Título – Ghost love score

Disclaimer – Beyblade y Anastasia son de sus respectivos autores.

Advertencia – Yaoi

Una vez más me debo de disculpar con ustedes mis queridos lectores por el retraso y la falta de cumplimiento de mis promesas, pero es que me acabo de dar cuenta que nada, ABSOLUTAMENTE NADA me sale como planeo, espero o quiero… La semana antepasada me enfermé y no podía ni levantarme de la cama y la pasada comenzó el nuevo ciclo escolar, así que no tuve ni un momento para sentarme a escribir como se debe. Aunque estos contratiempos trajeron algo bueno: tengo más inspiración de costumbre y pude leer, ver y escuchar cosas muy interesantes… En fin, creo que ya fue suficiente de mí, así que pasaremos al fanfic.

Por primera ocasión usaré una canción no japonesa. La cual es Once Upon a December y su intérprete, Deana Carter; de la película de Anastasia.

Agradezco sobremanera a: Raf-kun, Takaita Hiwatari, Juan Castro, Lilifairy, Valery Hiwatakinomiya y PPBKAI, por haberme dejado un review. Gracias por leer.

.-"-. Once upon a time .-"-.


En el capítulo pasado.

-Son cosas de colegialas- objetó el bicolor. Suspiró viendo el horrible chichón en la frente del ojiazul, tras lo cual procedió a presionar el empaque contra éste.

-¿Me estás diciendo colegiala?- fue la réplica del moreno. Kai rió por lo bajo.

-No, como crees- el sarcasmo no se hizo esperar. Ambos chicos se quedaron viendo fijamente, sus mejillas adquirieron un leve color rojizo. Al poco tiempo se hizo presente un incómodo silencio.

-¿Cómo es Rusia?-preguntó Tyson desviando la mirada hacia la ventana abierta que él había abierto.

-Muy fría… oscura- contestó Kai también mirando hacia fuera... hacia la nada. Rusia. Necesitaban hablar. Aunque tal vez sería en otro momento…


Dancing bears

(Osos danzantes)

Miras hacia fuera de la ventana. El blanco inmaculado del frío manto que cubre las calles de la ciudad, te hace desear volver al cálido lugar en el que has pasado tanto tiempo. Un sol pálido alumbra a media luz las antiguas y hermosas estructuras de tu alrededor.

Regresas. Regresas a la casa que te vio nacer, aquella que tanto detestas. La mansión más grande de toda la ciudad, perteneciente a tu familia… o a lo que queda de ella. El movimiento oscilante del vehículo en el que viajas provoca un sentimiento de arrullo. Tu mirada serena se enfoca en la vivienda. La inmensa estructura te observa fijamente con sus ventanas mudas. Las figuras talladas en las piedras te dan la bienvenida. No hay duda estás de vuelta.

Painted wings

(Alas pintadas)

Faltan unos metros para la inevitable parada. Desvías tus ojos hacia un punto fijo en la nada. Odias ese lugar, y a aquél que lo habita. Sin embargo viniste, partiste en cuanto la noticia llegó a tus manos. La noticia del inminente fallecimiento de la única familia que te queda.

"Ojala se muera pronto", piensas al tiempo que oyes el relincho emitido por los imponentes rocines que tiran tu carruaje. Se han detenido. Con tu mano desnuda acaricias el satén de las diminutas cortinas que adornan las ventanas de éste, recorres el delicado terciopelo que recubre los cómodos asientos. Lujo, ostentación, esplendor… tu vida está rodeada de eso. A donde voltees vas a encontrar magnificencia en su grado máximo.

"Ojala se muera", las palabras vuelven a tu mente, así como las suyas "Yo te cuidé, yo te crié, me debes todo lo que eres a mí". La puerta del carro se abre de improvisto mostrando al otro lado a un hombre de mediana edad vestido elegantemente con un traje negro.

Things I almost remember

(Cosas que apenas recuerdo)

-Bienvenido, joven Hiwatari- jamás el ruso te había parecido un idioma tan ajeno.

No le prestas mucha atención al hombre, es la imponente puerta de roble la que atrae tu vista. Podrá ser tu casa, pero nunca fue ni será tu hogar.

-Espero que le haya ido excelente en sus viajes, joven- agrega el mayor al sentirse ignorado.

-Sí- contestas con pesadumbre notando como tu interlocutor permanece haciendo una reverencia. Eres una persona importante, odias serlo.– ¿Cómo se encuentra mi abuelo?- preguntas por educación.

