Hola amigos. Espero que hayan tenido una hermosa semana. Por aquí han sido 2 días enteros de lluvias sin cesar. Eso no había ocurrido desde hace años, es lindo recordar los viejos tiempos.

Ahora, bueno, les traigo un capitulo muy largo, mil perdones por eso, pero es necesario. Espero que les guste y que se acomoden bien porque les va a consumir tiempo.

Finalmente, saludos a todos los que se toman el tiempo por leer y a los que escriben sus comentarios. Especialmente a mis amigas Azrasel, AryAs, AnNa-HikAr1-n0-SeNsh1 cuyos comentarios siempre me hacen sonreír y me dan grandes ideas.

Nos vemos, mil gracias por todo y ya saben, dudas, comentarios, recomendaciones o lo que sea escríbanme un mensaje privado o un review que con gusto los responderé todos.

...Bueno, ya no les quito mas el tiempo :) .


Con Ella

Por Chris McRaven

Con sus Secretos

Yo sé que es estúpido el solo hecho de decirlo, pero obviamente no fuimos a la fiesta. Gracias a los dioses, y creo que en parte al Señor del Karma (aunque no estoy muy seguro), la ayuda llegó presta. Mis gritos llamaron la atención de todos, incluyendo la de los guardias dormidos y a los que estaban alerta. Incluso, las doncellas que estaban ya en sus cuartos salieron a socorrerme. ¿Qué haría yo sin los habitantes del Reino Tierra?.

Mientras yo me encontraba en shock, las doncellas se acercaron a mi preguntándome que pasaba, mas yo solo repetía como un loco que era necesario llamar a su médico (que ni siquiera sabía quién era). Las mujeres inmediatamente entendieron que su emperador no era el adecuado para asumir el rescate de la emperatriz, y así fue como tomaron las riendas de todo. Unas ordenaron a una parte de los guardias buscar por intrusos por si el estado de su señora era a causa de un ataque furtivo y a la otra parte ir en busca del médico lo más rápido posible, otras me pidieron llevar a la emperatriz a su cuarto (claro, escoltado por ellas), mientras algunas otras se fueron a preparaban agua, mantas, paños, ropa limpia y lo que fuese necesario para Toph.

Estaban como sincronizadas, cada una sabía exactamente qué hacer. Claro, solo lo mejor para la emperatriz.

-Por aquí señor-, dijo una, la más anciana, para sacarme de mi trauma histérico y poder ayudar a Toph lo más pronto. La seguí por el camino que me conozco bien, el que lleva a su recamara… ¿o a la nuestra?. Deslizando la puerta, las doncellas me dejaron pasar para colocar el cuerpo inerte de Toph en la cama verde. Su aroma ya no se percibía… y yo presentía lo peor.

La mitad del traje de la emperatriz estaba manchado de rojo, color que se fue develando con forme las lámparas y las rocas luminosas hacían su aparición. Maldije por lo bajo ese color que debía estar solo en la Nación del Fuego, no en las vestimentas de mi señora, pero esos no eran más que pensamientos paranoides. Quiero decir, ¿Qué culpa tiene la sangre de ser roja?, ¿Si fuera azul odiaría a mi tribu?. Esas ideas solo eran vulgares válvulas de escape de mis temores e iras por ser tan inútil ante la emergencia.

Al dejarla su lecho las mujeres se hicieron cargo de todo. Sabanas limpias, paños estériles, ropa adecuada, todo eso comenzó a surgir de la nada mientras yo me quedaba estático como un tótem en medio del cuarto. Mis ojos no se podían separar de ella, veía como esas mujeres quitaban el chal que le sentaba tan bien a Toph, desenredaban los adornos y su tiara (su amada tiara) de su cabello solo para dejarlo desparramarse en la almohada. Retiraban cada pieza ornamental estorbosa, limpiaban el rostro de mi emperatriz con paños húmedos para retirar el maquillaje, tomaban su pulso y colocaban sus oídos en su pecho para saber si respiraba.

Boquiabierto y con los ojos abiertos a mas no poder, me cuestionaba si en realidad yo era de alguna ayuda en su vida. Al ver a esas mujeres tratando de arrancarla de las garras de los espíritus del otro lado, comencé a filosofar sobre mí mismo junto a ella. Aquella imagen que homenajeaba la desesperación por hacer volver a Toph corría aletargada en mi cabeza, como si el movimiento decidiera ese día no seguir su ritmo normal, sino uno suave.

Salí de mis lamentaciones silenciosas al sentir el brazo de aquella anciana tocar el mío. -Su majestad, no deseo sonar grosera, pero necesitamos todo el espacio posible para trabajar-, la vi con mi semblante atónito y asenté con la cabeza. Sutilmente la mujer me empujaba hacia la salida, -Confíe en nosotras.- me pedía… pero ni siquiera me salía la voz para agradecerle o preguntar algo.

Di una última mirada hacia la cama donde yacía mi señora, rodeada de doncellas trabajando como si el cansancio fuera un mito urbano. Llegue hasta la salida y luego de unas palabras amables de la dulce señora, que resonaban en mis oídos como murmullos incoherentes, me pidió mil perdones y comenzó a cerrar la puerta en mi cara. Noté entonces que le quitaron la faja que enmarcaba su perfecta silueta, ¿La estaban desvistiendo? ¿Qué tan necesario era eso?. Y su imagen se alejó de mi cuando las puertas de su cuarto se cerraron y un vacío ansioso se apoderó de mí.

15 minutos después llego el médico, en ropa de dormir. Prácticamente los maestros tierra lo hicieron expulsado de su casa para que fuera a socorrer a Toph, sin importar la hora. Son buenos soldados los que están al servicio de mi señora.

Sentado prácticamente al lado de la puerta del cuarto de Toph esperaba alguna noticia esperanzadora, y solo me levanté del piso cuando el medico llegó. Dándole un saludo ceremonial, le conté lo poco que sabía, -Ella… se desmayó. Estaba sudando frío y parecía sufrir de un gran dolor. Luego… apareció un rastro de sangre manchando su vestido…-. El médico asintió con la cabeza a cada frase importante que salía de mí, al mismo tiempo que inspeccionando mi vestidura enrojecida por secciones, mis ojos desesperados y mi respiración acelerada. Fue cuando ordenó me calmara. Dijo que alterándome no la ayudaría, que lo mejor sería que me cambiara de ropa y tomara un té para relajar los nervios porque, de seguir como estaba, pronto yo sería su paciente. Luego entró al cuarto de Toph y no supe más de él…

…¡¿Un té para relajarme?, ¡por favor!... voy a hacer una olla entera de té solo para empezar.

Pasaron las horas y las horas y las horas. De vez en vez salía una muchacha apresurada a traer algo y tan rápido como salía se metía a la habitación de Toph… dejando en mi cabeza la desconfianza de sus acciones. Sin embargo no me parecía correcto dudar porque ¿yo que hacía?... esperaba sentado en una sala contigua con ropas limpias… con una olla de te…

Algunos guardas se acercaron a mí para darme palabras de consuelo, -No se preocupe su alteza. Yo la he visto romper piedras con la cara y levantando muros enormes, esto lo superará sin problemas-, decían. -Vamos señor, ánimo. Si pierde la fe los espíritus dejaran de ayudarla-, recomendaban, todo con tal de sacarme de mis preocupaciones. Pronto me vi con 3 guardas sentados a mi lado, ayudándome con la olla de té, conversando de cosas sin importancia para desviar el estrés del momento y hacer más llevadera la espera.

-Usted es un buen hombre…- Continuó el más joven de todos-, seguramente los espíritus del bosque y de la tierra bendecirán su vida concediéndole todo lo que desea. Ellos ayudaran a la emperatriz a recuperarse en recompensa por todo lo que usted ha hecho por nosotros, sin tener el deber de. Y cuando se recupere, sembraremos un árbol en el jardín en honor a los espíritus y para que bendiga a todo aquel que pase bajo el-, terminó, dibujando con las manos su idea.

