Éxodo

Vidrio blanco.

Capitulo V.

No había quedado de ellos ni la fuerza necesaria para refutar al toque de sus enemigos.

Sólo un cansancio enorme. Unas ganas tentadoras de tirarse donde fuera y recargar… quizá, sin volver a reactivarse. Ya daba igual.

Thundercracker fue el primero en ser neutralizado, desamarrado de los grilletes e irónicamente, esposado. A empujones un maldito enano autobot lo había hecho salir de la celda, no importaba si trastabillaba por la resquebrajadura en su ala, o el estremecedor desbalance visual que tenía por los contados y bien dados golpes de Sideswipe, incluso por su precipitado aterrizaje en la base militar humana, sólo deseaban tenerlo a su disposición y como ellos quisieran: especialmente humillado y notoriamente derrotado.

Clifjumper lo obligó a detenerse en medio del pasillo, apretujándolo fuertemente del brazo.

Y por primera vez en su corta estancia, pensó Thundercracker, podía mirar dentro de ese miserable calabozo. La luz estaba prendida. Bajo la supervisión y el atosigamiento de más de diez autobots armados hasta las plaquetas faciales, se dio cuenta con falsa desilusión la pequeñez de habitación en la que había estado recluido. No eran más de seis celdas… pero en la oscuridad todo se había visto enorme.

Sus compañeros estaban siendo esposados.

Dos autobots tenían sujeto a Skywarp de los hombros. El seeker oscuro no se movía, sólo balanceaba su cabeza débilmente y miraba asqueado las manos que le tenían preso. No opuso resistencia. Nada. Después, cuando también fue esposado, lo obligaron a incorporarse y fue empujado de golpe hasta la salida. Skywarp se meció peligrosamente en el aire, sus piernas y su equilibrio no conjugaban. Wheeljack tuvo que atajarlo en el aire antes de que cayera al suelo, afortunadamente el autobot aún tenía un ápice de benevolencia hacia ellos.

Thundercracker miró con aprehensión la deplorable escena…

… mientras su amigo era ayudado a caminar por el científico autobot.

Ahora eran tan dóciles que costaba un esfuerzo enorme creerlo. Y ya no sabían si su silencio era realmente por la causa decepticon o por puro orgullo y renuencia. Esa pequeñita molestia generada por el aferro a no 'perder' y no doblar las manos.

Un gruñido agudo y taladrante instó al seeker azul a desviar su cabeza a la otra celda.

Finalmente, entre jaloneos y empujones, Starscream salió en condiciones un poco más saludables. Tenía quemaduras que ennegrecían su plateada armadura, especialmente en sus uniones y coyunturas, pero -aunque sus piernas temblasen- no tambaleaba al caminar, dicha que sus compañeros aéreos consideraban un privilegio. Era un maldito afortunado por ser el único que podría caminar sin renguear. Sin embargo, gracias a ello, Inferno y Ironhide fueron los que inmediatamente flanquearon los costados del comandante aéreo, tomándolo cada uno de un brazo.

Prowl se paró frente a los tres prisioneros.

-Je… ¿Ya… ya se les acabaron las ideas, autotontos…? –Se mofó Skywarp, inclinando la cabeza hacia atrás.

El grueso hilillo de energon seco quedó visible en los tubos y cables de su cuello. Su voz sonaba adolorida. Y a pesar de todo, cuando bajó la cabeza, lo hizo con una triunfante sonrisa pintada en su rostro, como todas las veces que se burlaba de ellos y les reía en su cara todos los insultos que su procesador le trajera espontáneamente.

Esa era su sonrisa. La sonrisa más burlona y maniaca que tenía… el mismo gesto expresivo que pronto sería silenciado.

-¿O ya… se dieron por vencidos?.

Cuántos de ellos hubieran querido responderle al decepticon con un golpe, en especial por verlo burlarse de esa manera ¡Esa sonrisa era un insulto!

