Él suelta una carcajada burlona y ella forma una sonrisa tímida. El cabello rubio se mueve con el viento y las hebras rojizas terminan en unas patillas alargadas. Los ojos verdes tienen malicia, los azules encanto. ¿Qué se puede concluir? Siempre hay tiempo para Elsa... y también Hans.
Disclaimer: Por aquí o por allá, ni asomo de mí encontrarán. Si de casualidad llegan a reconocer algo, pues no es mío. Todo pertenece a sus respectivos creadores, aunque no me enojo si desean darme una mínima porción.
Aclaraciones/advertencias: Helsa-Hansla-Iceburns. Modern AU. OC. Puede que en algún momento llegue a tener OoC. Conjunto de historias sin orden aparente pero interconectadas entre sí. Los géneros se aclararán al comienzo de cada capítulo. Tal vez de lo que se carezca un poco sea de revisión. Me imagino que podrían haber momentos Fluff.
Genre: Humor/Romance
Un momento u otro
Lo mejor de las fiestas
La peor tortura creada por el hombre era conocida como 'prima'.
Elsa estaba cien por ciento segura de que existían para arruinar la existencia de las hijas adorables y tranquilas como ella. Principalmente si eran como la suya, dotada con una extraña capacidad para manipular las situaciones a su beneficio.
Agradecía pasar gran parte de su vida apartada de su prima Rapunzel, sino su desarrollo habría sido muy distinto.
-No quiero ir a la fiesta, Rach -dijo de manera firme, preguntándose con qué saldría ahora, apartó la mirada de los ojos de su prima, a ella siempre le convencían con eso-. No me gustan y no conozco a nadie -declaró rotundamente, guardando sus libros en su casillero. La dichosa fiesta sería el viernes, como bienvenida por el nuevo ciclo de clases, aparentemente quienes estuvieran invitados y asistieran estarían colocados en la lista de los populares.
¿Qué Rachael no le conocía?
Prefería pasar su viernes leyendo un libro o incluso viendo películas de amor que a su madre y hermana tanto le gustaban, Casablanca, Lo que el viento se llevó, Love Story. Probablemente sólo con una de ellas se llevaba largas horas frente al televisor. También podría disfrutar de buenas horas de ajedrez con su padre u otra cosa.
Las fiestas no le animaban en absoluto.
No les encontraba lo divertido, mucho más si la gente que llegaba se dedicaba a beber sin control y comportarse escandalosamente.
-Le diré a la tía Duane -sus ojos se abrieron de manera alarmante, eso era jugar sucio-. Estará triste de saber que te quieres negar a una maravillosa forma de convivir con más personas, adolescentes sanos que sólo desean divertirse y hacer amigos, que no deseas acompañarme para no estar completamente sola y sentirme segura -terminó de decir la castaña, mientras Elsa se preguntaba por qué las mujeres de su familia eran tan buenas chantajistas. Rapunzel podría hacer lo que la protagonista del cuento, convencer al príncipe para que se aventurara a rescatarla, sin arriesgar otra cosa que no fuera su cabello.
-¿Por qué haces esto, Rach? -cuestionó de manera suave, sintiendo el impulso de ser mala con otra persona. Estaba comprobado, ser buena no le dejaba grandes beneficios y, lamentablemente, no dejaría de serlo-. No tengo problema con no hacer muchos amigos.
-Eres joven, Elsa, yo quiero que disfrutes un poco más con los otros, eres muy agradable y cualquiera puede adorarte sin tener que cambiar tu personalidad, ¿has un intento, sí? -pestañeaba de manera dulce mientras apretaba su brazo, en un gesto invitador.
Elsa suspiró, abatida.
-¡Te verás grandiosa! -exclamó su hermana Anna, recostándose en su cama, mientras su madre le ayudaba a escoger un conjunto de ropa para la fiesta que se llevaría a cabo tres horas después. Ambas estaban entusiasmadas ante la noticia de que por primera vez iría a una reunión.
Elsa negó divertida, mientras Anna abrazaba al peluche blanco que descansaba sobre sus sábanas azules, sus padres se lo habían dado cuando niña y era su querido mejor amigo.
