Hola como han estado, yo aquí después de muchos meses desde la última vez que actualice "Esperanzas Ocultas" tengo muchos motivos, pero no importan en estos momentos xD Vengo con una nueva adaptación, que como siempre no me he resistido así que espero les guste ^^
Esta historia está en un "AU" así que tal vez los personajes me salgan un poco Ooc, y bueno tal vez algunos no peguen con otros ni con pegamento xDD Pero, no me quedo alternativa de tomar personajes de todos lados para formar una familia grande (ya verán de lo que hablo xD)
Ahora sí:
DISCLAIMER: Ni Bleach, ni la historia de "También es mi hijo", me pertenecen, todos los personajes así como la historia original son propiedad de sus creadores, Theresa Ragan y Tite Kubo. Yo solo los utilizo sin ánimo de lucro.
Espero disfruten de la lectura y nos leemos abajo :3
oOo
Capítulo 1
Ichigo Kurosaki dejó a sus padres y hermanos en el jardín de atrás y entró en la casa. Quería un par de ibuprofenos y unos minutos a solas, pero en cuanto entró por la puerta lateral, lo recibió un chillido penetrante que le atravesó el cráneo y le hizo olvidar el dolor que sentía en la rodilla derecha.
Cruzó la cocina y avanzó en dirección al ruido, apoyando el peso en la pierna izquierda, ahora que no lo veía nadie. Había sido derribado por los mejores de la NFL: Ginjo, Sado y Bazz-B. Y una lesión de nada en la rodilla no lo iba a alejar de la temporada que se avecinaba.
El terrible sonido procedía de su antiguo dormitorio. Abrió la puerta y frunció el ceño al ver una cuna portátil en mitad de la estancia en la que había planeado dormir esa noche. Se inclinó sobre la cuna. La niña parecía estar bien. No había olores horribles ni nadie que la molestara.
Observando a la pequeña llorona, se dio cuenta de que últimamente pensaba mucho en bebés. Y cuando pensaba en bebés, pensaba también en amor, matrimonio y en Orihime. Ichigo cumpliría pronto los treinta años y las mujeres no eran las únicas que acusaban el paso del reloj biológico.
En aquel momento deseaba con fuerza que su sobrinita dejara de llorar. No porque le molestara el llanto, sino porque lo asustaba. ¿Estaría sufriendo la niña?
Vistos de cerca, los bebés daban miedo, sí. Eran frágiles e inquietos. Con suerte llegaría alguien al rescate. Si tomaba en brazos a la bebé, podía hacerle daño sin querer. Él sabía muy bien lo que tenía que hacer con balones de fútbol americano, pero los bebés eran otra cuestión.
—¡Buaaaaaaaaa!
¡Maldición!
Aparte de para buscar ibuprofeno, había entrado también para alejarse de su hermano adoptivo y supuesto amigo Uryu, y de la nueva prometida de este, Orihime; la chica que Ichigo pensaba que debía casarse con él, no con Uryu. Orihime había vivido de niña en la casa de enfrente de la de ellos. Había sido vecina de Ichigo, y este la consideraba su chica, su futura esposa, no la de Uryu.
Ichigo se había enterado hacía poco de que Orihime y Uryu pensaban casarse pronto ante un juez. Al parecer, se habían ido a vivir juntos no hacía mucho.
Había creído que sería capaz de soportar aquella fiesta que había organizado su madre para celebrar el compromiso, pero se había equivocado. Verlos juntos lo ponía nervioso, le hacía sentir cosas que no quería sentir.
—¡Buaaaaaaaaaaaa!
Jugram, el segundo de los hermanos que se había casado hasta la fecha, había sido el primero en tener un bebé. Jugram los estaba dejando mal a todos haciendo que pareciera fácil encontrar el alma gemela. Pero encontrar el alma gemela era como buscar un diamante perdido en una playa de treinta kilómetros llena de gente. Una misión imposible.
Muchos de sus amigos que creían haber encontrado a su "media naranja" estaban ya divorciados.
La niña seguía llorando. Se llamaba Ayumi. Podría haber sido peor. Sus padres podrían haberla llamado Apple o Saturn. Ayumi estaba tumbada boca abajo, pero eso no parecía afectar a sus cuerdas vocales.
—Vamos, vamos —dijo Ichigo. Le frotó un poco la espalda con timidez.
La niña lloró más fuerte.
—Eres una gritona, ¿eh?
