Él suelta una carcajada burlona y ella forma una sonrisa tímida. El cabello rubio se mueve con el viento y las hebras rojizas terminan en unas patillas alargadas. Los ojos verdes tienen malicia, los azules encanto. ¿Qué se puede concluir? Siempre hay tiempo para Elsa... y también Hans.
Disclaimer: Por aquí o por allá, ni asomo de mí encontrarán. Si de casualidad llegan a reconocer algo, pues no es mío. Todo pertenece a sus respectivos creadores, aunque no me enojo si desean darme una mínima porción.
Aclaraciones/advertencias: Helsa-Hansla-Iceburns. Modern AU. OC. Puede que en algún momento llegue a tener OoC. Conjunto de historias sin orden aparente pero interconectadas entre sí. Los géneros se aclararán al comienzo de cada capítulo. Tal vez de lo que se carezca un poco sea de revisión. Me imagino que podrían haber momentos Fluff.
Genre: Humor.
Súper dedicado a lalocanaye y A Frozen Fan. Sugerencia de un rato en la playa y molestia de Hans; y 'Campamento' del minuto de ideas. El uso fue un tanto literal, compañeras, aunque espero que les guste :), les agradezco enormemente su contribución al fic.
Un poco de lenguaje soez xD
Un momento u otro
La tranquilidad de una salida
-Estoy segura que se divertirán las tres juntas, Elsa -repitió su madre tras cuatro días de negar la salida con su prima y su hermana. ¿Qué su mamá no sabía el peligro de 'acampar' con ellas dos?
Elsa reprimió una carcajada sarcástica ante la suposición de su madre. No servía ser tan positiva, Anna y Rach se encargarían de ocasionar algún problema aun cuando su estancia en el bosque fuera de una hora.
Las conocía, y sabía que su padre tenía la misma opinión que ella, por la leve sonrisa que trataba de ocultar mientras las escuchaba hablar ubicado en el sillón rojo de la sala de estar. Edgar Delle le dirigió una mirada inocente que provocó una pequeña risa en ella.
-¿De qué ríes, Elsa? -preguntó su madre, indignada ante la falta de atención a su discurso-. ¿He dicho algo gracioso? -inquirió enarcando una ceja.
Su padre y ella dejaron escapar una carcajada. Su madre se cruzó de brazos.
-Amor -comenzó su padre y Elsa desistió de rodar sus ojos, él sólo utilizaba aquel tono dulce cuando quería complacer a su madre-, ¿has escuchado tu… eh… plática? -se notaba que había improvisado sus últimas palabras; sin embargo, provocaron el efecto esperado en Duane Delle, que elucubró durante unos momentos antes de reír.
-Tienen razón, Rachael y Annalise no son de fiar -admitió tras eliminar unas cuantas lagrimillas en el borde de su ojo-. Sólo no se los digan. En realidad, por eso busco convencerte a ti, cariño -le sonrió a Elsa con dulzura-, sé que contigo allí no deberé preocuparme. La zona es segura y muy cerca de la casa de mi hermana, pero una madre debe de ser precavida…
-En especial si se conocen a los hijos -agregó su padre, comentario que provocó una nueva ronda de risas.
Elsa introdujo la cuchara en el bote de helado y miró con enojo a su padre cuando él osó robar un poco del contenido. Nadie podía quitarle su chocolate.
Aquel momento fue el que Anna decidió para entrar a la estancia, brincando alegre por la oportunidad que tendría de salir a un breve campamento. La de cabellos cobrizos fue una niña exploradora en su antigua ciudad y quería volver a experimentar lo que era estar fuera.
La rubia se enfurruñó cuando su hermana le mostró la cuchara que cargaba en su mano antes de robarle el bote de helado. De nada le serviría reclamarle, Anna ganaría el argumento sin algún problema.
Ya se imaginaba la profesión a la que su hermana se dedicaría.
Se encogió de hombros y decidió subir a su dormitorio a alistar los artículos que llevaría al día siguiente.
