II

Rusia, cerca de la frontera con Kajazstán.

El temporal era frío, nada fuera de lo habitual. La nieve cubría todos los alrededores y los medios de comunicación había anunciado una tormenta que no tardaría en aparecer en los cielos.

El cuartel militar estaba completamente vacío de personal: el único ruido eran los repetitivos pitidos de varias máquinas que marcaban el correcto funcionamiento de diversas cámaras o cilindros donde, sumergidos en un líquido verde, de aspecto pringoso, había varios cuerpos humanos: ninguno de ellos el de Steve Rogers.

Los ordenadores trabajaban constantemente, día y noche, manteniendo el correcto funcionamiento de la cámara de criogenización donde, efectivamente si se encontraba el cuerpo del Capitán América. Diversas cámaras de seguridad registraban las idas y venidas de todo el personal autorizado al cuartel, al igual que un equipo de agentes de HYDRA se encargaba de la seguridad del cerco militar después del último encuentro que habían tenido con agentes de SHIELDEl sonido del viento rompió el espeso silencio que rodeaba el perímetro y el sonido metálico del alambrado, informó de que la entrada al cerco se acababa de abrir para dejar paso a un coche completamente negro, con los cristales absolutamente opacos, impidiendo así el paso de la luz. El coche lucía una insignia con el símbolo de "HYDRA" y una vez el automóvil se hubo detenido, el conductor bajó para abrir una de las puertas traseras por donde salió Cráneo Rojo, recién llegado a Rusia.

Los militares alzaron ambos brazos y puños, gritando a unísono "HAIL HYDRA" y todos ellos formaron un pasillo que Cráneo Rojo cruzó sin ninguna dificultad ni ninguna expresión en su rostro, ninguna más allá que la codicia y lo sádico dibujando y marcando su rostro. La puerta metálica del almacén y cuartel militar se abrió y las luces blancas del techo se encendieron. Cráneo Rojo observó todo aquello con orgullo y finalmente, dirigió su mirada hacia la cámara de criogenización.

Esta vez mi plan es perfecto. Quedan unas horas para que Londres, París y sobretodo, Manhattan, caigan bajo las manos de HYDRA y tendré el poder absoluto. Oh Rogers — suspiró fingiendo melancolía y paso sus manos por la puerta de la cámara — Descansa tranquilo, pues cuando hayamos terminado con todo lo que amas, entonces te devolveré al mundo real solo para que observes como todo en lo que creías es mentira.


- Helicarrier de SHIELD , 10 horas para llegar a Rusia. -

Nadie había hablado de la pequeña pelea entre Sharon y Meiga, y por supuesto nadie le había reprochado a la joven Stark ninguno de sus actos. ¿Comprendían tal vez porque había actuado así? quizás: Andrea, ella era quien la comprendía, conocía de primera mano cuanto se odiaba así misma por ser una bestia, y ella entendía ese sufrimiento. Los niños son crueles y todavía lo son mucho más cuando alguien es diferente, y cuando estás solo, cuando haces algo que otros serían capaces de hacer, llegan los problemas, las miradas incapaces de entender que no eres una bestia. Pero pese a todo lo malo, siempre habrá alguien capaz de tenderte su mano, como Dagon hizo con Andrea, como ella años más tarde hizo con Meiga.

Meiga llevaba casi todo el viaje en completo silencio, estudiando la misión a la que se iban a enfrentar, Analizaba críticamente cada parámetro marcado en el mapa, preparaba ella misma cada comunicador, se aseguraba de que todo, absolutamente todo estuviera en completo funcionamiento.

Suspiró mientras miraba su anillo, aquel que decoraba su dedo y mostraba que estaba casada: todavía no se lo había quitado, porque se veía incapaz, sentía que aquello de alguna manera, sería traicionar a Steve.

