Hola minna-san yo aquí de nuevo trayéndoles un nuevo capítulo de esta hermosa historia, espero que les esté gustando así como lo llevo ^^ Lamento por tardar en subirlo, pero me habían sacado de la pc e.e Pero bueno :v
Muchas gracias a las personas que dejaron su review en el capítulo anterior: andreabarboza.3363, ninasifuentes , misel-kuchiki, mitsuki kuromo, nessie black 10 Frany H.Q y Fer son muy amables ^^
Esta historia está en un "AU" así que talvez los personajes me salgan un poco Ooc, y bueno talvez algunos no peguen con otros ni con pegamento xDD
Ahora sí:
DISCLAIMER: Ni Bleach, ni la historia de "También es mi hijo", me pertenecen, todos los personajes así como la historia original son propiedad de sus creadores, Theresa Ragan y Tite Kubo. Yo solo los utilizo sin ánimo de lucro.
Espero disfruten de la lectura y nos leemos abajo :3
Capitulo 3
Al día siguiente, Ichigo no hizo caso del teléfono móvil que vibraba en su bolsillo.
Salió del coche, tomó el ramo de flores del asiento de atrás y cruzó el aparcamiento hasta la entrada del hospital Tokyo Medical. Ya había hablado con su madre, con su padre, con Orihime y con cuatro de sus hermanos. Todos querían ir al hospital a ver al niño.
Bueno, todos menos Orihime. Esta quería retorcerle el cuello antes por no haberle hecho caso. Luego también quería ver al niño. Pero le dijo que se reuniera con ella al día siguiente a las tres en el tribunal del Condado de Tokyo si quería tener alguna posibilidad de conseguir una custodia parcial de su hijo.
Ichigo quería hablar con Rukia. Eran las siete de la tarde. Había planeado visitarla mucho antes, pero entre dormir un poco y contestar media docena de llamadas, el tiempo había pasado muy deprisa. Su hijo todavía no tenía nombre, pues Rukia había accedido a esperar hasta ese día para tomar una decisión. A él le gustaban los nombres de Jiro y Mizu, nombres que le parecían sanos y fuertes, pero Rukia no se había mostrado encantada con ninguno de los dos. Sus hermanas, por otra parte, abogaban por nombres como Chiyeko y Daichi, porque, según su madre, les encantaba el programa de televisión American Idol Japón*.
Ichigo había llamado esa mañana al hospital y lo habían pasado con la habitación de Rukia, pero no había contestado nadie. Aunque hacía poco más de un día que conocía a Rukia, le gustaba que fuera la madre de su hijo. Principalmente porque ella no era Miyako; y él estaba ya agradecido solo por eso.
En mitad del aparcamiento le salió al paso una reportera y le plantó un micrófono en la cara.
—Hola, Shinigami Sustituto. ¿Es cierto que Rukia Kuchiki ha tenido un hijo tuyo sin la ventaja de haber dormido en tu cama?
El apodo de "Shinigami Sustituto" se lo habían puesto quince minutos después de que firmara su primer contrato con Los Dioses de la Muerte, lo que seguramente decía algo sobre su "magnetismo".
Guardó silencio. Los reporteros eran como las hormigas. Si se interponían en su camino, los pisaba. Si se quedaban a un lado, los ignoraba.
Ella lo siguió.
—¿Es verdad también que no conocías a Rukia Kuchiki hasta ayer, cuando la policía te detuvo por voyeur*?
Ichigo se preguntó si la reportera habría hablado con la amiga de Rukia. Mantuvo la vista fija en la entrada del hospital.
Ella alzó más el micrófono, acercándolo a la boca de él.
—¿Por qué has venido aquí?
Ichigo se limitó a sonreír, principalmente porque la pregunta resultaba irritantemente divertida.
—Quizá —continuó ella— no estés al tanto de que Rukia Kuchiki se ha marchado con Ryuji Kuchiki hace solo unos minutos.
Ichigo empujó la puerta giratoria del hospital, dejando a la reportera fuera.
Ryuji Kuchiki.
No, no lo sabía, pero no iba a aceptar la palabra de aquella chica. Rukia no tenía que salir del hospital hasta el día siguiente. Le había dicho que esperaría su visita antes de rellenar ningún documento importante.
Cinco minutos después, él llegaba a la habitación de Rukia y la encontraba vacía. El olor a antiséptico y a limpiador de pino penetró en su olfato. Una voluntaria de ochenta años entró tras él. Llevaba el pelo canoso sujeto con una cinta roja, a juego con el color de sus labios.
Él dejó el ramo de flores sobre la cama vacía.
—Se ha ido —dijo.