Sus ojos azules detectaron el destello del sol sobre el mar. Era extraña la geografía de la ciudad, tenía lo que podía ser considerado una playa, pero en ella abundaba el bosque.
Elsa no era quién para cuestionar las maravillas de la naturaleza, sólo debía de… disfrutarla.
En la playa, había arena por doquier, de color oscuro, no del mismo claro que caracterizaba a las playas turísticas; las olas eran muy pocas, el aire que las alimentaba tenía una mínima corriente. En el bosque abundaban los árboles de copa alta, las plantas, ramas y enredaderas, así como flores de distintos colores y ocasionales animales, que no eran muy comunes sino en la zona alta, a las que los humanos no se acercaban mucho.
Barrió sus orbes y tragó saliva al ver el acantilado a la distancia, eso sería lo primero que evitaría que Anna hiciera. Era una suerte que Rachael temiera a las alturas, pero su adorada hermana tendía a aventurarse en cada travesía, por lo que mejor prevenía cualquier posible accidente.
Se alejó de la costa para adentrarse al pequeño prado donde las otras dos ubicaron la tienda de campaña de Hello Kitty en que dormirían -no sabía cómo podía existir una de semejante tamaño-. ¿Por qué no las ayudó? Sencillo, a ella no le entusiasmaba en lo absoluto acampar.
Caminó a través de los árboles que marcó con una tiza blanca. Perderse no estaba a discusión, ninguna de las tres era experta en lo que sentido de orientación se refería -Anna había fracasado en ese rubro cuando fue exploradora-.
Una exclamación abandonó su boca cuando el borde de su trenza quedó apresado en una pequeña rama.
-Por eso odias el aire libre, Elsa -masculló liberando sus preciados cabellos rubios. Debía tener cuidado o su cabellera sufriría las consecuencias del capricho de Anna y Rachael -que ella, como buena persona que era, tuvo que secundar-. Bufó y apartó un mechón rubio de su rostro.
Finalmente, tras recorrer el paisaje verde que dividía al bosque de la playa, llegó donde las otras habían concluido su tarea con éxito.
Parpadeó sorprendida, en realidad se habían superado aquellas dos. Reluctantemente debía admitir que el trabajo estaba bien hecho y que ella no podría haberlo realizado mejor. La tienda de campaña roja estaba sujeta desde sus cuatro extremos y se alzaba con la altura que indicaba la caja; al ser redondeada, se curveaba donde debía de hacerlo, provocando que la gatita sin boca no tuviera alguna arruga y siguiera disfrutando de su taza de té. Aunado a la tienda, Anna y Rach habían instalado las rocas para lo que sería su fogata y sólo esperaban las varillas que ella había ido a buscar -un trabajo relativamente sencillo y que no suponía gran esfuerzo-.
Notó con alarma la ausencia de las chicas bajo su cuidado y se movió con presteza para abandonar la madera en el pasto.
-¡ELSA! -brincó y soltó la carga en sus brazos. Giró enojada y observó las amplias sonrisas de su prima y hermana. ¡¿Qué les ocurría?!
-¿Qué opinas de nuestro trabajo? -cuestionó la adolescente infundada en pantalones deportivos azules y playera roja, que respondía al nombre de Anna-. ¿Es bonito?
-¿Dirás que somos magníficas? -continuó 'Rapunzel', que rápidamente se colocó junto a la tienda de campaña extendiendo sus brazos con entusiasmo; su vestido rosa había parecido un borrón por lo apresurado de su movimiento. Ella miró a la de cabellos cobrizos-. ¿Lo ves, Anna? La hemos dejado sin palabras.
Elsa no pudo evitar la pequeña risa que escapó de su boca.
-Son increíbles -sólo que no especificó si sus palabras eran una alabanza o insulto. Que indagaran ellas solas.
-¿Encontraste el riachuelo? -preguntó su hermana. Asintió. Estaba hacia la izquierda, atravesando un intricado camino de árboles, cuyas enredaderas y ramas le habrían causado estragos de no contar con su sudadera púrpura-. Entonces, ¡a la playa! -exclamó Anna y se desprendió de la ropa superior para quedar con un ligero traje de baño verde.
