"Hola... yo se que ya canso pero les pido millones de disculpas. Hasta ahora he tenido tiempo de escribir. Deje algunas responsabilidades de lado puesto que hoy decidí que me daría el lujo de subir un capítulo. Pero no hay cuidado, de que termino el fic lo termino, al igual que el otro es estoy escribiendo.
Igual que siempre muchas gracias a todos por leer, a todos por sus comentarios en mi facebook, a todos por sus comentarios en algunos de mis dibujos en deviant, a todos por sus mensajes privados y correos, en fin a todos por todo.
Para finalizar, pero no menos importante, un gran abrazo a mis amigos:Azrasel, hagithara, SAVV1999, AryAs, Nieve Taisho y Eikou-chan, por sus lindísimos comentarios en fanfiction. Mil gracias en verdad.
Reitero, cualquier comentario, duda o sugerencia tienen mil millones de maneras de contactarme. Me encanta leer de ustedes y la retroalimentación es lo mejor para ir avanzando día a dia.
Bueno, no les quito mas el tiempo, que lo disfruten y nuevamente gracias.
N/A: Es un mega capítulo... XD
Con Ella
Por: Chris McRaven
Con sus Mentiras: Parte 3
"-Aunque yo no esté aquí la luna siempre te protegerá-
-¿En serio?-
-Sí, ella es mi amiga. Nunca te dejaría en manos de un extraño-"
Que los dioses me amparen… y que quiten de mi todas esas sucias ideas de mi cabeza porque yo no lo estoy logrando.
Al igual que un maestro fuego, me levanté con el sol y me dirigí al estado Gaoling a hablar con los señores Bei-Fong. Tuve que pedir un "aventón" a un extraño anciano vendedor de coles, puesto que el dinero que me quedaba en los bolsillos apenas y me alcanzaba para ir de vuelta al palacio de la emperatriz. Pero no fue del todo malo, el hombre negociante era simpático y sumamente decidido, debo decir. Me relató como una y otra y otra vez han sido destruidos sus productos, pero él no se rinde. Tiene la fe de algún día fundar un gran negocio con sus productos y así pasar más tiempo con su familia en lugar de estar viajando.
¡Qué ironía!, mientras unos buscan parar sus viajes, yo me aliento a realizar uno… bueno… al fin y al cabo, cada viaje es diferente para cada quien.
Estoy seguro de que este amable hombre llegará lejos… o por lo menos tendrá muchas historias que contar. Pero mientras el hombre habla de un infortunio que tuvo al querer ir a Ba-Sing-Se hace algunos años, yo nuevamente me pierdo en mis cavilaciones. Lo último que me dijo Xin-Fu ahora me hace confiar en ella. Si desde que peleaba en el Estruendo Tierra sufría de esos desmayos… ¿Es muy posible que las palabras de la emperatriz sean verdad?.
Está bien, mintió sobre su nombramiento como dirigente del Reino Tierra… y sobre darme su apellido… pero eso no es la gran cosa… creo. Seguramente me protege de algo, es lo que quiero pensar. Quiero pensar que todo el resto del tiempo ha sido honesta y que la falsedad nace solo en el corazón de Suki. Digo, ella es la emperatriz, su deber principal es proteger a su gente... y sería su obligación mentir de vez en vez para cuidarlos… ¿verdad?. Si me pongo a analizar mejor la situación, lo que me ha ocultado no es tan grave… ¿O sí?.
Me aferro como un náufrago a la prueba de la sinceridad de la emperatriz que se dio en forma de la confesión de Xin-Fu. Solo faltaba que los padres de Toph lo confirmaran y volvería donde mi señora arrastrándome para pedirle que me perdonara por dudar. Ella me dijo que nada malo le ocurría, que era una mujer físicamente como las demás y yo le creo. Por los dioses que le creo.
Seguramente las incongruencias entre lo que decía Toph y lo que decía todo el resto del mundo tenían una explicación lógica y racional. "Un malentendido" pensaba, eso debía ser. Un dejo de esperanza se reflejaba en mis ojos, y entre detalles que se me escapaban y otros que tenía claro de los testimonios de mis interrogados, continué el viaje, sonriéndole al hombre de las coles, animándolo a seguir con su sueño.
Puse el primer pie en Gaoling, en el mercado para ser exactos. Me despedí del buen hombre y le agradecí por todos sus cuidados. Le di lo único que podía darle en forma de agradecimiento, un paquete con comida de la Nación del Fuego. Creo que mi extraño regalo cayó en gracia, puesto que el vendedor dijo nunca haber probado las "exóticas comidas del pueblo carmesí".
Seguí entonces el camino a la casa de Toph que me conocía de memoria… que me traía imágenes de ella cuando era apenas una niña, luciendo ese vestido de seda verde que ella tanto detestaba. Pero también me obligaba a recordar el día cuando llegué a su casa a finiquitar los detalles del matrimonio, junto con mi padre y con Pakku, y como ella mantenía su semblante serio… con un esbozo de ira y tristeza… siempre al lado de sus padres. Pero bueno… eso ya eran cosas del pasado. Ahora ella sonríe y parece ser muy feliz… eso me hace feliz a mí también.
Choqué con las puertas gigantes de la casa de los Fei-Fong y toqué a la puerta como me había dicho Aang: "Suave y elegantemente. No vayan a pensar que sigues siendo el mismo de hace tantos años"… aun no sé si eso era un insulto o un alago.
La cara de uno de los guardas se asomó por la puerta para interrogarme, como era lo normal, sobre mí y mis intenciones en el lugar. Debí lucir totalmente diferente de cuando me fui de la casa de la emperatriz, puesto que el guardia de los propios Bei-Fong no me reconocía, a mí su soberano, al esposo de la hija de sus señores.
Con una sonrisa en los labios le dije que era el emperador y que estaba en busca de los señores de la casa… que eran mis suegros al fin de cuentas. Pensé entonces, bastante errado, que el permiso se daría rápido y sin contratiempos… pero no.
Él hombre dudoso me miraba de pies a cabeza, acercando sus orbes verdes para no perder ningún detalle del extraño frente de sí, fijándose en mis ojos azules para corroborar que era nativo de la Tribu Agua. Como no estaba conforme con mis palabras, se excusó un segundo cerrando la puerta en mi cara, lo más probable era que localizaría a alguien que pudiese reconocerme… ¡qué cosas!….
Después de unos minutos de espera, otra vez se abrió la puerta, esta vez eran tres los guardas que me atendieron. Volví a explicar quién era y mis intenciones, las cuales fueron escuchadas con atención nuevamente. Gracias a la Luna el guardián veterano me reconoció. Seguro había estado durante los días que llegamos a discutir los acuerdos nupciales… en fin.
