"Hola amigos. Esta semana fue terrible, muchos compromisos, por eso les pido perdones por no poder actualizar mas temprano. En recompensa les hice un capítulo mas largo, esperando que eso recompense mi falta.
Como siempre mil gracias a todas las personas de tantos hermosos países que se toman el tiempo para leer este fic, no tienen una idea de lo feliz que me hacen sentir. Además entré hoy y mañana responderé los mp's que me han enviado... ni tempo he tenido para eso.
Igualmente, le mando un saludo muy especial a Eikou-Chan, a Azrasel, a Mitzka Avatar y a AryAs que son tan divinas y mil gracias por sus comentarios que me animan a seguir con esto, al igual que muchos comentarios que me enviaban cuando no actualizaban, fue por eso que continué.
Bueno, ya no les quito mas el tiempo. Que lo disfruten."
Con Ella
Por Chris McRaven
Con sus Peticiones
"¿Qué haces?. Le pregunté al verla tan concentrada y pacífica, colocando flores en el altar. –Rezo-, esa fue su honesta respuesta. Me acerqué a ella, sentándome a su lado para acompañarla. Contemple el altar que ella misma había hecho, nada complicado, solo una roca sobresaliente donde se podía poner incienso y flores, no había nada más. ¿Para qué?, era perfecto.
Se quedaba entonces ahí, con los ojos cerrados, respirando tranquila. Era algo atípico verla rezar… por lo menos no tenía la costumbre de hacerlo cuando todos la podían ver… pero así era ella, impredecible. -y… ¿Cuándo rezas?-. -Todo el tiempo. Desde el momento en que despierto, cuando estoy peinando mi cabello, lanzo una plegaria a la madre naturaleza. Le agradezco por todo. Lo hago en silencio, pero hoy creí que era necesaria una ofrenda-. Sentado de cuclillas a su lado, puse mi mano sobre la de ella, una conversación silenciosa para el que la sabe interpretar. Ella apretó mis dedos con los suyos de sal, -Desde que te despiertas…- pregunté. -Sí… digo una pequeña plegaria por ti-. Ese día el té supo a misericordia."
-Mira quien vino a verte Toph- Anuncié alegre a mi señora antes de que el médico hiciera su aparición en la habitación. Yo sabía que el vendría, pero le guardé el secreto a la dueña de los ojos profundos para que ella no se pusiera ansiosa durante el día, ya que deseaba con muchas ganas que la dieran de alta.
Si tenía la leve sospecha de que hoy la visitaría el medico daría por un hecho de que ya estaba bien… y a como es ella de seguro se inscribiría al Estruendo Tierra en la tarde. Había que evitar otra desgracia.
Desde temprano se encontraba presentable para cualquiera, fuera humano o deidad, con ropa muy sencilla pero siempre muy elegante. Peiné su cabello con una larga trenza, como lo hacen las mujeres en mi tribu porque… porque no se peinar como lo hacen en el Reino Tierra. "Me veo como Katara seguramente", reclamó al palpar su cabellera de carbón y sentir el moño que iniciaba su trenza. Pero que se queje todo el día si quiere, tenía que aprovechar oportunidades como esta para poder verla como una nativa de la Tribu Agua.
…Lo admito, era una especie de juego hacerla lucir como los de mi nación, ¡pero que me encierren por ello si quieren!, lo volvería hacer siempre que pudiera.
La cara de mi señora se llenó de alegría al ver a su gran amigo, aun mas a sabiendas que él daría o no el visto bueno para volver a su vida normal. Dejó de lado lo que estaba haciendo solo para poner toda su atención en el galeno. Él se sentó al lado de la emperatriz e inicio con preguntas de rutina, rompe hielo les llaman. Mientras tanto yo contemplaba la escena frente a su lecho, de pie, muy contento porque todo hasta el momento había resultado como lo esperábamos.
-Te voy a hacer una revisión de rutina. No sé si deseas que la hagamos en presencia del emperador, con todo respeto a mi señor, o a solas- dijo y era lógico que preguntara tal cosa a Toph, después de todo ella era su paciente y necesitaba la aprobación de quien o quién no podía estar ahí junto a ella en algo tan privado.
-No hay problema.- alegó al buen hombre para luego dirigirse a mí – pero si no quieres estar aquí tampoco lo habrá-. Repliqué que por mí no habría problema, más bien que me gustaría aprender un poco sobre qué hacer en casos de emergencia, puesto que la última vez resulte ser un fiasco. Vi después de mi comentario la sonrisa satisfactoria de aquel hombre al yo admitir mi preocupación por ella. Creo que era el único que se alegraba que nos hubiésemos casado.
E inició el examen, nada muy complicado. Vio sus ojos por aquello de una coloración extraña, su piel, sus oídos por cualquier anomalía. Le pidió que abriera la boca y sacara la lengua, obligándola a hacer una mueca muy graciosa. Le dijo que moviera sus brazos y se tocara la nariz con las puntas de los dedos, seguramente para ver si su sistema motor no había sufrido daños. Luego le preguntó si podía mover los dedos de los pies, no hubo problema. Igualmente le solicito que doblara las piernas de manera tal que tocara la cama con las plantas de los pies, no hubo nada inusual tampoco.