Negó al ver que su prima copió sus actos y corrió hacia donde se hallaba el sitio anhelado.
-Es octubre -musitó incrédula, generalmente aquellas dos eran sensibles al frío, pero lo olvidaron completamente ante su tiempo de diversión. Recogió las toallas y su preciado libro antes de dirigirse al sitio del que había vuelto recientemente.
Hans no anhelaba pasar tiempo con sus hermanos, pero había momentos en que disfrutaba no estar del todo solo. Como ahora, en que se dirigían a la playa a aprovechar que todavía las temperaturas no descendían lo suficiente.
Naturalmente, los habitantes de la ciudad estaban acostumbrados a que el termómetro anunciara una medida que diera calidez; así que el comienzo de la temporada fría resultaba ser un fastidio porque no les permitía deleitarse de las maravillas con las que contaba el lugar.
Rió ante otra de las estupideces dichas por su hermano Karl, el doceavo en la inmensa lista de hijos Westergaard. Los últimos seis eran quienes se dirigían a la playa en la camioneta del primogénito, que parecía seguir la costumbre de su padre y ya tenía cuatro retoños en su haber.
-¿Listo para el próximo viernes? -interrogó Will, el número ocho (lo admitía, era la mejor forma de identificar a toda la progenie), refiriéndose al encuentro de Esgrima regional en que participaría representando a Castle High, junto con los otros miembros del equipo.
-Siempre lo estoy -respondió arrogantemente y los otros cinco se rieron de su actitud, lo hacían en todo momento, por lo que estaba habituado a ello. Giró su rostro al tiempo que ponía sus ojos en blanco y vislumbró la entrada al espacio arenoso. Casi pudo sentir el agua fresca en sus miembros.
Karl exclamó de alegría al percatarse que, aun siendo sábado, el sitio estaba relativamente vacío, exceptuando por…
Sonrió imperceptiblemente, le pareció reconocer a una figura que reposaba cerca de una roca, con un libro entre sus brazos. ¿Quién sino Elsa leería estando en la playa? Lo más probable era que la rubia no comprendiera el significado de divertirse al aire libre.
Pero él se encargaría de que lo hiciera.
Recibió un golpe en la cabeza de parte de su hermano diez, impaciente porque no descendía del vehículo.
Tomó la hielera y su toalla del portaequipaje, haciendo planes sobre cómo molestar a cierta rubia que desde hacía un mes le gustaba incomodar.
Dejó el artículo más pesado en la arena y el liviano lo acomodó en la base trasera de su cuello y, casualmente, se encaminó hasta el sitio ocupado por una jovencita con pantalones cortos de mezclilla y una blusa de tirantes blanca.
Una sombra obstruyó la poca luz solar que había cuando se encontraba en la parte más interesante de su novela. Precisaba seguir leyendo, mas presentía que la persona a su lado se encontraba allí por ella.
Elsa marcó la página en que se detuvo y alzó su rostro, su vista ascendió desde un traje de baño varonil de color rojo hasta alcanzar una cara lamentablemente familiar -no sin antes recorrer un pecho que incluso había tocado en una fiesta mes atrás-.
Eliminó la sonrisa de su cara al reconocer a Hans Westergaard -su constante tormento- que, por su parte, le obsequiaba la misma mueca divertida y socarrona que le provocaba fastidio.
-¿Qué se te ofrece? -preguntó con la mayor diplomacia que pudo, tener al pelirrojo cerca presagiaba un mal. Desde la fiesta de Arielle Leg (gracias a la cual obtuvo una desafortunada popularidad), Hans había dedicado suficiente tiempo en, pues, hostigarle.
-Absolutamente nada, es un país libre -dijo él, antes de extender la toalla amarilla en la arena junto a ella, para luego irse cómodamente al agua, donde pudo notar su hermana y prima observaban entretenidas a cinco jóvenes.