La anciana le sonrió.
—Ha dicho que usted lo entendería, puesto que ella tenía que empezar los preparativos para su boda.
—¿Boda?
La mujer le dio un codazo.
—Perdón. Olvidaba que su amiga ha dicho que era un secreto —se llevó la mano a los labios y fingió que cerraba una cremallera.
Ichigo forzó una sonrisa.
—¿Miyako? —preguntó.
—Sí, Miyako. Una chica muy simpática.
—No lo sabe usted bien.
Ichigo tomó las flores y se las dio a la anciana.
—Para usted —dijo.
Salió de la habitación y fue al ascensor. ¡Y pensar que Rukia había tenido el valor de llamarlo mentiroso cuando ella tenía pensado escapar!
—Le dijo la sartén al cazo… —murmuró para sí.
—No puedo creer que haya llegado a esto —dijo Rukia—. Me siento como una fugitiva.
Miyako soltó un bufido.
—Los fugitivos huyen. Tú te vas a casa. No has hecho nada malo. Ese hombre no tiene derecho a cobrar por su semen y luego pedir que se lo devuelvan como si solo hubiera dado una sudadera o algo así.
—Mamá —preguntó la hija de cuatro años de Miyako desde el asiento de atrás—. ¿Qué ez un cemen?
Miyako miró a Rukia y luego volvió mirar la carretera.
—He dicho examen —explicó a Nell—. Es algo que se hace a los estudiantes para que me demuestren lo que saben.
—¿En el colegio?
—Pues sí.
—¿Cómo está Ryuji? —preguntó Rukia a Nell, aunque podía ver perfectamente a su hijo desde el asiento del acompañante—. ¿Sigue durmiendo?
Nell miró el bulto del asiento de atrás.
—Ha movido la pierna. Creo que quiere zalir.
—Ya casi hemos llegado, hijita —intervino Miyako—. Solo unos minutos más.
—¿Qué voy a hacer? —preguntó Rukia—. No puedo creer que haya llegado a esto.
—Tienes que mantenerte fuerte. Ichigo Kurosaki quiere a su hijo. No me gustó desde que lo vi en el parque sentado en ese coche pijo suyo. Y cuando vi a su abogada en las noticias, confirmé mis sospechas. Quiere a Ryuji y hará todo lo que pueda, todo, por quitártelo.
—No sé —repuso Rukia—. No me pareció el tipo de hombre que quiera quitarle un niño a su madre. Tendría que haber hablado con él antes de irme del hospital. Salir huyendo un día antes de tiempo me parece un poco precipitado.
—Antes de que vuelvas a hablar con Ichigo Kurosaki, tenemos que buscarte un buen abogado. Además, necesitamos contactar con CryoCorp y ver lo que pasa. Si alguien está filtrando información de clientes, tienen que saberlo. Yo, por ejemplo, no quiero a ya sabes quién —hizo una seña con la cabeza; Rukia sabía que se refería al padre biológico de Nell— llamando a mi puerta cuando menos lo espere.
Rukia se preguntó qué tenía eso que ver con CryoCorp, puesto que el padre de Nell era un hombre de carne y hueso. Miyako se había enamorado de él y había creído que había encontrado a su príncipe azul. Pero él la había dejado poco después de que naciera Nell. Rukia suspiró.
—Tienes razón. No tengo tiempo para lidiar con Ichigo Kurosaki. Rangiku ha llamado antes para decirme que MizuiroKojima tiene problemas con los gráficos, hay dos autores que dicen que no han recibido sus cheques y tengo que entregar mi columna mensual en tres días.
—Sé que tu hijito ha llegado antes de lo esperado —repuso Miyako—. Y la aparición de ese hombre no te ha ayudado, pero lo que más necesitas ahora mismo es mantener el optimismo. Yo te ayudaré a pasar por esto. Además, como ayudante editorial tuya, es mi trabajo tenerte contenta —hizo una pausa—. Si las cosas se complican demasiado, siempre puedes pedirle ayuda a tu madre.
—¿Estás de broma?
Miyako frenó el coche para girar por Kiriharacho Boulevard.
—Puede que este sea un buen momento para enterrar el hacha de guerra —aconsejó—. Tus padres tienen mucho dinero. Te pueden conseguir el mejor abogado.
—No puedo hacerlo.
—Di mejor que no quieres.
