Bueno, primero agradecer por todos vuestros reviews, y lamentar haber tardado tanto en subir el capítulo. Tengo que hacer muchas cosas, entre las cuales los estudios, y aunque subo one-shots y relatos cortos me cuesta encontrar la inspiración para Viernes 13, y sin ella no quiero escribir. No sería agradable para vosotros leer algo que no está escrito con ganas, ¿verdad? :))

Espero que, pese a todo, os guste. Es algo corto y lo lamento por ello, no pude hacerlo más largo.

Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece.

Capítulo 5- Fin de sentencia.

Estamos en un aula extraña. Hay estudiantes, y no se trata precisamente de horario lectivo. Hay cuatro: Gajeel Redfox, Hibiki Laughtis, Lucy Heartphilia y Natsu Dragneel.

Las luces parpadean en un inquietante silencio. Como de costumbre, el pelirosado está leyendo un libro sobre ciencia atral, sobre astrologia y astronomia, sobre la magia y cosas raras que nadie creería que le interesaran a alguien. La rubia, sentada dos filas a su lado, se había fijado que en varias ocasiones esos libros los leía también Laxus, el profesor que les tutelaba las horas de castigo.

Según tenía entendido, claro. Porque habia visto libros buenos entre las manos de Natsu, y esos no los leía el rubio profesor. Extraño.

Ella había decidido mantenerse ocupada haciendo los deberes. La luz fluorescente tintineante la molestaba, pero era como si ya hubiera desarollado defensas contra eso. Había terminado los de literatura y tenía la intención de hacer los de filosofía cuando se percató de que sus compañeros de levantaban. Ese parecía ser el fin de aquella clase.

Recogió ella también sus cosas y miró de reojo como Natsu le entregaba a Laxus el libro que había estado leyendo. Era un pequeño misterio que descubriría algún día, lo tenía muy claro.

-Lucy Heartphilia.- Llamó el rubio cuando se disponía a irse. Con la sangre helada, se paró justo debajo del marco de la puerta y esperó a que continuara con lo que queria decirle.- Mañana será tu último día en ésta clase.

...

La rubia paseaba por el parque sin sentir el frío, pensando en lo que el profesor le habia dicho. Mañana ya sería su última vez en ese lugar, y muy provablemente su pesadilla, si es que quería llamarla de ese modo, con Natsu, se terminaria.

Y entonces todo volvería a la normalidad.

Se detuvo en los columpios y se sentó en ellos, meciéndose con lentitud. Ya no habría más intrusiones en su casa. Qué bien.

De repente sintió alguien a sus espaldas. Trató de girarse, pero la abrazaron con fuerza, hundiendo su cabeza entre el cuello de la rubia y su hombro. Enseguida supo quién era, así que no forcejeó como en un principio hubiera hecho.

-Mañana ya será tu último día, lo escuché.- Dijo el pelirosado, inspirando profundamente. Cuando Lucy notó que él ya no la sostenía con tanta fuerza, se deshizo de su agarre y se cruzó de brazos, mirándolo con reproche.

-¿Y cómo lo sabes?

-Me lo han dicho.- La miró a los ojos, y ella se estremeció un poco. Estuvieron en esa incómoda posición durante unos segundos antes de que bajara la mirada y se alejara un poco más de él.

Natsu premaneció impassible, observándola fijamente e incomodándola. Era tan bella...

-Nos vemos mañana.- Lucy se dispidió mientras se escabullía y se dirigió a su casa apresuradamente. No tenía ganas de enfrentar a esa especie de acosador en esos momentos. Se ocuparía más tarde, si es que la oportunidad llegara.

...

Al día siguiente, Lucy se vió en malas condiciones: tenía fiebre, le dolía el cuello y sentía que iba a caer rendida si tan sólo trataba de levantarse. Ir a la escuela resultó ser, como era evidente, la última cosa en la que pensaba. Llamó a Levy para que avisara a los profesores y le cogiera los deberes y se dejó caer muerta otra vez en la cama.

Cayó en un profundo sueño. En él, ella y Natsu salían felices de ver una peli romántica en el cine. Iban cogidos de la mano y unas amplias sonrisas adornaban sus rostros. Cuando llegó el momento de besarse, aparecieron en la cima de una montaña, con un atardecer extremadamente hermoso y con una sensación en su pecho de auténtica felicidad.

Despertó al cabo de unas horas. Lucy se dio cuenta de que tenía un par de mantas más por encima. Se las quitó y examinó con la mirada su habitación. No parecía que nadie hubiera hecho nada malo. En la cocina se escuchaban ruidos, y trató de levantarse.

Apoyándose en las paredes, la chica avanzó poco a poco, pensando ya por instinto que el intruso era Natsu y que le estaba preparando algo de comer, como había hecho con anterioridad. No tenía energías ni tan solo para enfadarse con él, pero ya se dedicaría a eso más tarde.

Su prioridad era llegar a la puerta de la cocina y ver qué hacía el pelirosado exactamente.

-Buenos días, Lucy.- Aquella voz era suave e iba acompañada de una sonrisa.

Con la mirada algo extraviada, la rubia levantó la cabeza y miró al individuo que tenía puesto su levantal y estaba haciendo una sopa que olía deliciosamente. Era guapo, y tenía la camiseta remangada.

-¿Qué...?

Pero esa persona no era Natsu. Era un rubio más o menos conocido, y no tenía ni idea de cómo había llegado hasta allí. Primero el pelirosado conseguía colarse en su casa, ¿y ahora aparecía éste? La cabeza le dió pinchazos interiores mientras trataba de pensar, así que decidió dejarlo para después y centrarse en lo obvio: la comida.

-Espero que te guste.- Se sentó en la mesa y observó a Hibiki mientras olía con descaro el contenido del plato.- Tranquila, no le he puesto nada raro.- Y para probarlo tomó un poco él también. A Lucy le pareció creíble. No sabía qué hacía en su casa, pero, tal y como se había dictado a si misma anteriormente, ya lo averiguaría cuando se encontrara mejor.