"Hola gente hermosa, primero que nada les comunico que sigo viva… pero con mucho que hacer y que hasta por fin me dio la cabeza para seguir esta historia, porque escribir por escribir no es justo para ustedes que se molestan en leer.

Esta vez hice otro mega capítulo, entonces espero que se hagan un café o un té o dividan la historia en dos porque, en verdad, es largo. Sumado, no sé porque ahora FanFiction no deja copiar los textos con el clásico ctrl+c, en fin… muchos cambios han sucedido en mi ausencia. De cualquier modo, publico esta historia en mi blog (que también lo tengo abandonado) por si la quieren bajar (y no es publicidad, lo que pasa es que yo guardo en mi computadora las historias que me agradan y esta modalidad nueva de FF pues me es un poco molesta), a no ser que exista una opción por ahí de descargar que aún no he descubierto.

Volviendo, quiero agradecerles a todos los que leen esto puesto que sus comentarios me hacen muy feliz, al igual que sus visitas. Me gustaría agradecerles a todos, uno por uno, por nombre o username por su amabilidad, pero no puedo porque, obviamente, no tengo los nombres de todos, mas tengo algunos comentarios a los cuales me puedo dirigir puntual (en el pie de la historia, o sea, al final XD )

No les quito mas su tiempo y espero que les guste este cap."


Con Ella
Por Chris McRaven

Con su Distancia

"A veces la encontraba llorando y no sabía muy bien la razón. Eso me desesperaba. Ella no podía estar triste un solo día de su vida, ¿por qué? Porque yo no lo podía permitir, eso era todo.

Cuando lloraba, se escondía para que nadie la viese, no le gustaba que pensara que era débil o sentimental. Por ello, las pocas veces que la veía en ese estado era por casualidad. Solo la tierra sabe cuántas veces había mojado sus propias mejillas con agua de mar sin yo saberlo.

-Toph. ¿Estás llorando?-, preguntaba, pero solo era una estrategia para romper el hielo. Claro que sollozaba, no soy idiota, y aunque no tenga el don de mi señora para adivinar los sentimientos de otros, no lo necesitaba, la conocía bien. Su espíritu ensombrecía y el día se hacía gris cuando su alma estaba triste. Sonreía comprometidamente, sus ojos y su nariz se tornaban un poco rojizos, su voz temblaba.

Me daba rabia no entender su dolor y no saber la fuente del mismo, y más aún el no poder amainarlo.

-No-, respondía solo cuando era descubierta, -Es alergia. Soy alérgica al polvo-, con eso pretendía engañarme.

Entonces me acercaba a ella y limpiaba lo mejor que podía su carita de nieve con mi manga. Me sonreía con sus barbilla temblorosa, no queriendo quebrarse frente a mí –… y, ¿no quieres hablar sobre esa alergia?-

Ese día el té se tiño con el sabor de una milagrosa medicina."

-:o:-

La mañana llego, solo llego. Nada más. Estaba solo en mi blanca habitación, refugiado en mi santuario… y sin ella. Era la primera vez desde que llegue a su palacio que no podía sentir su aroma a bosque por las mañanas, que la blancura de su piel no reflejaba la luz en mi cara, la primera vez en mucho tiempo que no la veía despertar o decirme "buenos días". Y sí, era una bruja que me manipulo hasta donde pudo, pero los tiempos en que viví engañado viví en paz… con ella.

Ahora tengo un sentimiento en el pecho que no se bien como definir, odio a la emperatriz pero no puedo aun hacerme a la idea de que ella es Toph. Quiero creer que la suma soberana del Reino Tierra y "La Bandida Ciega" son dos personas diferentes, como Katara y Azula, pero no es así, y eso ya lo sé.

¿Por qué insisto en separar a la misma persona? ¿Por qué insisto en tal tontería?.Toph es buena, respetable, honesta, simpática, sonriente y cariñosa; la emperatriz es un monstruo, punto. Sin embargo, aunque no lo quiera aceptar, las dos son una, las dos se burlaron de mí y ni a una ni a la otra les importé jamás. Si tan solo hubiese sido ella consiente de lo que me estaba haciendo… ¿Qué acaso no se da cuenta que no puedo darme el lujo de no tener un sucesor?, que sea mío o no no me interesa, pero tiene que salir de este matrimonio a como dé lugar…. Ahora sé que eso no va a pasar nunca.

Cuando mi padre se entere me va a obligar a dejarla; y si no es él la tribu entera me obligará… vaya lio en el que me metí… bueno, es mejor cerrar la boca entonces; le prometí a la emperatriz tiempo y pretendo darle lo que me ha pedido más por su gente que por ella. Esto está mal… muy mal. Maldita la hora en que nos casamos.

Qué más da, esta será la nueva vida con la emperatriz. Hoy comienza a vivir con el emperador… no conmigo.

El sol enmarca los territorios de la diosa madre, tapando majestuosamente el problema en el cual ella y yo estamos inmiscuidos. Bajo por las escaleras hasta el palacio de la emperatriz, sorpresivamente soy recibido por sus tejones-topo quienes efusivamente me acarician.

-Hola amiguitos!. ¿Cómo están?- les digo, devolviendo sus atenciones con palmaditas cordiales en sus cabezas. Ellos me habían tomado confianza, hasta cierto punto creo que cariño. Y si bien a veces actuaban como guardianes de la emperatriz, en ocasiones eran los pequeños delatores de su señora. Otro secreto que jamás revelaré.

Los tejones-topo son nobles animales, sienten el espíritu de la gente por su habilidad natural y su conexión con la tierra. Hacerse compinche de los protectores de la emperatriz no fue fácil, más porque sus corazones y su amor los tenía Toph solo para sí, pero con una manzana por aquí, con una manzana por allá, con una canción al oído o con un juego inocente, les caí en gracia. A veces eran benevolentes conmigo, me decían en su idioma tejontopezco "ella está ahí" o "ella te busca", pero a veces eran terriblemente sinceros; "ella no quiere verte", "ella te odia", "eres un ingrato con ella".

No sé si Toph les habrá contado lo que pasó… en primera entrada parece que aún no saben nada. Si soy honesto, me tranquilizaba verlos rondar los jardines, eso significaba que la seguridad de mi señora estaba en las mejores garras.

