Tienes smoking, Emmett? —preguntó repentinamente asustada, como si hubiese sido el último detalle a corroborar. Emmett asintió asustado al sentir su amenazador dedo sobre su nariz—. ¡Qué alivio! Creí que debía correr mañana por uno…
—Ali—Ali, ¿qué habrá mañana?
—Es una sorpresa —contestó escuetamente con su sonrisa gatuna—. Te quiero mañana a las siete de la tarde en tu estudio. Usa el smoking ¿Me has oído?
…
—¡Por DarthVader! ¿Por qué todas son así de locas? —Alice le sacó la lengua desde su asiento en la improvisada mesa del estudio en Manhattan—. ¿Así de importante?
—Sí. —Guiñó uno de sus ojos azules y agregó con un tono más neutral, más serio—. Es mi manera de agradecerte todo lo que has hecho para mí. —Alice soltó un suspiro—. Sé que de no ser familia de Bella no me hubieses ayudado… Gracias,Emm.
—Duendecillo… te recuerdo vagamente. No somos tan desconocidos después de todo.
—Lo sé… pero aún con ello. Gracias.
—Siempre que lo quieras, preciosa.
Alice había colocado pequeñas luces alrededor de la enorme habitación. El estudio en Manhattan era un extraño tipo de departamento en el vigésimo quinto piso de uno de los edificios que casi llegaban a Central Park por Madison Av y la 111. De tres habitaciones, una fungía como pequeña habitación, vacía hasta el momento; un armario pequeño y la enorme y luminosa "oficina". Era allí donde Alice había dispuesto su millón de luces de colores rosa y blanco. Una mesa plegable y dos sillas estaban pegadas a la pared norte, desde donde podían observar la enorme ventana de techo a piso que dejaba vislumbrar los demás edificios y una pequeña parte del parque.
—Traje comida tailandesa.—Alice le mostró la bolsa del restaurant favorito de Emmett en el barrio chino.
—Ya sabía que no cocinarías… ni panqueques pude enseñarte a hacer.—Emmett le dio una imagen de falsa desilusión—. Me culparé de por vida.
Cenaron bajo la tenue luz de los foquitos, las velas y las risas. Emmett sacó su reproductor de último grito, su celular e hizo que la música del aleatorio llenara cada rincón de la habitación.
—¿Por qué hiciste esto, realmente? —preguntó finalmente—. Yo no quiero una novia, Alice…
Emmett intentaba ir despacio y no herir a la chica.
—Yo tampoco quiero ser la novia de alguien.—Alice tomó su mano a través de la mesa.
—¿Qué esperas al acostarte conmigo, y hacer todo esto?
—¿Te soy sincera? —Emmett asintió—Nada. Me gusta ser tu amiga Emm, me gusta que compartamos cosas, me gusta que no te tenga que llamar. No tienes idea de cómo me encanta no tener el sentimiento de compromiso.—Alice se tapó la cara, incrédula de haber dicho eso.
—Continua.
—Jasper lastimó una parte que consideraba sagrada. —Alice hizo una pausa. Tomó los volados de su vestido de flores en el pecho, suspiró cansada y algo aliviada y continuó—. Mi amor. Yo… espero volver a tener la capacidad de amar sin querer retribución alguna. Pero por ahora, no puedo… no me deja. Yo no quiero nada tuyo… no quiero ser tu novia, ni tu esposa, ni nada de lo que sea te estés formando en la cabeza. En serio,Emm, hago esto como tu amiga.
Creer eso era difícil.
La mayoría de las mujeres, por no decir todas, mantenían un preformado concepto de la galantería. Lo había aprendido a través de los años. Debía desconfiar de Alice Brandon y su actitud liberal.
Ella le sonrió ampliamente. Sus ojos eran sinceros y las pequeñas pecas de su nariz, le dijeron que no mentía.