—Ni puedo ni quiero. Desde el día en que nací, mis padres han usado el dinero para obligarme a hacer las cosas a su modo. Si toco mi fideicomiso, habrán ganado ellos. Subirán a su avión privado y llegarán aquí tan deprisa que te dará vueltas la cabeza. Y a continuación empezarán a mangonearme de nuevo —añadió—. Antes de que puedas contar hasta diez, tendrán un novio para mí. Un clon de todos los demás hombres con los que siempre me han emparejado: alto, de nariz recta, impecablemente vestido y con el pelo muy corto y engominado. Jamás volveré a dejar que nadie compre mi amor.
—¿Ni siquiera Renji?
Algo se movió en lo más hondo de Rukia.
—Ni siquiera Renji.
Miyako detuvo el Jeep delante de un bloque de apartamentos.
—¿Lo echas de menos?
—Ya no —respondió Rukia. Giró en su asiento para mirar a Miyako a los ojos—. Me dejó plantada ante el altar. Creía que eso solo pasaba en las películas. Ni siquiera tuvo la cortesía de llamarme por teléfono. Me dejó en la iglesia sola y humillada.
—Dijo que tenía sus razones. ¿Sabes cuáles eran?
Nell resopló enfurruñada.
—Quiero zalir, mamá.
—Ahora mismo, tesoro. Quítate el cinturón y recoge tus cosas.
Rukia sentía que se ponía tonta y llorosa… y eso la preocupó. No quería entristecerse ni sentir nada que tuviera que ver con Renji. Quería olvidarse de él, del hombre al que creía haber amado. El hombre con el que había planeado pasar el resto de su vida. Quería seguir adelante con su vida. Renji había elegido y ella, ahora, también. Lo suyo juntos había terminado.
—El tribunal designará un mediador en los próximos treinta días. Hasta entonces, se aplaza el caso.
Ichigo y su abogada se pusieron en pie.
—Soy buenísima —comentó Orihime, con la sonrisa amplia que Ichigo recordaba tan bien.
—Sí que lo eres —asintió él.
Ella le dio un puñetazo en el brazo.
—Deja de mirarme así.
—¿Así cómo?
—Como si volviéramos a ser adolescentes.
Él la siguió fuera de la sala y luego por el pasillo. Debería estar contento. Debería celebrar que el juez le hubiera concedido una vista con un mediador designado por el tribunal. Pero en aquel momento solo contaba Orihime.
Los tacones de ella resonaban en el suelo. Llevaba una chaqueta corta hasta la cintura y una falda ceñida que mostraba sus pantorrillas. Se había recogido el pelo en un moño práctico con el que no estaba acostumbrado a verla. Ichigo apretó el paso y se colocó delante antes de que llegaran a la salida.
Ella se detuvo y rio porque eso era lo que hacía… ella era esa clase de persona. Hacía del mundo un lugar más feliz iluminándolo con sus sonrisas y con su naturaleza predispuesta a la risa.
Ichigo quería besarla. Uryu no era su hermano biológico. ¡Qué narices!, después de lo que había hecho, ni siquiera era su amigo. Orihime y él solo vivían juntos. Ella seguía siendo soltera. Dos podían jugar al mismo juego.
—Ichigo —dijo ella con su voz de abogada—. Nos veremos la semana que viene para discutir nuestro plan de acción. Tengo que irme.
Alzó la barbilla y sus ojos se encontraron y Ichigo habría jurado que ella podía ver en lo más profundo de su alma. Sin pensar lo que hacía, se acercó, alzó una mano hasta el pelo de ella y le quitó una horquilla. El cabello, espeso y rubio, le cayó sobre los hombros.
—Así —dijo él—. Así es como te recuerdo.
—Ichigo, basta —ella le apartó la mano.
—Ha pasado mucho tiempo. Necesito mirarte un momento. Quiero darte las gracias por haber venido hasta aquí. Tú siempre has estado a mi lado, Orihime. Cuando necesitaba un amigo, alguien con quien hablar… siempre eras tú.
—Eso no es cierto del todo. Tenías a tu familia y…
Antes de que ella pudiera terminar la frase, él se inclinó y la besó en la boca. Las palabras de ella desaparecieron en sus labios. En lugar de una respuesta apasionada, ella le dio una patada en la espinilla.
—¿Qué narices pasa aquí?
Ichigo reconoció la voz de Uryu. Miró hacia la derecha y recibió un puñetazo en la cara.
Se tambaleó hacia atrás antes de recuperar el equilibrio. Se llevó una mano a la mejilla.
—Impresionante. No sabía que eras capaz de esto.
Uryu no le hizo ningún caso. Miró a Orihime.
—Te dije que seguía enamorado de ti, pero tú no querías creerme. Díselo —Uryu miró entonces a Ichigo—. Dile que la quieres. Dile la verdad.
Ichigo frunció los labios.
—Yo no tengo nada que decirle.