Decidió no darle la satisfacción reubicándose y abrió nuevamente su libro.
Pero, claramente, el destino se confabulaba en no permitirle finalizar su lectura, pues nuevamente una sombra se posó sobre ella.
-¿Qué quieres, Hans? -cuestionó sin levantar la vista, aunque no continuó leyendo. Cerró los ojos al escuchar una risita femenina.
Anna.
-¿Quién es Hans?, ¿tu novio? -inquirió su hermana, su tono de voz divertido le indicó que ya tendrían con qué abrumarla. No alzó su rostro, porque éste le traicionó, un leve sonrojo había aparecido en sus pómulos-. Elsa… -continuó Anna en un susurro y la sombra desapareció cuando se acuclilló-, ¿te sonrojaste?
"¿Por qué existen las hermanas menores?", pensó desconsolada, mirando la arena a su derecha.
-Es el sol -de haber podido, su nariz hubiera tenido el mismo destino que la de Pinocho. Aunque no se sonrojaba porque le gustara Hans, no, sino por el recuerdo de la fiesta. ¿Por qué iba a gustarle un chico que se dedicaba a agobiar sus pacíficos días?-, ¿hay algo por lo que hayas interrumpido tu diversión? -decidió apartar la vista de la arena y miró a su hermana, la sonrisa de suficiencia no le gustaba, pero aquella fue reemplazada por una soñadora.
-¿Has visto a los chicos que acaban de llegar a la playa? -quiso saber la menor, señalando con la cabeza a seis jóvenes, entre los que reconocía la figura de Hans.
Sonrió conciliadora.
-Anna, tienes trece, el más joven deberá llevarte unos cinco o seis años -replicó lo más dulce que pudo. Sorprendentemente, Anna rió.
-No es por mí -señaló con una sonrisa-. Sino por Rapunzel, que estaba un poco triste desde que reveló en público que estaba enamorada del chico… -titubeó con el nombre, apretando sus labios dudosa.
-Eugene -completó, la otra asintió.
-Eugene… y por ti -Anna abrió los brazos con emoción-. ¡Espera!, ¿uno de esos es Hans, no es así? -su rostro volvió a traicionarle y no le quedó más que asentir-. ¿Cuál? -se negó a responder, la de ojos verde agua llevó uno de sus dedos a su mentón y lo acarició-. Veamos, ya que te niegas… -Anna observó a Rachael, que conversaba con uno de los hermanos, que era pelinegro.-El rubio, es guapo -recitó y su vista volvió a ella.
Elsa vio acercarse a Hans, mientras Anna repasaba los otros colores de cabelleras.
-¿El pelirrojo? -cuestionó en voz alta y, precisamente, en ese momento llegó el mencionado, que enarcó una ceja al llegar a ellas y buscar su toalla.
-¿Sí?, ¿hablando de mí, Elsa? -al hablar se dirigió a ella. Antes de que pudiera negar, su hermana se presentó:
-Soy Anna -saludó contenta-. Hermana menor de Elsa, ¿qué eres tú de ella?
-No lo sé -el pelirrojo se hizo el misterioso-, dime Elsa, ¿qué soy para ti? -sus cejas se alzaron sugerentemente.
Molesta, abandonó su sitio y se internó al bosque.
Hans observó con diversión las acciones de Elsa, que desaparecía entre los árboles; al enfadarse, sus ojos azules brillaban y su ceño se fruncía levemente, rogando por una paciencia que tenía a raudales, además, aunque no era muy notable, aparecía la leve marca del hoyuelo en su mejilla, como prueba de la mueca que reprimían sus labios.
Rió y la hermanita de Elsa le miró intensamente.
"Perfecto, una mocosa enamoradiza", se quejó mentalmente. Mas sus palabras le asombraron.
-¿Te gusta Elsa? -la pregunta le tomó desprevenido, ¿gustarle la rubia? Le agradaba molestarle y las expresiones que hacía cuando ocurría, eso no significaba que pudiera…
"Demonios"
No, no le gustaba.