En general parecía que todo iba a pedir de boca. No había nada extraño en ella aparentemente. Su color estaba como siempre… su color pálido normal. Su piel estaba hidratada, sus uñas con la tonalidad típica, todo como debía estar.
-Ahora-, habló en hombre, – si me permite, y mil perdones anticipadamente, quisiera que se descubra un poco el vientre. Voy a presionar un poco sobre el para ver si hay dolor o no en ciertas zonas. Emperador, le pido que se acerque para que observe.- me requirió muy educadamente, más para que fuera testigo que no haría nada indebido que por otra cosa. Realmente era muy respetuoso.
Poco después Toph descubrió un poco su estómago para que el medico procediera con el examen. "Lo que hare será presionar un poco en esta área", anticipó, para luego hacer exactamente lo que dijo. Mientras realizaba el ejercicio, constantemente le preguntaba a la emperatriz si le dolía o no. Casi todas sus respuestas fueron negativas… digo casi puesto que en un momento dado ella contesto positivamente.
Ante tal acontecimiento el médico repitió la presión en esa parte de su cuerpo. Toph cerró los ojos, como intentando reprimir un pequeño dolor. –Listo, es todo su alteza- anunció el médico para que ella se cubriese de nuevo su estómago, lo cual hizo.
-¿Y que fue ese dolor? Disculpe la pregunta- interrogue curioso… ¿Era algo bueno o algo malo?.
-No es nada malo. Solamente que aun su cuerpo sigue resentido por lo que pasó. Pero ella está muy bien… -, luego se dirigió una vez más a mi señora - … emperatriz, ¿me permitiría hacerle unas preguntas más?-, ella dio permiso inmediato, por ello el buen hombre continuó - ¿usted recibió un golpe en el vientre, me refiero a uno fuerte, el día en que enfermó?-
- El día de lo ocurrido… bueno… no que yo recuerde…-
- o antes… trate de recordar-
-… antes…creo que sí… ¡Sí!, lo recuerdo.-
-¿Qué?. ¿Cuándo?- exclamé sorprendido. Estaba más que seguro que frente a mi ella jamás se había accidentado.
-No sé exactamente cuántos días antes, pero estaba entrenando, practicando un poco de tierra-control. Creo que me emocione mucho…las rocas volaban y… bueno una de ellas me fue imposible detenerla. Usted comprende, soy ciega… y, aunque suene ridículo, no la vi. Me golpeó el estómago, me sacó el aire incluso… pero después de un momentito me sentí bien, normal. No le di importancia. ¿Por qué la pregunta?-
-Puede que eso, junto con las presiones de su trabajo, fueran los ingredientes para su contratiempo. También explicaría el pequeño dolor en su cuerpo. Probablemente al roca lastimo su sistema interno y por eso el colapso. Mas, viendo su recuperación tan satisfactoria le aseguro que ya está fuera de peligro. En 2 días podrá realizar su rutina normal… pero nada de tierra-control a no ser que sean movimientos suaves.-
-Eso es maravilloso. Y tengo que admitir que mi enfermero personal es el responsable de todo.-
-Así que es usted el que ha estado ejerciendo como enfermero.- dio un pequeño vistazo hacia mi.
-¡Ay sí!. A veces es terrible. Me obliga a tomar los medicamentos y no me deja hacer nada, pero es por mi bien, tengo que ser honesta-
-¡Toma sus medicinas!… usted ha hecho en unos cuantos días lo que yo no pude en años-… no sé si era un alago o qué eso último, pero verla reír nuevamente me daba mucho gusto y anunciaba que mi trabajo había valido la pena. Esa imagen de la emperatriz del Reino Tierra que lucía un peinado de la Tribu Agua disipaba de mi cabeza todo lo que dijo Suki sobre ella. No eran más que mentiras, envidia y no sé qué otras cosas más. Papá siempre me aconsejo que tuviese cuidado con la fama porque muchos intentarían arruinar a una persona por ello, probablemente eso le pasaba a la emperatriz. La gente no podía soportar ver lo bien que hacía su trabajo, lo honesta que era con su gente y como anteponía a su pueblo antes que a sus convenios personales. Solo por esas acciones me alegraba estar con ella; si bien todo era una farsa, por lo menos muchos se beneficiarían de ella.
Aunque debo admitir que soy humano y una parte de mi seguía dudando. Claro es que no se duda de la emperatriz… pero … ¿Y si era cierto?. ¡No!… ella no jugaría jamás con algo de tal manera. Ella no sería capaz de planear tan malévolo plan solo para mantener el poder. Eso lo haría Azula, no ella.
Por fin la revisión del médico concluyo, ya venía siendo hora que emprendiera viaje puesto que habían otros que también lo necesitaban. Estaba vigilante para llevarlo hasta su carruaje cuando Toph le pidió conversar con él a solas. Lo cual el aceptó, lo cual yo entendí.
Salí de su verde habitación, cerrando la puerta tras de mí. La conversación no me incumbía… más ese sentimiento de "algo no está encajando" regreso a mi pecho. Y dude, me avergüenza decirlo pero dude. Tomé la tonta decisión de inmiscuirme en su privacidad. Sabía que ella no podía percatarse de mi presencia, el mullido colchón y las suaves almohadas impedían que sintiera cualquier cosa… era tan oportuno el momento.