Ichigo la miró, intentando averiguar cómo tomarla en brazos. Era el quinto de diez hijos. Había tenido bebés en brazos muchas veces, principalmente cuando era más joven. Simplemente le faltaba práctica; eso era todo.
La cabeza de la niña era del tamaño de un melocotón grande o un melón muy pequeño. Hasta tenía una ligera pelusa en la parte superior. Ichigo le tocó la cabeza, palpó un bulto y retiró enseguida la mano.
Los gritos de la niña aumentaron de volumen.
—Solo quería que te sintieras mejor —suspiró él—. Pero no temas, ya lo pillo. Eres una chica y eso es lo que mejor se les da a las chicas… hacer mucho ruido.
—Muy gracioso —dijo una voz femenina desde el umbral de la puerta.
Ichigo miró detrás de él y descubrió que Orihime lo observaba con sus grandes ojos grises. Tenía los brazos cruzados y un cabello largo naranja y suave. Él llevaba todo el día esquivándola y en aquel momento supo por qué. Al verla se le encogía el estómago y le dolía el corazón.
—No deja de llorar —dijo, para cambiar el rumbo de sus pensamientos—. ¿Qué le ocurre?
Orihime sonrió y la sonrisa le llegó hasta los ojos.
—¿Has probado a cambiarle el pañal? —preguntó.
—¿Quién es la graciosa ahora?
Orihime se acercó a la cuna y tomó a Ayumi en brazos como si la niña no fuera tan frágil como parecía.
—Tatsuki me ha pedido que entrara a ver cómo estaba. ¿Quieres sostenerla tú?
Ichigo retrocedió un paso.
—¿Los osos quieren bailar?
—Seguro que sí —respondió ella con una sonrisa.
—A los osos no les gusta bailar —le informó él—. Les gusta comerse a la gente.
—Muy bien —Orihime llevó a la niña a la mesa de cambiarle el pañal—. A los osos les gusta comerse a la gente. ¿Me vas a ayudar a cambiarla o vas a seguir enfurruñado en vez de estar de fiesta como todos los demás?
—Creo que voy a seguir enfurruñado, gracias —contestó él.
Observó un momento a Orihime. Recordó los buenos ratos que habían pasado juntos de niños. Sus hermanos y él solían jugar al fútbol americano en la calle y Orihime era una más de los chicos. A Ichigo le resultaba difícil entender que Uryu se le hubiera declarado después de que todos hubieran jurado dejarla en paz.
Los juramentos infantiles no tenían fecha de caducidad. Nadie podía llevarse a Orihime. Eso era lo justo.
Tiempo atrás, todos los varones en un radio de cinco kilómetros habían estado enamorados de ella.
Ichigo sabía que debía resignarse. Era un hombre adulto. Debía alegrarse por su amigo y hermano adoptivo, pero no se alegraba. Se sentía traicionado. Se dirigió a la puerta, pero no fue lo bastante rápido. Entró su madre y lo detuvo antes de que pudiera escapar.
—Estás aquí —dijo. Miró a la niña—. ¡Oh, mi tesorito! ¿Cómo está?
—Es igual que sus tías —respondió Ichigo—. Una llorona.
Su madre se echó a reír. Hizo ademán de ir a tomar a la niña en brazo, pero se dio cuenta de que tenía las manos ocupadas—. Toma —dijo a Ichigo. Le tendió un montón de cartas.
—¿Qué es esto?
—Cada vez que te mudas, tu correspondencia se las arregla para volver aquí.
Ichigo ojeó los sobres.
—Hay una carta de CryoCorp que llegó hace meses —dijo su madre—. Pensé que se habían equivocado de dirección y se la devolví, pero han vuelto a enviarla hace unos días.
—¿Qué es CryoCorp? –preguntó Orihime.
Ichigo encontró el sobre, dejó todos los demás en un estante y abrió la carta. Estaba demasiado ocupando leyendo para responder a la pregunta de Orihime.
"Querido señor Kurosaki, Como sabe, CryoCorp es un destacado proveedor de semen humano…"
Sí, Ichigo ya lo sabía, pero eso no impidió que le diera un vuelco el corazón.
"Nuestro personal está formado por profesionales deseosos de ayudar a nuestros clientes a cumplir su objetivo de formar una familia mediante una excelente selección de semen y asesoría personal y confidencial".
"Lo sé, lo sé". Ichigo pasó al último párrafo. Se preguntaba por qué se pondría CryoCorp en contacto con él después de tantos años. Su semen no podía estar todavía en activo. Les había enviado una carta años atrás pidiendo que lo retiraran como donante. Ir a CryoCorp había sido un gesto estúpido por su parte, algo que había hecho por dinero sin pensarlo bien.
