¡Muchas gracias por los reviews! Veo que le estáis prestando más atención a los intercambios de Laxus y Natsu; me gusta leer vuestras teorías. No falta mucho para que descubráis si estáis o no en lo cierto.

Decidí subirlo antes para compensar haber tardado tanto la última vez. Espero que os guste :))

Capítulo 10- De camarero.

Se dejó caer en una gran, amplia y fría cama, con los ojos cerrados y la cabeza palpitándole, como si su corazón se hubiera mudado hasta su cerebro y bombeara la sangre desde ahí. No le gustaba esa sensación. Parecía que ya la había dejado atrás en ese entonces, pero al concentrarse tanto con los malditos libros no le quedó otra que sentirla de nuevo.

El Sol había salido muchas horas antes, y después de una buena comida Laxus había decidido salir a dar un paseo, para despejar la mente, sabiendo que a esas horas las calles no estarían muy concurridas y que, además, varios bares y chiringuitos le ofrecerían una buena opción para refrescarse.

Hacia calor, y en su casa no tenía aire acondicionado. El paseo le ofrecía un modo de quemar lo consumido y, además, entablar una conversación con alguna de las atractivas camareras que los chiringuitos contrastaban en verano.

Estaba en el paseo marítimo, contemplando el mar en calma. No había ni una sola nube y el Sol brillaba con fúria.

-¡Laxus!- Alguien con la voz desgarrada la llamó desde lejos. Trató de enfocar la visión, pero por algún motivo no podía hacerlo.- ¡Laxus!- Siguieron llamándolo durante unas tres o cuatro veces más, hasta que la voz se volvió clara y nítida y supo que la persona de la que procedía estaba frente a él.

Como si hubieran retirado un velo de sus ojos, la imagen clara de Mirajane apareció frente a él. La mujer, llorando a mares, parecía estar gritando algo.

El rubio, sin embargo, había fijado su vista en otro lugar, a espaldas de la albina. De repente, el cielo que antes había estado azul y despejado se fue tapando por oscuros nubarrones, y de ellos llovió sangre, volviendo la escena que había ahí más grotesca de lo que en realidad era.

Se escuchó el ruido de un cristal romperse, aunque no había ningún cristal cerca.

-¡Laxus!- Gritó Mirajane, otra vez, zarandeándolo con fuerza.

Abrió los ojos de golpe, sintiendo que temblaba, y se relajó al darse cuenta de que estaba en su cama, en su casa. Y de que había sido un maldito sueño. El maldito sueño.

Laxus suspiró con pesadez y se sentó, con el rostro pálido, mientras reflexionaba sobre lo que sucedio tiempo atrás. Negó con la cabeza para sí mismo y se acomodó en su cama, con la esperanza de no soñar otra vez con lo mismo. Si se quedaba despierto, no dejaría de pensar en lo sucedido.

...

No sabía por qué había accedido, pero el caso era que lo había hecho y allí estaba, frente a la puerta de madera, además de algo más arreglada de lo habitual y acompañada, como no, de su sombra omnipresente en su vida privada.

Ésta sonrió, mientras abría la puerta y la dejaba pasar como todo un caballero.

-No sé como me he dejado engañar...- Murmuró ella, mientras entraba, y se fijaba en que no había absolutamente nadie en ese lugar.

El bar en cuestión lucía agradable. Había poca luz, anaranjada, provinente de la barra y de unas velas situadas en una mesa del fondo. Las paredes eran de piedra, tenían algunas flores de vivos colores colgando, y desde algunas ventanas bien construidas podía verse el mar nocturno y el cielo, repleto de estrellas, esa nítida noche.

-¿Te gusta?- Preguntó, tomando su chaqueta y colocándola con gracia en el respaldo de la silla que él mismo había apartado para que se sentara. Sonrió con cierta timidez cuando vio el rostro sonrojado de Lucy y dejó sus cosas en una mesa más apartada.

-¿No vas a sentarte?- Preguntó ella al ver que el joven no tenía la intención de tomar asiento frente a ella.

