¡Mil perdones por la espera! ¿Sigue alguien interesado por la historia...? T-T Si es así, que sepáis que os quiero con toda mi alma. ¡Muchíssimo! ¡Mil gracias por todos vuestros reviews y por no olvidar la historia!
Fairy Tail no me pertenece.
Capítulo 15- La carta.
Habían pasado varios días. Incluso semanas, y todo parecía ir bien. Gajeel y Hibiki continuaban su constante vigilancia pero, fuera de eso, no había nada de lo que preocuparse. Y Natsu se alegraba de ello, por supuesto, porque sentía que algo horrible estaba cada vez más cerca y lo temía.
Ese día, jueves, amaneció tranquilo. Los pajaritos en Magnolia cantaron sus canciones primaverales y todos alrededor se levantaron de un humor extrañamente bueno. Natsu, aunque no quisiera admitirlo, también.
Pero no porque aquel fuera a ser un buen día. Qué va. Sería otro conjunto de horas muertas sin poder hablar con Lucy, algo que llevaría a que esas horas muertas lo fueran doblemente.
¿Que por qué Natsu no podía hablar con Lucy?
Bueno, el principal motivo era porque ella le había pedido que dejara de acosarle para aclarar sus sentimientos. Y lo había hecho con una seriedad digna de ser tomada en serio, por supuesto, y él la respetaba porque temía perderla si no lo hacía.
Así que pasaba las horas sentado en su pupitre, jugueteando con el bolígrafo y, tal vez, prestándole un poco de atención al profesor. Si se encontraba con Lucy, la miraba de reojo, con disimulo, ansiando que de sus dulces labios de cereza salieran unas palabras amables y que confirmara que quería estar con él.
Sin embargo, eso nunca llegaba.
Ya iban por la tercera semana de silencio y Natsu se sentía en su límite.
-No debes hablar con ella pase lo que pase.- Le decía Cana, borracha, cuando se lamentaba en voz alta al llegar a casa.- Es una decisión difícil para alguien como ella y además, recuerda que podría ser peligroso tener una relación con un obseso como tu.
El pelirosado bufó molesto y le dirigió una mirada inquisitiva al calendario que había colgado en la pared de su derecha, con el dibujo de una flor. Habían pasado dos semanas y media desde que Lucy dijo que se lo pensaría. Y aún parecía estar pensando.
-Déjala.- Cana insistió.- Es una decisión importante.
-Lo sé.- Se levantó rumbo a la puerta.- Pero ya he esperado suficiente.
-¡Espera! ¿A dónde vas?
-¿No es evidente? ¡A buscar mi respuesta!
Y salió dando un portazo.
...
Lucy se encontraba sentada en el suelo de su habitación a oscuras. Había cerrado la puerta y las ventanas por si acaso Natsu decidía cansarse e ir en su busca. Y sujetaba entre sus manos un objeto muy valioso que decidía su futuro.
Una carta. La carta.
El remitente era su padre, Jude Heartphillia, y estaba sellado con el sello de su família, lo que dejaba a la vista que era un tema importante. Además, su padre no le dirigiría la palabra si no fuera de aquel modo.
Y dentro estaba su escrito, por supuesto.
Un escrito horrible que la condenaba de por vida a alejarse de Natsu.
Evidentemente, su padre no sabía nada del chico, pero esas palabras equivalían a robarle lo que fuera que tuviera en Magnolia y a atraerla con fuerza hacia la mansión. Algo que no quería ahora que por fin había decidido su respuesta.
De hecho, la había decidido a los tres días, pero la llegada de esa carta, de esa asquerosa y triste carta, su decisión final se había ido a pique y ahora estaba ahí, navegando a la deriva sin encontrar una solución al problema.
Respiró profundamente y la releyó por décimonovena vez. Había buscado en las anteriores algún desliz que su padre hubiera cometido para que, de ese modo, pudiera escapar de ese futuro arraigado a la familia que le esperaba y no deseaba.
Pero no, todo estaba bien claro.
Debía casarse con el hombre que Jude Heartphillia había escogido para ella.
Todo lo demás eran meras decoraciones para hacerle parecer que el imperativo tan sólo le hacía una sugerencia que le convenía, pero no era cierto. No había escapatoria.