Me coloqué al lado de la puerta, en el punto perfecto donde el medico no me pudiese ver mi silueta a contra luz pero yo los pudiese oír… y nuevamente me convertí en un vulgar espía de la vida de mi señora…
-… entiendo… Ahora todo tiene más sentido…- Por desgracia no pude escuchar desde un inicio, perdí valiosos segundos buscando una ubicación ideal.
-… sí… no fue el estrés, estoy segura. He llevado ese ritmo por mucho tiempo y no me afecto en absoluto. Fue el golpe con la roca lo que ocasionó todo-
-¿Por qué sigue con eso si sabe que le hace daño?. Ya lo hizo una vez, puede ser peligroso-
-¿Y qué más da?.- comento un tanto despreocupada -Lo que pasó dejémoslo en el pasado. Además, las consecuencias de mis actos les importó más a mis padres que a mí… usted sabe que a mi esas cosas no me importaban mucho. Hasta que me metí en esto.- ¿ "En esto" ?
-… Entonces… supongo que el emperador no sabe.-
-No, nada. Más bien le quería decir que guardara silencio al respecto. Sé lo que le dijo al emperador y sé que fue un accidente de su parte, pero si él pregunta alguna otra cosa, solo dígale lo que le ordene que le dijera,… verá, no quiero preocupar a Sokka. No es el momento adecuado.-
-No lo sé señora Bei-Fong. No me parece lo correcto. No me siento bien con esto. Usted sabe que si me pide silencio yo se lo daré, pero por la relación que he mantenido con usted y su familia por años, creo que es mi deber recomendarle que piense mejor las cosas-
-Las he pensado desde que uní mi vida con Sokka. Para nadie es un secreto que este matrimonio es una farsa… pero es necesario…-
-…No obstante él se preocupa por usted, se ve en sus actos y en sus ojos… es un buen hombre.-
-Al igual yo me preocupo por él, créame. Esto es lo mejor para el emperador por ahora, se lo aseguro-
-Si su alteza lo dice es verdad. Mi lealtad está y estará con usted siempre…-
-Gracias… necesito aliados más que nunca y soy muy feliz al oír que aún sigue conmigo. Me devuelve la tranquilidad… y… con respecto a mi condición… usted cree que…-
-Emperatriz, sufrió un colapso sumamente grave. Una hemorragia interna. Por suerte su cuerpo es bastante resistente, debe dar gracias a los dioses por eso. Mas, su recaída afecta significativamente su condición, sin olvidar el "incidente". La verdad es poco probable que su diagnóstico varié… lo siento.-
-Comprendo…-
-Pero no se aflija. Es usted una mujer fuerte, los espíritus están de su lado. El destino no está escrito, tenga fe.-
-Fe… ya me cansé de tener fe… mas… no debo reprochar. La madre tierra ha puesto en mi vida muchas cosas maravillosas, sería una herejía decir lo contrario. Creo que los designios de cada persona son por una razón. Aun no sé el porqué de mi condición… no obstante debe de haber una razón para ella… solo que aún no se me ha develado. -
-Verá que pronto lo averiguará-
-Gracias… es bueno hablar con un amigo-
- Y a usted verla sana y salva. Nos ha dado un gran susto a todos otra vez.-
El resto de la conversación ya no tenía importancia, no eran más que habladurías de temas cotidianos de los cuales yo estaba al tanto, así que era mejor dirigirme a la habitación contigua a esperar al médico y así fingir que siempre había estado ahí, que no tenía la más remota idea de lo que había hablado con Toph.
Contemplando uno de los cuadros que adornaban aquella habitación de espera, crucé los brazos y me dediqué a hacer un repaso de lo que sabía hasta ahora. Era obvio que algo andaba mal, por Kuruk que sí. Tenía que ser un completo idiota para no darme cuenta de eso. No obstante, la pregunta no era que pasaba, sino ¿A quién creerle?... y desgraciadamente Suki iba ganando.
Si por un lado la Guerrera Kyoshi era una mentirosa guiada por los celos y el rencor, no dejaba de ser ciudadana del Reino Tierra. Tenía la experiencia de una vida de vivir aquí, de conocer como andaban las cosas y como se manejaban… pero su características personales como su hipocresía y su arte para calumniar le quitaban mucha fuerza a su testimonio. Por otro lado estaba Toph… y la emperatriz, la misma persona y a la vez diferente. Ella… no ha sido muy honesta conmigo… guarda sus secretos, ¿pero qué persona no lo hace?. ¿Cómo voy a desconfiar de la mujer que se entrega en cuerpo y alma a su gente?. No, no podía… sería un acto profano… digno de los más desleal. No obstante… el meollo distaba de ser "los secretos de mi señora"… el punto era ¿qué estaba construido en base a ellos?… y, si se descubrían, ¿Qué se llevarían abajo?.