-Annalise Delle no maltrates a Olfie -pidió, a veces su hermana daba apretones muy fuertes y su amiguito podía resultar lastimado.
-Pero a Olfie le gustan los abrazos -aseveró Anna, mirándole con ojos dulces.
Su madre rió, alzando una falda negra plisada y una blusa violeta con detalles brillantes, decidiendo que así sería su atuendo. Elsa la miró escandalizada, el largo de la falda era hasta la mitad de sus muslos y la prenda superior era de una sola manga.
-No me mires así, tus ropas no las tienes de adorno, jovencita -declaró Duane, mirando a Elsa de manera dulce. Era su ilusión que su hija se divirtiera más, no tenía problemas con que fuera callada, pero en unos años se arrepentiría por no disfrutar la etapa que vivía-. Te verás muy bien con unos zapatos negros y un maquillaje que resalte tus ojos.
A Elsa no le quedó más que aceptar lo inevitable. Rió de forma breve, tomando su toalla y ropa interior para darse una ducha, dándole un ligero manotazo a su hermana por apretar demasiado a su amiguito.
-Te ves preciosa, Elsa -alabó su padre, sonriéndole al admirar el aspecto que tenía. Ella tenía que admitir que se veía bien, su madre le había ayudado a colocarse la sombra violeta y el delineador negro, luego lo completó con un brillo de labios transparente-. Parece que alguien me llamará suegro a partir de hoy.
La rubia se sonrojó.
-¡Papá! -replicó nerviosa-. ¿No deberías estar celoso?
Él negó.
-Me preocupa más cómo será cuando Anna tenga novio, tú eres una joven muy calmada.
-¡Escuché eso! -exclamó Anna desde la cocina, donde disfrutaba de una barra de chocolate.
Ella y su padre rieron, después se escuchó el sonido de un claxon.
-Parece que ha llegado su carruaje, princesa -manifestó su padre-. Escapa antes de que tu madre vuelva con una cámara fotográfica. ¡Diviértete! Saluda a mi cuñado.
Asintió y se colocó en puntas para darle un beso en la mejilla.
-¡Adiós Elsa! -gritó su hermana, sólo alcanzó a ver sus cabellos cobrizos.
Salió y caminó hasta el automóvil verde de su prima, que saludó a su padre desde su asiento. Su tío le dedicó un asentimiento de cabeza.
Hans resopló fastidiado al entrar a la casa de Ariel, no había traspasado la puerta y todas las muchachitas locas ya estaban babeando por él. Sabía que era guapo, pero no necesitaba ahogarse entre todos los fluidos que abandonaban sus bocas. Lo peor era que luego tratarían de acercarse.
¿Qué no sabían que él decidía quiénes eran dignos de su tiempo?
Recorrió con la mirada la habitación buscando caras familiares, en los sillones rojos había parejas platicando animadas, bebiendo de vasos rojos y compartiendo unos cuantos besos pudorosos.
Saludó a Eric y Ariel con un asentimiento de cabeza, para dirigirse al patio trasero de la casa, desde su sitio se escuchaba la música de las bocinas seguramente colocadas en el kiosco rojo del jardín, a unos pasos de la alberca. Allí estarían bailando Thriller de M. Jackson, que sonaba claramente en las diversas zonas de la gran residencia de Ariel. Tenía unos diez años de antigüedad, pero seguía siendo un hit.
Avanzó a través del camino más corto, que era por la cocina, y salió. La gran masa de adolescentes le hizo recordar su estatus popular y sonrió con socarronería.
Todos los presentes comenzaron a alzar sus manos para darle la bienvenida, él simplemente sonrió y se unió a los que bailaban, demostrándoles quién era el mejor de allí.
-¿Lo ves?, no todos aquí toman, son muy pocas personas -explicó su prima, mientras ambas se encontraban en el patio exterior de la casa. Sus palabras eran verídicas, sólo unos cuantos consumían alcohol y las cantidades eran mínimas-. Arielle Leg hace fiestas sanas, pero muy divertidas.
