Él suelta una carcajada burlona y ella forma una sonrisa tímida. El cabello rubio se mueve con el viento y las hebras rojizas terminan en unas patillas alargadas. Los ojos verdes tienen malicia, los azules encanto. ¿Qué se puede concluir? Siempre hay tiempo para Elsa... y también Hans.
Disclaimer: Por aquí o por allá, ni asomo de mí encontrarán. Si de casualidad llegan a reconocer algo, pues no es mío. Todo pertenece a sus respectivos creadores, aunque no me enojo si desean darme una mínima porción.
Aclaraciones/advertencias: Helsa-Hansla-Iceburns. Modern AU. OC. Puede que en algún momento llegue a tener OoC. Conjunto de historias sin orden aparente pero interconectadas entre sí. Los géneros se aclararán al comienzo de cada capítulo. Tal vez de lo que se carezca un poco sea de revisión. Me imagino que podrían haber momentos Fluff.
Genre: General.
Un momento u otro
Así es el paso del tiempo
Descendió del taxi y observó la altitud del edificio frente a ella. No podía decirse que era un rascacielos, pero definitivamente era un imponente lugar el bufete de abogados más importante de la ciudad. Era extraño para ella visitarlo siendo que no tendía a ir a sitios como ése -su hermana se encontraba todavía en la universidad y, sin embargo, esperaba poder trabajar en el exclusivo negocio al que todo estudiante de abogacía ansiaba entrar; por lo que no podía decir que era a visitarla-. Sus altas paredes estaban repletas de largas ventanas de vidrio polarizado, que no permitían ver dentro de las instalaciones, pero sí observar lo que hacían los transeúntes en su rutina diaria. Su fachada era simplemente elegante, además de los vidrios, uno veía el brillante color negro de las líneas que dividían los ventanales.
¿Qué más podía decir?
Sólo pensaba en opulencia al ver el edificio, lo que opacaba cualquier descripción.
Decidió ignorar esa clase de pensamientos que le impedían avanzar, enderezó su cuerpo y con la cabeza en alto ingresó a través de las puertas giratorias de la entrada, donde un guardia vestido de negro le observó detenidamente.
Él asintió cuando ella le manifestó iría a la recepción, el motivo no lo necesitaba y, ciertamente, no creía que el hombre pensara que ella no era inofensiva. En cambio, si Annalise llegara, lo más probable sería que le pidieran una identificación para condicionar su visita -su hermana estaba pasando por ese período de rebeldía universitaria, aun teniendo muchas reglas en su preparación como abogada-.
Llegó a la recepción y la amable anciana le indicó dónde quedaba el despacho del abogado que le habían recomendado. ¿Quién pensaría que estaría allí para enfrentar a un simple hombre?
Gaspar era un fastidio para su compañera Anabella y ella, no entendía cómo ese hombre podía insistir en que salieran con él, hasta el punto de ser un acosador. Tal vez aprovechaba que eran las nuevas educadoras en la escuela y pretendía que fueran sus víctimas. Aunque también el pelinegro era demasiado presuntuoso para creer que todas besaban el suelo que pisaba.
De cualquier manera, la situación se había alargado lo suficiente y pretendían darle un ultimátum, razón por la que ahora se encontraba en busca de los servicios de un abogado. Se detuvo y presionó el botón del ascensor, mirando su reloj otra vez para comprobar que llegaba a tiempo.
Sonrió al ver que así era. Las puertas del ascensor se abrieron e ingresó, indicó el nivel al que ascendería y observó la brillante superficie plateada en que se reflejaba. No se creía que hubiera finalizado la universidad un año antes y con veintidós años ya tuviera su título y ejerciera. Era un gran orgullo no sólo para ella, sino para la memoria de sus padres. Su aspecto podría parecer el de una adolescente, con su cabello rubio hasta su cintura, su esbelta figura y un rostro joven carente de maquillaje, pero sus capacidades la habían hecho merecedora de estar donde estaba.
No obstante, era problemático tener que trabajar y que uno de los hijos de los dueños pretendiera que podía obligarla a ser su pareja.
Suspiró y escuchó el timbre que indicaba había llegado a su destino, sorprendentemente nadie había entrado al ascensor, incluso considerando que era la hora del almuerzo.
Se dispuso a salir recordando la indicación de la recepcionista, era hacia la derecha. Dio unos pasos y giró, encontrándose con una barrera.
-¡Deténgase! -masculló muy tarde una voz masculina, con la cual chocó segundos antes-. ¡Maldita sea! -espetó el hombre, ella abrió sus ojos sorprendida. ¿Desde cuándo era tan torpe como para no fijarse por dónde iba?
