Éxodo

Irrevocables.

Capitulo IV.

Tintineantes y lejanos. Como gotitas campaneando difusamente en un eco interminable llegaban los sonidos de las pocas máquinas encendidas en el salón de mando. Había una oscuridad grisácea y friolenta en la zona mas profunda de la habitación, donde los puestos de enlaces comunicativos descansaban apagados y vacíos.

Ninguna anomalía a vísperas de la misión que Megatron consideraba la mas importante de toda la lánguida y turbia existencia del ejército decepticon.

Porque incluso mirarse sentado en su puesto de comando al centro del salón vacío era normal, tan normal como tener a un insulso seeker rondándole en protestas y bañándolo en reproches.

El líder decepticon recargó el codo en el antebrazo de su silla y postró pacientemente el costado de su barbilla sobre sus dedos índice y medio. La rígida luz de unas cuantas lámparas en el techo le iluminó de costado.

-Starscream –Masculló, escupiendo cada sílaba con asco.

-¡Sabes que tengo derecho a ser parte de cada una de tus decisiones, Megatron! –Replicó el seeker. Se detuvo, mirando soberbiamente a su líder-… Quiero saber lo que quieres hacer con Optimus Prime –Serenó, reteniendo otro impulsivo arranque de incontrolable palabrería.

-No me es conveniente que lo sepas.

Starscream apretó los puños, furioso ante la simpleza de la respuesta. Iba a protestar. ¡Debía darse su lugar si su propio líder no se lo daba!

Abrió la boca y levantó una mano reprimidamente.

-Starscream, tonto incompetente –Agregó Megatron con molestia. El seeker se atragantó con sus propias palabras- Me enfurece tu ingenuidad y estupidez, pero mas que seas mi 'segundo' comandante ¡Para qué otra cosa le pediría a Shockwave que prepare secretamente el próximo puente espacial después de que tengamos a Optimus! –Rugió repentinamente enardecido, Starscream no dilucidó la respuesta hasta que tenía el fúrico rostro de su líder a centímetros del propio. Retrocedió- Vamos a agarrar a esa basura de Prime y a terminar con esto ya.

Megatron sonrió con maldad, irguiendo perfectamente los servos de su espalda, su rostro tenía la sonrisa de un lunático extasiado de ideas perversas.

-Lo tomaré con mis manos y arrancaré de su pecho la matriz, Starscream –Auguró siniestramente, mirando fijamente a su segundo oficial, el nerviosismo limitado en el seeker era evidente en la afectiva posición de sus alas, en su gesto improvisadamente inexpresivo- La induciré nuevamente al centro de Cybertron ¡De donde nunca debió salir! para traerlo nuevamente a la vida. Y purgaré inmediatamente toda la maldita basura autobot que aún sigue en mi planeta.

-ja… y ¿cómo harás para que el poder 'supremo' de la "matriz" te obedezca, glorioso líder?

Entrecerrando los ópticos, un fulgor peligroso brilló en las cuencas de Megatron.

-La reprogramaré, bufón…

Así de simple…

Starscream gruñó cruzándose de brazos. E inesperada su actitud, salió discretamente de la sala de mando, caminando pesadamente… desatendiendo la presencia de su líder frente a él.

Megatron se ufanó complacido bajo las mortecinas luces blancas. Cuando la puerta se deslizó detrás de Starscream se acercó a su silla y volvió a sentarse. Esta vez con calma, y con una imperturbable serenidad en su endurecido rostro.


¿Qué tanto tiempo les quedaba?

Nada.

La urgencia parecía reírse de todos.

Haber recibido tres seekers de élite a cambio de su líder era un mísero pago injusto para los autobots. Optimus Prime era un líder justo, un transformer con sabia experiencia y congruentes decisiones, era un comandante apto para apretujarse a si mismo con la presión de cuidar de otros, de cuidar de todos los que él creía conveniente cuidar. Que hubiera caído, les dolía a sus subordinados, pero que hubiera caído ante los pies de Megatron era un antuvión insoportable, imposible de superar.

Tan difícil como aceptar que los tres decepticons que gritaban en el calabozo… No dieran ninguna maldita referencia.

