"Millones de años, ¿no?, pero aquí estoy y lo único que puedo decir es gracias por sus lindos comentarios. Gracias a todos los que han seguido esta historia y los que me han pedido que la continue. Millones de gracias a Azrasel, Nieve Taisho, artilyon-rand, Mitzka, hagithara, ASUKA02, AryAs, kiara, -chan (ó dakina44), seelea, Miranda44, BocadilloSnake y al usuario anónimo que escribió un review el "6/7/13 . chapter 28".
Mil gracias a todos, espero les guste."
Con Ella
Por: Chris McRaven
Con su Historia: parte 1
"-¿Estas segura que esto sirve?-, pregunte a la única dueña de los ojos de tejóntopo; no es que desconfiara de ella, simplemente era que la acción en si no me era muy confiable, pero ahí estaba yo, a la orilla del pasillo de su verde santuario, ese que daba al jardín, boca arriba, con la cabeza volteada. Veía el mundo al revés, sentía la brisa al revés, todo de forma atípica.
-….Realmente… no lo sé. ¡Pero debe de funcionar!-
-¿Y por qué "debe" mi emperatriz?-
-Porque si te pones con la cabeza al revés, tarde o temprano te bajan las ideas. ¿o no?-
Ese día el té tuvo un sabor a absurdo"
-:o:-
¿Cómo se atrevió, como se atrevió a mentirme así, a ocultarme algo tan grave?. ¿Y ahora qué voy a hacer?, ¿Qué le voy a decir a mi gente?, ¿Cómo le voy a explicar esto a mi padre?. Por los dioses… estaba en un problema sumamente serio.
Todo este tiempo no fui más que un tonto, un estúpido confiando en que la amabilidad de la emperatriz era por respeto… o cariño. Pero no era eso, claro que no, solo era la forma en que la bruja me mantenía atado a ella, la forma en que me cubría los ojos para que no me diera cuenta de nada. Me hizo vivir en un mundo de ensueño para hacer lo que le diera en gana conmigo. Con razón le daba tanta importancia a la Tribu Agua, con razón despilfarraba el dinero en mi gente. Eran astutas estrategias sin otro objetivo que el de obtener simpatía.
Espíritus… dioses, ¿por qué me hacen esto a mí que siempre les he sido fiel?. ¡Malintencionado señor del Karma!
No lo podía creer, ahora todo encajaba a la perfección, todo: el viñedo, los donativos, el reusarse a ir a las fiestas, el tatuaje…. Seguramente la noche en que estuvimos juntos no era otra cosa que una jugada maestra para obligarme a necesitarla más de lo que la necesito ahora. Sí, lo admito, me engancho, me hizo depender de ella a base de sucias tretas, laberintos magistralmente elaborados, espejismos e ilusiones superfluas. Maldigo ahora su aroma a bosque, su silueta furtiva y sus ojos profundos. Ahora todo resultaba transparente a mis ojos, sus huidas silenciosas eran su probable medio de escape de la realidad que vivía conmigo. Seguro le doy asco, seguro le soy repulsivo, seguro sintió que esa noche era la culminación de su deber como esposa y emperatriz.
¡Trágame tierra!
Ahora entendía porque el Arenero olía así y porque Toph olía de la misma forma cuando regresaba de sus escapes nocturnos. Ahora entendía ese aroma a tierra mojada. Infelices ambos, me habían visto la cara de idiota. Pero no me importa, nunca me ha importado y jamás lo hará.
Pero me las iba a pagar, maldito yo si no era así. La iba a hacer sufrir mil veces toda la humillación que estaba pasando por su culpa, las ilusiones que me dejó cultivar como un idiota y el haberme robado, con plena conciencia de los daños colaterales, el alma y la existencia.
Iba directo a la casa de la emperatriz, con sangre en el ojo e ira en el pecho. Nunca el respirar se me había hecho tan pesado y si no hubiese sido por la amabilidad de los padres de Toph, , sin olvidar todo el respeto que siento por ellos, en la propia casa de los señores Bei-Fong hubiese soltado un repertorio de improperios en contra de ella, develando lo que realmente pensaba en ese momento… ¿Pero que podía hacer más que canalizar todo mi sentir, cerrar la boca, para soltarlo luego a la hora oportuna, frente a la persona indicada?. Esperar… esperar… ¡Ya estaba harto de esperar!
Aunque insistí en irme por mis propios medios, los tanto Lao como Poppin se negaron rotundamente. Jamás el esposo de su única hija iría por ahí como un pordiosero, corriendo riesgos que solo los mal vivientes conocen. Mandaron a llamar a sus mejores maestros-tierra y a traer el mejor carruaje solo para que me dejaran en la puerta de la casa de la emperatriz; me vistieron como todo un noble y solo así me dejaron andar. Pero, antes de irme, el señor Lao me dio una carta, escrita con su puño y letra, diciéndome, mientras su esposa continuaba sujeta a su brazo, que era para la dueña de los ojos de tejóntopo.
-Dale esto,- dijo seguro, como siempre hablaba, con la propiedad de un caballero, - dale mis saludos a Toph y dile que la amamos. Con esta carta no hará berrinche por tu tardanza. Seguramente se sorprenderá mucho al sentir mi letra-
-Seguro que sí, señor.-, ¡Ohh sí!… seguro que sí…
Ahora, mientras siento el arrastre del carruaje contra el piso del Reino Tierra, apretó la carta contra mi pecho, contando las horas para encontrarme con ella, para escucharla mentir y crear la ilusión de mundo perfecto diseñado para mí. Pero esta vez no podrá, pobre de ella, puesto que yo haré cenizas lo que con tanto ímpetu construyo.
Hoy yo soy su rival en su vil juego de pai-sho.
-:o:-
Me tiemblan las manos, debo admitir, me temía este momento. Por fin el verde bosque de la emperatriz me recibe. A lo lejos veo su palacio de piedra y, en medio de este, el santuario banco que me recuerda a mi hogar. Tengo miedo, puesto que a partir de hoy la vida va a ser un infierno peor que el que habíamos vivido previamente… pero tampoco puedo existir en medio de una mentira, no puedo permitir que los míos se vean afectados por sus caprichos, no, no puedo… lo siento, pero en esta ocasión me toca ser egoísta.