Entonces desee tener la sabiduría de Gran-Gran, pero no la tenía, y desee tener los consejos de mi padre, pero la distancia no lo permitía. Esta no era una dicotomía de la cual era capaz de deliberar por mí mismo. Mi posición estaba muy clara, con Toph, y ese era el problema primordial. Necesitaba una segunda opinión, una neutral… ¿pero de quién si todos estaban con ella?. El Rey Tierra… digamos que era la persona menos apta para discutir, el general Iroh estaba total y completamente de su lado, Xin-Fu era, bien que mal, su aliado, ¿pedirle opinión a los señores Bei-Fong?... hasta la sola idea era ridícula. Harú posiblemente también la apoyaría, Teo y su padre la seguían todo el patrocinio que les daba para sus inventos, incluso esos hombres extraños del pantano la adoraban…. ¡Demonios!...
Necesitaba hablar con alguien, con alguien que supiera algo de lo que estaba pasando aquí… o por lo menos tuviese un conocimiento general de que acontecía en las cuatro naciones. Era evidente que en el Reino Tierra no lo iba a conseguir a esa persona… lo mejor sería ir a otra parte fuera de esta nación para averiguar respuestas, o el indicio de una. ¿Por qué todo era tan complejo?.
La voz del médico llamándome me regreso al mundo real. Saludándome con una sonrisa en los labios dijo que estaba listo para partir. Dirigí toda mi atención al noble señor, dejando de lado el cuadro aquel en la pared. Mientras lo acompañaba hasta su carruaje, me dio las últimas indicaciones sobre como proseguir con los cuidados de Toph, asegurándome que ella podía volver a su vida normal dentro de 2 días. Con respecto al tierra-control si debía de ser un poco cuidadosa. Aunque su cuerpo se mostrara completamente sano externamente, internamente no era prudente darlo por un hecho. Con un mes llevando un ritmo controlado y prudente de vida, me dijo, nos aseguraríamos que estaba totalmente sana. Eran un alivio sus palabras.
El médico partió, convirtiéndose en un puntito en el horizonte y una nube de polvo de la cual pronto no quedaría nada. Era hora de ver a la emperatriz para iniciar las rutinas del día, teníamos muchos ejercicios de relajación que hacer y muy poco tiempo para terminarlos… a no ser que ella deseara hacer otra cosa.
Nuevamente me introduje a aquella habitación tan verde y tan fresca como el bosque, su cuarto y lugar de descanso, iluminado por las luces del día y coronado con la brisa que coqueta se colaba osada para rozar la piel de mi señora.
Deslicé la puerta tras de mí luego de entrar, dirigiendo una mirada al rostro de la dueña de los ojos profundos, el cual me obsequiaba una leve sonrisa de bienvenida… sonrisa que me partía el alma en dos. Me senté a su lado, justo en aquella silla que había traído para velar su sueño en caso de emergencia, y la vi, una imagen que vanagloria a los dioses mismos, enmarcada con esos iris aterciopelados que fueron diseñados por la tierra únicamente para ella. ¿Qué guarda?, ¿Qué secretos fatales oculta mi señora?. La duda me mata y me llena de un sentimiento extraño que no puedo explicar… y su aroma selvático me confunde, haciéndome dudar si es necesario o no saber que silencia. Juega sucio mi señora… aunque ella misma ignoré que lo hace.
-¿Qué te parece?- comente inicialmente, refiriéndome obviamente a la visita del médico, esperando su opinión que pronto se dejó venir. Exaltada confesó su alegría por volver a las labores que le eran propias, mas por el bien de los suyos, puesto que ella odiaba las reuniones y esas cosas. Hablo sobre la revisión de rutina del galeno, "me sentía un poco tonta" me dijo, puesto que debía hacer cosas que a ella le parecían innecesarias. "Saca la lengua", recordaba imitando al buen señor, repitiendo el ejercicio, quejumbrosa por las muecas horribles que tuvo que hacer. Y aunque yo estaba muy contento por las buenas nuevas, mi cara plana no lo expresaba. Tenía muchos problemas en mente que tomaban toda mi atención. Los problemas de ella eran importantes… pero los míos eran, esta vez, ligeramente más grandes…
Ella no es nada tonta, ¡oh no!, por algo es quien es y ha llegado hasta donde ha llegado. Mi silencio fue el delator aliado de mi señora. No podía sentir las vibraciones de mi cuerpo a causa de las telas que la aislaban de su elemento natural, pero sí que solo su voz se apoderaba de todo. Se detuvo, no dijo ni una sola palabra para ver si yo me percataba de su mutismo, pero nunca lo hice. Mi mente flotaba saltonamente entre la confesión de Toph en cuanto a su estado de salud, la revelación de Sukki y la conversación de la emperatriz y el médico… ¿Qué era verdad y que no?. Ella lo sabía… pero no me lo decía…¿Por qué?, ¿No he demostrado acaso mi lealtad para con ella?, ¿No confía en mí?, o peor ¿Me quiere proteger?, ¿De qué?.
Vi de reojo su mano buscándome y oí difusamente su voz llamándome, fue lo que me sacó de mi mundo de conspiraciones sin bases. Respondí a su llamado disculpándome, pero nunca le di mi mano, no quería que supiera como me sentía o que me hiciera preguntas en las cuales me viera obligado a mentir… no deseaba que ella se diera cuenta de cómo se encontraba mi espíritu en realidad.