Había sido un trágico accidente, la camisa y corbata azules del hombre se habían ensuciado con el café. Esperaba que no fuera su posible abogado.
-No esperaba que el día empeorara más -musitaba el hombre frente a ella, con la cabeza inclinada observando el desastre provocado por la bebida-. Lo que necesitaba, café hirviendo…
Elsa sólo recordaba tener accidentes extraños con una persona y… sus ojos se abrieron más. La voz. El cabello rojizo. Las patillas.
-¿No pretendes pedir perdón? -preguntó el hombre levantando su rostro y unos conocidos ojos verdes la observaron sin parpadear. Él soltó una leve carcajada-. ¿Elsa Delle? -inquirió el pelirrojo sonriendo de lado, ella asintió mecánicamente y sin necesidad-. ¿Alguna vez te hice que pagaras las dos que me debías?
Ella tuvo que reír, a pesar del leve sonrojo que adquirieron sus pómulos por ver a Hans Westergaard después de cinco años. No pensaba que encontraría a su primer amor tras todo ese tiempo.
Sacudió su cabeza discretamente, no podía comportarse como una chiquilla sólo por verle. Él aclaró su garganta.
-Es una costumbre tuya afectarme físicamente cuando nos encontramos -dijo Hans-. ¿Qué ha sido de ti?, ¿estás estudiando? -se desanudó la corbata y la apartó de su cuello, suspirando al ver la mancha-, en realidad ha pasado tanto tiempo desde Castle.
-Siento ocasionarte algún problema, Hans -hacía mucho que el nombre no había abandonado sus labios-. Me ha ido bien, concluí la universidad antes, estoy trabajando -sonrió al recordar a sus niños.
-¿Sí te dedicas a la Educación? -asintió en respuesta-. Me alegro de que cumplieras tu sueño -agregó él con voz agradable.
-¿Qué me puedes decir tú? -cuestionó pasados unos segundos-, ¿laboras aquí?
-Sí -Hans miró hacia lo lejos y negó-. Acababa de salir para un descanso de quince minutos, no deseo inmiscuirme pero, ¿por qué estás aquí?
Entendió su intención al preguntar, no era para decir que no podía costear los servicios, sino que era un interés amistoso, buscando que no tuviera algún problema legal. Realizó una mueca de desagrado.
-Hay un hombre que nos acosa a una compañera y a mí, me han recomendado a Eric Ship, ya que la situación podría tornarse difícil al ser alguien con poder -comentó-. ¿Cómo es el abogado? -quiso saber, era mejor tener mayores referencias, quién mejor que Hans para dárselas.
-¿Bromeas?, ¿no recuerdas a Eric?, ¿mi vecino? -cuestionó Hans en tono incrédulo, aunque puede que no fuera muy justo, habían pasado años. Los ojos azules de ella se abrieron en reconocimiento.
-¿Es el mismo? -le dedicó un asentimiento de cabeza-. El nombre era tan común que no lo relacioné con alguien del pasado-. Su maldecido amigo recibiría un regalo de su parte por ser bueno en su trabajo y el instigador para el encuentro con la rubia. Era cierto, eran jóvenes, pero cada uno había podido lograr reconocimiento por lo que hacían, a pesar de no llevar largo tiempo graduados. Desde la universidad habían logrado entrar al bufete y ahora estaban plenamente establecidos-. No tendré que preocuparme mucho -volvió a la realidad al escuchar sus palabras.
-Tal vez no -contestó, aun pasmado por volver a encontrarse con la rubia. Ella había quedado junto a su adolescencia tardía y a los recuerdos de su antigua ciudad, era increíble encontrarla tan semejante a antes. Los años no habían pasado en ella, seguía luciendo como la jovencita que le golpeó la nariz en su primer día de último año.
Sonrió ante el vago recuerdo y le hizo una señal para avanzar.
La guió hacia el despacho de Eric. Después de mudarse para ir a la universidad, con el único con quien mantuvo contacto fue con el pelinegro, debido a que los padres de ambos alimentaron la relación, que se vio fortalecida por el agrado mutuo. Abrió la puerta de madera con confianza y su amigo alzó su mirada, sonriendo al reconocer a su acompañante.
-Buen día -saludó Eric afable, levantándose de su asiento de cuero para darle la mano a Elsa-. ¿Quién pensaría que mi siguiente cita sería una antigua conocida?
-Es extraño -concedió Elsa-, pero, ¿creí que tu pasión eran las Relaciones Internacionales? -Eric y él rieron. El pelinegro negó.
