"Hola amigos, espero que estén muy bien. Yo... bueno, primero perdón por no poder subir este capítulo el domingo, y segundo, pues, darles las gracias por seguir esta historia a pesar de los contratiempos.
Me he propuesto actualizar todos los domingos de ahora en adelante. Mas si surge algo imprevisto, actualizaré los sábados, o sea un día antes. Eso es como para tener un horario... el cual ya empece a irrespetar.
De paso aprovecho para saludar a AnNa-HikAr1-n0-SeNsh1, a Azrasel y a AryAs (y si se me olvido alguno por ahí mil perdones)que son, como dicen en mi país, una teja, lo que significa que son personas muy buenas, muy agradables y es muy ameno conocerlas.
Igual, les recuerdo que cualquier comentario, observación, critica, duda o lo que sea se les agradece, ya sea por comentario o por mensaje privado. Eso me ayuda muchísimo para intentar mejorar los miles de errores que tengo al escribir... pero ahí intentamos mejorar poco a poco.
Nuevamente, mil gracias por leer y ya no les quito mas su tiempo. Espero les guste este cap."
Con Ella
por Chris McRaven
Con su Silencio
Comenzó… como todas las historias trágicas… con un día normal. Tuvimos un desacuerdo el día antes, pero nada de qué alarmarse. Fue cosa de conversar y ya. En la tarde teníamos que ir a una "fiesta" para tratar algunos asuntos de esto y aquello, lo normal. De hecho, por eso fue la discusión el día antes, ella no quería ir… más a como estaban las cosas en el reino, y a cómo eran esos burócratas de zánganos y caníbales, ya me imaginaba los comentarios si la emperatriz no se aparecía.
Nos levantamos en la mañana muy temprano, como siempre lo hacemos. Yo antes por supuesto. Yo desperté con una cara que asustaría hasta a una foca-león con solo verme, pero mi señora se amaneció como lo hace el sol de su tierra, radiante, tranquila e imponente. "Buenos día Sokka", se dejó decir, dirigiendo sus ojos verdes hacia mi mientras abrazaba más fuerte la almohada, permitiéndome ver su felicidad y su pereza juntas al hundir su rostro en ella. "Buenos días Toph", respondí, pasando mi mano por lo poco que quedaba de su carita expuesta para poder verla mejor. Ese día iba a ser largo pero bueno… sí… "bueno", esa era la palabra adecuada.
En el desayuno ella me puso al tanto del itinerario a cumplir mientras llevaba algo de comida a su boca, advirtiéndome mil veces que debía ser más que puntual para no tener que reestructurar nada. Siempre soy puntual, pero a ella le gusta repasar cada detalle para que todo sea perfecto. Asentí con la cabeza, asegurándole que diera por un hecho que su mandato se haría a como ella misma lo solicitaba. Ella asentó con la cabeza, una señal de aprobación para mí.
Practicamos caligrafía en la mañana, los avances de Toph eran dignos de admirar. De vez en vez cometía un error ortográfico o manchaba un poco el papel, pero pronto ya no necesitaría que escribieran nada por ella. Cuando hube terminado con la lección, fui a ver el viñedo (el cual iba viento en popa), coordinando algunas entregas para la tarde. Después, de camino, me reuní con empresarios para discutir algunos asuntos de exportación de productos, y al llegar a casa practiqué un poco con la espada. El día estaba siendo muy provechoso, la perfección parecía que se estaba logrando.
En el almuerzo, el cual tomamos en "mi refugio", Toph me contó sus actividades; una reunión con las damas de la "Asociación de Mujeres para el Desarrollo del las Islas del Reino Tierra", la revisión de ciertos proyectos de bien social, inspección de construcción de vías y calles, y finalmente, que uno de sus amados tejones-topo se había rasguñado una pata; por lo que ella mandó a llamar a su veterinario, el mejor del reino tierra, para revisarlo. "Nada grave, solo un raspón. Pero con el diagnóstico del veterinario me sentí más aliviada", confesó. Ella los adora, se siente muy agradecida con ellos por enseñarle a controlar la tierra con tanta destreza. Tanto cariño les brinda que vio justo y necesario nombrar a todos ellos, y nada la pone de mejor humor que saber o que nacieron nuevos tejones topo o que se integró uno nuevo a la manada. Cuando eso ocurre su cara se ilumina, llenando el ambiente de luz y frescura de bosque, y todos notamos su buen ánimo. La verdad… yo nunca he visto tantos tejones-topo como ella asegura que hay en la zona… pero bueno… si ella los ve, yo los veo.
