Éxodo

La imagen del mundo.

Capitulo I

Sus ópticos se encendieron con pereza. Parpadearon antes de estabilizarse y no mirar mas allá de la gruesa capa de penumbra que le abrazó. Veía el propio fulgor de sus ojos reflejados en su cabina y en el metal opaco de las paredes que sentía, casi le aplastaban.

Pronto reparó que sus piernas estaban flexionadas y sus brazos pendían atados, esclavizados, de dos anchos grilletes entornados en sus muñecas. No tenía sus rifles, el agridulce dolor en sus coyunturas le decía internamente que habían sido retirados con una brutalidad única. Veía alarmas que le deparaban problemas estéticamente externos. Los alerones en sus piernas ahora inservibles eran un burdo decorado achicharrado, sus propulsores se habían destrozado e incluso sus piernas se sentían raras.

Gruñó frustrado, cerniendo su atención en las barras de energon que impedían su libertad. La única y penetrante luz venía de ellas.

-¿Skywarp? –Murmuró, sobresaltándose por el eco que provocó su voz en las paredes- ¿Thundercracker?

Si…

… Tenían que estar ahí, a su lado… No sería justo que únicamente le hubieran tomado a él como prisionero. Porque eso era ¿No? Un maldito prisionero de esas escorias autobots ¡Del estúpido especialista en armas!

Improvisadamente molesto, apoyó su peso en sus pies e intentó incorporarse, estirando las cadenas hacia abajo para usarlas de soporte.

Le turbaba el infinito silencio, le daba pánico indebido enterarse que el único ruido provenía de sus propios movimientos estridentes.

Comenzaba a sentir una claustrofobia insoportable ¿Qué tan profundo estaba por debajo de la tierra?... Primus ¿Qué le harían los autobots?

-¿Screamer? –Su esperanza se renovó al oír perfectamente el susurro inconfundible de Skywarp.

-¿Dónde estás? –Se apresuró en preguntar, inclinándose hacia enfrente a pesar de que sus brazos chocaron con sus alas.

-Cada uno en una celda distinta, Starscream –Atajó Thundercracker seriamente, se escuchó a un lado de su celda- Somos prisioneros autobots –Reprochó.

-¡Eso ya lo sé!

-Y los escuché hablando –Dijo nuevamente el seeker azul, interrumpiendo con su grueso vozarrón los reniegues de su comandante- Saben que Megatron no está en el Némesis…

Skywarp apretó los dedos con ansiedad escuchando a sus compañeros, reconociendo que su rectificador de poder había sido retirado de su cuerpo: No podía teletransportarse.

-Hey –Dijo con liviandad- No hay mucho de que preocuparse de todas maneras… los autobots no tocan a sus prisioneros…

-No podemos estar seguros esta vez, Warp. Estamos hablando de que Megatron tiene a Optimus Prime y los autobots desconocen sus propósitos –Ponderó Thundercracker.

-Y tienen muy pocos medios para averiguar paraderos –Meditó Starscream en voz alta, si hubiera podido se habría llevado una mano a la barbilla- Maldición.

La quietud sucedió al ultimo reproche del seeker plateado. Se sentía espesa, insípida, como el áspero silencio que invadió el cuarto de celdas. No podían verse las caras, pero sabían que cada uno estaba sumido en sus pensamientos, en los temores que llegarían invadiendo la poca cordura que les quedaba. De vez en vez se oía maldecir a Starscream a vocalizador abierto, sacudirse en las cadenas que apresaban sus brazos y después, nuevamente el tenso silencio ahogándolos.

Los autobots no habían localizado aún la nueva ubicación del ejército decepticon en la tierra… Hoy Megatron no regaló pistas, mucho menos incentivos de lo que planeaba hacer con el líder autobot. Estaban en blanco y la desesperación sumergía a la facción de símbolo rojo en un llanto callado de impotencia.

… La única pista viable que les quedaba eran tres seekers. Justo lo que Thundercracker había escuchado decir al furioso especialista en armas, el mismo que les había derribado.