Elsa bebió de la bebida de limón mientras asentía, de fondo se escuchaba una música animada, no sabría decir su nombre. Ambas se encontraban cerca del kiosco bellamente construido, con enredaderas de rosas rojas en sus muros blancos. Allí mismo se encontraba el equipo de música, donde el que quisiera podía pedir la canción que deseara escuchar.
Frente a ellas estaba la piscina, con muchos adolescentes dentro de ella y otros sentados en las orillas, conversando alegres sobre la primera semana de clases. Las baldosas marrones estaban salpicadas de agua, pero había mucho más espacio donde transitar o bailar. Como en ese momento, que sonó la canción de Jackson. Rió al ver a los animados jóvenes, que se levantaron y unieron para mover sus hombros y brazos imitando a los 'zombies' del video.
Casi suelta una mayor carcajada al ver a cierto pelirrojo acercarse y liderar el baile. Durante sus primeros cinco días se dio cuenta que Hans Westergaard era suficiente popular en el instituto y eso contribuía a su gran arrogancia. Él avanzó con pasos lentos, sonriendo al contorsionar su cuerpo.
-A mí me gusta su mejor amigo -confió Rachael señalando a Hans-. Ninguno de los dos lo admite, por supuesto, pero todos saben lo bien que se llevan. No sé si habrás escuchado su nombre, es Eugene Herbert, el chico malo.
Elsa enarcó una ceja ante lo último, su prima rió.
-A veces no lo es tanto, aparenta ser un chico duro, pero llega a ser amable cuando se lo propone, el año pasado me ayudó a sobrevivir en el viaje escolar de fin de año, fue en el bosque -la rubia miró a su prima asombrada, a la castaña la habían tratado como si fuera una princesa y nunca había tenido experiencias como ésa.
De repente, Rachael brincó.
-¡Vamos! -exclamó emocionada, tomándola del brazo sin dejarle objetar-. Alana nos invita a jugar Verdad o Reto -Elsa abrió sus ojos asombrada.
-¡¿Qué?!
-Soy Mutsu Alana, casi china, casi japonesa -se presentó la pelinegra con aspecto atlético a pesar de tener una estatura reducida-. Del equipo de atletismo, llámame Lana -completó sonriente, apartando su cabello corto para realizarse un moño, que le hubiera quitado feminidad de no ser por su leve maquillaje.
Elsa sonrió levemente a la chica, mientras aceptaba integrarse al círculo de jóvenes, reunidos en el cuarto de tv de la casa.
-Todos, ella es Elsa -manifestó Lana, llevándose muy bien con hombres y mujeres por igual, algo que a Elsa costaba mucho, aunque la joven parecía encajar más con los hombres.
-Hola -saludó, tomando el final de su trenza francesa.
-Mucho gusto Elsa, soy Arielle, me da gusto que aceptaras la invitación a mi casa -reveló una pelirroja de ojos marrones, sentada a su lado. Así que ella era la dueña.
Se acomodó mejor en la alfombra anaranjada de la habitación. Una chica pelinegra atrajo la atención de todos. Arielle le susurró 'Hilde'. Asintió en agradecimiento, muchos se habían presentado, pero eran trece nombres difíciles de recordar en un minuto.
-¿Todos conocen las reglas del juego? -preguntó la pelinegra, antes de que cualquiera pudiera asentir, continuó-. Ésta es la botella que utilizaremos -aclaró alzando el objeto de vidrio en sus manos-. La giraremos en el centro, cuando pare, la boquilla indicará a la persona que preguntará, el lado extremo la persona que tendrá que decir verdad o reto. Si es Verdad, se verá obligado a responder cualquier cosa que el otro quiera saber, si es Reto, hacer lo que el otro quiera. No pueden cambiar una vez que escojan, ¿entendido? Tampoco retirarse cuando ya les hayan hecho la pregunta o el reto -sonrió con malicia-. O yo me encargaré de ustedes, no por nada mis padres dicen que soy como la bruja de Blancanieves.
Todos rieron.
