¡Muchas gracias por vuestros reviews! Lamento mucho la espera, ¡aquí está el capítulo 6!
Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece, es propiedad de Hiro Mashima.
Capítulo 6- Reacciones.
Lucy dejó el plato vacío a un lado de la mesa y reprimió el impulso de decir cuán deliciosa fue esa sopa. El rubio, Hibiki, la observó por unos instantes en el momento justo en que la chica lanzaba un suspiro pesado.
-Me duele la cabeza...- Se quejó en voz baja.
El intruso recogió los platos y los dejó en la fregadera, junto con los vasos y los cubiertos. Abrió el armario de la derecha para sacar un vaso y el de la izquierda para buscar las aspirinas. Lucy se dijo a si misma que no iba a molestarse porque él supiera perfectamente donde estaba cada cosa en esa casa, que era la suya.
-Tómatela.- Le tendió el vaso, la aspirina y una pequeña botellita de agua para que se sirviera ella misma.- Te sentirás bien en poco tiempo.
Ella no hizo ningún comentario y obedeció.
Una vez terminado el vaso con la medicación, se recostó en el sofá cómodamente y dirigió una mirada de reproche al chico. Acto seguido, le preguntó qué hacía allí y cómo había entrado.
-Supe que estabas enferma, así que le robe a Natsu la copia de las llaves de tu casa.
Silencio.
-¿Qué?- Sin duda alguna, debía cambiar la cerradura de su puerta si no quería pasar las noches en vela rezando por su seguridad. ¡Aquello era de locos!
Hibiki, sin embargo, sonrió con amabilidad y le tendió dichas llaves. Ella las cogió y las dejó en una mesita que había al lado del sofá.
-Provablemente Natsu venga más tarde, cuando se dé cuenta de que no tiene sus copias y que alguien está contigo.- Una sonrisa burlona apareció en su rostro.- Aunque para cuando eso ocurra, yo ya no estaré por aquí, pero salúdale de mi parte.
Lucy se quedó petrificada mientras el joven rubio recogía un par de cosas de la mesa, las dejaba en el fregadero y se despedía con una amplia sonrisa, como si no hubiera entrado en la casa de una compañera de clase porque sí, justo después de haberle robado las llaves de dicha casa al acosador particular de la rubia.
Ella simplemente no podía creer algo como eso.
...
Al día siguiente, Lucy ya fue al instituto fresca como una rosa y con una alegría extraña. Se levantó sin preocuparse de tener un acosador en su casa, y con la certeza de no encontrárselo cuando regresara. Quisiera Natsu o no, aquello la aliviaba.
Pero la escena que se encontró nada más llegar al instituto fue otra cosa.
Allí estaba Hibiki, de pie frente al objetivo de sus pensamientos, que sin duda traía consigo el rostro más enfurecido que jamás le vio a una persona. Estaba cabreado y molesto con el rubio, quién sonreía como si nada pasara.
-¿Qué hiciste con ella?- Dijo el pelirosado. Lucy alcanzó a escucharlo, y poco a poco se imaginó de qué se trataba el asunto.
-Sólo fui a asegurarme que nada estuviera mal. Supongo que un acosador como tú no pudo entrar en su casa sin sus llaves, ¿no es así?- Hibiki se percató de la presencia de Lucy y la abrazó por la espalda cuando ella quiso ignorarles. Inspiró el aroma de la chica, que instintivamente trató de soltarse, mas no obtuvo resultados porque el rubio sabía que aquello cabreaba a Natsu. Él quería cabrearlo tanto como fuera posible.
-Suéltala.- Pidió serrando los dientes con fuerza.
-¿Por qué debería hacer eso, Salamander?- Apretó a la chica contra sí. Lucy también le pidió que la soltara pero nuevamente fue ignorada.
-Ella es mía.- Empezó a caminar lentamente hacia ambos rubios. Él sonrió algo temeroso por la reacción del chico, mas permaneció impassible hasta que estuvo cara a cara con Natsu.- Tendremos problemas si no la sueltas.
-Oh, cálmate, Salamander, todo el mundo está viéndonos.
Alrededor de esa pequeña escena se había formado un círculo de curiosos, entre los cuales se contaban conocidos de la rubia, que solo quería salir de allí para dejar de morirse de vergüenza. Natsu cogió el brazo de Hibiki. Con una fuerza que obligó al chico a hacer una mueca de dolor, soltó a la rubia y él se apoderó de ella con sus brazos firmes.
-Ella es mía.- Dijo de nuevo.
-Yo no soy tuya.- Pero era ignorada.
Hibiki se masajeó el brazo con dolor. Natsu miró a todos los que estaban a su alrededor furioso.
-¡Escuchadme todos!- Llamó su atención.- ¡Lucy Heartphilia es mía! ¡Quién se atreva a ponerle un dedo encima se las verá conmigo! Lo mataré...- Dijo con una sonrisa que estremeció a más de uno. Lucy quería morirse allá mismo, o que la tierra se la tragara. ¿Por qué le pasaba eso a ella?
Una vez el grupo se dispersó, Natsu aflojó el agarre que tenía sobre la rubia y la miró sin rastro alguno de molestia.
-¿Qué, contento?- Pero ella sí lo estaba.
-¿Puedo pedirte algo?
-No.
-¿Podrías devolverme las llaves de tu casa?
Aquello era el colmo.
-¡Por supuesto que no! Además... ¿¡Desde cuando tenías unas llaves de mi casa!? ¡Tienes que dejarme en paz de una vez, eso ya es obsesivo! Tu falso enamoramiento no tienen ningún sentido, ¡es impossible que te gustara por esa maldita historia! ¿Por qué no entras en razón? ¡Es estúpido!
El chico se quedó observándola. Nadie diría que estaba llorando en su interior, puesto que permanecía con el mismo rostro que antes. Sin embargo, algo le dijo a Lucy que había hablado más de la cuenta, y se sintió mal por ello.
-Vamos a llegar tarde.- Dijo ella para romper el silencio. Empezó a caminar hacia la puerta del instituto.
-Te quiero.- Escuchó decir al joven con voz suave. Se giró un momento y su cara le rompió el corazón.- Hay gente mala que intentará herirte al relacionarte conmigo y... quiero protegerte.
Lucy miró al suelo incómoda. No había hecho nada malo, pero se sentía culpable.
-Porque te quiero...- Susurró, audible, pero, para Lucy Heartphilia.
-Llegaremos tarde.- Y sin decir una palabra más, emprendió de nuevo su camino al instituto. Natsu faltaría todo el día a clases y ella no podría dejar de pensar en él. Levy le diría que no era tan mal chico, provablemente mencionara algo sobre que estaba enamorándose de él. Pero seguramente no haría nada al respecto.
