"Felices fiestas. Bueno, al fin pude sacar tiempo para editar y subir este fic. A modo de compensación, les hice este mega capitulo que, espero, aclare algunas dudas de lo que está pasando.

De paso, agradezco por todo el apoyo y el seguimiento que le han dado a esta historia... a pesar de mi irresponsabilidad, por lo consiguiente, una vez más, muchas gracias.

Aunque me gustaría nombrar a todos los que me han escrito un review, a modo de pequeño homenaje, algunos no ponen su nombre, pero igual, a todo los "Guest" y todos los que simplemente siguen en secreto este fic, muchas gracias por su tiempo y por leer. Ahora, gracias a mis amigos Juliux2, hagithara, selea yesen, artilyon-rand, Freya, javier de jesus segura salas, Nieve Taisho, ASUKA02, AryAs y a Azrasel (y a los que me faltaron, si me falto alguno).
Gracias por su apoyo y por hacerme tan feliz en todo este tiempo. Felices fiestas y espero que les guste este cap."


Con Ella
Por: Chris McRaven

Con su Historia: Parte 2

Y de repente ella considero su posición, una en la cual nunca había estado. Hacía ya mucho tiempo que las prisiones se alejaron de ella, hacía tanto tiempo que ni se dio por enterada de que ella misma se estaba forjando una.

Se quedó meditabunda y callada, tal vez trataba de pensar algo para sostener las mentiras que tan convenientemente creó, más algo en ella quería salir. ¿La verdad?. Sedería, algo en mi me lo gritaba al oído, volteó el rostro hacía un lado; por alguna razón siempre que necesitaba calmarse hacía eso y respiraba profundo. Era demasiado para ella, pero más para mí. Estaba hasta el cuello de ser el último que se enterara de todo, el último en ser tomado en cuenta, pero sobre todo, estaba cansado de que ella me hiciera como su voluntad le viniera en gana, como si yo fuese un simple muñeco que vive para su entretención.

Deje mi casa, mi familia, mis amigos, mis recuerdos y mi todo no por ayudarnos a ambos, al Reino Tierra y a la Tribu Agua, sino por sus mentiras, sus planes de conservación del poder y sus caprichos. Claro, así como el amo de vez en vez acaricia al fiel cachorro para forjar un lazo de lealtad a pesar de los castigos, ella igual lo hizo conmigo, dándome atenciones para que olvidara todo el daño que me hacía. ¿Pero quién se cree para venir y jugar con mi persona?. Ni siquiera le importó lo más mínimo mis obligaciones como heredero. Apuesto a que mi padre no sabe del terrible mal que esconde la emperatriz… de otra forma no hubiese convencido para unir mi ahora miserable vida a la de ella.

Y sin más, sin siquiera mostrar remordimiento alguno, sentimiento o empatía… habla… tan tranquila como siempre…. Cuando recuerdo su rostro frio como el hielo, pienso que hubiese sido menos cruel que continuara mintiendo para sostener sus teatros, o por lo menos, que se burlara de mi por caer en sus intrigas cuando dictaba su confesión.

-Es verdad…-, dijo,- todo es verdad… todo lo que te dijeron es cierto. Lo que te dijeron Pian-Dao, Xin-Fu y mis padres es verdad, lo de la moneda, lo del nombramiento, lo del desmayo y mi retiro del Estruendo. Lo del apellido, la línea de herencia matriarcal, el tatuaje… y que la Madre Tierra me desprecia. Todo es verdad.

Mi necedad y mi insolencia me quitaron muchas cosas… incluso lo que más ansiaba. Es cierto, en todo este reino, la única tierra estéril la tienes ante tus ojos. Perdóname… no soy capaz de darte un heredero…-

No obstante, sus disculpas sonaban a compromiso, no a arrepentimiento. Un "perdóname" vacuo. Un perdóname hipócrita. ¿Figura que con un "perdón" va a sanar mis heridas?. Me hizo creer cosas que jamás pasarían, me hizo pensar que, aunque fuera un poco, ella era feliz conmigo, que me quería de alguna forma extraña y que…. ¡Fui un idiota!, solo eso… un idiota que cayó bajo la magia de los ojos profundos de la criatura más despiadada que la madre tierra creo.

En ese momento, me golpeo algo en el pecho… había olvidado ese sentimiento, hacia tanto no lo sentía. Era odio. Me contuve para no soltar un solo reclamo a la emperatriz. Ya había hablado yo bastante en los últimos días solo para que ella hiciera lo mismo…. Era momento de escuchar

-… ¿Cuáles eran tus deseos?…-

-…¿Mis deseos?… mis deseos eran los de todo gobernante supongo. Consolidados en forma de un plan… un plan absurdo, admito,… pero no había otra alternativa. Los dioses saben que no miento y que me lleven con ellos si lo hago.-

Acomodó las ideas en un suspiro, volteando el rostro para así enfrentarme tan fieramente como siempre lo hacía, manteniendo la compostura. Poco a poco sus secretos, los más terribles, fueron saliendo de sus labios, acompañados de un rostro inquebrantable, destruyendo todo lo que su discurso tocaba de camino.

-Mi calvario ya estaba escrito en las estrellas desde antes que cualquiera lo supiese. Inició en mi tierna infancia junto con un cuerpo en desarrollo. Soy dura, como el metal, soy terca cual roca y lo admito, negarlo sería negar mi esencia, pero mi cuerpo era igual al de cualquier otra niña de mi edad: frágil.

A causa de las peleas, los golpes hicieron estragos en mí; enemigos furtivos y elegantes que dormían conmigo sin darme yo cuenta. En más de una ocasión, durante nuestro viaje épico, callé los males que me provocaban las heridas a causa de rocas impactando contra mí, de movimientos bruscos o del esfuerzo sobrehumano que frecuentemente debía obligarme a realizar. No quería molestar a nadie, no quería que pensaran que era una niña débil. Fui una tonta. Los únicos testigos del hecho éramos mi persona y Aang, con el cual entrenaba. Durante el ejercicio, mi presunción me dio malas pasadas, recibiendo golpes en el estómago que me sacaban en aire, pero que obligué a Aang jurar silencio. Él es noble, nunca rompería una promesa… sabía que mi secreto estaba a salvo con él.

