"Hola amigos. Voy a empezar dando doscientas mil disculpas por el atraso, pero hay una razón... ya entre a clase. Debido a eso el tiempo se reduce pero aun así seguiré actualizando semanalmente, solo que ahora será todos los lunes. Ya saben, los lunes subiré un nuevo capitulo de ahora en adelante (probablemente en la noche) para que sepan y, de nuevo, perdón.
Otra cosa es que les agradezco por seguir este fic que tiene como mil millones de capítulos. Es el fic mas largo que he hecho y ya hasta me da pena que no termine. Gracias por su paciencia, en serio.
Además, les quiero agradecer por los lindos comentarios y MP's que me han enviado. Algunos no los he respondido, pero les juro que siempre los leo. Muchas gracias a todas las personas que se toman un rato para leer, ya saben que mi principal objetivo es que se entretengan y espero estarlo logrando.
También quiero mandar un saludo a Mitzka Avatar, a Eikou-Chan, a Azrasel, a AryAs y a Nieve Taisho (mil gracias por tu comentario y perdona por escribirlo aquí pero no pude mandarte un mensaje privado. Espero que sigas leyendo (: ) por sus lindas palabras, les mando un abrazo y el mejor de los deseos de prosperidad.
Igual que siempre, si tienen cualquier cosa que decirme, sea un comentario, un saludo, una critica, cualquier cosa, solo escriban un mensaje privado o un review y con mucho gusto les contestaré... solo tengan paciencia.
Bueno, ya no les quito mas tiempo. Espero que disfruten este pequeño cap."
Con Ella
Por: Chris McRaven
Con su Despedida
"-¿Todavía estas enojada conmigo?- no dice nada, claro que está enojada, como si no la conociera. Se sienta a percibir la briza con cara de total indignación hacia mi… le sale maravillosa. Vuelve un poco el rostro hacia el lado contrario donde estoy, y yo intento rodearla con mi cuerpo para verla , pero ella más voltea el semblante.
Fue una pelea tonta, no recuerdo bien porque inició. Son se esas peleas que ella hace porque necesita liberar estrés y no sabe de qué forma hacerlo. "No cambiaste el agua de las flores", "¿Por qué nunca recoges tus túnicas después de practicar?", cosas como esas son las que me reclama, cosa que nunca le molestan pero hoy lo hacen porque quiere pelear. Pero yo sé la verdadera razón de su enojo, es porque hoy no quise discutir, eso la molesta más… eso me divierte mucho, intenta provocarme pero me hago el desentendido, provocando su ira.
No me hace caso; por más que intento que me hable no dice nada. La rodeo con el brazo y mueve el hombro para que lo quite. Me acerco a ella y se corre un poco. Solo veo su largo cabello caer sobre su espalda, está totalmente ofendida.
Entonces decido irme, nada tengo que hacer ahí, de eso ya me di cuenta. Me levanto un poco para emprender mi partida, y es cuando ella sujeta fuertemente las faldas de mi túnica. "Ni se te ocurra moverte de aquí", me objeta resentida; de nuevo me siento, pero esta vez aprisionándola entre mis brazos, ella recuesta su espalda en mi pecho sin decir una palabra... pero luego rompe el silencio, "No creas que esto ha terminado… aún estoy enojada contigo", concluyó, haciéndome ver que su benevolencia no implicaba bandera blanca entre nosotros, dándome una expresión soberbia definitiva. "Lo sé", le respondo. Ella siempre tiene la razón, incluso cuando no la tiene siempre termina por tenerla. Es increíble. Ese día él te supo a un hermoso desprecio."
Estaba maravillada con aquel árbol. Dentro de muchos años sería gigantesco y se vería encantador en el espacio que ella escogió en el jardín. Todos los que entraran a palacio lo verían, trayéndoles fortuna. Los soldados estaban igual de fascinados con la actividad de sembrar aquella ofrenda a los dioses, ellos mismos buscaron el arbolito en el bosque y lo trajeron hasta la vivienda de su señora. Con un movimiento de tierra control de parte del guarda más joven, el agujero, la nueva casa del inquilino verde, estaba listo. Tanto la emperatriz, como los guardas y yo enterramos el arbusto con nuestras propias manos, para que así estuviéramos en contacto con los espíritus de la tierra y el nuevo inquilino se sintiera a gusto… costumbres de los nativos de esa nación esmeralda.