Paso por las casas de los ciudadanos, por las plazas, los restaurantes y el mercado en donde le compre las pulseras a mi señora; sin embargo, las cosas tienen un sabor amargo. ¿Qué pasará con ellos, con el pueblo, cuando todo sea expuesto?, ¿Qué pasará conmigo?... ¿Qué pensará ella?. No importa, ahora no. Me hice la promesa de desvelar las mentiras de la emperatriz, para bien o para mal, y pienso mantenerla. Si hoy el Señor del Karma nos quiere separar, que así sea, pero ya no va a haber más engaños. Estoy cansado de pensar que toda la culpa es mía, que no sé lo que hago, de dudar de todo. ¿Y si al final de cuentas ese era su objetivo?, ¿El de hacerme sentir culpable para depender de ella?. Sea como sea, carecer de un heredero, bajo los tiempos que corren, es un lujo que no puedo darme, por más que quiera no puedo. Si Toph aceptó ser emperatriz para proteger a los suyos (aunque odiara con todas sus fuerzas serlo), pues yo también estoy en la misma situación.
No podía jugar con el puesto de "Jefes de la Tribu" que tanto le costó a mi familia, ya que podría ser tomado por algún inescrupuloso que buscará enriquecerse a costa de inocentes. Jamás. Nuestro pueblo ya había sufrido mucho como para sufrir otro tanto… ¡diablos!… ahora que todo iba relativamente bien sale el secretito de la emperatriz… Esta si no me la esperaba Señor del Karma…
Mis pensamientos paranoicos son cesados por el paisaje nuevamente. Era hora de bajar el carruaje y confrontar al demonio de ojos pardos. Aunque los maestros tierra insisten en dejarme en la puerta de palacio, yo insisto aún más para que no lo hagan. No quiero que ellos le lleguen con el chisme a los señores Bei-Fong de lo que va a ocurrir o que ella sospeche de dónde vengo. No sé si ella conoce a estos maestros tierra, no sé si ella conoce el carruaje de piedra en el que atravesé los caminos para llegar hasta aquí. Pero es mejor no correr riesgos.
Con una larga y una corta, ocultando mi verdadera intención, convenzo a los maestros para que se vayan. Ellos, totalmente en desacuerdo, obedecen mi voluntad, puesto que, después de todo, soy el emperador, y se alejan tan rápido como me trajeron hasta aquí. No es mucho el trecho, solo unos cuantos metros me separan de la gran puerta principal que corona la morada de Toph, la emperatriz del Reino Tierra, protegida por dos tejones topo de piedra. Veo la impresionante puerta dorada tallada por los mejores artesanos de las cuatro esquinas del imperio, una de las poquísimas cosas que no hizo ella en su hogar, puesto que, para que fuese ligera, se vio en la necesidad de hacer de madera la puerta; no obstante es resistente, no tiene nada que envidiar a las otros materiales con los que está compuesto el castillo.
Cuando contemplo tan cerca de mí la última barrera, y con cada paso que doy, me palpita cada vez más rápido el corazón … ¡En que me he metido!. Mejor hubiese sido no haber salido a buscar respuestas sobre los secretos de la emperatriz, quedarme en casa y no saber nada… pero no sería justo para mí… y últimamente no me he sido fiel.
¡No importa ya!… ¡ya no importa nada!. Si a ella nunca le importo algo referente a "nosotros" mucho menos a mí en este instante.
Impaciente y nervioso, con mi mochila al hombro y sosteniéndome con la mano libre las largas faldas de mi túnica para caminar hacia mi destino, veo aterrorizado, mas conteniendo el semblante, como la puerta se abre lentamente… mostrando una figura humana salir de ella y yo, como el más desafortunado de los hombres en las cuatro naciones, reconozco esa figura. Es ella… maldito el destino, es ella. Nunca me había recibido y hoy lo hace, ¿Por qué a mí?. Se acerca corriendo, sonriente, levantando un poco su vestido para dejar sus pies libres. Su cabello juega con el viento, permitiendo caer algunos pétalos de las flores que usa para adornar su cabello. Levanta la mano… me está saludando a la distancia… mentirosa, ¡falsa!. Si no la conociera… si no supiera la verdad… diría que está feliz de verme.
Y ahí viene, coronada con el sol, radiante como el bosque, no hace otra cosa que lastimarme con su imagen. ¿Por qué lo hiciste Toph?... Sí me hubieses dicho la verdad…
Se detiene frente a mí, tomando un poco de aire, deja ver su cansancio junto con sus mejillas rojas. Podría apostar que venía corriendo desde dentro de la casa… al parecer sintió mis pasos acercarse… ¿Por qué hoy Toph?, ¿Por qué eres tan cruel conmigo?
-¡Sokka!. ¡Gracias a los espíritus volviste!. ¡Estaba tan preocupada!. ¿Cómo te fue?. ¿Algún contra tiempo?. ¿Cómo esta Pian-Dao?. ¿Fuiste a ver a Zuko o al Tío Iroh?. ¿Encontraste tu respuesta?-, pregunta, llevándose una mano al pecho y con la respiración entre cortada…. ¿Por qué no mejor va al grano?. Sería más sano que me interrogara de una buena vez si Pian-Dao soltó la lengua en lugar de andar con rodeos. Maldita ventajista.
-Sí Toph… encontré lo que estaba buscando-, contesto áspero, inexpresivo, clavando mi mirada en ella, mirada que nunca conocerá; preguntándome mil cosas a la vez que contemplo su piel de nieve y su cabello de tierra.