-Ha mejorado desde que le enviamos la carta, joven Hiwatari, empero su estado continúa delicado- contesta con fingida humildad, enderezándose.

And a song someone sings

(Y una canción que alguien canta)

Sonríes con disimulo al darte cuenta de las falsas palabras de quien te sirve. Te da lástima tu pobre abuelo, nadie lo ha querido jamás, no sabe lo que es la confianza, ni la felicidad, ni mucho menos el amor. Toda la gente que lo rodea le miente y engaña. Es verdaderamente triste. "No quiero ser como él", es lo que siempre piensas cuando lo recuerdas.

-Me estoy congelando. Pide que preparen el baño- dices de manera arrogante mientras bajas del coche ayudado por el hombre. –Boris.

-Sí, señor- responde el aludido.

-Dile a mi abuelo que estoy indispuesto y que lo veré hasta mañana en la noche- ordenas con molestia.

-¡Pero joven! El señor Voltaire pidió entrevistarse con usted en cuanto llegara…

-Dije que no lo haré hasta mañana en la noche, quedó claro- no admites que nadie rete tu autoridad.

-Sí, señor.

Once upon a December

(Una vez en diciembre)

Le das la espalda a Boris, no sin oír como te maldecía por lo bajo. Pronto tu abuelo moriría y entonces tú serías el único dueño de toda fortuna de los Lawliet. No había forma de que se salvara, la tuberculosis lo había destrozado.

A la entrada de tu fastuosa mansión se hallada un espejo que cubría por completo la enorme pared. Caminas hacia él haciendo caso omiso a las frases de bienvenida pronunciadas por tus sirvientes. Te contemplas maravillado. Eres el joven más hermoso de toda Rusia; de todo el mundo, quizá. Tus ojos son unas gemas carmesíes, tu piel nívea tan suave y aterciopelada, tu cabello bicolor sedoso y brillante… Sonríes fascinado. El joven reflejado en el cristal pulido te devuelve el gesto.

Has pasado demasiado tiempo fuera de ese lugar. Te trae malos recuerdos… recuerdos de un pasado distante y doloroso. Prefieres viajar, conocer lugares nuevos, países lejanos, mundos desconocidos. A pesar de tu corta edad ya has recorrido gran parte de los grandes centros urbanos. Adoraste Nueva España, te embelesaste en China, pero preferiste el Imperio del Sol Naciente. "Cuando se muera el viejo, me iré a vivir ahí", piensas. Una ráfaga de viento frío roza tu mano. Aunque te duela admitirlo extrañabas el aire decembrino de Rusia.


Someone holds me safe and warm

(Alguien me sostiene seguro y cálido)

Sostienes en tus manos un diminuto relicario de marfil tallado. La figura que representa te trae nostalgia. Nunca lo conociste. Eras muy pequeño cuando murió… cuando fue asesinado. Con tu dedo índice repasas cada detalle de la miniatura: el cabello cuidadosamente peinado, la nariz afilada, los ojos rasgados, los labios finos. ¿Por qué? ¿Por qué tu abuelo jamás pudo entender el amor de personas que eran diferentes?

Ese relicario es la única prueba de la existencia del hombre que te dio la vida. Levantas la mirada y admiras un precioso retrato de una mujer joven de cabello azul oscuro y orbes granas. La tez blanca resalta por el vestido negro que porta orgullosa. Un abanico es sostenido graciosamente con la mano izquierda, mientras la derecha reposa sobre su regazo. Las divinas joyas con las que atavía su esbelta imagen son señal del poder que a su familia pertenece.

Fue ella en uno de sus viajes por el mundo quien se enamoró del humilde, pero apuesto joven oriental. Podría decirse que fue amor a primera vista… En su tiempo fueron dos flores exóticas en mundos distintos. Pero su amor era un imposible. El intolerante padre de la preciosa mujer trató de evitar la unión a toda costa, mas al final, no tuvo otra opción que cumplir los caprichos de su hija.

Vivieron felices durante algún tiempo, su enlace fue bendecido por un sano y tierno bebé. Fuiste amado, deseado, fuiste el mejor regalo para ellos, tus padres. Sin embargo, la gloria del hogar casi no duró, al poco tiempo el hombre murió en un misterioso y trágico accidente, y tres años más tarde la mujer caía víctima de tuberculosis.