— ¿Estás más relajada? — Susurró la voz de Clint mientras este apoyaba las manos sobre los hombros de la chica, aquella a la que quería como a su propia hija. Intentó mostrarse como siempre, cercano, como el amigo de ella que era, porque además de todo aquel cariño y amor fraternal que sentían el uno por el otro, por encima de eso, eran amigos.

Meiga alzó los hombros como única respuesta mientras observaba a Clint sentarse a su lado. Apoyó ambas manos sobre la mesa de cristal y se mordió el labio, sin saber bien cual era la respuesta adecuada para esa situación.

— Supongo. Esto es demasiado difícil para mi, he pasado once años diciendo a unos niños que su padre está muerto… once años odiándome por no haber estado allí cuando todo ocurrió. Ni siquiera puedo mirarme al espejo, no soporto como me miran esos ojos… — Y cuando iba a seguir hablando, cuando iba a seguir diciendo lo mucho que aquella imagen reflejada en el cristal le asustaba, Clint la interrumpió cogiendo una de sus manos.

— Odio cuando hablas como tu padre, nena. Escúchame, ninguno imaginábamos que algo así iba a ocurrir, yo estaba contigo cuando te despediste del Capitán… se que es difícil, pero ¿has pensado en Sharon? ha tenido que vivir once años con la culpa de haber matado a su mejor amigo, deberías de comprender que esto también es difícil solo quiere…

— Solo quiere ¿Qué? ¿Enmendar sus errores?, si realmente quiere ayudar que se mantengan al margen. Yo estoy al cargo de esta misión, y son mis órdenes. No permitiré otra vez que sus impulsos nos lleven a perder a alguien que queremos. Y de ser necesario, yo sola me enfrentaré a Cráneo.

Clint estuvo a punto de gruñir, pero no lo hizo. Bajó la mirada y con la mano libre, se sobó las sienes, tomando aire, obligándose así mismo a respirar profundamente una y otra vez. Realmente aquello era como estar hablando con Tony, y no le sorprendía porque todos sabían que padre e hija se parecían más de lo debido, que ambos compartían una conexión difícil de explicar, ambos juntos eran una única persona. Y en aquel momento era cuando lo podías observar.

— He prometido a tu viejo que cuidaría de ti, y te guste o no, voy a ser tu sombra en esto. Y antes de que digas o reproches nada, no me importa que quieras o no. Esta vez no se trata de uno de tus caprichos, Meiga. Se trata de tu vida, de unos niños que esperan que su madre llegue viva a casa. Y te aseguro que te llevaré a Manhattan de una pieza.

Dichas esas palabras con las que sentenció toda la conversación, Clint se levantó de la mesa y volvió a dejar a Meiga sola, trabajando en las estrategias de combate de aquella misión.

"Uno solo no valdrá, los dos hacen falta"


08:30 a.m - Manhattan , Torre Stark (Base de los Vengadores)

"Decisiones que acabaron en error y te hacen ver que esta vida no va a ser perfecta"

Como muchas otras noches atrás, y sobretodo teniendo en cuenta que la misión para rescatar a Rogers aquel día había empezado, Tony tampoco había dormido, sin embargo, con la seguridad de que los niños estarían en la escuela, subió directamente a su habitación, abandonando por completo el garaje que era regido por un curioso concepto del "orden".

Suspiró con cierta frustración, pasando una de sus manos por los cabellos negros y finalmente se dejó caer en la cama, con una húmeda toalla rodeando su cuello. Tras varios segundos de silencio abrió los ojos y, fingiendo tener la mente en blanco, clavó sus ojos en el techo blanco y parpadeó varias veces.

"¿Cómo se te ocurre dejarla ir sola, sin ti?" se dijo así mismo pensando en que realmente, en aquellos momentos, su hija le estaría necesitando. ¿Tenía miedo? claro que lo tenía, y Tony Stark temía pocas cosas. Se consideraba demasiado inteligente como para dejar que el miedo dominara su vida, aunque en ocasiones aquello no funcionase.