Me acerco a uno de ellos para posar mi frente contra la de él, el tejón no se mueve, seña de que no le molesta. Tomo su gran cabeza con mis manos morenas y le digo, con los ojos cerrados, -No tengo comida. Ven en la tarde, seguro que habrá una sorpresa para ti y tus colegas-. Entonces, el noble animal se aleja un poco, lo suficiente para poder lamerme la cara sin yo soltarlo. Eso me hace reír, atacándome los recuerdos de épocas felices con ella.

"¡Se te va a caer la cara entera Sokka!"

Épocas felices que fueron un engaño.

-Buen día emperador. Veo que hoy esta de un humor envidiable-, y la primera voz humana que escucho es la de un guarda que ronda la estructura prestigiosa. Pero me alegra, como no lo va a hacer, me gusta hablar con las personas, hacen que mi solitaria estancia aquí, como el extranjero que soy, se haga menos pesada.

-¡Oh!, buen día. Sí se ve tan envidiable como usted dice, espero que se mantenga así entonces. Siempre es bueno tener una sonrisa en los labios y contagiar a otros de alegría.- Saludé al servicial y cumplido guardián.

Ella solo seleccionaba a los mejores y a los más leales para que la cuidaran, para muestra un botón. En ocasiones parecía que la señora tomaba malas decisiones porque contrataba personas poco convencionales: muy jóvenes, muy callados, con poca experiencia o con ninguna, a veces gente que nadie le daba empleo por alguna razón, pero ella nunca se equivocaba. Su estrategia era volver a cada uno parte de su familia, se ganaba sus corazones y su lealtad. Ella era astuta, en donde muchos veían una falla ella veía una virtud.

Me acerqué al joven, él se inclinó como era la costumbre y yo hice lo mismo (como no era lo habitual). Pregunté al muchacho sobre su día y su rutina, me era placentero saber cómo la pasaban todos en el palacio o en el reino para tener en cuenta en qué áreas debíamos meter mano o mejorar, sin olvidar que era la forma ideal de conocer a personas.

-Ha estado muy ocupado entonces,- señalé al educado joven, -puesto que llevo días sin poder conversar con usted-

-Está en lo cierto su majestad. Estoy trabajando en una restructuración de la ciudad, la emperatriz pidió voluntarios y me ofrecí gustoso. Ella dijo que sería prudente tener a alguien extra que resguardara, ya que hay bandidos en todas partes y no está de más cubrir cualquier punto débil-

-¡Vaya!, pero eso no es algo agotador-, señalé cruzándome de brazos.

-Sí, pero se me ha remunerado bien y me dan un día extra de descanso. Yo no sabía eso, pero no me quejo tampoco. Los dioses me sonríen.-

-¡Y con que gusto!, las bonificaciones siempre son bienvenidas.-, añadí, para dar paso a nuestras risas sonoras, mostrándose una alegría honesta en el muchacho. Él me era agradable. Ya hacía tiempo me había contado su historia. Siempre había querido ser guardián, soldado o algo similar, era muy patriota. Dejó todo para realizar su sueño. Antes del mandato de Toph, por su edad y su poca experiencia en armas y en combate, no pudo ocupar el puesto que tanto ansiaba; argumentaban que era una pérdida de tiempo entrenar a alguien "tan viejo", puesto que el entrenamiento se inicia desde la dulce infancia, y al no ser el un maestro tierra, pues era mejor decantarse por otros que si lo eran. Cuando la emperatriz hizo su aparición, él no dudo un segundo en ir y clamar por lo que tanto ansiaba. Cuenta que la emperatriz nunca mostro señas de sentimiento alguno en su rostro, pero que por alguna razón lo aceptó, con la condición de que entrenase duro. Dice que una vez a la semana la propia Toph iba a revisar su entrenamiento, era severa pero él la apreciaba mucho y agradecía su inflexión puesto que, gracias a ello, ahora es uno de los mejores y tiene el puesto que ni en sus más locos sueños hubiese imaginado: Guardián de la Emperatriz de todo el Reino tierra..

-Y a todo esto…-, continúe, -¿No has visto a la emperatriz?-

-Sí señor, claro que la he visto. Partió esta mañana de viaje-, fue la respuesta natural del muchacho… probablemente tampoco sabe lo que está ocurriendo… pero pronto se enterará; es cuestión de tiempo para que todos lo hagan.

-¿En serio?-, fingí sorpresa, -... No me dijo una palabra… ¿Qué raro?-, coooomo no… eso es raro, rarísimo…

-No es nada fuera de lo común su majestad, si me permite hablar con libertad. Desde que trabajo aquí ella hace esa clase de viajes repentinos, todo el tiempo. Además nos dio la orden de no molestarlo y notificarle de su partida cuando usted despertara. -

En ese instante utilicé toda mi energía para no dejar notar algún rastro de sospecha en mi cara, ya que su partida no era para nada buena, algo se traía entre manos y ya me estaba haciendo una idea de que era. Pero la rabia solo conduce a la desgracia, era mejor confirmar lo que se me venía a la mente antes de declarar falsos testimonios. Ahora debo cuidar más que nunca mis paso, porque, aunque yo sea el emperador, la gente del Reino Tierra ama más a su emperatriz que a mi… y eso puede ser un problema.

-Ella es muy atenta conmigo, a veces pienso que no merezco tanto miramiento de su parte; y claro que no me es de extrañar su orden puntual. Anoche no fue una buena noche para mí. Hay algo en el palacio que perturba mi sueño-

….y estoy totalmente consiente de que es.

-¿Es por ello que ha dormido en el santuario?-, interrogó preocupado el guardia, por lo cual mentí.

-Sí. Al ser más frio me resulta fácil conciliar el sueño-

-Creo que se está aclimatando. Después de su viaje a la Nación del Fuego, las temperaturas deben ser fastidiosas para usted. Más aun siendo usted un nativo de la Tribu Agua-

-No lo había pensado de esa forma. Tiene lógica. Creo que me quedaré ahí hasta que me aclimate…. Pero, retomando el tema, ¿cuándo vuelve la emperatriz y a dónde fue? ¿lo sabe?-

-Si alteza. Fue a Omashu, volverá en cuatro o cinco días.-

-¿Tan pronto?-

-Ella está viajando sola. Considerando su gran poder, la velocidad de su travesía se acelera. Seguramente al atardecer estará arribando a Omashu. Lo que no dejó dicho fue la causa de su viaje. Lo lamento.-

-No se preocupe, no hay nada que lamentar. De todos modos tengo una idea del motivo de su partida.-

¡Claro que tengo una idea!, esa maldita fue a hablar con Bumi… ¿ahora que planeará? Esto no me gusta para nada… Pero mis maquinaciones las dejaré para un momento más privado, ahora es tiempo de proseguir el tema; fingir que todo sigue igual, que somos felices…

-Su talento nunca para de sorprenderme.-, prosigo con naturalidad, -Pues bien, dada la situación, solo resta esperar, ¿no?-

-Sí emperador. Ansió el próspero regreso de la emperatriz-

-Yo también-

Sí… yo también.

