Con sus Regalos
"A veces… hay que controlar el carácter…" dijo ladeando los ojos y su boca. Habíamos llegado a la casa ni hacía 10 minutos. Desde que cruzamos la puerta nos dirigimos al santuario de Toph, aquella verde habitación para descansar del largo día. El agua estaba lista, era hora de un té… vaya que sí.
Ella solo esperaba sentada frente a la mesa con tejones topo esculpidos que tanto le agradaba. Lleve el juego de té en una bandeja, y por mi caminar las tazas y platitos sonaba uno contra el otro, como temblando de miedo.
Serví el té a mi señora, el líquido humeante subía por el rostro de la emperatriz. "Sí… a veces hay que controlar el carácter" comente a la única dueña de ojos esmeralda, al mismo tiempo que bajé la mirada para servirme un poco de té.
Ella sonrió, con sus manitas blancas tomó la taza y bebió un poco de aquel líquido mágico. "Prometo…" comentó, más como una mentira que como otra cosa, "…controlar mi carácter la próxima vez". "Eso espero" contesté con una sonrisa, a la vez que soltaba la taza para acomodar un poco el cabello desordenado de Toph. Cuando retire la mano, vi de nuevo su cabello revuelto, sus ropas llenas de polvo, los ruedos de su vestido negros por la suciedad del piso, los escombros en sus hombros y algunas telas desgarradas de su atuendo… y yo… yo no estaba mejor. Sucios, repletos de tierra, con la ropa desacomodada y rota nos sentamos a tomar el té. "Eso espero Toph…"
Ese día, ella enfureció en el congreso. Lo destruyó todo… y por eso se hizo su voluntad.
-¿Es un tanque?-
-No-
-¿Es un bunquer?-
-No-
-¿Es un submarino?-
-No-
-¿Es una maquina voladora?-
-No-
-….¿Un dragón?-
-No-
-¡Demonios Toph!. ¿Entonces qué es?-
-No te lo voy a decir-
-¡De todos modos no lo quiero saber!. ¿¡A quien le interesa que hay detrás de ese estúpido muro!. Si no me quieres decir que es, ¡Perfecto!. No me interesa…¿Es un coliseo?-
-No-
-¡¿Toph en serio no me vas a decir?-
-No-
-¡Sabes que!, ¡estoy harto!. Si no me lo dices bien… está bien… yo estoy bien… ¡YO ESTOY BIEN!-
-No-
-¡USH!-
Pero no estaba bien. La verdad. Hacía 4 meses atrás Toph elevó un muro tan grande como los de Ba-Sing-Se en medio de su palacio de roca sólida. Rodeó una gran extensión de terreno y nadie podía entrar ahí… ni siquiera yo.
Fue un susto terrible descubrir esa muralla. Solo imagínense, tomar el camino habitual para ir a los jardines y chocar con una pared en medio del pasillo.
La casa estaba de locos, únicamente se podía pasar por una parte de ella. Un tercio de la casa estaba bloqueada por la pared… ¡solo de la casa!. Por otro lado, parte del jardín y más allá de los límites del palacio estaban rodeados por el muro.
Intenté rodear en muro para ver que extensión tenía, como muchos otros lo intentaron; y como muchos otros no pude hacerlo. ¿Qué se traía la emperatriz entre manos para invertir semejante cantidad de energía en levantar una pared y mantenerla erguida?.
Todas las mañanas salía a los jardines a ver el gran muro. Era tan enorme que obstruía la luz de sol. Una gran sombra cubría el jardín y me bañaba siempre que mi curiosidad era llamada por esa pared. En vano, colocaba mi mano en mí la frente para intentar ver más claramente la cima de aquella estructura.
Desde el día que vi el gran muro… y Toph no me dijo que había detrás, me dedique a intentar escalarlo. Desde cuerdas hasta ventosas, todo lo que me pude imaginar lo probé y nada. Mis artimañas necias para esclarecer el secreto de mi señora solo servían para entretener a Toph, que curiosa se sentaba a sentir las vibraciones de mis múltiples caídas.
Y como era de esperar, los rumores e historias corrieron más rápido que el aire. Nadie sabía para que ella hizo eso, pero obviamente nadie se atrevería a criticarla. No obstante, yo me valí del recurso informativo de "los señores que juegan pai-sho todas las tardes en el parque" para averiguar lo. Lo malo fue que ellos sabían muy poco.
