Él suelta una carcajada burlona y ella forma una sonrisa tímida. El cabello rubio se mueve con el viento y las hebras rojizas terminan en unas patillas alargadas. Los ojos verdes tienen malicia, los azules encanto. ¿Qué se puede concluir? Siempre hay tiempo para Elsa... y también Hans.
Disclaimer: Por aquí o por allá, ni asomo de mí encontrarán. Si de casualidad llegan a reconocer algo, pues no es mío. Todo pertenece a sus respectivos creadores, aunque no me enojo si desean darme una mínima porción.
Aclaraciones/advertencias: Helsa-Hansla-Iceburns. Modern AU. OC. Puede que en algún momento llegue a tener OoC. Conjunto de historias sin orden aparente pero interconectadas entre sí. Los géneros se aclararán al comienzo de cada capítulo. Tal vez de lo que se carezca un poco sea de revisión. Me imagino que podrían haber momentos Fluff.
Genre: Humor.
Un momento u otro
Juego de miradas
Alguien le estaba taladrando con la mirada.
Desde hacía rato Elsa sentía una ligera incomodidad en la parte de su cuello, y tenía la intuición de que era observada. Pero las miradas que seguramente estaba recibiendo eran como cuchillos afilados, de esos que sólo eran amigables para los asesinos en serie y los fanáticos de las películas.
Como los que pertenecían a los carniceros, igual al de Michael Myers (1), o las hachas de los cazadores, como la que cargaba Jason Voorhees (1).
Quizá haber visto películas de terror con Anna ayer le había afectado.
Pero eso no significaba que las miradas filosas fueran parte de su imaginación.
¡Estaban observándola!
Era inaudito que lo hicieran cuando un país libre, pero también significaba que había roto su primera regla al ser nueva en el instituto:
Pasar desapercibida.
Alguien la había notado y ahora estaba ocasionando que otros le miraran.
—¿Por qué? —susurró deshaciéndose la cola de caballo que sujetaba su cabello para crear una cortina a su rostro y poder espiar.
Debió haber seguido su plan inicial de permanecer en la biblioteca lo que duraba su media hora de descanso, pero de alguna parte le habían surgido las ganas de respirar aire fresco y ahora se encontraba en una de las bancas de metal y plástico del amplio patio trasero del edificio principal de Castle High School.
Dejó que el aire moviera levemente su cabello e inclinó su cabeza como si continuara leyendo la novela de Stephen King —cortesía de Rapunzel, que quería ampliar sus horizontes en la lectura pero no estaba segura de hacerlo todavía y necesitaba que alguien le acompañara en su travesía, dígase de leer antes y luego guiarla—. Frunció el ceño y colocó un poco de cabellos tras su oreja derecha, dejando un mechón fuera que cubriría levemente sus ojos.
Ladeó ligeramente su cabeza y rastreó las mesas que estaban a su alcance visual. Los demás adolescentes estaban sentados en las bancas hablando entre sí y riendo, mordiendo entre ratos sus sándwiches, pedazos de pizza o manzanas, que formaban parte del menú de ese lunes, así como bebiendo de sus botellas de agua o latas de soda.
No parecían muy sospechosos, pero antes de voltear hacia la izquierda lo vio, unas jóvenes vestidas con los uniformes de porrista rojo y dorado del instituto, ubicadas en la mesa más lejana a ella, le señalaban nada discretamente mientras cuchicheaban entre sí.
¿Qué había hecho para atraer la atención de las porristas?
¿Querrían que fuera una de ellas?
Abrió los ojos atemorizada, que ni lo pensaran, ella nunca formaría parte de semejante grupo que atraía la atención de todos y cuyo propósito principal era animar a un equipo del que no le interesaría conocer a nadie.
Pero tampoco parecían muy amigables con ella, notó evaporando su temor inicial. Y antes había pensado en miradas asesinas.
Todas ellas, cinco en total, le escudriñaban con sus ojos, en su opinión, exageradamente maquillados. La que parecía la capitana, una rubia de cejas oscuras, era la que más mostraba su disgusto.
Y lo comprobó cuando el dedo índice de ella les señaló a las otras todo su cuerpo, ocasionando la risa de las otras. Si tan solo hubiera aprendido a leer labios como Anna…
La capitana se levantó y dio una vuelta a la mesa, momento en que las otras se pararon para seguirle formando un triángulo. Elsa apretó su labio inferior, ¿finalmente iban a dejarle en paz?
Bufó dándose cuenta que comenzaban a dirigirse a ella.
—Parece que El resplandor no es muy interesante, ¿o sí? —Brincó abruptamente al escuchar una voz frente a ella.