Horses prance trough a silver storm

(Caballos que se ostentan a través de una tormenta plateada)

Sientes que las lágrimas que amenazan con brotar. "Tú no debes llorar, Kai. Eres un Lawliet." Las palabras de tu abuelo rondan tu cabeza. Fuiste educado para ser un digno heredero de la familia Lawliet. Tú no quieres ser un Lawliet… Tú no eres un Lawliet, eres un Hiwatari… como él. Eres Kai Hiwatari, hijo de Susumu Hiwatari.

Aprietas los puños y tensas la mandíbula, él era tu padre y Voltaire jamás podrá arrebatarte el hecho de llevar su sangre en tus venas. Pronto… En un par de días más serás libre de ir y venir a donde te plazca. Sólo debes ser paciente.

Depositas el dije sobre la seda roja de tus sábanas, para contemplar mejor la pintura que cuelga de la pared encima de tu puerta. Justo frente a tu cama. A través de tu ventana abierta se cuelan unos copitos de nieve, aun así tu habitación se mantiene tibia. Extrañabas el gélido ambiente de tu país natal, no obstante, siempre intentaste huir de la eterna penumbra que te rodea a cada instante. No te gusta la oscuridad. No le temes, simplemente te desagrada… La oscuridad es una eterna evocación de la inevitable muerte que todos sufriremos algún día.

Figures dancing gracefully

(Figuras bailando elegantemente)

La próxima semana es tu cumpleaños número dieciocho. Tu abuelo organizará un baile con toda la pompa posible. Detestas las reuniones sociales rebosantes de hipocresía y falsedad. "Debes de asistir. Va a ser hecha en tu honor," te recuerdas constantemente. Tu abuelo quiere buscarte una esposa perfecta para ti y qué mejor que hacerlo en una fiesta espléndida a la que asistan las damas más finas de la realeza.

Te preguntas si no es posible que se muriera antes de la fecha programada, para que, de esta manera, tuvieras una excusa válida para no presentarte. El luto… un pretexto inútil. Voltaire te había dejado muy claro que aunque él falleciera, la celebración se realizaría sin falta. Y para asegurarse de ello se encontraba Boris, tu viejo y amargado tutor.

-Mamá, no sabes cuanto te extraño- le dices al retrato como si pudiera oírte, y talvez lo hace porque pareció reír.

Across my memory

(Atravesando mi memoria)

Cierras los ojos intentando captar algún detalle sobre ella. Lo que viene a tu mente son oleadas de calidez y dulzura. Tenías seis años. Ella yacía sobre la cama deshecha sufriendo los últimos estragos de su enfermedad. Voltaire no podía evitar recriminarla de vez en cuando por haber ido a Asia, él creía que se había contagiado en China o en India. Paradójicamente él también sucumbiría ante aquel asesino silencioso sin haber pisado nunca fuera de su majestuoso palacio.

De tu progenitor no recuerdas nada, tu vida anterior a los seis años ha sido borrada de tu memoria. No sabes nada de cómo eran tus padres, no conoces la amistad, ni el amor… sólo la soledad y la tristeza. Tienes una meta fija: vivir en Japón. Te irás a la menor oportunidad que tengas.

También tienes un sueño: confías en que un día encontrarás a la persona indicada, aquella de quien te enamorarás al instante, aquella quien te amará no importa lo que pase. Aquella quien sería capaz de todo con tal de estar a tu lado…


Faraway, long ago

(Lejos fue, tiempo atrás)

Es una gélida noche invernal, no hay luna en el firmamento y una tormenta estremecedora choca contra los vidrios decorados del enorme salón de baile de tu casa, donde se celebra una espléndida fiesta. Han acudido miembros de importantes familias europeas.

Cientos de refinadas damiselas surcan la habitación con ágiles movimientos y exagerados ademanes. Los orgullosos padres asienten con la cabeza a cada acto que sus vástagos hacen, no importa que sean varones o féminas, tratan de que sean notados por el gran señor de la casa. Ya nadie se acuerda de tu achacoso abuelo, tú eres el centro de atención de los presentes.

Debes de elegir a una de ellas esta noche, por lo menos dar una falsa promesa a una familia. Es tu obligación… Miras las danzas de los invitados, ves como la orquesta toca sus instrumentos, nada es lo suficientemente bello como para cautivarte.

Glowing dim as an ember

(Brillando tenue como las cenizas)

Te levantas de la silla en donde has estado plantado por horas y te diriges a una salida. Boris, quien está sentado a tu lado, te detiene del brazo. Lo miras con fastidio.

-Joven Hiwatari, no debe marcharse aún- indica con molestia.- Falta a que conozca a unas doncellas que han venido desde Paris.