Me contaron, en una de nuestras partidas de pai-sho (porque para obtener algo hay que dar algo a cambio), que siempre se veían carruajes cubiertos por verdes telas entrar en la fortaleza, nadie sabía que tenían esos carruajes, pero lo que si sabían era que no tenían hora fija de salida ni de entrada. A veces duraban días en salir, a veces horas, a veces se introducían a la fortaleza con el sol, a veces con la luna. Lo que si era cierto era que la emperatriz lo vigilaba todo, desde los que entraban hasta los que salían. Ella misma se encargaba de abrir las puertas y cerrarlas… nadie podía irrumpir los muros sin que ella se diera cuenta.
-¿En serio?- comente a mi octogenario competidor, colocando otra pieza de pai-sho. Obviamente no me reconocieron vistiendo mis ropas de "ciudadano normal del Reino tierra" junto con mi querida barba de "Wang Fuego"… sabía que la barba falsa me serviría en algún otro momento.
"¿Qué está planeando Toph?..." me preguntaba a mí mismo mientras desayunaba frente a frente con mi señora. Serena introducía el alimento en su boca, y yo solo clavaba la vista en su silueta. Si no fuera porque la razón me dicta que es imposible, juraría que la emperatriz es capaz de leer los pensamientos. Ante mis cavilaciones maquiavélicas, ella solo volteo a verme obsequiándome esa sonrisa sarcástica que me conozco de memoria. Yo no sé qué pensarán los demás, pero vendito Kuruk que ella no es el Avatar.
"Vamos a jugar algo que se llama "si o no"", comenté esa mañana a Toph, quien practicaba unos pocos movimientos de tierra control en el jardín. Sentado en una roca, enrollé mis piernas y las sujete con las manos. Era la oportunidad perfecta para obtener información. Sudando y con su traje de largas mangas empapado, la emperatriz presto atención, claro, dirigiendo su mirada a un punto muerto del espacio. No dijo nada, y para el que la conoce, significa todo. "Es fácil", continué, "yo diré lo que creo que hay detrás del muro, y si no es lo que digo tú dices 'no', y si sí es, tú dices 'sí'".
La mueca retorcida de la emperatriz hizo su aparición nuevamente y continuó entrenando como si nunca hubiese dicho una palabra. "¿Es un barco?"… silencio, esa fue su respuesta. "bueno… tal vez… no sea eso… ¿y qué tal una estatua?"… silencio, al parecer la emperatriz estaba reacia a hablar. "¿un tren de roca?"… otra vez no había respuesta. Creí que era caso perdido, cuando ella no quiere hablar simplemente no lo hace, eso le enseño la tierra. Cansado de intentarlo, me prepare para ejecutar una retirada estratégica. Mañana sería otro día y ya crearía otra manera de hacerla hablar.
Puse los pies en el suelo y fue cuando su voz interrumpió mi partida. "…No… no es eso…". Sonreí de inmediato y tome de nuevo mi asiento. El juego había empezado y la emperatriz había caído en la trampa… aunque a veces pienso que ella se deja caer a propósito. "¿Una casa de té?...".
El juego se extendió por semanas y, aunque en ocasiones me era frustrante no saber su secreto, era divertido. No perdía oportunidad para pregúntale. Sin que se enterara, me metía en su oficina y le dejaba pequeñas cartas con una pregunta como: ¿Es una fábrica?. Desde mi oficina la escuchaba reír luego de que su asistente repitiera la pregunta que le había escrito. Luego en la cena me decía "no Sokka. Eso no es".
Finalmente un cierto día se levantó antes que yo, aun acostada junto a mí, y de medio lado, sonrió coqueta sin explicación aparente. "Buenos días Emperatriz" dije como saludo ceremonial ante su sonrisa muda, observando con detenimiento su cabello desparramado en la almohada. "¿Te gustan las sorpresas?", respondió de primera entrada, y un frio mortal recorrió mi espalda inmediatamente. Miedo, eso es lo que siento ante las palabras misteriosas de mi señora, no obstante soy adicto a ella. Es algo extraño, pero lo admito; con ella ningún día es aburrido.
Me ordenó entonces que saliera de la cama, a lo cual hice caso rezongando y refunfuñando. Que es muy temprano, que tengo sueño, que porque me levantaba, pero mi señora permanecía muda.
Cuando estuve listo, corrió presta a mis espaldas y antes de poder protestar me cubrió los ojos con una venda. "No hagas trampa" recalcó contenta, y yo asenté con la cabeza para hacerle entender que obedecida estaba la orden.