"¿Y qué vas a usar para la fiesta?. ¿Ya tienes un traje particular que deseas lucir?", me comento a la vez que me servía la segunda taza de té. Desde que se alzó la bandera blanca entre nosotros ocasionalmente tomábamos el té juntos, como el General Iroh le había enseñado, con paciencia y elegancia, disfrutando cada momento.
Solía emplear un juego de te diferente y un tipo de te especifico según ella se sentía o percibía que se desarrollaría el día. Yo al principio no notaba mucho sus estados de ánimo para saber que te iba a servir, mas con forme pasaron los "tés juntos" a veces acertaba en la escogencia de mi señora. Luego me percaté que no solo servía la bebida según su humor o el día, a veces lo hacía basándose en la percepción de mi estado de ánimo. Si me notaba muy intranquilo me daba un te específico para relajarme, si me notaba cansado empleaba "aquel" para darme energía, si pensaba que estaba molesto derramaba el té en sí misma para hacerme reír o alejarme de lo que me perturbaba.
Claro, lo hacía de manera tal que pareciese un accidente a causa del descuido. Era tan buena fingiendo que ya me era difícil notar si era al propio o por distraerme. Hacia la misma rutina de mil maneras: un descuido con su manga, con la cuchara, con el codo, mientras lo bebía; a veces derramaba unas gotas sobre ella, a veces toda la taza, en ocasiones regaba el té en la mesa y en otras en el piso, no había limite en su imaginación… y siempre que ejecutaba su maniobra me sacaba el mal humor de las entrañas, puesto que si realizaba tal acto era porque se preocupaba por mí.
Cuando terminó de depositar la infusión en la taza blanca, obsequio de su madre, me la ofreció ligera, como solo el que ama el té lo sabe hacer. Aceptando su obsequio, tome el recipiente en mis manos, y respondí a la emperatriz: "Sí, ya tomé una decisión. Usaré el traje que me trajiste desde la Tribu Agua de Sur. Quiero mostrar a todos las bellezas que mi pueblo hace, a parte de mí por supuesto. Seguramente quedarán impresionados".
"Excelente elección", aprobó mi señora después de ingerir un trago del delicioso té que había servido, para luego sostener la taza y el platito a la altura de su pecho.
Tomábamos tranquilos el té en el quiosco del lago, alrededor del mismo crecía un enorme árbol de hojas y flores blancas, traído especialmente para mí. El viento hacía que las pequeñas hojas cayeran como si fueran nieve, trayéndome recuerdos lejanos de mi pueblo y mis amigos, pero también movía los delicados adornos que descansaban en el cabello de Toph, y le susurraba al oído palabras que solo ella sabía descifrar. La tarde estaba a pedir de boca, en momentos como ese no encontraba diferencia alguna entre la pequeña Toph y la emperatriz. A pesar de sus suaves movimientos y sus expresiones discretas, surgía en su ser la misma vitalidad infantil que nos obligó a fijarnos en ella.
La luz que reflejaba el lago chocaba con sus impresionantes ojos esmeralda y su piel de leche, dándole ese aspecto magnificente que ninguna mujer en el mundo jamás hubiese poseído y hubiese matado por tener. Irónicamente la única que no se daba cuenta de su belleza era ella.
"Yo aún no sé si vestir de verde o de azul", confesó, sacándome de mis casillas.
"¿De azul?. ¿Y por qué de azul?... no es que no te veas bien en el, pero creo que lo más apropiado es que vistas de verde, mas por los asistentes poco amistosos que por otra cosa. Además, si te soy honesto, el verde te queda mucho mejor"
"¿Y el rojo?" Pregunto, bajando la taza para escuchar atenta lo que tenía que decir al respecto. Ella era así, como las olas del mar, suave y peligrosa. Entre frase y frase buscaba algo que solo Kyoshi podía entender… era mejor decirle la verdad, no valía la pena mentirle a la emperatriz.
"También, pero me gusta más como se ven tus ojos cuando reflejan el verde de tus ropas… pero a todo esto…", y ya venía siendo hora de desviar el tema, "…¿Por qué elijes un color si para ti eso es irrelevante?, sin ofender."
"¿A caso no tengo derecho a verme bien?"