Era inigualable la tensión en la oscuridad del pasillo central. Todas las celdas estaban abiertas, lucían como invitaciones a un infierno efímero y personal. Bluestreak miraba cada entrada desde la puerta, sus ópticos se entrecerraban para alcanzar a distinguir las formas arqueadas de los marcos, las luces apagadas en el techo, y de esa manera, seguir ignorando los golpes que cada vez timbraban mas dolorosos y violentos, incapaces de imaginar que venían por mano de un autobot.

Había sentido un alivio etéreo cuando Ironhide convocó a los gemelos lamborgini. Había estado esperando que el especialista en armas le pidiera ayuda… y personalmente admitía que no habría podido descargar ni un trancazo al piso en forma de advertencia. Él no era violento, mucho menos con quienes ya no daban más para pelear. Sin embargo, tampoco se oponía…

… Los tres prisioneros que batallosamente se aferraban a la vida habían colaborado en la captura de Optimus Prime…

Y alguien debía pagar. Alguien tenía que pagar.

-¡Estoy cansado de esto! –Escuchó el grito traspasando las paredes, rebotando en sus audios.

Sunstreaker caminó con fuerza, murmurando mas protestas entre dientes, pronto su borrosa figura amarilla contorneó el ángulo de la celda que ocupara Starscream. La barra de energía en sus manos se movía turbiamente desdibujando ondas difusas de luz… eran tragadas por la espesa oscuridad.

Su rostro espectral se bañó con esa misma candidez.

-Este cobarde no quiere hablar –Dijo en un gruñido, mirando con recelo las horribles manchas de energon en los dedos de sus manos- Y no es que no me guste mi trabajo… que de hecho me fascina –Divagó- pero no tenemos tiempo, Ironhide –Se detuvo en medio del pasillo.


Y él por fin recibía un descanso…

Milagrosamente había cesado la paliza. Skywarp sintió una alegría interna casi de burla, lo que lo deprimía y atontaba enormemente ¿Se sentía alivianado porque lo habían dejado de golpear? Quizá porque un autobot había dejado de humillarlo, aunque fuera por escasos, casi erráticos segundos.

El temblor en sus brazos incrementó cuando quiso alzar su cabeza. Muchas alarmas, tantas que fueron incontables, trastornaron su visión, sin embargo, esforzó su vapuleada maquinaria interna y encendió los ópticos. Se confundió al recibir negrura a su alrededor. Por un momento su procesador falló y con un falso contacto en su sistema neuronal le hizo creer que a causa de un infortunado corto circuito había perdido la vista…

Suspiró, y se dio cuenta que un torrente pequeño de energon escapó de la comisura de sus labios; Goteó empalagosamente hasta alcanzar un charco en el suelo. Oh, no estaba ciego, después de todo. Sus ópticos pudieron captar borrosamente el grotesco embarradero de energon pegosteando sus rodillas. Y si se daba el esfuerzo de seguir los manchones regados por todos lados llegaría…

Una mueca de desagrado cursó su rostro ensangrentado; las plastas de energon abarcaban las paredes, figurando como salpicaduras lineales, siendo los viles resultados de cada golpe que el autobot le descargaba salvajemente.

¡Ironhide se estaba divirtiendo con él como nunca!

Y no se podría vengar de esa maldita pila de chatarra vieja.

Volvió a apagar sus ópticos y sacudió débilmente la cabeza, quejándose al sentir un agudo pinchazo en su cuello. El maldito autobot le pegaba más por gusto que por querer recopilar información. Si seguían así, moriría muy rápido por inanición y fallas extremas, procesó angustiado, afligido por saber que no tendría el honor de caer en una batalla formal, sino, amordazado y abusado físicamente por aquellos a los que en su eterna burla marcó de idiotas, inservibles y estúpidos.

-Si seguimos de esta manera los mataremos antes de que digan algo.