El hombre aquel pidió mil perdones por la imprudencia de sus compañeros, y ambos me dieron una reverencia. Como a mi esas cosas no me afectan les dije que su imprudencia no había sido cosa tal, que mi apariencia confundiría a todos menos a la emperatriz, pesto que ella no ve con los ojos. De inmediato pasé a la casa de los Bei-Fong, notando que el muchacho que al principio no me reconoció, salió corriendo a dar aviso a mis suegros sobre mi arribo. ¡Que el mar nos de fuerzas para lo que viene!
Al entrar a la caza lo primero que vi fue a los señores Bei-Fong del brazo, como siempre. Lao amaba demasiado a su esposa y, por parte de ella, el sentimiento era mutuo. Siempre que los veía estaban juntos, y si no era así, seguramente sería porque fue completamente necesario pasar unas horas lejos uno del otro, por negocios u otras cosas.
Tan elegantes como siempre, los padres de Toph se mostraron ante mí. La señora con un exuberante vestido verde y el señor con un excelso traje del mismo color… parecía que les gustaba que ambos combinaran… que enfermizo…
La alegría en el rostro de Poppy era inevitable. Soltó a su esposo y se dirigió inmediatamente donde yo la esperaba, tomándome el rostro y volteándolo a la izquierda y a la derecha para no perder detalle de mi semblante moreno.
-Mi vida, estas hecho un desastre-, comentó la señora, sacando un pañuelo de su manga para luego pasármelo por la cara, tratando de quitar la tierra de mi piel tostada. Era una mujer sobreprotectora, eso ni qué dudar, incluso lo era con el esposo de su hija.
-A mí también me alegra verla señora-, dije cerrando un poco los ojos pero con una sonrisa en la cara. Me gustaba pensar que si mi madre viviera me trataría igual, la extrañaba mucho… y bueno… era una manera loca de pensar que nunca se había ido.
-Déjalo Poppy. Le vas a dar el mismo tono de piel que tiene nuestra hija si lo sigues tallando tan fuerte-, comento Lao acercándose a nosotros y al contemplar aquel espectáculo tan peculiar. Una pequeña broma bien recibida por su esposa, aclaro. Con solo eso, la señora dejó su labor, para dirigirse donde su esposo y abrazarlo. Lao le plantó un cariñoso beso en la frente… Poppy parecía encantada con el hecho de ser consentida por el hombre que tanto amaba. Entonces, al presenciar ese desborde de "miel", de repente recordé algo que me dijo Toph un día de tantos durante la cena:
"…mis padres están locos… tienen muchos problemas en su cabeza.", se quejaba, a la vez que untaba un poco más de mantequilla en su panecillo, "Andan por ahí abrazándose y demostrando su afecto siempre… que desagradable y que cansado", agregó, rodando los ojos por el asco al final de su comentario, "…Cuando los veas no les hagas mucho caso, son demasiado empalagosos…"
…¿De dónde habrá salido entonces Toph tan fría?, ¿O será acaso otra de sus millones de caretas para protegerse a sí misma?.
Los padres de Toph siempre supieron lo de nuestro matrimonio, de que era un acuerdo para proteger a las naciones; no obstante aun guardaban esa esperanza de que su hija, por alguna razón que solo Kyoshi sabe, sentara cabeza y dejara de ser tan cascarrabias y testaruda. En los días que estuvimos hablando sobre el matrimonio, sobre los pequeños detalles del mismo, Me hice muy amigo de la señora Poppy.
Al verme tan pensativo por la oleada de eventos que se venían, se acercaba a mi ofreciéndome un té para calmar los nervios. Relatándome que cuando ella se casó también estaba muy nerviosa durante los meses anteriores. Evidentemente su boda tuvo motivos muy diferentes a la mía, y, con forme los días pasaban, me relataba ciertos detalles de cómo conoció a su amado esposo.
A pesar de haber pasado los años, aun se sonrojaba al recordar las palabras cariñosas que Lao le decía, de cómo tomaba su mano y la llevaba a pasear por el estado Gaoling. Poppy era una señora muy tradicionalista, por ello la manera en como fluyo su relación con Lao era suave e igual de elegante que ella, no podía ser de otra forma. Contaba como por las tardes la buscaba para obsequiarle una flor de loto, o un poema o llevarla a un lugar especial que él mismo había descubierto. También me contó, con un dejo de rebeldía, que a sus padres no les agradaba mucho Lao como pretendiente, no porque fuera mala persona, sino porque ellos tenían el ojo puesto en otro muchacho que a ella jamás le cayó en gracia.
-Lao…- decía, ofreciéndome otra taza de té, -… sabía cómo llevar las cosas, sabía que yo no quería obsequios costosos porque todo lo poseía. Sin importar lo que fuese, de seguro tení más de eso. Suena un poco engreído, pero en cuanto a obsequios nunca nadie llenó mis expectativas hasta que él apareció. Él era un joven muy gallardo, muy osado, con un aire… como exótico… con facciones poco comunes para los de este lado del Reino Tierra. Muy educado, muy respetuoso, muy listo, como ha sido siempre, y todas se morían por él menos yo. A mí me parecía un engreído, un patán que se pavoneaba de su reputación y de los halagos que constantemente recibía de jovencitas que no tenían nada mejor que hacer que buscarse algún partido. Porque, aunque no nos creas, nosotros también fuimos jóvenes una vez…- interrumpió para dejar salir su risa discreta… muy diferente a la de su hija… -… y lo pasé por alto, simplemente dije que él no me interesaba, pero por dicha las cosas no terminaron ahí.
Un día alguien llegó a buscarme, era Lao. Apenas había cruzado un par de palabras con él en reuniones o fiestas de sociedad. Yo no entendía que su apatía era en realidad timidez, por eso hablaba poco y lo justo… un mal entendido, a los jóvenes siempre les pasa.-, termino ese comentario mirándome con unos ojos que jamás puede averiguar que escondían; y luego de darme una sonrisa, continuo cortando un suspiro, "En fin… me sorprendí mucho al verlo, pero eso no quitó que lo invitara a pasar a mi casa. Lo recibí como cualquier otra persona, y fue cuando me dijo que quería hablar de algo. Yo estaba muy sorprendida y sumamente confundida, pero me moría por la curiosidad. Te lo juro, no tenía ni la más remota idea de que quería.
No me dejó siquiera entrar a mi casa. Ahí mismo me dijo que tenía algo para mí, yo pensé que era otro de esos regalos caros que siempre me daban. No me gustaban, sentía como si fueran sacados de una lista de "obsequios de última hora" o algo así. Cosas que ni siquiera se pensaban. Porque, te digo una cosa Sokka, un regalo debe ser pensado para la persona que se lo vas a dar, no puede ser cualquier cosa; no tienen que ser costoso, solo tiene que ser el correcto. Eso es lo que vale, no el oro que pagues por él.
