Ella la llamo bella, porque bella es su alma, porque esconde en su mente pensamientos transparentes, y sus ojos inocentes de amores incandescentes,

Se mezclan en silueta de mujer incomparable.

EL DESTINO SIEMPRE ME LLEVA A TI

CAPITULO # 6

Por. Tatita Andrew.

hace tres días que no sabía nada de ella, desde el sepelio de su padre, no había tenido noticias de Candy, se preguntaba qué estaba haciendo, no sabía nada de la vida de ella en todos estos años, que no se habían visto, que había estudiado, que le gustaba, y si se había enamorado, miles de preguntas rondaban en su mente, pero la única persona que podía resolver esas preguntas no había dado señales de humo y ni siquiera, algún indicio de que quería volver a verlo.

Después de otro día de trabajo, regresaba a su casa, un poco malhumorado, pero todo su semblante cambio, al notar que alguien lo estaba llamando, al mirar en su celular tenía una llamada entrante de ella.

-¡Hola Candy como estas!

-Hola Albert yo muy bien gracias por preguntar, quisiera saber si estas desocupado esta noche, quisiera invitarte a bailar tenemos tantas cosas de que hablar, y me parece una buena idea.

Él no sabía ni que decir ni que hacer, su Candy el amor de su vida lo estaba invitando a salir, tanto fue la sorpresa que las palabras no salían de su boca no reacciono si no al escuchar que ella le volvía a decir.

-Disculpa si te tomo de sorpresa pero si estas ocupado, te llamo otro día, que tonta soy, una persona como tu debe de tener miles de compromisos, y yo invitándote así sin avisarte nada, te llamo otro día.

Pero antes de que ella colgara alcanzo a decir.

-No, no para nada Candy por supuesto que me gustaría salir a bailar contigo, no tengo nada que hacer es más salvaste mi sábado de pasar una noche aburrida frente al televisor – alcanzo a soltar una broma para evitar el nerviosismo que tenía.

-Me alegro entonces que estés disponible paso por ti, a eso de las 9 de la noche por tu casa, no lleves coche que hoy yo soy la que invita así que toca andar conmigo.

-Gracias Candy por la invitación y claro yo estaré esperándote.

-Ok, quedamos Albert bay.

-Hasta luego.

Al colgar se sentía como un chiquillo otra, vez su preciosa rubia lo había invitado a salir, así que si quería estar listo a tiempo iba a darse un baño rápido.

Parece que su entusiasmo fue demasiado porque antes de las ocho de la noche ya estaba, listo vestía una camisa mangas larga color verde y un pantalón de mezqulilla color caqui oscuro esperaba sentado en el sofá del departamento que compartía con su amigo Tomás.

La espera lo desesperaba más veía pasar los minutos y estos parecían que se demoraban un año en dar la vuelta a las manecillas, intentando calmar sus nervios se fue al bar y se tomó un fuerte vaso de whisky de un solo trago.

Y al cabo de otros minutos otro trago más.

-Eh si sigues así no llegaras a tu cita. Allí estaba su compañero de apartamento con una sonrisa burlona su cabello castaño cortado al ras, y unos ojos color miel que lo miraban divertido.

-Tengo que hacer algo para controlar los nervios.

-Debe ser alguien especial para que estés tan nervioso por una simple cita.

-No es cualquier cita es una con el amor de mi vida, la mujer que he buscado por todos estos años.

-Ehhh dijo golpeándolo suavemente en los hombros –Te lo tenías bien escondido que ya la habías encontrado.

-Y sobre todo me alegra porque ya me tenías aburrido siempre con la misma historia.

-Ehh un momento Tomás que no siempre era la misma historia j aja.

-Claro que sí, que la conociste que la perdiste, que la volviste a encontrar y otra vez la perdiste.

Unos golpes en la puerta detuvieron sus risas.

-Creo que llegaron por ti campeón que tengas suerte..

-Sí gracias amigo creo que la necesitaré.

Al abrir la puerta allí estaba su pequeña rubia de ojos verdes, por unos instantes la mirada iba de ojos azules a verdes, de verdes a azules, sin decirse nada solo sonriendo.