-¿Todo bien?-. Y ahí estaba, la frase que me mata cuando la hace ella, puesto que empiezo a imaginar cosas donde no las hay, cosas como que le importo o que soy parte de su vida. Más debía mantener las apariencias, ella estaba en recuperación, no quería que le pasara nada malo… eso no me lo perdonaría jamás…
-Sí, todo bien. ¿Por qué no ha de estarlo?-. mas mi vida se ve siempre llena de virtudes y desgracias, siempre mescladas, siendo ese día la perspicacia de la bella mujer frente a mí la maldición de mi persona.
-Déjame ver tu rostro. Hace tiempo que no lo hago. Seguro has cambiado mucho desde la última vez que te vi-, me pidió de forma maternal, comprensiva, de esa manera que solo ella sabe, disfrazando una orden como una súplica… y me duele. Sí, me lastima, me lastima ver tanta amabilidad en ella, me lastima ver sus ojos llenos de amor sobre los míos… por que no están llenos de eso. No, no es amor… no es nada, soy yo el que piensa que es eso pero no es amor lo que poseen; es comprensión, es ternura, es amabilidad, es bondad, es todo menos amor. ¿Pero eso que me importa si yo no la amo?, ¿A caso soy tan egoísta?. ¿Por qué viene a mi mente el recuerdo de ese aroma a tierra mojada que su piel posee cuando regresa furtiva en las madrugadas, en mismo que desprendía la noche en que cometí ese error, cuando ose a tocarla?... ese aroma que detesto y aborrezco pero que solo por una ocasión me parecía sublime.
¿Qué me pasa?. Suki tiene razón, ella me controla como un títere. Con solo una mirada me hace cuestionarlo todo, lo que es y lo que no… es una hechicera que usa las virtudes que la madre naturaleza le dio para hacer su voluntad. Maldita sea. ¡¿Qué he hecho señor del Karma para que te ensañes conmigo?!
Me negué, por increíble que suene, a segur las ordenes de mi señora, eso la sorprendió. ¿Cómo yo, un simple mortal, osaba a negarse a las órdenes de la diosa hecha mujer?. Los árboles se sacudieron con violencia, seguramente juzgan mi osadía. Que la luna me proteja si lo que hago está en contra de todo en el Reino Tierra, ya que nadie más lo hará.
-Lo siento- dije en voz suave, captando el interés de ella, - pero no quiero que me leas como solo tú puedes. Quiero mantener ciertas cosas conmigo hoy… perdóname-
- ¿Qué pasa Sokka?... ¿Fue algo que hice?-… de nuevo, he ahí esa preocupación que me hiere lentamente. ¿Qué si fue algo que hizo emperatriz?, no lo sé. Negué rotundamente que mis males fueran causados por ella. Dije que tenía algunos asuntos que arreglar, posiblemente serios, y que no quería que ella se preocupara ya que el médico así lo recomendó. Y en parte era cierto, de ella saber lo que pasaba por mi cabeza seguramente se hubiese alterado. Lo más importante en ese momento era su salud, era ella, eso estaba dicho desde un inicio.
Regalándome una sonrisa, asentó con la cabeza, dando el mensaje de respetar mi decisión. El silencio se reclamó del lugar nuevamente, yo solo dirigía miradas de niño regañado hacia ella… ella solo mantenía su rostro plano y sus ojos centrados en el vacío.- claro, comprendo… pero aún quiero verte-, continuó, -…déjame poner mis manos en tu rostro. Te prometo que no haré ninguna pregunta, solo… déjame verte. Quiero dibujar en mi cabeza tu imagen así como tu plasmas en el lienzo las tuyas. Puedes sentarte en la cama, separando los pies del piso y así asegurarte que no puedo leer tus signos vitales tan claramente como para saber qué sientes. ¿Me permitirías el honor de imaginar tú rostro?-, ¡Toph pidiendo!, ¡¿Qué está pasando?!. Esto no me gusta nada, siempre que me pasan cosas buenas es porque viene algo malo, muy malo. Sus suplicas siempre surgen efecto en mí, sé que ella lo sabe y tampoco sé cómo ella sabe que yo lo sé, pero lo sabe. Se aprovecha de mi debilidad como un estratega veterano, y yo, adicto a su aroma, le permito que se acerque a mi cuanto ella quiera.
De rodillas me siento frente a ella. Toph corre su cuerpo para darme espacio en el mueble, colocándose de igual manera justo delante de mí. El colchón se hunde por mi peso que se acerca a mi señora. Levanto entonces mi rostro hacia ella, posando las manos en mi regazo, imitándola. Toph acomoda su figura para poder tocar mi cara más fácilmente, ¿Qué pretende y por qué no la detengo?. Coloca sus delgadas manos sobre mi faz cubriendo totalmente mis ojos y mi boca, es cuando siento las yemas de sus dedos en mi piel junto con ese maldito aroma que me aturde y me encanta. Delinea mis cejas y mis ojos, sonríe, sonríe un poco maliciosa, forzándome a dibujar duda en el semblante, ella lo nota. "¿Qué pasa?", interrogo, ¿acaso mi cara tiene algo gracioso?.