Skywarp hizo otro esfuerzo extraordinario y abrió los ojos una vez más. Al centro del pasillo pudo distinguir la danza indescriptible de un tubo blancuzco moviéndose de un lado a otro. Por un momento se vio hipnotizado, mirando el redobles de la luz difuminarse con ondas magnéticas y hermosas. Era el único objeto iluminado de todo ese lugar…

Nunca supo que Starscream, desde su celda, veía la misma luz que él, siendo victima de un terrorífico ataque de nervios y suspensiva incertidumbre. Sólo aguardaba el momento en el que Sunstreaker decidiera volver a postrarse frente a él con esa cosa electrificante.

Cada uno sufría a su manera.

-¿Nada? –Embargó el vozarrón inconfundible de Ironhide- Sunstreaker, los traje a ustedes…

-¡Lo sé! Lo sé bien, Ironhide y no tienes que repetirlo. Pero ten en cuenta que si los golpeamos hasta dejarlos muertos no llegaremos a nada. No obtendremos nada. Creí que si, pero… no han dicho una sola palabra. ¡Ni siquiera Starscream!

Sunstreaker apagó la barra de energía y todo volvió a la penumbra.

Skywarp absurdamente se desilusionó.

Era lo último que podría ver antes de morir y se había esfumado…

Primus, que cansado se sentía…

… El mismo pesar dulzón que compartía cuando volaba horas y horas, todo bajo un cielo azul, negro o grisáceo. Siempre estando libre.

No pudo mantener más tiempo su cabeza en alto, su mentón volvió a chocar contra su cabina. Sus ojos se cerraron.

Que diferente debía verse a cuando todo dio inicio, a cuando incordió maliciosamente al autobot. Ahora era un asco.

-Argh. Prowl está esperando información ahora mismo ¡No podemos enviarle nada como resultado! –Rugió Ironhide

Agitó los puños con estrés.

El lamborgini amarillo retrocedió en inconsciencia, juraba que el especialista en armas pronto saldría de control.

-Escucha, a mi tampoco me interesa el bienestar de estas chatarras… pero entiendo que si seguimos así no sacaremos lo que queremos de ellos. Podemos elevar el grado de tortura a niveles inimaginables de dolor, pero perderemos las únicas pistas que nos pueden llevar hasta Optimus. –Dijo con más sutileza de la que él mismo podía creerse.- Sabes que cualquiera preferiría morir antes de sentir esa hostilidad. Al menos la cámara hará todo más rápido, aunque los mate. –Se encogió de hombros.

Sunstreaker también quería seguir jugando con Starscream, pero tenía que marcar las verdaderas prioridades. Ayudarle a Ironhide a enfocar el punto factible sería la solución. El especialista en armas parecía no ver mas allá de la violencia que podían desatar sus propias manos, se presumía desconfiado a cualquier otro método.

Sin embargo, y aunque muy renuente, Ironhide si había comprendido la verdad impresa en el razonamiento de Sunstreaker. El lamborgini no estaba haciendo un mal trabajo, ni siquiera su hermano, quien se escuchaba ahora intentaba sustentar una forzada conversación con Thundercracker «el seeker se mantenía en silencio». Nadie hacía nada mal… Sólo que no contaban con suficiente tiempo para seguir con ese juego macabro.

Por mucha frustración y odio que se desquitara golpeando a los seekers, Optimus no regresaría de esa manera.

¡Y que Megatron no se enterara del mal que le estaban causando a sus soldados! Que aunque se sabía no debían importarle mucho, alguna alevosa ventaja intentaría sacar de ello. Además de la enorme decepción que Optimus sufriría al saber el tipo de métodos que sus autobots empleaban en su ausencia.

Había cosas que hasta el más sabio debía ignorar involuntariamente.

Maldita sea!

El rifle de asalto brincó de las manos de Ironhide y se estrelló ruidosamente en el piso sucediendo su coraje. Lo había arrojado con todo el estrépito posible.

Malditos todos, maldito Sunstreaker… tenía razón. Prowl también tuvo razón.

No dirían nada…

Esos estúpidos decepticons subversivos del orden y el pacifismo…

Destruyeron tanto a su paso… Todo, su vida, su alegría, su pasado. Y ni siquiera ellos habían conseguido algo, sólo agitar el panal y enardecerlos a todos. Alterar el poco neocolonialismo civilizado que quedaba en la sociedad Cybertroniana. No hubo un solo transformer que obtuviera lo que realmente deseara.