A escondidas, me daba remedios tradicionales de su pueblo para que me sintiera mejor, recomendándome decirle a Katara acerca de lo acontecido y lo que acontecía, pero no quería que nadie supiera una sola palabra. Por ello, durante las peleas contra la Nación del Fuego, aunque sentí muchas veces que colapsaría por el dolor interno, ni siquiera arrugué la cara. ¿Qué hubiesen pensado de mí? ¿Qué no era lo suficientemente fuerte para soportar el combate? ¿Qué hubiese sido mejor que me quedara en casa? ¿Qué era un estorbo puesto que no podía ayudar a nuestra causa?

Con el término de la guerra y nuestra separación, cada quien a su hogar de origen. Entonces me dediqué a las peleas en el Estruendo. Mas mi despreocupación por mi salud física continuaba igual.

Yo era la atracción del evento. La imbatible niña ciega capaz de derrotar a al que fuese. Esa era la idea después de todo, ¿verdad?. Atraer gente no solo con un gran espectáculo sino con un premio ilusoriamente alcanzable, la recompensa a aquel que me derrotara. Sin darme cuenta, el premio paso de lado, más no mi fama. Las historias de mis habilidades cruzaron el reino, atrayendo a guerreros de todas las edades, de las cuatro puntas de la tierra misma, solo para probar suerte.

Y uno a uno fueron cayendo, pero pague con creces mis victorias. Pase de ser una niña que luchaba a un trofeo para ellos. Era evidente que aquel que lograra vencerme se convertiría en el mejor maestro-tierra de este noble reino. Yo era una niña, pero nada me detenía para reñir con hombres que me doblaban en edad y en peso. Hombres sin conciencia alguna de que yo solo era eso, una pequeña… hombres que luchaban con todo lo que tenían.

Recibí muchos golpes… demasiados, más de los que pude soportar, pero no me importaba. Una que otra roca en ocasiones fue imperceptible para mi… sacándome el aire, impactando en mi estómago o espalda, golpes que me gritaban desesperadamente que recordara que aún era una niña… pero decline por hacerme la sorda también.

Hubo una época en que salía de las luchas tan mal que me mareaba. Incluso, cuando me sentía realmente mal, me escondía en algún cuartillo poco frecuentado dentro del Estruendo para así escapar a la mirada atenta de Xin-Fu, por si me llegaba a desmallar… que era lo común. Era una imprudente.

Y así fui creciendo… entre golpes, entre ocultarme de Xin-Fu, ocultarle la verdad a mis padres y evadiendo al médico para que no descubriera que poseía una salud quebrantada para seguir peleando… pero, como dije, pague cara mi imprudencia.

En esa época, ya hacia algunos años tenía la edad para ser madre… y noté que algo no andaba muy bien en mí; no obstante era o ignorar el dolor o dejar de pelear… no hay que ser muy agudo de mente para deducir por cual me decliné. Tomaba tés relajantes para solapar los espasmos que sufría durante el día y vendaba fuertemente mi vientre para sentir algún alivio. No era raro que mis piernas perdieran por unos segundos sus fuerzas, los mareos se hicieron constantes, dormía un poco más que antes y mi piel, según La Piedra, estaba más pálida. Las señales eran claras… y las ignoré.

Entonces llegó la obertura de mi infierno. Ese día había terminado el Estruendo, luché como lo hacía regularmente, pero sabía que algo no andaba bien en mí. Decidí quedarme a ayudarle a Xin-Fu algunas horas, pensé que un poco de trabajo me distraería y olvidaría el dolor que me achacaba; me equivoqué. Era espantoso, sentía que me desgarraba por dentro, pero como siempre lo pasé por alto. Bajé al sótano a acomodar algunas cosas, era como una de las primeras tareas que hacía… y ahí todo se puso peor y peor.

Cuando estaba dejando algunos objetos detrás de unas cajas, sentí un dolor que aún no puedo describir con palabras; me hizo perder la fuerza en mis piernas y el equilibrio en mi cuerpo. Traté de caminar para buscar ayuda; gritando a lo que la voz me daba, pero nadie podía oírme, el sótano es como una caja fuerte y Xin-Fu, el único que estaba ahí a esa hora, se encontraba tan lejos que pasó por alto mi clamores. De cualquier forma fue inútil, el dolor me dejó gritar una o dos veces… si a eso lo podemos nombrar como "gritar". Comencé a sudar frío, me apoyé en las cajas para no caer, para seguir mi camino, tenía muy claro que si me quedaba ahí nadie me encontraría… pero el aire se hizo pesado, mis piernas se tornaron débiles y no me pudieron sostener. Solo el frio piso de piedra me recibió cuando caí de bruces… estaba segura que ese era mi último día en esta tierra…. Todos mis sentidos se disiparon… y no supe más de mí.

Desperté en la casa de mis padres sin sentirme nada bien. Mi cuerpo estaba débil, pesado y doloroso. Estaba desorientada, no tenía una idea de cómo había llegado hasta ese lugar… es más, no supe dónde estaba hasta que escuché la voz sollozante de mi madre. Sentí las suaves sabanas de seda cubriéndome, la mano de mamá apretando la mía y los dedos de papá peinando mi cabello. Ellos me lo explicaron todo… sobre mi descenso, quiero decir. Estaban hechos un puño de nervios por la incertidumbre…. Hay que entenderlos, soy hija única, mis papás no fueron muy afortunados con eso de tener niños, ellos dicen que soy la respuesta a las plegarias que habían hecho a los dioses. Pienso… pienso que me aman más de lo que merezco…