Lo peor era que la citaba en la mansión de la familia dentro de una semana para llevar a cabo la boda con ese desconocido.
Rompió a llorar. Le quedaba poco tiempo para encerrarse en esa putrefacta jaula de la que quiso salir. Debía hacer el bien por la familia, no le quedaba duda alguna, pero no estaba dispuesta a sacrificar lo que había encontrado en Magnolia aquellas últimas semanas por eso. Porque quería a Natsu. Y estaba totalmente convencida de que estaba mal que lo hiciera.
-Sí, eso es...- Murmuró.
Desde un buen principio ella sabía que si se enamoraba no tenía esperanzas de casarse con él y tener un final feliz. Su padre ni siquiera hubiera permitido que continuara con su relación, así que, de hecho, era mejor así. Ponerle un final directo.
-¡Lucy!
Se sobresaltó y miró aterrada a su alrededor, en busca de Natsu.
-¡Lucy!- Repitió. Procedía de la ventana del salón.
La rubia dejó la carta encima de su cama y prestó atención, por si acaso él creía que no estaba en casa.
-¡Sé que estás en casa, tienes la persiana de tu habitación cerrada!
La rubia parpadeó con confusión. ¿Y qué tenía que ver que tuviera la persiana de su habitación cerrada con el hecho de que estuviera o no en casa?
Suspiró y abrió la puerta, caminando hasta estar frente a frente con Natsu. Él sonrió y se sonrojó a la vez de poder verla y ser el centro de su atención después de todos aquellos infernales días sin tener ese privilegio y resistiéndose a la tentación. Pero había terminado.
-Te dije que esperaras, Natsu.
-Han pasado tres semanas.- Pegó la nariz al cristal.- Me he cansado de no poder estar contigo. No me importa en lo más mínimo tu respuesta. Déjame entrar.
-¿¡Cómo que no te importa mi respuesta!? ¡Es mi decisión!
-¡Sí, pero yo quiero estar contigo!
Lucy dudó. En su mente empezaron a crearse mentiras y planes para evitar lo inevitable, pero no podía llevarlos a cabo por una simple razón: ella también quería estar con Natsu. Lo deseaba, lo ansiaba tanto que podría morirse del deseo.
-¡Pero no puedes!
Sin embargo, Lucy era una chica fuerte. Y si algo quería más que estar con Natsu, aquello era no causarle el daño que le haría de no ser así.
-¿Por qué no puedo?
Se hizo un silencio incómodo. Lucy abrió la ventana para dejar entrar al muchacho, que nada más lo hizo la abrazó con fuerza y ganas. La estrujó como su fuera un trapo y tratara de absorber su esencia. Y la besó, suave.
La besó con suavidad, esperando se rechazado. Palpó sus labios con delicadeza con los suyos y, justo antes de pasar a mayores, ella dio un paso atrás.
-No, Natsu. Te quiero, pero no podem...
-¿Me quieres?- Natsu la interrumpió y una sonrisa jovial se instaló en su rostro, acercándose a ella. Pero ella se alejaba negando con la cabeza.
-No era aquello lo que quería decirte. No puedo, eso es todo. No me hagas decir más. No.
-¿Por qué? ¿Por qué no puedes?
Natsu la había encerrado entre el sofá y sus tentadores brazos, que se curvaban para recibirla en un suculento abrazo.
Y Lucy no pudo aguantarlo más.
-¡Porque él así lo quiere!- Y se derrumbó al suelo. Y lloró.
-¿Él? ¿Quién es él?
Natsu se sentó con ella tratando de consolarla, sintiéndose mal de repente y temiendo que aquel algo que se acercaba fuera lo que estaba a punto de salir de los labios de su amada.
-Mi padre, Jude Heartphillia, quiere que me case con un hombre que ha escogido para mi.
El pelirosado tardó unos momentos en reaccionar.
-Pues dile que no y quédate conmigo. Podemos... podemos fugarnos juntos.
Ella negó con la cabeza.
-Ni te imaginas el poder que tiene mi padre. Es inmenso. Podría encontrarnos allá a dónde fuéramos, puedo asegurártelo. Tengo que hacer lo que él me ordena.
Natsu bajó la mirada.
Sí, aquello era lo que temía que sucediera.