-¡Es una magnífica idea!. Los dioses estarán sumamente complacidos-, respondió su compañero, totalmente convencido que tal acto traería prosperidad al palacio.

-Gracias- Fue todo lo que hice… su fe me hacía recordar la mía.

La conversación con aquellos entregados hombres hizo la pena menos amarga. Luego de unas horas el medico salió de la verde habitación de Toph, al igual que algunas doncellas. Él agradeció a cada una por su ayuda; algunas se fueron a descansar, mientras las más experimentadas continuaron con algunas tareas que había que finiquitar para el cuidado posterior de la emperatriz.

Al verlo, de inmediato me levante de la mesa de té para hablar con él y saber sobre la condición en la que se actual de Toph. El afable caballero me saludo, me preguntó que si ya estaba más relajado… cosas de rutina que me hacían perder el tiempo.

-¿Cómo esta ella?- escupí sin más rodeos, necesitaba conocer si todo había salido bien o si era necesario viajar por las 4 naciones en busca de una cura, pero al parecer eso último no era necesario. El médico me pidió hablar a solas con él, pero no fue necesario pedir a los presentes que nos dejaran solos. Los discretos empleados del lugar escucharon las palabras del galeno, alejándose en el acto sin más, dejando el espacio para lo que sea que el médico tuviese que decir.

-Ella está bien. Está estable.- inicio, con lo cual me quito un gran peso de encima -Necesitará unos días para reponerse y pronto la verás como si nada hubiese pasado. Eso sí, debe tomar sus medicinas, ella las odia, pero ahí tendrás que usar tu ingenio para que ella las consuma. Por suerte la auxiliaron rápido, de haber estado sola hubiese muerto desangrada. Por ello no me cabe duda que son sus más fieles amigos, siempre la cuidan.-

-Pero…¿Qué le paso?, ¿fue un ataque con un arma o algo parecido?-

-¡Oh no, nada de eso!. Nadie a herido o atentado contra la vida de la emperatriz. Fue una reacción de su sistema seguramente por las presiones del trabajo y el estrés, el cual debió ser mucho, lo intuyo por el colapso tan drástico que sufrió su cuerpo.- , honestamente, las palabras del médico me sonaban un poco incoherentes. Ninguna mujer que yo conozca le pasan esas cosas por el hecho de estar estresada. Los secretos de la emperatriz son demasiados y todos muy difíciles de descifrar. Ante tal acontecimiento que había presenciado, solo una teoría había llegado a mi cabeza que pudiese explicar el colapso de Toph.

-… ¿Fue una perdida?. ¿Acaso Toph estaba en espera?- Dije sin más. Definitivamente no estaría tranquilo hasta oír una respuesta a mi pregunta, afirmativa o negativa, no importaba.

Francamente, dudaba mucho que yo fuera el padre de esa supuesto criatura… solo una vez tuve el permiso de la emperatriz para acercarme a ella y nunca más, fue un error que no se volvería a repetir. Así lo había establecido… y probablemente ella también. Asimismo, si ella estaba en espera, no tendría más d meses, puesto que la hinchazón en su vientre no se notaba y seguía teniendo esa espectacular silueta que hacía lucir aún más bellos los vestido que empleaba. Sin obviar el hecho de que habían pasado más de 3 meses desde aquella noche.

No obstante, que fuera o no mi hijo no era lo que me preocupaba en ese momento, puesto que no soy nadie para meterme en su vida… ese era el trato que habíamos pactado desde el día de la unión. El verdadero problema estaba en como tomaría Toph la noticia. Pero las palabras del noble hombre disiparon mis dudas y preocupaciones… e indirectamente las de ella.

-¡No, no. Por suerte no!, ¡La madre tierra nos cuide ante tal desgracia!. La emperatriz no estaba en espera gracias a los espíritus. Yo he sido su médico desde que era una niña y le puedo asegurar que lo que pasó es algo relativamente normal en ella. No había sufrido estas hemorragias desde hace unos años, pero no es raro que le ocurran. Usted sabe que todo eso es a raíz del "incidente"-

-¿Cuál "incidente"?- Pregunte lleno de duda, ya que nunca había escuchado hablar de tal cosa. Me interesaba mucho el tema, puesto que a raíz de eso casi perdemos a la emperatriz. Sería lo mejor estar preparado para la próxima y saber qué acciones tomar.

-… ¿A caso la emperatriz no le ha contado sobre el "incidente"?- Y ahí estaba, la frase que gritaba que la intención de Toph era que no descubriera jamás el "incidente". Mas no soy nada tonto, ¡oh no!. Al ver el pasmado rostro del médico cuando cayó en cuenta de su insensato comentario, rápidamente tome acción evasiva, fingiendo que el tema que a él le atormentaba ocultar era de lo más común para mi… su esposo.

-… ¡A sí, el "incidente"!, ¡Claro!. Sí señor, de hecho, fue lo primero que me dijo antes de que nos casáramos. Usted sabe, no hay misterios entre nosotros. Somos un matrimonio muy estable. La comunicación es la base y el secreto de todo. Solo que con todo este alboroto he notado que tiendo a perder los hilos de las conversaciones. Mil perdones por casi provocarle un infarto-

-¡Que suerte!, creí por un instante haber cometido una imprudencia. Bueno, ya que sabe del suceso entonces también entenderá que en ocasiones esas cosas pasan como resultado inherente a lo que ocurrió. Lo importante ahora es que ella esté tranquila. Conozco perfectamente el carácter de la emperatriz Bei-Fong y apuesto a que no ha cambiado mucho desde que era pequeña-

-No, de hecho no-, dije cruzando los brazo y alzando una ceja, para luego mover sutilmente la cabeza.

-Me lo temía… Bueno, entonces le espera una dura tarea para mantenerla en reposo. Dele las medicinas- dijo, para luego sacar un papel de su bolsillo con varias cosas escritas en el -…esta es la dosis, las cantidades y el tiempo en que se las tiene que dar junto con los nombres de cada una. Los frascos los dejé en la habitación de la Señora Bei-Fong, en la mesa de noche. No olvide que aunque ella se sienta bien debe terminar el tratamiento, sino habrá un retroceso en su salud a mediano o largo plazo.-

-Sí señor, haré todo lo que me dice.-, agregué tomando el papel de las manos del médico.

-Y finalmente… sé que esto no tiene nada que ver con la salud de la emperatriz, pero… me alegra mucho que ella tenga una persona como usted a su lado. Desde que era niña me pregunte con qué clase de hombre uniría su vida y me alegro mucho que haya sido con uno bueno. Yo la he visto crecer… le tengo un gran cariño y un gran respeto, por eso deseaba con toda mi alma que alguien velara por ella así como ella lo hace por todos. Al verlo a usted junto a ella a pesar de su condición, a pesar del "incidente", noto que realmente la ama, lo cual me tranquiliza como no tiene una idea. Usted es una persona realmente admirable. Hombres tan honorables como usted en estas tierras hay muy pocos, … creo por eso ella buscó en la Tribu Agua del Sur. -

-Gracias por sus palabras. Me alagan y me hacen caer en cuenta de mi deber para con ella. Mientras esté a mi lado velare por su seguridad, eso es un hecho. Este tranquilo- ¡¿Pero de qué demonios estaba hablado ese hombre por los espíritus?. ¡¿Qué eran ese montón de palabras incoherentes?. ¿Se habrá vuelto loco?, y lo más importante ¡¿Qué rayos es "el incidente"?. Algo no andaba bien…ooooooh no, por los dioses que no; es más lo siento aquí, en la boca del estómago… siento que pronto vendrá el señor del Karma, ¡maldita sea!.