-Necesito ir a tomar un poco de aire. Me estoy sintiendo mal- le respondes.- Volveré en un rato.

-Sí, claro- gruñe.- Ahora resulta que no soporta estar encerrado. Ja, Hiwatari… qué ridículo apellido- murmura por lo bajo.

-Ridículo- susurras. Lo has hecho enojar de nuevo. Sabes que odia tu apellido japonés, al igual que Voltaire. Te permites sonreír. Ahora están bajo tus órdenes y deben obedecerlas.

Caminas con paso seguro hacia una pequeña sala de estar. Queda relativamente cerca del salón de baile. Giras la perilla con cuidado tratando de no hacer mucho ruido. No quieres que Boris sepa donde estás. Te sorprende el hecho de que la chimenea de mármol negro esté encendida, pero más aun te impresiona el guapo joven que está sentado en tu sillón de terciopelo rojo favorito.

Things my heart

(Cosas que mi corazón)

Parece un niño, tiene los ojos verdes y el cabello pelirrojo. Su piel te recuerda al café con leche, sus facciones son delicadas y sus ademanes, elegantes. Está leyendo un libro que tomó de un estante que hay en el cuarto. No ha notado que entraste. Carraspeas para obtener su atención. Él voltea inmediatamente.

-Buenas noches- saludas cortés. El chico te ha hechizado, no puedes apartar tu mirada de su figura.

-Buenas noches- te devuelve el saludo con una voz infantil. Sientes como te observa de pies a cabeza con discreta curiosidad.

-¿Cómo te llamas?- te gustaría saberlo todo de ese muchacho.

-Raúl Fernández. No. Raúl Masefield- se corrige rápidamente.

-¿Masefield?- preguntas intrigado. –El apellido me es conocido

-Sí, es de uno de los señores más importantes de Inglaterra. De Sussex, para ser más exactos.

-Claro. ¿Qué haces aquí?

-Es que… mi hermana quería venir.

Used to know

(Solía conocer)

-Pensé que los Masefield sólo tenían un hijo varón.

-Y lo tienen, o bueno, lo tenían- tartamudea un poco al hablar.- El señor Masefield se acaba de casar con mi madre Julia Fernández… así que nos adoptó a mi hermana y a mí.

-Eso explica todo- le muestras una sonrisa amable para intentar calmarle los nervios. Sólo provocas que se sonroje.- ¿Cuántos años tienes?

-Dieciséis- dice seguro. –Los acabo de cumplir.

-Te ves más pequeño- comentas.

-¡Pues no lo soy!- lo acabas de ofender sin querer.

-Eres precioso- afirmas confiado.- Me gustas.

-Yo… yo…- el color carmín de sus mejillas aumenta desmesuradamente.

-¿Quieres bailar?- Es la mejor noche de tu vida. En el mejor mes del año: Diciembre.

Once upon a December

(Una vez en diciembre)


Someone holds me safe and warm

(Alguien me sostiene seguro y cálido)

Desde que conociste a ese joven con cara de niño fuiste inmensamente feliz. Cada instante que compartían era único e inigualable. Habían recorrido juntos las calles de España, navegado los románticos canales de Venecia, jugado juntos en el histórico San Petersburgo. Pero lo que más habían disfrutado era el arte y la perfección del arte francés.

Las calles de Paris con sus vistosos palacios y su luminosidad natural. Era tu ciudad preferida de Europa. La suya también. Ahí fue donde lo conociste a él. Un día en el que habías llevado a tu niño a conocer a un conocido tuyo y antiguo amante. Ése día marcaría el principio del desastre.

Tú sólo deseabas que Oliver, un excelente pintor que lamentablemente no había alcanzado la fama, hiciera un retrato del inocente Raúl. Para poderlo colgar en la entrada de tu futuro hogar. Fue por azares del destino que lo conociste.

Horses prance trough a silver storm

(Caballos que se ostentan a través de una tormenta plateada)

Estabas esperando fuera del estudio de Oliver a que éste terminara con su obra maestra cuando entró un joven vestido de blanco. Sin saber porqué levantas la vista hasta que te topas con su rostro angelical, aun más bello que el de Raúl. También tiene el cabello pelirrojo y los ojos verdes, su tez blanca y una sonrisa serena.

-Hola- saluda amable.

-Hola- contestas cautivado por su belleza.

-¿Quién eres?- pregunta curioso.

-Kai. Kai Hiwatari- respondes sin pensarlo.

-¿Kai?- inquiere sorprendido.- Nunca pensé conocerte. Ciertamente eres más lindo de lo que mi hermano te describía en las cartas. Es un placer- extiende la mano, la cual estrechas confundido.