Los tres decepticons prisioneros no guardaban muchas esperanzas después de analizar escuetamente su desventajosa situación. Ellos eran la élite aérea decepticon, el orgullo de la armada mas grande y devastadora que pudo arraigarse a lo largo de confundibles galaxias, sin embargo, no eran 'nada' ni 'nadie' comparados a la devoción y urgencia que los autobot sentían por recuperar a su líder. Y los soldados desesperados podían ser capaces de todo… Romper las reglas de protección a prisioneros sería una posible nimiedad para sus procesadores atascados en odio.

Skywarp se agitó dolorosamente, teniendo también sus brazos estirados sobre sus costados ¿Qué podían hacer? Nunca habían sido apresados, menos con los negros propósitos de servir de fuentes informativas. No dirían nada, él lo sabía. Existía un alto porcentaje de que fueran torturados y obligados a hablar… pero como guerreros entrenados mental y físicamente para ese tipo de adversas situaciones, estaba seguro de que no traicionarían a la causa decepticon. Sólo esperaba que la cobardía o inexperiencia del comandante tuviera la misma fuerza de voluntad y no se fuera de boca en las primeras rondas. Porque Thundercracker, reconocía el seeker oscuro, tampoco diría nada, era el más templado de los tres.

-¿Y bien? –Dijo Skywarp- ¿Les diremos que se fueron de fiesta a la luna? –Rió con ligereza, luego calló lentamente, sus compañeros seguían en silencio.-Estamos muertos.

-Cierra la boca, pila de chatarra oxidada.

-No, Screamer ¡Cierra tú el maldito vocalizador! Es por tu culpa que estamos aquí ¡No debimos regresar! –Contestó el seeker negro en un ademán de pánico, el rechinido de sus cadenas rebotó sonoro en las paredes metálicas- ¿Ahora cómo vamos a salir de aquí? –Sus ópticos brillaron profundos y molestos, Starscream logró ubicarlo por primera vez en la celda de enfrente- Te puedo decir, mi comandante aéreo, que serás el primero en llorar cuando esas escorias autobots entren a este cuarto.

Tortura…

El terror de un seeker nato era ser encarcelado y torturado. No volver a volar.

Las miles de hileras con frágiles sensores nerviosos esparcidos en sus alas les daban desventaja en peleas corporales… y en torturas con lucrosos fines de sacar información. Tan sensibles como perfectas y elegantes.

Starscream iba a abrir la boca para silenciar a su subordinado. Cualquier cosa que le hiciera desahogarse le haría sentir mejor… Un insulto, quizá una severa y sarcástica amenaza.

Cuando fue la puerta lo que se deslizó con un tétrico rechinido y se abrió en un haz mortecino de luz, desgastando las ganas del comandante aéreo por replicar con un ácido comentario. La sombra de un transformer se proyectó en el pasillo central, frente a las filas de celdillas. Los pasos del intruso repiquetearon calmos, con ecos cercanos, taladrantes. Los seekers levantaron sus cabezas y pusieron atención al individuo que se aproximaba emanando suspenso.

La luz y la cercanía revelaron la figura tensa de Bluestreak. En sus brazos llevaba un enorme rifle de asalto.

Se le miraba nervioso. Decidido, pero arraigado en el temor de la inseguridad. El autobot comprendía que sus prisioneros eran criminales de guerra, decepticons que había estado enfrentando por milenios consecutivos y que nunca, ni siquiera en pesadillas grotescas, había pensado en tenerlos a centímetros de sus manos, menos encadenados, heridos… y derrotados.

Ellos siempre estuvieron muy lejos de sentir misericordia cuando pasaron como una raza barbárica destruyendo y destrozando todo a su paso. Quisieron desmoronar el poder del régimen autobot para conseguir su libertad, para establecer un mandato libertino y con creces superlativas a lo largo de la evolución de Cybertron, pero no sólo no lo consiguieron, le arruinaron la vida a todo y a todos. Ahora el planeta muerto seguía siendo peleado, irónicamente, en otros mundos. Bluestreak apretó el arma entre sus dedos, mirando con seria indiferencia al seeker plateado.

Los ópticos de ambos se afrontaron en silencio.