De repente me invadió un mundo más profundo se olores y texturas. Todo olía a bosque, a ella, sin lugar a dudas el alma del sitio era la emperatriz. Me tomo de la mano y me guió donde ella mejor le parecía. Ella era ella, si bien quería que fuera hasta el fin del mundo a ciegas, no me importaba.
Del cálido clima del hogar pasamos a la frescura del jardín. ¿A dónde me lleva?. Lo que sea está bien. Las hojas pegaban en mi piel de bronce y mis preguntas quejumbrosas eran respondidas por el viento. El bosque se reía con ella y la tierra era su confidente.
Abruptamente paramos, ella solo dejó ir su mano de mármol de entre las mías y se colocó justo a mis espaldas. Podía sentir el brillante sol el mi rostro y los arboles bailando por doquier. No sabía exactamente donde estábamos, no estaba acostumbrado a caminar a ciegas por el palacio de mi señora, por ello, después de bajar la primera escalera y subir la segunda, todo era un completo misterio.
Ella respiró hondo, después de unos segundos de silencio dijo "ahora quítate la venda". ¿Cómo desobedecer a la dueña de todo y de nada?. Al quitarme la venda palidecí, estaba absolutamente sorprendido. Ante mis ojos se hallaba una estructura fielmente hecha bajo el mismo estilo arquitectónico de Las Tribus Agua. Era una especie de sala de entrenamiento, decorada con estatuas de lobos, lunas, relieves del mar, retratos de la historia de mi gente, trajes tradicionales en las paredes, armas, papeles con poemas en perfecta caligrafía, el escudo de la Tribu Agua…era impresionante.
El interior imitaba la casa más fina que jamás un mandatario de la Tribu Agua pudiese siquiera imaginar. Corrían en su dentro de la estructura ríos artificiales que daban ese sonido de agua que tanto extrañaba. Incluso, y no sé cómo, la temperatura dentro de la casa era un poco más baja que la del palacio de roca de mi señora. Era increíble.
Todo era simplemente perfecto, era tan perfecto que las rocas (escogidas para levantar la obra) fueron especialmente seleccionadas para igualar la blancura de la nieve. El mármol estaba perfectamente tallado con todo lo que un nativo de la tribu agua puede desear. Las armas en las paredes fueron elaboradas por artesanos de mi tierra, al igual que las ropas y otros ornamentos como botellas, platos, vasos.
Si por dentro era maravilloso, por fuera no había palabras. La estructura constaba de 3 terrazas bien definidas, en la más alta estaba la casa que también tenía jardines, patio frontal y una pequeña plaza. En la segunda había una plaza para entrenar junto con algunas mesas bajo techo. Y en la ultima un gran jardín con un lago, el cual tienda una pequeña isla en el centro donde se posaba una casa del té. Todo adornado magistralmente con árboles de los cuales brotaban flores bancas que, al caer, simulaban la nieve de mi gente.
Yo no sé de donde ella sacó tantas rocas blancas, pero era todo exactamente igual que mi hogar. Quede boquiabierto, helado de la impresión por tanta belleza; ni siquiera sabía que decir. Creo que mi silencio fue mal interpretado por mi señora, el espanto que corría por mi cuerpo no era por una mala impresión, sino todo lo contrario.
Entonces, el rostro de la emperatriz se fragmento en una mueca de dolor y angustia, seguramente pensó que algo andaba mal.
-No te gusta, ¿Verdad?- dijo más a modo de afirmación que de pregunta,- No puede ser… yo sabía que algo no andaba bien. Te juro que no fue mi intención ofenderte con esto. Pensé que te gustaría tener un trozo de tu hogar aquí.
Mandé a los mejores talladores de roca del Reino Tierra a aprender las técnicas de tallado de la Tribu Agua para que las replicaran. Seguro que la técnica en hielo es totalmente diferente a la de la roca y por eso no lograron la perfección que les pedí. ¡Por Kioshi!. Traje un historiador de arte nativo de la Tribu Agua para que nos ayudara con los detalles de construcción, ¡seguro que era un fraude!. Pero por lo menos las armas, los trajes y la bajilla es importada de la Tribu Agua, eso si te tiene que gustar. ¡Yo y mis ideas!. ¿Quién me tiene haciendo estos proyectos en secreto?. Lo lamento Sokka, yo quería hacerlo todo por mí misma pero, pero por razones obvias no podía. Al parecer me valí de inútiles… hubiese sido haberlo hecho yo todo a ciegas.