Inmediatamente nos vimos todos muy contentos, incluso los soldados hablaban con su señora con mucha soltura. Toph les agradeció por todo lo que habían hecho por ella (al igual que lo hizo con cada una de las personas que la auxiliaron cuando más los necesitaba), llenándolos de elogios y honores con sus palabras. También yo estaba muy feliz pero desdichadamente solo en parte. El agobio por el cual habíamos pasado la emperatriz y yo unas horas antes calaba en mi cabeza con necedad, aflorando en mi preguntas que no poseían ni pies ni cabeza.
Eran tantas las que pasaban por mi mente… el mundo no encajaba como antes; mucho menos al escuchar las risas o ver la cara de júbilo de Toph al hablar con sus guardas. ¿Será que para ella eso no fue la gran cosa?, porque para mí sí. Algo estaba pasando y era algo muy malo, mas como no podía discutir con nadie al respecto los puntos de vista siempre eran los mismos, los míos. ¿Cómo voy a encontrar una respuesta o una solución así?. A veces sentía que ella me comprendía, pero cuando recapacitaba con paciencia descubría que su comprensión se centraba en el bienestar de su gente, no en mí. Pero otros días era todo lo contrario, parecía que no me entendía para nada, la notaba intranquila, incluso iba al lago a escuchar el agua… como si buscara una respuesta a lo que me pasaba, como si el elemento que me vio jugar de niño le pudiese decir lo que ella necesitaba oír, pero no, el agua serena del estanque nunca fue su aliada. Y la veía frustrada, la oía haciéndome preguntas clave para averiguar el mal que aquejaba mi espíritu, la notaba clavando toda su energía, toda su atención solo en mí. Pero al final si ella no me decía lo que pensaba, si ella no me confesaba que todo lo que hacía era por su gente o que si todo lo que hacía era por mí, yo volvía al mismo punto: era ideas mías.
Entonces, al verla sentada en el césped contando relatos sobre cuando luchaba en el Estruendo Tierra, alzando las manos emocionada replicando sus gloriosas luchas, comencé a analizar que era en ese instante lo correcto para ella, para el Reino Tierra y para mí. Concluí que no era justo para mi estar confundido, para ella que mi mente estuviera dividida y para el Reino Tierra que mis problemas no me dejaran concentrarme solo en el pueblo. Debía emprender un viaje lo antes posible, entre más antes mejor… lo difícil de todo era decírselo a ella… pero ya idearía un plan sobre la marcha, siempre lo hago…
Hay 2 tipos de guerreros, los que solo pelean y los que deciden como o donde pelear, los segundos tienden a ser más inteligentes. Por esa razón yo elegí con alevosía el campo de batalla. Era necesario contarle sobre mi decisión a la emperatriz en un momento en el que ella no pudiese hacer nada, que su estado energético fuera tal que me permitiera cierta flexibilidad temática y (porqué eso es muy importante, muy importante, dije esencial) sobrevivir. Sumado a que no debía sentir mis mentiras, por si era estrictamente necesario decir alguna. El único sitio que le da desventaja a la emperatriz, irónicamente, es su propia cama; el objeto aquel que vela su sueño ayudándola a pensar por las noches. Su mullido colchón y sus suaves almohadas impiden que emplee su talento mágico para cualquier cosa, sea tierra-control, sea leer a la gente… algo que me es de provecho. Esa fue la razón por la que opté comunicarle mi decisión al terminar el día, cuando las sombras anunciaran que era hora de descansar… y dos días después de sembrar el árbol… cuando ella estaba recuperada por completo, según su médico.
Su salud volvió a ser la de siempre, se veía llena de energía, con ánimos de trabajar, pero hubo que convencerla de hacer tierra-control "suave"… por lo menos durante un mes, como recomendó el galeno. Era su último día de descanso, mañana entraría con todos los problemas que ella estaba acostumbrada a manejar. Definitivamente ya exhalaba un aire a tranquilidad que antes no lo hacía, lo cual era bueno para que no se repitiera lo que pasó la noche de su decaimiento.