-Ya es tiempo de girarla -dijo Lana, sonriendo con entusiasmo, Elsa se dio cuenta que ella no tenía muchas inhibiciones o era muy valiente. Rachael aplaudió entusiasmada-. ¡Yo comienzo! -tomó la botella de manos de Hilde y la hizo dar vueltas, hasta detenerse frente al pelinegro que vio entrar al auto de Hans su primer día de clases. A la persona que iba mandar era Arielle.
Las personas del grupo hicieron sonidos de inconformismo.
-Estamos destinados a estar juntos -musitó Arielle-. Bueno, Eric, reto.
Eric sonrió, colocando su mano sobre su mentón.
-¡Nada de besos entre ustedes! -pidió una rubia-. Dejen eso para otro rato.
Elsa se unió a las risas de los otros.
-Perfecto, amor -Eric miró con intensidad a la pelirroja, que esperaba su instrucción-. Tendrás que entrar al agua, con tu bonito vestido nuevo encima.
Los ojos de la joven se abrieron, tocando la tela verde de su vestido con ojos llorosos.
-Te odio, Eric, sabes que amo el agua, ¡pero también mi nuevo vestido! -después rió y salió a la terraza, para escucharse después el sonido de alguien cayendo al agua. Momentos después volvió con una toalla alrededor de su cuerpo y un poco de delineador corrido.
Nuevamente el extremo plano de la botella se dirigió a ella. Ya era la cuarta vez y en todas se había dedicado a decir 'Verdad', era la única que no había dicho 'Reto', ya era tiempo. Anteriormente sus respuestas habían sido 'no me he besado con alguien', haciéndole desear desistir, si es que otras no hubieran respondido lo mismo; 'por accidente dejé a mi hermana en un congelador industrial a la edad de ocho'; y 'fantaseé con el protagonista de Hairspray'. Nada muy elaborado.
Todas las miradas se posaron en ella.
-Reto -musitó después de un suspiro, se lo debía a su prima, que todas las veces había aceptado reto e incluso había tenido que gritar en medio de la fiesta que estaba enamorada de Eugene.
-No seré tan mala contigo, Elsa -declaró Hilde, todos le miraron asombrados-. ¡Hey! Le respetaré su primer beso, peeeero -realizó una pausa que provocó que el corazón de la rubia se detuviera, literalmente- haré que pierda un poco de su timidez.
Elsa parpadeó incómoda y arrepentida.
-Querida rubia, tendrás el generoso placer de hacer que Hans Westergaard te entregue su camisa y acariciarle su pecho durante un minuto -Elsa juró que perdió el color de su rostro-. Será un espectáculo para muchas, te lo aseguro, por lo menos te escogí a alguien guapo y que pasa mucho tiempo practicando en el gimnasio. Yo contabilizaré.
La ojiazul llevó las manos a su rostro.
Por eso odiaba las fiestas.
"Pasaré la mayor vergüenza de mi vida", pensó atiborrada de insultos hacia Hilde.
Hans se sobresaltó cuando una persona tocó su hombro levemente, tanto que el vaso en su mano casi cae al suelo. Dejó su plática con Adam y giró, sus ojos se encontraron con la atractiva rubia que conoció el lunes pasado.
-¿Lista para devolverme mis favores? -saludó con voz grave, preguntándose el porqué del sonrojo de la joven, que aumentó al escuchar sus palabras. Realizó una sonrisa guasona y enarcó una ceja, llevando lentamente el vaso a su boca, para sentir el sabor frío de su bebida de limón. El alcohol de la casa era tan ligero que no valía la pena tomarlo, sólo emborrachaba a un niño, maldecido mayordomo de Ariel-. ¿O se te ofrece otra cosa, guapa? -preguntó, alzó su vaso invitándole de su bebida, pero ella negó. La observó de pies a cabeza, tenía un cuerpo deseable, curvas no muy exageradas pero muy atrayentes para el observador, que imaginaría cómo acariciarlas e imaginarse otros rumbos a tomar. Era una lástima que fuera de las buenas y tímidas, ellas no eran muy participativas, no sabían lo que era divertirse un rato.