-No -respondió con simpleza-. Disfruto importunarla.
-Ajá -dijo la chiquilla-. Eres peor que Elsa -concluyó antes de encogerse de hombros y caminar en dirección al agua.
En cambio, él dirigió una mirada al bosque y se colocó las sandalias playeras, decidiendo que la distracción entre los árboles era mucho mejor. Sus pasos tomaron el mismo rumbo y rápidamente distinguió las marcas blancas en los troncos.
Predecible.
Siguió su camino hasta llegar a un paraje, donde tuvo que reír ante la ridícula tienda de campaña de niña.
El mundo conspiraba en su contra, no necesitaba ser comprobado científicamente. Elsa ni siquiera podía disfrutar de tranquilidad en su fin de semana, no, tenía que ser perseguida por cierto pelirrojo que en estos momentos reía.
-¡¿Qué?! -espetó, acababa de llegar al sitio y buscaba concluir el capítulo veinte de su novela, ¡pero no le dejaban!
Pese a ello, no pensaba moverse nuevamente, estar apoyada en el tronco del árbol era muy cómodo, la hierba bajo su cuerpo era suave y había una tranquilidad completa en el ambiente.
Por supuesto, hasta que fue interrumpida por el ojiverde que reía.
-¿En serio?, ¿Hello Kitty?, ¿estás bromeando? -las preguntas le resultaron ofensivas, no era gran fanática de la gatita, pero él no tenía derecho a burlarse.
-¿Algún problema? -su voz sonó fría, justo el toque que esperaba darle. Él imitó un encogimiento.
-Ninguno -Hans apoyó su mano en su pecho en signo de un arrepentimiento que sabía no sentía-. No hay que tocar a su Majestad -lo último lo dijo con gracia.
Lo taladró con la mirada, la sonrisa pretenciosa de él era demasiado irritante. Constantemente la veía en la escuela, donde parecía que debía cruzarse al pelirrojo dos veces por semana -agradecía que sus grados y horarios fueran distintos-.
-¿Qué quieres, Hans? -pidió lentamente, respirando grandes bocanadas de aire.
Él avanzó calmado hasta ubicarse a su lado, tomando el libro que trataba de concluir.
-¿Por qué te molestas?, sólo trato de convivir contigo -indicó Hans, hojeando la novela y analizándola con ojo crítico.
-Ambos sabemos que no es cierto -masculló ella en tono bajo. Pidiendo que él no buscara dañar el tomo; aunque, dándose tiempo para reflexionar, se pudo dar cuenta que él nunca cometía esa clase de maldades con ella, sólo llegaba a sacarla de sus casillas con provocaciones sencillas.
Era muy voluble cuando se trataba de él. ¿Podía ser que…
-Interesante -musitó Hans y ella le miró, había estado hilando sus pensamientos que pasó desapercibido el hecho de que él la observaba.
-¿Tengo algo? -cuestionó llevando su mano derecha a su cara, él sonrió con tranquilidad, no con una de esas expresiones arrogantes.
-Te ves tan perfecta como siempre -le pareció que Hans se percató de sus palabras, porque negó divertido y le devolvió el libro, se colocó en pie y preguntó: -¿Puedo? -señalaba la tienda de campaña. Elsa se encogió de hombros y musitó un 'Como gustes'.
Muy tarde recordó a su amigo. Sus ojos se abrieron, dejó de lado el libro y se levantó, pero ya no podía evitar otra forma de él de humillarle.
Hans tomó con cuidado el pequeño osito blanco de peluche, en su pecho tenía un listoncito azul que le hacía lucir adorable -adjetivo que no era muy varonil de su parte-. Lo analizó y sonrió, principalmente cuando cierta rubia se ubicó a su lado.
Podía apostar a que era suyo, estaba demasiado cuidado como para ser de otra persona. Se divertiría.
-¿Tu hermanita todavía carga a su osito de peluche consigo? -casi empezó a reír al ver el diminuto bochorno en el rostro de la rubia-, ¿cómo se llama?