-Es grato escuchar eso. Bueno, creo que me voy para que usted descanse un poco. Fue un placer conocerlo más allá de los buenos comentarios que han llegado a mí. Por favor, salude a la emperatriz de mi parte cuando despierte.-

-Así será.-

Despedí al médico con el agradecimiento que solo una persona temerosa de la muerte puede hacerlo, ordenando que los guardas lo llevaran hasta la puerta de su casa… era lo menos que podía hacer por el pobre hombre, quien no objeto jamás ni por la hora en que fue convocado ni por la manera en que fue traído. Lo vi alejarse en uno de los carruajes impulsados por maestros tierra, esos que son tan efectivos, una maravilla del lugar.

Solo hasta que el transporte se fundió con la noche entre a la casa, pero le faltaba algo, se veía totalmente vacía a pesar de las personas que aún seguían en vigilia por ahí… y luego caí en cuenta lo que faltaba, faltaba ella. El pensamiento atormentador del estado de salud de Toph me molestaba aun. Sin importar lo que había dicho el médico, hasta no verla en pié, flotando por los pasillos, sonriendo discreta ante el comentario estúpido de un burócrata o sirviendo el té con esa finura que a Iroh tanto le había costado conseguir en ella, no le creería.

Reuní a todo el personal que estaba despierto y agradecí toda la atención y la ayuda que nos habían brindado, -…son realmente una fortuna para nosotros- dije, recibiendo la más grata muestra de aceptación de mis palabras, las sonrisas de todos ellos.

-Entonces… ¿nuestra señora está bien?-, preguntó el joven guarda preocupado, el que hacía poco estaba tomando té con migo. Su interrogante prendió las miradas verdes de todos sobre mí, estaban ansiosos de recibir noticias de ella. Evidentemente les informé el estado de salud de la emperatriz y todas aquellas palabras relevantes que el médico me había dado. -Tendremos emperatriz para rato-, bromeé para calmar un poco el ambiente, y nuevamente vi los ojos verdes de todos hacerse pequeños por las caras felices que emergieron.

-A manera de agradecimiento, por favor, les pido que se tomen libre el día. Deben descansar y están todos desvelados e inquietos por la situación. No se preocupen por nada. Los empleados y guardas que vendrán en la mañana serán suficientes para cubrir las labores básicas del lugar. Yo mismo ayudare en ellas para amortiguar la carga.-. Mi frase final alarmó a todos, ¿Cómo era posible que el emperador hiciera tal cosa como ayudar en los quehaceres?, pero bueno… ya lo había dicho y como emperador… aunque no me gusta decirlo o hacerlo… tengo cierta autoridad.

Los guardas del turno de la noche dijeron que no era necesario, puesto que es su deber vigilar por las noches y lo que pasó solo era parte de su oficio. Las mujeres objetaron que era parte de su labor también, por lo cual era impensable el abandonar a la emperatriz, más bajo las condiciones de salud que se encontraba. Además argumentaron que los trabajos del palacio eran la razón por las cuales ellas estaban ahí, y hacer que se retiraran les provocaba un sentir como si les robaran lo que les daba de comer.

Creo… que ellos solo obedecen a Toph… pero más bien digo que estaban tan preocupados por ella que no se querían ir de su lado. Después de escuchar los argumentos de todos, notando que definitivamente mi proposición les parecía una ofensa, decidí plantearles un mejor acuerdo : -Ya que los guardas nocturnos ven las cosas desde ese punto de vista, no me queda más que agradecerles y pedirles disculpas por las molestias que les hicimos pasar. Para ustedes chicas, por lo menos complázcanme entrando a trabajar en la tarde y no en la mañana como siempre lo hacen. Véanlo como una reposición del tiempo que perdieron de sueño a causa del alboroto. Ustedes también deben descansar y estar en óptimas condiciones para cumplir su trabajo; no me perdonaría si algo les llegara a pasar debido al cansancio o la falta de sueño. Sin mencionar que todos tienen el permiso de faltar un día al trabajo, el día que mejor les parezca. Pienso que es lo mínimo por el momento que puedo hacer por ustedes. ¿De acuerdo?-

Todos aceptaron las condiciones del trato… aunque ellos no lo veían necesario, mas yo sí. Los habitantes del Reino Tierra son como su patria, testarudos pero firmes y leales. Ellos darían todo por su emperatriz, y lo demostraron. Trabajan como lo hace la tierra misma para dar vida, hasta parece que odian descansar… ahora veo porque ella es así.

Finalmente todos volvieron a la actividad que realizaban antes de lo ocurrido; era hora de descansar, incluso para mí. Me dirigí al cuarto de Toph para ver cómo se encontraba… y claro, estaba dormida. Reposaba de esa manera que odio tanto, esa que la hace lucir como muerta, con las manos a los lados de su cuerpo y boca arriba. Respiraba tranquila, el rostro de agonía lo remplazó por uno relajado, era grato ver eso al menos. Y ahí estaba, ese aroma a bosque que solo ella posee, una señal clara que estaba mejor.

Me senté a su lado… y acaricie su frente. Su vestido fue sustituido por una bata cruzada color verde claro… y aun así, sin toda la ornamentación que su rango exige, me parecía que se veía mejor que nunca. Con solo contemplarla mi espíritu se llenaba de tranquilidad… ya lo peor había pasado. Solo restaba ver como evolucionaba el asunto… y tal vez velando su sueño por fin demostraría que yo servía para algo.

… por la luna, casi la pierdo frente a mis ojos…

No obstante, a pesar de que todo regresaba a su ritmo habitual… ahora tenía miedo, uno diferente, uno que no sabía de donde venía ni si se iría pronto. Con el corazón en calma, a la vez que repasaba el rostro prohibido de la emperatriz con el dorso de mi mano, llegaron a mí las palabras que desajustaban muchas cosas de mi mente ya perfectamente estructuradas en relación a mi vida junto a la emperatriz, o la consigna política como la llamo yo.

"…Usted sabe que todo eso es a raíz del ¨incidente¨". El incidente, ¿Qué incidente?, de qué estaba hablando ese hombre. Algo no andaba bien… y el miedo apareció desde ese instante. ¿Qué tiene que ver el ¨incidente¨ con que yo sea ¨un buen hombre¨?, ¿Qué tiene que ver el maldito ¨incidente¨ con que yo esté o no con la emperatriz?... claro… no hay misterios entre nosotros, ¿verdad emperatriz?

Ahora escucho cada palabra que dijo el galeno… me desgarra y me invade la curiosidad. ¿Pero qué puedo hacer?, ¡Obligar a Toph a decirme lo que no quiere!. Si en todo este tiempo no me ha dicho dónde iba por las noche a hurtadillas, si tuve que descubrir por mí mismo su arena de entrenamiento y tuve que averiguar, de la peor manera, que podía leer como cualquiera, ¿Qué probabilidad hay que me cuente del ¨incidente¨?... ¡ah sí, yo sé!, ¡ninguna!

En mi pecho la sensación de que los secretos de la emperatriz eran más oscuros que la profundidad del mar afloraba. Tenía miedo por eso, tenía miedo porque poco a poco, y sin darme cuenta, comencé la construcción de castillos en el aire, de recuerdos sin futuro y de esperanzas vanas, todo en base de comentarios o acciones de Toph. ¡¿Pero qué acciones de Toph?, si todo lo que hacía era por su gente; "acciones de la emperatriz" debería decir… ¿ O no?.

Era confuso… sospechaba que en realidad nunca la había visto y que la mujer que todo este tiempo se había erguido a mi lado no era más que la soberana del reino Tierra, no Toph. Pero cuando me atacaban las imágenes de ella sonriendo, de ella enojada o de ella triste todo se enmarañaba. ¿Hasta qué punto ella es ella o no lo es?... y lo primordial, ¿Era ¨el incidente¨ relevante o no para mí?. Espíritu de la luna, que no lo sea, porque si lo es… estoy perdido.

De esa noche en adelante prometí pondría un kilo de incienso diario en el altar de los dioses… tal vez así se apiaden de nosotros y alejen al señor del Karma.