-Bendita la Naturaleza entonces y santa la Luna también.-, arremete con una sonrisa, -No dejé de pensar un día en ti, más porque hay rumores de bandidos en las costas de la Nación del Fuego-, ahora cambia su cara a una con algún dejo de preocupación, -Llegaron a mis oídos por medio de mi asistente y al no recibir cartas tuyas… pensé en que algo te había pasado. Incluso iba a ir a buscarte, iba a tirar todo el trabajo solo para eso, para dar contigo, pero por suerte apareciste. Mis suplicas fueron escuchadas.-, sonríe una vez más, -La Madre Tierra nunca nos abandona. Pero ya basta de mis parloteos, tienes que contarme todo sobre tu viaje. No me dejes con la intriga. Serviremos la cena y ahí me lo contaras todo-, concluye, regalándome esa cara inocente e irresistible que ahora comprendo que es una farsa, una parte fundamental en su teatro…. No vamos a salir ilesos de esta Toph. Perdóname.
-De hecho Toph, tenemos que hablar ahora-
-¿Ahora?, apenas vienes llegando, mejor en la cena, debes estar muerto de hambre-
-No, no tengo hambre-
-Ya veo, ¿prefieres descansar?. Seguro estas exhausto. El viaje a la Nación del Fuego es agotador. ¡Sí lo sé yo!-
-Tampoco quiero descansar-
-… ¿Qué pasa?. ¿Ocurrió algo malo durante tu viaje?-, nuevamente esa preocupación ficticia que me irrita y ese rostro quebrado que me enferma. ¿Hasta qué punto has llegado Toph?. ¿Tan tonto me crees para olvidarme de tu habilidad única de leer los sentimiento de otros?. Claro que ocurrió algo y lo sabes.
-No. Ya te dije que encontré lo que buscaba-
-¿Entonces?-
-Toph, en verdad tenemos que hablar-, reitero.
-¡Claro, claro!,… lo que tú digas.-, asegura, dándome una cara que más que extrañeza reflejaba precaución hacia mí. Ella presiente el problema venidero y necesitaba hacer tiempo para pensar. Algo se le ocurriría para hacerse de ese tiempo, como si no la conociera. Luego de un segundo o dos, continua, -Solo déjame despedir a unas personas con las que estaba reunida y luego te alcanzo. No tardo mucho-. Buena excusa señora…
-Siendo así, te espero en el santuario de la Tribu Agua-
-…¿Seguro que estas bien?-
-Sí... estoy perfectamente bien- Pero no lo estaba, ¡ella lo sabía maldita sea!, pero se hacia la inocente, como siempre. No le podía dar mucho tiempo a la ilusionista, de hacerlo ella misma maquinaría algún plan instantáneo para solapar mi ira e introducirme nuevamente a su mundo de ensueño embriagador. Así que las acciones debían ser impulsivas y prestas.
Con maniobra experta obvió lo que ambos sabíamos, con una sonrisa hipócrita en la cara me aviso sin emitir palabra que vaticinaba malos presagios, con su alejar tranquilo, con su obediencia tan poco común, daba inicio a la batalla que ella misma decidió posponer.
Pero no importaba, como dije, ya nada importaba. No sabía si el destino tenía algo bueno o algo mano entre manos, pero sí que era algo para nosotros. La imagen de la emperatriz mientras caminaba a despedir a sus invitados invadía mi mente, la angustia y la incertidumbre obligaba a mi cuerpo a temblar. ¿Qué era acaso yo? ¿una víctima o un victimario?. Otra cosa que no sabía. Y si bien la ira movía mi cuerpo más que mi voluntad, en una ínfima, en una profunda parte de mí, la tonta idea de la inocencia de la emperatriz persistía. ¡Que utópico!.
-:o:-
Pasaron los minutos en el santuario que ella misma había construido para mí, mas su ausencia era lo que resaltaba. Y los minutos se fueron acumulando, convirtiéndose en una o dos horas. Mis pensamientos vagaban en millones de preguntas que formulaba involuntariamente, al mismo tiempo que, en la casa de la terraza más alta, la esperaba con impaciencia. Acabará bien esto o mal, al final me convertiría en un asesino, puesto que la confianza y la poca felicidad que existía entre nosotros evidentemente fallecería en mis manos, no podía ser de otra manera. Maldita la vida y su aroma a bosque, malditas mis decisiones y sus ojos profundos. Malditos los minutos que siguen su camino y la naturaleza misma que me golpea el rostro con mano cortante de viento, puesto que me he convertido en el enemigo de su hija, su más preciado tesoro.
Al fin decide aparecerse, subiendo las escaleras hasta llegar a mí en la magnificente casa de la terraza más alta, en la sala principal retocada con el buen gusto de la emperatriz y sus artesanos. Sube imponente en medio de la escalara, su traje verde refleja el sol volviéndola cuasi divina, pero no debo flaquear ante su majestuosidad, no puedo, sería un error. Tan pronto siento su entrada, mi espíritu intranquilo se impacienta aún más. Me pongo de pie para fingir que estoy admirando las distintas armas que cuelgan en la pared, elementos que solo me hacen recodar a mi tribu junto con lo que se avecina entre ella y yo.
Pero ella se acerca con paso firme, fingiendo que nada sabe; fingiendo ingenuidad, como siempre; saludando candorosamente como le enseñaron sus padres, para luego contarme sobre la despedida de sus invitados con su tierna voz… ella no se cansa de aparentar que todo está bien.
Indignado por tal acto insulso, muestra del poco respeto que ahora me tiene (si alguna vez me tuvo), no puedo contener mi yo, ese que ella puede sentir con su talento especial, por ello abruptamente calla, rodeándonos de nuevo de ese oportuno silencio que hacia tanto ya no era parte de la rutina.
No obstante, la emperatriz, aunque en cuenta tiene mis alteradas palpitaciones, desconoce el porqué, y por eso silencia, para iniciar la estrategia de acercamiento que siempre aplica antes de dar cualquier estocada. Sin embargo, mi paciencia infinita para con ella se acabó, junto con mi comprensión incondicional. Sin que Toph lo sepa, un nuevo juego de Pai-Sho inicia, no obstante, soy yo el retador, no la pieza.
-…Sokka… ¿estás bien?-, pregunta, llenándose la boca con falsedad. ¿Cómo que si estoy bien?. Embustera.