-¿Puedes ayudarme? -susurró ella, y tuvo que hacer un esfuerzo por oírla. La miró con curiosidad, intrigándose con la pregunta hecha. Le dirigió una mirada petulante-. Es un reto -sus ojos azules parecieron dirigirse a la derecha y él buscó a la persona causante.
Hilde.
¿A quién más se le atribuiría hacer sufrir a una chica bonita?
Soltó una carcajada burlona, para después sonreír con sorna.
-¿Qué pasaría si me niego? -trató de intimidar a la rubia, que parecía completamente abochornada ante el giro de acontecimientos causado por Hilde-. Después de todo, ¿qué gano yo?, lindura, en esta vida se gana o se pierde, no estoy dispuesto a ser el caballero andante, ésas son las mierdas que hacen creer en las películas. Dime, ¿qué es lo que debes hacer?
Ella comenzó a parlotear sin sentido, uniendo sus manos con fuerza sobre su regazo, hilando oraciones que no parecían tener principio o fin. Sus ojos azules nunca se dirigieron a él, sólo miraban a un punto indefinido sobre su cabeza.
-Recapitulemos -ahogó una carcajada al ver que Elsa dejó su boca en forma de o-. ¿Debo entregarte mi camisa y dejarte acariciarme? -la rubia asintió, apenada-. Repito mi pregunta, ¿qué harás si te digo que no?
Ella suspiró.
-Tendré que encontrar la forma de quitártela yo -eso sonó interesante, al parecer no era tan mojigata como él creía.
-¿Qué estrategia llevarías a cabo? -llevó el vaso a su boca una última vez y lo abandonó en una mesa cercana. Por los signos en su rostro, ella se valdría de alguna artimaña. Aquello le gustaba.
Soltó una carcajada al ver que ella miró brevemente la piscina.
Ingenua.
-Tendrás que pensar otra cosa, eres tan frágil que no podrías tirarme -declaró taimado, divirtiéndose a costa de la chica. Provocarla resultaba entretenido-. Tal vez sería mejor que tú seas quien me quita la camisa, así no sería yo quien te estaría ayudando -ofreció extendiendo sus brazos hacia el suelo, permitiéndole tener acceso a la parte frontal de su camisa azul oscuro.
Y de pronto la mirada azulada mostró determinación.
"Interesante", concluyó en su cabeza, observándole tomar una mirada seria, que parecía fría. Así no era tan divertido, pero iba con ella.
Elsa dirigió una mano temblorosa al primer ojal, ubicado sobre su pecho, y presionó su dedo suavemente para que el botón entrara por el orificio hecho en la tela. Él le vio tragar saliva al sentir su mirada divertida sobre ella.
-¿No puedes seguir? -molestó, incitándola para saber hasta dónde era capaz-. ¿O ya te has dado por vencida? -aquello pareció dar el efecto esperado, porque ella siguió desabrochando su camisa.
Ahora fue él quien, de alguna forma, se sintió nervioso. La situación era condenadamente sexual y un tanto pervertida, ya que había pares de ojos observando las acciones de la rubia.
Demonios, se imaginaba haciéndolo en una habitación a solas.
El último botón llegó y fue su turno de tragar saliva, si no hubiera sido tan compuesto se habría sonrojado, aunque se agradecía que fuera de noche. Ella subió sus manos a sus hombros y tomó el cuello de la camisa para comenzar a quitársela.
Él se dejó hacer, sólo le ayudó a sacar los brazos de las mangas largas.
Quedó expuesto ante los ojos de ella, que viajaron en su pecho. Agradecía que su entrenador le obligara a hacer ejercicio y que el florete le ayudara a hacer músculos en sus brazos. No muy exagerado, pero lo suficiente para poder presumir.
-¿Te gusta lo que ves? -cuestionó para disimular, parte de su voz salió enronquecida.
Elsa colocó su camisa sobre su hombro derecho y llevó sus manos a su pecho. Sintió un escalofrío recorrerle, ella estaba nerviosa y sus manos se encontraban frías.
Así inició su tortura de un minuto. Ella acarició con timidez su pecho, provocando sensaciones en él que raras veces experimentaba.
"Mierda, me estoy excitando por una chiquilla inocente".
