Con Ella
Por Chris McRaven
Con sus Enemigos
"…Cerraba los ojos y sentía el cosquilleo del pincel en sus mejillas, parpados y labios. Era difícil para ella contener las muecas de alegría que las cosquillas le provocaban, pero eso no implicaba que no lo intentara. Y confieso que aquella acción me obligaba a soltar una o dos sonrisas a mí por igual.
En sus brazos escribía palabras llenas de fuerza, de poder y decisión. En sus piernas frases de esperanza, de insistencia, y de constancia. En su cara dibujaba caracteres de vida, felicidad y tranquilidad.
Era todo un lienzo. Su ser, como el papel, se llenaba con mi caligrafía segura y limpia. Parecía un manuscrito, seguramente las plegarias de los mortales llegaban a la madre naturaleza a través de su piel de leche, sin importar lo que ella diga aun creo eso. Y sin embargo ella insistía en aprender, ¿pero cómo si ya no había ni un solo claro en ella?... pero la emperatriz le encuentra la solución a todo… se me olvido que ella era quien era.
Descubrió su espalda y se acostó en el piso, "Aun tengo espacio". Ni la biblioteca de Wan Shi Tong tenía el privilegio de contar con tan delicado papel ni tan cotizado libro. "
"Toph… ¿Por qué no has vuelto a luchar?". "Porque ya no tiene sentido hacerlo", dijo desanimada, enrollando las piernas y algo cabizbaja. Ella nunca dejaba mostrar sus sentimientos, pero la arena le traía recuerdos.
Era buena, lo sé. A lo largo de los años la vi convertirse en toda una guerrera. Antes de nuestro compromiso, esperaba impaciente los barcos de la Nación del Fuego, no solo por la visita de los amigos. Los barcos siempre traían rumores, historias de sitios lejanos y las historias del Estruendo Tierra eran de mis favoritas.
"Ella es increíble" decía el sabio conocedor de té, "Se mueve grácil en la tierra, con una fuerza que atormentaría a cualquier armada. Rompe cualquier defensa. Las primaveras no la acaban, la mejoran. Si yo la hubiese conocido en mis días de general, sin duda le hubiese pedido que fuese mi mano derecha ante la campaña de Ba-Sing-Se… Claro, si ella hubiese querido destruir su propio reino, pero eso lo dudo mucho".
Luego, todo paro. Y no más peleas. Siempre me pregunte porque abandono algo que amaba tanto, que obtuvo prácticamente a cambio de dejar a su familia. Al verla sentada en la arena de combate, con ese aire de emperadora, con sus vestidos tan excelsos, es difícil creer que ella es "La Bandida Ciega", o lo fue.
La obscuridad y la luz que irradian las estatuas, los pilares y las arañas de techo gigantes hechas piedras luminosas le dan un aire de melancolía a su cara. Pobre Toph, cuanto sufre. Ahí sentada me parte el corazón puesto que ella misma se encarga de matarse. Solo por su gente, se arranca del pecho el deseo de correr y dejar todo de lado para pelear. ¿Cómo unos ojos tan muertos pueden estar tan llenos de sentimientos?. ¿Cómo algo tan duro como el granito se desmorona en segundos?.
A veces mis oídos indiscretos escuchan palabras en contra de mi señora. Estúpidos niños ricos que no saben que es sufrir. Si bien mi señora es fría, en los momentos más silenciosos irradia un calor que ni siquiera los maestros-fuego llegarían a superar. Si bien la emperatriz es de roca, en ocasiones como esta es tan suave como la mantequilla. Si bien a veces aplana el semblante, no hay en el mundo ojos más expresivos que los suyos; y si bien su voz es firme… no creo los dioses obsequiaran tanta dulzura a una persona como lo hicieron en ella.
"Simplemente… ya no me interesa", me dijo hace tres días en la arena de combate mientras alimentaba a los tejones topo. "… ya no es lo mismo… y tengo mejores cosas que hacer…", mentía mi señora, convencida de que yo, su fiel sirviente, no lo notaría. Su frente tocó la de sus amados tejones, que al parecer la entendían como se entiende la tristeza. Ella les dio una sonrisa para cubrir cualquier sospecha que yo tuviese sobre su decisión… pero así como nadie puede engañar a la emperatriz gracias a su excelso poder, ella misma no puede ocultar un rostro al que sabe realmente ver.
Encontré la guarida me mi señora hace ya bastante tiempo por accidente… bueno… la verdad no hace mucho. Quien diría que los más fieles lacayos de la emperatriz me abrirían camino hasta aquí, la arena de entrenamiento escondida bajo el mismísimo jardín donde a diario entreno. Prácticamente me sacaron de mi entrenamiento a empujones para arrojarme en un agujero que terminaba en este sitio. Benditos tejones topo, ya comprendo porque ella los ama tanto.