-:o:-

Ya era más del quinto día y ella no se dignaba a aparecer por aquí. Eso me altera, quien sabe que está planeando con Bumi. En mi oficina, solo puedo concentrarme en los ornamentos de la pared del verde del lugar. Ansioso golpeo el pie contra el piso una y otra y otra vez. Algo no anda como tiene que andar, lo sé.

Tengo que salir de aquí, si sigo concentrándome en este asunto por más tiempo me voy a volver loco, pero debo irme no de mi oficina o del "palacio de roca y jade"; sino del Reino Tierra. Cada cosa que ella hace me pone los nervios de punta, no sé qué pensar ni esperar. ¿Qué planea?, ¿Una forma de arremeter ante su derrota?, ¿Tendré que ver yo con eso?.

Suelto un suspiro, sostengo el puente de mi nariz con mis dedos, cierro los ojos para meditar lo que está pasando. "No resistiré por mucho tiempo".

Las conspiraciones de la emperatriz me hacen pensar estupideces manchadas con color rojo. No creo que ella atente contra mi vida, no creo que Bumi le aconseje tal cosa… aunque bien eso puede hacerla retener el trono por largo tiempo… ¡¿Qué estoy pensando?! Ella jamás haría eso, ni en La Batalla del Cometa de Sozin hirió a sus enemigos, no lo hará conmigo… no, no lo hará.

-Quiero ir a casa…- decía en voz baja sabiendo que nadie iba a escuchar mi súplica. Debí irme cuando pude, debí tomar mis cosas y largarme a mi hogar… lejos de esta serpiente. Pero calma Sokka, el tiempo pasa rápido, pronto estarás firmando el divorcio y no la volverás a ver; reharás tu vida… y esto será un mal recuerdo.

Y de repente lo siento, salgo de mis cavilaciones y, como un sabueso, levanto el rostro y busco con la mirada como si pudiese ver a través de las paredes. Claro… es ese olor, es ella. Al fin está en casa.

Salgo de mi oficina en su búsqueda. Escucho las risas y los comentarios alegres de sus empleados por su arribo, al igual que oigo su voz dando las gracias por todas las atenciones que recibe. Se le escucha contenta, eso me hace temer, porque si Toph está contenta es porque seguro tiene una solución a sus problemas… una solución para mí, su gran problema.

Me acercó a la sala de recepción, abro la puerta y le miro ser vestida con una bata de seda para cubrir sus ropas de civil. Tiene el pelo en una simple cola caída y su cabello tapa su rostro, como cuando era niña. Una de sus sirvientes le comunica que pronto estará el baño listo, a lo que ella agradece cándida con una sonrisa. Abro las puertas del lugar atrayendo las miradas de todos menos la de ella que continúa acomodando su túnica. Los sirvientes se inclina por mi presencia, nunca me voy a acostumbrar a eso… es sumamente incómodo. Por el gesto, hago lo mismo, lo cual desconcierta a los presentes, y si bien el público luce alterado, Toph sigue ahí… como si nada.

-Emperatriz-, saludo finalmente.

-Emperador, ¿Cómo ha estado?. Espero le hayan dado mi mensaje-, responde sarcástica… como si no la conociera.

-Puntual y claro. ¿Ha pasado usted un cómodo viaje?-

-Sí, no tengo nada porque quejarme-, asegura, reacomodando sus ropas.

-Me alegro que usted se encuentre de tan de buen humor esta noche. Benditos los espíritus que regreso donde todos la apreciamos. No puedo esperar el momento en que me cuente de su visita a Omashu-

Y aquí vamos…

-Mil gracias. Pero no creo que mi historia sea cautivadora,-, afirma sonriendo, mientras pone uno de sus mechones detrás de la oreja, mirando a un lado azaroso de la pared para luego proseguir con su comentario, -…es como todas las historias de viaje: polvo, camino, montaña, nada más. Por ende, no me gustaría hacerle perder el tiempo con pequeñeces. Es mejor centrarnos en lo que nos afecta, en problemas del Reino Tierra.-

-Pero yo insisto.-, ataco, con una sonrisa igual de intensa que la que ella me da. Si un tercero nos viese, diría, con plena seguridad, que nos da gusto vernos las caras… -La espera por su baño se hará acogedora con nuestra plática.-, continuo entonces, -Siempre me han gustado sus historias… cuando se digna a contarla completas-, y doy un golpe bajo camuflado, para que ella sepa a donde me quiero dirigir con exactitud.

-Es que algunas partes no son necesarias. Elimino el lastre. Las grandes historias, de todos modos, han sido retocadas por algún escriba o trovador. ¿Por qué las mías, cotidianas de principio a fin, no habrían de serlo también?-

-El problema es su humildad mi señora, sus actos osados, los más interesantes, tiende a suprimirlos, lo cual es una lástima. Pero tiempo hay de sobra, siendo de esa manera, la invito a tomar una taza de té y hablar de Omashu, sus tierras… y su rey… el buen Bumi-

-Insisto,-, replico sonriente, dulce y falsa, como solo ella lo es, -No quiero robarle el tiempo emperador-

-La emperatriz nunca lo hace.- respondí con el mismo gesto, -Vamos, por aquí mi señora. Las palabras unen a la gente y aclaran los nublados del día-

Entendía que mis frases corteses distaban de eso. Quería alejarla de ahí para que nadie fuese testigo de nuestra platica. Pronto todos en el palacio se darían cuenta de lo que estaba ocurriendo entre nosotros, sabía que era cuestión de tiempo, pero, ilusamente, también quería retrasar el hecho.

Asintió con la cabeza y se excusó con todos en la habitación, alegre, gentil. Tocando el hombro de este o aquel daba las ultimas indicaciones o agradecimientos, para luego seguirme.

