Capítulo 3

Parker

La cena de Nochebuena transcurrió feliz. El pavo estaba genial, y el pudding... riquísimo. Booth abrió una botella de vino que tenía especialmente reservada para alguna gran ocasión, y entre pavo y guarnición los dos adultos casi se la acabaron. El efecto del vino producía una euforia perceptible en Temperance, que a poco de empezar a cenar dejó de lado el chal, y de paso la vergüenza. Estaba espléndida. Hasta Parker era capaz de advertirlo. Y le divertía ver la cara de abobado de su padre cuando la miraba. Max y él lo habían comentado largamente, de hombre a hombre. ¿Cómo es posible que estos dos no... "ya me entiendes", decía Max, no avancen en su relación hacia algo más? Vamos, que por qué no se harán novios, como él le había dicho a Max claramente, algo con lo que Max había estado de acuerdo. Porque aunque ningún candidato a novio suele ser lo bastante bueno para el padre de una chica, Max creía que Seeley Booth no podía ser más conveniente y adecuado para su hija. Y Parker ahí le había dado la razón, porque él también pensaba que ninguna candidata era más conveniente y adecuada para su padre que su Huesos. Pero nada, ahí seguían, sin decidirse a dar el paso del compromiso. Si hoy no pasa nada, no sé si pasará alguna vez, pensó Parker, a la vez que pensaba cómo quitarse del medio pronto para dejarles campo. Pero, por otro lado, le gustaba tanto estar con ellos...

Casi como cada Nochebuena, la tele emitía "Qué bello es vivir". Los tres se sentaron a verla.

Después de más de media película, Temperance seguía la trama llorando, Parker estaba dormido con la cabeza en su regazo y las piernas estiradas hacia su izquierda y Seeley estaba dormido con la cabeza en su hombro derecho, una mano en su cintura y las piernas estiradas encima de la mesa. La tenían atrapada entre los dos. Menos mal que había ido al baño antes de sentarse a ver la peli, pensó, divertida. Vaya par... Acarició el pelo y la mejilla de Parker, y llevó también la mano a la cara de Booth, cuya respiración la producía un cosquilleo irresistible escote abajo... Él se despertó ante la caricia. Atrapó su mano y la besó. Se miraron intensamente. Booth estiró su cuello, la mano de él sobre su cintura tenía ahora fuego... Alcanzó los labios de ella con los suyos y los besó con dulzura, suavemente, sin hacer ningún movimiento brusco para no despertar a Parker.

Pero Parker no estaba tan dormido como aparentaba. Con los ojitos entrecerrados estaba viendo ahora lo que pasaba justo unos pocos centímetros por encima de su cabeza. Pensó que esta vez sí era hora de que se quedaran solos y se revolvió con un suspiro. Booth se separó como con un resorte.

- Le voy a llevar a la cama, dijo en un susurro.

- Espera, déjame a mí... Tu espalda... Ella se levantó con el niño en brazos. Él fue abriendo paso, y preparó la cama. Parker se había puesto ya el pijama después de cenar, de modo que acostaron al falso dormido. Los dos se quedaron mirándolo. Era un angelito. Temperance se agachó y le besó en la nariz, su padre también le besó. Cuando ambos se pusieron en pie, Booth la atrajo hacia sí y esta vez el beso fue menos dulce pero mucho más intenso, pasional, intentando resolver todos los enigmas que la boca del otro pudiera plantear. Parker espiaba asombrado... Parecía que se iban a comer uno a otro... tenía que preguntarle a Max si eso era normal. Caramba, habían cenado muchísimo, pero parecía que se habían quedado con hambre. Y los suspiros... Como que tuvieron que separarse para respirar, agitados... Empezaba a comprender que algo así era lo que pasaba en las películas que no le dejaban ver, las de mayores. Salieron de su habitación, agarrados de la mano, camino del salón... y del dormitorio, esperaba Parker. No tenía muy claro qué era lo que tenía que pasar allí, seguramente darse un montón de besos como el que había visto (y oído), pero sí sabía que para ser novios como lo eran su madre y Brent, era necesario que Temperance no se fuera a dormir a su casa, los dos tenían que dormir juntos. Guauuu, qué triunfo, si lo conseguía. Pensaba levantarse a comprobarlo dentro de un rato. Pero... se quedó dormido, y esta vez de verdad.

Booth y Temperance

En el salón, ante el árbol, Temperance y Seeley seguían explorándose, sin apartar sus labios el uno del otro. Booth lo tenía fácil, el vestido de ella era apenas un suspiro de seda sobre el cuerpo femenino. Primero había acariciado su pecho bajo la tela, y le basó deslizar los tirantes y bajar la cemallera (Dios, acababa bien abajo, sobre esas curvas gloriosas de su trasero) para que la prenda le cayera hasta los pies, dejándole ver sus magníficas proporciones, el pecho adorable y erguido, las caderas amplias, la cintura finísima... ella era, físicamente, la esencia de la feminidad. Sólo quedaban sus bragas y unas medias oscuras que se sostenían solas con una banda de encaje elástico en los mulos... una visión erótica para el ya más que preparado Booth. No podía dejar de mirarla mientras se dirigían a su cuarto. No podía creer que esta belleza, esta diosa, que además era la persona más inteligente que conocía, le eligiera a él... En el dormitorio, él mismo se quitó la ropa como un rayo, con la urgencia de compartir sus cuerpos, con el deseo de que no fueran sólo los cuerpos...

