¡Mil gracias por todo vuestro apoyo!
Como prometí, el capítulo 16 sin demasiada espera.
Deseo que os guste y que lo disfrutéis. Poco a poco irán aclarándose todos los misterios y con muchas ganas deseo saber qué opináis al respecto.
Fairy Tail no me pertenece.
Capítulo 16- Inconsciente
Natsu había sentido que algo importante y malo sucedería aquellos días, pero jamás hubiera pensado que le arrebatarían a Lucy de aquel modo tan cruel y desalmado. ¿Casarse con otro hombre? ¿Olvidarla? ¿Dejar que sea infeliz con alguien que no quería?
-Lucy.- Susurró, sentado frente a ella, en el suelo de su casa y con una idea en su cabeza.
-¿Qué?
-Te quiero.
Y entonces un golpe seco en la nuca de la rubia la dejó inconsciente. Natsu bajó la mirada, no muy orgulloso de lo que acavaba de hacer, pero dispuesto a no permitir que se llevaran al amor de su vida y que su alma quedara destrozada en miles de millones de pedazos. No una segunda vez.
...
Cuando Lucy abrió los ojos se encontraba en una cómoda cama, cubierta con mantas, y a su lado una cena caliente que sospechaba que había sido preparada hacía poco. Se incorporó haciendo una mueca y apartó las mantas que la cubrían y que le provocaban mucho calor.
¿Dónde estaba?
Miró a su alrededor. La habitación estaba decorada con muebles de madera y había muy pocos objetos personales en ella. Sin embargo no le costó averiguar quién era el que dormía allí por las noches cuando divisó una fotografía al otro lado de la sala. En ella, un niño de pelo rosa revuelto y una niña de pelo blanco sonreían ante la cámara con una felicidad contagiosa.
-Natsu...- Dijo.
No tenía ganas de comer, así que se dirigió hacia la puerta y la abrió.
-Buenas noches, Lucy.- El pelirosado se encontraba sentado en una butaca frente a la puerta de la habitación. Sonrió mostrando los dientes y se levantó con la intención de abrazarla, pero ella lo rechazó.
-¿A qué viene esto?
Él se volvió serio. Estaba pensando una buena respuesta.
-Tal vez hayas decidido rendirte, pero yo no pienso entregarte a tu padre. Aquí estarás a salvo.
-¿¡Me has dejado inconsciente y me has traído a tu casa!?
-Sí. ¿Tienes hambre? Dejé algo de comida al lado de tu cama, espero que aún esté caliente.
Sin hacer caso a la mirada de perplejidad que la rubia le lanzaba, él entró en su cuarto y encendió la luz. Se acercó a la mesita dónde estaba la bandeja de comida y comprovó que ella no había comido. Hizo una mueca, pensando que tal vez no le gustara lo que le había preparado.
-Puedo hacerte otra cosa.- Dijo.
-No se trata de eso, Natsu.- Lucy suspiró. Aquel chico era lo opuesto a lo normal. Sabía que no lo había hecho con mala intención, pero que la dejara inconsciente para eso era algo... ¿aterrador? ¿tenebroso?
-¿Entonces de qué se trata?
-¿En serio crees que es normal dejar inconsciente a una chica y llevártela a tu casa en contra de su voluntad?
Él no lo pensó.
-Sí. No quiero que te vayas.
Bueno, claro que Natsu Dragneel no era un tipo normal. Aquello lo había descubierto por primera vez cuando la siguió hasta su casa aquel dia y la besó alegando que se había enamorado de ella al leer una historia vulgar sobre una casa encantada que había escrito en la sala de castigos.
-Natsu, esto es enfermizo.- Soltó una risa extraña y el chico sonrió con ternura.- Primero dices que te enamoraste de mi por leer una historia, me acosas a todas partes y me dejas inconsciente para que no me vaya con mi padre a casarme con un desconocido. ¡Haces cosas raras!
-Pero aún así te gustan.
Ella sonrió nerviosa y bajó la cabeza. Era extraño, pero sí, le gustaba.
-Además, hay una mentira en eso que has dicho.- Natsu se sentó a su lado en la cama y acarició sus cabellos suavemente.- No me enamoré de ti solo por tu maravillosa historia. Es cierto que me encantó, tienes un talento más que obvio para crear todo tipo de historias, pero no fue por eso.
-¿Ah, no? Y... ¿Por qué fue?
-Estoy enamorado de ti desde aquella vez que me ayudaste en la playa.
Lucy hizo una mueca de confusión.
-Yo no recuerdo haberte ayudado nunca antes, ni en la playa ni en ningún otro sitio.
-¿Cómo que no? Aquella vez unos matones me habían dado una paliza y tú apareciste de la nada y me dijiste esas hermosas palabras que tanto necesitaba escuchar. ¿No te acuerdas?
Ella negó con la cabeza. No recordaba haber hablado nunca antes con Natsu antes de que la besara.
-Mientes.- Él se levantó. Su rostro había cambiado de repente.- "No te hagas mal a ti mismo para pagar por tus pecados. Puedes vivir y ser tu mismo sin hacerte daño de este modo." ¿No te acuerdas?
Lucy se levantó también. Natsu había elevado el tono de voz a un nivel perturbador y su voz había empezado a temblar ligeramente, como si estuviera diciendo algo que le diera miedo a sí mismo.
-¡Tú fuiste la que me sacó adelante! ¡Si no hubiera sido por ti ahora sería alguien despreciable!
-Lo siento, Natsu, pero yo...
-¡Mientes!
Y se marchó de la habitación cerrando la puerta de un portazo.
...
Lucy pasó una semana en casa de Natsu. La relación entre ambos se había vuelto algo confusa, puesto que el chico aún no se creía las palabras de la rubia. Ella seguía negándolo, y sentía en la boca de su estómago una sensación muy desagradable. No era culpa, puesto que no mentía. No tenía ni la más remota idea de lo que Natsu le contaba, de aquella tarde en la playa y de aquellas palabras que supuestamente ella le había dicho.
-Mientes.- Era todo lo que respondía el pelirosado antes de bajar la mirada.
Cuando aquello sucedía, ella trataba de abrazarle y calmarle, pero era él quien se apartaba y se marchaba desanimado. Lucy se sentía mal.
A veces recurría a Cana, buscando consuelo en ella, pero lo único que la mujer podía decirle era que le diera tiempo a su hermanastro. Gildartz solía apoyar la teoría de Cana de la confusión y de la cercanía del día D. Cuando Lucy preguntaba por aquel día en cuestión, no le decían nada y ella miraba al mayor con cara de desaprobación.
-No es nada.- Respondían.
Lucy sabía que ellos mentían y que le escondían algo muy importante.
Por eso, cuando llegó el jueves, ella sintió que su mundo se derrumbaba.
-Natsu.- Lo llamó.
Él se acercó y miró por la ventana en la dirección en la que señalaba la rubia. Unos hombres vestidos de negro llamaron a la puerta y ante un forcejeo entre Cana, Gildartz y los recién llegados, Natsu tomó la mano de Lucy y escapó por la ventana.
Pero ésta vez fue él quien recibió el golpe seco en la nuca y todo lo que pudo ver antes de cerrar los ojos fue como un hombre trajeado se llevaba a su querida Lucy.
