Sé que ahora mismo soy imperdonable... por haber tardado tanto. Sin embargo tengo un propósito para año nuevo: terminar todas las historias pendientes y asegurarme de que las que escriba sean actualizadas periódicamente. No como es el caso de Viernes 13 y Control Simétrico.
Ruego por vuestro perdón.
Y el capítulo, nuevamente, me ha quedado excesivamente corto. En serio, no me matéis, aunque lo merezca...
Fairy Tail no me pertenece.
Capítulo 18- El novio y la novia
Lucy se mantenía de pie por pura suerte, seguramente. La gravedad hacía sus efectos y para contrarrestarlos debería mantenerse consciente pero, contrariamente a las expectativas que pudiera generar ese pensamiento, no sucedía así. Lucy quería desaparecer, desvanecerse y dejar de existir en ese mundo cruel dominado por su padre.
Las criadas se estaban encargando de todo. La habían decorado con un elegante vestido blanco, palabra de honor, y su cabellera rubia estaba recogida en un moño adornado con flores del que colgaba el velo que cubriría su rostro hasta el momento del beso con su prometido.
Sólo pensar en ello le producía náuseas. Y, cuando pensaba que había olvidado a Natsu, su rostro de cachorro degollado aparecía y le rompía el alma. Él no tenía nada qué ver con ellos, ni con los asuntos de su padre, así que pensar que él se sentiría engañado la desanimaba aún más si era posible.
Desde un principio sabía que su padre no permitiría que ella escogiera a su pareja. Estaba claro. Pero tuvo que enamorarse de Natsu y estropearlo todo. A pesar de que él no iba a permitirlo y que ella sólo estaba siendo una egoista involucrando al pelirosado en todo el asunto.
Así que, de hecho, podía decirse que toda la culpa de lo que estaba pasando la tenía ella.
-Se ve preciosa, señorita- la halagó una criada, cuando terminaron con los último retoques de su vestido de boda. Lucy estuvo a punto de soltar improperios y desahogarse con las criadas, pero en el último segundo optó por sonreír y asentir.
Pareció que no repararon en la falsedad de sus gestos. Fuera como fuere, Lucy debía esperar a su padre para dirigirse posteriormente a la capilla.
-Mírate- le dijo al reflejo de su espejo una vez se quedó sola.- Cuán egoísta has sido, y aquí tienes el resultado. Luces patética, ¿lo sabías?- Y esbozó una sonrisa torcida.
Pasaron unos pocos minutos, en los que permaneció en silencio como aquel que espera el momento de morir. La comparación era un poco exagerada, lo sabía, pero en aquel momento parecía tener en su corazón un fantasma que le desgarraba los tejidos desde dentro y que deseaba salir para emporcudirlo todo de maldad. Otra comparación exagerada.
-Te ves bien, cariño- dijo una voz, regresando a la joven Heartphilia a la realidad. Su padre. No parecía estar enfadado, ni sonaba irónico, ni triste, ni culpable, ni feliz. Sólo sonreía. No hacía nada más.- Vámonos.
Jude Heartphilia estaba a punto de cerrar un buen trato. Acompañaba a su hija al altar, como toda buen padre, y parecía ligeramente orgulloso a cada paso que daba. No estaba orgulloso de Lucy, sino de él mismo. Por ser un gran magnate, por ser muy listo y por ser, sobretodo, un magnífico oportunista. Una vez ese Cheney se quedara con su hija, él pasaría a ser socio del mismísimo fin de la humanidad. Se había asegurado un puesto en la ficticia arca de Noé.
Era listo. Se creía listo.
La puerta de la pequeña capilla de los Heartphilia se abrió. Dentro no había nadie. Sólo estaban Rogue, serio y vestido con un buen traje, el hombre del cabello negro que se había presentado como Zeref y un cura, algo confundido, pero cura al fin y al cabo. Querían hacerlo correctamente, según parecía.
Lucy caminó con elegancia hasta el altar.
Y la boda se llevó a cabo con una normalidad inesperada. Cuando llegó el momento, el cura pronunció las palabras adecuadas y se esperó entonces que Rogue contestara. Una vez lo hizo, volvieron a pronunciarse y se esperó que Lucy contestara.
Y se siguió esperando.
Unos pocos segundos, de hecho, hasta que rota por dentro mintió:
-Sí, quiero.
Y, detrás de una ventana, Natsu Dragneel había visto y oído suficiente. Miró a Zeref, y él lo miró también, confirmando que el pelirosado había presenciado lo que necesitaba presenciar. Y aquello era bueno.
-Ahora, al siguiente punto del plan.- Zeref se alejó de los recién casados y de Jude Heartphilia, quién, igual que el cura, le dirgió una mirada extraña. No lo detuvieron y dejaron que las cosas siguieran su curso.