Pero Prowl lo ignoró, el pobre seeker ya no era sinónimo de molestia constante. El lugarteniente sabía que no era apropiado sentir lástima por otro guerrero, sin importar géneros, condiciones o costumbres, pero era inevitable no hacerlo en ese momento. Los tres prisioneros eran un manojo de metal dañado y estaban a punto de ser interrogados de verdad.

Todo porque no quisieron cooperar.

-Si lo dicen, todo terminará en este mismo instante –Interpeló el subcomandante autobot- Sólo respondan con la verdad y serán enviados al centro de reparación

Los tres siguieron en exasperante silencio, y coordinadamente, sonrieron petulantes.

-¿Dónde está Megatron? ¿Dónde tiene a Optimus Prime? –Insistió Prowl.

Ironhide bufó jaloneando el brazo derecho de Starscream.

-¡Hey! Estúpido pedazo de chatarra ¡Suéltame! –Demandó la voz estridente del seeker.

Pero la molestia de Ironhide ante la necesidad que tenía Prowl por seguir cuestionando su juicio le embargó, e ignoró el reclamo.

-¡Está claro que estas basuras no hablarán, Prowl! –Rugió el especialista- ¡No pierdas más tiempo y mete sus traseros metálicos en la maldita cámara ahora!

Prowl no respondió directamente, pero la severidad en su mirada destilaba toda la autoridad que Ironhide necesitaba para ayudarse a comprender su lugar y quienes eran «muy a su pesar» las cabezas superiores. No dijo nada más.

-Autobots –Dijo Prowl, recobrando postura. Todos pusieron sus armas en guardia- Escoltaremos a los prisioneros a la planta C.

La planta mas baja del Arka.

-Traeremos de regreso a Prime.


Rejas de malla en las deterioradas paredes, con orificios tan simétricos que la vista a los curiosos cuartos de vidrio oscuro no era imposible.

Un pequeño corredor y una puerta de vidrio al final. Muy gris se miraba el cristal en la oscuridad.

Quizá la sección más olvidada del Arca. La zona que no había sido pisada en más de nueve millones de años, ni siquiera para una ardua tarea de limpieza.

Los autobots digitaron el código y entraron en silencio, conduciendo a los tres prisioneros en medio de su organizada formación. Que espesura había en el escaso oxigeno. Rondaba una presión etérea que aplastaba sus cuerpos contra el suelo… Sobretodo al pensar en la clase de ideas, costumbres y pensamientos que murieron en esa abandonada sección.

Se exhalaba muerte por todos lados.

Los vitrales negros de las paredes, tras las rejas enredadas, reflejaban con etéreos bailes de puntillos flotantes los ópticos de cada robot, también las luces de sus armas y algunas otras partes poco importantes de sus cuerpos. Pero si entornaban bien su visión en los espejos oscuros, detectarían débilmente un destello rojizo de seis luces moviéndose con pereza en medio de todos aquellos que eran azules, con todo el peso que el mundo pudiera atarles a los pies.

Era la oscuridad la que aparcaba alrededor de todos nuevamente, con su negrura oxidada, amarillenta en los recovecos poco visibles. Se sentía entrañable y supersticiosamente atemorizante. Turbaba mas en los recuerdos de los propios autobots que en las erráticas esperanzas de los seekers atrapados. Porque si ya habían caído tan hondo para ser destrozados en las manos de sus enemigos… no había nada que pudieran seguir añorando. Simplemente nada.

Los pasos fueron apaciguándose cuando el escuadrón de vigías estuvo totalmente dentro. Repentinamente, todos se detuvieron.

Quietos unos segundos.

Un murmullo bajo entre vocalizadores rumorosos se escuchó vago y lejano al frente.

Y los pasos de alguien sonaron horrísonos, después de tanto pensar y alargar la intrigante tortura de los prisioneros, un autobot que se había adelantado y se acercó a la puerta que finalizaba el corredor. Wheeljack descubrió el panel de control descompuesto, tragado y casi vaporizado por el oxido que se atacó el acero aprovechando el desuso.