"En CryoCorp nos esforzamos por procurar que los receptores alcancen sus objetivos. Por eso queremos darle las gracias por su donación y por haber ayudado a cumplir sueños".
¿Cumplir sueños? A Ichigo le dio un vuelco el corazón. Volvió atrás en la carta.
"La receptora de su esperma cumple todas las condiciones estipuladas".
—Esto es ridículo —dijo en voz alta—. Hace años que les envié una carta diciéndoles que me retiraran de la lista de donantes. Hasta les devolví el dinero.
Su madre estaba muy ocupada con la niña y no captó el pánico en su voz, pero a Orihime no se le pasó por alto. Se acercó inmediatamente, le quitó la carta y, cuando terminó de leerla, le lanzó una mirada que él no pudo descifrar.
—¿Tú donaste esperma?
Él asintió, pero no le gustó la mirada acusadora de ella; lo miraba como si hubiera regalado algo que no era suyo.
—¿Tienes algún problema con eso? —preguntó Ichigo.
Orihime abrió la boca, volvió a cerrarla y a continuación la abrió de nuevo.
—Claro que no —dijo—. Pero es obvio que tú sí. ¿Donaste esperma en CryoCorp, sí o no?
—Tal vez.
Orihime resopló y su aliento alborotó mechones de su pelo naranja.
—Mamá —dijo—. ¿Puedes ayudarme a arrancarle una respuesta clara?
Ichigo frunció el ceño.
—¿Desde cuándo la llamas mamá?
—Desde siempre —contestó Orihime, que ya estaba claramente enfadada con él.
Sus ojos se encontraron y siguió una especie de guerra de miradas hasta que él dejó caer la suya adrede por la nariz pequeña de ella y por los labios bien formados. Había besado aquellos labios. La había besado más de una vez antes de que hicieran aquel estúpido juramento. Pero el beso que recordó en aquel momento fue el último. Un beso que no olvidaría mientras viviera.
Su madre, que tenía a la niña en brazos, debió captar por fin la tensión en la atmósfera, pues se interpuso entre ellos.
—No hagas eso, Ichigo.
Este alzó una mano en el aire con frustración.
—¿Qué he hecho esta vez?
—Ya estás con tus dramas —contestó Rikichi, su hermano menor, desde la puerta.
Ichigo lo miró de hito en hito.
—¿Quién te ha preguntado a ti?
—Llevo aquí el tiempo suficiente para haber visto que ya vuelves a las andadas. Orihime es la novia de Uryu, tu amigo y el mío. Nuestro hermano. ¿Te acuerdas de él? Están prometidos y esto es su fiesta de compromiso. Orihime eligió a Uryu,
no a ti. Acéptalo ya.
—Basta —intervino Orihime. Levantó la mano con la carta de CryoCorp—. Ichigo tiene un problema.
—Dinos algo que no sepamos —añadió Rikichi, arrastrando las palabras.
—Vamos, Rikichi. Ya es suficiente —dijo su madre.
Ichigo rio haciendo burla de su hermano. Sabía que era una reacción infantil, pero la achacó al hecho de estar de vuelta en casa con todos sus hermanos, por no hablar de Orihime y Uryu, de estar todos bajo el mismo techo fingiendo que aceptaban muy bien lo que había pasado. Se dijo que él no tendría que haber ido.
—¿Qué dice la carta? —preguntó su madre.
Orihime miró a Ichigo.
—¿Te importa que la lea en alto?
—Haz lo que quieras —contestó él.
Había crecido con una familia grande en una casa pequeña y estaba acostumbrado a la falta de intimidad. No tenía sentido intentar guardar secretos cuando sabía muy bien que todos se enterarían de lo que pasaba antes o después.
—Parece ser que Ichigo donó esperma hace años —dijo Orihime—. Y la receptora 3516A eligió su esperma.
Rikichi hizo una mueca.
—¡No me digas! ¿Cuánto tiempo dura el esperma?
—El esperma congelado no tiene fecha de caducidad —explicó Orihime, que seguía leyendo el resto de la carta por segunda vez.
Ichigo la miró boquiabierto.
Rikichi se echó a reír.
—Fui a CryoCorp antes de que me contrataran Los Dioses de la Muerte —aclaró Ichigo—. Necesitaba dinero desesperadamente. En esa época también vendía sangre.
—¿Por qué no nos pediste ayuda a nosotros? —preguntó su madre.
