Él suelta una carcajada burlona y ella forma una sonrisa tímida. El cabello rubio se mueve con el viento y las hebras rojizas terminan en unas patillas alargadas. Los ojos verdes tienen malicia, los azules encanto. ¿Qué se puede concluir? Siempre hay tiempo para Elsa... y también Hans.
Disclaimer: Por aquí o por allá, ni asomo de mí encontrarán. Si de casualidad llegan a reconocer algo, pues no es mío. Todo pertenece a sus respectivos creadores, aunque no me enojo si desean darme una mínima porción.
Aclaraciones/advertencias: Helsa-Hansla-Iceburns. Modern AU. OC. Puede que en algún momento llegue a tener OoC. Conjunto de historias sin orden aparente pero interconectadas entre sí. Los géneros se aclararán al comienzo de cada capítulo. Tal vez de lo que se carezca un poco sea de revisión. Me imagino que podrían haber momentos Fluff.
Genre: Friendship/Romance
Para Maria y JDayC.
Un momento u otro
Diversiones nocturnas
—Realmente no estoy muy segura de lo que quieres que hagamos, Hans —manifestó Elsa en un susurro de lo más suave, jugando con sus dedos en un gesto que demostraba nerviosismo. Tenía sus manos sobre el pantalón negro que se había visto obligada a usar por insistencia de Hans (al igual que la playera negra y la gorra que cubriría su cabello rubio para no destacar en medio de la noche —el mismo atuendo que él tenía).
Ocurría siempre que él era una mala influencia para ella.
Pero una parte de ella sentía emoción y ansias de hacer algo fuera de lo común, o, mejor dicho, más allá de lo que haría la "magnánima Elsa", como decía el pelirrojo que estacionaba en ese mismo momento en un lugar solitario de la calle, junto a un hidrante en la acera.
Tal vez era una mala idea después de todo, cuando se relacionaba con Hans, las cosas tendían a salir, eh, no del todo bien. Sí. Por no decir que eran pésimas las circunstancias tras alguna ocurrencia que tuviera ese pelirrojo manipulador al que consideraba su mejor amigo. Debía rememorar el fiasco de San Valentín de tres semanas atrás, como prueba.
—¿Ya te desanimaste, Elsa? —inquirió él, abriendo la puerta de su auto, obligándole a hacer lo mismo.
Caminó con reticencia a la parte trasera del vehículo negro y le ayudó a sacar las latas de pintura del maletero, con el arrepentimiento empezando a superar ese interés por demostrar sus habilidades artísticas en algo que no fuera papel y que saliera de lo ordinario.
Cogió las brochas y suspiró, rompiendo el silencio apacible de la noche. No creía que a la una de la mañana hubiera muchas personas despiertas, por lo menos en ese vecindario, que parecía de lo más tranquilo.
El ulular de un búho rompió su calma y Hans dejó escapar una risa divertida.
—Tranquilízate —dijo él, cerrando con habilidad el maletero, pues en sus manos tenía cuatro latas de pintura. —No pasará nada, te he asegurado que la casa a la que vamos está abandonada, le haremos un favor con tus buenas habilidades artísticas —completó, instándole a avanzar hacia su izquierda, pues explicó anteriormente que el edificio al que irían estaba a unas casas del lugar en que aparcarían.
Parecía que lo tenía bien planeado.
—Recuerda que sólo pintaremos la fachada de la casa para que cumplas tu anhelo de hacer algo prohibido —ella le dirigió una mirada cruel—, ¡hey! No me mires así, sabes que muy en el fondo tienes ganas de romper las reglas, aunque sea por una vez. No es vandalismo lo que haremos, sólo una contribución a la comunidad.
Elsa bufó por el arreglo de lo que consideraba un delito, pero admitió dentro de sí que era excitante lo prohibido. Obviamente, no se lo diría a él.
"Como si no supiera leerte lo suficiente, Elsa", pensó irónicamente, pero sonrió, y Hans le dirigió una sonrisa ladina, como demostrándole que adivinaba el curso de sus pensamientos.