Alice sabía que la incertidumbre cuántica le otorgaba ese conocimiento. No podía esperar que la partícula de amor que mantenía en su pecho estuviera en el mismo lugar donde ella la veía. El amor se sentía, no se veía. Y, Alice, había estado empeñada en verlo. La incertidumbre, en ese punto, jugaría a su favor. Aquí, en Londres, perdido a la mitad de Lituania, Alemania… Marte. No importaba. No necesitaba verlo para saber que ella lo sentiría en su momento.
Emmett rodó los ojos algo desesperado. Al menos eso era un peso menos en sus hombros.
—Me alegro no haber roto tu corazón.
—Ya lo está,Emm.—Alice suspiró cansadamente—. Pero no es como que deje de estarlo de un momento a otro. En realidad, este proceso… durante este año me ha hecho darme cuenta de muchas cosas. Yo debo arreglarlo.
—Si algún día conozco a ese tal Jasper, ¿me dejarás romper su nariz?
—Te ayudaré a hacerlo, no lo dudes.
—Bien. Es un trato. —Emmett le estiró la mano con la sonrisa de niño característica y, unos ojos brillantes y felices—. ¿Amigos? Sin sexo esta vez.
Alice soltó a reírse.
—Amigos —concordó.
Se quedaron en silencio y medio tarareando la música de Emmett. Hablaron de sus planes para el futuro, Emmett le hizo prometer mantenerse en contacto y ella le obligó a prometer que dejaría de armar fiestas por todo Nueva York, e iniciaría con toda su energía en su carrera. Era un licenciado en artes, de una de las universidades de mayor prestigio de ese país. Tenía que sacar provecho. Tenía que ser alguien, y si Alice debía obligarlo a hacerlo, lo haría.
—¿Lista para la cuenta y los fuegos artificiales?—Faltaban cinco minutos para el nuevo año—. Ven, vamos a la ventana… de allí se ven mejor.—Emmett empujó infantilmente a la chica hasta pegarla contra el cristal—. Uy, Ali… espera a que veas los del cuatro de Julio… esos son los buenos.
—Espero verlos,Emm, aunque tengo la sospecha que no será este año… —Emmett la miró con un gesto desconcertado. No estaría hablando de irse ¿No tan pronto, o sí?—. Una chica me ha invitado a viajar con ella… creo que iré.
—Bueno, en tal caso.—Emmett alzó la botella de cerveza que Alice había traído—. Salud por los buenos viajes.
—Y, por los buenos amigos.—Estuvo de acuerdo ella recostada sobre el cristal. Dejando que la luz bañara su vida.
Después de ese último choque de copas. El cielo se incendió de miles de colores. Los mismos que Alice había creído perdidos en ella.
…
"Enero 1, 2012
Nuevo año, nuevo diario.
Hola Taly
El fin de año fue lo máximo. Te escribo desde la mesa improvisada del salón. Ha quedado precioso. Ambos lo hemos disfrutado sin duda.
El hombre a mi lado es por completo de otro mundo. Me ha dejado perpleja con sus historias, muerta de risa con sus chistes, y algo anonada con su regalo.
No, no es nada material. No pienses por allí. El regalo de Emmett es incomparable con los otros por la simple razón de ser inmedible e incluso intangible. Me ha otorgado su amistad, y sé que puedo contar con ella en cualquier circunstancia. Es asombroso.
¿Has escuchado la expresión: las mejores cosas vienen en envase pequeño? Bueno, eso es porque no había conocido al gigante de corazón bondadoso que es mi amigo.
Taly, lo decidí.
Anoche mientras veíamos los fuegos artificiales y las sombras de los edificios se pintaban de colores... Iré con Zafrina, sé que algo grande espera allá.
Mi destino está en Río.
Me muerdo los dedos de emoción. Sería muy gracioso que me vieras hacerlo: Alice de pelo revuelto, maquillaje algo desastroso y la emoción de brincar por todos lados. Tendré muchísimas cosas por hacer allá… pero será fantástico."