También me contaron lo ocurrido. Yo no salía de mi asombro, no podía creer lo que me había pasado. Y no tuve que invertir mucha cabeza para concluir que mis remedios caseros no funcionaron en lo absoluto, solo retrasaron lo inevitable. Se hizo un alboroto en casa, el médico me visitó y me dijo que no estaba seguro de que me estaba pasando. Como siempre… ignoré el hecho… de haber sabido la gravedad de las cosas…

Como sea. Cuando todo se calmó pude hablar con Xin-Fu, él solo me dio una repetición de lo que ya sabía por boca de muchos. Él estaba preocupado, nadie tuvo la delicadeza de decirle que pasaba y yo, creyendo que sería una jugada astuta, le oculte la verdad al noble hombre. Le dije que… que era una enfermedad tonta, que con una o dos píldoras al día se iría; que solo era cuestión de días y estaría como nueva, lista para pelear. Me aproveche de la confianza de Xin-Fu; él lo creyó todo, por eso los hechos que me ocurren son un castigo de los dioses por faltar a la confianza de los otros. Pero ya no puedo hacer nada, acepto mi calvario con resignación.

Seguí peleando… seguí sufriendo y seguí callando. Mostraba una cara llena de confianza en el ring pero por dentro sentía que moriría en cualquier instante. Y no sé porque, lo juro, creí que si obviaba la cosa se iría… pero no… me volvió a ocurrir lo mismo en la casa de mis padres… otro… "incidente"… esta vez peor. No desperté en tres días…

Nadie sabía lo que me estaba pasando, ni siquiera yo. Comenzaron los estudios médicos, uno tras otro tras otro tras otro, en las cuatro naciones; una, dos, tres, cuatro citas en un mes. Especialistas, chamanes, medicinas, pastillas, polvos, brebajes, químicos y químicos, y para empeorar las cosas… empezaron a llegar las proposiciones de pretendientes… entonces eran citas médicas por la mañana, reuniones con pretendientes por la tarde.

Tomé la decisión de hacer lo que, para mí, era lo más sensato en ese momento: huir; ¿A dónde?, eso era lo de menos. Empaqué mis pocas pertenencias y fui a trotar por el Reino Tierra, pero antes que todo fui a visitar a Bumi en Omashu y al Tio Iroh en Ba-Sing-Se. Les conté todo, y ellos, cada uno a su manera, opinaban que mi retirada no era la mejor decisión en esos momentos. ¿Puedes creerlo?, un loco, Bumi, pensando más claro que yo. Pero que importaba, ¡a pasar la vida por alto!, "seguramente mi enfermedad no es nada", pensaba, "y al pasar los días se me quitará"… pero… aunque menos frecuentes, las molestias continuaron… y yo las seguía obviando una y otra y otra vez.

En esas épocas viví en muchos lugares, en Ba-Sing-Se, en Omashu, en Makapu, en Senlin y en otros pueblitos, lo mejor de todo era que nadie sabía quién era. Yo no era Toph Bei-Fong, solo era Toph la maestra tierra, eso me hacía muy feliz.

Por cuestiones de la vida y el destino fui a probar suerte al desierto de Si-Wong, pero estando ahí recibí una carta (claramente, a pesar de mi huida, no corté la comunicación con mis padres. No iba a cometer el mismo acto inmaduro de la última vez que huí. Además, ¿Qué iban a hacer?, ¿Mandar a algún mercenario a detener a la más poderosa maestro-tierra?), esa carta hablaba sobre la elección del emperador del Reino Tierra; que la familia necesitaba estar junta en momentos como esos y que sé yo cuanta tontería. Es inútil decir que no me importaba mucho la noticia… estaba lúcida que lo que querían mis padres era jugar el juego de "la familia feliz" para que tuviesen más oportunidades de ser nombrados emperadores. Juego en el cual no estaba dispuesta a participar. Si ellos querían meterse en política, que la Madre Tierra los acompañe porque yo no.

Estaba firme en mi decisión y no hubiese regresado a casa si Iroh no me hubiese mandado una carta también; ambas llegaron casi el mismo día, pero la del tío era más sensata. Declaraba que ante el calor de la situación, era prudente estar al lado de mis padres, uno nunca sabe; en cuestiones de poder los enemigos afloran y son oportunistas. No fuese a ser que mis padres sufrieran un ataque o algo similar solo por mandatos del estado. Entonces regresé, y… me volví la Emperatriz. Dando inicio a mi infierno.

De repente aparecieron personas que yo no conocía a pedirme favores, a pedirme dinero, a querer ser mis amigos o a pedir mi mano. ¿Qué era todo eso?, siempre viví en sociedad pero jamás fui el centro de atención. Era demasiado la tensión… y como las desgracias no vienen solas….

Comencé a sentirme muy mal, terriblemente mal, mi salud se deterioró de un día para otro, no pude asistir a mis deberes, no podía estar por mucho tiempo de pie, era tan lamentable mi estado que recurrí a mi médico y no a ocultar las cosas (como se me había hecho costumbre). Los rumores volaron más rápido que el mismo Appa, no había que ser un genio para deducir que algo no andaba bien con la emperatriz. Fue así como hicieron su aparición las lampreas oportunistas, alegando que el trabajo era demasiado para mí, que no era apta, que era mejor poner a alguien más en el puesto. De todos modos, desde que me convertí en emperatriz ya me había ganado muchos enemigos, así que cuando saltaron esos malditos a difamarme no me sorprendí en lo absoluto.

La presión era inmensa, pero debía continuar trabajando a pesar de mi deteriorada salud. A como pude seguí en el papel de la emperatriz indestructible e implacable, sin embargo Toph no estaba para nada bien. Cuando me dieron la noticia de que no podía dar herederos, honestamente, no me importo mucho, pensé, en mi inocencia, que lo que realmente importaba era el trabajo duro y el esfuerzo, pero no. Sumado, ya hacía meses atrás se venía conspirando en mi contra para quitarme del poder, pero pude arreglármelas, no obstante, con la difusión del rumor de mi estado poco fortuito, las razones eran de peso para sustituirme.