Siguió caminando, ahora teniendo como fondo el silbido de Hans y el sonido de los grillos en la noche, y esos ruidos nocturnos del que era muy difícil designar la fuente, tal vez grillos. Observó que lo único que les ofrecía iluminación eran las luces de las casas en el camino, porque las de las lámparas de los postes de luz parpadeaban, dándole un aspecto más o menos tétrico al ambiente.
Debía alumbrar con la linterna que tenía en su cabeza, pero eso anunciaría sus presencias a algún vecino que estuviera despierto a esas horas. Como ellos.
—Llegamos —anunció Hans, y ella parpadeó observando la casa, o mansión, para ser más exacta.
Su fachada estaba pintada de un color claro, o eso podía distinguir con la iluminación que alcanzaba a llegar a ella, ya que ni siquiera había luna para ser ayudados. Sus ventanas estaban un poco descuidadas, porque parecía que necesitaban un arreglo en sus marcos (se sorprendía de poder percatarse de ese detalle tan nimio), no tenía luces que iluminaran el porche y no era fácil que pasara desapercibido el aire de abandono que rodeaba a la casa.
Su conciencia le tranquilizó al comprobar que no dañaría propiedad de alguien, según Hans le perteneció a un hombre que murió una década atrás, y nadie se había apropiado de ella, ni siquiera hubo parientes para heredarla.
"Seguramente luciría muy bien en todo su esplendor", determinó al estar más cerca, ya que se distinguían diseños de aves en la puerta principal y un bonito tallado en los barandales de la escalerilla que daba acceso a ella.
Se encogió de hombros y Hans le instó a ir al lado posterior de la casa, donde encontraron una amplia pared, con sólo dos ventanas de tamaño medio, una en lo bajo y otra en lo alto. Notó que la pintura era gris bajo, no equivocándose en la suposición que hizo antes sobre un tono claro.
Dejó la lata de pintura en el pasto al mismo tiempo que Hans, girando en su mano una de las tres brochas que llevaron.
Frunció el ceño al verlo abrir las latas, arrodillado en la superficie verde. —¿Por qué está cortado el pasto? —preguntó y él lo miró encogiéndose de hombros.
—Eugene vino a hacer ese trabajito hace una semana, la vecina se quejó porque la mala hierba le daba un aspecto horroroso a su casa, ya sabes, esas mujeres que se preocupan por todo. Te he dicho que no tienes de qué temer, Elsa. Estás conmigo.
—Creo que ésa es mi mayor fuente de temor —arguyó, pero soltó un suspiro, encendiendo la pequeña linterna y notando los colores que él había escogido. Rojo, azul, amarillo, verde, blanco y negro, perfectos si tuviera dónde hacer las…
Él salió corriendo tras la casa y ella abrió sus ojos atemorizada, preguntándose si debía seguirle o no. ¡Le dejó sola!
No obstante, antes de poder decidirse, él regresó con unos baldes viejos, sonriéndole con prepotencia.
—Me hieres, rubia, ¿pensabas que te dejaría aquí? —Hans negó repetidamente, soltando los baldes en el pasto, permitiéndole contar un total de seis. —Sabía que me reprocharías que sólo fueran colores básicos, ya no puedes quejarte de no poder hacer las combinaciones.
—¿Hay algo en que no hayas pensado?
—Quería traer emparedados —admitió con una sonrisa guasona—, pero hubiera sido sospechoso el día de mañana notar la desaparición de los ingredientes.
—Eres un payaso, Hans. —Apretó sus labios evitando reír y se acuclilló, tomando la lata con el amarillo y vertiendo su contenido en uno de los baldes, para luego asir la lata con el blanco y mezclarlos, obteniendo un tono parecido a la crema. —Escucha —señaló la pared frente a ellos—, ésta es mi mitad —dijo refiriéndose a la parte izquierda—, la otra es tuya, no estorbes mi obra de arte.
—Entendido, su Majestad. —Él llevó su mano a su cabeza e hizo un saludo militar, ella rodó los ojos.
Lo vio tomar la lata del negro y una brocha, antes de alejarse.
Elsa sonrió y se concentró en lo que haría.
