¿Qué les digo? Me dura poco el gusto de hacer sufrir a Sasori y quise darle una segunda parte a esta cosa.

Naruto no me pertenece en absoluto. Mi única finalidad es entretenerme y entretenerles a ustedes.

¡Advertencia! Yaoi (xD), TREMENDO OoC, AU, final abierto (o algo así) y pues, que desde la mitad, ya no supe cómo llevarlo y no se me ocurrió algo mejor, así que perdonen las lagunas que provocan el sueño y el estrés.

¡NOTA! Esta segunda parte está dedicada a Sabaku no Gaa-chan, de verdad espero que tu fe en mi no quede destruida con esto (x'D), pero gracias por mostrarme tu apoyo.

Dicho esto, ¡ojalá lo disfruten!


((*~* [START AGAIN]*~*))

.ͼͽ.

« Mi corazón es un inválido, a quien deseo hacer la vida dulce y tranquila y no exponerle a nuevas heridas »

Fernán Caballero, La Gaviota.

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Itachi leía tranquilamente cuando la música, profunda y suave, rompió el silencio. Su cuerpo entero tembló mientras se deleitaba con las primeras notas del piano, que eran como cantos celestiales que acarician el oído en los momentos de éxtasis [1]. Era una melodía hermosa que encerraba un gran misterio dentro de ella.

Él simplemente era hipnotizado por su historia: Repleta de color a momentos y alegre como niños jugando en la primavera, pero al mismo tiempo, furiosa y triste como el destino de los héroes en las tragedias griegas. Cuando la escuchaba, misteriosa y rebosante de tantos sentimientos, Itachi no podía evitar sentirse atraído por ella. Trataba de descifrarla y capturarla cual mariposa en una telaraña.

Durante un segundo, permaneció quieto, esperando que la sonata empezara a desarrollarse en todo su esplendor. Ésta cobró ímpetu e Itachi saltó de su lugar como un resorte y fue hasta el cuarto de música, casi tropezándose con sus propios pies.

El corazón le latía furiosamente al asomarse por la rendija de la puerta, aunque no tardó demasiado en recobrar su tranquilidad. Se mordió el labio, observando el fenómeno que producían los últimos rayos del sol en la solitaria figura del pelirrojo, quien proseguía con la sonata, ajeno al mundo y el escrutinio del Uchiha.

Itachi tragó saliva y empujó la puerta, intentando no hacer el menor ruido. Se deslizó hasta el centro del cuarto para observar mejor los dedos ágiles moviéndose a través de las teclas, frenéticos y poseídos por una descarga de emociones que sólo podía conocer el mismo Sasori.

Una tenue sonrisa se dibuja en el rostro del moreno entretanto se deja llevar por la dulce imagen del taheño, tan atractiva a la luz del atardecer. Así pasan los minutos y por fin, cuando las manos del Akasuna se detienen, el corazón de Itachi se sacude el aletargamiento.

—Ha sido una excelente interpretación, Sasori —prorrumpió. El taheño levantó la mirada, haciendo un rictus de molestia con la boca. Itachi le sonrió, pero obtuvo por toda respuesta un encogimiento de hombros y que apartara la vista de él.

—Odio que comentes obviedades —bufó—. Creí que habías seguido a Tayuya después de su pelea. —Hizo una pausa y apretó los puños, aflojándolos de inmediato, como si intentara ocultarlos al mayor—. No deberías estar aquí. En serio.

El Uchiha se rascó la nuca.

—Entonces, ¿nos oíste? —Preguntó incómodo y rascándose la nuca, evidentemente nervioso.

—Los habrían escuchado hasta el otro maldito lado del mundo —se quejó el Akasuna, hundiéndose en el naco sin mirarlo. Itachi pocas veces escuchaba al pelirrojo maldecir o lanzar improperios, así que no pudo evitar arquear las cejas—. Debiste ir tras ella.

—¿Por qué te importa tanto? Siempre nos miras con disgusto, ¡no importa cuánto he tratado de mostrarte que amo a Tayuya! —Cuestionó, frunciendo el ceño y notó, desde que la última letra abandonó sus labios, que por alguna razón no había sido una buena elección de palabras: Los iris café grisáceo destellaron como una hoguera y se apagaron repentinamente, como si alguien hubiera soplado a una vela y dejado todo en la oscuridad.

Sasori abrió y cerró la boca sin articular palabra. Después, volvió su atención al piano, tan intensamente que el Uchiha se preguntó si no empezaría a dolerle la cabeza.

—Lo sé —dijo repentinamente Sasori, con voz ahogada—. Ya sé que la amas.

Itachi pensó que su amigo parecía miserable, como un juguete roto y arrumbado en cualquier parte…, incluso olvidado. Le rompió el corazón, más aún cuando trató de mostrarse firme.

—¿Entonces qué te molesta tanto de nosotros?

—Sólo tuve un mal día —replicó, haciendo amago de levantarse. Itachi se lo impidió poniendo las manos sobre sus hombros y empujándolo hacia el banco. Sasori emitió un ruidito ahogado, pero no trató de deshacerse del agarre; se limitó a respingar la nariz y fruncir el ceño—. Vete.

A pesar de su hosquedad, el Uchiha vio rápidamente a través de la fachada y encontró nuevamente un gran dolor escondido detrás de sus palabras, un poco débiles y escasas de sentimiento, como si se esforzara en hacer caso omiso de todo.

Y entonces, cayó en la cuenta. De pronto, comprendió el significado de la canción…, las emociones que se traducían sin palabras a la música. Y le dolió, se indignó por haber sido tan ciego.

Pero, ¿qué esperaba Sasori? Itachi sabía que no podía decir nada. Ninguno de los dos podía. Él quería a Tayuya, la hermana del pianista…

—Lo siento. —Fue lo único que salió de sus labios y vio cómo la esperanza del taheño moría—. Sasori…

—Vete. Ahora.

Itachi asintió, dispuesto a marcharse. Giró sobre sus talones en una vuelta precipitada…, tal vez demasiado violenta, pues giró hasta enfrentar a Sasori. Él se sintió mareado, confundido mientras su cuerpo se impulsaba hacia abajo y conectaba sus labios con los del pelirrojo en un beso rápido y casto.

Sasori lo empujó y se apoyó contra el piano, haciendo un sonido discordante y horrible cuando su espalda oprimió las teclas a la vez.

—¡¿Por qué hiciste eso?! —Gritó alarmado, levantando la mano para tallarse la boca. Itachi detuvo su muñeca, sujetándola con fuerza—. ¡Suéltame, Itachi!

—De verdad lo lamento —dijo, atrapando la otra mano del pelirrojo e inclinándose para besarlo una vez más. La sensación, lejos de sentirse extraña, parecía correcta, como si ambos encajaran perfectamente el uno con el otro.

Lo aterró ese pensamiento.

Sasori tenía razón. Debió correr detrás de Tayuya cuando tuvo la oportunidad.

—I-Itachi —jadeó el pelirrojo entre un beso y otro; el Uchiha pensó si sería tan malo desear un nuevo comienzo para ellos dos.

FIN


[1] Expresión que utiliza Bécquer en Leyendas, específicamente en Maese Pérez el organista.


No me odien porque empieza a secarse mi cerebro,...

A quien corresponda: ¡Gracias por leer y mil gracias más si dejan un review! (:D)

Matta ne~