Una persona había notado que no estaba inmersa en la lectura, como aparentaba.
Esbozó la sonrisa más educada que pudo y desvió la mirada de la derecha, donde las porristas habían desaparecido, y prestó atención al frente.
Se sonrojó sin poder evitarlo cuando reconoció el rostro de la persona ubicada al otro lado de la mesa.
Hans Westergaard le sonrió con arrogancia antes de extender su brazo y coger el libro entre sus manos, del cual sólo llevaba diez hojas leídas.
Elsa apretó los labios no queriendo decirle algo que sonara impropio proviniendo de ella.
Los ojos verdes del joven frente a ella recorrieron las líneas de la primera hoja, según pudo visualizar desde donde estaba.
—¿Qué deseas? —preguntó Elsa tamborileando sus dedos en la superficie de plástico de la mesa, extendiendo cada vez más el brazo para tomar con delicadeza el libro. No sabía qué quería Hans Westergaard con ella. En la fiesta del viernes pasado no le había dado indicios para que creyera que eran amigos, apenas y podía tolerar que fueran conocidos.
Gracias a él —y a Hilde, no debía recaer toda la posibilidad en la víctima—, había hecho una de las cosas más vergonzosas en toda su corta vida. Nunca habría acariciado a alguien semidesnudo en público, le parecía fuera de lugar.
Mucho menos cuando había millones de testigos que podrían pedir que hiciera lo mismo con ellos.
De camino al auto de su tío unos listos se lo habían sugerido nada decorosamente, recordó con desagrado.
Lo mejor era prevenir cualquier tipo de insinuaciones que pudieran surgir, y qué manera más eficaz podría haber que cortar de raíz la principal causa del problema —eso incluía a las malas compañías, como el chico frente a ella.
Pero Hans pareció no escucharle, concentrado en la lectura, incluso ya había avanzado a la tercera página.
Elsa aclaró su garganta dos veces antes de que él apartara la vista del párrafo que leía, enarcando una ceja.
¡Como si estuviera ofendido de haber sido interrumpido leyendo su libro!
—¿Necesitas algo? —Percibió un tono de burla en su voz que le hizo apretar los dientes—, a algunos sí nos gusta leer, Elsa.
—¿En serio? —dijo con sarcasmo—, eso me gustaría a mí. —Extendió su brazo con rapidez para coger el libro, pero él fue más rápido y lo apartó chasqueando la lengua con diversión.
—No sabía que tenías esta clase de gustos literarios, reina de la fiesta —manifestó Hans cerrando el libro. —Por tu actuar del viernes pensé que serías del tipo romántico o erótico —insinuó la última palabra con un susurro, fingiéndose escandalizado.
Elsa se irguió en su lugar sin caer en su juego, pero eso no significó que sus mejillas se colorearan levemente al pensar en la posibilidad de haber dado a entender eso a otras personas.
—¿Me prestarías el libro? —preguntó Hans de repente, quizá notando su incomodidad—, me parece interesante.
—No. —Sonrió al ver que los hombros de él se encogieron, pero entrecerró sus ojos al ver que Hans comenzaba a esbozar una sonrisa demasiado arrogante para su gusto.
—¿Recuerdas que me debes tres? —inquirió haciéndole rememorar las deudas que tenía por golpearle con la puerta principal, guardarle sus llaves y permitirle cumplir su reto, todo en ese orden. Ese Hans Westergaard era un manipulador con el que no debía meterse nunca más, no si quería llevar una vida en paz ese año escolar en que él estaría allí antes de concluir sus estudios.
—Sí, pero el libro no es mío. Además, si tanto te atrae, cómpratelo. ¿O no conoces las librerías?
—Eso no fue muy amable, rubia, pero, ¿para qué comprarme un libro que no volveré a leer? Muy bien, ¿cuáles son las posibilidades de que el dueño o dueña me lo preste? —Hans colocó el libro sobre la mesa y lo empujó hacia ella.
—Tendría que preguntárselo a mi prima. ¿Qué deseabas? —agregó recordando el porqué de él compartiendo su mesa.
Hans se rió y se encogió de hombros. —Me dices lo que te diga tu prima, rubia —respondió en su lugar antes de levantarse y retirarse con una sonora carcajada.
Arrugó la nariz por el despectivo apodo que utilizó con ella, odiaba que la calificaran de tonta por el color de su cabello.
Pero más odió la atención que atrajo por la salida campal del pelirrojo.
Tomó el libro enfadada y se levantó para irse a refugiar cerca del aula donde sería su próxima clase.
Nuevamente sentía las miradas sobre ella, pero en esta ocasión no eran tan agresivas como la de período de receso, ahora las intuía un poco amables.
