Lisabeth por Angie Friki Black
Disclamer: El universo de Percy Jackson no me pertenece sino a Rick Riordan
Elisabeth, una mujer hermosa, inteligente y rica. Tenía las cosas que todas desearían pero no era feliz. El hombre que amaba estaba muy fuera de su alcance; no porque fuera más rico que ella, o cualquier otra cosa relacionada con su estatus en la sociedad. Sino porque era un humilde pescador sin riquezas, solo con un corazón amable y bondadosa, alguien a quien ella no merecía.
—Quiero servirle, mi señora Artemisa —volvió a repetir, la mujer de cabellos castaños y ojos color miel—Quiero ser una cazadora.
La diosa de ojos plateados y apariencia de una chica de trece, fijó sus ojos en la mujer que se encontraba postrada a sus pies.
—Levántate y acércate —le dijo, la mujer hizo lo propio acercándose— ¿Por qué? —preguntó la diosa.
— ¿Por qué, qué? Mi señora.
— ¿Por qué quieres convertirte en mi cazadora?
La mujer vaciló, Artemisa hizo una señal con la cabeza para que sus compañeras salieran de la improvisada tienda.
—Dime mi querida niña. ¿Por quién?
Elisabeth no pudo más, sin ningún aviso se echó a llorar a los brazos de la diosa.
Pasados algunos minutos se calmó. Artemisa le levantó la cara haciendo que la mirara a los ojos.
— ¿Estas segura de querer hacerlo?
Elisabeth se sorbió la nariz.
—Muy segura.
—Repite después de mí. Prometo seguir a la diosa Artemisa.
—Por-prometo seguir a la diosa Artemisa.
—Doy la espalda a la compañía de los hombres acepto ser doncella para siempre y me uno a la cacería.
Elisabeth repitió las palabras con los ojos vacíos de cualquier sentimiento.
—Yo te acepto. Ahora eres una de mis cazadoras, siéntete en una familia, mi querida Elisabeth.
—Lisabeth, mi nombre de ahora en adelante será Lisabeth —levantándose Artemisa observó el fuego que se cernía en sus ojos, así como la nostalgia de un amor perdido.
Lisabeth salió de la tienda sentándose en una roca apartada del fuego que habían encendido sus —ahora— compañeras. Miró la luna llena que había en el firmamento, llevándose una mano al corazón, dejando escapar la última lágrima que derramaría en su vida.
Ahora era una cazadora, tendría una nueva vida, y debía olvidarse de él.
— ¿Está segura mi señora? —preguntó Zoë—.No sabemos cómo nos encontró y…
—Muy segura, Zoë. Ella ha decidido esto por un hombre que jamás corresponderá sus sentimientos. Ella ha hecho esto, porque quiere que ese hombre sea feliz, y porque ella misma sabe que no podrá amar a nadie más. Lo ha hecho por un motivo el cual ninguna de ustedes conoce, el amor.