La sorpresa en el rostro de mármol blanco de Toph no tenía precio. Su ira duro unos días. ¿Cómo era posible que hubiesen descubierto su santuario?. Pero ella es astuta, pronto comprendió que fueron los tejones, y no alguno de mis bravíos planes los que provocaron el encuentro. "No le digas a nadie" y así pretendo hacerlo.
Es una arena de combate hermosa, con paredes de mármol, estatuas luminosas de animales varios, con bajos relieves de oro y plata, y otros metales que nunca supe que eran, piedras preciosas y otras más comunes. Con algunos asientos de roca para los invitados, un palco de jueceo e incluso una cascada que coronaba el lugar… junto con varias fuentes claro. Increíblemente lo que me sorprendió fue el agua más que el lujo del lugar, ella la odia, pero presto comprendí que los ríos artificiales que recorrían el sitio no eran profundos, para resguardarla de un accidente, apenas y el agua le alcanzaría un poco más arriba de la cintura. Lo que ella amaba era el sonido.
Igualmente ocurría con toda la decoración, no creo que ella pusiera todos de esos materiales raros para que otros admirarán cuanta fortuna tenía. Evidentemente las texturas y las distintas vibraciones que podía percibir era lo que ella buscaba. Mas he de admitir que para alguien que no puede ver tiene un gran gusto para la decoración.
"Aquí entreno… o algo así… porque ya no volví a pelear…", esa fue mi bienvenida… y su confesión.
Hoy la veo con un aire de depresión que intenta esconder de mí. Encoje los dedos de los pies intranquila y deja que el silencio se apodere de todo. Supuse que estaba en este lugar. No fue a cenar… eso me preocupó. Con solo golpear la tierra del jardín con el pie aparecen los tejones topo. Son tan hábiles que pueden percibir esas tenues vibraciones desde lo profundo de la tierra. Luego de negociar con ellos, y a cambio de una bolsa de manzanas, me llevan hasta la entrada de la arena de entrenamiento. Cruzo las puertas talladas en roca viva y ahí estaba ella, sentada en medio cuadrilátero.
Llevamos callados más de media hora… algo la aqueja… algo la enoja y ese algo la ensombrece. ¿Pero que es mi señora?. Entiendo que hay cosas que no se pueden compartir con otros… pero… maldita sea mi suerte. Cuanto daría por verla ligera y feliz como cuando éramos jóvenes y quitar lo que la lastima en su corazón; pero no, ella guarda más secretos que la vida misma, y prefiere ahogarse en miseria antes que admitir que necesita ayuda.
"La comida se enfría" comenté para animarla, "pasé todo el día esclavizado en la cocina para darte una sorpresa… sé que no soy muy hábil pero por lo menos puedes criticar todo lo que quieras. ¿Qué dices Toph?"… silencio, solo eso.
Hoy ha perdido. Hoy eso que le molesta la ataca sin piedad. Ese algo que la obliga a agachar la cabeza y a ensimismarse. ¿Pero qué es?, ¿Qué perturba a la mujer más poderosa de las 4 naciones?. ¿Qué es capaz de arrancarle su fuerza y arrinconarla en la melancolía?.
Y no dijo nada… como siempre, y yo me quede a su lado… como siempre.
"…Los trazos delicados de la espalda de mi señora se fundieron con las negras líneas que la tinta formaba al yo deslizar el pincel. Escribí desde historias hasta poemas, desde palabras sueltas hasta oraciones piadosas en el pergamino que era ahora Toph. Con caracteres de pies a cabeza, no podía diferenciar con claridad si era una persona, una obra de arte o una diosa… quizás era todas a la vez.
Mil veces escribí cosas que los más estudiosos desearían leer, secretos de mi tribu, historias que solo se contaban al oído los areneros, anécdotas personales de 1000 avatares, poemas de amor que los Señores del Fuego guardaban para sí. Mil veces escribí cosas que los más estudiosos desearían leer y mil veces, los secretos, eran mantenidos y borrados por ella… la mejor guardián. Todos estábamos a salvo.
"Esa palabra no la conozco", me decía de la única manera que ella lo sabía decir, como la tierra misma. "No creo que la conozcas" le dije de la única manera que sabía decirlo, para ella. Y cuando el aroma del té se combinó con el aroma a bosque de la emperatriz, hable: "Es una palabra muy antigua. Significa algo así como… unión pero no de partes iguales, sino de cosas totalmente diferentes, que a veces no se llevan bien pero están juntas por alguna razón que nadie entiende con claridad". Ella se quedó pensativa, mientras yo continuaba escribiendo palabras en su espalda; analizando la situación como la madre naturaleza le había enseñado, con paciencia…
"…impresionante", me dijo,"…esa palabra es… como nosotros."