Grácil volaba por los pasillos, inundando todo con su aroma salvaje. Su sencillez era su mejor escudo. Me resultaba increíble el simple hecho de que su rostro era, en esencia, el mismo de cuando era niña. Era lo peor, puesto que traía a mi mente recuerdos de días felices, donde todo era simple y las buenas cosas de la vida estaban en sentarse a hablar bajo las estrellas, compartir la comida o dormir todos juntos sobre Appa. Ahora lo tenemos todo y estamos vacíos. Mi gran amiga partió sobre el lomo de aquel bisonte volador y en su lugar dejo a este monstruo, a la emperatriz, con su elegancia, con su soltura, sus talentos… pero sin corazón.

Reflexiono mucho sobre el hecho, y como no hacerlo, sus pasos me hacen meditar sobre tantas cosas. "Resiste Sokka, resiste" me digo… porque tengo que hacerlo… por el bien de todos.

Por fin llegamos a mi oficina, esa que está dentro de su casa verde como el jade. Ni siquiera debo decirle que tome asiento, ella ya sabe a lo que vinimos. Se posa sobre una de las sillas de recepción. Mientras yo, como un animal cautivo, voy de acá para allá solo para relajarme un poco. Toph no voltea, ¿para qué? Puede sentir todo con su poder especial. Y así inició todo, la batalla se veía venir, no eran necesarias entonces las cordialidades, solo necesitaba respuestas.

-¿Qué fuiste a hablar con Bumi?- Inicia nuevamente otra de esas incomodas conversaciones de estira y afloja… que al parecer eran una "tradición familiar" en nuestra "familia feliz". Cruzado de brazos espero una respuesta que tarda en venir, así que repito la pregunta… pero nada.

Me apoyo de espalda sobre un costado del escritorio, mientras ella solo muestra su silueta elegante con las manos en los regazos. El silencio se apodera de todo. No sabe que decir, ya no sabe cómo escapar, pero algo inventará, lo sé.

Pregunto una tercera vez.

-Nada importante-, simplemente se digna a responder eso, ya no hay palabras barrocas o complicados laberintos, solo una esquiva respuesta tan poco elaborada que me ofende. ¿Qué ya no le importa nada?

-Tanto que te fuiste por más de 5 días a Omashu-

-Sí-, ¿Eso es todo emperatriz?

Tomo mi tiempo para dar un toque dramático al ambiente y hacerla sufrir como tantas veces lo hizo conmigo. La noto nerviosa, está jugando con sus dedos, intenta controlar su respiración. Ahora se encuentra en una posición poco cómoda para ella, la que siempre ha hecho su voluntad. -Me estas mintiendo- ¡y claro que miente!, que cree que me voy a tragar ese cuento?. Si fue a Omashu fue a ver a Bumi, y si fue a ver a Bumi es que algo está tejiendo la araña madre junto con su fiel secuas.

Ahora no confió en ella, ¿Por qué?, porque es peligroso. El simple hecho de que ella trate con el loco ese, que solamente se dirijan dos o tres palabras, me inquieta… y mucho.

-¿Qué te importa lo que fui o no a hablar con Bumi?-, indica áspera, levantando un poco la voz. Le molesta dar explicaciones; como si no la conociera -Eso es entre él y yo- concluye, junto con su actitud orgullosa, digna de su título.

-Oh no Toph, eso no es entre él y tú,-, respondo. Era hora que esa niña ingrata supiera quien era yo. Los papeles ahora estaban invertidos, siendo que ella no estaba en ninguna posición de exigir o negarse. Le daría donde le dolía a mi señora. Ella aprendería a odiarme tanto como yo la odio a ella. -desde que creaste toda esa treta de "el matrimonio" y no sé qué cosas más con Bumi, tus conversaciones me interesan como nunca antes-

Me da una sonrisa burlona y fugaz, moviendo ligeramente la cabeza de lado a lado, denotando sus ideas de que debo ser un iluso al darle órdenes a la perfección de la Madre Tierra. Volteando el rostro en dirección contraria a mi dice -Estás loco-, más como un hecho que como una opinión.

-Lo repetiré una vez más Toph puesto que el viaje daño tu oído maestro al parecer. dime ¿que fuiste a hablar con ese demente?-

Sin embargo, la dueña de los ojos de tejón-topo no está dispuesta a ceder. Se encoleriza, muerde su labio inferior y frunce el ceño. No puede manejar esta situación. Nunca ha sido prisionera de un tercero, eso la confunde.

Si bien lo que deja salir es enojo, sé más que ninguno que es otra mascara de la emperatriz, la artista en desdoblar la realidad. No, no está enojada, el enojo en ella es distinto. Está asustada. Teme que tan lejos pueda llegar todo esto y necesita salir a como dé lugar del sitio. Es cuando crea una distracción.

-Púdrete Sokka-

Pretende levantarse para abandonarme tal y como siempre lo hace. Su cabello suena por el roce en la madera, sus telas bailan al compás de su cuerpo, su cara está oculta entre sus mechones rebeldes, pero ni toda su fuerza hace que diluya ese dejo de alarma dentro de ella.

Mas no va a escapar está vez, estoy cansado de eso. Estoy cansado de escape en el día, en las noches y, ahora, en las conversaciones. Me duele verla así, distante, pero tengo que acostumbrarme a la idea. De hoy en adelante los días serán para peor… y eso, sé, que la obligará a explorar otras realidades, y solo la Luna sabe a quién buscará ella por refugio… o para hacerla olvidar. ¡¿Pero qué digo?! ¡Que más daba a donde vaya o no para sanar su alma!, nunca fui dueño de lo prohibido y ya no lo puedo ser jamás.

Solo resta contar las horas para volver a casa.

La tomo del brazo, violentamente la obligo a sentarse, nuevamente empujándola contra la silla. Sus ojos se ponen redondos como platos. Se desconcierta. Jamás la había tratado así, pero los buenos modales se acabaron. Y si me arriesgo a perder la vida por lo que hago, pues es mejor morir que seguir junto a ella. Lo hemos perdido todo, la confianza, la cordialidad, el respeto. Solo nos queda un juego de poder y de orgullo sin sentido que poco a poco destruirá la poca humanidad que conservamos.