-¿Tú…

Figures dancing gracefully

(Figuras bailando elegantemente)

-Soy Brooklyn Masefield, Raúl es mi hermanastro- te interrumpe bruscamente, para luego dedicarte una gran sonrisa.

-Sí, habla mucho de ti- aseguras con vehemencia.- Pensé que estabas en América.

-Estaba… Acabo de regresar- dice alegre.- Sé que tú también viajas mucho…

-Solía hacerlo- señalas.- Últimamente Raúl se ha enfermado mucho, su salud es mala.

-Ya veo. Sin embargo oí que saldrían de Europa.

-Los doctores sugieres que cambie de ambiente para que mejore. Iremos a Asia.

-¡Qué bien! Estoy seguro que le sentará de maravilla.

-Es afortunado de tener a alguien como tú a su lado.

-No, yo soy el afortunado. Lo amo demasiado- expresas con fervor.

El pelirrojo rió ante tu muestra de entusiasmo:- Estoy seguro que nos vamos a llevar muy bien.

Across my memory

(Atravesando mi memoria)


Faraway, long ago

(Lejos fue, tiempo atrás)

Un joven de piel morena y ojos azules observa la tierna escena que se lleva a cabo frente a él. Ya no le es desconocida, puesto que anteriormente ya había aparecido en sus sueños. Siente cómo el corazón se le encoge al ver al chico que ama con otro joven. Y ahí estaba de nuevo la visión:

El sol de la mañana entraba a través de los cristales; el viento, a través de las ventanas abiertas. El dulce olor de las flores llenaba el cuarto donde yacía recostado un muchacho bicolor. Con una mano jaló las sábanas de seda roja para cubrirse la cabeza en un intento inútil de alejar la luz de sí. Un gruñido escapó de sus labios, al tiempo que arrugaba la frente en una mueca de disgusto.

Una risita llegó hasta sus oídos. Volvió a gruñir. Sería imposible regresar a sus sueños. Se levantó pesadamente recargándose sobre uno de sus brazos, mientras que con el otro se tallaba sus ojos en un gesto infantil. Aún estaba lo suficientemente adormilado como para saber que era lo que hacía. Otra risita juguetona llegó a él, provocándole que volviera a fruncir el ceño, fingiendo enojo.

Glowing dim as an ember

(Brillando tenue como las cenizas)

-¿Qué es tan divertido?- cuestionó el joven a la otra persona que era obvio que se encontraba en la habitación.

-Eres muy lindo, Koibito-chan- rió de nuevo el otro joven.

-¡No me digas "Koibito-chan"! Tengo nombre y ya no soy un niño para que me digas "chan"- se quejó el chico que recién se había despertado.

-Sí, claro- expresó el joven sarcásticamente.-Cuando te levantas siempre actúas como un pequeño. Además, ahora que estás como Dios te trajo al mundo. ¡Igual que todos los bebés!- dijo con una sonrisa.

-¡¿Ah, si?! ¡Pues tú eres un pelirrojo raro que tampoco tiene ropa!- gritó aún fingiéndose enojado y ofendido.

-Te amo Kai-chan. ¿Lo sabes, verdad?- dijo el aludido.

-Ai shiteru mo- contestó Kai. El pelirrojo se acercó para, tiernamente, depositar un fugaz beso en los labios de su amante.

Things my heart

(Cosas que mi corazón)

De pronto, el mundo se comenzó a oscurecer. La tibieza del ambiente desapareció para ser sustituido por una atmósfera glacial. El miedo lo inundaba, sentía que la gravedad ya no existía. Sentía que caía. Un agudo dolor en el pecho se hizo presente. Podía escuchar a alguien hablando. Se oía distante y ofuscado. Su mente registraba algunas palabras aisladas. Lo poco que pudo entender fue: "No habrá dolor", "siempre juntos" y "serás mío".

No comprendía lo que sucedía. Su cabeza le dolía y sentía que se ahogaba. En un esfuerzo sobrehumano captó la casi ausente luz del lugar donde se encontraba y vislumbró la silueta de un joven que se hallaba sosteniéndolo contra su cuerpo.

Su figura estaba conformada por un montón de manchas de colores, una naranja fungía como cabello, otras verdes brillantes, como ojos. Estiró su mano intentando aferrarse a él. A su mirar su mano estaba representada por una mancha roja. Intentó hablar. Un líquido de sabor metálico lo hizo asfixiarse. Su respiración se iba haciendo cada vez más lenta, sus sentidos se desvanecían.