-Sí Toph, estoy bien, pero las cosas entre nosotros no y lo sabes-
-No tengo idea de lo que hablas-
-Toph, por favor. Detente. No sigas más con esto, te lo suplico-
Silencia, señal clara de planeamiento. Mueve los ojos como si recapacitara, analiza sus posibilidades y, hábil como solo ella es, intenta desviar la conversación a un punto seguro y a su favor. Nunca había notado esta habilidad de mi señora… al parecer la venda de mis ojos ha caído irremediablemente. ¿Cuánta desgracia tienes preparada Señor del Karma?.
-Sokka,-, prosigue, -estas muy alterado, deberías descansar. Tiempo hay de sobra. Te juro que no iré a ningún lado. Relaja la mente y el cuerpo para que las ideas se aclaren. Temo por tu salud. Sea lo que sea puede esperar-
-Te he dicho que no. Hay que hablar y no puede posponerse más de lo que ya se ha pospuesto. Aun me queda un poco misericordia. Abre la boca, habla. No sigas fingiendo desentendimiento-
-¿Misericordia?-, repite indignada, -...Sokka me asustas. Apenas y te reconozco-
-Lo mismo digo. Así que habla y sálvate de paso. Te estoy dando la oportunidad de que te expliques, oportunidad que tu no tuviste la decencia de obsequiarme cuando ocurrió lo del malentendido en Omashu-
-…no sé de qué hablas, te repito-. Como odio cuando hace eso.
-¿No sabes de que hablo?. ¿Ahora no sabes nada?. ¿Ahora, la señora que todo lo controla a voluntad y todo lo domina a placer no sabe a lo que me refiero?. ¡Toph no seas hipócrita!-
-¡Soy sincera!. Si algo pasará te lo hubiese dicho inmediatamente. Pero tus palabras me desconciertan. Realmente no sé a qué te refieres. No sé de qué estás hablando-
-¡Habla Toph!-, le grito frustrado. ¿Cómo es posible que aun continúe con lo mismo?. Ella debe tener presente que no creo una sola palabra de lo que dice. ¿Por qué no le creí a Suki cuando tuve la oportunidad?
-¡Hablando estoy!. ¡Declaro ignorancia!. ¿Qué quieres que explique?, porque juro desconocer lo que quieres oír-
-¿Qué que quiero que expliques?. ¡Quiero que expliques lo del "incidente"!-
-¡Ya te había dicho que es una condición de salud que me causa debilitamientos!... Nada más…-
-…¿nada más?-. Mentirosa.
-Nada más…-, y suspira,-¿Me llamas aquí y me haces despedir a los convocados solo para que te repita lo que ya habíamos hablado?. Sokka, las reuniones no son un juego, tú bien lo sabes. Tus desvaríos y actos inverosímiles deben ser por el largo viaje. Te repito, descansa,-. Entonces aplica su jugada inicial. Con la suavidad del agua se aproxima hacia mí, luciendo tan majestuosa como siempre, esparciendo su aroma hipnótico a bosque. Con dulzura me sonríe y yo, embelesado, permito que su ser surta efecto en mí. Posa sus dedos gráciles en mi mejilla, provocándome un estremecimiento en las manos, estoy nervioso… lo sé. Acaricia mi rostro con dulzura mientras sonríe, plantando sus ojos de esmeralda en los míos, susurrándome palabras relajantes, frases que me hacen pensar que todo estará bien. -…luego hablaremos-, pero la sola mención de posponer las cosas me devuelve a la realidad. No, me niego a hacer tal cosa. Si le doy tiempo ella se escapará, no lo puedo permitir. Sujeto entonces su muñeca de forma firme, alejando su mano malévola de mí. Notando, irremediablemente, la sorpresa en sus ojos. Ella no está acostumbrada a fallar.
-¡No!. Ya te dije que debemos hablar-
-Pero si ni hablar con coherencia puedes-, responde sonriente, comprensiva, con un dejo de felicidad en su voz. Dando a entender que el cansancio hace que yo fantasee. Y aunque aún la sujeto de la muñeca, y aunque aún tengo su mano a la altura de su rostro, y aunque ahora puede sentir mis signos vitales más que antes, simula desentendimiento de forma hábil. Si Azula la viese estaría celosa de ella.
-Claro que puedo emperatriz puesto que la luna me sonríe hoy… al igual que el Señor del Karma-
-¿Qué estás diciendo?-
-Al parecer necesitas que te refresquen la memoria. Te lo pondré en otras palabras, te preguntaré otras cosas. ¿Por qué amenazaste a Pian-Dao?. ¿acaso no querías que hablara de más?-
Sus ojos se abren de par en par y sus pupilas bailan temerosas. En un instante su seguridad de desvanecer para ponerse en un estado de alerta. Con un rápido movimiento se libera de mi agarre, retrocede unos paso, deja caer la mano en el pecho para lucir ofendida. Levanta sus cejas, dibujando un semblante triste… como si mis palabras la hirieran, luego continua clamante, -¡¿Qué clase de calumnias expresas?!. Yo no he hecho tal cosa. ¡¿Cómo puedes pensar que osaría a efectuar semejante barbaridad?!-
-… Mientes Toph, lo sabes y lo haces magistralmente. Sé que amenazaste a Pian-Dao, no finjas-
-¿Y cómo, si se puede saber, amenazaría yo a tu maestro si ni siquiera he puesto un pie en la Nación del Fuego?. He estado aquí, esperándote, desde que decidiste partir a buscar guía. Tú mismo me pediste que aguardara en el Reino Tierra. ¿Ya no lo recuerdas?...-, calla, me mira con extrañeza, y luego prosigue, -Dime la verdad Sokka, ¿Has tomado jugo de cactus?. Pensé que con solo probarlo una vez aprenderías la lección-. Gracias a la Kuruk que la conozco bien, puesto que meses atrás nunca hubiese notado que su comentario, en parte sarcástico, en parte en broma, era para desviar nuestra riña. Por eso lo olvido, no debo caer en sus tretas, debo concentrarme y seguir el plan. Si dejo que ella tome la delantera volveré a caer en su hechizo y no creo poder zafarme de el otra vez.
