Alemania se acercó a él para agradecerle cuando de pronto notó que algo sobresalía de la capa ajena. Era un pequeño rizo castaño. Un rizo muy curioso y muy conocido.
-¡¿Feliciano?!-exclamó el alemán atónito pero el hombre encapuchado no respondió, por el contrario, salió corriendo- ¡Hey alto!-Ludwig comenzó a correr detrás de él. De pronto lo vio escalar por una ventana antes de que saltara para sujetarse de un palo de madera suspendido a 4 metros del suelo.
-¡FELICIANO!-gritó Ludwig de nuevo mientras lo perseguía antes de notar como el encapuchado saltaba a otro tubo antes de saltar a un balcón- ¿Feliciano?- Al alemán le sorprendía la habilidad del italiano, nunca lo hubiera creído capaz de hacer eso. Lo siguió corriendo por debajo hasta que lo vio saltar el tejado para comenzar a correr por encima de las casa. Alemania trató de seguirlo en vano.
-Scheisse… ¿qué voy a hacer ahora?-se había quedado sin planes, quizás ese joven encapuchado ni siquiera era Feliciano, podía ser alguien más. Miró a su alrededor, la noche aún era muy oscura. De pronto recordó que el menor de los italianos le había dicho alguna vez que en las iglesias se les daba asilo a los extranjeros.
El rubio suspiró y como pudo, caminó rumbo a la catedral principal nuevamente. Conforme caminaba sintió una mirada sobre él pero cuando volteaba, no veía a nadie. Finalmente llegó frente a las puertas de la catedral y tocó con fuerza. Después de tocar varias veces, le abrió un arcediano medio dormido y algo malhumorado.
-¿Qué ocurre? La iglesia está cerrada- gruñó el hombre de mediana edad, altura promedio y algo regordete. Trató de cerrar la puerta pero el ojiazul logró meter el pie para evitarlo-¿Esto es un robo? ¡No se le puede robar a la casa de Dios!
-No quiero robar-gruñó a su vez Alemania- Solo quiero asilo por esta noche…
-Oh, haberlo dicho antes, adelante…-dijo el clérigo dejándolo pasar. El interior de la iglesia estaba en penumbra pero se lograba distinguir todo perfectamente- Tengo una habitación en el campanario donde puedes dormir, sígueme…-el arcediano comenzó a subir las escaleras.
En el campanario la vista era hermosa, la ciudad de Florencia se encontraba en calma, en un sueño pacífico y silencioso. El clérigo se despidió, deseándole buona notte y bajó. Ludwig agradeció el gesto y también se despidió. Este había sido un día demasiado loco. Debía averiguar cómo salir de ahí y regresar a su tiempo, quién sabe qué repercusiones podría tener su estancia en esa época.
Estaba observando la ciudad pensando en irse a dormir pronto cuando, de la nada, vio salir a 5 sujetos encapuchados que corrían por los tejados. Uno saltaba de chimenea en chimenea, vestía una túnica negra con detalles en color naranja. Era la figura más pequeña de las 5. A su lado corría otra figura, ligeramente más alta que corría a gran velocidad escalando las salientes para no quedarse atrás. Su túnica era color crema con detalles en verde botella.
Uno de los encapuchados se balanceó con ayuda de unas cuerdas para correr rápidamente. Su túnica era blanca con detalles en morado. Todos corrían hacia el sur de la ciudad. El de la capucha morada seguía a uno que parecía tener más fluidez en sus movimientos, sus saltos eran altos y seguros. Vestía una túnica negra con los bordes en azul eléctrico.
Finalmente pudo ver, antes de que todos desaparecieran de la vista, quién guiaba ese extraño grupo. Era el encapuchado que había visto antes, con su túnica blanca y detalles en color rojo a juego con su capa.
-Así que no solo hay uno, hay varios… uhm…-pensó el rubio. Ahora estaba más determinado que nunca a encontrar a ese extraño grupo de encapuchados que bajaron a tierra para entrar en una casa en los límites de la ciudad. El interior de la casa estaba tenuemente iluminado por las velas.
-La ciudad está muy tranquila questa notte-dijo el encapuchado verde con una suave risa- los turcos no salieron de sus madrigueras hoy…
-Puede que tu no hayas encontrado nessuno, Stefano-gruñó su compañero bajando su capucha de vivos color azul. Su cabello era negro y tenía unos opacos ojos color miel- Yo por otro lado, encontré a dos en un callejón, acababan de robarle a una mujer…-dejó caer una bolsa de florines en la mesa- le devolveré el dinero mañana…
-Azelio, eres un aguafiestas, relájate… -comentó Stefano rodando los ojos antes de bajar su capucha también. Su cabello era de un castaño rojizo a juego con sus ojos mientras unas suaves pecas pintaban su nariz y sus pómulos- Bueno, debo irme, el restaurante abre temprano y…
-Mentiroso…-bromeó el de la túnica con detalles en morado- No mientas Stefano, todos saben que vas a ver a Alessia, ya deja a la pobre chica dormir, dio mio… -se bajó la capucha antes de tomar un trapo para limpiar la sangre de su espada.
-Benedetto, no digas mi brillante plan, era un secreto-bromeó el castaño rojizo antes de ponerse la capucha de nuevo- Arrivederci-Stefano abrió la puerta para salir antes de que un cuchillo se incrustara en ella. El mango del arma tenía un listón naranja- ¡Oye! Casi me cortas un dedo… ¿y ahora qué?