Necesitaba crear una fachada para demostrar que tal enfermedad no me estaba dañando o bien ejecutar un espectáculo aún más grande para disipar la tensión. Entonces fui a hablar con Bumi, él lo sabía todo y conocía la efervescencia por la que estaba pasando el Reino Tierra, su consejo era valioso, estará loco pero es muy sabio. Fue entonces cuando me dijo que casarme era la solución. Ningún hombre del Reino Tierra se casa con una mujer que no le pueda dar hijos, y si los hijos no venían, siempre estaría la excusa de que así lo habíamos decidido. En un inicio pensé que era una estupidez e incluso me ofendió la propuesta de loco ese… pero la presión crecía, las dudas también y el tiempo se hacía corto. Yo, simplemente, no podía permitir que los míos sufrieran por ambiciones de cerdos adinerados que lo único que querían eran hacerse con más dinero… fue cuando opté por el plan de Bumi.

Creí que sería fácil, pero no lo fue, el rumor de mi enfermedad, de mi incapacidad para ser madre, ya había corrido hasta los cuatro rincones del Reino Tierra. Y por más que busqué un candidato…

En fin, al señor del Karma no le bastó con verme manejar los problemas que tenían, que dicho sea de paso eran demasiados, sino que hizo que, por aquella época, se corriera otro rumor, uno que rezaba que la Nación del Fuego y la Tribu Agua eran amigas y planeaban atacar al Reino Tierra. Mi pueblo se llenó de pánico; ahora no solo tenían una gobernante sin experiencia, con problemas de salud y que, además, no podía tener hijos, sino que, también, había una hipotética guerra a la vuelta de la esquina.

Ante los ojos de todos yo era una inepta, sin olvidar que cada esfuerzo que hacía por solventar algún problema era opacado por mi infertilidad. Tonto, ¿No lo crees?. Pero así somos aquí, lo importante es que la Madre Tierra no te abandone, y mi "deficiencia" era una clara señal de que nuestra madre no aprobaba mi puesto en el poder.

Desesperada regresé donde Bumi; no fue necesario aunar en muchos detalles, él todo lo sabía. Él y Iroh se habían estado mandando cartas y, en esas temporadas, querían hablar conmigo, por ello no era de extrañar que Iroh hubiese arribado a Omashu antes que yo, días antes que yo.

Les conté todo, mi angustia y mi impotencia ante la situación y cada cosa fallida que hice para intentar solventar los deslices de mi mandato. Ellos, dijeron, habían estado pensando en eso y, según veían, lo único factible era que yo me casara… como si fuera así de simple. Como si no lo hubiese intentado yo antes.

En ese entonces estaba convencida que Bumi ya no podía idear un plan más ridículo y absurdo como el que me había propuesto tiempo atrás, pero cuando me contó sobre su aún más ridículo y absurdo plan para salvar mi mandato y a mi pueblo de paso, descubrí que su locura no tenía límites.

"Cásate con un foráneo", expresó el loco rey.

"¡¿Qué?!", les dije, "si los hombres de esta tierra huyen despavoridos de mí, ¿Cómo piensan que me voy a casar con un foráneo?"

"Por eso mismo te puedes casar con un extranjero", replicó Bumi, " porque no te conocen".

De una manera bizarra el plan tenía sentido, y a lo que explicó Iroh, casarme con un extranjero resolvería la incomodidad de los rumores de ser atacados por los de Fuego o por los de Hielo, no obstante, la labor era eso mismo, toda una labor. No conocía a nadie del ninguna de las dos naciones ajenas que sirviera a ese fin y tampoco me podía casar con un "cualquiera". Era necesario unir mi vida con un icono de la Nación del Fuego o de la Tribu Agua si realmente quería que el plan resultara, si realmente quería que mi pueblo se calmara; sin mencionar que llegar de buenas a primeras a pedir matrimonio era sospechoso.

Iroh dijo que podía interceder por mí en la Nación del Fuego, que podía, tal vez, arreglar un matrimonio con algún joven de familia prestigiosa. Con suerte y todo saldría a pedir de boca y los problemas se solventarían, mas era complicado por el simple hecho de que una propuesta matrimonial acelerada despertaría a los más suspicaces… y, cuando el general estaba explicando los contras de su intervención para mi auxilio, el loco rey interrumpió… y una vez más Bumi fue el que sorprendió con sus ocurrencias.

Fue él quien propuso que me casará contigo, y claro que me opuse, jamás me hubiese pasado por la cabeza tal disparate, pero viéndolo en perspectiva, eras algo así como un príncipe, eras un héroe de guerra, el amigo del avatar, un estratega de renombre y quien sabe cuáles otros atributos. Pero hablar es más fácil que hacer, sabía que si te pedía ese "favor" te ibas a negar, conozco a los nativos de tus tierras y sé que para ustedes unirse con alguien es una decisión no solo meditada sino además mediada por el amor. Era imposible, por más que estudiaba a la idea era en lo mínimo probable que aceptaras. Y de nuevo Bumi planteó su jugada maestra.

Dijo que la Tribu Agua del Sur tenía serios problemas económicos, que bien podían ser solventados, evidentemente, con dineros o bienes que sirvieran a modo de cura para el mal que a ustedes los afectaba. Dijo además, que si yo ofrecía ayudas importantes, seguramente conseguiría tu mano sin problema.

"Está loco", pensé. ¿Con quién creía que estábamos tratando?. Evidentemente, y sin duda, sabía que en absoluto accederías a semejante proposición y yo tampoco tenía la cara o el valor para hacértela… pero "el desquiciado" rey ya había pensado en todo.

… sabes, a veces él me da miedo; creo que se hace el loco por conveniencia.

Fue cuando el Señor del Karma hizo su aparición dramática a través de los desvariados planes de Bumi … recuerdo que con cada palabra del viejo se me erizaba la piel, llegando a sentir un miedo indescriptible.

"Sokka no tiene por qué enterarse de eso", agregó el loco, "Solo hay que convencerlo de que se case contigo". Ahí fue cuando el maquiavélico plan que él había estado tejiendo salió a la luz como un brote sale de la tierra.