-Al final Weselton mató todo mi gusto por ellas y los cursos antes de entrar a la universidad me obligaron a darme cuenta que no era lo mío; además, a mi esposa le agradan más los abogados. A Arielle le dará gusto escuchar de ti -Eric le miró a él-. Ya puedes irte, Hans.
Rodó los ojos y asintió en dirección a la joven.
-Un placer volver a verte, Elsa -expresó con sinceridad, brindándole una de sus acostumbradas sonrisas arrogantes.
-Fue agradable, Hans, nuevamente… -alzó su mano para indicarle silencio. Ella permaneció con la boca abierta antes de sonreír permisiva.
-Aun no has cambiado ese hábito de disculparte, admito que esta vez fui yo quien debí percatarme. Nos vemos, con permiso -se despidió con otro asentimiento de cabeza, devuelto por una sencilla sonrisa de ella.
Cerró la puerta tras de sí y avanzó hasta su despacho, ubicado a dos puertas del de Eric, debía cambiarse la ropa antes de ir a la reunión con los otros abogados para el próximo caso.
Abrió su armario de roble oscuro y extrajo una camisa blanca que combinaría con su traje azul. Buscó una corbata y sólo encontró la gris, recordaba no haber llevado otra. Se encogió de hombros, si el caso tenía una buena resolución, podría ocupar el siguiente piso y tendría una secretaria particular. Sonrió mientras desabotonaba su camisa.
Pensar en el caso le hizo recordar su día. Había comenzado pésimo, tuvo que desviarse para llenar su tanque de gasolina y llegó unos minutos más tarde a la reunión de la mañana, después recibió la llamada de un cliente reclamando sobre su ex esposa y las exigencias que le hacía ante el crecimiento de su empresa -él no se encargaba de divorcios, ¿qué no entendía?-, más tarde su computador perdió la información que mostraría para la reunión de la tarde, y luego…
Luego volvió a ver a la joven que había trastornado su existencia hacía algunos años. ¿Cómo podía ser así? Sus pensamientos se tornaban ridículos al tratarse de la muchachita con la que salió brevemente y con quien terminó para seguir el rumbo de su vida, cuando partió para la universidad.
Parecía creerse en una estúpida película, no podía verla y pensar que era otra oportunidad. Ya había crecido, sí, se había entusiasmado con ella en el pasado, pero su relación era cosa del ayer.
Elsa Delle era sólo un capítulo de su juventud.
-Ve con cuidado, Elsa -escuchó despedirse a Eric cuando volvía a su despacho tras su junta. A lo lejos observó la cabellera inconfundible de la rubia, ella se aproximaba al ascensor.
Apartó la mirada y se encontró con los ojos azules de Eric, acompañado de la fastidiosa expresión que le surgía cuando iba a salir con sus estupideces. Se preguntaba si el pelinegro había crecido.
-¿Todo bien, Hans? -cuestionó su amigo apoyándose en el marco de su puerta.
Bufó, como si no entendiera el juego que Eric quería comenzar.
-¿Qué quieres escuchar? -interrogó enarcando una ceja-. ¿Cómo me ha ido en la reunión? Perfectamente y no me estoy haciendo el listo, simplemente lo soy -manifestó con arrogancia.
Eric negó divertido.
-¿No crees que el destino quiere que estén juntos?, ¿cuántas veces te reencuentras con la mujer que removió muchos sentimientos en ti?, o, mejor dicho, ¿la única que consiguió hacerlo?
Puso los ojos en blanco ante la ridiculez que decía su amigo.
-No todos se casan con su novia de la adolescencia, Eric -aseveró con burla-. Mucho menos son tan felices con ella y esperan todos los hijos que puedan alimentar, y están tan mal influenciados que creen en el 'amor verdadero'. Eres iluso aun siendo abogado.
Eric soltó una carcajada alegre.
-Me ha dicho que Eugene comenzó a salir con Rachael hace cuatro años y que ahora planean su boda -arguyó el otro en respuesta-. ¿Qué me dices de él?
-Es alucinante -admitió introduciendo sus manos a los bolsillos de su pantalón-. Pensé que él sería el último en atarse, tal vez dejó de tener mi mala influencia después de que no volvimos a hablarnos -encogió los hombros-. Lo que hace ver a alguien del pasado, ahora pienso en los otros -dijo mientras llegaba a su mente los amigos que hizo entonces. Nuevamente, Elsa hacía que su pacífica vida se viera afectada.
-Trata de convencerte que no te importa, Hans. Sé que sí lo hace. Es natural -las palabras de Eric no sonaron nada tranquilizantes-. ¿Quién te conoció mejor que ella?
-Debí haber seguido frecuentando a Eugene en vez de a ti -masculló en respuesta-. Repíteme de nuevo, ¿por qué sigo teniéndote cerca?