Pero volviendo… yo y mi imaginación seguíamos ahí pensando en un presente sin sentido que pronto iría al sótano junto con los demás… ¿y sabes que me dio?. ¡Fue increíble!, de detrás de su espalda sacó una flor de loto blanco. Yo me quedé impactada, nunca nadie me había regalado una flor. Las flores de loto blanco son comunes por aquí, crecen con gran facilidad, no cuestan más que la molestia de agacharse a recogerlas. Pero, ¡¿Te imaginas?!, Lao se tomó la molestia de buscar algo para mí, incluso la flor se veía fresca, recién cortada. Creo que mi rostro de asombro lo confundió con uno de espanto, puesto que inmediatamente me dijo:
-Sé que no es la clase de cosas que estas acostumbrada a recibir. Pensé en comprarte una tiara o algo así, pero luego me di cuenta que no importaba cuanto me esforzara… lo poseías todo y más. Yo no puedo darte un obsequio que ya no tengas… es realmente frustrante. Pensé por muchos meses que podía ser perfecto para traerte y no encontré nada que compaginara contigo. Las joyas son frías, los vestidos también… y sería un pecado ocultar tu aroma natural a vainilla con algún perfume… Fue cuando pensé en esto. Quizá no es mucho, sé que no es mucho, pero no podía dejar de imaginar cómo luciría tu cabello carbón adornado con flores de loto blanco. Como ves por mis manos sucias, las corté yo mismo, quería que fueran lo más frescas posible… discúlpame por presentarme así ante ti, hecho una desgracia, pero tampoco son muy bueno cortando flores… honestamente… es la primera vez que lo hago. Espero que no te sientas ofendida por mi regalo… pero te juro que esta flor me recuerda tanto a ti que tenía que obsequiártela. Aunque… ahora que te tengo al frente… me doy cuenta que igual palidece frente a ti… Soy un tonto.-
¡Ay Sokka!, aun siento mariposas en el estómago al recordarlo. Se tomó tantas molestias por mí. Antes de ese día a nadie le había dicho que amaba las flores y no sé cómo él se dio cuenta. Cuando Lao dijo lo que dijo yo no hice más que reí y confesarle lo maravilloso que me parecía su obsequio. Me incliné un poco para que el colocara el loto sobre mi cabeza. Un poco temeroso, él intuyo mi deseo y puso la flor en mi peinado. Le temblaban las manos, lo podía sentir. Cuando terminó, me levanté y le sonreí. Le dije que diéramos un paseo por los jardines y ahí comenzó todo.
Cada regalo de Lao era impresionante, era como si leyera mi mente. Él me hace tan feliz. Desde ese día uso flores en el cabello y los lotos no faltan en la casa. Incluso en el lago tenemos…. Por eso siempre le ponía flores en la cabeza a Toph… ella fue el mayor regalo que Lao y la madre naturaleza me pudieron haber dado. Estoy tan agradecida. Lo amo tanto…-
Ella era una buena mujer. Lao debía de darse con una piedra en el pecho por su suerte.
Después de hacerme amigo de la Señora Bei-Fong, hacerme amigo de Lao fue pan comido. Mientras Paku, mi padre, Toph y Lao discutían sobre el matrimonio, yo me iba compras con Poppy. Y luego venía la charla de mi papá y las responsabilidades… y al otro día la señora Bei-Fong me contaba que su esposo le recomendó no llevarme más de compras, puesto que también era importante que yo y ella misma estuviésemos en las reuniones.
Toph sin embargo seguía con esa cara de sería que nunca le conocí. Apenas y me dirigía la palabra y cuando hablaba lo hacía a papá o a Paku.
Pero ya no era momento de pensar en el pasado… sino en la semejante mentira que le iba a decir a los Bei-Fong para excusar mi estancia sin su hija. Lao notó entonces mis ropas humildes y mi rostros aceitoso aún más tostado por el sol. Sugirió que antes de cualquier cosas debía asearme para estar presentable para la cena. "Cena"… una de mis palabras favoritas. Por suerte, ellos tenían un sin número de rituales que se debían cumplir antes de hacer otras cosas, y yo no estaba absuelto a ellos. Eso me daría algo de tiempo para inventar una historia decente para abordar el tema de mi emperatriz.
El señor Bei-Fong… o sea, el papá de Toph, ordenó a una de las sirvientas que preparará el baño y algunas ropas para mí. Y ya me veía yo como una réplica morena de Lao….
Durante la cena los padres de Toph me ofrecieron quedarme en su casa por unos días, argumentando que me haría bien descansar. Astutamente me hice del rogar, hubiese sido muy sospechoso solo decirles que sí ante su propuesta. Excusé preocupado por todo trabajo que seguramente su hija estaba manejando en mi ausencia, pero tan obstinado como su hija, Lao aseguró que ella podía manejarlo y que luego él se encargaría de escribir una hermosa carta, asumiendo la culpa de mi cautiverio y, obviamente, Toph no diría ni una palabra… después de todo era su padre, ¿Qué podía hacer? ¿Arrancarle la lengua?. Con una sonrisa agradecí el plan del señor Lao y su esposa no pudo hacer otra cosa que llevar la manga de su vestido a la boca para soltar una risita apenas audible. Se estaba imaginando la cara de Toph al leer la carta.
El primer día pasó sin contratiempo alguno hasta la llegada de la mañana siguiente. Los temas azarosos que habíamos tocado los padres de Toph y yo el día anterior, junto con el tiempo y las actividades que compartimos, me hicieron recordar que la vida en familia era lo mío. Extrañaba muchísimo a Katara, a Gran-Gran y a papá, pero bueno, tampoco me podía quejar del todo. La vida con ella era bastante cómoda… no obstante le hacía falta algo, un poco de "eventos inesperados". Eso era: eventos inesperados.
De acuerdo, la rutina con ella no lo era rutina del todo, más el silencio en la casa sí que lo era. Encerrarse durante el día cada quien en su oficina no formaba parte de "la normal" de ser familia, claro a mi punto de vista. Estaba acostumbrado al ruido que hacia mi hermana al quejarse de mis costumbres alimenticias, a la voz de Gran-Gran cuando entonaba canciones para nosotros y a los pasos de papá escabullirse después de un arduo día de pesca o caza. Esos eran "eventos inesperados"… ¿Pero cómo traer eso al palacio de la emperatriz que todo lo planeaba y todo lo quería controlar?. Fue cuando una idea loca me cruzo por la cabeza, y mientras me colocaba mis ropas para ir a saludar a la familia Bei-Fong con un cordial "buenos días", no dejaba de imaginar a Toph totalmente enloquecida por las travesuras de un pequeño en su casa.