No habían preparado antes la cámara, porque no creyeron que tendrían que llegar a ahondar tanto en un interrogatorio. Ahora, ni siquiera sabían si todavía servía.

Wheeljack clavó sus dedos en la barra inclinada que manualmente cerraba la puerta y tiró con fuerza.

-Déjame ayudarte –Escuchó decir a Ratchet. Se recorrió en silencio.

La fuerza de ambos era suficiente. Lograron abrirla.

La puerta suspiró herméticamente y se deslizó contra ellos.

-¿Quién crees que vaya primero, TC? –Apenas audible, el susurro de Skywarp chocó en los audios de Thundercracker.

El seeker azul despegó forzosamente sus ópticos de los autobots en movimiento y su mirada se posó en su compañero. Skywarp seguía sonriendo, desafiante y retador. Su cabeza estaba inclinada para escuchar la posible respuesta del seeker que por millones de vorns fue su amigo.

Su mejor amigo.

Thundercracker sonrió también.

-Eso no lo sé, Warp –Respondió normalmente- Sólo sé que si llegamos hasta este punto, a pesar de todo lo que quieran amedrentarnos, ya ganamos.

Un tronido seco depuró de la habitación ultrajada y varias máquinas titilaron y comenzaron un funcionamiento cansino. La mitad del corredor se iluminó con la luz que exudó del interior de la cámara; la candidez modelaba blanca, pura… mortal.

El vidrio de la puerta se pintó blanquecino y proyectó fantasiosa pedrería de arcoiris en las paredes, parecían diamantes incrustados en el brumoso y viejo metal.

Skywarp asintió.

-Hey –Optimizó de nuevo, haciéndose escuchar por sobre el rumoroso sonidito de las máquinas. Se dio cuenta de que Starscream le miraba de reojo, también le prestaba atención- No digan que no fuimos el mejor equipo de combate aéreo de todo Cybertron. Nadie puede negarlo. No fue un gusto muy placentero pelear al lado de Screamer, pero ya qué…

Comenzó a reír, sin importar el disgusto que causaba en los autobots. A esas alturas, y con oculta sorpresa, notó que Starscream también había sonreído, de una manera altanera y fugaz, pero lo había hecho.

El seeker oscuro suspiró, apaciguando sus débiles carcajadas hasta convertirlas en un vago susurro.

Se sentía ansioso y por milagro de Primus no estaba inconsciente. El dolor de sus alas le zumbaba en la cabeza, el de su cuerpo, sus brazos, el de su cabina destartalada… discretamente le hacía apretar los dedos contra las amarras de sus esposas y ocultar los gestos de martirio que querían invadir su rostro.

Sin embargo, no le daría a los autobots la empatía de verlo sufriendo incluso en sus últimos momentos de vida. Estaba hecho un desastre, no podía caminar por su cuenta y había algunas partes de su cuerpo que le exigían, le imploraban, que dejara de moverse, pero eso sólo lo haría hasta que estuviera muerto.

¡Y los autobots se iban a joder porque aunque lo mandaran al mismo infierno, de él, seguirían sin sacar nada!

Un empujón lo adelantó de sus compañeros. Esta vez no hubo condescendencia que lo ayudara a mantenerse en pie e inevitablemente cayó de rodillas. Pocos vocalizadores autobots dejaron escapar su estrés al tiempo que iniciaron a reír. Sunstreaker había sido el autor de la agresión, tenía una socarrona sonrisa en su rostro y estaba de pie detrás del seeker caído.

El coraje aumentó en los circuitos de los cautivos.

Thundercracker quiso moverse, liberarse del atosigante agarre de clifjumper y asaltar sorpresivamente al Lamborgini, Starscream parecía compartir su renovada convicción. Desafortunadamente…

-Está lista –Atenazó la voz de Wheeljack. El autobot asomó discretamente la cabeza por el marco de la puerta.