Cincuenta minutos después, sin pensar en el cansancio que debería sentir estando despierta un sábado a las dos de la mañana, Elsa se apartó para mirar con detenimiento el avance en su obra, era muy pequeño el dibujo —apenas un metro cuadrado—, pero sabía que se parecía mucho al que quiso plasmar desde un comienzo.
Frunciendo los labios, determinó que era momento de usar el negro, que Hans había vuelto a llevarse cinco minutos atrás. Tenía que agregar los toques finales a su dibujo y era indispensable el empleo de la pintura oscura.
—Hans —llamó en voz baja, girando su cuerpo en su dirección—, necesito el negro. —La luz de la linterna de Hans le permitió verlo asentir y dirigirse hacia ella, antes de apagarla para que sólo les iluminara la de ella.
Él se detuvo frente a ella con la lata extendida, sonriendo.
—Todo suyo, su Majestad, ¿ya casi está listo? —preguntó, cubriéndose para no ver lo que pintó, como le pidió ella hacía media hora, argumentando que sólo podía verlo hasta que estuviera terminado.
Sabía que en los primeros esbozos fisgoneó, pero lo conocía lo suficiente como para determinar que él respetó su decisión hasta ese momento.
Elsa giró su cuerpo hacia la pared, iluminándola.
—Sí, sólo necesito… —No alcanzó a concluir y él ya estaba viendo. —…terminar al protagonista.
Él silbó apreciativo. Sonriendo con astucia al comprender lo que había retratado. Adivinando principalmente por los primeros trazos del muñeco que estaba haciendo.
—¿El castillo de Disney? —La pregunta de Hans no le sonó tan inofensiva como debía ser y frunció el ceño—, ¿y Mickey Mouse?, ¿cuántos años dijiste que tenías? —interrogó él, supuestamente admirando cada uno de los detalles que ella había hecho a las torres altas del icono característico de la famosa compañía, los marcos de las ventanas y las banderas que ondeaban. También observó la parte blanca que hizo del ratón, que completaría con el negro.
—¿Qué hiciste tú? —contrarrestó molesta, yendo hasta el lado que él había ocupado.
Iluminó la pared y soltó una carcajada que le hizo derramar unas cuantas lágrimas.
Eran simples monigotes representando una escena en la que suponía él era el rey —pues tenía cabellos rojos y una corona amarilla. Los súbditos estaban "reclinados" frente al personaje sentado en un "trono", y algunos tenían banderas, las mujeres lanzaban rosas a sus pies.
Lo encaró, encontrándolo sonrojado.
—¿Criticas lo que yo hice?, ¿cuántos años dijiste que tenías? —cuestionó, pero la respuesta de él fue acallada por la luz que se encendió en la parte superior de la casa.
Abrió sus ojos alarmada, ofreciéndole una mirada colérica a Hans antes de apagar su linterna.
—¿No que estaba deshabitada? —preguntó en un susurro, distinguiendo entre las sombras cómo él se aproximaba con lentitud. —Claramente hay gente viviendo aquí —musitó dándole un leve golpe en el hombro. —¿Qué hacemos? —Sin las luces no podrían irse con seguridad, porque no verían del todo el camino de regreso hasta la calle y podrían tropezarse y lastimarse.
Escuchó una puerta abrirse y cerrarse, proveniente de la parte frontal de la casa.
—Hans —soltó moviéndolo con desesperación. ¡No quería ser encerrada!
Sintió las manos de él posicionándose en sus brazos, queriendo trasmitirle calma.
Y de pronto la besó.
Sus labios se posicionaron sobre los de ella de manera pausada, moviéndose con precisión pero llenos de dulzura, instantáneamente provocándole una sensación de confort, y haciéndole cerrar sus ojos, así como llevar sus brazos hasta su cuello cuando él los soltó para rodear su cintura. Era la primera vez que era besada, así que de forma inexperta seguía el compás que él estaba marcando, siguiendo su instinto y permitiéndose aprender del movimiento. Un continúo cosquilleo recorría su cuerpo, pidiéndole mantenerse en aquella posición, que le hacía sentirse segura…
Alguien se aclaró la garganta y se separaron.
