Hola, acá esta la continuación del primer capítulo.

Dije que iba a publicarlo mensualmente y esta vez me demore una semana de más. Esto es debido a que el viernes pasado era el aniversario de muerte de un tío abuelo mío, a eso súmenle los trabajos de tercer año, no me quedo tiempo.

Quisiera agradecer a MikeRider16 y karin-chan150301 por ser mis dos primeros reviews en mi primer fanfic.

MikeRider16: gracias porque te haya gustado, pensé en no continuarla hasta que vi tu comentario, gracias. En cuanto a la fresa no será la primera vez que le pase esto, y la familia Kurosaki esta salida de un circo. En este capítulo se resolverán tus dudas. : )

Karin-chan: gracias por tu apoyo. Es imposible que no meta a Rukia, y Yukio es ciertamente un personaje que me encanta. Estaré esperando tu próximo comentario.

Sin más interrupción, disfruten de la lectura.

Chaper 2: NUESTRO PRIMER RECUERDO.

El sol le calentaba levemente bajo la sombra de aquel frondoso árbol el cual le brindaba abrigo. Fue abriendo sus parpados de manera lenta, casi lamentándose de haberse despertado, se encontraba demasiado cómodo. Al mover un poco su cabeza se dio cuenta del cabello azabache que le hacía leve cosquillas en la base del cuello, término de acomodarse para que la cabeza de Karin descanse cómodamente en su hombro.

Creía que todavía estaba soñando, para asegurarse se pellizco el brazo.

Nop, no estaba soñando, realmente ahora tenía a una persona a la cual él podía llamar amigo libremente. Un amigo el cual no le temía, ni se alejaba de el por asco a su aspecto, el simplemente no tenía la culpa de nacer así. Se sintió alegre.

Pero ese bello sentimiento no le duro mucho. Recordó que su estadía con la bella niña durmiente a su lado seria corta, pues ella y su familia partía el día domingo después de mediodía. Y hoy era viernes. Después que fue a decirle a sus padres sobre la invitación de la familia Kurosaki- estos le dijeron que si- él y la peli-negra se despidieron temporalmente, ya que cada quien iba a almorzar con su familia - la parrillada era en la noche-.

Todavía se sentía un poco avergonzado al momento de presentarles a Karin a sus padres.

Cuando encontraron a la familia del Hitsugaya se acercaron rápidamente para poder invitarlos a la parrillada. Lo primero que noto Karin era el gran parentesco que estos poseían con su amigo… no era para menos, después de todo eran su familia.

El padre de Toshiro, Juzo, era un hombre de mediana edad fuerte y fornido, con una cabellera platinada no a causa de la edad (todavía estaba joven), de gran estatura, debería de medir como mínimo sus 1.85, con unos ojos cafés ámbar.

Por otro lado su madre era un ser que irradiaba tranquilidad… como Yuzu, muy contraria a ella que era medio tosca en su forma de ser. Su cabello era de un color rojo claro, sus ojos, igual que los de Toshiro, la atraparon en su primer momento, unos orbes de ese enigmático color turquesa. Alexandra, o Sasha de cariño era el nombre de la bella mujer de facciones delicadas.

Después al lado de la pareja se encontraba el tío del pequeño Toshiro. Era alto, como su hermano pero no era fornido, su figura era delicada, igual que el niño su cabello era blanco y largo hasta la cintura amarrada en una coleta baja, sus ojos cafés destacaban, su rostro era delicado, de aspecto algo demacrado ya que su salud era precaria, su nombre, Ukitake Jushiro.

Su familia se alegró al ver que Shiro-chan –su apodo de cariño- había hecho un amigo, su padre se encargó de sacarle una foto junto a la Kurosaki, justamente en el mismo árbol en donde se encuentra sentado con ella a su lado.

Lentamente Karin fue abriendo sus ojos y lo primero que percibió fue un olor a manzana mezclado con canela, la fragancia no era dulce del todo, era sutil y agradable al olfato. Su aroma la embriago, cerro nuevamente esos oscuros orbes de los cuales era dueña y se acurruco en lo que fuera que la sostenía. Se sentía cómoda.

BUM!

El sonrojo no tardo en florecer en el rostro de ambos, como un baldazo de agua helada recordó que era lo que la sostenía, eran los brazos de Toshiro, ella que era reacia a las demostraciones de afecto se levantó como un rayo solo para caerse de espalda.

Por otro lado el albino enrojeció al sentirla acurrucarse en su pecho, y se asustó enormemente al verla levantarse de esa forma tan abrupta, esa misma acción provoco que sus dudas volvieran a florecer, pero al ver toda su angelical cara enrojecida bien sea de la vergüenza o de la rabia de verlo tan cerca suyo, se dio cuenta de que necesitaba hablar con ella para que le dijera, que le aclarara si no se sentía a gusto a su lado o si le causaba asco.