Prowl asintió y giró en silencio hacia sus soldados, mirando directamente la escena que presentaba Sunstreaker. Sacudió la cabeza decepcionado. No se podía controlar el temperamento de todos los soldados, eso era un hecho, pero tampoco se podía permitir que actuaran igual a bestias salvajes aprovechando cualquier mísero segundo para golpear y aclamar sangre.

Así no eran ellos. Así no era Optimus Prime.

-Sunstr…

-Él debería ir primero, Prowl –Interrumpió el Lamborgini, incorporando violentamente al seeker, jalándolo de las alas cuando lo puso de pie.

Skywarp apenas pudo tragarse un quejido.

-Hablaré mas tarde contigo, Sunstreaker –Respondió el lugarteniente con un tono áspero. Extendió una mano- Hagan entrar al prisionero.

Y una algarabía consecuente se desató…

Tuvieron que hincar en ese momento a los dos decepticons restantes y presionarlos de los hombros contra el piso, porque Thundercracker no había reaccionado lento y sus intenciones de sublevarse contra las manos que le apresaban no pasaron por alto.

Skywarp ni siquiera se hizo consciente de que era novedosamente conducido a una muerte segura. El agarre en sus alas le había dejado aturdido y mas atontado de lo que le hubiera gustado reconocer. Se movía por inercia, con zumbidos y punzadas dentro de su cabeza… deseando que terminara pronto de procesar tanta dolencia.

Primus ¿Cuándo volvería a volar?

¿…Cuándo?

-¡… Skywarp! ¡Sky…!

Los gritos y gruñidos de Thundercracker no llegaron ecualizados a sus audios. Escuchaba las maldiciones de Starscream como un pitido agudo y lejano.

Seguía sintiéndose cansado, muy pesado.

Traspasó la puerta de vidrio blanco siendo arrastrado por Sunstreaker y Sideswipe, la miró cerrarse herméticamente, y todo se ralentizó…

Le amarraron en una silla. Apenas lo notó. Una silla en medio de una habitación redonda y blanca, o gris por el deterioro. Ya no importaba. Sólo tendría que ser fuerte y guardar como un maldito tesoro su información hasta el final.

Él había ganado, y ese lujo no se lo quitaría ninguna escoria autobot

… Apagó los ópticos, incapaces de estar más tiempo activos… y dejó caer la cabeza al frente.

Finalmente todo terminaría… Su cansancio iba a desaparecer. Era conciente del futuro daño que estaba por recibir, pero sabía que no duraría mucho. Su cuerpo no estaba en las condiciones necesarias para soportarlo. Sólo tendría que mantenerse callado, verbal y mentalmente.

En silencio.


Cuándo fue que los prisioneros habían dejado de moverse para aceptar su destino, no lo sabían. Los autobots estaban eufóricos y los seguían presionando de los hombros para mantenerlos arrodillados, con muchas armas apuntándoles en la cabeza.

Thundercracker ya no se movía, permanecía en un silencio mortal, mirando fijamente, entre la inmensa oscuridad, el gris opaco que ponderaba en la puerta de vidrio. El regurgitar de las máquinas continuaba encendido, subiendo y bajando su ronroneo en oleadas que por momentos ensordecían a todos. Era como escuchar el grotesco atragantamiento de un gigante… un monstruo que estaba asesinando a su amigo.

A su cabeza aún llegaban los gritos de Skywarp sufridos en las celdas, revueltos en una nauseabunda distorsión provocada por los que ahí mismo, en ese maldito pasillo, volvía a escuchar. Le recordaban fugaz e irónicamente a los lamentos que innumerables veces escuchó en las secciones de tortura del Némesis. Cientos de autobots fueron sesgados y despachados sin remordimiento al otro mundo frente a sus ópticos, y a él no le importó ni un poco quizá como en un pasado mas lejano si lo hubiera hecho.