-Porque en el fondo aprecias mi amistad, Westergaard -respondió Eric-. Soy todo lo que tú no puedes ser -completó dándole una palmada en el brazo.
Rió con fuerza ante la barbaridad dicha por el pelinegro y continuó su camino.
-Eso desearías -devolvió negando divertido.
-¡Westergaard! -llamó Eric y lo miró de reojo-. Volverá el jueves a la misma hora.
Hizo un ademán displicente con su mano izquierda y entró a su despacho.
Definitivamente su hermana no podía seguir proyectándole películas de amor cuando se reunían, no era sano haber pasado fantaseando toda la hora anterior, mientras regresaba a casa.
Bien, estuvo enamorada de Hans Westergaard. El hombre bajo su infinita arrogancia y astucia. Tuvieron una fugaz relación y quedaron en términos amistosos.
Eso era todo.
Hasta allí llegaron las cosas, no se habían prometido amor eterno, ni esperarse hasta que volvieran a encontrarse o planteado la oportunidad de una relación a distancia.
¿Por qué pensaba que al volverlo a ver retomarían su antigua relación?
Era probable que él tuviera a alguien más, que ella estuviera soltera no significaba que él también. No había más que buscarle a la situación. Lo había visto y punto final, lo frecuentaría algunas veces al visitar a Eric y ya. No tenía por qué inventar bonitas historias donde se casaban y tenían hijos. La vida real era distinta. Ya había pasado su tiempo de fantasear.
Es más, ¡ella no era una romántica empedernida!
-Déjate de tonterías, Elsa -susurró introduciendo sus llaves en el cerrojo. Llegar al refugio que era su apartamento le serviría para devolver sus pies a la tierra y parar a su imaginación estimulada.
Se deshizo de su abrigo negro y escuchó las conversaciones en su contestador. Su prima para recordarle la prueba de los vestidos, su hermana para pedirle el favor de cuidar a su perro durante su cita con un Christopher (¿por qué se preocupaba tanto por uno de sus muchos enamorados?), luego diciéndole que el mismo hombre adoraba a las mascotas y que no se preocupara por su linda mascota (tal vez finalmente había llegado el indicado), y nadie más, lo acostumbrado. Más tarde llamaría a Anabella para platicarle lo que Eric le dijo.
Se recostó en su sillón morado y sintió una caja dura bajo su trasero. Se hizo a un lado y alzó el objeto.
Sonrió.
¿Qué mejor forma de convencerse de que no habría nada con Hans sino viendo La boda de mi mejor amigo?
¡Hola!
Un lindo domingo para hacer una publicación y para enredar las cosas xD, bueno, ¿cómo están?, si hay review espero que dejen su respuesta a la pregunta.
Como lo dije en las advertencias, son interconectadas pero sin orden aparente, tengo que estimular la memoria :s
¿Se esperaban que los llegara a separar? jajaj, por el comienzo del OS tal vez tenían alguna sospecha relacionada con Hans. Aquí entrarán las complicaciones para mí, debo seguir la línea temporal del año de cuando se conocieron y la que viene después de su reencuentro. Tengo un afán en separarlos que me causa gracia (pude dejarlos juntos desde adolescentes, pero ya lo tenía pensado mucho antes de hacer el primero -no similitud con 'Paso a Paso', por favor-).
Mejor comento el capítulo (si fue un tanto confuso, eres libre de alzar tu mano y unirte a mi mentecita trastornada de madrugada). Aquí mencioné algunos detalles que pasarán a incluirse en el pasado, están perdidos entre la narración, pero los tengo muy en claro. ¿Les sirve la negación? Nosotros sabemos que no ;), no es del todo amor lo de su actualidad, pero hay algo allí que no concluyó :D, o háganse sus ideitas que tienen una muy buena imaginación activa. (Sólo no digan que los hombres o mujeres de sus edades no pueden pensar así, es la edad aproximada de mis amistades y se SORPRENDERÍAN, digo, no es como si yo no fueran fanática de Frozen xD)
Si ha quedado algún punto no muy claro, no se preocupen (que yo sí), en otro serán aclarados. Cuando comiencen a mezclarse demasiado los tiempos buscaré que mencionen una situación ocurrida antes, y así sabrán que va después de... por ahora va tranquilo, sólo he publicado cuatro :3
El próximo seguro tendrá dos sugerencias combinadas, provenientes de mis queridas A Frozen Fan y lalocanaye. Si no es así, ya las tengo en mente.
Bueno, feliz día, disfruten la semana y cuídense mucho,
HoeLittleDuck
