Disclaimer: Pokémon no me pertenece es propiedad de Satoshi Tajiri .

Notas de autor: ¡Si te ríes de esto, te ríes de mis desgracias! Porque sí, todo esto me pasó, no el mismo día, pero soy demasiado torpe.

Advertencias: Cliché.

Alerta roja: Si vienes a joder porque no te gusta el yaoi considera que lanzaré una maldición sobre ti.

Gracias.


Aquel día era uno que presagiaba un desastre para su vida, como si una nube negra de desgracias se hubiera posado sobre él; incluso sus queridos Beldum se alejaban discretamente cuando pasaba cerca de ellos.

Les sonrió entre burlón y sarcástico mientras tomaba su taza de café que como no, se derramó sobre su camisa recién planchada manchando su chaleco también en el proceso. Juró en voz alta empezando a quitarse la ropa de forma tan rápida que su rodilla impactó contra el cajón inferior de la encimera dejándole un dolor palpitante en dicho lugar a la par que escuchaba un sonido metálico como si Metagross se riera de él desde su lugar fuera de la casa.

Pero eso no era lo peor, sino la constante melodía que le indicaba una nueva llamada; y no se necesitaba ser un genio para deducir que era su padre de muy malhumor porque era día de oficina (el único a la semana que tenía) y aún no había llegado.

Steven volvió a bostezar con la boca tan amplia como pudo, el no dormir le estaba pasando factura y después de su mala suerte nada más al despertar lo único que quería era volver a dormir.

En ese momento una cosa flotadora llegó hasta él y solo pudo sonreírle en agradecimiento a su Beldum que le había traído una camisa limpia de su armario, más no fue el único; un segundo traía a cuestas una camisa interior mientras un tercero traía su chaleco.

—Gracias chicos.—dijo empezando a colocarse la ropa limpia, al menos hasta que un olor a quemado inundó sus fosas nasales.

Se golpeó la frente dejándose caer de espalda a la cama y antes de querer gritar a todo pulmón se enderezó a sacar su carbón quemado de la tostadora. Definitivamente ese día se había levantado con el pie izquierdo.

Con un suspiro de resignación tomó una barra energética y una botella de agua mientras con rapidez metía a sus pokémon a sus poké ball y se dirigía a la puerta; sólo para que sus pies se enredaran con su chaleco que había tirado antes al suelo.

Más no cayó como esperaba pues algo lo detuvo antes, Mimi movió la cabeza mientras soltaba un gritito justo cuando Coco se lanzó contra el campeón para empezar a lamer su cara con gusto; sin duda era el pokémon de Ruby que más afecto le tenía desde que la había ayudado a evolucionar.

Steven se sonrojó cuando encontró al entrenador de ojos rojos parado en el umbral de la puerta con una expresión de sorpresa al ver todo el desastre que era el lugar, lo vio fruncir los labios antes de meterse completamente para cerrar la puerta tras de sí y dejar a Zuzu jugando con Metagross fuera. Ruby abrió varias alacenas y sacó unas cuantas cosas sin decir palabra alguna.

Pero casi de inmediato el lugar dejó de oler a quemado para ser sustituido por un aroma que hizo al estómago de Steven rugir sonoramente. Cuando terminó su labor, Ruby le sonrió alejando a sus pokémon de él.

—Hora del desayuno. —Dijo llevándolo a la mesa, donde un suculento plato se encontraba; y mientras Steven comía saboreando cada bocado Ruby revoloteaba acomodando todo.

Porque le debía el favor que le estaba haciendo y nunca pensó que alguien de esa edad tuviera tantos problemas un lunes por la mañana, sonrió sin quererlo mientras tomaba una corbata para Steven.

El campeón mirón de reojo la figura moviéndose como sí aquel lugar le perteneciera y su pecho se sintió cálido por un segundo, después recordó que era jodidamente tarde y tenía que apresurarse.

—Tengo que irme— habló levantando el plato de la mesa—, más tarde te buscaré.

Ruby frunció el ceño, y él que pensaba que podrían pasar más tiempo juntos, después de todo había prometido enseñarle a besar.

El adolescente no fue capaz de reaccionar cuando una mano elevó su barbilla para que lo mirara a los ojos, sus mejillas se tiñeron carmín antes de sentir como era besado con gran habilidad que incluso sus piernas temblaron provocando que su cadera fuera atraída para poder ser sostenido.

Era más intenso que el del día anterior, pero no lo suficiente como para dejarlo satisfecho pues Steven lo dejó ir en el mejor momento, más sólo bastó con ver la sonrisa del campeón como para que aquello dejara de importar.

—Te compensaré por lo de hoy.

Salió de la casa sólo para caer de lleno en la tierra cuando Metagross se movió por jugar con Zuzu, Ruby se tragó su risa solo hasta que Steven estuvo lejos de su vista intentando recuperar la poca dignidad que le quedaba; porque podía ser uno de los entrenadores más fuertes y serios de la región, pero cuando amanecía con el pie izquierdo era todo un espectáculo digno de admirarse.

Y tal vez, sólo tal vez; estaba empezando a enamorarse de él.


A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario es, como han dicho otras autoras:"como manosearme la teta y salir corriendo."

Hayden