"No quiero morir", es el único pensamiento que cruzó por su cabeza en aquellos últimos momentos.

Used to know

(Solía conocer)

Era aterrador el sentimiento de ingravidez que lo inundaba. Gritos, llantos, tristeza lo embargaba. Al principio parecía que saldría a la luz. Caminaba para salir del túnel oscuro en el que se encontraba. Pero, de un segundo a otro estaba cayendo. Lo que antes parecía ser una puerta ahora se mostraba ante él como un puntito minúsculo en una oscuridad infinita.

Sentía como desgarraban su cuerpo, mil agujas de cristal, como sus miembros se entumecían por lo helado excesivo del medio; mas, al mismo tiempo, esa frialdad quemaba cada centímetro de su blanca piel y lo sofocaba. El miedo lo estaba haciendo su presa. Lo mataría si no se detenía pronto. En ese estado de inconciencia no podía distinguir las horas de los minutos, ni los días de los años.

Abrió los ojos con pesadez enfocando al joven que aún lo sostenía.

-¿Qué pasó?- le preguntó confundido al pelirrojo.

-No importa, Kai. Ya estás bien- replicó el joven.

-¿Dónde estoy?- inquirió incorporándose, viendo como la habitación únicamente estaba iluminada por dos velas negras.

-Tranquilo, Kai. No tienes de qué preocuparte. Desde ahora ya no habrá dolor y sólo estaremos tú y yo- explicó feliz el pelirrojo de rostro angelical.

Kai volteó a su rededor tratando de encontrar una explicación a lo que acababa de vivir. Las paredes de piedra del cuarto estaban teñidas de un color café-rojizo, tirado en el piso había algo que parecía ser una pila de restos humanos. Kai palideció. Tenía miedo de saber que era lo que había sucedido en ese lugar. Estiró su brazo para intentar alcanzar al pelirrojo y obligarlo a confesar, pero cuando estaba a punto de agarrar la solapa de su camisa, su mano no hizo contacto con la tela, sino que se siguió de largo hasta atravesarlo por completo. Kai estaba aterrorizado.

-¿Qué fue lo que me hiciste, Brooklyn?- preguntó en un hilo de voz.

-Nada que no haya sido por amor, Kai.

Things it yearns to remember

(Cosas que anhelo recordar)


Despierta sobresaltado mirando a su alrededor. Se encuentra en su recámara rodeado por la tenue luz de la luna. Su respiración es agitada y está bañado en sudor. ¿Fue un sueño? No, fue demasiado real para serlo. Ahora conoce parte de su pasado. Muchas de sus dudas han sido contestadas, sin embargo, otras más inundan su mente. ¿Qué sucedió después? ¿Por qué le ha mostrado todo esto? ¿Acaso le está pidiendo ayuda?

Rememora al inocente e ingenuo Raúl. Añora al Kai de antaño. Piensa en Brooklyn… Kai había encontrado aquello que buscaba: encontró a una persona quien lo amó no importaba lo que pasase, una persona quien fue capaz de todo con tal de estar a su lado para siempre… Un amante empedernido que lo adoró hasta la locura; ése fue el angelical y mortífero Brooklyn.

And a song

(Y la canción)

Someone sings

(Que alguien canta)

Once upon a December

(Una vez en diciembre)

El ojiazul levanta su mano derecha centrando su atención en el arrugado pedazo de papel que sostiene firmemente. Lo estira con cuidado y analiza su interior.

-Froh wie seine Sonnen fliegen durch des Himmels pracht'gen Plan, laufet, Bruder, eure Bahn, freudig wie ein Held zum Siegen (1) – pronuncia en voz alta un fragmento de lo que está escrito.- Viena, a 7 de mayo de 1824… fue hace mucho. Lamento que no hayas podido ir, Kai.


Continuará…

"No sé qué es el corazón... Yo sólo llamo así a las debilidades del espíritu."

(1) Froh wie seine Sonnen fliegen durch des Himmels pracht'gen Plan, laufet, Bruder, eure Bahn, freudig wie ein Held zum Siegen- Fragmento del poema escrito por el alemán Friedrich von Schiller, el cual sirvió como texto del movimiento coral de la Sinfonía n° 9 en re menor, opus 125, del compositor alemán Ludwig van Beethoven. Significa: "Contento como sus soles vuelan a través del magnánimo plan de los cielos, corre, hermano, vuestra vía, grata como la victoria de un héroe."

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