Siempre existiría, después de todo, la misma excusa de consuelo que todos usaban de escudo: Guerra era guerra.

Y ahora el belicismo lo aclamaba a él. De la manera que fuese, la tregua que había hecho con el destino venía finalmente por él. Porque ya había reclamado la vida de Skywarp y cuando él sucediese el lugar de su amigo, sabía que Starscream sería el próximo.

No habían hablado porque, aunque iban a morir por su silencio, preferían que la confidencia continuara en secreto… Los habían golpeado, humillado y trastornado lo suficiente para notarse degradados a desperdicio metálico, lo que era razón suficiente para castigar a sus opresores con el doloroso y fatal crimen del silencio. Talvez si los autobots hubieran actuado con menos impulso…

-Está muerto…

Las palabras punzaron en la mente de Thundercracker, abofeteándolo con crudeza al exterior de sus divagues. No notó el mismo desconcierto que azoró en Starscream.

-Su cuerpo no venía en condiciones de soportar el trato de la cámara…

-Si, si, si, ya lo sabemos –Dijo Ironhide, interrumpiendo al científico autobot. Estaba detrás del arrodillado Starscream.- Párate, escoria.

Jaló al seeker hacia arriba y lo puso de pie, el preso se quejó alterado.

-Mete al siguiente, pronto.

Inferno ayudó a Clifjumper, ambos incorporaron a Thundercracker. El semblante del seeker permanecía reacio, endurecido por los golpes que había recibido en el rostro. Todos quedaron en silencio cuando tuvieron a los dos prisioneros de pie.

Wheeljack había pedido tiempo para limpiar la cámara.

La limpia consistió en desamarrar la estructura inerte de Skywarp y sacarlo lo mas aprisa posible de la habitación… Y los gemelos lamborgini lo habían arrojado a un lado de la puerta.

… Lo habían dejado caer y azotar.

-Está listo –Se escuchó nuevamente a Wheeljack.

Que fríos eran todos y que impotencia era la de ser prisioneros…

Prowl dirigió una zafia mirada a sus autobots y ordenó silenciosamente el avance del próximo cautivo.

Inferno se adelantó al «poco común» impulso de Ironhide y al sucio dialecto de Clifjumper.

-Camina –Le murmuró neutral al seeker azul.

Tantas veces, que ya no podía recordarlas con exactitud, había presenciado también la simpleza de una ejecución sucesora de una tortura sin resultado. Thundercracker caminó, sin decir absolutamente nada. Tenía que demostrarse a si mismo que no sentía miedo a la muerte, que de la misma manera en la que había derrotado el miedo al dolor, podría soportar el ultimo arrebato de violencia autobot.

Mientras avanzaba, miró por última vez el cuerpo lánguido del seeker que en vida, fue casi su hermano. Ahora estaba amontonado en el suelo, listo para ser parte de los desechos…

Así como él mismo estaría en un par de minutos.

… La puerta de vidrio blanco se abrió y las luces se encendieron, brillando como soles a ojos de Thundercracker. El seeker pasó el umbral, y la misma enorme silla que ató a su compañero le aguardaba… Dentro, pese a la blancura de las paredes, todo parecía oxidado y sucio.

Le condujeron al asiento. Ahí también lo encadenaron.

Thundercracker nunca perdió su temple.

Continuará…

"El corazón deja de latir segundos antes de saberse muerto, la memoria sólo aprovecha el estupor de la partida"


Danta: Nada y todo, al mismo tiempo, tiene justificación en un suceso bélico. Pero así son las cosas todos los días. Espero, como ya dije anteriormente, seguir haciendo un trabajo decente con este fic. Gracias a todos por sus reviews ¡Me encanta leerlos! Y gracias también por leer mi fanfic =)

¡Arken! ¿Qué haría sin ti? Gracias por ser mi lectora de prueba.