- Temperance... Le costaba horrores separar su boca de la de ella, de su piel de porcelana. No quiero que esto sea cosa de una noche, por muy Nochebuena que sea. Ya que vamos a saltar la línea, que sea con todas las consecuencias...

Ella tampoco podía parar, besaba su cara, su cuello, su pecho

- Amén, dijo ella riendo sobre su pecho.

Su risa ahogada le puso aún más excitado, sus "proporciones" masculinas habían adquirido una talla envidiable. Ella lo quería todo para sí, estaba más que dispuesta a recibirlo, y ambos habían pasado tanto tiempo deseándolo que no podían esperar más. De modo que aquella primera vez no perdieron más tiempo en preliminares que lo que justo sus bocas reclamaban como territorio besable, que lo que sus manos no podían renunciar como zona acariciable... porque les urgía compartirse, ser dos y uno al mismo tiempo. Y los dos supieron que habían encontrado su otra mitad, aquel y aquella a quien realmente pertenecían. Estallidos de placer recorrieron como espasmos los cuerpos de ambos al alcanzar juntos el orgasmo, pero también más cosas. Ternura, calor, intimidad, sonrisas. Un abrazo apretado que parecía no querer terminar nunca, una necesidad de que las pieles estuvieran en permanente contacto... una noche llena de besos, lujuria, ternura, pasión, un derroche de amor, una locura... una Nochebuena realmente buena.

Rendidos físicamente, a punto de dormirse de madrugada aún apretados el uno contra el otro, Temperance le susurró

- Tenías toda la razón. Yo había practicado el sexo, pero Seeley... te aseguro que eres el primer hombre con el que he hecho el amor.

- Amén, dijo él abrazándola más fuerte y besando su pelo.

Recordaron que Santa Claus debía venir esa noche y antes de rendirse al sueño Booth se colocó su gorro rojo y blanco y sacó los regalos escondidos y los colocó bajo el árbol. Temperance puso también los suyos, que había dejado detrás de la puerta cuando llegó, camuflados en una bolsa. Ambos volvieron a la cama, vencidos de sueño y se durmieron, abrazados, él vestido únicamente con el gorro de Santa, para risa de su compañera.

La mañana de Navidad

Parker se despertó y recordó sus propósitos de espía. El reloj de su mesilla marcaba ya las nueve de la mañana. Ahhhh.... y ya era Navidad. El pensamiento de Santa Claus y los regalos le distrajo de sus ideas conspiradoras, al fin y al acabo era un niño. Fue corriendo hasta el árbol, y vio los paquetes, algunos con su nombre, otros para papá... y un par de ellos para la Dra. Huesos. Je, je, pensó, Santa Claus sabía que iba a dormir aquí... Parker quiso comprobarlo, pero no le hizo falta ir muy lejos, ya que junto a la mesa del salón, un suave montón de tela verde le indicó que nadie se habría ido de la casa sin el vestido que había traído puesto. Así y todo, su curiosidad normal sobre lo que suponían las relaciones de los adultos le impulsó a asomarse por la rendija de la puerta del dormitorio de su padre, sin cerrar del todo para evitar que se quedara nuevamente encajada. Su sonrisa picarona se hizo más ancha al advertir bajo la tenue luz que se filtraba por la ventana a su padre y Temperance, abrazados y desnudos (aunque la sábana les cubría hasta la cintura). Él estaba boca arriba, bien estirados los brazos y las piernas. Ella se acurrucaba contra él, de lado, con la cabeza sobre el pecho de su padre, y la mano sobre su estómago. Como a todos los niños, la curiosidad le podía. El pecho de Temperance llamó su atención. Sólo veía uno, blanco, redondo y grande (o a él se lo pareció), con el pezón rosa pálido. Se quedó fascinado. Vaya... bastante más grandes que las de su madre, pensó. En la almohada estaba el gorro de Santa Claus. De verdad que esto que había pasado era otro regalo de Navidad. Se apartó despacio de la puerta, con una sonrisita de triunfo. En la mesa estaba el teléfono de su padre. Lo tomó y con una sonrisa le envió a Max un mensaje:

MISION OK. LOS 2 XXX Y STAN N LA KMA DSPLOTA2

QPIDO

Max soltó una carcajada tremenda cuando vio aquello en su pantalla y finalmente lo descifró:

Misión cumplida. Los dos se besaron (le costó un poco deducir que XXX es kiss, kiss, kiss) y están en la cama despelotados. Cupido.

¿Despelotados? ¿Dónde ha aprendido él eso? Y firma Cupido... Qué elemento, este Parker, pensó, hay que ver lo que sabe. Parece imposible que este niño no sea de verdad nieto mío...

Fin