"Eso le quitaría un poco lo amargada", me dije a mi mismo mientras me miraba en el espejo del mueble tocador y acomodaba mis cabellos. "Aunque… también se pondría un poco más irritable", concluí de la misma forma, puesto que ella enloquece cuando las cosas no le salen como planea, como cuando no encuentra algún papel o llega tarde a una reunión. "… pero eso es una constante en ella", pensé, a la vez que sujetaba mi cabello con una cinta verde. "Si fuese niño, ¡que la luna lo proteja!", seguramente lo trataría como a un soldado. La emperatriz era sumamente estricta y no permitiría el mínimo desliz en cuanto a comportamiento y disciplina se refiere. "…si fuesen una parejita… que encuentren consuelo en ellos mismos", ya me imaginaba a la dueña de los ojos profundos exigiéndoles hasta que su aliento se extinguiera y sus cuerpos no respondieran más. Pobres. "Pero si es una niña solamente… ¡que la madre tierra se apiade de nosotros!", con lo orgullosa que era Toph, y sumado a las malas experiencias que seguro debió enfrentar no solo por ser ciega, sino también por ser "una indefensa mujer", no descansaría hasta convertir a su hija en toda una fortaleza. Prácticamente una máquina que supiera trabajar sin comer ni dormir. Las naciones estarían en peligro entonces, puesto que si Toph lo ordenaba, su hija conquistaría el mundo entero solo por su madre. Así la criaría la emperatriz, como el guerrero perfecto.
Un escalofrío de miedo en su estado puro subió por mi espalda, erizando los cabellos de mi nuca con solo pensar en la posibilidad de la existencia de susodicho "guerrero perfecto". Pero también cabía que sus hijos la cambiasen y se hiciera algo dulce, ¡no como mi hermana!... pero sí un poco más accesible. Eso sería bueno, verla jugar por ahí como una niña en el jardín, riendo, disfrutando… hace tiempo que no la veo sonreír de pura alegría y sin preocuparse de nada.
"¿Pero cómo serían?", nuevamente monologueaba en mi cabeza, al mismo tiempo que me agachaba a buscar el otro zapato que me hacía falta. Se lo había tragado la tierra… y no estaba debajo de la cama… ¡por todos los mares!. Y me senté en el piso con las piernas cruzadas a filosofar donde rayos se había metido ese endemoniado zapato. Rascándome la barbilla como Wang Fuego, con pensamientos saltarines que iban desde mi extraviado calzado hasta la emperatriz, proseguí con aquella discusión irracional interna. "Seguramente serían tan blancos como ella. Con el cabello negro como la noche y obstinados como la roca y el metal", no podían ser de otra manera, la fruta no cae lejos del árbol. "Tienen que ser maestros tierra, porque lo tienen que ser…", su madre se volvería loca si era de otro modo. Ella es la más grande maestra tierra del mundo, ¿cómo no transmitir sus conocimientos a sus herederos?. "Aunque si no lo fueran… igual los querría… igual sería estricta… igual buscaría un maestro que les enseñe otro arte como el de la espada o el tiro con arco… o buscaría una manera de hacerlos maestros tierra.", no pude evitar soltar una sonrisa ante esa última idea, estaba totalmente convencido de que buscaría una forma de hacer lo imposible, aunque nunca lo lograra, eso no le impediría intentarlo.
Finalmente encontré mi zapato oculto entre el armario y la pared, solo los dioses sabían cómo había llegado ahí… pero mejor no preguntaba mucho; no vaya a ser obra de un mal espíritu bromista que me castigue por mi insolencia de cuestionarlo. Coloqué mi zapato con algo de esfuerzo, saltando por toda la habitación para obligarlo a entrar en su sitio. Por fin, con el zapato en su lugar, miré mis pies, levantando las faldas de mi barroco traje verde, para contemplar mi obra… y seguir hablando conmigo mismo. "Podrían ser ciegos", cabía la posibilidad también, "… pero eso no importaría en lo mínimo. Aunque fueran no-maestros. Ese problema lo resolvería ella de camino". Claro que lo resolvería, siempre lo hacía.
Finalmente, me senté en el mueble tocador una vez más, los Bei-Fong parecían obsesionados con esos muebles, hasta Toph tenía uno; e igual que el de la emperatriz, este también poseía un enorme espejo. Tomé unos segundos para corroborar que estaba presentable, notando mi piel cobriza en el reflejo del cristal. "…tendrían los ojos verdes…". Sí, tendrían los ojos verdes, pero no serían tan hermosos como los de su madre, pues ese era el regalo que la naturaleza le había dado a su más grande guerrera: Los ojos de un tejón-topo. Previsiblemente, los ojos de esto hipotéticos niños serían como los de la señora Poppy, pero no como los de ella. Además, la belleza de su mirada no estaba plasmada en el color de su iris translucido, estaba en su alma… que se dejaba ver a través de sus ojos aterciopelados. Entonces, un pensamiento aún más loco cruzó por mi mente, una idiotez disfrazada de esperanza, cubierta por acogimiento y zozobra. "… o azules", permití salir de mi boca al contemplar como bailaban mis propios ojos en el espejo. ¿Y porque no azules?, es un bonito color que además resalta con el verde.
Bueno, a esta altura de la vida no sabía si era una posibilidad real ¿pero acaso no sería bueno formar una familia aunque nuestro matrimonio fuera un fraude?. Si bien ella no me ama… y yo tampoco… serían mis hijos, los amaría con todo el corazón. Además, Toph ha sido mi más grande amiga por muchos años, sería como compartir algún gusto en común… como la lluvia… pero en lugar de lluvia serían niños. Ellos no tendrían que enterarse de nada, si me preguntaran si quiero a su madre, les respondería "no te imaginas cuanto", pero nunca le diría cuanto es "cuanto". Ella diría lo mismo y todos seríamos felices. Seríamos "la feliz familia imperial", una bonita y feliz familia imperial… y por fin algo bueno resultaría de todo esto. Saldríamos a pasear, les enseñaría a usar la espada, serían maestros tierra blancos de cabello negro y ojos azules o morenos de ojos verdes… papá, Gran-Gran y Katara se volverían locos de la alegría. Iroh no cabría de la emoción, al igual que el resto del loto blanco, y a Zuko y a Aang les daría un ataqué cardiaco cuando se enteraran… pero luego se alegrarían también. Seríamos la "feliz familia imperial"…
¡¿Pero qué demonios estoy diciendo?!. Con el panorama como estaba, si Toph tuviese hijos saldrían solo y únicamente de ojos verdes…puesto que para "el milagro de la vida" se necesita la cooperación de 2 personas… y yo no estaba postulado para esa lista de cooperadores. Por ello, a no ser que ocurriera un milagro, ellos jamás tendrían el mar implantado en su mirada. Sin olvidar un pequeño detalle, ese tal "arenero" merodeando. No me extrañaría en lo absoluto que por él tuviesen los ojos color de bosque y los labios duros por la falta de agua, por la exposición al sol, a la arena y porque deben guardar muchos secretos…
…genial….
Pero esas últimas ideas me hicieron caer en cuenta que estaba en problemas, y solo lo había pensado hasta ese momento… y el problema era que yo también necesitaba cumplir con obligaciones en mi tribu. Si al jefe Arnook lo habían destituido de su cargo por no poder brindar a su pueblo un heredero… yo correría la misma suerte si no daba uno. No me importaba el puesto ni el dinero, lo que me importaba era mi gente. Esa era de las pocas cosas que compartía con Toph, esa preocupación por los nuestros más que por los "dominantes" o nosotros mismos.
