Él suelta una carcajada burlona y ella forma una sonrisa tímida. El cabello rubio se mueve con el viento y las hebras rojizas terminan en unas patillas alargadas. Los ojos verdes tienen malicia, los azules encanto. ¿Qué se puede concluir? Siempre hay tiempo para Elsa... y también Hans.


Disclaimer: Por aquí o por allá, ni asomo de mí encontrarán. Si de casualidad llegan a reconocer algo, pues no es mío. Todo pertenece a sus respectivos creadores, aunque no me enojo si desean darme una mínima porción.


Aclaraciones/advertencias: Helsa-Hansla-Iceburns. Modern AU. OC. Puede que en algún momento llegue a tener OoC. Conjunto de historias sin orden aparente pero interconectadas entre sí. Los géneros se aclararán al comienzo de cada capítulo. Tal vez de lo que se carezca un poco sea de revisión. Me imagino que podrían haber momentos Fluff.


Genre: Family.


Un momento u otro

Uno más


Hans acomodó a Emma en su asiento en la isla de la cocina y de reojo vio que Phillip se ubicó en su lugar, después de repartir los cubiertos y tenedores para el desayuno. Sonrió y se dirigió al refrigerador para buscar el jugo de naranja y servírselo a sus hijos.

Tomó los dos vasos y los llenó con la cantidad suficiente para entretener a los niños mientras él preparaba los alimentos. Al ser domingo, la presencia de Geraldina, su ama de llaves y niñera, no era tan necesaria como los días de semana. Además, él era perfectamente apto para preparar una comida sencilla.

Elsa era la que tenía mayores habilidades de los dos, y quien disfrutaba cocinar, pero decidió que lo mejor era dejarla descansar. Su vientre estaba lo suficientemente abultado como para andar de un lado a otro, no faltaba mucho para que su hija naciera. Reunió los ingredientes y los colocó en la mesa.

Phillip y Emma le miraron romper un huevo en un tazón, para mezclarlo con la harina de los hot-cakes. Ellos tenían una fascinación por los panqueques, principalmente si los acompañaban con sirope de chocolate, mala costumbre imitada de su madre. Vertió la leche necesaria y la mantequilla que había derretido previo al despertar de sus hijos. Preparó el sartén con muy poco aceite y se dedicó a revolver la mezcla en el tazón.

Escuchó el sonido de un reproductor y suspiró, Elsa no pudo permanecer dormida por más tiempo. Negó y dejó caer un poco de la mezcla en el sartén.

El aroma de los panqueques se impregnó en el aire y escuchó las exclamaciones de alegría de parte de los niños, acompañada de otra no tan infantil. Miró la entrada de la cocina y encontró a su esposa apoyada en el marco blanco que rodeaba a la compuerta.

-Buenos días -saludó ella, avanzando con la lentitud que le caracterizaba en los últimos meses de su embarazo, colocando su mano derecha tras su espalda, sobre el batín rosa que cubría su pijama de flores. Elsa se acercó hasta sus hijos y les repartió los besos de las mañanas.

-Buen día -devolvió él yendo hasta ella. Le dio un corto beso en los labios y extrajo la silla para ayudarle a sentarse.

La rubia negó y tomó el utensilio de cocina que tenía en su mano, pidiendo continuar con la preparación del desayuno, que se quemaría de no prestarle atención.

-Elsa -replicó y ella rió en voz baja, dándole vuelta al panqueque. Frustrado, se mantuvo cerca mientras su esposa insistía en seguir junto a la estufa. Por eso había querido bajar antes y evitar que ella se empeñara en hacer su voluntad. Cuando hubo cuatro panqueques en el plato, lo tomó y los repartió para que sus hijos comenzaran a alimentarse.

Le entregó el suyo a Phillip y comenzó a cortar el panqueque de Emma; durante la tarea, siguió observando a Elsa mientras ella se entretenía cocinando, frunciendo el ceño entre momentos.

-¿Ocurre algo? -preguntó en un susurro, apartándose de Emma y dejándole comer, Elsa estiró su mano para tomar la suya y la colocó sobre un punto en su vientre, donde pudo sentir la fuerte patada de su pequeña. Era un poco más debajo de su busto, para esta fecha la bebé estaba posicionada para descender durante el nacimiento.

-A ninguno de los miembros de la familia le gusta el soccer, ¿cómo ella disfruta dando patadas? -él rió y besó su frente, sabiendo que pese a la molestia, Elsa apreciaba que su hija quisiera darse a notar en todo momento, signo de su bienestar.

-Ya pronto la tendremos llorando, amor -musitó en su oído y la sintió estremecerse, ella era sensible en esa parte de su cuerpo, lo cual él sabía perfectamente.

-Te he dicho que no me gusta -masculló Elsa mirándole con fingido enojo.

Hans se separó con una sonrisa arrogante y buscó el plato en la mesada para colocar otro de los hot-cakes. Hizo un corte, picó con el tenedor y lo aproximó a la boca de Elsa, que lo recibió gustosa aun con la falta de chocolate. Cortó otro pedazo y esta vez masticó él.