-… A pesar de tu infame obsequio él habló. Me relató sobre cómo te convertiste en emperatriz. De cómo Iroh, de alguna manera, te ayudo a hacerlo. Me dijo sobre tu negación cuando te ofrecieron el puesto y como el General te convenció. También hablo sobre la herencia por línea materna de los nativos del Reino Tierra y como los esposos adoptan el apellido de sus esposas. Me reveló que yo, Sokka de la Tribu Agua del Sur, hijo de Hakoda, hermano de Katara, soy desde hace mucho tiempo el emperador Sokka Bei-Fong, miserable detalle sumamente importante que tú, mi emperatriz, me ocultaste… u omitiste intencionalmente. ¿Sabes ahora a lo que me refiero o es necesario estimular aún más tu memoria prodigiosa?-
-¡Ya basta Sokka!.-, suplica con la voz quebrada, constriñéndose en sí misma dando una imagen de dolida, - ¡Cállate!. ¡Deja de fabricar calumnias, deja de ensuciarme!. ¿Qué pretendes?, ¿lastimarme?. ¿Qué quieres?, ¿ofenderme?. ¿Qué te pasa?. ¿Por qué desquitas tu ira conmigo que ignoro el contexto o la razón de lo que enuncias?-
- ¡lo mismo te digo Toph!.- y es cuando no puedo más, me repugna verla así, jactándose de su inocencia que no es tal. Camino hacia ella para encararla, clavo mis ojos en su postura sumisa a causa de un aparente quebranto emociona, mas no hay tal. La odio, la odio tanto cuando hace eso, nunca me había dado cuenta de cuanto la odiaba hasta ese día, pero las cosas ya están hechas, ya estamos casados. La tomo del hombro, la obligo a "verme", solo para saber qué hará, pero su jugada no varía de un semblante temeroso y confundido. ¿Temeroso de quién?, ¿De mí?, no lo creo. ¿Qué clase de miedo le infrinjo si hizo lo que quiso conmigo?. Me da rabia solo el pensar en cuanta hipocresía es capaz de guardar la emperatriz. -¿Por qué te esfuerzas en mantener la mentira?. Se lo que tramabas.-, le digo arrastrando las palabras y acercándola a mí, para luego hacer mi jugada, -Pian-Dao te manda sus sinceros saludos-. Fue solo entonces cuando, con mi mano libre, introduje la ficha de mi noble maestro entre su mano caída. El rostro de la emperatriz cambió drásticamente al sentir el objeto en sus dedos, pero sobre todo, al percatarse del relieve en forma de loto blanco - … se lo de tu moneda, se lo que significaba, lo sé todo.-
Y como lo supuse, su rostro indefenso y clamante de misericordia desapareció para ser substituido por uno sin sentimientos. Los ojos temerosos de la emperatriz eran historia, una mirada maligna y analítica desconocida se abrió paso a través de su rostro blanco, y su voz quebrantada pasó al olvido. -… al parecer al noble hombre se le ha aflojado la lengua más de lo debido. Al parecer ya no respeta nuestros pactos ni a mí. Al parecer he encontrado un traidor entre mis filas…-. Mientras ofrecía sus palabras, poco a poco fui soltándola, poniendo distancia entre nosotros. Esta Toph era diferente, una que nunca había visto, o más bien, una que ella jamás dejó que viera. Su semblante seguro y su mirada vengativa recordaban a un mal espíritu que hasta el mismo señor del Karma temería… pero yo no.
-¡No te atrevas a llamarlo así!.-, exigí, -Si ha hablado es porque se me ha olvidado darle tu infame regalo. Sin embargo, antes de irme recordé tu encomienda, pero ya la conversación sobre lo que me ocultabas había acontecido. El sigue tan fiel a ti como siempre, él mismo me lo ha dicho. Así que ni se te ocurra pensar mal de él-
-… ¡me importa un bledo su error!. ¡Él no debió abrir su bocaza!-, arremetió iracunda, tensando su cuerpo de la rabia de haber sido, según ella, traicionada. No obstante, tan rápido como perdió el control lo recupero. Era hábil, si lo sé yo, con un simple comentario no se iba a dejar caer. Ella era mejor que eso. Ella era el rival que nadie nunca pudo vencer. Cerró la boca por un instante al igual que los ojos, y dio un profundo respiro. Se irguió majestuosa como lo es ella, fue así como hizo suyo de nuevo el espacio, guiando las cosas a su ritmo una vez más.
-… pero de todos modos son nimiedades…-, prosiguió,- No es, ciertamente, de tu incumbencia como llegue al poder; que te baste solo con que soy la emperatriz y ya. Y en cuanto a lo del apellido, quería evitarte molestias. Sé que me odias, tenía muy presente que sentirías disconformidad, indignación o ambas al llevar parte de mí en ti, por eso preferí callar. Además… daba igual… todo "esto" es una farsa al fin y al cabo. ¿lo recuerdas?-
-… ¿Por qué no te creo?. ¿Ahora afirmas que preferiste andar en boca de todos a evitar habladurías?. ¿Qué te declinaste a que quien quisiera formulara ideas equivocadas sobre la razón por la cual yo, el mismísimo emperador, no me autoproclamaba un "Bei-Fong" a decirme lo que ocurría?-
-… me tiene sin cuidado la gente, sus "ideas equivocadas" o sus opiniones… Siempre estoy en boca de todos, es lo único que las "lampreas de buenas familias" saben hacer para entretenerse…-, entonces, colocó las manos en la cintura, como si aquella discusión fuera un "hola" o un "adiós. Levantando una ceja dejando bien plasmada su idea sobre mis actos, pero, para hacer presión en la herida, clarificó que tan neurótico, para ella, yo estaba. -¿y esa tontería era lo que te tenía tan alterado?. ¿Un apellido y un nombramiento?-
-… y un desmayo en el Estruendo Tierra también.- Era hora de jugar pesado. Que la Luna me proteja.