"¿Y cuándo te has visto mal?. Solo digo que algunos se sentirán ofendidos o crearan teorías tontas en tu contra. Si quieres vestir de azul podemos ir a la Tribu Agua del Sur. Ahí incluso puedes usar todos los ropajes azules que existan y que no si ese es tu deseo", le sugerí, era la mejor opción. Ni siquiera quería imaginar lo que se desataría si veían a Toph de otro color que no fuese el tradicional. Era algo tonto, ella no cambiaría su amor por el Reino Tierra aunque le devolvieran la vista a cambio… pero bueno, así es la gente ignorante: cruel.
"Es solo que me complacería lucir tan hermosa y sublime como de tus tierras. ¿Por qué siempre nos vestimos uno de azul y otro de verde?, ¿Por qué siempre mostramos esa división tan marcada entre nuestros pueblos?. Quiero decir, la razón por la que estamos juntos es para lograr un sentido de hermandad entre ambas tierras ¿Y cómo vamos a lograr tal cosa si el emperador marca su procedencia con un color y la emperatriz con otro?. Es algo antagónico a mi parecer"
"Tu punto es válido…", dije a mi señora con un tanto de seriedad en mi voz. Era cierto, la única razón por la que estábamos juntos era para aparentar y para unir, por más que hiciera castillos en el aire eso no iba a cambiar. Toph tenía muy claro eso, estaba casada con su reino y su gente antes que conmigo, eso era admirable… pero generaba en mi un sentimiento extraño… no sé por qué , "…pero yo, si yo fuera un burócrata que nunca ha tratado contigo ni con el pueblo, lo interpretaría como un acto de negación a tu cultura o de preferencia a la mía. Queremos evitar el mayor número de conflictos de este tipo, por ello recomiendo que recapacites tu idea, más lo que decidas lo respetaré apoyándolo totalmente."
"… en eso tienes mucha razón", deslizó la mirada hacia su taza, intentando asimilar e imaginar las consecuencias de sus osados actos. Ya no era "La Fugitiva" o "la hija de los Bei-Fong", era una figura de autoridad, un icono para su gente; por ello, cada acto debía ser meditado fríamente para no afectar a su amado reino. Después de ofrecerme ese semblante preocupado, alzo la mirada, clavando sus ojos translucidos y muertos en los míos, y continuó, "…. Sé que los colores son importantes pero no tengo un discernimiento real de cuánto. Es mejor que siga el consejo de alguien que si puede distinguir el verde del azul.", finalizó con una sonrisa. Simuladamente me dio la razón… y eso era muy pero muy inusual… este día no podía ser mejor.
" No le des más vueltas al asunto. Podrás vestir todo el azul que quieras cuando vayamos a la Tribu Agua."
"Pero ahí no podré ver nada."
"No te preocupes. Ya se me ocurrirá algo.", entonces escuche la risa refrescante de Toph encerrada entre su boca, volviéndose sus ojos más pequeños por la expresión de alegría… lo cual produjo que yo sonriera también, y no me importaba si ella nunca se daba cuenta, me gustaba sonreír con ella.
Ella era impresionante, a pesar del espacio tan abierto del lugar, podía percibir ese aroma relajante y embriagante que provenía su cuerpo. Ese aroma a bosque que reclamaba el espacio y el momento. Los espíritus salven a la emperatriz, sin ella estamos perdidos.
Ya casi era hora de irnos, las luces del día se habían despedido de nosotros hacía pocos minutos, señal que sutilmente nos avisaba del tiempo del cual disponíamos para terminar de arreglarnos. En mi closed, que era un cuarto entero lleno de esas ropas elegantes para cada ocasión, me vestía frente al enorme espejo que ahí había. El verde dominaba el paisaje, lo único que no podía devorar eran mis ropas azules que guardaba celosamente. No obstante, una parte pequeña de mis trajes eras color verde; nunca había tenido que disponer de ellos, a no ser que me viese inmiscuido en un escape fortuito hacia el Estruendo Tierra o un paseo ocasional en el centro de la ciudad. De no ser por eso, sacaría todo aquello de ahí para dejar el color que tanto me enorgullecía.
Me puse los atuendos que Toph trajo desde mi tribu, aquellos con las figuras bordadas que caracterizaban la cultura de mi gente. Inspeccionaba mi reflejo con ojo de águila, puesto que esa noche todo sería perfecto, me lo había jurado a mí mismo. No permitiría que la gente nos intimidara, no me apartaría de ella ni un segundo y, lo más importante, no Sukkis que arruinaran la imagen de la emperatriz. Oh sí. Cada aspecto estaba cubierto desde días atrás sin que ella lo supiera. Era la manera adecuada de compensar a Toph lo de la vez anterior… que no quiero ni recordar.