-Es solo que las personas siempre comentan lo lindos que son tus ojos. Al sentirlos, notó que tienen la forma de los de tu padre.-
-¿Has tocado el rostro de mi padre?-
-Sí, me gusta mucho. Es fuerte, muy marcado, forjado por momentos dulces y tiempos difíciles, por la unión familiar y la lucha por los suyos. Esa es una de las características de los rostros de las Tribus Agua, pero son más fuertes los de los nativos de la Tribu Agua del Sur. Seguramente porque son más entregados a su grupo.-. Siguió dibujando mis orbes, tocando los huesos que hay alrededor de las mismas, dejando que el único contacto entre sus manos y mi piel fueran las puntas de sus blancos dedos alrededor de mis cejas, lagrimales y en las esquinas de mis ojos, descansando el dedo meñique en el puente de mi nariz. Puede después abrir los parpados, apreciando la imagen que se colaba entre sus dedos de ella misma frente a mi imaginándome, soltando insinuaciones de felicidad por algún recuerdo.
- … pero creo..-, continuó, -… que la gente se refiere al color de tus ojos. Dice que son azules, como el mar y el cielo. Dicen que son muy claros, muy brillantes, que son impresionantes, como la luna llena… que son los más vibrantes que han visto en un nativo de la Tribu Agua… y que son muy expresivos. A las jovencitas les encantan… bueno, a las mujeres de aquí en general, siempre cuchichean entre ellas para halagar tus ojos cuando creen que no las escucho…. En las fiestas siempre oigo cumplidos secretos para ti. Tus ojos en nuestros territorios son muy raros, no hay nadie con ojos azules en el Reino Tierra-
Eso era una novedad, era casi como yo describir los ojos de Toph. Si bien no servían para ver eran muy expresivos, impresionantes. Antes de casarnos, antes de ella ser emperatriz, en las reuniones en las que todos debíamos frecuentar por razones políticas, los caballeros piropeaban los ojos de Toph (incluso cuando era niña). Los personajes importantes de la Nación del Fuego y de la Tribu Agua, incluso algunos del Reino Tierra, quedaban prendidos del verde tan particular de los iris de la maestra-tierra. A mi abuela le encantaban, decía que parecía que sus ojos podían predecir el destino. A Bato también le gustaban, cuando la conoció el día del eclipse me dijo que cualquiera que cayera ante Toph recordaría temeroso sus ojos vacíos y apasionados. Pero el mayor admirador de los ojos de Toph era Iroh, dioses de los mares, le encantaba hacerla reír para ver sus ojos alegres llenos de vida. Le compraba cuanto vestido viera que pudiese resaltaba su mirada, incluso Zuko le hizo la observación de que la consentía demasiado… pero el Señor del Fuego nunca busco por donde parar su costumbre puesto que ella era su gran amiga y, en el fondo, también lo hipnotizaban los ojos profundos de Toph. Era como su hija, cuando creció, y tenían la oportunidad de concurrir en alguna fiesta, "El Dragón del Oeste" era el encargado de ordenar como se maquillaría la chiquilla necia. Delineaban entonces sus ojos de negro, con un efecto que simulaba el humo, y al otro día nadie podía parar de hablar de los fantásticos ojos de la heredera de los Bei-Fong.
Ahora la escucho diciendo esas cosas de mi… es raro… pero creo que es halagador. Es una pena que mi señora nunca pueda ver sus ojos o los míos. Mi cara tomo el tono de las ropas del Señor del Fuego ante tales palabras, subiendo uno o dos grados la temperatura de mis mejillas. Nunca nadie me había dicho nada sobre mis ojos y ahora la emperatriz ciega del Reino Tierra me comentaba lo bellos que eran. ¿Quién puede presumir ser alagado por la regente del Reino Tierra?. Me daba vergüenza oír tan lindas palabras, no estaba acostumbrado.
-¿Qué pasa emperador?-
-Dijiste que sin preguntas-, ahogo una risa entre su boca y continuó… había descubierto mi sonrojo. Pasó luego sus dedos por mi frente por mis sienes, deteniéndose ahí para darme un suave masaje.
– Estas muy tenso. Tu piel me cuenta que no has dormido bien por muchas noches. Además está un poco reseca, has comido mal. Seguramente es por mi culpa, me has cuidado sin descanso… debes tomar más tiempo para ti. Debes descansar también. - siguió, ahora para posar grácil su manos sobre mis mejilla, encerando mi mandíbula con sus dedos, moviéndolos ligeramente para continuar dibujando mi retrato en su cabeza. - No obstante es tersa… pero tiene una textura diferente a la de los nativos del Reino Tierra y la Nación del Fuego… incluso a los Nómadas Aire-
-¿También tocaste el rostro de Aang?-
-Sí, y el de Katara incluso, si te lo estás preguntando.- y sí, me lo estaba preguntando - Esta… esta sensación la he tenido antes- dijo refiriéndose a mi piel, - ¿pero dónde?...- trataba de recordar, frunciendo un poco los ojos y la boca -¡Ahora lo recuerdo!, arena, arena de mar. La que es refinada gracias al oleaje y queda con esa suavidad característica. Tal vez tengas esa textura en tu piel porque los de las Tribus Agua son criados por el mar. Ahora que lo pienso, todos los de tu tribu tienen este tipo de piel . Piel de arena. Piel tersa de mar. También he escuchado que tu piel es morena, ¿Es cierto?, no conozco de colores, pero dicen que es un hermoso tono, poco común… siempre hablan de él. Dicen que yo soy muy pálida, que soy más blanca que cualquiera de las 4 naciones, que parece que estoy muerta…debe ser algo malo… bueno no lo sé. Me gustaría ser morena como tú para que todos alaguen mi piel…-, dejó salir entonces un poco de melancolía de sí. Al parecer la emperatriz era un poco acomplejada por su apariencia. Al no saber cómo era ella misma, se guiaba siempre de los comentarios de otros. El problema yacía en que habían muchos envidiosos a su alrededor. ¿Quién criticaría el color puro de la piel de la emperatriz?. Ella era perfecta tal y como la naturaleza la había creado.
