¡Lamento haber tardado tanto en subir el capítulo! Sin embargo, aquí os dejo el número 14. También lamento que sea tan corto, pero espero que os guste y aclare, en la medida de lo posible, algunos puntos de la historia.
Fairy Tail no me pertenece, ni su historia ni sus personajes.
Capítulo 14- La melena negra
Estaba sentado en la vieja silla de madera, en el aula, haciendo como si escuchara con mucha atención lo que decía el profesor, aunque en realidad le parecía de más interés el destino de esa mosca que revoloteaba alrededor de su cabeza. Le estaba poniendo de los nervios.
Tal vez debería hacer un alboroto, levantarse y aplastarla con el libro de texto, pero algo le decía que si hacía aquello en esa clase iba a terminar mucho peor que la última vez. No lo hizo. La mosca se fue a molestar a otro y su atención pudo centrarse, al menos en una mínima parte, hacia el profesor. Sonrió de lado al darse cuenta de que éste estaba en un aprieto; nadie parecia estar haciendo el ejercicio que dijo que hicieran cinco o seis minutos antes.
Lo cierto era que no le incomodaba ser un necio. Ser alguien que entorpecía a la clase porque, bueno, la clase en sí era un entorpecimiento para él. Él, sí, que debía llegar a un lugar único y resplandeciente junto a otras molestias más.
Gajeel apoyó el codo en la mesa y dejó descansar su cabeza encima de la palma de su mano. Contempló el cielo. Estaba nublado, y aquello le recordaba a lo que sucedió tiempo atrás. No era como si se sintiera muy orgulloso si se lo paraba a pensar desde cierto punto de vista, pero tampoco se arrepentía de lo que hicieron.
Era algo que debía hacerse.
Miró de reojo al rubio que estaba sentado algo alejado de él, escuchando, en apariencia, al profesor.
Era algo que debía hacerse.
Todos lo sabían, incluído el idiota de Dragneel, aunque se hubiera rajado de aquel modo tan penoso a la hora de su retirada y hubiera terminado llorando la muerte de la chica. ¿Qué podía hacerle? Ella debía morir, así lo había dictaminado él, y si lo había dicho no era por simple capricho.
Pero, aun así, la partida de Natsu había hecho mucho daño a los demás.
Lo recordó.
Cuando terminaron con la chica, Dragneel colapsó por un motivo que desconocían y se quedó de pie sin poder moverse. Aunque él, Hibiki y los demás hubieran tratado de hacer que se moviera, las cosas no habían salido muy bien y decidieron dejarlo ahí. Pronto empezaría a haber gente. Y aunque todos supieran que no eran un grupo muy de fiar, eso no quitaba el hecho de que no podían dejar pistas muy evidentes. Si dejaban a Natsu, pero, podían inventarse una excusa convincente entre todos. Pero si se lo llevaban a ese lugar y en ese estado, causaría demasiados problemas.
Lo dejaron ahí. No supieron mucho de él en las siguientes semanas, pero a nadie pareció importarle exactamente lo que estuviera haciendo con su vida.
Cuando pasó el mes, recordaba Gajeel, el grupo fue fragmentándose; serían unos críos de poca edad, pero no eran unos niños normales. El grupo no era uno normal, después de todo, pero lo verdaderamente espeluznante en todo ese desagradable montaje era que él parecía estar de acuerdo en que cada uno fuera por su camino y se encontraran años más tarde, cuando fuera el momento.
Se separaron. Y lo hicieron, aunque ninguno quiera admitirlo, por Natsu. ¿Quien, si no él, reía en ese grupo de desalmados críos de insignificante vida? ¿Quien, si no él, contagiaba sus risas y su buen humor y sus ganas de vivir y sus propias alegrías y sus bromas y su estupideces en ese maldito grupo de desalmados críos de insignificante vida? Gajeel odiaba admitirlo, pero en el fondo todo fue por culpa del pelirosado y eso lo sacaba de sus casillas.
Porque Natsu se fue y, con él, la alegría que unificaba al grupo como a tal. A él no le importaba. Y cada uno se fue por su cuenta, fin de la historia.
Gajeel se encontró con Dragneel unos pocos años más tarde, en la escuela, pero por el motivo que fuere parecía haber cambiado radicalmente. Ya no se juntaba con ellos y presumía de ser un rebelde sin causa, uno de esos estúpidos que se meten un cigarrillo en su boca con el único propósito de hacerse notar.
Luego pasó otro período de tiempo y volvió a cambiar. Se transformó en el apático que era ahora. Sospechaba -y tras una pequeña investigación podía confirmarlo- que todo se debía a Lucy Heartphilia. No sabía en qué medida podía él atribuirle a la rubia el cambio del muchacho, pero era totalmente consciente del mismo.
Gajeel sabía más cosas que la mayoría de todos los que conformaban ese grupo de desalmados. O, al menos, aceptaba saberlas. Suspiró.
La clase había terminado.
...
Lucy sonrió ante la tierna imagen que tenía cuando miraba por la ventana; la cara de Natsu, haciendo una mueca de pena como si fuera un perrito abandonado, le estaba pidiendo a gritos que lo dejara entrar en su casa. Pero ella no cedería tan fácilmente.
-¿Por qué iba a dejarte pasar a las...- Consultó el reloj.- ... dos de la madrugada?
-¿Porque me quieres?
-¿Qué clase de argumento es ese?
-¿Me quieres?
Lucy se quedó de pie sin contestar, algo aturdida por la repentina pregunta que le había lanzado el muchacho. Aunque sabía muy bien la respuesta, aún no estaba preparada para asimilarla sin temor a lo que pudiera suceder más tarde.
-Me reservo la respuesta.- Dijo, al fin.- Y márchate a tu casa. Ya nos veremos mañana.
Cerró la ventana y se sentó en su cama, incapaz ya de conciliar el sueño. Natsu ya le había hecho varias veces esa pregunta.
¿Le quería?
Claro que le quería. Pero tenía miedo.
-No tengo miedo de ti, Natsu...- Se dijo agarrándose los cabellos con los nervios de punta.- Tengo miedo de él.