El procesador neuronal de Starscream analizaba fríamente el rostro del transformer enemigo, sustituyendo repentinamente el miedo y la frustración de estar atado y confinado, por una bífida sonrisa maestra. El autobot que tenía frente a su celda era condescendiente, un guerrero peligroso, pero pasivo y cargado con la eterna parsimonia de la facción autobot. Lo había visto en batalla tantas veces que era inútil buscar información suya en su base de datos. Sabía como manejarle.

La sonrisa en sus labios se curveó más.

Pero Primus sabía que sólo talvez hubiera podido hacer algo para manipular a Bluestreak, sólo talvez porque la ruidosa y atropellante cacofonía que se estrelló contra la puerta hizo saltar involuntariamente a los prisioneros, incluso al autobot.

Hizo recordar a Starscream que era él quien estaba atado… y sometido.

Ironhide entró enajenado torciendo la puerta con sus toscas manos, maldiciendo y gritando, pisando fuerte en el dolorido metal del piso. Sus ópticos destilaban odio y furia. Su lenguaje corporal era todo, menos sutil.

-¿Dónde está, malditas escorias voladoras? –Rugió, deteniéndose entre las celdas de Skywarp y Starscream.

Esperó una respuesta invisible. Ninguno de los prisioneros habló.

-Tienen dos clicks para hablar, decepticons –Aseveró, reprimiendo su ira.

Skywarp se sorprendió con una mueca confusa al ver el coraje de su enemigo y comenzó a reír, divertido por la desesperación impresa en el rostro del autobot.

-A estas alturas bien muerto –Dijo burlesco, dibujando una sonrisa lasciva.- como todos ustedes merecen estar, basura autobot.

-Abre la celda –Fue todo lo que contestó Ironhide, pidiendo el rifle a su compañero.- ¡Bluestreak, abre la maldita celda! –Se plantó frente a las rejas de energon

Las órdenes de Prowl se estaban yendo al demonio; no debían tocar a los prisioneros.

… Pero oh, Ironhide reprimió un gruñido cuando las barras de energon desaparecieron, Prowl no estaba en el calabozo. Prowl de hecho, no tenía derecho a decirle qué hacer con los asquerosos seekers que él había capturado. Era verdad que las reglas autobots prohibían la tortura y el maltrato a prisioneros de guerra, pero en esa ocasión enfrentaban un problema muy serio. Sin Optimus Prime en la base, los seekers eran objeto de información valiosa que debía ser exprimida a la mayor brevedad.

El autobot tercero en la cadena de mando entró a la celda al mismo tiempo que su mano sacudió el arma cortando cartucho. Eran municiones de metal expansivo, eran balas que gustoso clavaría en los brazos y alas del prisionero.

Deteniéndose frente al decepticon, no sintió ni un ápice de lástima por la figura maltratada y abollada de Skywarp. El seeker le miraba sonriente, levantando la cabeza apenas. La oscuridad les cubría a ambos, sin las barras luminosas de energon el espeso color negruzco predominaba, sólo sus ópticos alumbraban sus expresiones.

-¿Qué es lo que planean hacer con Optimus? –Inquirió despectivo

-No te esfuerces, autobot, no diré…

El primer golpe cayó de soslayo en la cabeza del seeker.

Desde su celda, Thundercracker escuchó el grito ahogado de su cercano compañero aéreo. Su amigo. Había sonado doloroso y punzante, el eco aún reverberaba en la mente del seeker azul.

-Eso no fue lo que pregunté, escoria –Dijo el autobot, seco había sido su tono de voz.

El soldado mas leal de la armada, recordó Skywarp, intentando estabilizar la borrosidad de su visión, eso era él; el soldado mas leal de la causa decepticon.

-¿A dónde lo llevaron? ¡Habla o juro que te arrancaré las alas, asquerosa pila de chatarra!

Skywarp levantó débilmente la cabeza, enfocando mas allá de la figura imponente de su torturador, un hilillo de energon resbalaba por su sien y nublaba repentinamente la toma de su óptico izquierdo, hubiera sido mas fácil disuadir al autobot Bluestreak, pensó atontado, aquel que espectaba carente de emoción desde la puerta de la celda, sabedor de que sólo tendría que intervenir cuando Ironhide comenzara a sobrepasarse y pudiera matar al prisionero.