Ella vestía con un hermoso vestido color beige ajustado a su cuerpo que le realzaba mucho la figura, su cabello recogido en una hermosa coleta de caballo, y al final unos rizos bien definidos, sus labios pintados de color carmesí, eran como una invitación a besarlos. Al final Albert decidió romper el silencio.

-Pasa Candy ven a conocer el apartamento- Te presento a mi compañero y amigo Tomás Makensing.

-Hola mucho gusto mi nombre es Candy White.

-Es un gusto conocerte al fin Candy.. Dijo en tono burlón.

Y Albert por atrás de Candy haciéndole señas de que no se pasara de gracioso porque se las vería con él.

Después de un breve recorrido decidieron salir rumbo a la discoteca.

-Hasta pronto Tomás pórtate bien- le dijo Albert mientras colocaba su mano en la espalda de Candy para conducirla a la salida.

-Lo prometo.. Mientras guiñaba el ojo.

-Muy simpático tu amigo- dijo Candy mientras bajaban las enormes escaleras.

-Sí, no me preguntes ni porque lo soporto, sino fuera por nuestra amistad hace rato hubiera conseguido otro compañero.

Los dos rieron al mismo tiempo, y al fin Albert se sintió tranquilo por primera vez en la noche. Mientras ella manejaba rumbo a la discoteca.

Al llegar un mesero les trajo unos tragos, Candy se veía hermosa, como siempre la recordaba, al fin Albert después de varias rondas de trago se decidió invitarla a bailar.

La música no era nada romántica pero Candy se movía tan bien y sensualmente que el empezaba a sudar por la forma en que ella se giraba y se acercaba con cada movimiento a su cuerpo, todo el tiempo sin dejar de reír, el trato de controlarse y al igual que ella se dejó llevar por la música al final de la pieza, todos los miraba y los aplaudían por la forma en que bailaban.

-Sí viste como la gente nos observaba Albert, que vergüenza- dijo Candy mientras tomaban asiento nuevamente y tomando otro trago para recuperar fuerzas.

-Ah Candy pero es que con esos movimientos tuyos tenías hipnotizados a todos, yo lo único que hacía era seguirte como un trompo.

Después de horas y horas, al fin pudieron contarse todo lo que había sucedido en todo ese tiempo, Candy después del colegio había estudiado en la Universidad y era una muy respetable Doctora, trabajaba en el Hospital Santa Clara y a pesar de que se estaba desvelando a la mañana siguiente tenía que ir a trabajar, y sobre todo la noticia que había alegrado a Albert, es que ella seguí soltera y sin compromiso, y a decir verdad no había nombrado ningún pretendiente lo que le dio alas y esperanzas a Albert, ya que la que estaba a punto de casarse era su hermana Annie con su novio de la Universidad.

Lo único que Candy no hablaba nunca era sobre su padre, y cuando tocaba ese tema lo cambiaba por otro, Albert estaba tan feliz, tan feliz que no cabía de la dicha de estar allí con su querida Candy, tan feliz que no supo cuando los tragos se le habían subido a la cabeza y su mente se puso totalmente en blanco.

Al despertar una odiosa luz le hacía cerrar con fuerza los ojos, poco a poco fue abriendo los ojos, tuvo que sostenerse la cabeza pues sentía que tenía un enorme bloque de concreto sobre ella, al ir abriendo los ojos pensaba para sí, que nunca volvería a tomar así, todo le daba vueltas cuando al fin pudo abrirlos totalmente.

Varios ojos lo miraban divertido entre una mezcla de asombro y risillas, al fijarse bien cuál era el motivo de la risa, pudo comprobar para su mala suerte que estaba completamente desnudo en el sofá de un apartamento que no era el suyo, su primer instinto de supervivencia fue tomar un cojín con todas sus fuerzas y tratar de cubrirse, a pesar de la poca dignidad que le quedaba en ese momento.

-¿Qué hago aquí? Pregunto dudoso.

-Viniste con una amiga, déjame decirte que eres todo un semental.

Todas rieron al mismo tiempo, la vergüenza se le subió al rostro y pudo notar lo rojo que estaba por esas miradas que no le quitaban los ojos de encima.

-¿Por qué estoy desnudo? ¿Acaso me acosté contigo?

La chica de cabello castaño, largo lacio sonrío.

-Puedes estar tranquilo no te acostaste conmigo.