-Olfie -musitó Elsa en voz baja, mirando con ojos temerosos al muñeco, seguramente por cualquier daño que quisiera hacerle.
-Nombre curioso, ¿algún significado? -ella negó, decidió tenderle una trampa-. ¿A tu hermana no le importará que lo regale? -los ojos de Elsa se abrieron de par en par-, tengo muchos sobrinos y a ellos les gustan los peluches -conversó animadamente-, son pequeños y puede que ocurran accidentes -hizo una pausa breve-, ¿se los puedo dar? -recibió una negativa, acarició al muñeco con delicadeza-. ¿Cuándo lo nombraste?
-Tenía do… -Elsa calló.
-Ya sabía que era tuyo, bonita -dijo de forma sencilla-. No creo que pueda estar más cuidado por otra persona que no seas tú -el peluche volvió a la tienda de acampar, junto al bolso de viaje negro que seguramente era de las hermanas, pues sólo habían dos, lo que significaba que el rosa era de la castaña que las acompañaba. Parpadeó al ver que Elsa se perdía hacia un punto indefinido a su izquierda.
Se percató que no había marcas, por lo que podía perderse.
Lo más seguro sería seguirla, él conocía mejor el lugar que ella.
-¡Qué humillación! -repitió desconsolada, no sentía vergüenza por tener a su amiguito, sino la manera en que había caído en el juego del pelirrojo, que seguramente había decidido divertirse a costa suya, como siempre.
Inclinó su cabeza evitando una rama baja, llegaría hasta el riachuelo, refrescaría su rostro y esperaría el tiempo prudente hasta que Hans se fuera del sitio donde acamparon. Era una lástima que olvidara su libro allá, pero se concentraría en los pececillos.
Escuchó el crujir de una rama tras de ella y, al voltear, se encontró con Hans, estaba a unos cuantos metros detrás suyo, caminando sobre los troncos recostados que obstruían el paso, muchos de los cuales parecían llevar mucho tiempo allí.
Suspiró.
-¡Elsa!, ¡detente!, ¿sabes hacia dónde vas?, puedes perderte -explicó el pelirrojo y su mente le dijo que si no se detenía a mirar podía cumplirse la suposición de Hans, pero siguió sin tomar en cuenta sus palabras-. ¡Lo lamento! No debí molestarte.
-¡Entonces deja de hacerlo! -exclamó frustrada.
-¡Bien!, ¡lo haré!, da media vuelta y regresa -pidió el otro. Estuvo a punto de girar cuando escuchó el sonido de rompimiento-. ¡Mierda! -gritó Hans. Abrió sus ojos, dio vuelta y lo encontró con el pie introducido en un tronco resquebrajado.
-¡Hans! -dijo aproximándose, el pelirrojo seguía utilizando improperios, pero levantó la vista al ver que ella se acercaba-. ¿Estás bien?
-¡Carajo! Esa es la peor pregunta que puedes hacer, ¡maldita sea!, ¡duele! -reveló mirando el sitio donde se encontraba su extremidad.
-¿Puedo ayudarte? -cuestionó preocupada, él la siguió y ahora estaba lastimado.
El pelirrojo llevó sus manos a su cara, en gesto de dolor. Negó.
-Creo que es una torcedura -musitó con voz cortada.-Busca a dos de mis hermanos -completó haciendo una línea con sus labios.
-¿Estarás bien?
-¡Mierda!, ¡no! -espetó él enojado, ella brincó. Hans suspiró-. El encuentro del viernes -susurró e hizo un puño con la mano.
El pelirrojo negó y se dedicó a dar instrucciones a Elsa para que regresara a la playa, yéndose ella rápidamente; apretó los dientes, una sola vez había sentido esta clase de dolor y sólo podía significar que definitivamente el viernes no competiría.
Se lo merecía por estar molestando a la rubia.
Suspiró y miró su pie en el espacio que le permitía el tronco, se estaba inflamando. Trató de no moverlo. Si tenía suerte sólo estaría así una semana y después comenzaría la rehabilitación.