Mi largo traje caía cual cascada, brillaba como el hielo más puro y era tan suave como la espuma que trae el mar. Toph se había lució en este obsequio, no solo por la calidad del mismo sino por el trabajo que seguro le costó encontrar a los artesanos indicados, sin duda el tiempo invertido en este traje lo hacía más una creación artística que un vestido para presumir en una reunión cualquiera… todos quedarían boquiabiertos al verlo.
Amarré entonces mi cabello negro como la noche en una cola de caballo, como me habían enseñado desde niño, y coloque algunos colgantes en el, como papá lo hacía. Viéndome en aquel trozo de cristal reflectante me imaginaba en mi pueblo, todo ese azul sobre mi piel tostada pintaba en mi imaginación los rostros de Katara, papá, gran-gran, Bato y todos los amigos que dejé atrás. Era un momento alegre y triste a la vez, ya que si por un lado yo mismo lucía como la representación misma de la Tribu Agua del Norte y del Sur, por el otro no era más que un prisionero del Reino Tierra, condenado a simular una vida que no me pertenecía.
Pero, la tenía a ella, alguien que de mil formas seguramente sentía lo mismo que yo… sí, suena cruel, pero la idea tonta de que ella pasaba por lo que yo pasaba me confortaba para no dar un paso atrás, no solo por mí, sino también por mi señora. Pensaba que, tal vez, de su parte podía obtener un poco de comprensión, falsa o real, no importaba. Estar a su lado me hacía olvidar muchas cosas e intentar otras más osadas, borrando de mis recuerdos nuestro compromiso político y la soledad. Me esforzaba entonces para que ella olvidara todo tal como yo lo hacía a su lado, más nunca supe si logré lo que buscaba… pero si antes hube fallado, esta noche lo intentaría y alcanzaría el éxito.
Sonreí entonces ante la idea de que ese día todo sería diferente, que reivindicaría mis errores y que ella pasaría una gran noche. Era la esperanza de un nuevo comienzo para los dos. Ese era el plan, un plan perfecto del cual me encargaría de cumplir. No obstante, mi cruel y benévolo conocido, el Señor del Karma, amigo y enemigo, tenía otros designios para nosotros.
Finalmente me coloqué los zapatos en su sitio y fui a buscar a Toph, quien seguramente también estaría lista. Al ser ya tarde, muchos de los empleados se habían ido a sus casas, a sus habitaciones o a hacer otras labores por ahí o allá alrededor del palacio de jade, dando la impresión de que el hogar de mi emperatriz por completo vacío y más grande.
"Toph, ya es hora", llamé, pero no contestaba. Toqué la puerta de la habitación que frecuentaba para vestirse, probablemente repleta con muchísimos más trajes que la mía, pero nada. La llamé una vez más… la misma respuesta. Toqué la puerta hasta que mis nudillos enrojecieron, pero nada. Osado, gire el pomo de la puerta, el único que me podía dar una respuesta definitiva sobre si estaba o no la emperatriz ahí… y vaya sorpresa, la puerta estaba abierta. ¿Abierta?, ¿Por qué habrá dejado la habitación abierta?. Pidiendo disculpas, entré en el lugar pero no estaba, ni ella ni su aroma a bosque, la soledad me escupió en la cara que ignoraba donde se había ido la única dueña de los ojos profundos… pero decidí mantener la calma… aún quedaban muchos lugares para buscar por ella y sus impactantes ojos profundos.
¿Dónde estará?, ella nunca se atrasa, jamás llega tarde, sus padres le enseñaron la importancia de la puntualidad… ¿Por qué esta actitud tan atípica?. La busqué en su verde habitación del té, pero solo la llenaba la nada. Fui a la recamara y nada, lo único que faltaba ahí aparte de ella era su tiara. Me dirigí al jardín y no… ni rastro. Incluso, tomé algunas manzanas de la cocina para pedirle a los tejones topo que me dieran acceso a su arena, lo único que me recibió fue su ausencia. Pensé en todo lo posible, e incluso lo imposible: en el jardín, en el lago, en mi santuario… pero no.