Muchos en las Tribus Agua solo buscaban de su propio benéfico, y como siempre, esas malas personas eran las familias prestigiosas de toda la tribu. Nosotros corrimos con la suerte de ser electos para representar a nuestra gente por ser "héroes de guerra", amigos del Avatar Aang, libertadores, leyendas vivientes, pero no dejábamos de lado nuestro pasado de campesinos humildes y trabajadores. Conocíamos las penurias de la gente porque las habíamos vivido en carne propia… pero estos burgueses que se iban a enterar de ello.
Rezaba porque el rumor que trajo Suki a mí fuera falso. No me importaba si al fin de cuentas el hijo que la emperatriz traería al mundo no era mío… pero tenía que existir en este matrimonio por el bien de las naciones. ¡Que importaba si yo no era su padre real!, sería su padre legal a ojos de todos. Él sería como yo, amaría la nieve como yo, amaría la carne y odiaría al señor del Karma como yo… y eso la bruja de la emperatriz no podría arrebatármelo nunca, no lo permitiría. Que tome lo que quiera, que se lleve lo que quiera, que viva por las noches su vida donde quiera y por el día a mi lado si ese es su deseo, no soy nadie para juzgarla… pero que no se atreva a quitarme mi derecho a ser padre, mucho menos a mi hijo… porque conocerá la ira del mar en mí y no tendré piedad de ella.
Así me lo había jurado.
No obstante, ya era hora de abandonar la habitación y de dejar las ideas locas de lado. Como decía siempre, ya habría tiempo para eso y andar levantando falsos tampoco era apropiado… aunque los levantara en mi cabeza. Porque a pesar de todo, ella era buena con los suyos y eso nadie se lo podía quitar… nadie.
Vestido como una réplica morena de Lao, me deje ver entre la casa de los Bei-Fong, saludando cordialmente a la servidumbre que me encontraba a mi paso. Aun no sabía los nombres de todos, pero sí de algunos puesto que los había escuchado por accidente el día anterior, ya sea en conversaciones entre ellos o por boca de los señores de la casa.
Francamente no era un lindo día, habían unos nubarrones en el cielo que no pintaban nada bien, no obstante era un buen día… porque no tenía nada que hacer. Nada de reuniones, de peleas, de nada, solo yo, yo y mi otro yo.
-Buen día joven Sokka- … yyyyyy la señora Bei-Fong.
Contento saludé a la madre de Toph que lucía tan radiante como siempre, luego pregunté por su esposo, pero ella dijo que había salido desde muy temprano por cuestiones de trabajo y seguramente regresaría en la tarde. Lao trabajaba mucho, eso decía Toph, pero eso a él le gustaba, eso decía Poppy. Era admirable como él era capaz de dar tiempo de calidad a su familia sin descuidar sus deberes como trabajador… debía aprender algo de eso, digo, por si acaso.
Entre el elegante pasillo verde, Poppy continuaba relatándome esto y aquello, y yo continuaba asintiendo con la cabeza… aunque a veces no supiese de que rayos estaba hablando. Continuamos con nuestra conversación mientras caminábamos hacia el comedor, era hora de desayunar, mi momento favorito del día… junto con el almuerzo y la cena.
La más deliciosa comida que un humano se pudiese imaginar estaba frente a mí. Dioses, amaba visitar a los padres de Toph. Nuevamente, conteniéndome a mí mismo y mostrando mi "elegancia" para no avergonzar a nadie, inicie la ingesta de alimentos, a la vez que charlaba con la madre de la emperatriz. Ella soltó repentinamente que era un hermoso día y que sería una pena desperdiciarlo estando en casa. ¿Hermoso día?, bieeen… ella tenía una idea muy extraña de lo que era un "hermoso día"…. Pero en fin, era la mamá de Toph, podía decir lo que ella quisiera que yo le diría que era cierto. Mientras me llevaba un bocado al estómago, Poppy propuso ir de día de compras.
-Hace mucho que no salgo de compras, sería maravilloso. Le compraré algo a Toph para que se lo lleves. Mi niña se pondrá tan contenta.- Se imaginaba la noble dama, llevándose la mano a la mejilla. Increíble que Toph fuera hija de Poppy. -¿quieres acompañarme?-
-Claro señora Bei-Fong. Usted sabe que yo amo las compras-, ella si sabía cómo aprovechar el día. Me encantaba ir a husmear en el mercado, regatear y charlar. El mercado de Gaoling había cambiado, eso lo noté cuando llegué aquí, pero al fin de cuentas, básicamente, todos los mercados son iguales. Cosas que ver y cosas que comprar, es todo. Ningún problema para este lobo de nieve.
-¡Maravilloso!, ¡Simplemente Maravilloso!. Le diré a los sirvientes que preparen el carruaje y que nos acompañen … 4, no, mejor 5 de ellos por si necesitamos brazos extra. ¿Te parece?, ¿O crees que necesitaremos más ayuda?-
-Señora Bei-Fong, con todo el respeto que usted se merece, ¿no le parece muy exageradas las prevenciones que está tomando para el paseo?. El mercado queda muy cerca de aquí, podemos ir caminando. También, no es que tenga algo contra las personas que trabajan para usted, pero no sería mejor que fuésemos sin ellos. Quiero decir, todo el tiempo usted pasa rodeada de sirvientes, personas que la atienden, aseguro que resultaría relajante para usted vivir la experiencia de comprar por usted misma. Ciertamente será un poco cansado, pero ahí estaré yo para auxiliarla. Lo tomaríamos como una aventura, un "salirse de la rutina"- Trataba de convencer a Poppy de ir nosotros por nuestra cuenta. Verdaderamente odiaba ir de compras con sirvientes, primero porque sentía que los obligábamos a hacer algo que no querían (cosa que era cierto), segundo porque era demasiado incómodo comprar con tanta gente. Se limitaban los movimientos, se intimidaba a los mercaderes y la posibilidad de accesar a ciertos sitios… sin mencionar que terminaba uno comprando de más. Por eso no me gustaba ir de compras con Iroh, porque llevaba tanta gente que apenas podíamos pasar por los caminos de los mercados. A Toph le fascinaba, pero era porque ella no compraba nada, lo que le gustaba era salir con su gran amigo y confidente… yo por otro lado, tenía que escabullirme entre el general, los soldados que llevaban, sus millones de paquetes, la gente que transitaba por ahí y los puestos solo para llegar a un lugar específico a ver que ofrecían. No, no quería ir de compras así, era demasiado cansado.