Esa noche se cepillo el cabello como siempre lo hace antes de dormir, una costumbre que agradecía a Kyoshi. Me hablaba de esto y aquello mientras lo hacía, yo solamente me quedaba ahí, sentado en la cama, viendo como el cepillo parecía durar una eternidad recorriendo aquel camino de ébano que yo también conocía. Se veía aún más blanca cuando su cabello caía sobre su espalda y sobre sus hombros, como la luna, como la nieve, como mi hogar. Ese aroma a bosque llenaba todo relajándome… de una u otra forma el Reino Tierra tenía sus ventajas.
Le bromeaba con esto y aquello, contándole mi rutina, puesto que ya la dejaba por algunas horas sola. "Hable con el señor tal", "Ley la propuesta de Fulano", era lo que le platicaba. A ella todo le parecía importante, siempre daba su opinión: "Él es un buen hombre", "Esa propuesta es sospechosa", me decía.
Solo cuando ella estuvo lista fue que decidimos terminar las actividades de ese día. Ella se acostó junto a mí, como siempre, soltando ese aroma encantado que solo ella es poseedora, fue cuando aproveche para contarle mi deseo.
-Toph, mañana regresaras a tus labores, ¿Estas segura?-, inicie la conversación, volteándome hacia el centro de la cama, siendo recibido por la espalda de mi señora. Mas presta ella también se volteó hacia mí, regalándome el espectáculo de sus ojos profundos gracias a la poca luz que se colaba por la ventana.
-Totalmente. Estoy cansada de no hacer nada. Sabes que odio muchas cosas de mi trabajo, pero si es por mi gente lo hago encantada. Además tengo muchas ganas de ver a ciertas personas con las que estaba negociando. No todos los burócratas son unos patanes-
-…¿Y llevaras el ritmo que habías llevado hasta ahora?-, me preocupaba mucho eso, no fuese que su mal atacara de nuevo. Me daba terror la idea, puesto que se acababa de recuperar, otro ataque seguramente le extinguiría la vida inevitablemente. Coloqué mi mano sobre su cabeza para así jugar con su lacio cabello, a ella le gustaba, descubrí durante la semana que fingí ser su enfermero que la hacía dormir mejor.
-Probablemente, pero con más calma. Creo que esa fue la causa por la que me enfermé, no llevaba las cosas con la tranquilidad necesaria. Es cierto que hay mucho trabajo, pero no me tengo que preocupar tanto. Si llevo un ritmo suave pero constante todo saldrá bien-, terminó estrujándose contra la almohada, con sus ojos en un punto muerto del espacio.
-Qué bueno que pienses así… lo importante es que no se quebrante tu espíritu. Más aun debes tener cuidado.-
-Sí, lo tendré. Te lo prometo.-, dijo contenta, con esa sonrisa que tranquiliza a cualquiera, abriendo sus ojos de niña, trayendo a mí las añoranzas de la chiquilla aquella que conocimos en el jardín de la casa de sus padres. Como pasa el tiempo.
-Toph… quería contarte algo…-. Y aquí vamos, Yue dame fuerza.
-¿Qué será?-
-Mira… tu sabes que todo esto que he estado viviendo es un gran cambio para mí. Los tratados, las negociaciones, la cultura, las reuniones, todo. Son grandes conflictos que debo enfrentar. Imagínate, un campesino que pasó de ser el común de su tribu a ser representante de las Tribus Agua y cuando la cosa estaba más o menos estables, me voy a vivir al Reino Tierra para ser el emperador, a aprender costumbres ajenas, comportamientos que aun trato de asimilar, reglas nuevas, incluso personas "importantes" que ni sabía que existían… ha sido mucho a la vez. Como si me aplastara una bola de nieve.-
-Por eso eres admirable, sabes manejar esas cosas.-, alabó mi carácter, dirigiendo su cara hacia mi… como si pudiese verme. Siempre me gustó imaginar eso.