Resguardé su sueño durante el crepúsculo… me dormía y me despertaba cada media hora para ver cómo estaba. Me encontraba exhausto, pero nunca para cuidar de ella. Dejé solo una pequeña lámpara encendida, lo justo y lo necesario para verla entre el claro oscuro. Era como ver a la nieve en una noche sin estrellas, solo ella resaltaba. Su pálido color emergía entre la negrura de la habitación que intentaba ocultarla, y por un momento desee estar en casa…

A veces me cuestionaba si estar con ella era lo correcto. Debí haber pensado mejor las cosas… no debí haberle hecho caso a papá.

El día llegó saludando desde la ventana de la emperatriz, anunciado por los cantos de las aves y otros ruidos rutinarios de la mañana. Yo amanecí con ellos también. Sentado en una muy incómoda silla al lado de la cama de Toph, esperando a que abriera sus ojos únicos. Tenía que saber si realmente estaba bien de su propia boca. Aunque se le veía mejor color y respiraba con normalidad, con ese ritmo hipnotizante, para mí no era garantía de su bienestar.

Colocando los codos sobre mis rodillas, busqué una posición cómoda para poder tomar la mano de la emperatriz mientras aún estaba sentado. Quizá en algún momento ella daría una señal de vida, contrayendo sus dedos finos o que se yo. Acariciaba el dorso de su mano al mismo tiempo que me inmiscuía en mis propios pensamientos sobre lo que pasó; mas mis cavilaciones irrelevantes se rompieron al escuchar la voz de la emperatriz ¿llamándome?. Sí, era mi nombre, de eso no había duda. Fue bastante peculiar que fuera su primera palabra, y no voy a mentir, me sentí muy alagado por eso. Al menos era una señal de que tenía presente que existía.

Apreté su mano para confortarla, sabiendo que de esa forma podía sentir mejor mis vibraciones… que supongo que son únicas en cada persona. Estaba aturdida, seguramente por la medicación, desde que se desmayó no había vuelto en sí… por lo menos yo no había visto eso, pero realmente se le notaba un cambio drástico en el semblante.

-Aquí estoy-, susurre, siendo el efecto inmediato de mi acto la tranquilidad en ella, dirigiendo su rostro hacia donde mi voz provenía.

-Sokka… ¿Dónde estoy?... ¿Qué hora es?...-, de repente se golpeó la frente con la mano libre, -¡Por Kyoshi, la fiesta!, ¿Aun podemos llegar a tiempo?-. Sin lugar a dudas no tenía idea de lo que pasó, me fue imposible no mostrar una sonrisa irónica en mi cara al percatarme del grado de estrés de mi señora por llegar tarde a la celebración. ¿Qué acaso nunca toma un receso?.

-No lo creo Toph-, dije sardónico, para luego ponerla al tanto de los acontecimientos. La expresión de la dama del Reino Tierra paso de preocupación a impacto, era como si no aceptase los hechos, como si lo que le estaba contando le hubiese pasado a alguien más.

¡Oh por Kuruk!, ahí viene esa cara de "lo eché a perder" que tanto me gusta porque significa que gané una… y eso si es poco común. Otra mueca feliz salió de mí, pero era a causa del sentimiento que me provocaba la entrega de Toph por sus labores como emperatriz.

Dándole una o dos palmaditas en la mano le aseguré que eso no era el fin del mundo, que ya veríamos como callar las habladurías de la gente… quizás hasta podía usar su metal-control en algún estúpido burócrata… -eso te encanta-.

Pensó entonces que seguir mi consejo era lo mejor. En el silenció, analizó lo que había dicho recientemente, lo cual genero la ronda de preguntas obvias de cualquiera que transcurriera por lo que ella sufrió.

-…pero…¿Qué pasó?-, preguntó, refiriéndose evidentemente al hecho de que mágicamente estaba en un cuarto, con otra ropa y en una cama.

-Eso mismo te pregunto a ti. ¿Qué pasó?-, y su mente se concentró en lo último que recordaba, imágenes difusas de las últimas horas.

-No… estoy muy segura. Recuerdo que terminé de alistarme… y le dije a las chicas que me estaban asistiendo que prepararan el carruaje para irnos, que luego las alcanzaría. Después… fui a la parte de atrás de la casa… no… no recuerdo porque… y… me comencé a sentir muy mal. Me empezó a doler la parte baja del vientre…. Ahora que lo pienso…me había estado doliendo desde la mañana.-

-¿Y porque no dijiste nada?-

-No era un dolor tan grave el de la mañana. Pensé que era común… tu sabes, dolores normales de las mujeres… pero cuando el dolor se agudizo, me di cuenta que no era tan normal.-, asentí la cabeza como si ella lo pudiera ver. Luego Toph continuó con su relato, -Caminé unos pasos con la tonta idea de tomar alguno de los medicamentos que tengo aquí, en la mesa de noche, para casos como ese, pero el dolor de repente se hizo insoportable y caí de rodillas. Como ya era de noche, pues, ¡¿Qué iba a haber gente por los alrededores?. Creí tontamente que no necesitaba ayuda de nadie, me levanté y seguí caminando, mas el dolor llegó a un estado en que pasó de insoportable a agónico. Comencé a sentirme mareada, con mucho frío y me temblaban las piernas, así que me sostuve de la pared para poder caminar… pero en un momento dado se me extinguieron las fuerzas, ni siquiera podía hablar por el dolor… y fue cuando los espíritus de la tierra te pusieron en mi camino. El resto ya lo sabes.-

-Toph eres una tonta.- lo admito, le reproche con un poco de ira, pero es que me daba tanta rabia su necedad; si hubiese dicho lo de su dolor en la mañana nada de eso hubiese pasado -¿No ves que por tu orgullo, por no pedir ayuda desde un principio, casi te mueres?-

-… no me regañes…-, bufó, -admito que fue una estúpida idea, pero te juro que pensé que no necesitaba ayuda. Además ya era tarde y no quería molestar.-

-Eres la emperatriz Toph, deberías cuidarte un poco…. Bueno, lo importante es que estas bien-

-No has respondido a mis preguntas- interrumpió llena de intriga, -¿Qué pasó?. ¿Dónde estoy y porque estoy postrada en una cama, sintiéndome cansada y con otra ropa?... ¿y cómo es eso de que casi muero?-

-…Pues es la verdad. Casi te mueres. Vamos en orden sí. Estás en tu cuarto y en tu cama, no has salido del palacio. Supongo que te sientes cansada por los medicamentos que te suministraron, que de eso luego vamos a hablar. Y tienes otra ropa porque… porque fue necesario retirarte la que traías.-

-¿Y porque fue necesario retirarme la que traía?-

-… porque… ay por el mar, como decir esto…- ¿por qué ella se esmeraba en ponérmela difícil?. Es tan complicado para mí hablar de esas cosas tan personales. -… porque… porque la falda de tu traje estaba toda ensangrentada… y cuando caíste de bruces también manchó otras partes de tu ropa… y de la mía cuando fui a ayudarte.-

-¡¿Qué?-

-… sufriste una hemorragia Toph, muy severa. Casi mueres desangrada. Por un momento pensé que estabas… tu sabes… en espera y que habías sufrido una perdida.-

Y fue cuando la emperatriz palideció por la sola teoría, dando una aspiración alterada para después taparse la boca por la impresión, abriendo sus ojos profundos como dos platos. El solo hecho de mencionar el descenso de uno de los suyos, de uno que no ha visto la luz, la llenaba de terror. Al parecer para los nativos de estas tierras es impensable tal acto. -¡Por Kyoshi, no!, ¡eso no!. Yo sería la primera en saberlo y me cuidaría muchísimo para que nada le pasase. Además no sería tan imprudente de actuar como lo hice si estuviese esperando un niño. Te lo juro por mi vida. Jamás lo lastimaría, yo soy incapaz de tal acto.-

-Sí, lo sé, lo sé, tranquila, yo lo sé-, necesitaba calmarla, no tenía idea de cuánto afectaría la hipótesis a mi señora, -…pero era tanta sangre que fue lo primero que se me vino a la cabeza. Estaba muy asustado. Toph, ni siquiera sabía qué hacer. Eso no es normal, en lo mínimo. Yo sé sobre los procesos y los cambios naturales de las mujeres. ¡Por la luna!, ¡me crie entre mujeres!. Te doy mi palabra que por más que quise evitar saber de esas cosas supe todo lo que necesitaba saber y más, pero lo que te pasó Toph… ni gran gran, ni Katara, ni mi padre, ni Bato me contaron de un caso así.-, y entonces la emperatriz se detuvo a procesar lo que dije.