Dos minutos pasaron de silencio indebido. Entonces Skywarp sintió el agarre fuerte y brusco de una mano en su ala derecha. Con temor levantó los ojos y tensó los dedos dentro de sus grilletes. La expresión enardecida en Ironhide reverenciaba sus negras intenciones…

El seeker oscuro tragó aceite.

… Y el tirón se dio con violencia, con toda la fuerza que la mano enemiga pudo imprimirle en contra.

El dolorido grito horrísono palpó en las turbadas mentes de sus compañeros aéreos, quienes se mentalizaban arduamente para soportar el mismo maltrato físico que iban a recibir.


Skywarp sonrió desviando la vista del monitor de la computadora personal de Thundercracker, después suspiró aburrido, procesando las noticias que acababa de leer.

-¿Dos horas frente a Soundwave? –Gimió en un quejido.

-Pudo ser peor. –Contestó el seeker azul, sentado en su cama de recarga- Si Megatron hubiera decidido hacer la prueba de resistencia mental por sí mismo entonces si sería un problema. –Tomó un cubo de energon de la mesa anexada a su cama y bebió con tranquilidad.

-Talvez con Screamer haga una excepción.

El seeker azul sonrió al ver la mueca de crueldad en su compañero.

-Quieren saber la confiabilidad de sus elementos –Dijo casual, ofreciéndole un cubo de energon a Skywarp.

El seeker oscuro lo tomó y le dio un largo sorbo.

-Yo Nunca caería en manos autobots. No tengo porque pasar por una tortura innecesaria ¡Menos con Soundwave!

-Es una simulación, Warp…

Aunque estar sentado frente al oficial de comunicaciones más tiempo del que requerían las eternas horas laborales en el salón de mando si sonaba a tortura, a una muy fea, reconoció Thundercracker. Pero no se podía sublevar una orden. Si Soundwave metía ideas extravagantes de razonamiento y causa a Megatron, incluyendo la duda de la lealtad de sus tropas, nada evitaba que las inspecciones e investigaciones iniciaran…

Ambos seekers recordaron la algarabía que desató el comandante aéreo al enterarse de que sería el primero en ser interrogado y puesto mentalmente a prueba. Megatron ese día había tenido paciencia infinita; se limitó a derribar al escandaloso seeker con un golpe limpio en el rostro, ponderando su autoridad sobre la de su sub-comandante. Nadie más atinó a reclamar.

Skywarp se deslizó sobre su silla hasta la mesa ambigua a Thundercracker y tomó otro cubo.

-Nah… Screamer por primera vez tuvo razón, TC: es mas fácil que terminen de hundir el Némesis antes de que seamos tomados prisioneros por esos inútiles. -Volvió a empinar el recipiente y bebió de golpe todo el líquido- Y aún así no se la pondré fácil al lame popas de Soundwave –Sonrió pícaramente, girando repetidamente sobre la silla, con otro cubo de energon en su mano


Pero ¿cómo saber que iba a pasar de verdad?

Su ala colgaba, mas de la mitad estaba desprendida de su espalda y se balanceaba de arriba abajo en un vaivén eterno y doloroso, sus dedos apretaban las cadenas, arañándolas en una única seña de agonía. Lentamente su mente salía de los recuerdos y se enfocaba en la sólida cara de Ironhide. Quiso escupirle varios insultos que ya tenía acumulados en el procesador, pero las ondas vertiginosas de dolor truncaban la potencia de su vocalizador… prefería guardar silencio que orar debilidad en los audios del maldito especialista en armas.

Cuántas veces lo tuvo en frente en los campos de batalla y nunca reparó en eliminarlo. Ahora se recriminaba no haberlo tomando en cuenta… ¡Si tan sólo hubiera sabido!

Y todo era por la estúpida insistencia de los autobots de querer jugar el papel de héroes. No eran salvadores de nada, no llegaban al acuerdo de protectores siquiera… Si en verdad hubieran sido 'algo' de todos aquellos imberbes halagos que se auto dedicaban, habrían dejado que Megatron y sus decepticons se marcharan a Cybertron con la energía recolectada los primeros días de combate en la tierra.