-Gracias Toph, realmente agradezco lo que dices sobre mi… pero… los problemas no dejan de ser problemas… desde que estoy aquí me han surgido muchas dudas sobre mí mismo, ¿Lo hago bien?, ¿Lo hago mal?, ¿Qué se espera de mí?, dudas que no me puedo contestar-
-No te castigues, yo se la respuesta a todas y es "Lo has hecho maravillosamente", has dado la talla, has hecho lo que se esperaba de ti. Has cumplido con la ley silenciosa del bosque. No dejes que tus dudas sin fundamento te quiten jamás el sueño.-
-… pero… pero… pero no es solo eso… Han surgido dudas más personales que ni yo mismo puedo darles forma, mucho menos palabras. Por ello quiero hacer un viaje donde Pian-Dao. Quiero hablar con él, necesito su consejo.-
Entonces ella se quedó pensativa, como escarbando en su cabeza la idea, cayó un momento para analizar mi propuesta. -…Es un largo viaje…¿Estás seguro?-, fue todo lo que dijo. Yo bien sabía que conocía el camino hacia la casa de mi maestro, ella estuvo ahí de niña y había frecuentado el lugar en varias otras ocasiones. Se llevaban muy bien, pero no tanto como lo hacía con Iroh. Como el "Dragón del Oeste" le había enseñado a "La Bandida Ciega" a jugar Pai-Sho, ella jamás desaprovechaba una oportunidad para retar a cualquiera de los del Loto Blanco… eso le gustaba a Pian-Dao, en su rostro marcado por el tiempo se notaba esa admiración por la niña ciega y su espíritu poderoso. La única diferencia entre jugar con cualquier persona y con la emperatriz es que ella nunca solicitaba un cojín para sentarse cómodamente durante la partida, si lo hacía no podía ver las piezas…
-Absolutamente.- afirmé - Es mi mayor deseo en este momento y mi más grande necesidad.-
-Pero… ir hasta haya…-, por alguna razón a mi señora la idea no terminaba de cuadrarle, mas esa razón solo Kyoshi la sabía. Los secretos de mi señora son tantos que conocerlos es, quizá, un acto de locura, pero las evidencias de esos secretos son claros para el que sabe dónde y cómo verlas. -¿Por qué no mejor le dices a Pian-Dao que venga?-, propuso, -recuerda que eres el emperador y tienes asuntos que tratar; no creo recomendable que dejes tus proyectos solos. Además será muy bueno para Pian-Dao el venir, ya sabes, cambiar el aire, olvidar sus problemas por unos meses. Él podría asumirlo como unas vacaciones, le daríamos todas las comodidades que él se merece. Desde el transporte de ida y vuelta hasta la comida y la cama, como un rey. No escatimaríamos en nada, él se sentiría muy feliz.-
-No sé Toph… a Pian-Dao le gusta mucho su hogar. Además el viaje es largo y los años han pasado, sin importar que continua siendo un hombre fuerte. No me parece justo decirle que el venga… más si es porque yo quiero hablar con él. Sería una descortesía creo.-
-¿Pero por qué?-, dijo un poco exaltada, quebrantando sus ojos con confusión, -Si el viaje es lo que te preocupa, enviaré no solo a los maestros tierra más rápidos y más experimentados junto que el más cómodo transporte para encaminarlo por tierra, sino además el barco más grande y confortable de este reino para que lo lleve por mar. Si lo que desea son espadas para entrenar se las proporcionaremos; o si bien lo que pide es una forja para hacer su trabajo, que tanto ama, le construiré la mejor que jamás se haya visto en el Reino Tierra o la Nación del Fuego. Por metales ni que digas, yo personalmente me encargaré de obtener los de mayor calidad solo para él, de los cuatro rincones de la nación.-
-¿Qué pasa Toph?, ¿Por qué tantas protestas?. ¿Acaso no quieres que vaya a ver a mi maestro?-
-No, claro que no. No es eso, solo digo que aquí le podemos dar todas las comodidades a Pian-Dao. No es necesario que viajes tanto. El camino es largo… y me preocupa. Ahora que eres el emperador temo que te hagan algo.-
-¡Vamos Toph!, se defenderme por mi mismo, no te preocupes por eso. Llevaré mi boomerang y mi espada, sin mencionar que los largos caminos no son desconocidos por mí. Además quiero hacer el viaje, quiero tener tiempo para pensar y también volver a la casa de mi maestro que me trae tan buenas añoranzas. Tu sabes, cambiar un poco el panorama-
-El Reino Tierra es perfecto. ¿Para qué cambiar de panorama?-, creo que mi último comentario la enfadó. Ella ama a su pueblo con un recelo que solo he visto en las madres cuando protegen a sus hijos. Inmediatamente después de mis palabras, cruzó los brazos enojada y volteó su cuerpo boca arriba. Era uno más de sus berrinches.