-… Sokka… si sabes tanto de los ¨procesos¨ normales de las mujeres, ¿Por qué te desmayaste en el parto de aquella niña?... ese del Paso de la Serpiente-

-Primero, era muy joven. Segundo, fue muy gráfico.- aclare para luego volver al tema, -Pero ese no es el punto aquí. El punto es qué… casi te pierdo Toph. Estuviste a punto abandonar este mundo. ¿Por qué?- Confesé con la preocupación que el caso ameritaba. Estaba aterrado por la idea de que algo como lo que paso volviese a pasar. Necesitaba una explicación para calmarme, por eso preguntaba insistente a mi señora sujetándole la mano. Ella solo veía al vacío, levantaba la cabeza y buscaba palabras que nunca dejaba salir de su boca. No sé si lo hacía porque todo resultaba ser muy confuso… o porque ocultaba algo.

-Es… no lo sé. Simplemente no lo sé.-, agito la cabeza, levantando las cejas y los hombros en una clara marca de desentendimiento.

-… El médico me dijo que eso es normal en ti… a causa del ¨incidente¨…-

-¡¿Te contó lo del ¨incidente¨?-, nuevamente vi sus ojos redondos como la luna llena, pero esta vez no por la sorpresa, sino por la ira, -... lo voy a romper en mil pedazos por traidor.-

-Aun no tomes decisiones aceleradas… no me contó exactamente lo del ¨incidente¨. Más bien fue un error de su parte el mencionarlo. Me dijo que todo lo que te pasó era a raíz del ¨incidente¨, pensando que yo sabía del mismo, pero no tengo una idea de que rayos es eso del ¨incidente¨ y, honestamente, ya me está cansando la palabra. También creo que merezco saber exactamente de qué se trata el tal ¨incidente¨.-

-¿Qué más te dijo?-

-¡Te juro que nada más!.- escupí al sentir el peligro amenazante que procedía de la pregunta de Toph, -Solo dijo eso. Dijo que te quería mucho porque te conoce desde niña, me agradeció por estar contigo y mencionó que le alegraba ver que me preocupara tanto por ti, o algo así. No lo recuerdo muy bien, estaba muy cansado y muy alterado.-

-¿Nada más?, y dime la verdad porque si no…-

-… bueno… también dijo algo muy raro…- interrumpí.

-¿Qué?-

-… dijo que… que yo debía amarte mucho por estar contigo a pesar de tu condición, a pesar del ¨incidente¨. ¡No sé a qué rayos se refería!. Yo le dije "sí, sí, que la madre tierra lo cuide" y luego se fue. Todo es muy confuso para mí, por eso me carcome la curiosidad de qué es lo que te está pasando y que tiene que ver el bendito ¨incidente¨ en todo, porque al parecer es un tabú en esta casa.-. Suspiró entonces la dama de hierro, soltándome la mano solo para frotarse la cara a forma de frustración. Yo solo clavaba mis ojos en ella, en cómo se pasaba las manos por el cabello dejando ver en toda su gloria el rostro de mármol que todos los foráneos de esta nación comentaban. Calló por un instante y luego dijo lo que me intrigaba desde que hablé con el médico.

-Creo que ya viene siendo hora de que lo sepas… No quería que te enteraras así pero ya lo hecho, hecho está. El ¨incidente¨, en efecto, es una condición de salud. Es algo que les pasa a algunas mujeres Bei-Fong. Nosotras somos fuertes como la roca, pero toda roca sede de una u otra forma. Nosotras sedemos ante ciertas condiciones de estrés que provocan problemas en el organismo, como ya lo habrás notado; por ejemplo cansancio, a veces pérdida del apetito, vomito o hemorragias repentinas.

Generalmente no llega a provocar hemorragias, solo bajo condiciones muy específicas y muy extremas. Todas esas anomalías se produce a raíz de dolores severamente fuertes en la parte baja del abdomen, como resultado del simple estrés. No me los estas preguntando, pero eso en ocasiones dificulta la ejecución del tierra-control; es muy complicado controlar rocas mientras sientes que te arrancan el alma.

Le colocamos el nombre del ¨incidente¨ para llamarlo de alguna forma. A todas nos ha causado muchos problemas, porque cuando aparece, aparece y ya. No respeta lugar, tiempo o actividad. En pocas palabras, es un "defecto" de salud que se transmite de generación en generación a las mujeres Bei-Fong. Unas nunca lo sufren, otras sí. Mi madre y yo, por ejemplo, tuvimos la ¨suerte¨ de padecerlo, pero no es nada grave. Aquí estamos.-

-¿Y porque le llaman el ¨incidente¨?-

-Porque incide en nuestras vidas. Aunque ya te dije que es un nombre genérico. Fue el que se le ocurrió darle a la primera que lo tuvo. Nada más.-

-¿Y eso afecta en algo tu vida?-

-Para nada. Soy una mujer perfectamente normal física y mentalmente. Es como tener una alergia o algo así-

-ya veo… ¿Y porque no me lo dijiste?-

-No lo creí necesario-

-¿Qué tan frecuente es?-

-Muy poco frecuente, por lo menos al nivel que lo sufrí hoy. Rara vez, en esos días el dolor es un poquito más intenso, o me dan nauseas. Por lo general, si lo padezco, me siento cansada y ya.-

-¿En cuestión de un año cuantas veces lo has padecido?-

-Dos o tres a lo mucho.-

-¿Tiene cura?-

-No. Se controla con medicamentos cuando es molesto, pero no tiene cura.-

-¿Y porque el médico dijo que yo debía amarte mucho para quererte con esa condición?-

-¡Casi me muero Sokka!. A muchos hombres no les gusta casarse con mujeres que se mueran de un día para otro, o que necesiten de cuidados específicos y muy costosos, o que sus hijas puedan tener la misma condición. Es por eso que, bueno, es una costumbre de la familia no hablar del caso, por eso se le dice ¨el incidente¨. Al parecer nuestro mal dificulta conseguir esposo- Terminó, rodando los ojos.

-Debo admitir que la noticia es toda una sorpresa- Agregué para terminar mi interrogatorio, y vaya que estaba mucho más tranquilo, -Me alegra que no sea tan grave como pensé… aunque este ataque que sufriste si lo fue. Es una advertencia de tu cuerpo de que debes descansar. No eres de roca aunque así lo creas, eres un ser humano, por eso debes descansar po días… o hasta que te recuperes. Lo segundo primero.-

-¡4 o 5 días!. ¡Tiene que ser una broma!- vociferó impactada. Era demasiado tiempo para ella. Seguramente le cruzaba por la cabeza todos los proyectos que se aplazarían en su ausencia.

-No lo es. Aparte, el médico te dejo unos medicamentos que tienes que tomar religiosamente hasta que se acabe el tratamiento. Te gusten o no.-

-Conozco de que medicamentos me hablas. Saben a agua de pantano-, arrugó la cara, - No me los pienso tomar-

-Pues se va acostumbrando, porque se me los toma o se me los toma. Ya le prometí al señor que te los iba a dar y no pienso romper mi palabra- Dije militante, en eso si no me iba a hacer ceder.

-… de acuerdo-, suspiró, -… supongo que es por mi bien…- cerrando con una mueca en sus labios a forma de protesta.