Su mirada se dirigió de una a una a todas las chicas en la sala, con la mirada le preguntaba lo mismo, es que tenía que haberse acostado con alguien porque no veía la razón por la que estaba desnudo en medio de una sala rodeado de mujeres.

-Conmigo no.

-Ya quisieras, pero lamentablemente no.

Cuando estaba a punto de preguntar otra cosa, aparecía frente a él Candy solo vestía la camisa que él había usado por la noche, su cabello suelto y una taza de café en la mano.

-Candy ya se despertó tu amigo dijo otra vez la castaña.

-Hola Albert como amaneciste.

-¿Cómo si un tren hubiera pasado sobre mí? Dijo avergonzando.

-Albert te presento a mis amigas y compañeras de apartemento. Susana Marlow, Eliza Leagan, y Patty Obrien.

-Mucho gusto dijo sin mover ni un centímetro el cojín que tenía cubriéndose.

Con la poca dignidad que pudo pregunto.

-¿Alguien sabe dónde está mi ropa?

-Yo tengo tu camisa dijo Candy y los pantalones están en mi cuarto- Ven acompáñame.

Y al levantarse dejo ver una muy buena vista de su hermoso trasero obteniendo como resultado la risa, silbidos, gritos y aplausos de las demás chicas.

Al cerrar la puerta del cuarto Candy sonreía con una sonrisa maliciosa. No quería hacerle la pregunta pero debido a las pruebas tuvo que hacerlo.

-Candy lo siento no sé qué me paso, jamás acostumbro a beber de este modo, me siento tan avergonzado, quisiera saber si… sí entre tú y yo.. su.. sucedió algo anoche.

Ja ja la risa contagiosa de Candy alivio un poco su frustración.

-Yo creo que anoche con lo borracho que estabas no hubieras podido aunque quisieras, vinimos a mi apartamento a continuar bebiendo pero apenas llegamos, te acostaste sobre mi sofá y empezaste a hacerme un stripper gratis, y al minuto siguiente ronroneabas como un bebe.

-La verdad quisiera pedirte disculpas nuevamente le dijo aún desnudo como estaba.

-Eso ya me lo dijiste. Dijo Candy al momento que se acercaba peligrosamente hacía él, con los pantalones en la mano. Coloco sus manos alrededor de su cuello.

Y en ese momento la lucidez volvió a la cabeza de Albert, allí estaba ella, a pocos centímetros de su boca, a escasos centímetros de su cuerpo- Tengo que ir al hospital pero tengo algunos minutos que podríamos aprovechar.

Esa proposición tan descarada era la invitación que Albert estaba esperando y sin decir nada la tomo por la cintura para acercarla más a él y que pudiera sentir todo lo que ella provocaba en su cuerpo, bajo la cabeza lentamente hasta rozar sus labios con los de ella, para después apoderarse por completo de ellos, saboreándolo y besándolo con todo el amor y los sentimientos que estaban guardados en el fondo de su alma por tantos años en los que no supo de ella.

Una de sus manos subió por su cabello para acariciarlo y acercarla más a su boca, y en un segundo los dos habían perdido el control. Candy jadeaba sobre su boca, y le faltaba la respiración, sin dejar de besarla la coloco sobre la cama, y empezó a tocarla por todos lados, por su cintura por sus senos, sus manos subían y bajaban como si tuvieran vida propia, como si reconocieran cada centímetro de su cuerpo.

-Oh Dios mío alcanzo a decir Albert mientras ella desabrochaba cada uno de los botones de su camisa verde, para dejar ver unas hermosas bragas de randa color rosa suave. Y otro segundo más la randa había desaparecido y él estaba introduciéndose lentamente en el interior de Candy, le parecía un sueño tenerla allí, hacerla suya nuevamente, como la primera vez, solamente dos almas que se volvían a encontrar, el latido de sus corazones al unísono, la respiración entrecortada los susurros y los jadeos les anunciaban que estaban llegando al clímax, y Albert se fundió con ella como un solo cuerpo como un solo ser. Mientras ella lo sujetaba muy fuerte de los hombros el colocaba su cabeza entre su cuello y su cabello. Aspirando su aroma y su sexualidad.

Al quedarse abrazados, él se, sentía nuevamente vivo, cuando Candy rompió el encanto.