—Vamos —Uryu tomó el brazo de Orihime—. Vámonos. Y tú —miró a Ichigo—, búscate otro abogado, porque a nosotros no nos verás más el pelo.
Cuando Orihime se alejaba con su examigo, el hombre al que antes llamaba su hermano, Ichigo la miró. Los ojos de ella tenían una expresión perdida y triste.
Ichigo apretó los puños. Estaba enfadado con Uryu, pero también consigo mismo por no haberse controlado mejor. ¿Qué narices le ocurría?
Esa misma noche, Ichigo estaba sentado en su enorme casa vacía y, por primera vez desde que se mudara dos años atrás a la enorme casa de setecientos cincuenta metros cuadrados, se preguntaba por qué había hecho todo aquello. Tenía una casa grande, buenos coches, todo lo que la gente decía querer. Tenía una profesión que amaba. Y sin embargo, allí estaba, viendo subir la marea a través del enorme ventanal y preguntándose para qué narices servía todo aquello. Las luces estaban apagadas, pero la televisión estaba puesta. Daba un resplandor suave a la estancia y lanzaba sombras de formas extrañas por las paredes. Él se sujetaba una bolsa con hielo en el lado izquierdo de la cara.
Besar a Orihime había sido una estupidez por su parte, y sin embargo, si tuviera la oportunidad, volvería a hacerlo. Uryu tenía tanta parte de culpa como él. Sabía lo que Ichigo sentía por Orihime. Qué narices, todos los chicos de Arcadia habían sentido lo mismo por ella. Era guapa y lista, y era una coqueta. Siempre lo había sido y siempre lo sería. Les gustaba a todos, razón por la cual habían hecho el juramento solemne de no tomarla nunca demasiado en serio. En pocas palabras: ella era territorio prohibido.
Todos sus hermanos habían jurado que nada, y menos una mujer, se interpondría jamás entre ellos. Pero Uryu obviamente no entendía el significado de un juramento. Cuando Orihime había partido para la universidad, todos habían respirado aliviados. Al menos él. Porque entonces ya sabía lo mismo que ahora. Quería a Orihime, pero estaba dispuesto a renunciar a su amor para no cavar una trinchera entre sus hermanos y él. Pensaba que había hecho un gran sacrificio y de pronto se daba cuenta de que había cometido el peor error de su vida. Tendría que haberla cortejado años atrás y haberle dicho lo que sentía. No debería haberla perdido de vista.
Lanzó un gruñido de frustración. No quería pensar en Orihime ni en Uryu. Le dolía la cabeza. Cambió el tren de sus pensamientos hacia Ryuji Kuchiki.
Tenía un hijo y todavía no lo había abrazado.
El día de su nacimiento, una enfermera había intentado ponérselo en los brazos, pero él había inventado una excusa tonta. Había dicho a la enfermera que le dolía la garganta y no quería contagiar al niño. La verdad era que había tenido miedo de tomar en brazos a su hijo. Pero pensándolo bien, lo asustaba mucho más la idea de no tener nunca la oportunidad de abrazarlo.
Una ola chocó contra las rocas al otro lado de la ventana. Ichigo se levantó y miró a su alrededor con determinación. Su hijo daba un nuevo significado y propósito a su vida. Lucharía por Ryuji y no dejaría de luchar hasta que tuviera la custodia de su hijo.
Espero les haya gustado el capítulo y me disculpo, se supone que iba a subirlo ayer, pero me sacaron de la pc y ya ni modo e.e Pero bue :P Gracias a las personas que me ayudaron a decidir el nombre del bebe que por cierto, me decidí por Ryuji ya que Raito, me hace acordarme de Raito Yagami de Death Note xD Y no sé, como que Ryuji es más suave para un bebe :3
Bueno, al parecer Rukia prefirió irse antes de ver a Ichigo de nuevo xDD ¿Podrá Ichigo encontrarla y por fin conocer a su hijo? ¿Peleara por la custodia de Ryuji y lo alejara de Rukia? Bueno, tendrán que esperar :v
Algunos terminos:
*American Idol es un programa de telerrealidad de concursantes cantantes creado por Simon Fuller y producido por FremantleMedia y 19 Entertainment, que se comenzó a transmitir por Fox el 11 de junio del 2002. Desde entonces es conducido por uno de los presentadores más cotizados de Los Estados Unidos, Ryan Seacrest.
*La palabra voyeur deriva del verbo voir (ver) con el sufijo -eur del idioma frances. Una traducción literal podría ser "mirón" u "observador", con la connotación peyorativa del caso.
En fin, nos estamos leyendo, que tengan un feliz día y semana. Jane!