Con mi labia habitual logré convencerla de mi idea. Al principio no se vio muy entusiasmada, más al proponerle que yo llevaría todo lo que ella comprara, cambió de opinión. –Nunca he salido de compras de ese modo.-
-No se preocupe por nada Señora Bei-Fong. Verá que es mucho más divertido así-
-¡Por Kyoshi!, ¿qué pasó con ustedes?- fueron las primeras palabras de Lao al vernos entrar corriendo a la casa, riéndonos a mas no poder. Durante nuestro viaje la lluvia se había hecho presente y ninguno de los dos había previsto llevar un paraguas o algo para cubrirnos. En lo único que pensamos fue en proteger las bolsas llenas de objetos que habíamos comprado. Quitándome parte de mi traje, ese que parecía una gabardina larga, cubrí las bolsas y logré salvar los preciados objetos. Pero nosotros no corrimos la misma suerte. Estábamos empapados y hechos una desgracia. El excelso peinado de la Señora Bei-Fong era un recuerdo de su gloria. Apena flores se mantenían en pie, mechones salvajes se adueñaban de su rostro, su ropa estaba salpicada de barro y sus zapatos, a juzgar por el camino de tierra que dejamos por todo el piso, corrieron la misma suerte. Por los dioses, como se parecía a Toph fisicamente.
Escurríamos agua por todo el lugar. Nuestra ropa pesaba mucho más que antes y yo habían perdido la cinta verde que emplee para sujetar mi cabello. Mi pelo se adhería a mi cara al igual de la capa larga con mangas (que no sé cómo se llama) de la señora Bei-Fong a su espalda, sin mencionar que yo no estaba más limpio de Poppy. Fue una mala idea, pero fue divertida. Sin embargo mi iniciativa y el azar se unían nuevamente para jugarme una broma, esta vez enmarcada en la espalda de la Señora Bei-Fong. Fue así como el destino me mostraba pequeñas pistas que no se si eran coincidencia o solo otra pieza del juego del señor del Karma. A veces creo que yo soy la entretención de los espíritus
Las telas del vestido de la señora Bei-Fong, al parecer, sufrían del mismo efecto que las telas del algunos vestidos de su hija. Cuando se mojaban, se volvían translucidas, por ello, para mi sorpresa, reapareció ante mis ojos el diseño del escudo de los Bei-Fong mientras escapábamos de la lluvia. Era el mismo que poseía Toph y que se esforzaba por ocultarme, no cabía duda. Era cerdo dorado alado. Mi estupefacción no tenía igual cuando, al correr detrás de la madre de Toph, vi aquel diseño imperceptible al inexperto. ¿Qué era eso?, ¿Por qué Poppy también lo tenía?... esto no andaba nada bien. ¡Pero no!, no hay que precipitarse, no hay que hacerse de juicios sin pensar dos veces las cosas. Lo último que quería era culpar a la emperatriz cuando en realidad era inocente.
Y al verme correr detrás de la señora Poppy, al verla reír tan contenta como si lo que estuviese haciendo fuese el acto más osado jamás hecho en las cuatro naciones, postergué mis ideas conspiranóicas, mas luego las retomaría. De alguna manera, al final, todo encajaría, ella resultaría inocente y habría un final feliz, más feliz que los papás de Toph… o por lo menos igual de estable.
Apenas solté las bolsas que cargaba para recobrar la compostura, vi a la señora Bei-Fong buscar a su marido, para contarle de su aventura tan arriesgada.
-¡Ay querido!- fue ella la primera en poder articular palabra, separando sus brazos de su cuerpo ligeramente para escurrirse o para no sentir las telas húmedas tocar su cuerpo, no lo sé. Yo mientras tanto continuaba apoyando las manos en mis rodillas para tomar aire, con una sonrisa en la cara. –Nos atrapó la lluvia, fue demasiado divertido. Veníamos refugiándonos de techo en techo, pero hubo un punto en que no habían más espacios para refugiarse y corrimos a todo lo que nos dieron las piernas para llegar hasta acá. Por suerte las cosas que compramos están intactas. Gracias a los dioses que fue Sokka quien las cargó, porque si yo lo hubiese hecho, no hubiésemos podido correr al ritmo que lo hicimos-
-¿Pero es que acaso no andaban en el carruaje?-
-No señor Lao.- interrumpí -Es toda mi culpa, le propuse a su esposa salir a comprar por nosotros mismos, como lo hacen en mi pueblo natal. Una vieja costumbre. Pero no contábamos con este final. Lo lamento mucho-
-Bueno… lo importante es que se divirtieron. Pero si mi esposa se enferma es tu responsabilidad jovencito- Finalizó el padre de Toph con un enfado fingido. Estaba bromeando, se notaba demasiado.
-¡Lao!. Fui yo la que acepto.-, refutó dándole un ligero golpecito en el hombro a su esposo… como lo hacía la emperatriz conmigo bajo circunstancias similares… solo que… mi señora lo hacía con más fuerza e intensidad, muchísima más – Además, ya estoy grande. Puedo tomar mis decisiones.-, finalizo sonriente.
-Sí eso ya lo sé.-, aceptó Lao, tomando ligeramente la barbilla de su esposa, para luego agregar: -Te ves hermosa así-. Y fue cuando sentí que yo era el mal tercio…
-No digas esas cosas en frente de las visitas que me avergüenzas-. Lao no hizo más que soltar una carcajada al ver las mejillas rojizas de su esposa. Claro, al ser ella tan blanca era fácil notar la vergüenza asomarse en su cara infantil... igual que mi señora… maldita sea.
-Disponía a ir a bañarme. ¿Quieres venir querida?-
-Ay no cielo. Primero iré a quitarme todos estas prensas y artilugios que me coloco en el cabello para peinarme. Deben estar todos enredados en mi cabeza. No puedo bañarme con todo eso puesto, no podría ni deslizar los dedos entre mi pelo para lavarlo. Será mejor que me los quite primero, hasta pienso que necesitare ayuda de algunas de las chicas para lograrlo. Después de eso tomaré un baño, no vayan a ser tus palabras ciertas y me resfrié por no asearme después de mojarme con agua de lluvia.-
-Bueno, si tú lo dices es porque es verdad.- terminó, tomando la mano de su esposa con las suyas, como intentando calentarlas, pero luego se dirigió a mí de la única forma en que él lo hacía, con propiedad. -Si gustas Sokka me puedes acompañar-
Confieso que lo dude por un instante… puesto apenas y conozco al señor Bei-Fong. Tampoco había olvidado la reprimenda que nos dio por poner en peligro a su hija cuando era una niña. Temía que ese "viejo Lao" volviera y yo ser víctima de sus castigos. Aunque, también rechazar su invitación sería un error fatal. Debía crear empatía con los señores, y como ya, evidentemente, lo había logrado con Poppy, necesitaba caerle aun más en gracia a Lao. Por ello, a pesar de mis dudas acepté -Claro señor. Con todo gusto.-
-Muy bien, creo que tienen mucho de qué hablar ustedes dos.- agrego Poppy un tanto coqueta, soltando una risita al final. Mas luego prosiguió -Yo haré lo mismo después de quitarme todo esto de la cabeza… ¿Le dices a las chicas que me preparen otro baño para mi Lao?-
-Lo que quieras querida-
¡Ah!. Eso era lo que necesitaba, un baño de agua caliente para relajar el cuerpo y el espíritu. Después de un día tan ajetreado, de correr de acá para allá, de conversar y comprar, esto, esto, era capaz de devolverme el alma. De paso, quizá el agua se llevaría algunas de mis penas y mis preocupaciones… pero eso no lo sé. Como es agua del Reino Tierra tampoco confío mucho en ella.
