¡Muchísimas gracias queridas y queridos lectoras y lectores!
Fairy Tail no me pertenece, ni su historia ni sus personajes. Yo lo uso simplemente para mi diversión y vuestro entretenimiento.
Capítulo 17- La reunión
Lucy estaba vestida con un precioso vestido rosa con un millar de volantes. Su cabello había sido perfectamente peinado para la ocasión y su rostro tenía el maquillaje suficiente para que pareciera una bella muñeca débil de porcelana.
-Mucha suerte.- Le dijo una de las criadas, sonriendo cómplice y abriendo la puerta al gran salón.
Allí estaban su padre, su madre, un hombre joven y un tipo de su misma edad, aproximadamente. Supuso, por como iba vestido y por como la examinaba, que aquel sería su futuro marido. Tenía el cabello negro y le cubría un ojo. El otro, a la vista, era negro. Vestía un elegante y caro traje de un negro más puro que el carbón y, cuando ella estuvo frente a él, se inclinó con elegancia.
-Un placer, milady.
-Lucy.- Su madre la llamó con un tono de voz cariñoso.- Él es Rogue Cheney, de una poderosa família del este de Fiore.
-Encantado.- Volvió a inclinarse.
-El placer es mío.- Ella también.
-Y él.- Señaló al hombre joven. Él tenía el cabello negro como la misma noche y unos ojos oscuros y penetrantes que parecían saberlo todo sobre ella. Sintió un escalofrío recorrer su espalda y tragó saliva disimuladamente.- Es Zeref.
...
Natsu despertó en una cama mullida. No era la suya. Lo supo incluso antes de abrir los ojos; no estaba en su casa.
Se incorporó con algo de pereza y miró hacia la oscuridad que había a su alrededor, sin distinguir en ella forma alguna que le diera una pista de su paradero. Tragó saliva al escuchar algo tras las paredes y prestó más atención a los ruidos.
-...todos juntos otra vez.- Escuchó una voz que se le hacía terriblemente conocida y se levantó definitivamente de la cama para buscar a tientas la puerta. Sin embargo no la encontraba.
-¿...algún dolor...Natsu?
El pelirosado serró los dientes al escuchar su nombre proveniente de una voz también conocida, seguramente de cierto incordio pelinegro que había estado vigilando sus movimientos desde que los abandonó.
Encontró entonces lo que parecía ser el pomo de una puerta y lo hizo girar, pero estaba cerrada con llave.
-Parece que se ha despertado.- Escuchó la voz de Gajeel justo frente a la puerta y se apartó lo suficiente, mirando el lugar en el que parecía estar la puerta con una fúria indescriptible.
Un ruido le indicó que habían hecho girar la llave y entonces una luz muy intensa lo cegó por unos instantes, antes de iluminar la habitación.
-¿Cómo te encuentras?
Natsu parpadeó. Frente a él se encontraba Hibiki, por supuesto, y a su lado Gajeel. Sin embargo, a sus espaldas, sentados pachorramente en un amplio y caro sofá de cuero negro se encontraban caras conocidas que llevaba muchos años gustosamente sin ver.
-¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué le ha pasado a Lucy? ¿Dónde está ?
El rubio esbozó una tranquilizadora sonrisa que no cumplió con su misión.
-Calma, calma. Vayamos paso a paso, ¿quieres? Por el momento, siéntate.- Señaló el sofá de cuero en el que aún había espacio. Caminó hasta él con desconfianza y les dirigió una mirada abrumadora a sus viejos conocidos.
-¡Woaa~! Cuánto has crecido, Natsu.
Él frunció el entrecejo disgustado e ignoró ese comentario. Provablemente no estaba cargado de ninguna mala intención, pero provenía de una de esas repugnantes personas y prefería pensar que no se llevaba bien con ellos y que, por lo tanto, no tenía nada qué ver.
-Natsu-san se ha vuelto muy apuesto.- Una vocecita suave llegó a sus oídos y contempló a su propietaria, una preadolescente de largos cabellos azul marino y rasgos dulces e inocentes. Menudo engaño, pensó.
Hibiki intervino con unas palabras tranquilizadoras y se sentó, al igual que Gajeel, en una silla para poder observar a los tres jóvenes que tenía delante.
-¿Dónde está él?
El rubio sonrió sin rastro de nerviosismo.
-Atendiendo un asunto.
-Falta otro.- Inquirió el pelirosado con desconfianza al percatarse de que solo eran cinco.- ¿También está atendiendo un asunto?- Preguntó con burla.
-Así es. Te preguntarás qué estás haciendo aquí, ¿no?
-¿Natsu-san tampoco lo sabe?
-Ninguno de vosotros.- Hibiki los señaló uno a uno, terminando con Gajeel.- Sin embargo, para eso estoy yo aquí mientras él está de excursión.
-Tsch. Podría haberme llevado a mi a la maldita "excursión".- El chico sonrió con burla a Hibiki.- En lugar de tener que escuchar las burradas que un pardillo inútil tenga por decir.
-Oooh~...- Hibiki se levantó. Su contrincante verbal también lo hizo.- ¿Y qué harías si te dijera que eres un inepto para trabajos tan delicados?
-Te patearía el trasero.- Y se acercaron mutuamente, hasta quedar a milímetros el uno del otros. Se miraron a los ojos y saltaron varias chispas por la energía que cargaba el lugar.
-Sin embargo Sting-kun es muy fuerte y es mejor que se quede aquí.- Intervino la joven.- Y Hibiki-san es muy listo y tiene muchos conocimientos útiles para ayudarnos en lo que sea que haga falta.
Los rubios se separaron y se sentaron de nuevo, mirándose con odio. Natsu miró a Wendy inquisitavamente, siendo consciente del enorme potencial de la chica y de lo poco que costaría que ella los destruyera a todos con tan solo unas pocas palabras.
A cualquier observador inepto le parecería que cualquiera podría haber dicho esas simples palabras, mas Natsu sabía que no tan solo había sido cuestión de tener una buena lengua, al contrario. Había desprendido un aura extraña que disipó la energía negativa.
Por supuesto, él no estaba loco. Sabía que existían métodos para hacer posible lo imposible, y la prueba estaba en el hecho de que hacía varios años, cuando todo el asunto tuvo lugar y pasó lo que pasó, el objetivo final era lograr algo en lo que sólo creería un loco... y Zeref.
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