Trataba de pensar en otra cosa que no fuera en Elsa y él en una situación comprometedor, pero no podía hacerlo, era tentador, tener esas manos recorriéndole sólo podía describirse como magnífico.
Y sus caricias carecían de experiencia.
Tuvo que introducir su mano derecha en el bolsillo de su pantalón negro, para realizar un puño y esperar no revelar lo que ella provocaba.
¿Cuánto tardaban sesenta segundos?
-No pensé que pudieras hacerlo -dijo Hilde entonces, acercándose con una sonrisa maquiavélica-. Elsa, tienes mis respetos. Hasta el día de hoy, Hans nunca se ha quitado una camisa en público -después se fue.
Maldita bruja.
Elsa escuchó con asombro las palabras de Hilde, la incredulidad inundando su mente.
¿El que parecía tan arrogante nunca había presumido ese cuerpo que tenía?
Sus manos todavía cosquilleaban después de haber tocado la leve firmeza del tórax y abdomen. Definitivamente era la experiencia más vergonzosa que pudiera haber tenido. Habría sido preferible besarlo que acariciarlo con muchas miradas sobre ellos.
Estaba muy apenada.
Cerró sus ojos y tomó la camisa azul que posó en su hombro derecho, estaba inundada con una fragancia que no era penetrante a su nervio olfativo.
Se la extendió y él se la colocó con tranquilidad.
¡¿Qué había hecho?!
Su rostro tomó una coloración escarlata.
No volvería al instituto, se cambiaría de ciudad nuevamente, de estado, país, continente.
Tal vez Marte o la Luna querrían a una persona ocupándole.
Ahora pensaba estupideces, sólo lo había provocado el contacto con él. Le había recorrido un leve escalofrío al tocarlo por primera vez y casi olvidó dónde estaba.
Afortunadamente ya había pasado.
Suspiró cuando él terminó de arreglar su camisa.
-Gracias -musitó en voz baja, él asintió.
-No hay de qué, lindura, resulta increíble tu dependencia a mí, voy a pensar que algo debes tener conmigo, ten cuidado, será muy fácil enamorarse de alguien como yo -dijo con una nota divertida en su voz y, con una carcajada, ella liberó la tensión que había acumulado.
-¡Elsa! -llamó su prima Rach, se giró-. Ya llegó mi papá, es hora de irnos -asintió, volviendo a mirar a Hans. En un impulso se colocó en puntas para despedirse con un beso en la mejilla.
-Siento obligarte a algo que no querías, nos vemos -se despidió con rapidez, preguntándose por qué le había besado. Entró a la casa sin mirar atrás.
De haberlo hecho, habría observado la expresión sorprendida de Hans.
¡Hola!
Está súper fresco, si fuera antiguo la tinta se correría. ¿Qué les pareció?
Me pensé eso de incluir el típico beso, pero me dijo que no, mejor algo más original y medio atrevido, ¿hice bien?, ¿qué hubiera pensado el papá de su chica calmada?
La parte en la que baila Hans, seré sincera, me inspiró 13 going on 30, cuando el jefe de Jenna baila. Díganme que sí saben cuál es la película, digo, al menos la pasan cada mes en la televisión XD.
Otro punto, Alana es 'Mulan', MUtsu aLANa jajaj, juego mucho con las palabras, además a Anna le agregué el 'lise' por si en el futuro se me ocurre agregar 'Frozen', también sus cabellos son cobrizos y su mamá tiene un nombre distinto, Duane de Idun. También Olaf sale, pero súper discretito. Olfie. (Frozen Fan, otra vez coincidimos, las dos pensamos en el mentado peluche, acabo de leer y subo antes de comentarte). Arielle, de igual forma, tiene ojitos marrones.
Disculpen cualquier errorcito o si alguna letrita o palabra aparece mal, también si llegó a haber una parte sin entender. No lo he leído otra vez XD.
Un enorme abrazo a todos, un gran beso a lalocanaye y mis deseos de un próspero día,
HoeLittleDuck
PD: Por cierto, me faltó decir, algunas cosillas subidas de tono es por la adolescencia alborotada.