-No puedes irte aún, Dante quiere hablar con nosotros- dijo la figura más baja de todos quitando el cuchillo de la puerta para guardárselo en el bolsillo. Todos se dirigieron al salón para escuchar lo que el líder quería decir. Dante se encontraba sentado en el alfeizar de la ventana aún con la capucha sobre la cabeza.
-Hoy vi a alguien muy raro…-dijo con voz cautelosa- era rubio y de ojos azules, un extranjero definitivamente, pero no parece turco, tenía la piel muy clara… debe ser del norte, pasando los Alpes e questo non mi piace…
-¿Norteños? Eso si es raro-dijo Azelio recargándose en la pared- ¿Te atacó?
-No, pero tenemos que tenerlo vigilado, puede ser un espía…-continuó Dante mirando a los presentes- puede ser incluso de un pueblo aliado a los turcos. Hay que estar alerta
-Si te parece tan peligroso ¿por qué no lo mataste en cuanto lo viste?-preguntó Benedetto mirando a su líder con los ojos entrecerrados- ¿Creíste que no podrías contra él?
-¡Oye, te estás pasando Aspertini!-saltó el encapuchado de los detalles naranjas- Dante debe tener una buena razón para que ese extranjero siga con vida.
-En efecto, necesitamos estudiarlo, puede que tenga información valiosa…-asintió Dante con un suspiro mientras tocaba los detalles rojos de su túnica- Durante el día lo buscaremos, necesitamos saber donde vive y si hay más con él… ya váyanse…
-D'accordo-dijeron todos al unísono y comenzaron a desfilar hacia la puerta de la salida. Una vez afuera, se separaron para dirigirse a sus respectivas casas saltando sobre los tejados.
El sol comenzó a asomarse por el horizonte, despertando lentamente a la ciudad italiana. Las calles comenzaban a llenarse de personas. El alemán despertó al amanecer y se estiró para desentumir sus músculos después de una noche en el suelo. Mientras bajaba las escaleras, podía escuchar la misa matutina. Tratando de no llamar la atención, salió de la catedral.
Caminaba por las calles sin rumbo, esperando ver al italiano por ahí. De pronto un aroma lo atacó recordando que no había comido nada en mucho tiempo, claro que él siendo un soldado, estaba acostumbrado a largas jornadas sin alimento pero aún así, eso no evitó que su estómago gruñera. En realidad tenía dinero pues poseía un par de euros en la cartera pero en esa época no servían de nada. Se acercó a la panadería de donde provenía ese rico aroma y se quedó contemplando los panes recién horneados.
-¿Vas a comprar algo?-preguntó una joven de cabellos color chocolate a juego con sus ojos. Dos pequeños hoyuelos se mostraban en sus mejillas. El alemán negó con la cabeza, desanimado- ¿Eres un extranjero? –Ludwig asintió y la chica le regaló un pan- Benvenuto a Firenze
-Oh ehm… grazie-dijo el rubio profundamente agradecido. Se despidió de ella justo cuando un joven de cabello castaño rojizo pasaba a su lado como un rayo
-Alessia, cara mia… Tan hermosa como sempre-Stefano depositó un casto beso en los labios de la joven panadera. Alessia se sonrojó y le regaló también un pan- Grazie, cara mia, voy tarde al trabajo, Arrivederci- el joven salió corriendo calle arriba.
-Estos italianos siempre tan escandalosos-negó Ludwig comiendo un pedazo del pan justo cuando a un joven salir de un taller de arte para colocar un lienzo a secar en la calle. Un pequeño rulo sobresalía de su cabello castaño- ¡FELICIANO!-Alemania corrió hacia él. Sus miradas se encontraron y el italiano se escondió en el taller cerrando la puerta de golpe- ¡Abre ahora mismo! ¡Feliciano!
-Por todos los cielos ¿qué ocurre?-preguntó un hombre acercándose al ojiazul. Era un hombre de aproximadamente 39 años con una pequeña barba y un sombrero simpático en la cabeza.
-Quiero hablar con Feliciano-gruñó Ludwig frustrado golpeando la puerta de nuevo- Vamos, abre, no te haré daño…
-No puedes hablar con mi aprendiz mientras está trabajando, son las reglas que impusieron los Medici desde 1450-dijo el hombre- todo lo que tengas que hablar con Feliciano, lo hablarás conmigo.
-¿Su aprendiz? ¿Quién es usted?-preguntó Alemania cruzándose de brazos. Había visto a una imagen de ese hombre en algún lado. Era alguien conocido
-Soy Leonardo Da Vinci, pintor, inventor y el maestro de Feliciano-dijo el hombre con orgullo-¿Qué quieres hablar con mi aprendiz?-Ludwig dijo que debían hablar en privado- De acuerdo, tendrás que esperar a la noche ¿capici?
-De acuerdo -La mirada de Ludwig chocó con la de Feliciano- esperaré…
Gracias por leer y por sus comentarios.
Piero217: Qué bueno que adivinaste los objetos de la anciana, 10 por tu esfuerzo.
Kayra: Yo se, todos queremos ver a Feli super badass jeje Grazie
Zelda: Ya sé! También es uno de mis videojuegos favoritos. Gracias por tu comentario
Mene: Aquí está la actualización, espero que lo sigas leyendo hasta el final.
¿Qué pasará cuando Feli y Lud por fin se hablen? ¿Ludwig logrará regresar al siglo XXI? No se pierdan las respuestas en el próximo capitulo- anuncio de TV- Continuará... LOL
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