Pero no por ello dejaban de ser molestosas.
¡No quería atraer la atención!
Acomodó sus libros en su locker y lo cerró de manera silenciosa, colocando bajo su brazo el libro de su clase de Matemáticas. No debía enfadarse mucho, ese día iban a ver geometría —su especialidad—, y no podía perder el entusiasmo con el que se había despertado a pesar de ser lunes.
Se dio vuelta y comenzó a recorrer el pasillo tranquila, notando que los y las adolescentes pegados a los lockers grises le dirigían miradas inquisidoras que le eran desagradables. ¡¿Qué tenían con ella ese día?!
—Elsa. —Brincó cuando escuchó una voz a su costado, que reconoció como la de Bianca Snow.
Asintió y la chica se colocó a su lado sonriéndole de manera dulce, compartían sólo una clase, pero le parecía alguien encantadora, aunque no podía decirse que fueran precisamente amigas.
—¿Puedo preguntar por qué todos te están viendo? —interrogó Bianca después de unos segundos de silencio—. Lo he notado nada más verte…
—Eso también me gustaría saber a mí —masculló Elsa por lo bajo, apretando su libro de matemáticas a su pecho. Le quedaban tres horas para irse del instituto, pero no sabía si podría soportar el martirio de sentirse el repentino centro de atención de la población escolar. Lo que le gustaba era no recibir más que un reconocimiento de los profesores por su desempeño académico, que los demás le señalaran no era una situación que quisiera experimentar.
Y parecía que en esos momentos precisamente ocurría tal cosa.
La pregunta era, ¿por qué?
—¿Hiciste algo malo?, ¿eres multimillonaria?, ¿tus padres son famosos y todos acaban de descubrirlo? —Negó a cada una de las preguntas pronunciadas por la pelinegra y suspiró de alivio al ver que habían llegado al aula donde tendría su próxima clase.
Bianca pareció notarlo y le sonrió dándole ánimos.
—¿Te gustaría que lo averiguara por ti?, mi novio es popular y podría saber algo… —sugirió la chica con una risita enamorada que casi hace sonreír a Elsa.
—Eh, creo que sería… inapropiado hablar de mí con tu novio —contestó con ligereza. La pelinegra se encogió de hombros—, pero gracias, trataré de averiguarlo. Que tengas un buen día.
La otra le asintió antes de retirarse deseándole lo mismo.
Elsa dio un paso para entrar al aula pero parpadeó al ver una bola de papel impactar con la puerta antes de que pudiera abrirla. Frunció el ceño y giró, pero no vio a nadie cerca, siendo más exacta, el pasillo se había quedado desierto.
Rodó los ojos y se agachó para recoger la bola de papel. Se irguió y empujó la puerta, para luego dirigirse a una de las bancas del fondo de la esquina frontal del salón, donde nadie más nunca se ubicaba.
Se sentó y extendió el papel.
Ni creas que nuestro Hans podrá ser tuyo. Eres muy poca cosa para él.
Atentamente. Sus fanáticas.
PD: No te preocupes, no queremos dañar nuestra manicura contigo.
Soltó una carcajada antes de arrugar con fuerza el papel con el entrecejo fruncido. Así que todo era por culpa de esa tonta fiesta, Hilde Levil y la popularidad de Hans Westergaard.
Escuchó el sonido de la campana y mirando con desdén el papel se dedicó a esperar el ingreso de la profesora.
Refunfuñó buscando las llaves de su automóvil para poder ingresar a él y finalmente retirarse del campus escolar, con la idea de pasar la tarde disfrutando de un rico helado de chocolate como premio por soportar el escrutinio del que se encontró siendo objeto toda la mañana.
Sonrió palpando a Mickey al fondo de su mochila y lo cogió con fuerza antes de comenzar a sacar su mano. Alzó triunfal su juego de llaves y se dispuso a introducirlo… —¿Hablaste con tu prima? —preguntó una voz masculina y sus llaves cayeron al suelo.
—¡¿Qué te ocurre?! —vociferó contra Hans, liberando toda la frustración acumulada durante el día, sin percatarse que atrajo la atención de los estudiantes reunidos en el estacionamiento, que esperaban presenciar un intercambio entre la atrevida Elsa Delle —como escuchó a unas jóvenes decir mientras estaba en el sanitario—, con el increíblemente apuesto Hans. —¡No fastidies! —exclamó tratando de alejarlo más de ella, le parecía que la distancia era muy corta para su gusto.
Se sonrojó colocando la mano en su pecho, aun cuando tenía ropa no podía olvidar que era perfectamente consciente de lo que había debajo de la camisa de cuadros blancos y negros que portaba.