Sentado entre el cristalino liquido soltaba un suspiro de alivio, calmándome al escuchar el agua caliente que emanaba de aquella fuente con forma de pez dorado. El baño era todo un lujo color verde y dorado, era más grande que la casa en que crecí, tenía tantos adornos qué parecía más un museo que un baño, pero lo más sorprendente fue el comentario de Lao, en el cual aseguraba que habían otros así en la casa. Toph definitivamente se había criado con comodidades inimaginables, lo que hace que me asombre su carácter tan obstinado y su comportamiento que no empata para nada con la etiqueta que se debe mostrar en estas altas esferas. Pero la prefiero así; no podría soportar vivir con una mujer que llorase si se le quebrara una uña. Me gusta vivir con una mujer que le encante romper algunos huesos de vez en vez.
El agua me relajaba totalmente al igual que lo hacía con el señor Bei-Fong, pero en mi caso, al ser mi elemento natural, el líquido me hacía recordar a mi hogar, a mi familia, sobre todo a Katara. Cuanto los extrañaba.
Una atmosfera calma se formó en el ambiente junto con el vapor que nublaba la vista. Y al arrojarse Lao un tanto de agua en la cara, dándome luego la espalda para poder tomar un pañito cercano a la orilla de la tina (que para mí era casi un lago pequeño) y ponérselo en la frente, me fue imposible notar un detalle en su piel. Para variar… él también tenía el tatuaje del escudo de la familia Bei-Fong en la espalda.
¿Qué es esta adoración con los tatuajes?. ¿Acaso todos aquí tienen uno?.
Presto vi al padre de Toph bajar la guardia, cerrando los ojos para poder disfrutar mejor del momento de relajación. Entonces fue cuando mi señal se hizo presente, era hora de tomar la delantera; y lo haría golpeando a Lao con mis preguntas viles que se disfrazaban como simples comentarios inocentes. Ya venía siento tiempo de armar el plan y ejecutarlo al mismo tiempo. Ahí voy. Yue dame fuerzas.
-Veo…-, dije como si la cosa no fuera conmigo, mientras pasaba un tanto de agua por mis brazos, simulando que los estaba tallando o algo por el estilo, -... que usted y su esposa tienen un tatuaje en el mismo sitio-. Pronto Lao abrió los ojos, pero jamás cambio esa posición relajada que tenía: sentado, con la cabeza para arriba, con el trapito mojado en la frente y con el agua hasta el pecho.
-Ah sí… ¿Pero cómo viste el tatuaje de Poppy?. Ella rara vez se descubre la espalda- ¡Santa Dama Pintada!. Debí haber sonado sospechoso.
-Señor, no piense mal de mí se lo suplico. Cuando su señora y yo fuimos de compras, a causa de la lluvia que nos tomó desapercibidos, la tela de esa prenda rara que la señora Bei-Fong usa sobre su espalda y hombros, esa que parece como una capa con mangas y no sé cómo se llama, se hizo lo suficientemente translucida para poder notar el tatuaje. Y como su vestido no le cubría esa parte de la espalda. Se hizo evidente el diseño al chocar la tela mojada con su piel.-
Al oír mis palabras llenas de nerviosismo, Lao no hizo otra cosa que soltar una carcajada. No quería que el padre de Toph pensara mal de mí. Yo sería incapaz de faltarle al respeto a su esposa. Primero se congela el desierto de Si Wong antes que eso. No obstante, Lao tomo mi alteración como un acto de inmadurez e inocencia… lo cual que era la pura verdad y me daba puntos de empatía para con él. Qué ironía, a sus ojos aún seguía siendo un niño.
-Nunca pensaría mal de ti muchacho,- asevero cuando la risa le dio permiso de tal cosa, quitándose el paño de la frente para verme mejor. Luego continuó, -… solo que no ideaba como habías visto el tatuaje. Pero ahora todo tiene sentido. ¿Y qué te diré sobre eso Sokka?, sobre el tatuaje, solo puedo decirte que sí. Eres testigo ahora del acto.
Para no cansarte mucho con el relato, decidí hacerme el tatuaje en el mismo sitio en el que Poppy lo luce. Me pareció lo correcto, después de todo, éramos esposos, creí sería un lindo detalle el portar el escudo de los Bei-Fong igual como lo hace ella…. Pero, a todo esto …¿Y tú tatuaje?. No veo que lo lleves en la espalda. ¿O es acaso que decidiste dibujarlo en tu piel de un tamaño discreto?. ¡Ya sé!, te lo has hecho en alguna otra parte. ¿En el brazo acaso?. Anda, déjame verlo.-
-¿Mi tatuaje?...- ¿Cómo que "mi tatuaje"?. Yo no tengo ningún "mi tatuaje" en ninguna parte de mí. Esto está yendo muy rápido para la poca capacidad de procesamiento cerebral que me dieron los espíritus. ¿Cómo que era lo correcto ponerse el tatuaje en el mismo lugar que su esposa lo tenía?. ¿Qué, rayos significa eso?, ¿Qué está pasando aquí?. Ahora Toph no solo guarda secretos dentro de sí misma sino también sobre su piel. Esto es genial, simplemente genial. Maldito seas señor del Karma que no te cansas de escupirme en la cara mi candor y mi estupidez.
Pero por mucho que me gustara la idea de preguntar de forma directa al señor frente a mí de qué demonios estaba hablando, no podía. Debía ser sutil, más ahora que estaba tan cerca. Solo necesitaba un poco más de tiempo y que los señores Bei-Fong soltaran la lengua lo suficiente para alcanzar el objetivo de mi viaje. Y aunque cada vez esto se ponía más raro, ya no había marcha atrás, puesto que no crucé el Reino Tierra y la Nación del Fuego para simplemente detenerme.
- Ah!, sí!... bueno…- continúe la plática con el noble caballero, el cual solo me regalaba miradas confusas ante mi poca elocuencia al articular. Después de unos segundos, y gracias al espíritu de la invención, logre recuperar la compostura e idear una nueva mentira para hilar con las otras anteriores y, porque no, las venideras. -…hemos… estado muy atareados, tanto que no nos ha sido posible finiquitar eso, por ello no lo tengo aun. Pero me lo haré pronto y en el mismo sitio donde lo luce su hija: en parte del brazo y la espalda-
-Entonces… ¿sí te lo harás?- interrogo Lao… pero su desasosiego en cuanto al tema era cuasi divino. ¿Por qué tan preocupado del asunto mi lord?... ¡ay no!... ¿Será esta otra marca del señor del Karma que prevé a una desgracia próxima?... Cuanto daría por ver a Gran-Gran y que me consolara entre sus brazos ahora.