Al parecer, y adelantándose a todos, incluso al mismísimo General Iroh, Bumi había estado hablando con Pakku, escribiéndose mejor dicho, sobre esto y aquello. Parte del "aquello" y del "esto" era la depresión económica de la Tribu Agua. Entre broma y broma salió el tema de que si tú te casabas con alguien solvente o con poder, podrías ayudar a tu pueblo. Más la cosa se quedó así, en broma, pero no se enterró. Por eso, cuando le conté a Bumi mis problemas, y cuando él me propuso casarme con un nativo del Reino Tierra, él, inmediatamente, comenzó a mover sus hilos hechos de la más fina astucia para crear una acción defensiva con Pakku, por si yo no conseguía un pretendiente en mi propia nación.

Nuevamente, yo no quería hacerlo… pero era la única manera. Así fue como Bumi habló con Pakkú para pactar que, si lograba convencerte de que te casaras conmigo, entonces y solo entonces, yo, la emperatriz, ayudaría económicamente a tu gente. Fue por eso que me molestó tanto que me ocultaras la carta que decía que la Tribu Agua necesitaba dinero, porque eso significaba que el que estaba enviando no era suficiente; eso implicaba una falta a mi palabra.

Sea como sea, el plan de Bumi se puso en marcha, y con Pakku de mediador todo era cuestión de esperar a ver qué pasaba. Un día recibí una carta de Pakku que decía que pidiera lo más pronto posible tu mano a Hakoda… y así lo hice. Aun no sé cómo, pero aparentemente Pakku convenció a Hakoda de que si te casabas conmigo tu tierra renacería. Supongo, entonces, que tu padre influyó mucho en ti para que aceptaras la propuesta… pero realmente tu padre fue el instrumento que utilizó Pakku para cumplir con las peticiones de Bumi y así obtener la recompensa que el loco y yo le prometimos.

Nunca pensé que esto fuese a resultar… cuando me di cuenta de lo que estaba pasando ya estaba durmiendo a tu lado, ya el reino se había calmado, ya los aristócratas amainaron sus ataques… todo era perfecto. Mi gente estaba a salvo, estaban felices y yo estaba feliz por eso también. Estoy consciente que no fue lo correcto, sé que no debí mentirte… pero entiende también que las causas por las que pedí tu mano ya estaban demasiado podridas como para sumarle lo de mi estado de salud. Tenía miedo de que si te dabas cuenta rompieras el compromiso. No podía arriesgar la estabilidad y la seguridad de mi pueblo solo por un ataque de honestidad. Perdóname, pero ponte en mi lugar, ¿No son de fuerza mayor mis razones?. Y ya que estamos siendo sinceros, confieso que volvería a hacer todas y cada una de las acciones que hice para estar a tu lado, así tuviese conciencia plena de todo el suplicio que tendría que pasar para ello.

Lo hice por mi pueblo y ellos son todo para mí. Perdóname Sokka… pero no tenía otra salida-

Palidecí, en ese instante mi corazón se detuvo, se hizo mil pedazos y su ruido me obligo a despertar del letargo en que ella me había sumido todo este tiempo. Cada fibra de mi ser me gritaba al oído que era un estúpido, un idiota que se dejó manipular por ella.

Abrí un poco la boca de la impresión, mis ojos como platos se clavaron en el piso, danzantes por el shock recibir semejante noticia. Llevé una mano al cintura y la otra a mi cabeza, sujetando fuertemente mi cabello para que el dolor autoinfligido no me dejara caer en la locura. Y le di la espalda, no soportaba verla siquiera, no porque fuera quien era, sino porque ese monstruo, la emperatriz, aún tenía en su poder el rostro de mi mejor amiga. Intentaba negármelo todo para proteger mi mente, como tratando de levantar un escudo entre lo que yo había creído por tanto tiempo y la realidad flagelante, pero ¿Qué se podía negar a esta altura de la confesión de esa maldita?.

Esta farsa era más grande de lo que pude jamás sospechar, yo solo era un punto insignificante en el maquiavélico plan que tejió la emperatriz. Era esa piedra angular que es sostenida por muchas otras, pero que no es nada sola, y sin embargo es todo para las demás. Esto no puede ser… ¡esto no me puede estar pasando a mí!. Y ahora, para empeorar (como si fuese posible) resulta que hasta Pakku está metido en esto, que probablemente hasta él sepa más sobre mi esposa que yo mismo. ¡Me muero!

Ella era una manipuladora, era como una hormiga león que, fingiéndose inocente, cava la tumba del que cerca pase. ¿Y quién me asegura que su relato, donde se posiciona en algunas ocasiones como víctima y otras como autora, sea falso en las partes que a ella le convienen?. ¿Quién?. Seguramente dice lo que quiero oir, seguramente fue ella la que le propuso a Iroh y a Bumi que buscaran a una víctima para sus planes.

Sí, ya me la imagino, caminando altanera en el palacio del loco rey donde el general también esperaba. Mirándolos de reojo, levantando la cara, dando pasos seguros y sonoros con forme se acercaba a ellos, luciendo un vestido, estratégicamente seleccionado, para que la luz rebotase en ella y la hiciese lucir como una diosa. Cuando estuvo frente a sus soldados, colocó una pose altanera. Con rostro apático, llevándose un dedo a la cien, comentó su bien pensado plan… exigiendo, finalmente, que le avisasen cuando algún pobre incauto mordiera el anzuelo con la carnada de ser el próximo emperador. Luego se retiraría, caminando con ese trote aplastante que me conozco. Dejando lucir su magnífico peinado y sus ornamentos danzantes mientras salía del cuarto.