Les habrían dejado marchar…

En vez de eso les retuvieron y alargaron las confrontaciones en el molesto planeta azul, inmiscuyendo también a los seres orgánicos que allí habitaban. Eso no lo haría un protector del bien a terceros.

-Escúchame, parásito volador, y escúchame bien –Skywarp levantó levemente el rostro al oír hablar al autobot. Ironhide lo atajó del cuello con brusquedad- Creo que te diste cuenta que no pienso ser sutil en lo absoluto. Ahórrate el teatro de decepticon valiente y comienza a dar direcciones. De esa manera no te dolerá tanto a ti ni a tus asquerosos amigos.

-… ¿Hablar? –Masculló el seeker, sintiendo el aumento de presión en su cuello- ¿Hablar de qué? ¿De lo débil que golpeas o de lo tierno que te ves enojado, Ironhide? –Dijo entrecortadamente, el apretón en su garganta desfiguraba el sonido de su vocalizador- Escoge tema.


Uno a uno, cada gruñido de furia era respaldado por el golpe seco de un puño golpeando el cuerpo de Skywarp. Starscream escuchó los primeros rebotes, y miró los ópticos de su compañero aéreo cerrarse en agonía antes de dibujar la próxima sonrisa que terminaba de fermentar el odio en el autobot. Varias viborillas de energon caían al suelo goteando desde el rostro del seeker oscuro… pero el comandante aéreo no podía verlo con claridad gracias a la maldita candidez de las barras en su propia celda.

El castigo inducido hasta con la culata del arma que Ironhide traía en sus manos hacía pensar duramente a Starscream el doloroso destino que venía también por él.

Pero si hablaba…

Si hablaba muchas cosas pasarían. Talvez saldría libre, quizá sus compañeros lo odiarían y le recriminarían haber revelado información «lo que verdaderamente le importaba poco»… sin embargo, no existía una sola escena en la que no tuviera el cañón de fusión de su líder en la cabeza.

¡Malditos autobots!

-Asquerosos engranes –Escupió agitándose

Thundercracker escuchó perfectamente el chillido del comandante a su lado, a pesar de ser los golpes que recibía su amigo los que ponderaban con eco en la extensa habitación de celdas, él percibió la exasperación que ya embargaba la insulsa situación que vivían los tres. Skywarp repentinamente había empezado a quejarse.

Las alas del F-15 negro estaban siendo novedosamente transgredidas, el seeker azul estaba seguro de ello.

Primus ¿Cuánto tiempo podrían soportar?

Ahora los autobots eran el reflejo de la violencia y el salvajismo en pleno apogeo. Desesperados, no medirían sus acciones… Desalentados, serían capaces de desmembrar a sus cautivos. Ya no había diferencia que definiera la capacidad de crueldad en las dos facciones enemigas. El índice de maldad se había igualado.

Y lentamente se sentía el desasosiego consumiendo la chispa de la esperanza en las tres mentes martirizadas, incapaces de volar. Quedarían encadenados hasta que los autobots encontraran a su líder, si Megatron no había iniciado sus planes antes de ello…

Los ópticos del seeker azul se desencajaron en la oscuridad al escuchar otro grito de su amigo atravesando los recónditos espacios de las celdas. Skywarp ya no podía reprimir su dolor.

Triste perseverancia era todo lo que tenían para abrazar: Morir con lo poco que les regalara la fuerza de voluntad que la causa de regeneración en Cybertron les había impreso…

… Porque presentían, sabían, que no saldrían de ahí con vida.

Continuará…

"Y también mi corazón esconde porque tendré, a este paso, que comérmelo a tiempo."

...

...


Danta: Frase de -Stan Rice- «Caníbal». Mala noticia, al menos para mí, parece que tengo una especie de mala suerte aunada a mi cuello porque no tengo internet de nuevo. La buena para el fic es que casi está terminado y al menos, eso me relaja. Gracias a ustedes que leen, favoritean y alertan mi fanfic. Nos estamos viendo.

Gracias, Arken, por ser mi lectora de prueba.