-¡Y nada de cucharitas!-

-¡No estoy haciendo cucharitas!-

-Te estoy viendo Toph… en fin, vamos con la primera medicina que ya viene siendo hora de suministrarte el remedio según este papelito que me dio el señor- Le comunique, leyendo para mí el papelito que había sacado del bolsillo, el cual tenía todas las indicaciones necesarias.

Y entonces la mente maquiavélica de la emperatriz se puso a trabajar y notándome distraído, comenzó su plan-…déjame ver ese papelito- me pidió, extendiendo la mano como lo más normal del mundo-

-Sí, claro por supuesto. Aquí tie…- y estuve a punto de dárselo, pero luego recordé que Toph no puede ver, -¡No!. ¡Crees que soy un tonto Toph Bei-Fong!. ¡Lo que quieres es quitarme el papelito!-

-Tenía que tratar- Confesó, con una hermosa sonrisa en su rostro.

Pasé los días cuidando a la emperatriz. Durante esa semana estaban canceladas todas las reuniones de cualquier tipo, a no ser que fueran vitales para el beneficio del reino; y como niñero de su majestad, mi deber era levantarla, obligarla a tomar un baño, tender su cama, darle las medicinas a sus horas, peinarla, entretenerla y llevarle la comida. Todo para que se sintiera más cómoda y relajada.

Si se sentía con algo de fuerzas, salíamos a hablar al jardín. Nada le hacía mejor que estar en contacto con su elemento, puesto que yacer en una suave cama le imposibilitaba el ver cualquier cosa… y ella se aburría mucho.

Cuando íbamos a tomar el sol, le avisaba de mis planes y la felicidad afloraba en su rostro inmediatamente, la cargaba entre mis brazos hasta el jardín por el temor que sus piernas colapsaran y callera inevitablemente, al mismo tiempo que ella se aferraba a mi cuello aterrada. Clavaba su cara pálida en mi cuello, dejándome a la vista la cascada negra y larga como la noche que era su cabello, sin mencionar ese olor que me encanta, ese olor a bosque.

Fingía que la iba a dejar caer solo para escuchar sus gritos desesperados y suplicantes; "¡Te voy a soltar Toph!. ¡Solo puede sobrevivir el mejor!" le decía e inmediatamente ella me rogaba o me amenazaba para que no lo hiciera… era divertido.

La sentaba debajo de un árbol, sin mantas o alguna cosa bajo ella, ¿Para qué?, necesitaba saludar a su madre, a la tierra, y estar en contacto con su poder. Deslizaba entonces sus manos por su amado elemento y respiraba profundamente relajada.

Inmediatamente aparecían sus amados tejones-topo a saludarla, a asegurarse que estaba en perfectas condiciones… desconfiados tejones-topo.

-¡Hola!. ¿Cómo están?. Yo también los extrañe-, les contaba al oído, acariciando sus gigantescas cabezas, ellos en consecuencia lamían el rostro blanquecino de Toph, lo cual la obligaba a reír. A forma de respuesta, ella también lamía la cara de sus amigos… y aunque a mí eso me parecía asqueroso… bueno… ella podía hacer lo que le diera la gana… ¿Quién era yo para prohibirle algo?.

-Toph… se te va a caer la lengua por hacer eso-, le reproche con cara de "iug", creo que era prudente que supiera las consecuencias de sus actos después de todo.

-No se me cayó la lengua de niña, no se me va a caer ahora. No seas ridículo Sokka. A ellos no les molesta lamerme, sería una grosería que a mí me molestara hacerlo-

-Sigue siendo antihigiénico-

-Dales una lamida para que compruebes que por hacerlo no se le cae la lengua a nadie-

-¡¿Estás loca?, ¡mi sentido científico no llega tan lejos!- Y como siempre… se burló de mí. Acarició con su frente, de una manera muy particular, la cabeza de uno de los tejones-topo. Yo por mi parte no le di importancia al asunto, eso era cosas de ellos. Pero lo que no sabía era que una simple caricia significa muchas cosas para esos animalitos, al parecer, se comunican así, por medio de vibraciones y caricias. ¿Qué cómo lo descubrí?, cuando me vi rodeado por 3 enormes tejones-topo… que me comenzaron a lamer.

Toph solo se abrazaba al cabeza del enorme animal que tenía a la par y reía como una loca al sentir el ataque de los 3 tejones-topo sobre mi persona. "¡Se te va a caer la cara entera Sokka!", era todo lo que me decía. Por más que supliqué e implore que se detuvieran… no lo hicieron… y una vez más fui derrotado por la única dueña de los ojos profundos.

En la noche le suministraba el último medicamento, no le gustaba, pero no tenía más remedio que beberlo si quería recuperarse. La medicina la noqueaba, en una hora estaba total y profundamente dormida; no importaba el ruido a su alrededor o cuanto la moviesen, no se despertaba con nada. No me gustaba ese efecto secundario, pero… si le hacía bien….

Le daba la medicina y me sentaba a su lado, peinaba su cabello y hablábamos de cosas sin importancia. A veces se emocionaba y, muy expresiva, contaba miles de cosas, levantando sus manos, haciendo muecas, tapándose el rostro cuando sentía vergüenza ajena. Era como si quisiera dejar salir el último poco de energía para luego poder dormir. Le seguía la conversación, notando que cada vez sus bostezos eran más frecuentes, siendo esa la justa señal para ir a descansar.

"No tengo sueño", recriminaba entre bostezos, frotándose la carita con las manos cuando le salían lágrimas involuntarias de sus ojos verde opaco a raíz de los mismos, yo le decía que intentara conciliarlo aunque no lo tuviera… siempre le seguía el juego a mi señora. Tan rápido como tocaba la almohada se dormía, pero claro, ella no tenía sueño. ¡Oh Toph!.

La arropaba bien y salía del lugar para trabajar algunas horas en cosas de oficina, era el único momento del día en que podía ocuparlo para tales labores, porque durante las horas diurnas mi tiempo era de ella.

Eran ya la 1 de la madrugada… y no había señal de terminar rápido el papeleo… bueno, era mi deber después de todo, no tenía derecho a quejarme. Estaba realmente cansado, mañana me tendría que levantar temprano para atender a Toph, era mi deber también, y ya me imaginaba la guerra que me iba a dar convencerla de que "su capa protectora de tierra" debía ser removida.

Como sea, era tedioso pero no molesto… se podría decir que hasta era entretenido cambiar la rutina de vez en cuando. Leía los papeles en mi escritorio a la luz de la pequeña lámpara de aceite, sosteniéndome la cabeza para ver si de esa manera me podía concentrar en lo que estaba haciendo, más el sueño estaba ganando la batalla.

En eso, entre mi labor obligatoria, escuche un ruido, tenue pero ruido al fin y al cabo. Estaba seguro que provenía de la habitación de Toph. La había dejado sola, de eso estaba seguro, siempre soy el último en salir de su habitación y el primero que entra en las mañanas. Además, era imposible que se hubiese levantado, los medicamentos eran demasiado fuertes como para permitirle eso.

Como un rayo me levanté de la silla, tome una de las espadas que adornan mi oficina y salí cauteloso de ahí. Sea lo que sea que estuviera pasando en la habitación de la emperatriz, si era humano, no iba a salir entero. Atravesé el pasillo que lleva a ella, no había guardas, nunca les habíamos pedido vigilar esa parte del palacio, ya que Toph siempre pensó que era innecesario y le molestaba ver gente merodeando cerca de su habitación. De todos modos, era un lugar muy seguro, había que pasar miles de otros cuartos con miles de guardas para tan solo llegar a el sector donde estaba los aposentos de mi señora… y aparte de eso, tenían que evadir el oído infalible de la emperatriz para llegar hasta ella, eso último era imposible. Pero ahora la historia era diferente, como estaba completamente drogada no se daba cuenta de muchas cosas, menos de ruidos suaves y bajos.