Sí, seguramente pasó así, seguramente ese timo lleno de relatos melancólicos, sentimentales, lo acaba de crear ella para salvar el pellejo. Porque ¿qué le va a importar a la emperatriz los sentimientos de los demás?, a ella no la desvela ni una noche haberme arrancado de mi hogar, haberme metido en este infierno burocrático, u obligarme a adoptar una cultura la cual desconozco o el haber abonado mis sueños con aire. Y ni siquiera quiero meterle mente al tema del Arenero…

Poco a poco mis ilusiones se derrumbaron. Mi idea de que el matrimonio es para siempre, de que debe haber respeto en una pareja, de las bases familiares, de ser parte de la vida de la emperatriz, todo, absolutamente todo ella lo enterró con un solo movimiento. ¿A qué punto habíamos llegado?, ¿en qué momentos nos pusimos en esta precaria condición?. Era una bruja, estaba convencido del hecho, una hechicera cuyos encantamientos vivían en su cabello color tierra, sus ojos de tejón-topo y su aroma a bosque. Pero hay que darle algo de crédito a la titiritera, caí redondo en su trampa y hubiese seguido sus órdenes de no haber sido por Suki. ¡Cuánta razón tenía!

¡Qué más da!, el mal estaba hecho, lo único que podía hacer era parar esta infamia de una vez por todas. Ya no podía más, estaba cansado de estar buscando respuestas, de estar preguntándome sobre el paradero de la emperatriz o de hacerme a un lado solo porque a ella le servía eso. Hasta aquí llegábamos, esto estaba lo suficientemente roto como para dejarlo morir. Y que pase lo que Kuruk quiera que pase, porque, por la luna, yo ya no podía más. Mi mente estaba hecha trizas, no sabía distinguir que era verdad y que una mentira, no estaba seguro si ella era real o no.

No… no, no, ¡no!. Era todo, tomaría el otro camino, el de lanzar todo por la borda y regresarme a mi tierra en el primer barco que llevara hasta ella. Esto era inaudito, una mentira que implicaba a tres naciones, a los hombres más poderosos del mundo junto con una conspiración sin precedentes no tenía perdón.… no, ya era demasiado.

Y… aparte…. ¿Quién era yo en todo esto?, ¿Qué era yo?. No era nada para ella más que un medio para mantener su poder. Cuanto más estudiaba este lio más descubría el verdadero tamaño del monstruo que era ella. Es que ni siquiera le inquieta mi gente, ella solo le preocupa mantener su palabra, por eso envía dinero a mi pueblo. La tiene sin cuidado la razón del porque mi familia está al mando de la Tribu Agua y las consecuencias que acarrea su condición para mi familia. ¡Trágame tierra!. Estoy impresionado por esta mujer, totalmente impresionado. ¿Hasta dónde puede llegar la maldad de una sola persona?, ¿En qué momento me metí yo en esto?. Pakku me las va a pagar. Pakku me las va a pagar. ¡Es que me las va a pagar!

-¿Estás enojado?-, pregunta al notar que aún sigo sumido en el profundo silencio. Al sacarme de mi trance solo logra que adopte a un sentimiento difícil de describir. ¿A parte de todo lo que ha hecho tiene la osadía de preguntar, insinuante, si estoy enojado, como si existiese la mínima posibilidad de no estarlo?. ¿Es que no tiene una pizca de descaro?. Y claro que me vuelvo, ¡y claro que la enfrento!; mis sentimientos me guían y apenas puedo controlarme a mí mismo.

-¿Enojado?. ¡Estoy furioso!, ¿qué no lo puedes sentir o de nuevo te estás haciendo la tonta?. ¡¿Cómo pudiste Toph?!. ¿Qué crees que soy, tu juguete?. ¿Cómo fui tan estúpido de confiar en ti, en "la fugitiva"?. Eres una farsante. ¡Una mentirosa!-

-¿Que más podía hacer?-, arremete irritada, mostrando, al fin, un dejo de sentimiento, -Estaba totalmente desesperada. No se me ocurrió nada mas.-

-¡Tan desesperada como para casarte conmigo, un pobre y estúpido campesino que no tenía una idea de lo que estaba pasando!-

-¡Yo nunca dije eso!-, quiebra entonces su rostro perfecto con angustia, acercándose a mí. Laza mi mano con la suya y me obliga a sentir su encantada piel -Sokka, te juro que nunca lo hice para hacerte daño, pero no había más opción-. Sus últimas palabras me perforan, inundan mi corazón con rabia, haciéndome recordar todo el cuento infame que hacía poco soltó, sin pena alguna, la emperatriz. Con un movimiento violento la obligo a soltarme, ella ofrece únicamente una expresión impresionada, confusa por mi acto. No esperaba que yo, su fiel lacayo, me revelara ante ella o renegara de sus ofrecimientos como nunca lo había hecho antes.

-¡Si la había!-, respondo con voz alzada, - ¡había la opción de que me dejaras tranquilo!. ¡Que te pudrieras con tu maldito problema!. ¡¿Pero a la emperatriz que le van a interesar los demás, si solo vela por ella misma?!-

-¡Eso no es verdad!-, se defiende de la misma manera, -¡Doy mi vida por los demás y tú lo sabes!-

-¡no seas hipócrita!, eso lo dices para consolarte y pensar que eres buena. Lo haces por ti misma, para demostrarle a todos que puedes manejar esto. Igual lo darías todo si fuera una competencia, una apuesta o un reto. No te importan los demás, solo tu-

-No te permito que me hables así. ¡No tienes derecho a…-

-¡Tengo el derecho que tiene toda persona ofendida y humillada para tratarte como yo quiera!. Jugaste con lo más sagrado para mi… ¿Cómo fue posible que aceptara estar a tu lado?-

Ella silencia, clavando sus ojos pardos a donde yo me encuentro, con su ceño fruncido, confuso, pero más que nada, injuriado.

Otra vez la habitación se llenó de silencio y solo nuestras posiciones corporales defensivas era lo que desentonaba en la tranquila habitación. Expele un suspiro, estiré la espalda en su posición habitual y deslicé las manos por mis cabellos, rondando la habitación lentamente. Solo otra forma de intentar controlarme. Era la primera vez que peleábamos tan intensamente… era agotador.