Natsu sonrió misterioso y desapareció tras una puerta, que supuso que llevaba a la cocina. Se hizo el silencio durante unos segundos, hasta que a través de unos altavoces camuflados en algún lugar empezó a sonar música jazz a un volúmen bajo y agradable. Sonrió. Justo después apareció el pelirosado vestido de camarero con un menú entre sus manos.

-¿Qué va a tomar?

-¿Es una broma?- Lucy lo examinó. Joder, que si lo examinó... cuando él dijo de ir a cenar y no la dejó en paz hasta conseguirlo, no pudo ni llegar a imaginar que sería para hacer algo como aquello. Lo admitía, estaba sorprendida y no podía esconderlo.

El chico le tendió la carta con una sonrisa amable. Al abrirla, Lucy no pudo contener su sonrisa.

-Aquí sólo hay una opción para cada categoría.- Señaló.- ¿A caso no tengo elección?- Al ver como el pelirosado ensanchaba su sonrisa, ella solo añadió:- Entonces voy a tomarlo todo.- Y devolvió la carta.

Primero, una deliciosa sopa de marisco. Sabía, por la intrusiones del muchacho en su casa, que su habilidad para la cocina no era para nada endeble, y merecía la pena dejarle la tarea de preparar la comida a él, pero ni era capaz de imaginar de lo que era capaz con gran cantidad de ingredientes, tiempo y material.

-Está muy buena.- Miró al pelirosado, que estaba sentado frente a ella con la sonrisa más hermosa que jamás le vio. Apartó la mirada algo avergonzada. ¿A qué venía ese comportamiento ahora? Hacía dos dias, cuando habló con Natsu para decirle que dejara de seguirla, creyó haber sido clara con sus palabras.

-Aquí tiene, madmoiselle.- Le tendió entonces el segundo plato, y al saborar las verduras solo pudo maravillarse por lo que Natsu era capaz de cocinas.

-¿Puedo preguntarte algo?- Dijo, una vez el pelirosado le trajo un postre, consistiendo éste en un trozo de tarta de chocolate, con trufas, nata, nueces y varias cosas más repletas de calorías, sin duda.

-¿De qué se trata?

-¿Por qué has hecho esto?- Señaló el bar.- ¿El bar es tuyo?

-Te lo diré si me besas.- Se puso erguido y la miró con una sonrisa amable, pese a las palabras que había mencionado y el tono picant con el que había hablado. La rubia suspiró y se adentró en la tarea de saborear su dulce postre.

No le iba a dar un beso por conseguir información tan trivial.

Miró de reojo como el atractivo camarero lucía demasiado sexy con ese uniforme y contuvo sus ganas de tirársele encima. Si las circumstancias hubieran sido otras, no le cabía la menor duda de que habría sido denunciada por violación, pero dado que del que estaba hablando era su acosador particular, decidió no hacerlo. No le convenía mucho, que digamos.

Estaba metida en sus reflexiones, y no reaccionó a tiempo cuando el muchacho posó sus labios sobre los suyos con delicadeza.

Lamió el chocolate en el labio inferior de la rubia y sonrió, presionando más lo que había sido un roce, y separándose cuando sintió que ella iba a golpearlo.

-Soy amigo de la dueña.- Dijo, como si ella hubiera accedido a darle el beso a cambio de información.- Y también trabajo aquí de vez en cuando. Tu trabajabas los sábados y domingos en un bar también, ¿no es así?

Ella se levantó y tomó sus cosas.

-No me gusta que hagas eso.- Miró a Natsu, con el corazón desbocado.

-¿El qué?

-Convencerme para cosas como esta.- Señaló la mesa.- Es... muy romántico.

-¿Entonces cuál es el problema?

-Yo...- Lucy miró hacia el suelo. ¿Como decirle algo como aquello?- ... no quiero, eso es todo.- Y se fue al borde del llanto.

Natsu cerró la puerta y fue tras ella, obviamente.