Camine sigilosamente por el pasillo para llegar a un objetivo, mi señora profundamente dormida. Levantando la espada al nivel de mi cabeza, estaba listo para lo que viniera. La luna esa noche estaba llena, la luna entonces estaba de mi lado. Las líneas plateadas de la sagrada luz nocturna se colaban por ciertos sectores del hogar, dándole a todo un aspecto lugubre. Cada vez estaba más cerca de los aposentos de Toph… y nada pasaba por mi cabeza más que la idea de protegerla.

Noté entonces a lo lejos que la puerta de la habitación de la emperatriz había sido abierta, puesto que yo cierro completamente las mismas al salir y ahora tenía un espacio donde debía empatar. Había algo o alguien ahí a parte de mi señora, y eso no me gustaba, no me gustaba en lo mínimo. Respiré profundamente y los latidos de mi corazón se aceleraron al darme cuenta que pronto tendría que luchar. El único objetivo era no herir a Toph, de ahí en fuera cualquier invasor debía morir.

La adrenalina se apodero de mi cuerpo, agudizando mis sentidos, escuchando ruidos poco comunes dentro de la habitación imperial. Olía su aroma a bosque, estaba bien, eso era bueno, pero había alguien más, podría apostar mi vida de haber sido necesario.

Sin pensarlo dos veces, súbitamente corrí la puerta del cuarto de Toph, para contemplar una terrible escena que me obligo a contener el aliento.

-Tan dulce la emperatriz- dijo sarcástica, sentada en la cama justo a su lado, acariciando los negros cabellos de mi señora con sus dedos blancos, pero no tanto como la piel de la emperatriz. Miraba a Toph fijamente con una ternura macabra, con rencor, resentimiento y frustración -… duerme tranquilamente pensando que nadie puede prolongar su descanso hasta la eternidad. Debe ser porque cree que nadie llegará hasta ella porque tú la protegerás. Pobre niña, pobre tonta.-

-Suki… ¿Qué haces aquí?. ¿Cómo entraste?- Le dije bajando el arma para luego envainarla; viéndola a través de la poca luz que irradiaba la lamparita de aceite que siempre dejaba encendida en el cuarto de Toph. Por suerte me percaté que era ella, estaba a punto de partirle la cabeza como un melón.

-Por la puerta de atrás, estaba abierta… si tú me entiendes- dijo, dándome una sonrisa que poco tenia de honesta. Seguía tocando los cabellos de Toph, y luego poso una de sus asquerosas manos sobre el brazo de la emperatriz… eso me enfermaba. Deseaba arrancarle las manos por su atrevimiento.

-Te infiltraste querrás decir-, Replique enojado.

-Toqué pero nadie me oyó, tuve que tomar una decisión en el momento y aquí estoy-

-¿Qué quieres?-

-Quiero saber sobre el estado de la emperatriz.- argumentó, volviendo el rostro hacia la cara de mármol de mi señora, al mismo tiempo que le regalaba una cara de ternura. Y Toph solo se acurrucaba felizmente sin captar nada. -Soy una súbdita preocupada, ¿A caso no tengo el derecho de velar por mi señora también?-

-No seas ridícula.-, era una hipócrita.

-¿Ridícula yo?, ridículo tú que niegas la realidad.- , reprocho, clavando sus ojos de serpiente en mí.

-Te voy a creer que vienes a ver si Toph está bien, ¿crees que soy estúpido?, se cuánto la odias.-

-Yo no la odio, lo que odio es lo embelesado que te tiene con sus mentiras, sus embrujos y su cara de niña buena. No sé qué te ha hecho, pero te ha convertido en otra persona. En un títere.-

-Soy el mismo de siempre. Y baja la voz que puede despertarse… lo mejor es que salgas inmediatamente. Aquí no eres bienvenida.-

-¡¿Despertarse?- dijo sorprendida, para luego voltearse hacia la mesa de noche donde colocaba todos los medicamentos que Toph necesitaba. Tomando un frasco, y sin despegar la mirada de la etiqueta, continuó, -... conozco todas estas medicinas…- y dirigió nuevamente su cara hacia mí-… no se va a despertar ni aunque le toquen el cuerno tsungi en la oreja a todo pulmón. Está totalmente drogada, incluso es incapaz de defenderse a sí misma.-, colocó el frasco en su sitio.

-¿Y eso a ti que te importa?. Vete de una vez y no causes más problemas, te lo pido por favor o…-

-¿Llamarás a los guardas?-, interrumpió, -¿Los mismos inútiles que no me detectaron?. Se serio Sokka. Asústame con algo mejor- Terminó con una respingo triunfante, y tan pronto como termino de hablar silencio para luego dirigir sus ojos y caricias a la emperatriz, -mira como duerme… es realmente fuerte… ¿verdad?-

-¡No la toques!- ordené entre dientes fúrico. Estaba realmente arto que ella siempre llegara a hacer problemas. Me llenaba de nauseas ver sus sucias manos tocando a Toph, me asqueaba el solo hecho de pensar que ella se acercara a la emperatriz y más aún porque mi señora estaba en ese estado de parálisis total. Ver a Toph durmiendo tan tranquilamente, respirando y exhalando sutil, como si no existiera la maldad en el mundo, a la par de esa bruja me llenaba de cólera. En otras circunstancias Suki me hubiese escuchado, pero ahora no sabía que se traía entre manos… era mejor esperar.

-… como usted diga su majestad…- expresó, alzando las manos y encogiendo los hombros, junto con su clásica mordacidad estampada en sus facciones, - ¿Y cómo está su salud?. Se rumorea que casi nos quedamos a la deriva en el Reino Tierra.-

-¡Tan preocupada la guerrera Kyoshi!-, en ese instante afloro mi sarcasmo, -Para tu información, está muy bien… gracias por preguntar-

-… es muy común en ella ese tipo de descensos… no es la primera vez que le ocurren…-

-Sí, ya lo sé. Ella misma me lo contó-

-Vaya!, eso sí es impresionante viniendo de una mentirosa-, agregó, levantándose de la cama, cruzándose de brazos y dirigiéndose hacia mí, -… entonces ya sabes sobre la condición de la emperatriz del Reino Tierra-

-…Se todo. Sé que es un mal de familia y que se genera por el estrés. Me lo conto todo-

-¡¿Eso te dijo? , ¡¿Y te creíste esa estupidez?. ¡Vaya Sokka!, como has cambiado, antes eras más astuto. ¿Cómo esta niña puede jugar con tu mente así?.- alardeó frente a mí, aun con los brazos cruzados, para luego dirigir su mirada hacia donde Toph yacía profundamente dormida, y continuo- Al parecer su afamada sagacidad es cierta. Ya entiendo como se ha mantenido tanto tiempo en el poder … a pesar de todo.-

- ¿De qué hablas?. Es la verdad, ella misma me lo confesó y yo le creo-

- Pues deberías recapacitar en quien creer y en quién no. La condición de la emperatriz está muy lejos de ser solo eso.-, y de nuevo clavo sus ojos verdes en mí, levantando una ceja como aviso de que algo sería develado - ¿A caso nunca te has preguntado porque una mujer hermosa, de familia, con fama, fortuna y poder nunca tuvo un pretendiente, a tal punto de ser ella la que pidió tu mano?. ¿No te da curiosidad?-

-Sus razones habrá tenido. Conozco a Toph, seguramente nunca quiso casarse con "los niñitos de papi y mami" de aquí-. No me estaba gustando para nada donde ella estaba llevando la conversación.