—Papá y tú teníais problemas económicos y no olvides que también teníais un montón de críos por aquí.
—¿Por qué cambiaste de idea luego? —preguntó Orihime.
Ichigo recordaba muy bien las razones por las que había cambiado de idea, pero no sentía la necesidad de contarle a todo el mundo que ya entonces pensaba mucho en su futuro y no le había gustado la idea de tener hijos biológicos que no lo conocieran. Había llegado a la conclusión de que, si alguna vez tenía hijos propios, quería estar en sus vidas. No tenía nada en contra de las familias que necesitaban donantes; sin donantes de esperma, muchas parejas no podrían cumplir su sueño de tener una familia. Pero él, personalmente, no estaba preparado para ser donante.
—Cambié de idea —dijo al fin—. Eso es todo.
—¿Tienes copia de la carta que enviaste a CryoCorp pidiendo que te retiraran de su programa de donantes? —preguntó Orihime.
—No lo sé.
Ichigo pensó en las cajas apiladas en el garaje de su casa en Karakura, a una hora de distancia de allí. Las probabilidades de encontrar una copia de la carta eran de una entre un millón. El ordenador que había usado en aquella época había desaparecido hacía tiempo.
—Si tienes pruebas de que enviaste la carta, tenemos opciones —continuó Orihime.
—¿Ah, sí?
Ella asintió.
Ichigo la había visto en muy pocas ocasiones desde que ella se había ido a la universidad. Había oído decir que había estudiado Derecho, pero le costaba imaginarla como abogada. Orihime había hecho mucho el payaso. Había sido el tipo de chica que se subía a los árboles y rodaba por el barro. Una chica muy poco seria. La miró y en ese momento, con la espalda recta, los ojos sin parpadear y la voz seria, sí le pareció la abogada perfecta.
—Llamaré a CryoCorp mañana a primera hora —dijo ella—. Les diré que tenemos una copia de la carta que enviaste y que insistimos en que no vuelvan a usar más tu esperma —se mordió el labio inferior—. El único problema será si 3516A está ya embarazada.
Rikichi soltó una risita y, antes de que Ichigo pudiera empujarlo fuera de la habitación y darle buenos motivos para reír, entraron Uryu y tres hermanos más de Ichigo para ver a qué venía todo aquello.
Uryu fue el primero en cruzar la puerta. Rodeó la cintura de Orihime con el brazo en un gesto protector y miró a Ichigo.
—¿Qué ocurre?
—Parece que es posible que tengamos otro bebé que añadir a este caos —contestó Rikichi.
Isshin, el padre de Ichigo, fue el último en entrar en la habitación.
—¿Quién va a tener un bebé? —preguntó.
Miró a Orihime de arriba abajo y ella alzó las manos en un gesto de rendición.
—No soy yo —le pasó la carta—. Es Ichigo.
Todos rodearon a Isshin, que leyó la carta en voz alta. Cuando terminó, hubo un momento de silencio.
A continuación empezaron las bromas y burlas. La niña se echó a llorar y un dolor penetrante atravesó la rodilla de Ichigo, que pensó que, si no salía pronto de allí, iba a morir sofocado.
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Bueno, ahí tienen el primer capítulo ^^ Espero les haya gustado :3
En cuanto los personajes como dije tuve que tomar de todos lados para formar la gran familia de Ichigo y en estos momentos tome 2 que no tienen nada que ver con la familia real de Ichigo y son:
Jugram Haschwalth (ユーグラム·ハッシュヴァルト, Yūguramu Hasshuvaruto?) también conocido como Jugo por Bazz-B, es un miembro de alto rango del Wandenreich y al parecer el superior de los Sternritter, siendo el Siguiente Emperador elegido por Yhwach antes de la llegada de Uryū. Es representado con la letra B y al parecer su poder sólo es superado por el de su Líder.
2. Rikichi (理吉, Rikichi?) es un joven Shinigami raso perteneciente a la 6ª División, en la que ha sido aceptado recientemente. Es un ferviente admirador de Renji Abarai, el Subcapitán de la misma, y tal es así que todas sus intervenciones a lo largo de la Saga de la Sociedad de Almas están directamente relacionadas con el propio Renji.
Bueno, más adelante irán apareciendo más personajes (que veré de donde los saco e.e) En cuanto a la publicación de los capítulos, pues creo que será entre dos o tres días a la semana, eso depende de cuánto tiempo tenga :/ Eso también va para "Esperanzas Ocultas".
Bueno, espero les haya llamado la atención y nos leemos luego. Jane!