Miró sus hijos, entretenidos charlando sobre las formas que hacían con el jarabe de chocolate. Se percató que sus vasos de jugo estaban quedándose vacíos. Partió un nuevo trozo de panqueque y lo introdujo a la boca de Elsa antes de alejarse para tomar la jarra de jugo y servirle más bebida a sus hijos.

Abrió uno de los armarios de cocina y extrajo dos vasos de vidrio. En ese momento la canción cambió, para dar inicio a una de las que sonaba últimamente en cualquier parte.

Emma comenzó a mover su cabeza de izquierda a derecha, provocando que los cabellos sobresalientes de sus coletas tomaran diferentes direcciones.

-Well, yu don don me, an yu bet I felt it -cantó la pequeña con voz dulce, siguiendo la letra de la canción. Él le regaló un guiño a su hijo cuando éste comenzó a reír. Sirvió jugo en uno de los vasos.

-I tried to be chill but you're so hot that I melted; I fell right through the cracks, now I'm trying to get back -continuó Hans pasando tras de Elsa para darle el vaso, no sin antes de cantar el final de la estrofa en su oído. Un escalofrío la recorrió-. But I won't hesitate no more, no more, it cannot wait I'm yours… -la dejó para que pudiera beber el jugo.

Él había sido quien agregó la canción en el reproductor, principalmente para fastidiarla, aunque tiempo atrás se dio cuenta que ella la tarareaba cuando la escuchaba.

-Well open up your mind and see like me; open up your plans and damn you're free -siguió y recibió el vaso, cantando en su oído.

-Ya basta Hans -dijo ella, Emma había dejado de cantar y los observaba, junto a Phillip, divertidos por sus ridículos intentos de jugar con ella. Alzó las manos en rendición y asió el plato con los demás panqueques. La música siguió sonando de fondo-. Gracias -manifestó Elsa con diversión, antes de hacer una mueca de dolor.

-¿Elsa? -ella negó, pero tomó su mano y la apresó con fuerza.

-Es una de esas contracciones falsas, debería haberme acostumbrado después de dos embarazos -él tragó saliva, ese era uno de los aspectos malos, no le gustaba el dolor que tenía que soportar. Con su mano libre acarició la parte baja de su espalda, luego le ayudó a sentarse para continuar el desayuno.


El ojiverde miró el reloj nuevamente, ya no le parecía que fueran simples contracciones las que Elsa tenía, en las últimas dos horas presentó tres, lo que decía que estaban siendo más frecuentes con el tiempo.

La rubia dejó de apretar en libro en su estómago y respiró como ya sabía que debía hacerlo. Le vio fruncir el ceño antes de suspirar.

-Habrá que llamar a Anna y Christopher -musitó observando a Emma y Phillip, que coloreaban apoyados en la mesita que colocaron en la sala de estar, para no tenerlos tan apartados. Hans le alcanzó el teléfono, pensando que en un día ya podrían sostener a su nueva bebé. Apretó la mano izquierda de Elsa y se levantó del sillón para ir a preparar los artículos que sus hijos necesitarían al estar en casa de su cuñada.

Ascendió las escaleras y entró a la habitación de Phillip, decorada como una selva, buscó el pequeño bolso para guardar su ropa y dejó lista la mochila para el día siguiente, en que tenía escuela. Introdujo unos pantaloncillos de mezclilla y una camisa roja, así como el uniforme escolar, pijama y ropa interior, también anexó el libro de cuentos que insistiría le leyeran por la noche. Guardó dos pares de zapatos, tomó el cierre y terminó su tarea.

Salió y cruzó el pasillo para entrar al dormitorio de Emma, pintado en tonos violetas, con diseños de castillos. Al buscar una maletita rosa, su pie se encontró con un peluche viejo, pero aun conservado.

Sonrió.

Encorvó su cuerpo y recogió a Olfie, que ahora tenía una leve tonalidad grisácea, provocada por el tiempo y no la suciedad. Abrió los pequeños armarios blancos y halló fácilmente el pijama de princesa de Emma, su ropa interior y dos de sus vestidos, ya que ella aun no asistía al jardín de infantes. Buscó el calzado y lo metió junto al peluche.

Decidió que era suficiente, por lo que fue al baño en busca de los cepillos dentales, después bajó y dejó todo muy cerca de la entrada de la casa.

-Vendrá Anna a buscarlos -expresó Elsa cuando volvió a la sala de estar, su voz sonó entrecortada, tenía otra contracción.

-Muy bien, después nos iremos al hospital -aseguró sentándose en el sitio que estuvo antes, para acariciarle su espalda-. Niños -llamó, ellos alzaron la vista-, hoy dormirán con tía Anna, hay que colocarse sus zapatos para salir -ambos asintieron y corrieron rumbo a la puerta principal.

Emma volvió pasado un minuto, caminando lentamente para no tropezarse con las agujetas de sus tenis.