-Lo sé. Sé que es perfecto, nunca me atrevería a decir lo contrario, pero es algo que yo necesito. Solamente eso. Es como cuando uno limpia el armario… como eso solo que en mi espíritu…-
-Tengo mucho tiempo de no ver a Pian-Dao…-, su enojo se había ido, nuevamente giro su cuerpo blanco para regalarme esa mirada que tanto añoro, solo que esta vez con un rostro algo suplicante, -¿Puedo ir?-. Odio cuando hace eso, me es tan difícil decir "no" cuando hace era cara de perrito arrepentido. Por la luna, ella es tan mala a veces.
-Toph, no es que no te quiera a mi lado, es solo que este viaje en particular lo necesito hacer solo. Necesito responder algunas dudas que me persiguen, y para lograr eso ocupo dejar por un tiempo el Reino Tierra atrás, sin nada que me lo haga vivir, y te juro Toph, que tú eres la esencia del esta nación. Ir contigo es como no salir nunca del Reino Tierra-
-Entonces no quieres que vaya-… por el mar y sus mareas.
-no, no es eso… es…es complicado-
-Yo también quiero visitar a Pian-Dao… no lo veo desde la última vez que el Loto Blanco se reunió en el Reino Tierra… prometo que me voy a portar bien, que no voy a molestarte.-
-No me hagas esto-, le dije suplicante, -… sabes que estoy a tu servicio, pero solo en esta ocasión te he de negar tu deseo, te pido que me perdones. No puedes acompañarme, lo lamento, no es lo correcto ni lo más sano para mí. Sin mencionar que si vienes con migo el Reino Tierra quedará totalmente desamparado… ¿Quieres eso?-
-No… mi gente siempre está primero…-
-¡Ves!… Escúchame, te prometo que pronto iremos donde Pian-Dao juntos, pero en esta oportunidad no. Necesito tiempo para mí, para pensar las cosas y para organizar mi nueva vida. Necesito un recalibramiento, una guía… y estando tú se me haría imposible lograr eso.-
-… porque soy un estorbo…-
-¡No!… porque me distraes… como me distraía el sonido de las canciones que mi madre entonaba para yo dormir. ¿Entiendes?-. Era cierto, si ella estaba a mi lado cuestionaría todo lo que mi maestro dijera en favor o en contra de la emperatriz. No era recomendable que viniera, aunque los dioses saben que si quería su compañía. El viaje era largo y cansado, solitario, alguien con quien hablar siempre hace falta, y con ella… existía la posibilidad de revivir aquel viaje épico en que nos hicimos amigos; pero no, ya habría tiempo de viajar con mi señora… si el señor del Karma así lo quería.
-…Sí… creo que sí… Yo también he hecho mis viajes para estar sola e ir a hablar con mi guía. Sería egoísta obligarte a que me lleves y, aparte de todo, dejar a mi reino solo. Además, si dices que lo necesitas, es justo y necesario que te tomes ese tiempo… Aunque eso no me quita las ganas de ver a Pian-Dao ni la preocupación de que te lastimen en el camino, pero bueno… yo te doy mi bendición y aprobación.- … era una diosa… berrinchuda pero diosa al fin de cuentas, -A todo esto, ¿Cuándo partes?-
-Mañana mismo-
-¡¿Mañana?!. ¿No estas exagerando un poco?-, exclamó exaltada, hasta se elevó un poco de la cama con el codo. No podía creer que le avisara a la víspera. A ella le gusta planear todo.
-Al mal paso darle prisa. Entre más antes me vaya más pronto regresaré. Y… no pienso viajar como "El emperador", sino como Sokka de la Tribu Agua del Sur.-
-De todos modos deja que los maestros tierra te lleven hasta la costa, para que luego tomes uno de los barcos veloces hacia la Nación del Fuego. Duraras menos de esa forma y viajaras seguro. Ya que estas empeñado en realizar esa odisea tan repentinamente, compláceme con lo que te solicité. Solo eso te pido.-
-Bien, lo hare si me prometes que no trabajaras tanto y te terminaras la última medicina que queda-
-prometido-
-… gracias Toph… eres muy buena conmigo-, era la verdad. Sin importar que, siempre tenía la delicadeza de escucharme. Definitivamente nuestra relación había cambiado… pero no sé si para bien o para mal… y ella no me lo decía. Apenas terminé de elogiarla ella puso grácil sus dedos finos en mi boca, para evitar que siguiera. Con sus ojos clavados en mí dijo algo que solo aportaba más dudas a mi cabeza.