Apartó la mirada y se percató que gran parte de los estudiantes especulaban lo que ocurría entre ellos, atentos a sus movimientos.
Bajó la cabeza imaginándose lo que estarían comentando al día siguiente. No le habían hecho nada malo ese día, eran mayormente inofensivos. Pero no había manera de que la atracción hacia ella fuera disipada.
A menos que…
—Consíguete una novia —musitó en voz baja, pero habló muy rápido. Si él lo hacía así de rápido también seguiría obteniendo atención por ser "botada".
Llevó una mano a su frente y cerró los ojos contando hasta diez. Al abrirlos notó frente a sus ojos la pequeña carita de Mickey sujeta a su llavero, Hans la había recogido por ella.
—Eh, gracias, no tenías por qué —murmuró abochornada por acabar de gritarle cuando él no era tan culpable por su situación. —Siento… haberte gritado —dijo con una voz tan baja que al ver a Hans fruncir el ceño entendió que su frase no había sido comprendida.
—¿Por qué tan molesta, querida reina? —Hans le sonrió con diversión por el apodo—, espera… ¿te molesta tu nueva popularidad? —inquirió él cruzándose de brazos mientras apoyaba su cuerpo en la puerta de su automóvil. —Oh, entonces no hubiera tratado de ser la reina de la fiesta, su Majestad —manifestó con gracia.
Elsa sonrió condescendientemente al notar el brillo de los ojos esmeraldas de Hans, genuinamente divertido por la situación en que ella se encontraba.
—Es culpa de Hilde —farfulló en voz baja, pero él negó riendo. —Ella fue la que pidió el tonto reto.
—No, querida, ella es amiga mía, me conoce, y sabía que yo no iba a aceptar, tú podías volver y decirle eso y ella simplemente habría cambiado el reto. Le divierte poner en aprietos a la gente cuando puede —explicó él encogiéndose de hombros.
—Entonces por qué no me dijiste que no —siseó mirándolo con el ceño fruncido. Él se encogió de hombros.
—No lo sé. Me pareció interesante adivinar qué tipo de chica eras —Hans rió débilmente—, parece que me divertí un poco al final. —Elsa alargó su brazo y lo apartó de la puerta para abrir, ya había tenido demasiado—. Y a partir de ahora será divertido seguir descifrándote, pequeña rubia —dijo él haciéndose a un lado y sosteniendo la puerta por ella. Le pareció que su apodo no sonó tan ofensivo como los otros, sino un poco ¿tierno? La voz de Hans había sido suave y el deje de burla no había estado presente.
Agitó su cabeza y trató de cerrar, pero Hans se lo impedía, sonriéndole de lado.
—¿Hablaste con tu prima? —preguntó con curiosidad y ella negó suspirando—. ¿Lo harás?
—¿Por qué debería de hacerlo? —espetó forcejeando en vano, él era más fuerte que ella.
Él suspiró y le brindó una sonrisa sincera, incluso sus ojos brillaron de una forma que pareció atrayente. Su mirada parecía cálida y amable, parecía alguien diferente al de antes, sin la mueca arrogante se veía más atractivo, y como posible chico que presentar a sus padres.
"¿Por qué piensas eso, Elsa?", se reprendió en su cabeza.
—Porque tengo interés en leer el libro, Elsa, y me gustaría saber si cabría la posibilidad de que no me viera obligado a adquirirlo —respondió educadamente, haciéndole sonreír sin poder evitarlo.
—Le preguntaré a Rach, pero lo más seguro es que sí te lo permita.
Hans asintió. —Gracias, nos vemos después. —Hizo ademán de cerrar la puerta y ella se acomodó suspirando. Arrancó y él le dio una palmada amistosa al techo, como despedida.
Elsa se retiró del campus sintiéndose extrañamente feliz, no como había estado momentos antes. Seguramente se debía a que por la tarde comería de su helado favorito.
1. ¿Habla mal de mí que me sepa los nombres de dos asesinos en serie? Jason, Viernes 13. Myers, Halloween.
.
¡Hola a todos!
Es un poco corto xD. Lo hice anoche y no sé si tiene un poco de incoherencias, pero espero que se disfrute un poco. Aquí no son nada de nada, pero bueno, tenían que tener un primer acercamiento después de la fiestecilla que tuvieron. Además de que quería algo ligero y sencillo :D
F: Jeje gracias, la verdad que en Navidad hubieron algunas lagrimitas, pero bueno... Espero que tú disfrutaras la tuya :)
Un enorme abrazo, cuídense mucho.
Hoe:)