-Es gracioso, todo en ti grita "Tribu Agua"-, prosiguió, - tu mandíbula es como la de Bato, la de Pakku y la de tu Padre. Muy marcada, muy fuerte. Es más corta que la de los de la Nación del Fuego, pero ellos tienen quijadas muy amplias. Deberías tocar la mandíbula de Zuko o del "Tió", es tan "Nación del fuego". Incluso con toda esa barba que tiene "el Tío", aun puedo distinguir esa estructura ósea tan propia de su gente.-
-No creo que Zuko me deje tocar su mandíbula-
-Puedes golpearlo en la cara si quieres, es casi lo mismo- escuche de nuevo su malvada risa - … las mandíbulas de los Nómadas Aire son más suaves, más redondeadas en contraste con las otras, en cambio los hombres del Reino Tierra tienen una forma inconfundible para mi…como… como la de Xin-Fu, ¿Lo recuerdas?. ¿En el Estruendo Tierra?. No me contestes, son preguntas retoricas. –, cayó tras el último comentario, y después puso sus manos a la siguiente sección de mi faz, - Ahora tu nariz-, aterrizó sus dedos directamente a esa zona de mi cara, – Es… más ancha que la mía.-
-Yo soy más grande que tu-
- Es verdad… pero tu nariz aquí es un poco más ancha… pero no tiene la forma de la nariz de tu padre, se parece más a la de Katara. Seguro era la forma de la nariz de tu madre… debió ser una mujer muy hermosa…bueno, para mí lo hubiese sido.-
-Sí, lo era.- la cara de bosque de mi señora se ensombreció al escuchar mi comentario, pero no era su culpa la muerte de mi madre ni el sentimiento que me provocaba su recuerdo. Al contrario, era muy alentador escuchar de alguien que me parecía a mi mamá. Era como llevar un poco de ella en mí. –¿Que más ves?- solo faltaba una parte la cual ella no había inspeccionado, mi boca.
Encerró de nuevo con sus manos mis mandíbulas, colocando sus pulgares sobre mis labios. Dando suaves deslices en ellos, seguía las líneas naturales de mi cara, dandomé una expresión seria y a la vez dudosa. – tus labios son delgados… como los de todo hombre de tu tribu. Son suaves… debe ser porque los de la Tribu Agua dicen palabras amables todo el tiempo a su gente. Tus labios… son más suaves que los de los areneros…-
-¿Has tocado los labios de algún arenero?-
-Sí, sus labios son duros por la falta de agua, por la exposición al sol, a la arena y porque deben guardar muchos secretos…. En el desierto hay un reino escondido entre la arena. El dirigente de ese lugar es mi amigo, he ido ahí en algunas ocasiones. Son aliados. Son gente complicada pero cuando te ganas su confianza te adoptan como uno de ellos. Son personas muy heridas y desconfiadas, su vida no es fácil. Son astutos, hábiles… deberías conocerlos…-
-Los conocí con Apa-
-Pero no son así. Te lo aseguro. Hay que… tomarse el tiempo para hablar con ellos-
-¿Como los conociste?- no emitió palabra, sus ojos se agacharon tristes, pero era una tristeza diferente, una tristeza dolorosa, a tal punto que no la podía esconder, - ¿Tuviste algún pretendiente en el desierto?- Y dio un respingo, cesando el movimiento es sus dedos, pero nunca me soltó el rostro. Ahora sus manos se sentían tensas… había dado en un punto que ella no quería tratar. No obstante, también deseaba dejar salir un poco que eso que la oscurecía… creo que por eso respondió.
-…Tuve muchos pretendientes… todos eran unos idiotas… todos me hicieron mucho daño…-
-¿Por qué?-
-Porque… porque yo no era lo que ellos esperaban.- continuo, relajando las manos, deslizando un poco el pulgar derecho por mi boca, - Aquí es así Sokka, si no das la talla, no sirves. Es todo… Es la ley silenciosa del bosque.- concluyo con una sonrisa, una nueva careta para su alma.
-Toph… es perfecta-
-¿Qué?- Respondió confusa ante mi comentario fuera de lugar.