-Lo siento Albert se levantó apresurada mientras se metía al baño tengo 10 minutos para llegar al hospital, lo bueno es que me queda a dos cuadras dijo brindándole una linda sonrisa.

Él se empezó a vestir, pensando que ahora iban a volver a ser novios, la iba a conquistar, y la iba a invitar a todos los sitios. Quería compartir el resto de su vida con ella.

Cuando ella salió del baño después de una ducha rápida y su bata de doctora, lo que la hacía ser más guapa.

Dándole un beso rápido a Albert le dijo

-Vamos de salida los dos, porque si te quedas aquí mis compañeras no te dejaran en paz.

Y así fue apenas salieron las amigas le dedicaban sonrisas maliciosas, y una sugerente invitación.

-Vuelve cuando quieras Albert.

-Sí y también puedes bebe cuando quieras el sofá te estará esperando.

Después de que Candy lo dejara en el apartamento se encontró con la cara sonriente de Tomás.

-mmm Veo que la noche fue más interesante de lo que quieres hacer creer.

-Deja de decir bobadas, me pego un baño rápido, y te invito a comer, me muero del hambre. Ah y no te preocupes que yo pago.

-Ya rugiste dijo divertido su amigo.

Se fueron caminando rumbo a un pequeño restaurant que él conocía, mientras su amigo lo bombardeaba de preguntas que el sabiamente sabía evadir con toda naturalidad.

Pero al pasar por una pequeña cafetería, allí estaba Candy sentada charlando con otro colega porque iba vestido de la misma forma que ella. Y sin pensarlo dos veces se acercó a saludarla.

-Hola Candy pero coincidencia encontrarte de nuevo.

Sin levantar mucho la mirada ella lo miro de reojo diciendo.

-Hola Albert.

-¿Quién es tu amigo?

-Disculpa Anthony te presento a Albert Andrew un viejo amigo, Albert te presento a Anthony Brown un colega.

Miro curioso al doctor que la acompañaba era un hombre rubio y blanco como el de ojos azules, también pero un poco más oscuros.

-Me preguntaba si puedo invitarte a tomar un café. Dijo Albert emocionado

-Lo siento como ves solo tenemos 10 minutos y debemos volver al trabajo.

-Pero pensé… su palabra quedo en el aire. Cuando su amigo lo jalo hacia atrás. –Discúlpenos por interrumpirlos mi amigo yo solo pasábamos por aquí, me alegro verte nuevamente Candy, ah disculpe docto a usted también que sigan pasando bien.

Albert no entendía nada, solo se dejó conducir por su amigo mientras le decía un breve adiós a Candy, lo único que sabía es que ella estaba cenando con otro chico y lo peor es que lo saludo como si el no significara nada en su vida, como si fuera un simple conocido, a donde habían quedado los besos, caricias, y todo lo que había sucedido apenas hace unas horas.

-Vamos por ese café le dijo a Tomás sin decir más palabra, pero con un sinnúmero de interrogantes en su corazón.

CONTINUARÁ…

Hola chicas un nuevo capítulo gracias por sus comentarios.

Laila: si tenías razón los preparativos de la boda eran para Annie, no te puedo decir pero poco a poco entenderemos las razones por la que Candy se comporte así, pero son muchos factores, el tiempo su padre, sí sí de eso tienes que estar segura que el destino tiene que darle nuevamente la oportunidad para estar juntos y aprender a superar los miedos y obstáculos juntos gracias por tu comentario.

Saludos.

Gatita Andrew: no no prima esta si no se la perdono tiene cero en actuación, y cero en conducta por no llegar a tiempo a la escuela, ja ja como va a ser posible que mi propia prima no se había dado cuenta de este fic y eso que ya voy por el capítulo seis. Bueno bueno no seamos drásticas, te disculpo porque aparte de ser mi familia, tkm, y me encantan tus reviews, por eso es mentira los de las malas notas, y tú eres igual a mí me encanta leer y leer, saludos mi prima bella, un abrazo a la distancia.

Maly1978: gracias por tu comentario espero que te guste el capítulo me alegra que me escribas.

Linda K: Hola Lynda muchas gracias por tu comentario, y más viniendo de ti que siempre estoy pendiente de tu actualización en el fic, En algún lugar lejano.

Saludos..