Al final todos habían muerto, o estaban por hacerlo.

Lo peor de todo era saber que Megatron se sentía triunfante por haber dejado un planeta seco y casi inhabitable donde antes había reinado una gloria exquisita, al menos de pantalla.

Y es que Ironhide no comprendía que el gladiador prefería mil veces fundirse a si mismo antes de haber seguido soportando las eternas injusticias que cientos de miles de cabezas huecas e hipócritas cernieron en el verdadero gobierno de Cybertron, sobretodo el imberbe senado, esa pequeña y gigantesca etnia de aberrantes robots con carencias inquisitivas que se autonombraban sabios y gobernantes y que a diferencia del trato que Ironhide pudo haber agenciado, Megatron y la mayoría de sus actuales soldados fueron reducidos a basura ambulante. Tachados como estorbos metálicos que no tardarían en caer en las industrias fundidoras para reciclaje.

Por lo tanto ¿qué 'pesar' podría atosigar la mente de un líder que salió del infierno hecho por otros para crear el propio?

Ironhide apretó la mandíbula y miró de reojo la figura deteriorada y rendida del seeker engominado en su propio energon, sus alas estaban a punto de separarse de su cuerpo.

Su mano subió hasta un comunicador en su audio.

No quería escuchar el «te lo dije» por parte de nadie… ¡Nadie! Y si Prowl lo decía juraba que le iba a patear el…

Sólo esperaba que no le dijeran nada de eso, maldita sea.


Caminó por el pasillo. Sus pasos se sucedían uno tras otro, merodeando los estantes plagados de armas de alto calibre. Todas oscuras en su mayoría, con grandes y estremecedores cañones de disparo… ni siquiera la luz amarillenta de las lámparas en el techo les quitaba el lustre opaco y mortecino. Estaban hechas para destrozar, para sesgar completamente la chispa de cualquier enemigo. Adornaban exóticamente las repisas mugrientas y engrasadas de las paredes.

El pasillo más peligroso de toda el Arka.

Y él solamente atinaba a mirar las armas en silencio, sin expresión en su infinita seriedad. Su mano estaba en su audio derecho.

-Entiendo –Fue lo único que respondió- ¿Cómo están los prisioneros?

-Bien jodidos, Prowl ¿Cómo querías que estuvieran? –Gruñó Ironhide- ¡Y aún así los malditos no han dicho nada!

-¿Y ahora que propones, Ironhide? –Sarcasmo, una dosis distinguible de sarcasmo exudó de su voz.

Su rostro se arrugó al escuchar el grito enardecido al otro lado de la línea.

-Creo que es claro que no hay nada que decir, Prowl. Demonios, sólo manda varias unidades para transportarlos a la cámara.

-Iré personalmente –Aseveró Prowl. Obvió el reniegue de su compañero; no le gustaban esas muecas de insubordinación, pero la experiencia y la… 'madurez' de Ironhide le hacían resignarse- No podemos seguir perdiendo mas tiempo en juegos, Ironhide.

Y sencillamente, cerró el canal de comunicación tras su última palabra.

Se acercó a la puerta y la traspasó, retrocediendo su mano hasta el panel de seguridad para apagar las luces antes de que las tablas deslizables de la puerta se volvieran a juntar detrás de su imponente espalda.

En su camino convocó varias señales registrables en su entorno. Todas reducidas a fijarse próximamente en los calabozos del Arca.

Continuará…

"La derrota en la guerra no es el mayor de los males, salvo cuando la inflinge un enemigo indigno."


Danta: Frase de –Esquines-. Hoy… bueno, me había sentido renuente en este episodio, el día que lo hice no parecía estar muy motivada, ahora me doy cuenta. Sin embargo, lo hecho, hecho está. Me lo han estado pidiendo casi a gritos, así que, supongo; no habrá sido tan mala idea subirlo sin antes pedirle a mi querida lectora Arken que lo leyera de anticipo. Igual se le agradece, se le agradece a todos por leer. Nos estamos viendo.

Y si, tomé especial referencia de los comics de IDW y el 'reinado de Starcream' (si mal no recuerdo) para algunas ideas.