Pero la reacción de la señora de las tierras verdes no fue la que me esperaba. Soltó una carcajada a los cuatro vientos, volteando la cara al piso para que no la pudiera apreciar con claridad. Su actuares mostraba un total irrespeto hacia todos, sobre todo hacia mí. Con sus movimientos corporales, su sonora risa irónica, insinuaba que yo era cual niño que todo lo cree. Por ello, su comentario lleno de sarcasmo no se podía dejar de esperar; era la evidencia que plasmaba la confianza que tenía sobre quien iba a ganar este juego. No obstante, hasta hoy no podría decir si estaba confiada o asustada… porque con ella no se sabe.
- ¿Qué?. ¡Por favor!. Pian-Dao ya no sabe ni que inventar para que le pongan atención-
Y era hora de enterrarle otro puñal a la emperatriz, uno que no solo le doliera, sino que también que la hiciera flaquear. Era el principio del fin, era el adiós a las tardes de té, a los juegos de mesa, al despertar sonriente de su rostro, a las pláticas en la cena y a su presencia confortable. Ya no seríamos Toph y Sokka, seríamos el emperador y la emperatriz, dos figuras de poder y únicamente.
-No me lo dijo Pian-Dao…-, su expresión cambio drásticamente, y puso toda su atención en mí, -… me lo dijo Xin-Fu…-
-... eso no puede ser. Xin-Fu nunca diría tales cosas-. Sorpresa mi señora.
-Pues lo hizo. Hable con él y me contó de tu desmayo en las bodegas del Estruendo y sobre cómo, días posteriores a tu desvanecimiento le informaste que ya no participarías más en el torneo. Sabes que es verdad, lo que te digo no lo sabe Pian-Dao-
-… mientes… ¡MIENTES. Xin-Fu es uno de mis hombres más leales. Él no calumniaría así a su emperatriz. Es un noble guerrero y, como la tierra misma, me es leal a mí y solo a mí…-
- Sí, te es leal a ti y solo a ti-, interrumpí, -pero también al Reino Tierra y a sus emperadores; y yo, te guste o no te guste, soy el emperador. Me tuve que valer de astucia para lograr que soltara la lengua puesto que no fue tarea fácil. Dio pelea como nadie. Debo admitir, Toph, que te rodeas de los mejores, de eso no hay duda. Elijes con cuidado a tus hombres, como todo un estratega. No me extrañaría que aprendieras eso de Iroh-, a este punto de la conversación ya se le notaba a mi señora como contenía su ira. Estaba impresionada, aun no asimilaba que Xin-Fu, su incondicional, la hubiese expuesto así. Su respiración era pesada, yo sabía que era el momento de ejercer presión para hacerla hablar a ella también. No podía retroceder, no podía darle tiempo, puesto que si lo hacía, seguramente, crearía un contraataque mejor que cualquiera que yo pudiese pensar. Era hora de continuar presionando, - Igualmente, Xin-Fu me comentó que eras la última en salir del estruendo, que conoces los pasillos secretos del lugar y que lo visitas esporádicamente-, ella ya sabía donde iba la conversación, su cara me lo estaba gritando, - también me dijo que tuvo que romper montaña para auxiliarte, para llevarte a casa de tus padres y que te viera tu médico de cabecera-, era inaudito para ella. Se sentía traicionada, timada y humillada. Apretaba las manos de pura cólera y hasta pude sentir uno o dos pequeños temblores. Solo hacía falta un pequeño empujón, -¿Aun crees que miento?-
-… ese Xin-Fu no sabe que está ¡muerto!. ¡Le arrancaré la lengua con mis propias manos para que aprenda a callar!, ¡después le arrancaré la vida para que aprenda a quien serle verdaderamente devoto!. ¿Cómo osó traicionarme?. ¿Cómo pudo?. ¡Maldito sea de hoy en adelante!. ¡Que los espíritus lo protejan porque lo que le voy a hacer llevará a los dioses a omitir mi juicio final!-
-¿y tú no tienes nada que decir?-
- ¡Por supuesto!. Me hiere que Xin-Fu haya roto nuestro pacto de silencio. El me prometió que no le diría a nadie lo que pasó ese día y lo hizo. No puedo confiar más en él. Hoy he perdido a un gran guerrero y amigo, pero eso no afecta mucho nuestra discusión y, en su lugar, te hunde a ti "emperador".
He descubierto, tristemente y de la peor manera, que te inmiscuyes, como un vulgar Dai-li, en mis asuntos personales, pero creo que ya habrás quedado satisfecho al tener evidencia de que te oculto algunas de mis míseras vivencias pasadas.
Sí, sufrí un desmayo en el Estruendo Tierra, ¿Y qué?. ¿Fue a causa del "incidente" te preguntas?; sí, lo fue, ¿Y?. ¿Esa fue la razón por la cual dejé de pelear?, lo admito, esa es la causa, ¿eso era lo que querías oír?; y aun así, aun con tus delirios de que algo anda mal, la verdad es que todo sigue siendo una insignificancia. Tu estado alterado resulta ridículo si es provocado por estos sobresaltos despreciables. Tu so callaste tu curiosidad valiéndote de maquinados interrogatorios aplicados a mis gentiles aliados. No puedo creer lo bajo que has caído.
Estoy conmocionada y de luto puesto que he enterrado a dos grandes amigos por tu causa: a un sabio y a un bravo guerrero… y creo que pronto perderé a un emperador. Todo lo que has hablado son tonterías. Todos mentimos, ¿o es que tú nunca lo has hecho?. Y como has visto, mis supuestas mentiras, son tan desdeñables que ni siquiera pasan como tales. Son mis secretos, solamente. No tenías derecho a meter mano en ellos-
-¡¿Cómo no meter mano en ello si amenazaste a Pian-Dao?!. ¿A eso le llamas "tonterías"?. -
-Lo admito, fue una mala decisión, no obstante fue resultado de esa paranoia que me han incrustado en la cabeza los años de gobernar. No sé lo que estaba pensando, solo quería saber si el maestro espadachín aún era fiel a mi causa, y esta ficha de Pai-Sho en mi mano me devuelve el sueño, afirmando que sigue de mi lado.