Si era así, tendría que cortarla de raíz no quería salir lastimado como su familia.

-Karin- dijo inseguro mientras se paraba y le ofrecía su mano. Ella dudo nuevamente por el mismo motivo que la vez anterior, pero igual que en esa ocasión tomo su mano con firmeza.

-Karin, quiero hablar contigo de algo importante y quiero que me seas sincera- el tono que utilizo la asusto un poco ya que lucía muy serio para su gusto. Asintió un poco insegura.

Volvieron a sentarse en la base del árbol.

-¿Por qué no te asustas?

-¿Eh?

-¿No te causo miedo?- estaba realmente confundido.

-¿Por qué debería de temerte?- a modo de respuesta se señaló a si mismo remarcando con sus manos esos rasgos que para cualquier persona seria raro, pero que para los niños eran especialmente aterradores.

-No siento miedo de un niño más pequeño que yo, sería tonto. Además tus ojos son bonitos y tu cabello te hace parecer un copo de nieve- dijo divertida mientras le acariciaba cuan a cual cachorro la melena indomable del niño.

Toshiro enrojeció de rabia y vergüenza por lo anteriormente dicho. De un movimiento rápido pero delicado quito la mano de Karin de su cabeza.

-Soy mayor que vos por casi cinco meses, yo soy el mayor de los dos- para darle más peso a sus palabras cruzo los brazos y alzo la barbilla en una actitud corporal orgullosa, mientras se paraba para quedar todavía más alto que la pequeña.

-Yo soy más grande que tú, ¡grandísimo enano!- ella también se puso de pie para seguidamente pasar su mano de la coronilla de su cabeza hacia la ajena.

Efectivamente, Karin era más alta que Toshiro. Por tres centímetros.

Se sentía sumamente enojado. Debía que calmarse. Le dijo que quería hablar no para que discutieran, si no para que le aclarara.

-Entonces ¿No me tienes miedo?- oh no, sentía como de nuevo el miedo comenzaba a consumirlo-

Muchas veces los adultos creen que como son niños pequeños no entienden ni entenderán lo que pasa a su alrededor, puede ser cierto, solo en cosas muy complicadas. Pero Karin era muy despierta y este no era un caso que estuviera fuera de su alcance de comprensión. De inmediato se dio cuenta del miedo de Toshiro, lo noto desde el principio… solamente no conocía la causa. Pero no preguntaría, esperaría que él estuviera preparado. Porque todavía no lo estaba.

En un impulso provocado de la ira que le daba el verlo de esa manera, asustado por algo que no entendía, lo tomo de la nuca con ambas manos y juntos sus frentes delicadamente mientras lo miraba directamente a sus ojos y suspiraba.

-No me das miedo. Si alguien ha sentido miedo de ti es porque es tonto. Eres una persona muy divertida y me gusta pasar el tiempo contigo. No te tengo miedo, tú tampoco me tengas miedo.

Sus palabras, su presencia, su cercanía, todo era reconfortante para él. Sus ojos se aguaron sin que pudiera evitarlo. Miro sus lindas facciones mientras sentía como las lágrimas corrían por sus mejillas. Oculto su cara en la curvatura de su ello, se abrazó a su cintura cual si fuera un salvavidas y lloro de felicidad.

De la felicidad de saberse aceptado.

No entendía el motivo de su llanto, solo sabía que no lo cuestionaría. Estaría hay siempre para su ahora mejor amigo Hitsugaya Toshiro.

Este era su primer recuerdo de la aceptación de alguien ajeno a su familia. Este era el recuerdo más preciado que tiene de esa persona especial. Este recuerdo siempre le invadía cuando miraba esa foto que conservaba cual tesoro junto a un pequeño y bello dije de hielo y fuego.

Una foto un poco desgastada por el tiempo pero muy bien cuidada, en donde se podía apreciar a dos niños en la sombra de un árbol tomados de la mano sumamente avergonzados, cada quien desviando su mirada hacia un lado diferente, pero con la alegría plasmada en el rostro.

Su mirada era determinada y estaba dispuesto a proteger y vengarse en nombre suyo y de Karin de aquellos que los hirieron a ellos y sus personas queridas.

-Pronto estaré a tu lado solo para protegerte, espérame. No fallare esta vez.- le dijo al vacío mientras guardaba la foto en un compartimiento del dije para seguidamente montarse al coche que estaba estacionado fuera de su, ahora, antigua casa.

Esto es todo del segundo capítulo, esperare a que me comente su opinión, cuando la historia alcance los 20 reviews comenzare a publicar quincenalmente y al llegar a los 50 lo hare semanal.

ANA JOSEFINA GUADAMUZ CASTRO.

NICARAGUA.