La estructura principal la levante yo, pero no podía hacer mucho con la decoración. No creo ser capaz de ver la Tribu Agua para replicarla, ni con mil años de entrenamiento. Apuesto que ni las estatuas de los animales se parecen… ¡Rayos!, seguro fue mi culpa, de una original replique las demás… ¡Me dijeron que eran iguales!. Por Omashu… por lo menos dime que las rocas son blancas, porque si no es así me las van a pagar todos. ¡Que error he cometido!, incluso mandé a traer pasto ceniza, que crece cerca del foco de los volcanes, para que simulara nieve… igual con esos árboles. Siempre escuche que eran blancos, y como la gente dice que la nieve es blanca…. Pero no te preocupes Sokka, si algo no te gusta lo reharemos. Todo es cuestión de…-
-Tu…- interrumpí a mi señora en su monologo culposo incesante,- mandaste a hacer todo esto…-
-… Sí… lo siento Sokka… últimamente las cosas no me han salido bien; solo quería que pudieras sentirte en casa ya que no has podido ir a visitar a tu familia desde que estás aquí. Era una manera de agradecer todo tu sacrificio por nosotros… y lo arruine… pero ¡pero no te preocupes!, mañana mismo mandaré a demoler todo y…-
-…No…- dije para cesar el discurso de Toph una vez más,- … que nadie se atreva a tocar una sola roca de este lugar, por más pequeña que sea. Es… esto…lo… es perfecto Toph. ¡Eres increíble!, ¿Cómo hiciste esto?, ¿Cómo eres capaz de hacer estas cosas?. Eres maravillosa. Es igual a la Tribu Agua. Si lo veo de lejos juraría que es todo de hielo. Estos adornos… parecen de hielo translucido… ¿De qué son?-
-Son de una roca, un cristal realmente, muy parecido al hielo translucido, hay miles de columnas y otros adornos con este material para simular placas de hielo… fue difícil obtenerlas. Se trabajaron con la misma técnica que emplean los artesanos de la tribu agua, solo que… los métodos fueron modificados un poco para ser adaptados al cristal-
-Este pasto… es tan blanco que parece nieve. Y las hojas de esos árboles, al caer parecen copos de nieve. –
De pronto, un objeto en medio de la habitación deshizo toda mi concentración. En un perchero había un traje de la realeza de la Tribu Agua. A leguas notaba que estaba pintado a mano, hecho de piel de lobo y de otros animales. El hilo en mi pueblo es muy escaso, así que se hace uniendo el pelo de las pieles hasta formar un hilo y así se hace la tela. Es un trabajo monstruoso, por eso estos artes se reservan a los altos monarca. Este traje en especial estaba hecho de tela y de pieles, pintado a mano y con incrustaciones de zafiros. "¿y este traje?", pregunte anonadado. Era por mucho uno de los vestidos más bellos y finamente elaborados que jamás había visto.
-Es tuyo- dijo ella, y continuó – Nos vimos obligados a hacerle una variante. En la Tribu Agua los cristales de estas prendas son de hielo, la temperatura del sitio impide que se derritan y la luz junto con el agua hacen que den una hermosa tonalidad… o por lo menos eso me han dicho. No obstante, aquí se derretirían, así que los cambiamos por otras piedras preciosas.
También tiene cristales de algunas de las cuevas-yacimiento de piedras preciosas de la Tribu Agua. Pero el color de los "cristales de hielo" no se parecen en nada a las piedras preciosas de las cuevas-yacimiento. Entonces, muy a mi pesar, tuvimos que cambiarlos por algo parecido, y lo más parecido, me dijeron, eran los zafiros. Yo busque los más perfectos, eso sí lo puedo hacer, y los mejores joyeros se encargaron de darle la forma requerida….
…Creo que te lo mereces y también es justo que todos esos idiotas burócratas vean la belleza que encierra la Tribu Agua. Aquí tratamos de hacerte los mejores trajes simulando los estilos de tu pueblo, pero obviamente una simulación no se compara a un original. Incluso en los materiales. La textura de la piel de los lobos del polo no es igual a la textura de la piel de los lobos de bosque. También…-
No la dejé terminar, ¿Para qué?. Sin que ella pudiera anticipar mis movimientos, tome entre mis manos de arena su rostro de porcelana y la besé.
Gracias a los dioses por la vida, gracias a los dioses por ella.