-…no digas eso… que los dioses te escuchan…-, susurro. Ofreciéndome su imagen hechizada antes de darme la espalda para dormir… soltando ese aroma a bosque.
Me levanté muy temprano a la mañana siguiente, y ella se levantó con migo. Después de darnos los "Buenos días" iniciamos con la rutina de aseo. Mientras ella se peinaba y se colocaba esos colgantes en el cabello, yo aprovechaba para echar todo lo que fuera necesario en la mochila que llevaría durante el viaje (puesto que ya estaba listo; vestido con mis ropajes de "campesino del Reino Tierra). Nada muy extravagante, solo lo básico: ropa verde y roja, medicinas, mapas, comida, dinero, cepillo de dientes, lo indispensable.
Hice un nudo de seguridad en la mochila, señal de que nada más faltaba emprender el viaje; y mientras estaba en el piso preparando todo, su aroma a bosque me advirtió de su presencia. Era la emperatriz vistiendo de verde de la manera más gloriosa que solo la naturaleza sabía imitar. Se colocó de cuclillas y me comentó que el carruaje estaba listo, solo faltaba la orden de mi partida… pero había que desayunar. Era el último desayuno con ella, por el momento, no podía perdérmelo. Con una sonrisa en la cara le platique que sus deseos no habían caído en oídos sordos, agradeciendo de paso.
Y ella, como siempre, me sorprendió, necesitaba un favor, algo raro en mi señora pero que no era del todo imposible, de eso ya me había dado cuenta. "Llévale esto a Pian-Dao. Dile que es de mi parte.", era un regalo, envuelto en un pañuelo de seda verde, amarrado con un hilo dorado. No sabía que era… pero la verdad hubiese sido una falta de educación preguntar, era algo entre ellos. Si el objeto estaba a mi cuidado debía dar la entrega por cumplida, mi señora tenía presente eso. Lo colocó entre mis dedos y yo presto lo guarde en la mochila, luego dirigió su cara hacia mí y sonrió… obligándome a hacer lo mismo. "Vamos a desayunar", con usted mi señora hasta el fin del Reino Tierra si es necesario.
-Cuídate mucho Sokka-, eran sus palabras de despedida, con un dejo de preocupación. Aunque le rogué que no lo hiciera fue inevitable para ella. Tenía razón, me gustara o no era el emperador y había mucha gente malvada en el mundo. Al mismo tiempo también me quitaba la tranquilidad dejarla sola, mas ya se las había arreglado sin mí por muchos años… que ironía.
Entonces me abrazó efusiva y fuertemente, en frente de todos; si los dioses me hubiesen dicho que algún día haría eso no les hubiese creído. Al principio me tomo por sorpresa, no sabía qué hacer. Las caras de los presentes en un instante se dirigieron a varios sectores del panorama, pero no a nosotros. Regresé entonces la muestra de afecto y preocupación de ella, "Tú también", le respondí al oído… la iba a extrañar mucho.
Se rompió la distancia entre nosotros, era la señal para introducirme en aquel carruaje que nunca dejaba de maravillarme. Cerré la puerta y me asome por la ventana al verla acercarse al transporte. Ella puso sus manos blancas en la ventana del carruaje, luego yo coloque sobre las suyas las mías de arena. Me sonrió nuevamente, pero de una manera distinta, algo melancólica, añorando, temiendo; por un segundo tuve la tonta idea de que no nos volveríamos a ver, pero eso era imposible. Aunque Agni bajara a buscarme iría por ella.
-Pase lo que pase… espero que sea por tu bien.-, ahora sus frases casi inaudibles me desconsuelan. Mi señora es así, como las sombras, misteriosa. Oculta cosas que quizá la lastiman y quizá la hacen feliz, pero guardar tantas en ella misma que su alma terminan por desgastarla. A veces no la entiendo, pero a veces no me importa, verla ahí me hace creer en los milagros y me hace pensar en lo corta que es la vida… en lo afortunado que soy.
Ella da la señal, no le preocupa el hecho de que aun mis manos contengan las de ella. Los maestros tierra inician su trabajo experto, eficaz. Siento como ella se me escapa literalmente de las manos. Veo como su imagen se hace pequeña y se desvanece estando ahí de pie en la lejanía, como el monumento de mujer que es.
"No se pierdan el prox. cap. Solo les voy a decir eso. Gracias por leer y nos vemos el lunes."