Le doy una orden clara, simple y directa. No moverse ni un centímetro hasta que diera testimonio sobre la conversación que había suscitado con Bumi; y es cuando su ira contenida enmascara otro nuevo sentimiento: zozobra. Está perdiendo su poder sobre mí, ella esta consiente del hecho… pero no lo acepta. El solo dudar de si misma, la inmuta. Se queda ahí como piedra sin saber cómo actuar… porque ya no sabe cómo hacerlo. Los días de modelarme con sus dulces palabras o sus tiernas sonrisas murieron… y el descubrirlo la rompe en mil pedazos. ¿Qué va a hacer? ¿Quién es ella? ¿Cómo va a poder encarar un imperio entero cuando no puede controlar a quien se supone que debía esclavizar desde un principio?. Ese… es su problema.

-¿Cómo te atreves a tratarme así?, ¿Cómo te envalentas a tocarme?!¿Quién te crees que eres para venir a ordenarme a mí, la emperatriz del Reino Tierra, la mujer más poderosa de las cuatro naciones?! ¡¿Quién?!-, aboga, arrastrando cada palabra y subiendo la voz puesto que necesita gritar para poder respirar libertad de alguna manera, mas no puede… no la siente porque no la hay.

-Soy el emperador, y soy también tu esposo. Esposo que misma elegiste, que misma trajiste hasta aquí y que tu decidiste torturar por mano propia hasta que ya no quedo nada de lo que fue. Emperador al que misma le diste poder, que misma formaste para no retroceder ante nada; del que te encargaste, con tus acciones, de que te odiara con la fuerza del mar y el cielo. Ese soy yo. Y no soy solo eso, soy lo que alguna vez fue tu amigo incondicional, la persona que te apoyó cuando nadie lo hacía, la misma persona que no te importó destruir con tus mentiras. Soy Sokka Bei-Fong de la Tribu Agua del Sur, emperador del Reino Tierra y heredero a la jefatura de las Tribus Agua. Ese soy yo… tu amado esposo. -, termino mi discurso acercando mi rostro, desafiante como un lobo, lo más que puedo al de ella. Viendo su cara frente a la mía, encerrándola en la misma silla en la cual alguna vez se sentó cuando me visitaba y su presencia me era amena. Ahora tiembla como una hoja, pero lo encubre magnánimamente. Solo el ojo experto podría notarlo. Aprieta los dientes tan fuerte que angula las líneas de su mandíbula.

-Y no obstante, eso no implica que me trates como se te dé la gana o te metas en mis asuntos.-, asalta indignada. -Lo admito, es mi culpa que estés aquí, pero después de todo soy un ser humano, y a pesar de lo que creas fuimos felices de vez en vez- ¿abogando a la misericordia?, que tan bajo ha caído mi señora.

-No me vengas de nuevo con tus palabras vacías Toph.- Me acerco intimidante, afirmando mis manos en los brazos de su silla, escuchando el crujir del cuero mientras apretó los dedos en el mueble. Ella no hace más que hacerse hacia atrás todo lo que puede, mas no logra huir. Se hace un puño, voltea nuevamente el rostro fingiendo desinterés en la conversación, más está plenamente consciente de cada palabra y lo que desea es desaparecer en el acto.

-La felicidad no existe cuando la verdad está ausente-

-Nunca has podido manejar la verdad Sokka-

-Realmente me despreocupa tu opinión sobre el tema. El punto medular reposa en que me diste tu palabra, nada más. Me prometiste hacer lo que pidiera a cambio de estar a tu lado… y ¿Acaso no lo estoy… "mi vida"?, ¿O es que la emperatriz aparte de ser una manipuladora y una mentirosa carece de honor?. No me sorprendería si te retractaras a estas alturas-

-No, no lo he olvidado, lo recuerdo…-, indica queda. Cierra los ojos y su rostro se fragmenta con aquel dolor característico del que ha cometido un error.

-¡Entonces habla fuerte y claro como cuando hablabas antes de que tus conspiraciones salieran a la luz!-, remarco, alejándome de la silla solo para apoyarme en el escritorio. Frente a ella, cruzado de brazos, la miro por lo bajo con su postura tranquila, inexpresiva… pero sigue jugando con sus dedos y esconde la cara entre su cabellera de tierra. Por un leve instante siento algo lástima por ella… sin embargo, el recuerdo de sus mentiras me hace volver en mí. Ella nunca me quiso… y nunca lo hará. Era pretencioso de mi parte robarle algo tan grande a la Madre Tierra como el cariño de su hija.

-¿Qué fue lo que trataste con Bumi?, porque sé que fuiste a verlo-

-Solo… cosas de… relaciones políticas… nada más.-

-Mírame a los ojos cuando hables conmigo.-, le recuerdo enfático, - Ya te lo pedí una vez, no pienso pedírtelo dos veces. Ahora, deja salir a la verdad de tu boca por primera vez y cuenta…. ¿Qué… hablaste… con Bumi?-

-Ya te lo dije; sobre las exportaciones e importaciones a Omashu, sobre la seguridad de las rutas comerciales. Es todo-

-¿Y crees que soy un idiota para tragarme semejante historia?. Viajaste por mas de una semana, vestida de civil, tu sola, para tratar asuntos políticos.-

-A Bumi no le importan las formalidades-

-¡Me importa un comino lo que le importe a Bumi o no!-, grito para luego golpear el escritorio con la palma abierta. Ante el sonido ella reacciona instintivamente encogiéndose de hombros por el susto, apretando los ojos. Estoy fuera de mis casillas y hasta el cuello de que ella se haga la tonta cuando en realidad es la mente maestra. ¿Pero qué grado de hipocresía? ¿Hasta cuándo piensa sostener lo insostenible?.

-…¿Sabes lo que creo Toph?, que fuiste a poner al tanto a Bumi de lo que ha estado pasando entre nosotros para planificar alguna especie de contragolpe. Claro que no sé de qué se pueda tratar, el demonio nunca cuenta sus tretas, pero sé que existe y quiero que me lo cuentes todo. De principio a fin, sin omitir detalle-

-¡Pero si es que no hay nada!-, asegura con voz lastimera y expresión quebrantada, azotando sus regazos con el dorso de sus manos abiertas, - Solo lo que te he dicho. ¡Tenme piedad por los dioses! Estoy cansada, vengo de un viaje terrible y agotador. No me puedes dar una prórroga para esta platica, por lo menos por consideración-

-¿Una prórroga para que puedas idear una mentira que de deje salir avante?. No "querida". Eso no pasará-