Empero, no me puedes juzgar por eso. Nosotros aún estamos traumatizados por lo que pasamos a causa de la Nación del Fuego; sé que Zuko nunca levantaría un dedo en nuestra contra; sin embargo desconozco si algún grupo insurrecto desea dañarnos; y aunque se de plano que el noble maestro-espadachín no se inmiscuye en estos conflictos, eso no rebaja su calidad de informante. Siempre ha estado conmigo, incluso antes de que tu presencia en este palacio hiciera su aparición. Ahora lo admito con sinceridad, fue bajo sospechar del gran Pian-Dao, pero prefiero que me tachen de desconfiada a de gobernante inepta-
Esto no me estaba pasando… ¡Esto no me estaba pasando a mí!. Sigue manteniendo su drama a pesar de todo. ¿Qué clase de mujer es Toph?, es una serpiente completa. No puede ser… esto es lo peor que has hecho señor del Karma.
Me quedé en una pieza, asustado por el límite que puede alcanzar Toph. Disfraza la verdad a su antojo tan rápido que puede hacerme dudar si bajo la guarda. Contemplar su rostro tan seguro y su voz irradiando patriotismo me cortan el aliento. ¡La vida es un asco!. Los dioses también crean monstruos.
-… Toph, te veo y sé que eres tú. Tu cara y tus rasgos no han sufrido cambios con el tiempo desde el día que te vi por primera vez en el jardín de tus padres, con aquel vestido de seda. Mas te oigo y te desconozco. Observo tu reacción y me dejas perplejo. ¿Se ha desvanecido acaso el sentido de la palabra, de la responsabilidad de los actos en ti?-
-Clamas sandeces inocente nativo de las tierras del hielo. Soy aún más de lo que era antes. Aun mejor, a un nivel que quizás no puedas entender-
-Los que mienten siempre son descubiertos. Y aunque todos lo hacemos, hay cosas que no se pueden perdonar. Nunca una persona que lastima a otra por conveniencia será más de lo que era cuando no lo hizo. Y como un ancla, se hunde… y nadie iría por ella porque arrastrará a todo el que le pudiera tender la mano-
-¿Y tú vienes a hablarme de valores y moral?. Todo lo que te ocultaba lo has descubierto ya, ¿no es así?. No pasa nada. Deja de ahogarte en un vaso con agua. Ahora descansa. Tu desgane deja vagar tu imaginación, sueñas despierto, alucinas, ves fantasmas donde no hay ninguno. No vale la pena perder el tiempo con un loco. Duerme y vuelve en ti Sokka. Duerme para que olvides y que todo vuelva a ser como antes-, esa pretendía ser su frase final. Iniciando su caminar soltó aquella frase que buscaba cortar todo de raíz. Si no hubiese tenido las pruebas necesarias, posible mente le hubiese dado la razón. Hubiese pensado que el cansancio o el hambre había provocado que creara conexiones en historias que no se relacionaban entre sí… pero mis ojos estaban abiertos, viendo lo que yo mismo busqué ver.
Si soy honesto, llegó un punto donde me arrepentí por haber ido a por la verdad, pero ¿valía la pena vivir en el paraíso de un engaño eterno?. No lo sé… yo nunca sé nada.
Cuando estaba a punto de irse, cuando paso justo a mi lado con la cara orgullosamente levanta, dejé ir lo que no quería decir, -… ¿y qué hay del rumor de que no puedes traer al mundo a un heredero?-… y ella se congelo e inmediatamente, volteando su cuerpo en dirección a mí. -... como comprenderás, a esta altura de la conversación, dormir es imposible-
Pálido, así estaba el rostro de la mujer más poderosa del Reino Tierra, y era clara la razón, algo había escapado de sus manos. Eso era imperdonable. Y por mis palabras confiadas y mi actitud segura, supo, seguramente, que no se trataba de una broma, mucho menos de algo que hubiese adivinado. Jamás en las tierras verdes nadie, si quiera, pensaría en exponer a la emperatriz… pero, a veces, la emperatriz no puede con todo.
-¿Quién dijo eso?-
-¿Quién no lo ha dicho?-
-¡Exactamente!.-, interrumpió fúrica, tensando el cuerpo con postura retadora. - Todos lo han dicho. Son mentiras, rumores de mis enemigos. Esos que no soportan ver mi entrega a esta tierra santa-
-… me han dicho que el "incidente" no es como tú lo describes. Cuentan que a causa de el no puedes ser madre-
-¡MENTIRAS!. ¡Todas son mentiras!.-, repetía en un estado de locura apabullante. Había perdido la compostura pero no su sentido analítico, -¡ahora dime quien es el profano que te dijo semejante falacia!.-, exigió, -Pagará con su lengua. ¡Con su vida mejor!. ¿Quién es el que no respeta a su emperatriz y se esfuerza en manchar tanto su imagen como su matrimonio?. ¡Habla!-
-Eso no tiene importancia-
-¡La tiene!, ¡claro que la tiene!. Alguien que no me respeta debe atenerse a las consecuencias. ¿Cómo se atreve a decir tal cosa?. ¿Acaso insinúa que no soy digna de nuestra diosa-madre?. No puedo permitir tal declaración. Así que habla y dime quien ha sido… -, pero me negué, ¿Cómo decirle la verdad?, ¿Cómo explicar que sus padres eran los que habían dicho "semejante falacia"?; por eso callé, volteando el rostro preferí escapar de la pregunta de la emperatriz, pensé, tontamente, que mi silencio sería un mensaje expreso de mi decisión de reusarme a hablar, pero ella estaba enloquecida y solo quería resultados. -antes no parabas de mover los labios y ahora omites declarar… dime quien fue-. Di dos pasos lejos de ella, pero ella dio otros dos para acercarse. Por un segundo pensé en dejar las cosas de ese tamaño, de irme y olvidarlo todo, a como estaba Toph no sabía cómo reaccionaría con la verdad, pero un dejo de luz volvió a mí. Si ella no me tuvo compasión, ¿Por qué yo he de ser compasivo?. - No pudo ser Pian-Dao… ¿fue Xin-Fu?. ¿Fue ese maldito quien blasfema en mi contra?. ¿Fue ese maldito verdad?. ¡Dime o voy a cometer una atrocidad en tu nombre Sokka!. ¡Tus manos quedarán manchadas por mis actos y tu cobardía!-
-No fue Xin-Fu-
-¡¿Entonces quien maldita sea?!. ¡Habla campesino como hablabas antes!. ¿o acaso te diviertes a costa mía?. ¡¿Quién dijo semejante estupidez?!. ¡¿Quién es el imbécil que se ha echado a cuestas a la emperatriz como su perpetua enemiga?!. ¡¿Quién?!-
Admito que soy cruel, admito que no fue la mejor manera de rebelar la verdad, pero necesitaba romper los escudos de la señora de todo y nada para que fuese honesta conmigo. Pude haberla preparado para enffrentar la realidad… con palabras previas, con cuentos o relatos de como una cosa llegó a la otra… pero no quise. En aquel momento me parecía justo que ella se enterara de todo como yo mismo me enteré, con un golpe tras otro. Soy cruel… pero que la luna me castigue si miento al decir que ella es mil veces peor que yo.