El genio colocó ambas manos detrás de su cabeza en forma de apoyo, todavía dando vueltas infinitas a todos sus pensamientos y a todos los recuerdos que le atacaban. Recordó entonces el miedo que había visto reflejado en los ojos de su pequeña cuando aquella guerra era la causa por la que luchaban, recordó las infinitas lágrimas que vio caer de sus ojos durante muchísimo tiempo, las pesadillas que nunca la dejaron dormir con tranquilidad y más de una hora, y sobretodo recordó el momento donde había prometido que la cuidaría en todo momento; porque realmente Tony Stark hacía una cosa con absoluta confianza, cuidar de la única prueba real de que tenía corazón.

Duerme, por favor… ¿cuántos días llevas así? — preguntó el genio con una voz realmente afligida. Observaba a su hija desde la puerta del garaje, observaba como realmente se parecían demasiado, pues ambos escondían su dolor de la misma manera : trabajando en incontables chapuzas sin sentido que, más tarde, acababan convertidas en trajes llenos de armamento a bordo.

Como única respuesta, Meiga alzó los hombros, restando importancia a los días y noches en vela. Restó importancia a su poco apetito y a que se encontraba notablemente embarazada de casi cinco meses. Suspiró agobiada, dejando caer de sus manos la llave inglesa, y situando ambas manos en su rostro completamente marcado por las ojeras.

Eh eh… venga nena, no llores más — Sin poder evitarlo, rodeó entre sus brazos a su hija, apoyando sus labios sobre la cabeza de esta, para entonces, dejar un suave beso y bajar la mirada hasta los ojos ajenos del mismo color que los suyos.

Odiaba aquello más que ninguna cosa, odiaba ver como no encontraba el consuelo para aquella persona que durante toda su vida había dependido de él. Había comprado infinitas cosas que sabía que adoraba: ropa, dulces, comida extranjera de los mejores restaurante de Manhattan, incluso entradas para un partido, pero nada de aquello había sacado a Meiga de su estado de shock, ni tampoco nada de aquello había hecho que el dolor cesase lo más mínimo: no comía, a penas se preocupaba por su aspecto (y eso que ella siempre lo hacía, incluso estando enferma) y los resultados de su equipo favorito, en plena súper bowl, ni siquiera le interesaban. Se consumía en vida y aquello consumía al propio Tony. — Sabes que él no querría esto… ni yo tampoco, Mei.

Durante unos instantes, sintió aquel frustrante sentimiento de culpa invadir todo su ser. Quizás las cosas podrían haber sido distintas si él hubiera estado del lado de Rogers en aquella guerra, quizá podría haberle evitado aquel sufrimiento a su hija durante tanto tiempo, no obstante él nunca habría dejado aquella valiosa información en manos de cualquier persona.

Cuando quiso darse cuenta, la botella de whisky estaba casi vacía, y el simple reflejo que observaba en el cristal de la copa, deformado y borroso, era suficiente como para causarle un terrible dolor de cabeza. De nuevo, sentía sus demonios renacer en el interior de una botella y de nuevo, se sentía aterrorizado ante los cambios del mundo, porque el mundo realmente estaba cambiando, solo que todavía, no se había dado cuenta.


Helicarrier, 8 horas para llegar a Rusia.

Por un lado, estaban los Little Avengers reunidos, sin Meiga, comentando todo lo ocurrido tanto como Sharon, como que creían haber oído a Clint gritar a Meiga. Por otro, más "relajados" porque aquello lo tomaban como algo ya normal en sus vidas, estaba el resto del equipo; Sam, Clint, Sharon, Barbara, Jessica y T'Challa.

No habían cruzado una sola palabra salvo en aquellos momentos cuando finalmente, acabaron reuniéndose al completo, Vengadores y Little Avengers. Clint había comenzado confesando lo mismo que a Meiga, estaba allí porque se lo había prometido a Tony, de no ser así quizás estaría en el nido tomándose unas "vacaciones" con Kate, Jessica continuó comentando que finalmente, Peter y MJ habían decidido casarse, y cuando parecía que la conversación se animaba, Sharon dio la espalda a sus compañeros.