Se inundó de temor, había olvidado la situación en la que se encontraban. ¡Había recibido su primer beso antes de ir a la cárcel!
Sus papás se decepcionarían terriblemente de ella, no la habían educado así, para avergonzarlos haciendo actos vandálicos.
¡Era propiedad privada! ¡¿Cómo pudo olvidarlo?! ¡Estúpido Hans Westergaard! Ese muchacho era su perdición.
Se lamentaba haber aceptado su ofrecimiento en primer lugar.
Abrió los ojos y el hombre frente a ellos les iluminó sus rostros. Ella bajó la cabeza abochornada, sus mejillas completamente arreboladas, sintiendo un nudo en la garganta y conteniendo las ganas de llorar.
—¿Se puede saber qué está ocurriendo aquí? —preguntó el hombre, pero su imaginación le engañó, porque su tono sonó divertido. —¿Qué hacen besándose en mi jardín?, esperen, ¿qué hacen en mi jardín? —Soltó una carcajada al concluir la cuestión.
Elsa quiso que se abriera un agujero en la tierra y que fuera tragada por él.
La luz dejó de iluminarles y alumbró la pared.
La sonora risa del hombre le hizo olvidar su pena, seguramente estaba viendo el dibujo de Hans.
—¿Supongo que tú hiciste eso, no hermanito?, nunca fuiste bueno en artes —dijo el hombre y Elsa elevó su mirada hasta el pelirrojo frente a ella, que estaba sonrojado por la burla del otro. Apreció el cambio en su cara que le hizo revelarse culpable.
Lo taladró con la mirada.
El hermano de Hans iluminó sus dibujos.
—Bueno Hans, definitivamente tu novia tiene talento —halagó el otro, pero ella ignoró completamente la alabanza.
—No es mi novio —espetó enojada, fulminando a Hans—. Exijo una explicación —pidió mordazmente, observándolo tragar.
—Se olvidan de mí —intervino el hermano de Hans—. Bueno, no-novia-de-Hans, soy Mark Westergaard —se dirigió a ella, sonriéndole amistosamente y Elsa pudo apreciar sus ojos marrones y cabellos de la misma tonalidad, debía estar en su treintena—, ¿por qué estaban pintando mi pared? —Esa vez miró a Hans, con una ceja enarcada, pero sin modificar la diversión en tu voz.
—Sí, Hans, ¿qué hacíamos pintando la pared de tu hermano?
El pelirrojo suspiró, revolviendo sus cabellos con nerviosismo.
—Elsa, tú dijiste que querías pintar algo de manera distinta y, Mark, tus trabajadores pintarán la casa en unas horas, no le vi el problema en aprovechar para cumplir los deseos de mi amiga —realizó una pausa y sonrió de lado—, este, Mark, siempre tuviste el sueño pesado, pensé que no despertarías y mañana sólo encontrarías la pared de tu nueva casa pintada y lo olvidarías después de reír. Sabía que no habría problema contigo.
—En efecto, no lo hay —Mark soltó una pequeña risa antes de palmar el hombre de su hermano y asentir en dirección de Elsa—, principalmente con el conocimiento de que fuiste tú quien hizo esa ridiculez de dibujo. Aunque… —sonrió con seriedad—, es una lástima que se vaya a perder la obra de arte de tu amiga.
Elsa se apartó, encendió su linterna y comenzó a recoger las pinturas, con lágrimas de rabia en sus ojos. No volvería a dirigirle la palabra a Hans después de ese día. ¿Qué tan difícil habría sido para él decirle la verdad?
Escuchó a Mark murmurar un "tendrás problemas, hermanito", antes de desaparecer.
Hans, indeciso, se acercó a ayudarle, pero ella le ignoró deliberadamente, porque de no hacerlo haría algo de lo que se arrepentiría después. Juntos recogieron todo, dejaron los baldes pegados a la pared y caminaron en un silencio tenso hasta el auto negro. Guardaron las latas y las brochas en el maletero y ascendieron al auto.
Él abrió la boca cuando estaban en sus asientos, pero ella sólo dijo: —Llévame a casa.