Sin más remordimiento dejé salir las palabras que harían pedazos la actitud altanera de mi señora, –Tus padres-, y no perdí el tiempo para entregar la encomienda que el señor Bei-Fong me delegó. Vi su cara estática con una mezcla de sorpresa e incredulidad mientras yo colocaba la carta en sus manos. Apenas pudo, abrió desesperada el sobre, para pasar sus dedos de mármol por el papel, por las letras, para corroborar mis palabras. –Te mandan saludos y esperan que los visites pronto-
-… esto… esto no puede ser. Esto no puede estar pasando…-
-¿No es acaso la letra de tu padre la que está impresa en el papel?-, dije, clavando otra puñalada en el corazón de la señora del bosque. Y ella no salía de su estado atónito, pasaba sus dedos por las marcas de tinta una y otra vez, haciendo cada vez más presión, tratando de ver mejor las cosas. Seguro creía que era una falsificación, otra manera de tomarle ventaja, pero no. Era verdad. Era el señor del Karma escupiéndole en el rostro.
-Ellos no pudieron haberte dicho semejante cosa. Ellos son mis padres. Está bien, no he sido la mejor de las hijas, lo admito, pero soy su hija al fin de cuentas. Ellos no…-, silenció de repente. En su estado ansioso con dejos de locura conectó deducciones rápidamente para explicar de mil y una manera esa carta. Lo supe cuando recuperó su compostura, cuando su cara desesperada cambió a una pensativa para dar paso a una confiada disfrazada con un tanto de enojo. ¡Eso era!, la misiva de su padre era una trampa (según ella), -Esta carta únicamente dice que los has visitado, ni más ni menos-, alegó, levantando el documento en el aire -…no es prueba de la atrocidad que has dicho. ¿Qué es lo que pretendes Sokka?-.
Necia y astuta Toph. No podía dejarla siquiera respirar. ¿Cómo pudo escaparse tan rápido de mis ataques?. Había que pensar mejor, con mayor velocidad. No obstante, con la verdad en mi boca no me sería difícil volverla acorralar. En cambio, ella debía inventar cada vez más mentiras para escabullirse.
- Pretendo que me digas la verdad-, aseveré, - Si esa carta para ti no prueba nada, entonces dejémoslo de lado y comienza a explicar lo del tatuaje. El que he visto cuando la lluvia vuelve traslucidas las telas que cubren tu espalda y brazos-
-¿Qué hay que explicar? ¿O es que por ser ciega no puedo portar orgullosa el escudo de mi familia?. Es un adorno y no tengo porque declarar sobre eso-
-Curioso adorno el que llevas emperatriz. Tanto que tu padre y tu madre portan uno exactamente igual-
-¿De dónde crees que saqué el diseño?.-, sonrió maligna, -Soy ciega, ¿lo recuerdas?. Es más, me lo hicieron mis padres, si te lo estás preguntando-
-Ya lo sé. El señor Bei-Fong me lo dijo. Y también me comentó que es parte de una tradición familiar. Que es una marca que corrobora el matrimonio. En otras palabras, que la persona que no es parte de la familia Bei-Fong se realiza el tatuaje para consolidar el matrimonio; algo así como un testigo silencioso que anuncia a todos el fin del proceso de casamiento. No es un simple adorno-
-…estas mintiendo… mis padres no te han dicho una palabra. Tratas de enredarme en tu red para extorsionarme de alguna forma. ¿Qué buscas?,¿Es dinero?... .Se franco. Si es eso que deseas te lo doy sin oponerme, ¿Cuánto?, di un número y será tuyo…-, me dice con mirada asesina junto con palabras susurrantes. Y yo sigo sin entender porque no sede. ¿Qué implica para ella que yo sepa la verdad?, ¿Es esto la punta de iceberg?, ¿Qué está pasando realmente aquí?
- No me confundas con "las lampreas" que te buscan Toph. Tus padres me lo contaron, pero al igual que a Xin-Fu tuve que valerme de astucia para que dijeran todo sin que ellos sospecharan nada. Ellos, ni tus padres ni Xin-Fu, te han traicionado, incluso, ignoran el hecho. Pero, como dije antes, el Señor del Karma me sonríe ahora. Así que habla, ¿por qué me has ocultado tantas cosas?, ¿Por qué das rodeos cuando te pregunto de las reuniones a las que asistes y por qué no puedo ir si conciernen a aspectos políticos?, ¿Por qué tus padres cree que pronto tatuaré mi piel cuando ignoraba por completo la tradición?, ¿Por qué ocultaste lo del apellido y por qué tanto misterio alrededor de tu nombramiento, tanto que incluso los libros de historia de tu pueblo mienten? …- pero no responde, silencia, intenta buscar una escapatoria… y no la hay… ya no. Está acorralada, lo sé, lo sabe; agacha la cabeza, oculta el rostro entre su cabella para acudir a su lugar seguro, toma sus dedos y empieza a jugar con ellos intranquila, se lo que pasa, está nerviosa… ¿Nerviosa?. ¿Qué pone nerviosa a la emperatriz?. Esto no me gusta nada.
–Lo sé todo… menos el porqué-
"Gracias por leer. Nos vemos"