-¡Por supuesto!. Debe estar seguro de ello.-, conteste para calmar al señor Lao, creando otro tema de conversación para desviar al pobre hombre, puesto que parecía sospechar algo, - Aunque… aunque en mi caso me achaca un a duda. Sabe… soy muy moreno como ya se habrá dado cuenta. No sé qué tanto se vea la tinta dorada en mi piel… En Toph se ve claramente, pero en mi…- … bien Sokka… no puedes inventar otra preocupación más tonta que esa…
-No creo que sea un problema. Yo, por ejemplo, soy más moreno que Poppy y aun así se ve perfectamente. En lugar de preocuparte por esa menudencia, deberías estar preparándote psicológicamente para el dolor que vas a sentir-… nota mental, Lao Bei-Fong es daltónico. Poppy es casi tan blanca como Toph y Lao no anda muy lejos… pero él jura que es tan moreno como lo soy yo… ¡Un momento!. ¡Alto nota mental!…¡¿Cómo que doler?!. ¿Qué especie de dolor exige al receptor prepararse antes?. ¡Kuruk!
-¿Duele mucho?-
-Sí, no te voy a mentir.- contesto con una sonrisa en los labios, - Los Bei-Fong son personas muy tradicionalistas, se hacen los tatuajes de la misma manera: tradicionalmente. Apuntalan un instrumento lleno de agujas con una especie martillo sobre la piel, dando pequeños golpecitos… el proceso puede durar días.-
-¡Por Kuruk!,!Por Kyoshi!...- ¡Por mi vida entera!. Eso YO no me lo iba a hacer. Lo siento mucho por Toph y las cuatro naciones, pero a mí nadie me dijo nada de un tatuaje ni de que iba a doler, ni de agujas ni de apuntalamientos ni nada. He sufrido mucho en esta vida como para sufrir más, lo siento pero no.
Por ello, ya venía siendo momento nuevamente de cambiar el tema. No quería entrar en detalles sobre la fecha de realización del dibujo ese sobre mi… y que ella o cualquiera me lancen todas las rocas que quieran porque no me lo iba a hacer y punto. -¿A qué edad se hizo Toph el de ella?-
- A los 14 años- ¡¿Qué?!. ¡Acaso estaba loca!
-Increíble…¿y su esposa?-
-A la misma edad. Son mujeres sumamente fuertes- … ya vi de dónde sacó la locura la emperatriz… y la fuerza… eran idénticas.
-Ni que lo diga… y… usted… ¿no tenía miedo?, ¿no se asustó por el tatuaje?-
-Sinceramente sí. No es como que yo sea uno de esos sujetos que gozan de hacerse tatuajes para lucir fieros. Nunca me había hecho uno, no sabía que esperar ni que sentir. Evidentemente tenía una idea de cómo los hacían y había escuchado que el proceso era muy doloroso. Pero las palabras de otros no te preparan para vivir la experiencia, debes sentirla para saber de qué se trata todo. No obstante… a pesar del dolor… era algo que venía intrínseco, es una tradición. Digo, uno no es parte de la familia Bei-Fong si no tiene el tatuaje de los Bei-Fong. Es el último trazo en la obra maestra.-
…una…¿Tradición?... ¿Intrínseco?. ¡¿Qué está pasando?!. Tuve que emplear todas mis habilidades de actor para no abrir la boca y gritar a todo pulmón. Estaba cansado de que me timaran constantemente, de que emanaran estas sorpresas de la nada. O sea, ¡¿Qué era eso?!, ¿Más secretos, más detalles, más omisiones que convenientemente ella olvido decir?. A nadie se le olvida una tradición que consiste en tatuarse un cerdo alado, ¡oh no!. Y lo peor, siendo que el padre de Toph fue el que adoptó la tradición… y siendo que se lo hizo después de casarse… ¿eso quiere decir que viene siendo mi obligación tatuarme también?. ¿Por qué Toph no me dijo nada?, ni siquiera me lo ha insinuado.
Tenía la delirante idea que ese tatuaje en ella era o un acto de rebeldía de la muchacha o una marca que le hicieron sus padres para evitar… no sé… un secuestro. Si, sé que un secuestro suena inverosímil pero era lo único que me parecía lógico hasta ahora: una marca de reconocimiento en caso de que la heredera de los ojos pardos desapareciera.
No podía ser, simplemente no podía ser. Y el problema que me surgía ahora no residía en el afán de Toph por excluirme del ritual. El tatuaje era lo último que me importaba. La preocupación que me generaba la oclusión conveniente de la tradición Bei-Fong era: ¿Por qué no quería que me tatuara? ¿Cuál era la finalidad de dicha acción?. Ella simplemente me pudo haber comentado "mira mi tatuaje, ¿no es bonito?" y yo le hubiese dicho "¡qué lindo!, yo en toda mi desdichada existencia, en la cual todo el tiempo me ven la cara de estúpido, me haría algo así, ¿Sabes?", ¡y ya!. ¿Pero porque no dijo nada?.
Ay no… siento que ella algo se trae entre manos … siento la venida del Señor del Karma.
-Yo aún no tengo el tatuaje…- proseguí, dominando todo el conflicto interno que se encontraba en mi pecho, -…Eso… eso quiere decir que… ¿aún… no soy parte de la familia?- Sí, eso quería decir. No había que tapar el sol con un dedo.
-Pero lo tendrás muchacho, lo tendrás. ¡Y claro que eres parte de la familia!. Este diseño es solo un pequeño detalle que falta, es todo. Un árbol no es menos árbol si no florece en primavera, simplemente no ha florecido y solo resta esperar. Por eso no comas ansias joven árbol. El primer paso para este ritual es la paciencia. Además, tú mismo lo dijiste, apenas sus labores lo permitan recibirás el escudo de los Bei-Fong en tu cuerpo. Ya tienes el apellido, solo falta el escudo en la piel.-
-Sí… legalmente soy Sokka Bei-Fong ahora-
-Igual que Toph, Poppy y yo. Todos somos una familia y tú eres parte de ella también. No importa de dónde vengas o si aún no tienes el tatuaje. Eres todo un Bei-Fong.-, pero las amenas palabras del padre de la emperatriz no me animaban en lo mínimo, a pesar que estas fueran honestas. Sus confirmaciones aclarando los pasos para la pertenencia a su clan familiar solo me llenaban de acogimiento. De ser por ella, nunca me hubiese enterado de mi nuevo nombre, de ser por ella seguiría ignorando el significado tan profundo del tatuaje… bueno, no hay de que sorprenderse, de ser por ella… no estaría a mi lado.
Pero esa era la vida del emperador del Reino Tierra: Una apoteosis de miseria.
- Mil gracias señor Lao-
"Rezo por que nos veamos el próximo lunes."