Quería gritar de frustración, mas no lo hizo, porque escuchó las voces de Karl y Will, acercándose. Detestó la mirada de pena del segundo, el primero tomó su faceta de estudiante de medicina y comenzó a ayudarle a sacar el pie.
Lucía mejor de lo que pensaba. Karl empezó a palpar y no pudo evitar la exclamación de dolor por el leve toque de su hermano, sintió una mano en su hombro y miró los ojos preocupados de Elsa. ¿No podía ser que ella se culpara, o sí?
Ignoró a la joven ante otro toque de su hermano, que suspiró.
-Lo lamento Hans, es un esguince -cerró los ojos en respuesta. Confirmarlo era mucho peor que creerlo. Asintió-. Will y yo te ayudaremos a avanzar, te colocaremos hielo y te llevaremos al hospital.
Después del suceso con Hans, el fin de semana de Elsa se tornó un poco sombrío. Sabía que no era completamente su culpa (y según Rach no tenía por qué serlo), pero no podía hacer a un lado el sentimiento. No sabía qué habría dicho el doctor, mas se sentía mal por el pelirrojo, ya que sabía estaba entusiasmado por la competencia aunque no lo dijera.
Suspiró y cerró las puertas de su automóvil, era lunes y esperaba poder ver a Hans para disculparse. Precisamente el vehículo negro de él atravesó la entrada y lo vio estacionarse en su sitio habitual.
Esperó pacientemente y escuchó las exclamaciones incrédulas de los adolescentes en el estacionamiento cuando Hans descendió del lado del copiloto, apoyándose en unas muletas.
¡¿Qué habrá pasado?!, ¡no competirá el viernes!, ¡pobrecito!, ¡seguramente ocurrió mientras practicaba!
No le pasó desapercibido el gesto de hastío del pelirrojo, que avanzaba junto a Eric Ship, quien había conducido su auto.
Ella se acercó titubeante a Hans. El amigo se alejó con un asentimiento de cabeza.
-Lo siento, si yo no… -comenzó a disculparse, pero él negó.
-No es tu culpa, Elsa. En verdad -sonrió de lado-, fui yo quien estuvo molestándote.
-Lo sé, pero… -Hans volvió a interrumpirle.
-Me enfadaré si insistes, fue un accidente, que ocurran es más probable de lo que creemos -explicó él, tomando el rumbo de la rampa para minusválidos-. Pero no te preocupes, me tendrás molestándote aun cuando mi pie no esté en buenas condiciones.
Ella tuvo que reír, abrió la puerta y le dejó pasar.
-¿Hay algo que pueda hacer? -cuestionó cuando se tranquilizó.
-Déjame pensarlo y te diré, por ahora sólo no le digas a nadie cómo pasó -él le guiñó un ojo antes de despedirse de ella.
Ahora que lo pensaba, sus suposiciones fueron falsas, a diferencia de Anna y Rachael, ella sí ocasionó un problema.
Lástima que las consecuencias no hayan sido para ella.
¡Hola!
Jeje supongo que sí me malinfluenció A Frozen Fan en el aspecto de Hans fastidiando a Elsa xD, pero así fue la ideita de lalocanaye y sabía que AFF le gusta que eso ocurra.
¿Cuál es la opinión del OS?, espero poder leerla cuando esté en mis cinco sentidos, ahora mis ojos se cierran, pero era preferible actualizar súper temprano (para mí) y no muy tarde ya catalogado como mi domingo xD.
El caso es que volví al pasado, como en algún momento lo piensa Elsa (y queda claro en la narración), es después del reto, por lo que sus manos ya están contaminadas ;), e incluí otro aspecto, que, como en el futuro, al comienzo se niegan que se gusten (cómo me divierto con eso).
Bueno, será un OS largo y nota corta,
¡cuídense mucho!
HoeLittleDuck
PD: Frozen, una pequeña parte de mí me hace imaginar que te referías al campamento con varios chicos xD, si hubiera la posibilidad, haré un OS así.