Decidí entonces dar una nueva inspección al palacio, nada perdía. Al ver a uno u otro guardia en su turno preguntaba por ella, más me daba la misma respuesta: "No la he visto su alteza". ¿Dónde te has metido Toph?. Mira la hora que es.
Por ocurrencias de los santos espíritus del agua, pensé buscarla una vez más en la parte profunda del palacio de roca, pero tomando el pasillo que está frente al jardín. Habían muchos caminos para llegar a haya y, no sé porque, decidí usar ese. La oscuridad ya era evidente y únicamente se desvanecía ligera por una que otra lámpara de aceite colgada en este o aquel lugar. Una medida de precaución para evitar que alguien se golpeara con algún obstáculo imprevisto.
"Toph, ¿Dónde estás?", y el viento y los arboles fueron los únicos que reprocharon en ese idioma que solo ella entiende, "Si estás jugando, esto ya no es gracioso. Se nos hace tarde.", pero nada… me estaba empezando a preocupar. La frase "¿Dónde demonios se metió?" cruzo como un rayo mi mente en infinitas oportunidades y, lo más irónico, parecía que se la había tragado la tierra literalmente. "Toph", volví a llamar, con la ilusión ridícula de que respondiera, que saliera de algún lado y me diera una explicación jocosa de su retraso… pero no…
Y caminé por el largo pasillo, atento a cualquier señal de ella, no obstante la negrura de la noche también la ocultaba de mí. Con forme avanzada, vi una figura difusa a la distancia, no más que un manchón blanquecino que simulaba un espectro o un jarrón mal colocado en el suelo. Ajuste mejor la vista, pero las sombras y el vaivén de las llamas en las lámparas encandilaban mi ojo, confundiendo mi percepción. Luego, no sé porque, tuve esa sensación de que algo no andaba bien, esa sensación extraña que se siente en el pecho y te aprieta los pulmones, alterando tu alma. Con una careta de confusión y extrañes, deteniendo la velocidad de mi andar como reacción natural de autoprotección, llamé: "¿Toph?", ladeando un poco la cabeza, esforzando cada uno de los sentidos para comprender aquello que se me presentaba.
Después de algunos pasos más, la cercanía hizo que distinguiera un poco mejor aquella forma espectral, transformando las líneas difuminadas en otras más claras. Sí, había algo, algo que comúnmente no está ahí, pero no era un jarrón… y tampoco un animal perdido… ¿Qué era entonces?. Pero la tranquilidad llego a mí al percatarme que, en efecto, ese dibujo entre el claro-oscuro del pasillo era ella. Un misterio más que se había resuelto… y un problema menos para mí…. O sea, ¿Quién querría explicarles a los señores Bei-Fong que su hija había sufrido de algún percance?. Por lo menos yo no.
"Toph, benditos los ojos que te ven, te he estado buscando por todas partes. Mira la hora, ya se nos hizo tarde… ¡Bueno bueno!, ¿qué importa?, así haremos una entrada triunfal. Muy dramática, como las que al general le gustan. Con esa tensión que solo él po… dría… dar…". Algo no andaba bien, me lo decía una voz al oído. Veía a Toph venir hacia mí con lentitud, con el paso cansado de una anciana y la paciencia de las flores al crecer. No podía ver su rostro, el velo nocturno me lo tenía prohibido, aumentando en mí el sinsabor de lo que no se llega a comprender. "Toph… ¿Me estás oyendo?, pero nada, como el vapor del té en el aire seguía caminando, y no podía asegurar que pasaba por su cabeza. ¿Pero por qué no respondía?, simplemente era iluso pensar que su oído privilegiado no se percataba de mi voz… ¡Oh espíritu de la luna, que sea solo una broma!.
Contraje entonces los parpados y las cejas ante la duda que me invadía, que era eso, ¿Era Toph?. Miles de ideas cruzaron mi abrumada mente en cuestión de un instante, desde las más lógicas hasta las más locas, todas en un lapsus mínimo. Y mientras caminaba hacia mí la mujer que se reflejaba en mis pupilas, noté que su paso era pesado, rítmico, lento y lastimero, como el que nunca se ve en la emperatriz. Se ayudaba en la labor deslizando la mano derecha por la pared, sin mencionar que tenía un poco curva la espalda. Pero esa era Toph, yo estaba seguro de que lo era, ¡por los mil demonios!, yo reconozco cada uno de sus vestidos y cada uno de los minúsculos adornos que se coloca en el cabello; reconozco ese aroma selvático que solo ella expele, ¿Entonces qué pasa?. Mirándola más detenidamente, vi que su mano izquierda sujetaba su vientre, aferrándose a las telas de su vestidura excelsa. Las cosas se ponían cada vez más raras.