Entre tanto, ella se posaba ahí sin decir nada, dándole vueltas a mi declaración. La conozco, o por lo menos eso creo, estaba más que molesta. Volteo la cara al vacío, soltó un suspiro frustrado para luego dirigirse a mí nuevamente. Dando pasos seguros, sonoros, malignos, cruza la habitación; como un guerrero que se prepara a contraatacar… expresándose con tal seguridad que casi llegó a confundirme, que casi llegué a creerle de nuevo.

- ¿Ahora vienes a pretender ser un santo cuando eres igual a todos los demás?. ¿Hubieses aceptado estar conmigo a sabiendas de que no te puedo dar un sucesor?. En esa puerta se hacían filas de pretendientes que duraban días enteros sin reducirse. Horas eran las necesarias para recorrerlas de principio a fin. Todos llegaron con obsequios que ni siquiera en tus sueños más locos hubieses imaginado que tal cosa existía.

Llegaban recitando palabras de amor eterno y de un futuro maravilloso, jurando que me amarían pasara lo que pasara, sucediera lo que sucediera. Puedo enseñarte más de 10 mil cartas de amor de más de 10 mil pretendientes procedentes de todas partes del reino tierra, de los lugares más recónditos, que aun guardo solo para no olvidar que la hipocresía es intrínseca a la gente. Y cuando caí en desgracia, esas palabras, esas promesas, se las llevó el viento… y me vi sola.

En esta vida no te aman por lo que eres, sino por lo que puedes dar y yo no puedo dar un hijo, que es lo más preciado en mi tierra. Pero lo hecho, hecho estaba y el secreto vivía en boca de todos. Sokka, toqué cada puerta que se me ocurrió de cada pretendiente que se me vino a la mente. No me importaba quien fuera, las personas tenían que creer que todo en su emperatriz estaba bien, porque si no la estabilidad del Reino Tierra colapsaría; pero fui rechazada por los mismos hombres que dijeron que lo único que los hacía vivir era yo. Fui humillada como nunca lo había sido… y el plan de Bumi me pareció el mejor.

Yo sabía que era un gran error seguir las guías de un loco… ¿pero y si funcionaba?, salvaría a mi gente, su tranquilidad y todas esas cuestiones políticas que tu bien conoces. Hubiese optado por alguien de la Nación del Fuego antes que por ti pero no conocía a nadie y Iroh, desgraciadamente, tampoco pudo ayudarme. Estaba entre la espada y la pared, fue cuando decidí jugarme el todo por el todo y, por primera vez, la fortuna me sonrió.

¿Crees que no me sentí miserable?, ¿crees que no me sentí como el ser humano más despreciable al convencer a mi mejor amigo, con mentiras, a casarse conmigo por mi conveniencia?. ¡Claro que sí y aun lo siento!, pero ¿qué más podía hacer?. Yo no quería destruir tu vida, ni tus sueños, ni darte esperanzas o ilusiones de un futuro donde no lo había. Intente ser cruel contigo para que te alejaras, para que corrieras a los brazos de cualquier mujer y fueras feliz, no importaba el matrimonio porque de todos modos era una farsa, pero nunca lo hiciste y me sentía peor. Y luego comenzaste a ser bueno conmigo, y luego empezaste a ayudarme y luego empezaste a ser "tu" conmigo… y ya era todo tan extraño; era nuestro palacio, era nuestra discusión, era nuestro té, era ese aroma a agua fresca. Yo no lo soportaba, también llegué a pensar cosas, pero al fin y al cabo eran ilusiones vacías. No había bases, no había nada. Y ya que no podía darte un heredero, te daría todo lo que tenía y más. Pero también sabía que era una manera tonta de mermar mi culpa, porque ¿qué se compara con ser padre?. Aun así, la madre tierra me permitió conservar un poco de mi cordura antes de desarrollar el plan de Bumi, por eso no te conté lo del tatuaje, quería que cuando me dejaras no arrastraras nada de la vida miserable que te obligue a llevar por mis caprichos. Era lo único que podía hacer. Lo único. Estaba totalmente consiente que esto no duraría, por ello que me di una fecha límite y se cumple en un año.

…dame un año Sokka, solo necesito que estés conmigo un año para que las cosas en el Reino Tierra se estabilicen y te juro, por lo más sagrado, que te recompensare con lo que tú quieras. Te daré todo lo que tú quieras, lo que sea, incluso hare lo que tú me pidas si te quedas un año, solo un año a mi lado… por favor… te lo suplico-. Termino, con un sentimiento lastimero en su faz y en su garganta. Una sensibilidad que no necesita de una voz fragmentada para calar hondo. Era muy hábil.

-¿Y crees que caeré en tu historia de abnegación y altruismo? ¡Cuánto arrepentimiento expresas emperatriz!, tanto que cualquiera que no te conozca creería en tus palabras-

-¡Es la verdad!, ¡es la pura y santa verdad!-

-¿Cómo todas las "verdades" que han salido de tu boca?. No creo una sola palabra de lo que dices-

-¿Y por cual otra razón ataría mi vida a un hombre que me odia, soportaría tus malos tratos y pasaría por todas las humillaciones que he pasado?. ¿Qué no te das cuenta que se lo que las personas hablan de mí?; que estoy maldita, dicen, que soy una acaparadora por estar en el trono, que he comprado a mi esposo como todo lo que poseo, que soy maquinadora, un ser vil. Pero no lo soy, y si lo he sido es por mi gente y lo soportaría todo por ellos. Ya no me importa lo que digan los demás, ya eso lo he superado, las palabras de los que no entienden no llegan a mis oídos, lo importante es lo que yo crea y creo, fervorosamente, que he actuado según la situación me lo ha exigido. Hubiese tomado otros caminos, pero no los había, realmente nunca los hubo. Créeme-

-Haciéndote la mártir no obtendrás compasión de mi emperatriz. Deja de fingir Toph, ya vasta. No me importan tus problemas ni lo mucho que has sacrificado, porque donde tú has perdido yo lo he hecho diez o cien veces más. Basta, se acabó el teatro de "la familia imperial". Me voy de aquí, a mi hogar, y espero no volver a cruzar mi camino contigo.- Esa pretendía ser mi última palabra, estaba tan asqueado que lo mejor era, según yo, salir de ahí para evitar problemas. Mas no pude dar dos pasos cuando ella se interpuso en mi camino, aferrando sus manos a mis ropas, con voz atormentada e implorante.