-Tu piel es perfecta. Tu tono de piel resalta tus ojos y cuando vistes de verde el color en ellos se ve aún más brillante, y eso es gracias a tu piel. Tu cabello negro enmarca perfectamente tu rostro y potencia todavía más la tonalidad de tu cuerpo y de tus ojos. Si fueras morena no te verías así. Pareces una muñeca de porcelana… y sé que te han dicho lo que eso significa.-, Ahora era el turno de sonrojarse de mi señora, no estaba acostumbrada a que le hablara así, yo tampoco. Pero pensé que era el momento justo para disipar sus dudas sobre si misma, - No pareces un ser inerte, pareces un loto blanco. Estas llena de vida, lo demuestras todo el tiempo con tu bondad y tu entrega.-, sentí entonces como ella deseaba retirar sus manos de mi rostro, pero las detuve, poniendo mis propias manos sobre las de ella. Aprisioné entonces sus dedos entre los míos y suave, muy lentamente, bajé sus manos lejos de mi cara… para que no me obstruyeran la panorámica del suyo. Había algo en ella, maldita sea, que me obligaba a cometer estupideces cuando la tenía en frente, me obligaba a necesitarla, no sé cómo lo hacía pero lo hacía. ¿Avatar Kuruk porque ella?, ¿De todas las mujeres del mundo tenía que ser ella?.
Suavemente, comencé a acercar mi rostro al suyo tan puro e inocente, teñido con confusión y aturdimiento. No tenía idea de lo que pasaba… yo tampoco. Su aroma me guiaba a ella, me desconcertaba, me obligaba a odiarme y a no desear ser otra persona que no fuera yo. Ella no era humana, cada día me convencía más de eso.
La emperatriz poco a poco cerraba sus ojos al sentir mi aliento cercano, abriendo un poco la boca como reflejo involuntario. Intentó decir algo un par de veces, mas sus sonidos se detenían para nunca llegar a ser palabras. Solo podía ver sus labios con el color del atardecer, nada más, y en ese momento todo perdió sentido, mi tribu, su reino, nuestras diferencias… el olor a tierra mojada.
-…no quiero que le hagas caso a las tonterías que las personas envidiosas de este reino te dicen...-, le susurre, -Tu piel es perfecta.- casi rosando mis labios con los suyos, - …Es la ley silenciosa del bosque…-, solo el viento nos separaba en ese momento, -…Es todo...- y paso lo que debía pasar, gracias a los dioses.
-Ayer cuando entrenabas unos guardas se acercaron a la sombra donde yacía sentada y me invitaron a sembrar un árbol esta tarde. Les dije que iría contigo. Ya casi es la hora. No debemos hacerlos esperar- Interrumpió ella misma, sacándome de mi mundo, evitándome cometer otro error. Abrí entonces los ojos, posándolos en los de mi señora y al verla inevitablemente tuve que alejarme de ella. La noté asustada, aturdida, desconcertada, respirando profundamente, con el rostro enrojecido. Su voz apenas y era audible, pero lo suficientemente fuerte para que yo captara sus deseos. Solté sus manos e inmediatamente ella retiró las suyas, iniciando ese juego con sus dedos, ese que hace cuando esta intranquila. Agacho la cabeza para esconderla, mientras esperaba mi respuesta… ¡Por la luna!, ¡¿Qué fue eso?!. De no haber sido por su voz hubiese cometido una infamia.
-Oh… sí… se quiénes son… buenos hombres. Aman con el corazón a la emperatriz. El árbol es en celebración de su recuperación. Una ofrenda a los dioses.-, comente como si la cosa que acababa de pasar no hubiese ocurrido nunca. Ladeando la cabeza para no verla, frotaba mi nuca a la vez que hablaba pausado y alterado.
-Sí, ellos mismos me lo explicaron. Son buenos hombres, 2 de ellos trabajaban en la casa de mi familia.-, dijo aun sin poder disipar la confusión en su hablar o el rojo de sus mejillas.
-Algo así mi habían platicado también-
-No debemos hacerlos esperar…-. Excelente emperatriz. Cambiemos el tema.
-No… emmm… te espero afuera para que puedas… tu sabes…. Arreglarte-
-Sí. Claro. No voy a demorar mucho... Gracias-
Me levante de la cama y partí lo más rápido que pude. La esperaría en la sala de estar, sí… era lo mejor. Mientras caminaba deslizaba mis manos por el rostro, halándomelo como para sentir que estaba vivo, para saber si lo que casi ocurrió era un sueño o una realidad. Prensaba fuertemente mi cabello negro con mis dedos, levantando la cara al aire y soltando un suspiro, entonces la frase "¡¿Qué rayos pasó?!" cruzaba en mi mente. En el lugar donde me propuse esperarla caminaba de un lado al otro como un oso-león para bajar la inquietud que en mi ser crecía. Me peinaba con una mano alterado… eso no estaba bien. No lo estaba. Era prohibido acercarse en lo mínimo a ella… sin importar que. Era mi juramento.
-Necesito hablar con alguien- me recomendé a manera desesperada de parar lo que sea que había que parar y disipar las dudas contra mi señora que yacían encerradas en mí.
Ya estaba decidido. Sin importar la distancia, necesitaba ir por una larga conversación con Pian-Dao.
"Nos vemos la próxima semana."