-¿Puedes, papi? -pidió observando a su mamá. Él asintió y apartó su brazo derecho de Elsa, cargó a Emma y la colocó a su izquierda, para que ella estirara su pequeña pierna derecha-. ¿Mami? -dijo para atraer la atención de Elsa.

-¿Sí, amor? -respondió la rubia, sin necesidad de enmascarar alguna contracción, ya había pasado.

-¿Pronto conoceremos a Lily? -interrogó Emma con una sonrisa. Él sonrió mientras terminaba de anudar las agujetas.

-Así es, corazón. ¿Te portarás bien con tía Anna y tío Chris? -Emma asintió rápidamente-. ¿Me das un abrazo? -la niña descendió del sillón para llegar donde su madre y envolver sus bracitos alrededor de su cuello.

-Te quiero, mami -susurró con voz dulce. Elsa le dio la respuesta en el mismo tono. Se escuchó el sonido de cuando se introducía una llave en la cerradura y la exclamación de Phillip al saludar a su tía favorita.

Momentos después la hermana de Elsa apareció en el umbral, sonriéndoles ampliamente, llevando de la mano a su hijo.

-Así que, ¿será un ocho de febrero? -preguntó divertida-. Seis días y se habría llamado Valentina -completó con una sonrisa. Los tres adultos rieron-. ¿Cuánto?

Emma se separó de su madre y corrió a saludar a Anna.

-Cuarenta y cinco minutos, pero parece que el trabajo de parto será corto, cada vez el tiempo disminuye más -respondió Elsa, dándole un abrazo y un beso a su hijo.

-Puede que sea a media tarde -analizó Anna, acercándose para saludarles. Phillip y Emma se despidieron de él con un abrazo-. Me llamas -le advirtió Anna antes de partir.

-Creo que el sillón tendrá un recordatorio de Lilian -susurró Elsa, pidiéndole el brazo para ayudarle a levantarse-. Rompí fuente -agregó observando la parte baja de su vestido verde, buscando si resultó afectado.

Hans le ayudó a caminar hacia la puerta y volvió por el bolso que ella tenía preparado.


Después de un corto trabajo de parto de cuatro horas, Lilian decidió hacer su entrada al mundo, sus pulmones tan potentes como las patadas que propinó a su madre mientras estaba dentro de ella. Hans estaba seguro que dos hijos tranquilos era demasiada suerte, la nueva adición a su familia seguramente tenía parte del temperamento de su animada tía, muy a su pesar.

Exhausta, Elsa extendió sus brazos para coger a la pequeña criatura de brazos de la enfermera que, llena de fluidos, era otro de los seres más maravillosos que podía haber en el mundo. Él ayudó a Elsa a tener fuerzas para sostener a su hija.

Besó la cabeza de Elsa cuando ella apartó su rostro de la pequeña Lily, comprobando su respiración, sus deditos, toda ella. Acarició a su hija con la mano izquierda, la otra se mantenía tras de su esposa.

Sintió la tersa piel de bebé bajo sus dedos y no se arrepintió de estar en las mismas condiciones que Elsa, derramando un par de lágrimas de felicidad. No podía evitar la emoción que sentía cada vez que uno de sus hijos había llegado al mundo. Lily movió su boquita y su llanto comenzó a disminuir.

-Aquí te tengo, mi amor -le dijo Elsa en susurros-. Ya estás con mami y nunca te vas a separar, de mí ni de papi.

Posteriormente llegó la enfermera para limpiarla de la forma correcta, así como el momento de Elsa para expulsar la placenta y luego poder asearse. Él, con un acuerdo establecido sin necesidad, fue donde llevaron a su hija y se permitió disfrutar de sus primeros minutos de vida.

Le seguía asombrando lo maravilloso que era el ser padre de los hijos de la mujer que amaba. Sabía que seguirían las noches de desvelos, los pañales, los cuidados extremos y muchas otras experiencias, pero valían la pena. Cada uno de ellas. Aun cuando otros no lo pensaran, era un padre devoto, que quería disfrutar todos los momentos de la vida de sus hijos.

Avanzó hasta la habitación de Elsa cuando la enfermera dirigió a su hija hasta allí, ya su esposa descansaba en la cama, esperando la llegada de su bebé. Él le sonrió, se inclinó en el cunero y tomó en brazos a Lily.

En verdad era maravillosa, perfecta. Su piel lucía un poco oscurecida y en algunas partes arrugadita, pero aquello no importaba. Con una suave caricia se permitió sentir el poco cabello sobre su cabeza.

Rubio.

Si no cambiaba, los genes de Elsa habrían dominado de nuevo.

Besó la diminuta frente tibia y caminó hasta ubicarse junto a Elsa, para entregarle a Lily. Momentos después de hacerlo, él bajó su cabeza y juntó sus labios.

-Te amo -susurró sobre ellos. Se separó y dejó un beso en su coronilla.

-Y yo a ti -devolvió ella.