-No Sokka, por favor, te ruego que recapacites. yo...-

-¡¿Recapacitar que Toph?!, ¡¿Qué?!. Que eres una manipuladora, una quimera. No necesito recapacitar algo de lo cual tú misma me has convencido.- digo viéndola al rostro. Ella seguía aun asida a mis telas. Era la primera vez que se acercaba a mi desde que estamos viviendo en el mismo techo. Debía sentirse desahuciada para atreverse a tal acto. Sin siquiera mover un dedo le contesto, pero no puedo evitar que llegué a mi nariz su aroma a bosque o a mis ojos su perfección. Se vale de todos sus artilugios para ganar terreno, tal como un estratega lo haría.

-Te ruego que recapacites tus actos-, arremete, soltándome y apuntando la salida, mostrándose retadora otra vez, - Está bien, corre por esa puerta, toma el primer carruaje hacia los muelles y vete para ser feliz, ¡Qué más quisiera yo!, pero ¿qué pasaría con tu tribu?. La ayuda que reciben es gracias a los negocios que haces aquí;-, acentúa con sus ademanes, -si te vas abandonarías todo… sé que eso pretendes, salir de esta tierra y no volver a poner un solo pie en ella, pero… tu tribu te necesita y lo que les estas dando viene de este lugar. He hecho cálculos y las predicciones dicen que, en unos meses, si mantienen el subsidio que se les otorgan, podrán levantarse y desprenderse de lo que les donas-

-Buscaré otra manera de ayudarlos. Voluntad me sobra al igual que fuerzas-

-Y Sé que podrías hacerlo… eres hábil, es una de tus cualidades darle solución a los problemas… pero… ¿Cuánto tardarías en buscar otra solución?. Debes admitir que he mantenido mi palabra en cuanto a las ganancias del viñedo… y aunque no me creas seguiré haciéndolo. Pero, si te vas…-

-Tus extorciones no me mantendrán a tu lado-

-Sokka, estoy desesperada. Ayúdame por favor. Te prometo, por mis padres y mi nación, incluso por mi propia vida, que para ti no vale nada, que haré lo que sea necesario para estabilizar al Reino Tierra y separarnos lo más pronto posible. Te doy mi palabra de no buscarte nunca más, desapareceré de tu vida y ni en los libros, y ni en las bocas de los nativos de estas verdes tierras, se contara nuestra historia. Que la Madre Tierra me quite el aliento si no cumplo mis juramentos-

Aunque las palabras de la señora de las tierras esmeralda hubiesen sido ciertas, no creería en ellas. Por ello, ante la ventaja que se me otorgaba, decidí, como un tirano, iniciar mi desquite de todo el mal que me había hecho. Sí, vengarme, porque antes de cualquier cosa soy ser humano. Mi orgullo había sido destruido y mis ilusiones hechas mil pedazos. Si para ella yo no era nada más que un ente para estabilizar a su pueblo, entonces, para mí, de ese día en adelante, ella no sería otra cosa que el objeto catalizador de mi rabia.

-…Has dicho que harías lo que yo quisiera… ¿No es así?-, me acerqué a ella, quedando cara a cara.

-… bueno… yo…-

-¿no es así o es otra de tus mentiras?-

-No, no es una mentira. Sí lo he dicho-

-Entonces… quiero que cuando me hables dirijas tus ojos muertos hacia los míos-… y ese fue el inicio de mi propia condena.

-…¿Mis ojos?-

-¡Hazlo!-, ordené. Se le notaba confusa y asustada, nunca antes había hecho tal cosa, era la primera vez que intentaba posar la mirada, de forma consiente, en los ojos de otro. Levantó sus orbes verdes insegura, para luego bajarlas rápidamente. Claro, se sentía extraño buscar la mirada de otro, pero ella era lista, lo había demostrado con sus engaños. Temerosa subió lentamente la mirada hacia mi cara, guiándose seguramente por los sonidos de la reciente orden, supo exacta a que ángulo debía elevar el rostro y en qué posición colocar sus pupilas para crear la ilusión de poder verme. Maldita sea mi suerte, ella era perfecta. -… Tu desgracia no es más que un castigo por todas las maldades que has hecho en tu vida y toda la miseria que le has infringido en la gente inocente que realmente te aprecia. Te daré un año únicamente, y no te preocupes que no quiero cosa alguna que venga de ti más que tu última promesa. Mereces pasar por esto sola, yo no voy a ser parte de tus mentiras ni de tus sucias tretas emperatriz; de ahora en adelante, conmigo no cuentes más para nada…. Y ahora vete que no soporto tu imagen ni oler tu aroma-

Entonces, su semblante se volvió inexpresivo, a tal punto de ser siniestro. Sin objetar nada dio vuelta sobre sus talones iniciando una marcha a solo los dioses sabían dónde, a la vez que el sol daba un tono anaranjado que besaba las llanuras del Reino Tierra. Al parecer, cayó en cuenta de su actual posición, he ahí la razón de su tan poco común sumisión. Sin embargo, antes de retirarse, deteniéndose en la entrada de la casa de la última terraza de mi santuario, hecho a su voluntad, exclamó:

-… Sí, mis desgracias son seguramente un castigo de los dioses… y la peor de ellas definitivamente has sido tú. Pero también algo debes estar pagando Sokka, porque los dioses me pusieron en tu camino-

Y se esfumó efímera como el sol. Dejándome solo con mis pensamientos que no tenían ni pies y cabeza. ¿Pero de que me sorprendo?, tonto de mí, si ella siempre gana.


"Espero que les gustara y se hayan entretenido aunque sea un ratito. Nos vemos."