-¿Avante de qué?. ¡¿Me ves avante ahora?!. Solo quiero descansar Sokka, solo quiero ir a dormir y olvidar todo por un rato, por ocho horas. Quiero caer inconsciente en mi cama y no sentir nada, ni la vida ni la muerte…. Por favor…. Dame ese regalo-

-… ¿Estaba Iroh ahí?-

- Por la naturaleza.-, suspira,- ¡No!, no estaba Iroh ahí y tampoco está en Ba-Sing-Se. Él está en la Nación del Fuego junto con Jeon-Jeon y Zuko. Y para que no te hagas más fantasmas en la cabeza, lo sé porque Bumi me lo contó.-

-Muy bien Toph. Al parecer estas hoy más terca de lo acostumbrado. Así que iremos despacio. Ya establecimos que fuiste a ver a Bumi, que no estaba Iroh. Según tú, solo fueron a hablar de política, pero eso no lo creo. No me creo que en todo eses tiempo solo hayas hablado de eso con Bumi. No me trago que en seis, siete, ocho días, teniendo en cuenta hasta donde ese loco ha estado implicado en tus planes, no te haya preguntado si quiera como va todo (si es que no lo sabe). Y tampoco me trago que no hayas soltado la lengua frente a él.

Mira Toph… arreglemos esto por las buenas, no me obligues a hacer cosas que no quiero hacer pero que haré si continuas aferrada a esa necedad tuya. Evita problemas y confiesa de una vez… cuéntame lo que ocurrió porque, si no lo haces, daré la orden de sacar los tejones-topo de aquí y me aseguraré de que no los vuelvas a ver jamás.-

-¿Qué?, pero… ¿pero acaso escuchas lo que dices?-, responde; apenas logrando procesar mis palabras a causa del impacto. Seguro pensó que era una broma, -¿Qué tienen que ver ellos con todo esto? Ellos son inocentes, no tienen la mínima conciencia de lo ocurre-

-Pero tú sí-

-¿Yo?... ¡¿Vas a cometer esa injusticia solo para reprimirme?!... No…No puedes hacer eso Sokka, ¡no puedes hacerles eso!. Ellos han estado aquí desde antes de que el primer Avatar estuviese. ¿Qué privilegio tienes sobre lo que es suyo por derecho?-

-¿Y quién dijo que ellos han cometido falta alguna? No me importan esos tejones-topo o su antiquísima relación con la tierra… pero, por el contrario, a la emperatriz le quitan el sueño. Siendo de esta forma, o hablas o los saco de este territorio, y se irán tan lejos que ni con tu talento prodigioso podrás rastrearlos-

Entonces el aire se puso aún más tenso (increíblemente), los ojos de la emperatriz se inyectaron de sangre. Sus dedos dejaron de bailar para aferrarse, como si no hubiese en mañana, a sus faldas. Estaba tocando fibras sensibles para ella. Sus tejones-topo eran su más sagrado tesoro, eso cualquiera lo sabía… hasta yo y, evidentemente, sería incapaz de hacerles daño alguno a los nobles animales, igualmente los amaba, pero las mentiras tienen la hermosa característica de disfrazarse de verdad si es que se sabe cómo.

-…No te atreverías…-… susurra…

-Pruébame-, respondo con un respingo de victoria.

Es cuando se levanta casi histerica, con el enojo de una madre que protege a sus cachorros. Eso ella no lo podía permitir. Muestra su cuerpo erizo de la pura cólera, coloca una posición amenazante y levanta un dedo acusador hacia mí, gritando a todo pulmón -¡Ya basta!. ¡Esto es lo último que te permito Sokka!-. Da un intento de avance colérico.

Ante su posición curva de demonio, me levanto inmediatamente, arremetiendo de la misma forma que ella, levanto la voz sin pensar que todo el palacio se daría cuenta de lo que ocurría, ¿pero qué objetivo tenía ocultar lo que pronto se vería venir?. Ese día no tenía ganas se ser amable, ni con ella ni con terceros. Si a la señora le gustaba jugar rudo, pues yo también jugaría de la misma manera.

-¡Silencio!, ¡Ahora siéntate y habla o te juro por mi vida que sacaré de aquí a esos malditos tejones-topo y que se vayan al infierno junto contigo, tu palacio y tus mentiras!-

Como arte de magia se detiene, se calma, ando una bocanada de aire y abriendo los ojos de par en par. Sus iris muertos danzan frente a los mios y sin aviso el silencio se apodera de todo nuevamente.

-…realmente… eres capaz de hacer tal lo que dices... Sokka…-

Recrimina con un semblante lastimero, y a lo único que atino es a ignorar los significados detrás de sus palabras. Mis sentimientos eran incontrolables, ni yo mismo me reconocía ante tal situación; pero si bien, puedo asegurar que sería incapaz de lastimarla, en ese momento debía aparentar todo lo contrario…No obstante, ese día, estaba enojado… tanto que en ocasiones poco llegó a importarme ella.

Pero a buen entendedor pocas palabras, siendo mi silencio el código puntual para que ella entendiese que no era un buen día para nadie. Triste, sin emitir sonido, reflexionó sobre solo los dioses saben qué, para luego expresarse tranquila pero con un semblante partido.

-… Te he dado mi palabra de hacer lo que me pidas, pero no puedo faltarle el respeto a los que siempre han estado a mi lado incluso antes que tú. Estoy dispuesta a aceptar las consecuencias de mis acciones, sean severas o ejemplares, pero no diré una palabra que no tenga que ver con este reino. Sí, fui a Omashu y hablé con Bumi; fui a pedirle un consejo puesto que no tengo más amigos que él y el general en este instante. No le puedo decir la verdad a mis padres y tampoco puedo confiar en que el emperador entienda mi situación… pero… en verdad necesitaba desesperadamente hablar con alguien que me entendiese y, sobre todo, que me apreciase como lo que soy, no como lo que debo ser.

Te repito, si quieres reprimirme con mano dura hazlo, pero no voy a hablar sobre mi conversación con Bumi, al menos no las partes que me parecen personales-

Respire profundo, serio, pero sobretodo indignado. Ella, a su manera, seguía desafiándome, seguía burlándose de mí, intencionalmente o no, no lo sé, pero lo hacía. El simple hecho de callar era una clara prueba de que le importaba poco lo que yo pensase, ¿Cómo lo hace? ¿Cómo sigue adelante a pesar de que le he quitado todo?... No importa, había que resolver un problema a la vez y esas preguntas filosóficas eran un miserable punto en la gran mancha que era la emperatriz.