-Que quiera o no quiera no está en sus manos. Era mil veces mejor casarse con algún rico empresario influyente del Reino Tierra, que maneja muchas cosas en este lugar, que con alguien de la Tribu Agua que no sabe ni los 3 nombres de las familias más importantes de por acá. Sin mencionar el hecho de que a los burócratas de esta nación no les agrada mucho tener a un foráneo de emperador.-

-Bueno, es genial porque a mí no me agradan mucho ellos. Sumado, estoy aquí para servir al pueblo del Reino Tierra, no para simpatizarle a personas que solo se preocupan por ellos mismos, y para ayudar a los pobladores creo que no es tan necesario saber "el nombre de las 3 familias más importantes" sino lo que ellos, la gente, piensan. La verdad no me preocupa mucho eso-

-Pero debería preocuparte, porque a largo plazo te va a afectar-, agacho la ligeramente la cabeza y sonrió; un destello diabólico centelló en sus ojos. Algo se traía entre manos, ¿pero qué?. nuevamente esa sensación de que algo andaba mal apretó mi pecho, y cuando estaba a punto de sacarla yo mismo, continuó, -El mal de la emperatriz no tiene nada que ver con su familia, para empezar, solo le afecta a ella y a nadie más…-, mis pupilas se llenaron de asombro, -… ¿sorprendido?. No deberías estarlo, ella te lo cuenta todo… ¿o no?- se acercó dos pasos a mi aun con los brazos cruzados, colocando su cara justo en frente de la mía como para que no perdiera detalle de sus palabras, levantándose un poco de puntillas. Yo no hacía más que verla y fruncir un poco la boca; la duda me carcomía, al igual que la indecisión. ¿Cómo podría creerle a Suki?, ella odiaba a Toph y su único objetivo era separarnos… pero no pude dejar de escucharla, no pude, y ese fue mi error, -En este reino todos saben el secreto de Toph, menos tú al parecer… es por eso que nadie la desposó… es por eso que buscó a alguien del otro lado del mundo para casarse, alguien que no tuviera una idea de lo que estaba ocurriendo, o mejor dicho, de lo que le estaba ocurriendo-

-… no creeré una sola de tus mentiras desesperadas te lo advierto. Controla la lengua si vas a blasfemar en contra de la emperatriz…-

- ¡No son mentiras, es verdad!- declaro enojada, desenclavando sus brazos para poner sus puños apretados al lado de su cuerpo - La última noche que nos vimos te lo dije. Ella podrá tener todo lo que quiera, dinero, poder, renombre, ella podrá darte todo lo que deseas, pero hay algo que yo te puedo dar que la emperatriz no…-, y silencio, maldito silencio que eleva la tensión. Mis oídos estaban atentos a el veneno que ella dejaba salir a forma de palabras, la intriga que envolvía en ambiente me devoraba. Pronto me vi rodeado por ella, paso a paso formó un circulo a mi alrededor hasta quedar a mis espaldas, pero yo estaba tan cautivo por su comentarios que ni siquiera cambie mi posición. Entonces, cuando menos me lo esperé, susurro detrás de mí oído lo que jamás me hubiese imaginado oír, -… un hijo…-

-¡¿De qué demonios estás hablando?- Del impacto giré mi cuerpo, solo para encontrar un semblante enmarcado con expresión triunfante en Suki. Cayendo en su juego con cada segundo que pasaba.

-Todos los habitantes de este basto, inmenso y fértil reino saben que la única tierra estéril que hay en los cuatro puntos cardinales de nuestra nación es la propia emperatriz. Ella no puede concebir, ella no puede darte un heredero y es por eso que nadie la había desposado. ¿Quién quiere a una mujer que no puede dar a luz?. Ese es el secreto de la emperatriz y la causa de su mal. Esa es la condición de tu señora y el "porque" sufre de esos males que atentan con arrancarle la vida… no es más que un castigo divino por no ser capaz de dar una. Es una mujer incompleta. Ha visto a los mejores médicos en las 4 naciones secretamente y todos le han dicho lo mismo, que pierda las esperanzas de ser madre ya que nunca lo será. Y ahí la tienes, durmiendo tranquila, reteniéndote a su lado para cumplir con sus planes, que solo Kyoshi sabe cuáles son…. Pero ella no te miente, ella siempre dice la verdad… ¿no es así? -

-¿Y le voy a creer a la persona que me dice que la deje cada vez que puede?. ¿Qué clase de individuo crees que soy?, ¿Un iluso?-

-Te diría que le preguntes a la misma emperatriz pero lo negará como siempre lo hace. Su mal afecta a su reino, la gente se pregunta por un heredero que ella no puede dar y las altas familias se han peleado por su trono argumentando lo mismo. Solo que ella se ha sabido defender. Tu matrimonio con ella le ha dado al reino la tranquilidad de poder contrarrestar un ataque de la Nación del Fuego, claro si se diera, pero aparte de eso, de seguridad y tiempo, ¿Qué significas para ella?. Nada, esa es la respuesta…. Yo te amo Sokka. Sé cuánto ansias ser padre, de tu boca lo oí infinidad de veces, no me lo niegues ahora. Por eso me parte el alma ver como desperdicias tu vida al lado de esta mujer que ni siquiera te quiere, que ni siquiera te puede dar un heredero, un hijo. Para ella no eres más que una ficha en un tablero de Pai-sho, cuando ya no le seas útil te sacrificara sin más, sin remordimiento… pero yo no, que más prueba quieres que el verme aquí quitándote la venda de los ojos.-

-Sukki… lo nuestro terminó hace mucho tiempo y tú sabes bien porque. Sí crees que me voy a tragar otra de tus mentiras estás perdiendo tu tiempo. Te felicito por toda esta historia de "la emperatriz que no puede dar un sucesor a su reino", ha sido muy original, pero siguen siendo patadas de ahogado. ¿Cómo hago para que entiendas que ya no te quiero?, solo déjame en paz. Vete, por favor. No quiero que te vuelvas a aparecer con tus intrigas ni tus escenitas cerca de mí, menos en la casa de la emperatriz y, peor aún, bajo estas circunstancias. Ahora tanto ella como yo necesitamos descansar… muchas gracias por tu visita, puedes retirarte.-

Suki aplano el rostro, frustrada de que sus palabas cayeran en oídos sordos, indignada ante mi posición incondicional con Toph. Retrocedió, dirigiéndose hacia la puerta, dejándome ver su espalda,-…Incluso hablas como ella…- dijo sin voltear, posando la mano en la puerta, pero luego giró un poco su cuerpo, mostrándome su semblante para encararme por vez final, - Muy bien,… me voy. Pero te darás cuenta tarde o temprano lo que ella está haciendo contigo… y cuando tu corazón este hecho mil pedazos, como dejaste el mío, vendrás a mis brazos como siempre. Pero yo, a diferencia de ti, no escondo lo que siento… te juro que estaré esperándote cuando tu amada emperatriz termine su juego de Pai-Sho.-

Sin más se fue, el sonido de sus paso diluyéndose eran la factura del acto. Entonces, me quede solo en el cuarto de la emperatriz, siendo el silencio el testigo y cómplice de lo ocurrido. Voltee la mirada hacia donde estaba mi señora, que soltaba inconsciente mente una sonrisa entre sueño y sueño, acurrucándose para sentirse más cómoda o más cálida entre las cobijas.

Me acosté a su lado, contemplándola para intentar mantener en mi memoria cada detalle de su rostro, desde su piel de nieve hasta sus cabellos de carbón. Disfrutando del aroma que solo su piel poseía… por si nunca más lo volviese a sentir. Y la tristeza vino a mí, no podía arrancar las palabras de Suki de mi cabeza. Estaba convencido de que ella, Suki, solo era una mentirosa y una obsesiva, pero, ¿Si por solo una vez en su vida dijera la verdad?.

Osé a posar los dedos de mi mano de arena sobre el rostro blanco de la emperatriz, rezando para que todo lo que Suki dijo fueran mentiras, porque si no lo eran eso significaría que Toph ocultaba algo tan grande que ni siquiera los dioses eran capaces de imaginar. Eso me asustaba.

… Señor del Karma, algún día jugaras de mi lado…


Espero que les haya gustado. Nos vemos la próxima semana.