¡Gracias por vuestros reviews! No sé si vais a matarme o a quererme por este capítulo, pero aquí va...

Para compensar que tardara tanto en subir el anterior, decidí actualizar más temprano ésta vez :))

¿Alguna duda? Fairy Tail no me pertenece.

Capítulo 8- Culpa.

Despertó en su sofá, escuchando de lejos el sonido de alguien trastear en su cocina. No recordaba exactamente lo que había sucedido.

Se incorporó con ciertas dificultades, mirando a su alrededor con el entrecejo fruncido mientras todos los recuerdos regresaban a su mente. Y, cuando terminaron de asentarse, palideció y se levantó de golpe dispuesta a salir corriendo de ese lugar, de su propia casa, y de él.

Pero unos brazos la sujetaron con fuerza antes siquiera de poder alcanzar el pomo de la puerta.

Ante ese agarre, ella trató de zafarse; sus ojos expresaban un miedo atroz y gritó un par de veces, pero su voz salió extraña, como si no tuviera fuerzas para hacerse escuchar. Aquello sólo la aterró más y, en un intento desesperado, cayó de rodillas al suelo. Su captor no la soltó; posó su cabeza en su nuca y le pidió con voz entrecortada que se calmara.

Notó que le dolían las piernas, y tras obedecer de un modo confuso las "órdenes" del chico se percató de sus heridas, varias de ellas en las piernas, y en lo rojas que estaban sus rodillas.

-¿Me has vendado tú?

-Sí. ¿Me tienes miedo?

Lucy recordó como lo había visto acuchillar a esos chicos que, aunque lo que trataban de hacer con ella no era muy decente, tampoco se mereacían la muerte. Recordó la sangre. Recordó el sonido de golpes sordos.

Aún así, no sabía qué responder.

-No los maté.- Habló, como si hubiera leído sus pensamientos.- Seguramente están en el hospital en este momento.

La chica se giró con lentitud, mientras se separaba suavemente de los brazos de Natsu y tragaba saliva con cara de dificultades. Aunque la hubiera salvado, seguía sin saber qué hacer.

-No me tengas miedo.- Pidió él, sin mirarla a los ojos. Parecía avergonzado.- Yo estaba aterrado cuando te vi con ellos.

-¿Me seguiste?- Preguntó ella, cauta.

Natsu se removió nervioso en la baldosa sobre la que estaba sentado.

-No.- Respondió.- Aunque antes soliera hacerlo, desde... bueno, la última vez que hablamos, dejé de hacerlo.

Lucy tuvo un dilema en ese momento. No sabía si reír por la cara cómica del pelirosado o temerle de verdad por ser un acosador peligroso. Ante la duda, decidió mostrarse impassible y así no debía arrepentirse de ninguna de las dos ideas.

-... pero esa vez estaba siguiendo a otra persona.

De acuerdo, la rubia estaba molesta. Jamás diría el por qué, pero lo estaba.

-¿Eres un acosador?- Susurró.

Natsu la miró un par de segundos, parpadeando confuso, antes de apartar la mirada y contemplar las hermosas baldosas del salón de Lucy. No; él no era un acosador. Sólo era un loco enamorado que no sabía qué hacer para conquistar el corazón de la persona que amaba.

-No.- Respondió.- No era una chica, si a eso te referías.

Se levantó del suelo, claramente incómodo, para regresar a la cocina y terminar con lo que estaba haciendo. Ella también lo hizo, sentándose en el sofá y mirando la espalda del pelirosado mientras este apagaba el gas, servía verduras fritas en un plato y se lo traía, con una perfecta presentación, a Lucy.

-¿Llegaron a hacerte algo... algo de eso?

Ella dejó el plato a un lado mientras pensaba qué responder. Le tocaron el pecho y seguro que habrían llegado a violarla si él no aparecía.

-No... exactamente.- Torció el gesto.- Sólo fue un pecho.

Eso bastó. Natsu se levantó de repente y la miró con unos ojos que no le había visto antes. La tumbó firme pero suavemente en el sofá y posó sus manos en ambos lados de su cabeza, así como su rodilla en el sofá, más o menos sentado.

-¿Q-q-qué estás haciendo?

Lucy no podía simplemente admitir que ese chico le gustaba un poco y dejar que hiciese lo que quisiese con ella. Admitía que aquello era muy sugerente, más aún cuando él se fue acercando lentamente con esa mirada perdida, pero pronto su lado racional le dijo que no estaba bien.

-Te quiero.- Dijo Natsu.- Lo siento.

Se separó de repente, cuando apenas había estado a unos milímetros de rozar sus labios. Se volvió de espaldas y revolvió su cabello en un obvio intento por quitarse los nervios.

Tal vez un poco más calmada, Lucy se incorporó y evitó una mueca de dolor al notar que sus caderas también le dolían. Miró por unos momentos al chico que estaba hecho un manojo de nervios.

-¿Por qué lo sientes? ¿Por casi hacer lo mismo que esos chicos ahora?

Él palideció y se giró.

La anterior vez había sido mucho menos doloroso ver esa cara, sin duda. Porque ahora no sólo lucía apenada, arrepentida y como si se tratara de un perrito abandonado; ahora estaba llorando.

Se acercó a Lucy con rapidez. Ella se asustó, pero él la abrazó con fuerza mientras sollozaba ligeramente y trataba de calmarse para dirigirle algunas palabras.

-Lo siento, Lucy.- Dijo.- ¡Yo jamás te haría algo parecido! Joder...- Notó como el agarre se volvía más fuerte.- Te quiero. Te quiero, Lucy. Adoro todo de ti, y aunque trate de mantenerme alejado nunca puedo. Me atraes; como si fueras la misma gravedad. Por eso yo... yo lo siento. ¡Lo siento, Lucy!- Rompió a llorar, abrazándola más fuerte.

Estaba confusa. ¿Qué era lo que sentía, si no había sido culpa suya?

-Todo es culpa mía.- Sollozó un poco más.- Pensé que podía simplemente mostrarte mi afecto en público y por eso casi la toman contigo. ¡Lo siento, Lucy! Sólo de pensar lo que hubiera sucedido si no hubiera estado ahí me estremezco y me arrepiento de mi existencia y...

-Natsu.- Lo llamó. El corazón del chico se encogió un poco.- Ya pasó.

Y, aunque no sabía por qué exactamente estaba consolando a alguien que casi mata a cuatro jóvenes y que hasta entonces se había dedicado a acosarla, correspondió el abrazo del pelirosado.