-Muy bien…-, le digo,- No hables, creo que tu acción de enmudecer por respeto a tu gran amigo es osada… pero noble. Has de deberle mucho a Bumi para preferirlo sobre tus tejones-topo… pero bien, ese es tu problema.

Mas compréndeme entonces, no puedo vivir pensando en que Bumi, Iroh, probablemente Pakku y tu estén conspirando nuevamente, creando maquinadores movimientos, o peor aún, finiquitando algo ya establecido en mi contra. Ante eso, y para poder dormir tranquilo, tienes terminantemente prohibido ir a Omashu, a Ba-Sing-Se, a la Nación del Fuego o a la Tribu Agua. También, Se te priva de cualquier tipo de trato, sea verbal o escrito, con tus "tres grandes amigos", refiérase a Bumi, a Iroh y a Pakku, a no ser que yo, o alguien que yo mismo apruebe, estén contigo. Conjuntamente, no podrás escribirle a nadie sin que antes tus cartas pasen por mis manos, sin excepción. ¿Queda claro?-

-… ¡¿Qué?!...-,reclama, -¿Es esto acaso una broma?¿Pretendes quitarme mi privacidad, lo último y único que me guardo? -

-Nunca he hablado tan en serio Toph. Ante situaciones drásticas, medidas drásticas. Lo sabes bien. Creo que no estoy cometiendo una falta… ya que medidas similares has tomado para mí en el pasado, ocultas sí, pero similares al fin de cuentas.-

-¡Estas enfermo!, ¿Cómo crees que voy a aceptar semejante infamia?. ¿Cuál es tu plan ahora? ¿Controlar con quien hablo y con quién no por tus delirios de maniaco?. ¿Y luego que seguirá? ¿Mantenerme encerrada en mi propia casa?-

-Si es necesario lo haré. No confío en ninguno de ustedes; lo peor del caso es que todos son demasiado astutos para quitarles los ojos de encima. Comprendo que encontrarán alguna forma de compartir sus "ideas", eso es simplemente inevitable, pero si puedo obstaculizar un poco su comunicación entonces bien vale la pena. Me he propuesto a controlar lo incontrolable y a dominar lo indómito.

Además, si no te parece, si tan acorralada y tan asqueada te sientes, si tan tirano soy y tan insoportable es lo que te planteo, perfecto, no es mi deseo obligarte a estar conmigo bajo mis condiciones, siempre tienes la opción de que nos separemos y dejemos morir esto de una vez. Yo me voy a la Tribu Agua y tú te quedas en tu Reino Tierra y juro, por los espíritus, que no volveremos a cruzar palabra.-

-¡Por Kyoshi que ya lo hubiese hecho de haber podido!-, expresa molesta y levantando el rostro amenazante, mostrando algo nuevo en ella, una mirada de lobo fiero. Confieso que de primera entrada ver sus ojos me sorprendió, nunca había contemplado algo tal en nativos de estas tierras. Los ojos de los nativos son como las hojas al caer, o como el bosque, solo ella tiene ojos de tejón-topo, pero una mirada de lobo era algo nuevo. Ella estaba indignada y ofendida, frustrada y afectada por lo que estaba pasando. Negarle su libertad era retroceder a su oscura infancia. Y cualquiera sabe que lo que uno de los mayores tesoros de la emperatriz es su voluntad.

Entonces se sincera, algo que, personalmente, había estado esperando por mucho tiempo pero que no quería presenciar nunca. Está cansada de todo, sobre todo de mí, y sin tapujos deja salir la verdad que ambos sabíamos:

-¿Crees que me gusta vivir contigo? ¿Crees que me agrada verte por aquí levantando el rostro como si fueses alguien importante? No eres nada más que un tipo con suerte. ¡Nada!. Que hayan nombrado a tu familia "Jefes de la Tribu" no implica que seas noble. Y si estamos juntos no es solo por necesidad, es por desesperación, desesperación en la cual fui impulsada a caer por proteger a los míos… porque no había otra salida.

Pero afortunadamente el tiempo corre a prisa -, remarca maligna,- y cuando esto termine vas a pagar con creses tu osadía y vas a aprender a mantener tu lugar, a no olvidar quien eres en realmente… a recordar quien soy yo-

-Pero por el momento a la que no debe olvidar eso eres tú.-, le repaso, volviendo a colocar mi cuerpo contra el escritorio para tenerla frente a mí en una posición desventajosa. Por primera vez soy yo la que la mira pon encima del hombro y es ella la que tiene que escuchar con atención para ganar mi gracia, -Hasta que ese preciado día que ansías llegue, obedecerás mis palabras. Punto y se acabó.

Así que escucha bien lo que harás, aparte de lo que ya te he pedio, no quiero que me vuelvas a hablar de esa manera pedante e insolente jamás.

De este día en adelante soy tu emperador y, como tal, me debes la lealtad que yo alguna vez te di. Si me vuelves a faltar el respeto, abriré la boca y contaré todo lo que sé al consejo de ancianos, a los burócratas y a tu pueblo… y verás que ni la naturaleza se apiadará de tu desgraciada alma… a diferencia de mí, que lo estoy haciendo en este momento. ¿Fui claro?-

Voltea el perfil asqueada, apretando con fuerza los puños, tanto que sus nudillos se ponen blancos. Se contiene, noto un momento de duda en ella, está deliberando si seguir mis órdenes o partirme en dos; el aire es tenso, la tierra vibra un poco y yo me estoy jugando el todo por el todo, pero, para mi sorpresa, ella sede, ha perdido y ha caído en cuenta de ello. Resignada respira profundo, soltando un gran suspiro. No está en condiciones de exigir, se ha convertido en presa.

-… como el cristal…-, asegura y calla por unos segundos, para luego dirigir sus ojos únicos hacia los míos azules. -¿Puedo retirarme?-, pregunta finalmente fatigada.

-¿Por qué?, ¿Acaso no disfrutas estar a mi lado?-

-No… señor…-, alega entre un suspiro,- es solo que estoy cansada y realmente quiero ir a dormir. Entre más pronto acabe este día mejor… ¿Me permite?-

Sin más ni menos le di el permiso para irse. Me sentí extraño, mal, incluso sorprendido por su rápida aceptación y poca protesta ante mis solicitudes. Pero de todo, lo que me tomó por sorpresa fue una única palabra que empleo para dirigirse a mí: Señor.