Entonces palidecí al posar mis ojos sobre su rostro, el cual había levantado para poder decir mi nombre de una forma que aun hoy cala mis huesos y fragmentaría el alma de cualquier avatar. Se derrumbó, como se derrumban los sueños al despertar, en un momento efímero. Su mano frágil intentó aferrarse a la pared, su único guardián, y su delgado cuerpo cayó inevitablemente al igual que los arboles al envejecer. Abriendo los ojos de par en par corrí lo más que pude, golpeándome al caer fuertemente sobre mis rodillas contra el piso. Y si, efectivamente era ella, tirada en el suelo, pálida y casi inmóvil; ¿Cómo fui tan idiota de no darme cuenta de lo que ocurría?. Sus ropas finas, color blanco, verde y dorado se expandían por todas partes enmarcando su desgracia, dejando ver sus pies y manos adornadas. Algo había pasado, eso era un hecho obvio, pero la pregunta era "¿Qué?".
La llame una y otra vez pero no me respondía, noté en su rostro de mármol rastros de dolor y sufrimiento que lo fragmentaban sin piedad. Apretaba los ojos fuertemente, presionaba su mandíbula con tal ahínco que marcaba con facilidad los músculos de su quijada en su rostro. La tomé entre mis brazos colocándola sobre mi regazo para darle un poco más de comodidad y para poder examinarla con mi ojo clínico amateur.
Si estaba enferma o no, si estaba herida o no, no lo sabía, lo único que podía asegurar era que si su mal fue causado por un tercero este conocería la ira de un dios en mí. Lo perseguiría hasta el fin del mundo si era necesario, rogaría ante mis pies perdón por haber cometido tal acto de infamia contra la emperatriz, pero yo no tendría piedad de él. Mi ajusticiamiento sería leyenda, se contaría de boca en boca durante generaciones, pero jamás se escribiría para que no existiese testigo alguno.
En medio de mi rabia por su mal y mi temor por su salud, quité algunos mechones del rostro de Toph para inspeccionarla un poco mejor… y sobre su faz perfectamente maquillada vi gotas de agua caer por miles… esto no podía estar pasando.
Estaba completamente aterrado, ¿Qué le ocurría?, ¿Qué era eso?, ¿No se suponía que hoy todo iba a ser perfecto?. Temblaban con ella entre mis brazos, sosteniendo con fuerza su pequeña y delicada mano blanquecina para que sintiera mi apoyo… pero seguramente no fue lo que ella percibió de mí; realmente yo, Sokka de la Tribu Agua del Sur, el guerrero que luchó al lado del Avatar Aang contra toda la Nación del Fuego, que había sufrido centenares de calamidades y desgracias agónicas, estaba en shock.
Prefiero enfrentarme a la propia Azula en el mejor de sus días que a una situación como esta. "¡¿Toph, que está pasando?", pero no decía nada. Su cara se inundaba de sufrimiento y angustia, gotas de sudor frió salían de su frente y, al igual que yo, su mano se mecía como copo de nieve en el viento más inmisericorde. Ahogaba en su garganta gritos de dolor, seguramente para que yo no me alarmara… pero para eso ya era demasiado tarde. Sentía que la perdía, sentía que no era nada y que todo lo que aprendí en la vida servía para un carajo. ¡¿Qué más daba el conocimiento si no surgía en mí una sola idea para mermar su mal?.
"!Toph, respóndeme!", pero ella que iba a responder. Estaba totalmente concentrada en los agobiantes y agónicos espasmos que su cuerpo le proporcionaba sin piedad, que le desgarraban su esencia vital como si fuese un castigo por aceptar a alguien que no era hijo de su reino. Se iba, escapaba de mí al igual que se escapa la arena de entre las manos, ¿y yo que podía hacer?. Estúpido Sokka que aun crees que algo bueno te puede pasar.