— Yo disparé a Steve — murmuró mientras se ponía ambas manos en el rostro, suspirando y tomando aire que más tarde expulsaría.

Aquel comentario, provocó que todas las miradas se cruzasen, en un acto de incomprensión ante aquella reacción de Sharon y sobretodo, ante aquel comentario, ante aquella afirmación que todos conocían.

— ¿Cómo dices? — preguntó Sam apoyándose en la mesa e inclinando su cuerpo para poder observar a Sharon con mayor facilidad.

— Por favor, no me hagas repetirlo, Sam

De nuevo, el silencio reinó de una manera cuanto menos, incomoda para todos los presentes, que no sabían como retomar aquello sin rozar lo grosero o cruel. Jessica carraspeó mientras apoyaba las manos en la tabla de la mesa y miró a Clint alzando ambas cejas, esperando que él tuviera algo que decir, porque él casi siempre sabía que decir en todo momento, pero en aquel instante, no tenía nada que decir, al menos nada que no fuese a resultar un completo sin sentido.

— Sharon aquello ya es pasado, Steve est... — La voz de Bárbara fue cortada por el crujir de las botas de Meiga, quien se detuvo en el marco de la puerta, observando a los presentes. Primero, clavó los ojos en Sharon y después alzo la mirada hacia sus compañeros. En su rostro, apareció una pequeña mueca habitual en su rostro, pero esta vez algo más deformada. Frunció el ceño mientras se acercaba de brazos cruzados y finalmente dejó sobre la mesa de los presentes las carpetas con toda la información y estrategia que se había encargado personalmente de organizar.

— Tengo vuestros dispositivos de contacto listos, Hill os entregará uno a cada uno — Explicó de forma clara, pero sin borrar de su tono de voz el enfado. En todo momento arrastró cada palabra y una vez se aseguró de que todos tenían su carpeta, se sentó, colocando ambos pies sobre la mesa. — Ah, por cierto, ¿cómo era lo que decías Sharon? Ah, sí, tú disparaste a Steve...

Atacó directamente donde sabía que más dolía, y ni siquiera le importó lo más mínimo. Ignoró las quejas de sus compañeros ante aquel comportamiento que, aunque no era raro en ella, si había sido innecesario por su parte. Sin embargo, todo se vio interrumpido de golpe. La alarma sonó y en seguida, varios monitores comenzaron a retransmitir en directo una señal satélite llegada desde Francia y Manhattan.

Por un lado, la ciudad francesa estaba siendo atacada por ejércitos espías de HYDRA. La torre Eiffel, en aquellos momentos, casi se encontraba en llamas y estaba siendo condecorada con una bandera con el simbolo de Cráneo Rojo. Después, comenzaron a mostrarse las imágenes de Manhattan, donde se veía a Nueva York con un estado similar a París, salvo porque en esta se veía la colaboración del intrépido dios del engaño, Loki, quien, evidentemente estaba en cierto modo aliado con Cráneo Rojo. También se hablaba sobre el ataque de un misterioso hombre que peleaba en nombre de HYDRA, un hombre con un brazo mecánico que había conseguido crear terribles disturbios en el centro de la ciudad, donde se veían innumerables vehículos en llamas, personas aterrorizadas, edificios que comenzaban a ser ruinas por la magia del dios.

— "¡Todo el mundo ahora mismo nos preguntamos lo mismo! ¡VENGADORES! ¿¡DÓNDE ESTÁIS?!" — Gritó la reportera antes de agacharse para evitar un ataque y entonces la imagen se perdió y los monitores comenzaron a retransmitir una neblina de color verde, ninguna señal... pero de fondo una risa que poco a poco parecía hacerse más intensa y tomaba forma,

CONTINUARÁ