Su compañero suspiró y asintió antes de poner el auto en marcha.
Después de recorrer el camino para llegar a su casa —en el que ella se mantuvo viendo el exterior sin dirigir mirada a Hans—, Elsa suspiró con alivio al ver que todo seguía tranquilo, lo que significaba que sus padres seguían durmiendo. Lo último que necesitaba era que se hubieran percatado de su ausencia —por una causa ridícula, debía admitir.
—No vuelvas a hablarme —manifestó preparándose para abrir la puerta, siendo detenida por la mano cálida de Hans en su muñeca. —En tu vida.
—Elsa, yo… —No. —Lo lamento, mi intención no era mentirte. —Debiste haberlo pensado antes.
Movió su brazo para soltarse, pero él posó su mano en su barbilla, con suavidad enfrentándole a su mirada esmeralda.
—Sé que fui un idiota —admitió él con desgana—. Pero es que la idea de hacer algo prohibido te emocionó, hubieras visto tus ojos… yo, yo no quise romperte la ilusión, aunque tampoco quería que tuvieras el riesgo de enfrentarte a una situación desagradable. Elsa, no quería mentirte, créeme, tú eres alguien muy importante para mí, lo último que querría sería perder tu confianza.
Ella lo miró con detenimiento, su voz sonaba sincera y sus ojos brillaban intensamente, observándola con anhelo, rogándole que creyera en sus palabras.
—¿Qué puedo hacer para arreglarlo? Necesito que me creas, por favor —dijo con suavidad y ella suspiró negando. Eran pocas las veces en que él utilizaba aquellas dos palabras, por lo que significaba que era importante que le perdonara.
—Hablaremos más tarde —enunció soltándose con lentitud, abriendo la puerta del auto.
—Elsa… —susurró Hans.
—No te preocupes, sólo quiero dormir —le sonrió levemente—, no puedo estar enfadada con mi pareja del baile de primavera a sólo una semana del día, ¿o sí? —Percibió la alegría que lo envolvió al escuchar sus palabras.
—Gracias.
—Regresa a casa con cuidado —pidió antes de cerrar, viéndolo asentir. Sabía que él no partiría hasta verla atravesar la puerta, por lo que se apresuró a ella y se despidió agitando su brazo.
Ingresó a su hogar en silencio. Sabía que le había perdonado fácilmente, pero ella no era de las que se mantuviera enojada con las personas por mucho tiempo, principalmente si tales se preocupaban por ella como lo había hecho él, al procurar que el lugar fuera seguro para ella, cumpliendo también ese deseo secreto de hacer algo prohibido.
Sonrió y subió las escaleras, deteniéndose en seco al recordar algo ocurrido esa noche.
Había recibido su primer beso.
Hans y ella se habían besado.
Llevó sus dedos a sus labios y rió. Esperaba que él también estuviera enamorado.
¡Hola!
Teniendo un artículo que concluir para el martes, juro que lo último que tengo es cabeza para leer con mayor detenimiento, pero digo yo que sí quedó bien el OS :3, ¿o no? (si han visto que publiqué otra cosa, una parte de eso ya lo tenía escrito).
Como podrán haber leído, ganó el primer beso. Me alegró poder plasmar la escena como tenía planeado desde un mes atrás, en que me surgió la idea. Lo único que necesitaba era agregar la mayor parte del relleno xD
Sobre la última parte, quise hacer la personalidad de Elsa, esa que toma las cosas para sí sin guardar rencor por los otros, ojalá y concuerden conmigo. Si no, ni modo :P
frozen helsa: Jejeje, eso de estar triste por Indulto hizo surgir la culpa en mí, mmm, no, cantaría la canción: ya lo pasado, pasado... :D, fíjate que yo sí tengo ese OS en mi cabecita, tal vez no tarde y lo escriba. Gracias por el comentario.
mm: xD, aquí tienes uno, sólo espero que puedas durar hasta el próximo, estoy segura que de un mes, no pasa. ¡Resiste! ;)
Eso es todo, un abrazo fuerte de mi parte, deseo que se cuiden.
HoeLittleDuck