Simplemente no me podía hacer esto, simplemente no tenía el derecho de alejarse así, sin más; sin decir adiós, sin visitar la Tribu Agua, sin vestirse de azul, sin compartir con migo el último te, sin saber lo que había repujado para ella… sin mí. Le ordenaba con el corazón en la mano "¡Toph, no te atrevas a dejarme!. ¡Toph, por los espíritus, no te atrevas!. ¡No puedes hacerme esto!" como último método absurdo para retenerla, pero, ¿las ordenes de un emperador que sentido tenían cuando el destino ejercía su juicio?. Estaba maniatado, al verla así me fue imposible evitar que el alma se me hiciera mil pedazos, ¿Por qué ahora que todo iba tan bien?. ¡Maldito seas señor del Karma!.
La llame nuevamente casi en un gemido desesperado, conteniendo tanto el quebranto de mi voz como las lágrimas en mis ojos. Yo era el único ahí y no me podía dar el lujo de perder la cordura, aunque Kuruk sabe que estuve entado a hacerlo.
"Toph, ¿Cómo te curo?"; nunca había envidiado los poderes que los dioses le habían concedido a mi hermana, pero en ese preciso instante hubiese vendido mi alma a cualquier demonio con tal de poseer por solo una vez su talento.
"…llama a mi médico…", fue todo lo que dijo, dibujando una sonrisa entre sus palabras. ¡¿A caso estaba demente?, ¡¿Creía que con una sonrisa falsa iba a calmarme?. Está loca, ¡está completamente loca como todo lo que hay en el Reino Tierra!. Apreté fuertemente su mano, acercándola un poco más a mí, mientras regresaba a ella ese rostro testigo de la resistencia al dolor.
"!Sí, sí!, tu médico. Yo llamo al médico, yo llamo al médico. ¡¿Dónde está el medico?", monologueaba nervioso, moviendo la cabeza de un lado a otro para ver si por milagro alguien aparecía. Lo último que me cruzo por la mente fue dejarla sola, de hecho, nunca se me ocurrió. Me empecé a sentir un poco más frío e hiperventilado, era la depuración de la impotencia que pasaban la factura. ¿Cómo yo, el chico que siempre tuvo un plan en todo momento, ahora no sabía qué hacer?... los males no vienen solos.
Cuando hacía un barrido visual por el pasillo, que no fue de más de dos segundos, me percaté de que había algo en el piso… un líquido que emanaba de ella, manchando sus ropas y las mías; un líquido espeso y oscuro que irrespetaba todo, no solo el espacio, sino también el momento. "…Por todos los dioses… ¡¿Qué está pasando aquí?", pensé en voz alta. Yo ya no tenía cabeza para nada, y la situación no podía empeorar más de lo que ya estaba… mucho menos mejorar. La fortaleza de mis ancestros, esa que yacía en mi sangre, se perdió; era un inútil, un pobre tonto que aun creía en la felicidad.
Una vez más le estaba fallando a mi emperatriz… a Toph. En mi cuerpo solo en pánico tenía cabida, y perdí completamente la cabeza por el miedo al entrever aquel liquido posesionarse de las faldas decoradas del vestido de Toph.
No podía ser, es que no podía ser. ¡Malditos los dioses, eso no podía ser!… pero lo era… era sangre.
"… auxilio…" dije en voz entre cortada, débil y temblorosa. Toph se estaba muriendo entre mis brazos y yo lo único que hacía era sostenerla entre ellos; valiente guardián resultaste ser, que cuando ella ocupaba de ti tu no tenías conciencia de nada. "… por favor, auxilio…", llamé un poco más fuerte, moviendo la cabeza de un lado a otro, con los ojos abiertos a mas no poder por sí algún alma oportuna se aparecía… De nuevo, solo el silencio respondió.
Y no la oí más, ni respirar ni gemir, ni su aroma característico tampoco. Al dirigir la vista a mis brazos la noté totalmente desvanecida… inerte. La llamaba, la sacudía… temiendo lo peor.
Ya presa del pánico, la desesperanza y las ansias, grité como nunca lo hice en mi vida, con la fe perdida. " ¡Auxilio!. ¡Por amor a los dioses y los espíritus ayuda!. ¡Que alguien me ayude por lo más sagrado!. ¡La emperatriz, algo le ocurre a la emperatriz!. ¡Un médico!. ¡Alguien traiga a un médico se los suplico!." Grité… hasta quedar sin voz… hasta que alguien llegó. Grité, abrazando a Toph como si eso pudiera evitar que la muerte me la arrebatara, suplicando humildemente a las deidades que me dejaran estar más tiempo con ella.
"Gracias por leer. Nos vemos la próxima semana."