¿"Señor"?... creo que si me hubiese insultado me habría sentido menos miserable.

-:o:-

Ella no era la misma, lógicamente, se sentía incomoda con mi presencia, era natural. Siempre que podía huía de mí. Sintiendo mis vibraciones tomaba acciones evasivas para no topar conmigo en lugar y tiempo, en ocasiones pasaban uno o dos días sin verla… era hábil, siempre lo fue, pero lo que nunca pasó por su cabeza era que, a pesar de sus tretas para ocultarse, aun podía sentir su aroma a bosque por todo el lugar.

Sabía que ella estaba ahí y entre más me acercaba a ella más fuerte era su aroma. A veces, se ocultaba detrás de una puerta, huía por un pasillo alternativo o se quedaba quieta en la oscuridad, pero yo sabía que estaba ahí, su fragancia me lo decía y por fin pude entender como ella veía el mundo a través de tantas vibraciones, quizás de la misma forma que yo la veía a ella a través de mi olfato de lobo. Por ello, en esa horrible época aprendí a verla sin ver y a sentirla sin tocarla. Sabía cuándo estaba triste o preocupada, sabía si estaba feliz o melancólica; su perfume natural dictaba pequeñas variaciones para advertirme de su estado de ánimo.

Antes de descubrirlo todo, en aquellos días que la veía sonreír, su aroma era a bosque, sí, pero olía como el alba, como el roció, era fresco, era vivido; cuando estaba preocupada olía igual que el bosque en la tarde, si estaba triste olía un poco árida… sombría… lúgubre, como un bosque muerto. Así olía ahora todo el tiempo. Quizá mis anhelos de venganza estaban mal… pero ¿Qué me decía que era otro de sus trucos sucios?.

A cualquiera podía decirle la verdad sin tapujos, la extrañaba y mucho… todo me recordaba a ella. Me gustaba verla a mi lado, verla reír, verla cubrirse la cara de tanta felicidad por mis bromas o que me llevara algún bocadillo después de haber trabajado tanto. Pero no podía hacer nada más que echarla de menos… Siempre sería mi señora…

Esas solían ser las ideas que traspasaban mi mente al estar meditabundo en el barandal de aquel santuario de la Tribu Agua. Veía a la luna hacer su camino entre la oscuridad y las nubes… la madrugada siempre le sentó bien, siempre se veía tan hermosa, la Luna, con su resplandor… era mi única amiga.

No podía dormir, el insomnio se había hecho frecuente últimamente; entre tanta cosa que pensar, entre tanta cosa que fingir al parecer mis propias ideas me quitaban el sueño. Seguro era un castigo de la Madre Tierra por lo que estaba haciendo con su hija. Pero bien, si hay que ir al infierno que sea por algo, ¿no?.

El panorama era magnifico, la luz de mi blanca compañía mostraba los más recónditos lugares del Reino Tierra, si no era que el bosque cubría algún sitio. Todo quedaba a mi vista, los techos de las casas, el amplio jardín, los callejones y caminos que guiaban al perdió u ocultaban al ladrón. Y también mostraba, de vez en vez, sorpresas inesperadas, sin horario o tiempo, como, por ejemplo, a la emperatriz, corriendo entre los jardines vestida con una capucha verde oscuro, dirigiéndose, a escondidas, hacia los muros de su propio castillo, para luego saltarlos, caer al otro lado, y seguir corriendo hacia el bosque, disipándose entre la negrura de su querido protector.

No había que ser agudo de mente para saber a dónde se dirigía la noble, si bien partía en ocasiones más temprano, en ocasiones más tarde, siempre sus pasos marchaban hacia la misma dirección y regresaban a la misma hora, puntual. ¿A dónde corría la señora, la única dueña de los ojos de tejón-topo?. ¿A dónde más?... Al único refugio que aún tenía… con la piel cortada por la arena y, seguramente, con los labios secos por guardar secretos.

Al principio… pensé evitarlo… pero hubiese sido como detener a la vida misma.


"Espero que les gustara. Nos vemos"

-:o:-

Respuestas a los comentarios del capitulo anterior:

Nieve Taisho: Me encanta que hayas leído el último cap, siempre leo tus comentarios religiosamente. Pues, honestamente no se por donde vaya la cosa, pero si se que ahí va. Espero que te haya gustado este cap.

ASUKA02: Jajaja, gracias por el cumplido. Bueno, no soy el ejemplo de puntualidad pero si trato de hacer esta historia lo mejor que puedo, no quiero que llegue a ese punto de escribir lo que sea para salir del paso puesto que es una falta de respeto para ti y para todos los que se toman la molestia de regalarme un ratito de su tiempo. En cuanto a la historia… es como frustrante porque quiero contarte tantas cosas pero no puedo, ¡es demasiado para mi!, jajaja. Más creo que si bien no es como la mejor historia del mundo, espero que se ponga entretenida. Deseo de corazón que te haya gustado. Gracias por seguir este relato por tanto tiempo.

Luca: Dios mio, como pasa el tiempo. Siempre que digo que intentaré publicar cada semana no lo logro, pero intentaré intentarlo. Me sorprende que leyeras todo de nuevo porque este cuento es demasiado largo, así que millones de gracias por eso. Un abrazo.

artilyon-rand: Jajaja, gracias por el comentario, pues sí, creo que las cosas no andan bien, pero a ver qué pasa con ese par de dos XD. Un abrazo y gracias por leer.

Kuronekoneko: Pues me has pillado, mi ortografía es de lo peor y, aunque trato de no cometer tantos errores, pues se me van siempre bastantes. Si es buena tu idea de conseguir un editor, incluso lo trate, pero los horarios de trabajo de todos son tan apretados que es difícil, sin mencionar que a veces escribo y publico en las madrugadas, entonces… Pero prometo ser más cuidadosa. A parte de eso, espero que estés disfrutando del fic, y el simple hecho de que hayas comentado en la mitad del mismo es todo un honor para mí.

AryAs: Una de mis conocidas en FF y de las más emotivas. Espero que te gustara y que no hayas sufrido mucho, me encanta leerte y verte por aquí. Leo cada palabra que escribes en mis fics, aunque rara vez te responda, lo siento por eso, pero te aprecio mucho. Un abrazo

Dani Ardila: Hola, gracias por tus palabras y bueno, pues ahí vamos poco a poco. Te juro que de que termino esto lo termino, aunque sea con bastón XD.